31.7.12

Veranos









Como cada año, bajamos al Sur, que, para nosotros, gente de tierra adentro, es el mar. Y otra luz. Y otro viento. Y la sal.
Por eso cierro este refugio durante un par de semanas.
Dejo al curioso que se acerque hasta esta sombra uno de los últimos poemas que he escrito. Pertenece a Plasencias (en lejano e irónico homenaje a Morand); un libro escrito "desde mí" (que diría Gaya) y desde aquí, que se cruzó en mi camino, como conté la noche que Jordi Doce y yo conversamos sobre poesía en el Verdugo.


VERANOS

Una tarde de todos los veranos,
a la hora de la siesta, por sistema,
recorro algunas calles tortuosas
del centro de Plasencia.

Por la sombra, pegado a las paredes,
me dejo deslumbrar por edificios
que ya he visto mil veces.
El sol y la calima dan a todo
un aire entre irreal y misterioso
que tiñe la ciudad de esa luz propia
de aquello que intuimos figurado.

El calor, de tan tórrido, y el viento,
que abrasa cuanto toca,
favorecen la atmósfera de un sitio
que parece de pronto otro lugar:
más al sur, de una isla.
Sicilia, por ejemplo. De un paraje
con paredes de cal y murallas de piedra,
poco importa de dónde.

Esa tarde de todos los veranos
en que rodeo una vez más el círculo
me reconcilia con lo que esto ha sido:
un espejismo, una ilusión, un sueño.


29.7.12

La noche feroz

Hace unos meses, comentaba GHB en El Cultural que, entre otros, había regalado ejemplares de La noche feroz, de Ricardo Menéndez Salmón, “una de mis preferencias”, añadía. Fui uno de los agraciados. El libro ha estado reposando encima de la mesa donde escribo, muy cerca de mí, pero hasta ahora no me había atrevido a leerlo. Mis prevenciones narrativas, ya se sabe. Eso a pesar de que su autor es uno de los que prefiero. Me gusto mucho La ofensa y todavía más La luz es más antigua que el amor, su última entrega. 
La noche feroz, directa como un buen puñetazo, si se me permite la violencia, se publicó primero en KRK, la editorial que apostó en un principio por RMS (uno de los rasgos que le acercan a HB, otro autor que empezó desde abajo), y luego por Seix Barral, el sello actual del escritor asturiano.
Apenas un puñado de breves capítulos y una trama de thriller (dicen que metafísico), tan delgada como esa línea que separa la vida de la muerte, permiten a RMS evocar la tragedia (la clásica y la rusa, tanto da) a partir de las peripecias de un pobre maestro rural perdido en un lugar montañoso y remoto durante la Guerra Civil y unos pocos personajes que se cruzan en su camino. Estamos, o eso me parece, ante una novela moral. Con todo, como en GHB -ya se insinuó antes-, lo que aquí manda es el lenguaje. Cortante, como el viento helado que sopla en las ásperas alturas asturleonesas. Preciso, como un disparo certero. Hermoso, como las poéticas tierras de Babia: "Hay algo sagrado en las formas de la nieve". 
Uno lee, aisladamente, "Porque todo hombre se parece a su miedo" o "Nada deja tanta huella como el aprendizaje del horror" o, en fin, "Porque los hombres toleran la maldad, la vergüenza y hasta el crimen, pero el éxito siempre les confunde", y sabe que ha sido una suerte toparse con un libro así. Gracias, Gonzalo.

28.7.12

Órganos


Un epigrama

Relata el erudito sus razones:
tres carreras
(dos más que tú, precisa),
doctor con Premio Extraordinario,
tres décadas y pico de docencia
como eximio profesor de instituto,
otros tantos como investigador,
más de diez libros capitales
en la bibliografía literaria
de este rincón llamado Extremadura
(que adjunta en una foto
donde posan valhondos y reunidos)…
Ante tamaño carrerón,
¿cómo te atreves
a criticar cual “entendido”
la obra que culmina y que consagra
tan brillante y loada trayectoria?
“¡Esto es un atropello!”,
clama al cielo. “Mi Panorámica…”
Y tú, vulgar maestrillo, botarate,
que osaste comentar su magna obra
y ponerle algún pero (muchos menos
de los que el revoltijo se merece),
que cometiste la insolencia
de dedicarle al tocho unas palabras
en este humilde blog,
dudas entre reír ante el ridículo
o llorar por lo aciago del rebote. 
Que el adalid de Monesterio
le contemple.
Uno sabe leer. Con eso basta.

