31.8.11

El aparatino

Vamos, el podómetro. Lo tenía mal calibrado. Ya me extrañaba a mí lo poco que caminaba, según él. Aquí atrás hice el recorrido completo del Paseo fluvial -14,5 km desde el Puente de San Lázaro hasta la chimenea de la fábrica de Roco, pasando por la presa, según los paneles informativos- y al llegar a casa el artilugio había medido 9 km y poco. Tengo calculado que en 500 m doy en torno a 500 pasos (530, 534, depende). La cuenta está clara. No doy pasos de 50 cm sino de 1 m, más o menos. No camino despacio. He determinado, por tanto, que tengan 90 cm. Ahora todo va mejor. Ayer volví a dar el Paseo completo y lo comprobé: 14,56 km marcó el invento al final. Muy divertido, sí.

Entrevista a Irazoki y viaje a N. Y.

"Con el desamor tenemos la transparencia de los desaparecidos", dice Irazoki en una entrevista de Beatriz Giovanna Ramírez publicada en la revista Mediaisla.
De su reciente viaje a Nueva York nos cuenta él mismo en el blog de Fernando Valls. 

29.8.11

La razones de Gonzalo Hidalgo Bayal: "Conversación"

Alguien desmenuzará un día de estos la razón narrativa de Gonzalo Hidalgo Bayal de manera semejante (no, igual no) a como él lo hizo con Ferlosio en aquel insólito ensayo que publicó Del Oeste Ediciones. Nombro la editorial porque, de sus libros, once de trece han salido en sellos de "rango secundario o autonómico", por usar palabras de uno de sus personajes, hasta que un buen día -me consta que pudo ser mucho antes: el azar es oblicuo-, Tusquets rescató Paradoja del interventor y, poco después, Campo de amapolas blancas y, por fin, ya como autor de pleno derecho de la acreditada casa barcelonesa, lo que honra a ambas partes, la primera edición de sus dos últimas obras: la novela El espíritu áspero y el libro de cuentos Conversación, a punto de distribuirse en librerías.
En qué medida ha contribuido esta circunstancia a su crecimiento como escritor es algo opinable. Bueno, que gracias a Tusquets se han fijado en él los que cortan el bacalao crítico y académico, y de paso no pocos lectores, es algo obvio. Algunos, críticos y profesores incluidos, le conocíamos desde hacía años (su primera novela es de 1988 y su aterrizaje en Tusquets de 2006) e incluso le reconocíamos como el insólito y excelente escritor que era y es, por utilizar dos adjetivos de la elegante faja naranja que promociona su última entrega. Cosa distinta es que a GHB eso le haya afectado. Apuesto a que él hubiera seguido escribiendo y publicando, a su ritmo, en sellos locales, provinciales o autonómicos sin que ello mermara su categoría de escritor ni le perturbara en lo más íntimo. Si leemos entre líneas, que es como acaso se debe leer, encontraremos, aquí y allá, veladas alusiones a esta cuestión (el éxito, el fracaso, esas minucias). En todo caso, el enigma, si lo hay, se resuelve gracias a otra razón, la moral, que, inseparable de la narrativa, gobierna toda su obra y que en Conversación a uno se le antoja omnipresente, aportando al libro un plus muy de agradecer en estos volátiles tiempos de tribulación que nos ha tocado vivir. Una razón moral que, inseparable de la narrativa, se hace explícita de la única manera lógica en literatura: escribiendo del mejor modo posible, que es lo que él hace.
Este nuevo libro, lo diré pronto, es un paso adelante en eso que llaman (nunca él y yo) "carrera literaria". No le hace más escritor, ya lo era (y grande), pero sí mejor aún, lo que parecía complicado. Un publicista lo despacharía con un simple "Bayal va a más".
Si entramos en materia, lo que no resulta nada sencillo (¡es tanto lo que habría que comentar, tantos los matices de esta escritura caleidoscópica... y tantas las limitaciones de uno!), Conversación está compuesto por cinco cuentos o relatos y en los cinco, lo que da unidad al libro, el diálogo está presente. Para abrirlo, el autor ha elegido la hermosa definición de conversar que aparece en el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias.
Así, en "Kalé heméra", el primer cuento (que publicó ayer La Vanguardia), breve y lleno de sutileza, conversan un joven profesor particular de griego y su única alumna, madre de familia y esposa. 
En "Corzo", HB regresa al abrupto territorio de El espíritu áspero, a los parajes angostos y silvestres de Los Huranes, a una geografía inhóspita que sirve de fondo a una historia rural y trágica donde la palabra humana, parca e impenetrable, como esos lugares, se confunde con el silencio. Es, por cierto, el único cuento que no sucede en interiores, espacios más acordes con la civilizada charla.
En "Aquiles y la tortuga" -un cuento con aspecto de novela corta- rescata a su viejo personaje Saúl Olúas. Con ello, el festín verbal (los juegos de palabras, los palíndromos, etc.), marca de la casa, está asegurado. Es muy difícil encontrar en el panorama literario (da igual el género) a un escritor con la capacidad lingüística de GHB, con un dominio del idioma (vivo o muerto: castellano, griego o latín) semejante, por muy famoso o de la Española que sea. Aquí el diálogo se establece entre el citado Olúas y sus tertulianos y, más exactamente, entre Saúl, o Saulo, y un antiguo compañero de estudios, Pedro Enrique, o Petrus. Sin entrar en pormenores que desentrañarían aspectos que sólo el lector debe descubrir y disfrutar, sí merece la pena destacar el despliegue de conocimientos filosóficos que el cuento contiene, un nuevo tour de force que demuestra hasta dónde puede llegar y llega la escritura de HB, esta vez a favor de un personaje, Petrus, aspirante a filósofo, digamos, presocrático. 
"Monólogo del enemigo" es el cuento donde ese fundamento moral a que me refería se hace más evidente. Comienza con una frase lapidaria: "No basta el odio para ser enemigos". Tratado sobre la amistad, profunda reflexión sobre el odio ("el odio es superior al hombre"; el amor, sin embargo, nos hace frágiles), uno encuentra en él, además, auténticas, prácticas lecciones morales. (¿No es esconde detrás de todo escritor de fuste un moralista? ¿No lo fue Camus, un referente de HB?) Sobre la inutilidad de la queja, contra el alarde de victoria ("una forma de la derrota"), etc. De nuevo dos condiscípulos son los protagonistas de un monólogo apasionante que uno de ellos relata a un camarero y varios parroquianos en la penumbra de un bar.
"Reparación", el cuento postrero, un soliloquio, tiene por protagonista a un enclaustrado observador que cuenta a otro -su único y último interlocutor en la vida- las peripecias del reparador, un oscuro individuo a quien aquél ve ("la vida es ver pasar"; "volver o ver volver: de eso se trata"), desde la ventana de su casa, subir ya bajar por la costanilla, en años soz y en años run. Es prodigioso que, a través de unos sucesos sin aparente sustancia, GHB sea capaz de levantar un relato lleno de sentido, riquísimo en detalles y cavilaciones sobre el ser humano, sobre sus dificultades para ver, oír y comprender, donde en un momento dado se alude a una "teoría del sentido de las palabras, de la conversación y del diálogo" expuesto en "diez sagaces proposiciones (o mandamientos)" que el personaje resume al final en "dos tímidos asertos" y que inciden en el tema de la comunicación y sus aciagas limitaciones. Kafkiano, en su más noble y exacta expresión, el cuento me recuerda la atmósfera opresiva y claustrofóbica de El desierto de los tártaros, la famosa novela de Buzzati.
Por lo demás, todo el libro es fruto del "furor taxonómico" de quien lo ha escrito. Alguien provisto de una razón narrativa, insisto, propia e inmarcesible que da cabida a otras: moral, filosófica, simétrica, matemática, fonética, etc. Alguien que desde la "melancolía de la conciencia" ("no somos más que una lenta e inexorable declinación"), desde la "periferia del saber", con plena conciencia de que está narrando (estamos ante artefactos verbales), descree, sus personajes descreen, de la felicidad, ("sólo hay una condición  indispensable para poder ser infeliz: creer en la felicidad..."), de la generosidad (que encubre a la soberbia) o de la campechanía ("uno de los rasgos de la mediocridad"). Alguien que gusta de divagar (aunque siempre vaya provisto de brújula) acerca de todo lo humano (la belleza de hombres y mujeres, pongo por caso) y lo divino (lo bíblico es esencial en esta literatura), que adora las paradojas, que disfruta dándole la vuelta a las frases filosóficas ("yo soy yo y mis limitaciones", "el arte imita al arte", etc.), que detesta la palabra inefable (cómo abordar lo "comprensible, pero imposible de explicar"), que no es dado a la añoranza y la nostalgia, que prefiere, ya se dijo, la resignación y el silencio a la queja, que constata cuánto nos repetimos al contar las cosas, que posee un poderoso sentido del humor (otra de las claves de Conversación), que afirma que "estar solo no es no estar con los demás, sino estar hastiado de uno mismo", que nunca pone un punto y aparte y jamás un punto y coma, alguien, en fin, que conozco, o reconozco, de otras conversaciones, entre cañas y vinos, por nuestras tradicionales rutas sabatinas, porque "cada persona es para la otra solamente lo que dice y lo que cuenta, cada persona es el relato oral de su autobiografía". Alguien que ferlosiano, ahora sí, combate quijotescamente el lenguaje gastado y sus torpes manipulaciones, al que le cuesta juzgar la desconocida vida de los otros cuando ni de la propia se sabe a ciencia cierta, que no soporta las frases hechas y los lugares (y nolugares o sinlugares) comunes, que huye de las palabras vacías, del ”huero palique”, del parlío y de las convenciones lingüísticas. Saúl Olúas lo resume muy bien:  "Hablo, como comprenderéis, desde un punto de vista literario, el único punto de vista en que se sostienen las verdades". De ahí que su literatura, como dijera Manguel en otro contexto, nos atrape y nos conmueva “a través de una tensión creada por las palabras mismas".
Cuando llegó a mis manos Conversación, estaba leyendo los cuentos de Chéjov en la bonita edición de Muñoz Millanes y Víctor Gallego que publicó Pre-Textos hace años. En el prólogo se cita a Cortázar: "no hay diferencia genética entre este tipo de cuentos (el breve moderno) y la poesía como la entendemos a partir de Baudelaire". En este sentido, añadiría todavía una razón más a las ya enumeradas: la poética, que ilumina también, y de qué manera, estos inolvidables relatos de Gonzalo Hidalgo Bayal.

28.8.11

Criticonería

"El español es una lengua que se presta para la criticonería y por eso somos malos críticos y buenos enemigos de nuestros amigos". Valería Luiselli, Los ingrávidos.

27.8.11

Enciclopedia de Extremadura

Es el título de un artículo de Julián Rodríguez que publica hoy El País en su sección La Cuarta Página. Para empezar, la letra A. Esperamos más.

Everett "dixit"

Sergio C. Fanjul. La novela, pues: ¿arte o entretenimiento?
Percival Everett. Idealmente, el arte sería entretenido para la gente. Idealmente, cuando la gente se encontrase con una novela complicada, difícil (a falta de mejor palabra), que supusiese un reto, debería resultar un entretenimiento. Me gustaría vivir en un mundo en el que la gente se obligase a sí misma a comprender cosas que no se entienden fácilmente. Las cosas que suelen parecernos entretenidas tienen un lugar en la cultura, pero no suelen generar pensamiento ni ponen a prueba al consumidor, al espectador.

25.8.11

Montejo revisitado

© Gorka Lejarcegui, El País



















En la incómoda y algo tortuosa sección de poesía de La Casa del Libro de la Gran Vía madrileña encontré a finales de julio Geometría de las horas. Una lección antológica. El libro, editado por la Universidad Veracruzana, se publicó en 2007 y surge de un encargo del también poeta José Luis Rivas, entonces director del citado sello, al ensayista, profesor y poeta Adolfo Castañón con motivo de la entrega del premio Octavio Paz al escritor venezolano. Montejo murió apenas un año después.
Castañón ha llevado a cabo un trabajo magnífico. Pocos libros más recomendables para iniciarse en una de las poéticas más hermosas y necesarias del panorama hispano del fin de siglo. A uno, que lleva años frecuentando sus poemas, el libro me ha dado no pocas satisfacciones. Para empezar, porque al excelente y centrado prólogo del editor y a la impecable selección de poemas de todos sus libros (los últimos, no se olvide, publicados en España por Renacimiento y Pre-Textos) se le suman poemas y prosas de sus poetas heterónimos (Tomas Linden, Lino Cervantes y Blas Coll), una colección de ensayos sobre autores como Ramos Sucre, Pellicer, A. Machado, Eliseo Diego (muy emocionante), Rossi, Borges, Paz o Drummond de Andrade, un conjunto de "palabras y discursos", algunos textos sobre artes plásticas, unas cuantas entrevistas fundamentales y, tras tres breves textos de Gustavo Guerrero sobre su poesía, una completa bibliografía y una exhaustiva cronología. Como se ve, no se puede pedir más.
Montejo nos dejó antes de tiempo. Por lo leído en esta "lección antológica", no antes de demostrar sobradamente su condición de poeta. Para sus antepasados precolombinos, éste era alguien que, al hablar, hacía que las cosas se pusieran de pie. Él lo consiguió. Y así siguen.

Notas: Al hilo de este comentario, recomiendo la lectura del ensayo "Poesía y naturaleza", de Juan Carlos Marset, publicado en el número 33 de la revista Sibila (Sevilla, abril de 2010) y dedicado a la obra del autor de Terredad.

24.8.11

Ciudad, ciudades

Álex Chico publica en la página web de DVD un homenaje a Julien Green titulado "Ciudad del hombre: París" (otro homenaje: a Fonollosa). Once calles y una misma obsesión.

Revistas

Jordi Doce me mandó hace unos días una fotocopia con un estupendo texto suyo sobre Czeslaw Milosz ("C. M.: materialismo del creyente"), publicado en la benemérita Revista de Occidente (nº 362-363, julio-agosto de 2011). En la última página aparecía el inicio de una entrevista de Josep Maria de Sagarra Ángel (supongo que pertenece a la conocida estirpe literaria catalana) con Adam Zagajewski. Leí la entradilla y me apetecía seguir. Dicho y hecho. En compañía de Gonzalo, como conté antes de ayer, fui a la biblioteca municipal donde encontré el ejemplar en cuestión. Mereció la pena el paseo. La conversación es larga y amena y está llena de interés para un confeso y fervoroso seguidor del poeta polaco de Lwów. Para colmo de bienes, se incluye al final una pequeña antología con poemas traducidos por Elzbieta Bortkiewicz, Xavier Farré y el propio Sagarra. Lo mejor: que ya se anuncia la versión española de Mano invisible, su último libro, a cargo de Farré. En Acantilado, según costumbre.
También buscaba otro artículo, éste en Revista de Libros, y también lo hallé. ¡Menuda biblioteca tenemos! Se trata de "Naufragios varios", de Pedro Serrano, donde el profesor, crítico, traductor y poeta mexicano analiza, ahí es nada, las siguientes antologías poéticas: 20 AÑOS DE POESÍA. NUEVOS TEXTOS SAGRADOS (1989-2009), Andrés Soria Olmedo, Tusquets; LAS MORADAS DEL VERBO. POETAS ESPAÑOLES DE LA DEMOCRACIA, Ángel L. Prieto de Paula, Calambur; NUESTRA POESÍA EN EL TIEMPO, Antonio Colinas, Siruela; EL OTRO MEDIO SIGLO. ANTOLOGÍA INCOMPLETA DE POESÍA IBEROAMERICANA, Antonio Domínguez Rey, Espiral Maior; MIL AÑOS DE POESÍA EUROPEA, Rosa Lentini y Francisco Rico, Planeta y AVANTI. POETAS ESPAÑOLES DE ENTRESIGLOS XX-XXI, Pablo Luque, Olifante. No hace falta decir que la reseña, minuciosa e inteligente, es de sumo interés.

23.8.11

“Estudios de la luz”, de Pablo Anadón

 A la librería Manuel de Falla, en la gaditana Plaza de Mina, me llevó la primera vez Fernando Pérez en un agosto inolvidable de hace años. Allí compré este libro del poeta argentino Pablo Anadón publicado en 2010 por Pre-Textos en su preciosa colección La Cruz del Sur. Apenas comencé a leer, me encontré con poemas conocidos. Qué extraño, dije. Hasta que di con “El ruido de la segadora”, trasvasado aquí hace poco desde el mexicano Periódico de Poesía (ya está en la red, por cierto, el nuevo número) en su condición de inédito. O eso creía. En fin, todo normal: el ritmo de las revistas literarias suele ser muy suyo. Supongo, además, que un libro publicado en España no es garantía de nada, o de casi nada, en el ámbito literario hispanoamericano, por muy buena que sea la distribución de la editorial correspondiente. Yendo a lo que importa, el libro, podemos decir que sus poemas, no muchos, giran en torno al tema de la luz, algo más que una metáfora; un asunto que, contra lo que pudiera parecer, a uno se le antoja más metafísico que real, más abstracto que concreto, pero que a la vista de los versos de Anadón  puede que sea, de hecho es, todo lo contrario. Un puñado de versos, digámoslo ya, excelentes. “Conversación”, sin ir más lejos, es uno de los poemas de amor más hermoso que uno haya leído nunca.
De amor, y de desamor, se habla en Estudios de la luz y también de otras cosas no menos cotidianas y, por eso, iluminadoras o asombrosas. Objetos, situaciones, paisajes, recuerdos que le sirven a Anadón para dar a luz una poesía deslumbrante por su claridad y profunda por su sencillez. Qué placer para el lector conversar con él en su casa (“Yo he tenido una casa / Una mujer amada y unos hijos”), al lado de una taza (azul) de café (preparado en la vieja cafetera italiana) o junto al río de los sauces (que uno podría llamar también río Jerte).
Ni las mayúsculas que inauguran tipográficamente los versos ni los muy particulares sonetos que incluye el libro (pero sonetos) han evitado que uno disfrute de esta obra, a pesar de su brevedad y su tono, mayor, aunque eso fuera lo último que se propusiera al escribirla el “viejo poeta oriental” Pablo Anadón. Seguiremos leyendo.

22.8.11

"Conversación"

Aunque hasta septiembre no empezará a distribuirse, ya tengo aquí al lado  Conversación, el nuevo libro de Gonzalo Hidalgo Bayal. Lo sé: soy un tipo con suerte. Nada más llegar de Conil le pregunté si lo había recibido y me dijo que el editor Cerezo le había enviado a Madrid algunos ejemplares a finales de julio. Una cosa llevó a la otra y esta mañana hemos quedado en el Alfonso para el emocionante intercambio. Una alegría. El libro ha quedado precioso con su café vienés en la cubierta, su tipo de letra generoso, los márgenes amplios, sin puntos y aparte y, cómo no, con su misteriosa errata y todo. Sólo falta leerlo. Poco a poco, para que dure.
Por si eso no fuera bastante, y por celebrar el título, hemos echado la mañana conversando. Como en los mejores tiempos, cuando él era un profesor de instituto recién casado y uno un maestro soltero que le visitaba una mañana a la semana en su casa. Como entonces, prefiero escuchar.
Desde el hotel nos hemos acercado a la biblioteca y luego al Torero a tomar algo. Después le he acompañado hasta la Puerta del Sol. Muy ufano de pasear por las calles del pueblo su libro y nuestra vieja amistad.

"Los ingrávidos", de Valeria Luiselli

Un sábado por la mañana, en El Quijote, tuve en las manos Papeles falsos, el primer libro de Valeria Luiselli. Lo recuerdo bien. No la conocía de nada. Me gustó el libro por fuera, publicado por Sexto Piso. También, una vez hojeado, por dentro. Era peculiar, sin duda. Al final lo dejé pasar y me quedé sin él. Después de leer Los ingrávidos, la primera novela de la joven Luiselli, volveré a buscarlo. Esta vez, debidamente informado, fui a tiro hecho. Entré en Quorum, la librería gaditana de la Calle Ancha, y pregunté por  el libro. Por suerte, estaba allí.
Escrita de manera breve y fragmentaria, como casi toda la literatura hispanoamericana de ahora, VL cuenta al mismo tiempo al menos dos historias -cada una con su voz- que al final se resuelven en una. Misterios de la narrativa. La de los últimos días en Nueva York del poeta y diplomático mexicano Gilberto Owen y la de una mujer de la misma nacionalidad, como la autora, que trabaja en esa misma ciudad y que, mientras escribe la novela vive con su marido y sus dos hijos: el mediano y la bebé.
Lo que empieza siendo un libro donde, quizás a la moda, lo ensayístico se mezcla con la memoria personal, la crónica con la ficción (por usar el rótulo de las próximas Conversaciones Literarias de Formentor), acaba resultando una novela muy bien tramada y mejor resuelta.
Como ha dicho otro novelista en alza, contemporáneo de Luiselli, el chileno Zambra, "En las páginas de este libro prevalece una incertidumbre plena y preciosa". También alude a personajes "locos o tristes" que, por seguir con su impresión, se pueden confundir, en efecto, con cualquiera de nosotros.
Owen piensa que en toda existencia hay muchas muertes. Él, que se ahogaba en alcohol, moría cada poco, a diario, y sus sucesivos fantasmas (también en una existencia hay muchas vidas) eran capaces de ver a otros: el de Ezra Pound en el metro, por ejemplo. En sus resurrecciones, seguía bebiendo, amaba a su manera, visitaba a sus hijos (cuando su ex le dejaba), cuidaba a sus gatos, emprendía, digamos, aventuras literarias con Zukofsky o Federico (G. Lorca), con quien coincide en el Harlem de finales del 20, la década que termina con el primer crac, y se iba quedando ciego.
No es esta, en fin, una novela para destripar sino una novela para leer con el debido detenimiento. Llena de matices y de múltiples lecturas, de reflexiones sobre las vidas de papel y sobre las de carne y hueso, no dejará indiferente a ningún lector. Para bien.

21.8.11

Manguel "dixit"

"(...) Los estragos causados por los conglomerados editoriales y las vastas cadenas de librerías, intentos en convertir al libro en fugaz producto de consumo, han imposibilitado el reconocimiento de auténticos talentos literarios, y han condenado a los lectores de la patria de Faulkner a los minúsculos méritos de un Jonathan Franzen o a las obscenidades de un Brett Easton Ellis. Talleres de escritura que reducen la novela a supuestas fórmulas mágicas, editors que podan y maquillan los manuscritos según el gusto comercial del momento, distribuidores analfabetos que deciden qué libros merecen ser publicitados y cuáles no, suplementos literarios cada vez más breves y más necios, han hecho que la literatura norteamericana sea hoy la más vendida y la más traducida en el mundo entero, y también la menos interesante y la más efímera.
Afortunadamente, la literatura descree de apegos nacionales, y a veces sucede que un escritor ignorado en su tierra natal sea reconocido en el extranjero. Francia, a través de Baudelaire, reveló los méritos de Edgar Allan Poe, Alemania los de Cees Nooteboom, Argentina los de Calvino, Italia los de Sándor Márai". 
Nota: Traigo aqui este fragmento de una reseña de Alberto Manguel titulada "En busca del éxito a través de una novela vergonzosa" (y publicada ayer en Babelia, El País) porque tienen mucho que ver con unas recientes alusiones al crítico vertidas en este blog. A buen entendedor...

20.8.11

Reseña de "Último naipe"

No es muy extensa, pero la firma uno de los mejores estudiosos y críticos de poesía del país. En El País, claro.

Otro libro de Pablo Moreno

En la visita obligada al centro comercial Bahía Sur de San Fernando suelo refugiarme, del calor y de las compras, en la librería de El Corte Inglés. Su sección de poesía, como todas, ya no es lo que era; con todo, algo encuentro siempre. En este caso un librito de Adonais (sin tilde, Pureza), Discurso de la ceniza (un título muy adonístico), de Pablo Moreno, autor de Lauda, que tanto me sorprendió. Lo leí del tirón en una terraza de Cádiz, enfrente del ayuntamiento, a favor de los vientos de poniente y muy cerca del uno de los muelles del puerto donde, por cierto, estaba atracado un barco con matrícula de Tánger.
No me decepcionó el tercer libro de Moreno, aunque reconozco que no llegó a sorprenderme tanto como el mencionado Lauda. Poco importa eso. A veces, con independencia de la calidad de la obra, nos quedamos con el primer libro que leímos de tal o cual autor. Es una teoría que sostiene GHB, que suele citar algunos títulos de Landero para justificar el caso. Quien prefiere, dice él, El guitarrista o Retrato de un hombre inmaduro a la famosa Juegos de la edad tardía simplemente porque fue la primera novela que leyó del de Alburquerque. Lo que importa es que el libro, se titule como se titule y haga el número que haga, sea eso: un buen libro. Y el de Moreno lo es. Y basta.

19.8.11

Manguel conversa

No sale muy bien parado Alberto Manguel en el libro recién comentado de Miguel Sánchez-Ostiz. Ve en él a un personaje contradictorio por mor de esa "esquizofrenia" entre ir en contra la industria del libro ("La idea más nociva que conozco es la del libro como industria") y, en tanto crítico de un gran medio, favorecerla acaso sin remedio. Como quiera que sea, se esté de acuerdo o no, uno ha leído con gusto Conversaciones con un amigo (Páginas de Espuma).  Manguel es todo menos un tipo aburrido y su vida es, al menos para alguien tan lugareño como yo, digna de una  insana  envidia cosmopolita. El "amigo" es el editor Claude Rouquet y entre los dos dan un moroso repaso a esa agitada existencia del escritor (por Argentina, Israel, Francia, Inglaterra, Tahití, Canadá y, por fin, Mondion, La Casa, de nuevo en Francia) y crítico que, para uno y para muchos, siempre será, ante todo, el autor de Una historia de la lectura. Son muchas las perlas que deja caer Manguel a lo largo de la conversación. En el cuaderno de hule han quedado anotadas no pocas. Por ejemplo, "ser consciente significa ser lector"; "todo lector es, por naturaleza, un antólogo"; "la gran literatura sólo puede ser ambigua"; "la duda es, justamente, el lugar del pensamiento"; "el poder del lector -leer el mundo con las palabras de otro".
Mencioné antes la palabra perlas y bien estará señalar que en un momento de la charla le confiesa a Rouquet que lleva más de cien páginas de una nueva novela. Su título: La perla de Extremadura.

18.8.11

Podómetro

Estaba deseando dar mi paseo habitual por las orillas del río Jerte para saber cuántos pasos me costaba (un decir). 10.731 marca el podómetro que me regalaron mi hija y su novio por culpa de mi reciente cumpleaños. Vamos, 5,36 humildes kilómetros, según el mismo aparatino. Ayer di el paseo más largo, hasta la presa, y marcó 16.390 pasos. Con el paso a 50 cm., 8 kilómetros y pico. Se me hace poco, pero... Seguimos caminando.

"Vivir de buena gana", de Miguel Sánchez-Ostiz

Ya traje aquí hace unos meses los diarios de Miguel Sánchez-Ostiz, una lectura recurrente en mi vida. Poco después de aquello salió un nuevo tomo que, deliberadamente, dejé para el verano. Para Conil, en concreto. Allí, entre levante y poniente, entre nieblas y veras, entre playa y piscina, he dado buena cuenta de Vivir de buena gana (Alberdania), un título, ya se ve, que no engaña, como MS-O. Dentro, un poco lo de siempre. La religión y la política (qué oportunas reflexiones para estos días, para estos años) que, según él, andan a la par en una derecha, la española, incapaz de llevar a cabo una ideología propia (o europea) desligada del catolicismo y de la Iglesia; la interminable Guerra Civil y sus tristes secuelas, tan de actualidad también, mal que nos pese;  ETA y lo vasco, otro problema por resolver; la ciudad natal, Pamplona, odi et amo, y, al fondo, la cita de Hemingway (que a su modo la puso en el mapamundi), aquello de que las ciudades no cambian, somos nosotros los que envejecemos. Pamplona, vale decir, o cualquier ciudad (ay, ese viejo tema), ya sea Bayona (tan amada) o Bilbao. Ya sea suya o del lector, que también cuenta, que puede poner el nombre de la suya, de cualquiera. El del viaje sigue siendo un asunto central en la vida y en obra, tanto monta, de S-O. Viajes reales que son, al mismo tiempo, merodeos alrededor del cuarto, "viajes librescos", sin salir de casa, dondequiera que ésta esté. O no. S-O se considera un hombre sin raíces y, por tanto, de ningún sitio. "El viajero -escribe- no es más que uno que está de paso y se va". Perfecto. Por eso aparecen en las páginas del diario Darwin, Cendrars, Morand y tantos otros culos de mal asiento como él. Y ya que cito a viajeros doblados de escritores, no faltan "lecturas furtivas" en Vivir de buena gana: Céline, Mac Orlan, Modiano, Baroja, etc. Viejos conocidos.Tampoco faltan artistas como Grosz, Sudek, Bacon u Oteiza (éste sí personaje habitual).
Acaso lo más interesante de la obra sea precisamente un viaje concreto: a Bolivia. Sí, se puede decir que dentro del libro hay un nuevo Cuaderno boliviano como el que publicó exento en su día. Por lo demás, quienes seguimos su blog le hemos acompañado hace poco a otro periplo por ese país que tan encandilado le tiene. A él y a quienes, de su mano (o a través de sus ojos), lo visitamos. Su belleza y su pobreza, cabe decir. Su exotismo (S-O repite que sabe bien que no pertenece a ese mundo) y su literatura, tan necesaria siempre para conocer el país "de verdad". Lo hace de la mano de dos escritores malditos. Uno, me parece, más interesante que el otro. Aquél, Jaime Sáenz. Éste, Víctor Hugo Viscarra. Con ellos, con sus libros, a través de su leyenda, viajamos al corazón de La Paz, no en vano al primero se le atribuye la invención de la novela urbana boliviana. Antros oscuros, alcohol a raudales, calles perdidas, soledad y silencio, vistieron sus vidas precarias transformadas, con el paso del tiempo, en mitos literarios para quienes saben y para los que no. De estudiosos, quiero decir, y de simples aprovechados con pose de poeta.
Me han encantado las líneas que dedica a describir sus tediosas estancias en las salas inhóspitas de los aeropuertos provinciales, las largas esperas entre vuelo y vuelo. Por su aire, nunca mejor dicho, me han recordado viejos poemas de otro diarista, José Carlos Llop.
Es curioso. He echado de menos a Miguel en este libro. Habla menos de sí mismo (y de sus, a veces, truculentas circunstancias). O lo tal vez lo hace de otra manera. Acaso por eso lo he encontrado más tierno y cercano. De nuevo el título y su lección primera: la buena gana. Con los amigos, por ejemplo. Con los vivos, como Juan Manuel Bonet, al que cita con frecuencia, y al que, como a todos, tantas cosas ha enseñado, y con los muertos (del 2008 y 2009, los años que comprende el diario). Así, Castilla del Pino, Ullán, Conte y Porcel, de los que traza cordiales perfiles.
Quizá esta nueva entrega de MS-O se pueda resumir con una frase: "No hay vida ni viaje que no sea al presente". Al presente perpetuo que él ha sabido crear gracias a estos descarnados y francos diarios.

17.8.11

"Los poseídos", de Elif Batuman

Lo confieso: cuando vi la cubierta del libro (con lo bonitas que suelen ser las de Seix Barral, que en esta ocasión, ay, respetó la de la versión original), estuve a punto de mandarlo sin más a la biblioteca del molino. Con más calma, leí el subtítulo (una oportuna frase publicitaria): "Aventuras con libros rusos y con las personas que los leen", algo de la contracubierta y... Además, Nahir Gutiérrez (que me lo mandó) nunca engaña. Para Conil, me dije. En efecto, ésta y otras que comentaré aquí han sido mis lecturas conileñas.
Deslumbrante, es la primera palabra que anoté en mi cuaderno de hule a propósito de Los poseídos. Elif Batuman, una neoyorkina del 77 de origen turco, ha logrado un libro apasionante que, por otro lado, parece lo propio cuando de una literatura tan apasionada como la rusa se trata. Podía haber publicado una serie de sesudos ensayos propios de la profesora de la Universidad de Stanford que en realidad es (o fue); sin embargo, ha preferido, y sus lectores se lo agradecemos, decir acaso lo mismo pero de una manera más amena, menos académica. Eso no significa, puntualizo, que Los poseídos no sea un largo ensayo sobre cierta literatura rusa. Y casi siempre, de altura. Es eso, insisto, y mucho más. Es un diario personal (las memorias de una joven investigadora universitaria), un libro de viajes (por América, Europa y Asia, con parada y fonda en Samarcanda) y, ya se dijo, un tratado de crítica literaria de la mejor estirpe. Bábel, Dostoievski (de quien toma el título), Chéjov, Tolstói, Pushkin, Chéjov y sus respectivas obras son los protagonistas, aunque no falte Mann, que era alemán, y otros escritores rusos o uzbekos menos conocidos. Divertida, inteligente, irónica, fresca son algunos calificativos aplicables a la personalísima obra de Batuman. Buena prueba de ello es el relato por entregas (no hace falta decir que la narrativa, fiction, está en la base del libro) sobre su verano en la mítica y poética ciudad de Samarcanda para aprender uzbeko (por cierto, en el Hola ha aparecido un extenso reportaje sobre la guapa embajadora de Uzbekistan en España y su no menos preciosa casa), o el capítulo dedicado a la Casa de Hielo de San Petersburgo (ese "lugar espeluznante", según ella).
Las tres líneas finales del libro resumen bien la apuesta de Elif Batuman: "Si pudiera empezar hoy de nuevo, volvería a escoger la literatura. Si existen respuestas en el mundo o en el universo, sigo creyendo que es ahí donde las encontraremos". No está sola.

16.8.11

Ya aquí

Deja uno atrás sol, sal, luz y mar y, tras un viaje algo accidentado, llega a casa de nuevo. Y lo primero que hace, o casi, después de leer unos cuantos correos electrónicos, es volver a este precario refugio del que, bien lo sé, me cuesta separarme. Seguiremos pues.

1.8.11

Hasta luego

Estos últimos meses he venido publicando una entrada diaria en este blog. Mi trabajo me ha costado. Lo he hecho, claro está, por amor al arte y sin esperar, como es lógico, nada al respecto. En un blog atípico como éste, que no admite comentarios, se camina a ciegas. Por otra parte, es lo mismo que siento cuando escribo cualquier cosa. Llega ahora el momento de parar. No sé por cuánto tiempo. De momento, pongo tierra por medio y me voy, nos vamos, un par de semanas a Conil. Veremos.