27.7.12

Los homenajes de Gaya

Homenaje a Constable















Con la pulcritud a que nos tiene acostumbrados, Pre-Textos publica Los homenajes de Ramón Gaya, un perspicaz ensayo de José Muñoz Millanes que sigue el rastro a las obras en las que el pintor murciano homenajeó a sus modelos dilectos: Velázquez, Constable, Murillo, Tiziano, Carpaccio, Van Gogh, Sesshu, etc. Más allá, analiza las intenciones de Gaya al realizarlos, una tarea en la que se sirve de escogidas y muy precisas referencias tomadas de otros autores que también se han acercado a ese mundo tan particular -único, mejor- dentro del complejo panorama artístico español del siglo XX.
Desde la admiración, Gaya montaba en el estudio auténticos "altarcitos" (así los denominó Concha de Albornoz), "pequeñas instalaciones en honor y ofrenda al huésped admirado" que luego llevaba al lienzo. Objetos, reproducciones (para bien o para mal: en México no podía visitar museos, pero sí ver libros) que le permitían trasladar la atmósfera de esa pintura apreciada. Siempre "desde mí", como aclaró en una ocasión.
Hay algo de composición fragmentaria (cubista incluso) en el empeño, de "reordenación o combinación" de elementos u objetos encontrados donde no se descarta la improvisación . Y todo a partir, cómo no, de la atenta mirada que está en el origen, como dijo Weil, de la "facultad creadora".
El gusto por la serie, por la variación (la mejor manera de alcanzar la sorprendente novedad: "Yo no repito, insisto"), el ambiente doméstico (el valor "lárico" u hogareño de Rilke, recuerda Millanes), el refinamiento de la popular pobreza digna (que simbolizan los cacharros -vasos, cerámicas, copas- usados para ese retablo portátil), etc. dan lugar al cuadro (sin encuadre, sin borde) que Gaya pinta, preferentemente, al atardecer, "la hora de la pintura", la mejor para para un mediterráneo fascinado por la luz.
Muñoz Millanes, un ensayista lúcido y exigente como pocos, ha escrito un texto lleno de encanto, inolvidable, sobre todo para los que admiramos la no menos rigurosa e inteligente pintura de Gaya. Un texto en el límite de la poesía, no en vano el autor de Homenaje a los pintores chinos u Homenaje a Sesshu fue un excelente poeta y todo lo que tocó está impregnado de esa indefinible magia.
Tras leerlas, parafraseé al vuelo unas palabras de Enrique García-Máiquez que cita Millanes. Donde él dice: "uno de los misterios de su pintura consiste en que no todo lo que se ve en ella ha sido pintado", yo diría: "uno de los misterios de la poesía consiste en que no todo lo que se lee en ella ha sido escrito".7

Homenaje a Takanobu

26.7.12

En La Vanguardia


Como quien nada espera

Anna Carreras

Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) es uno de los nombres imprescindibles en el actual panorama poético en español. Maestro de vocación, fundó, junto a Ángel Campos Pámpano y Diego Doncel, la revista hispano portuguesa Espacio/Espaço escrito. Sus poemas están incluidos en numerosas antologías y han sido traducidos a distintos idiomas. También es autor de dos novelas, Las murallas del mundo (Premio Extremadura a la Creación) y Alguien que no existe; un libro de artículos, El lector invisible, y otro de viajes, Lejos de aquí.
La Isla de Siltolá ha publicado Un centro fugitivo, una antología que reúne poemas escritos entre 1985 y 2010, en edición de Jordi Doce. Ésta es la primera vez que se publica una antología poética mayor de su obra, en la que el lector puede seguir ese centro que huye, en círculos concéntricos, de un lado a otro de su poética sólida.
Valverde despierta los sentidos a través de visiones que remiten al tránsito: crepúsculos, olas, amaneceres y amores. Sus poemas, de verso breve o de verso narrativo, son
de lectura amena, pero desatan enseguida la reflexión metafísica acerca de la condición humana y del por-qué-del-ser-en-el-mundo. Esta interrogación responde a una actitud natural ante el asombro o la perplejidad que produce lo positivo y lo negativo. En este caso, el poeta observa lo de fuera y lo de dentro como dos partes de una misma realidad. Más amante de la elegía que del himno, Valverde es melancólico y escéptico: un romántico de los del XIX instalado en el siglo de la tecnología. De ahí que su visión del tiempo sea “la imagen sucesiva del agua en su transcurso (...) una mujer dormida con la espalda desnuda (...) la tan bella y efímera floración del cerezo”.

Cultura|s. La Vanguardia. Miércoles, 25 de julio de 2012.

25.7.12

Polacos














Cuando uno ve este libro de casi 400 páginas, tan bien impreso, con el sugerente título de Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea (autores nacidos entre 1960 y 1980) no puede por menos que celebrar la existencia de editores privados o públicos (como en este caso: Prensas Universitarias. Universidad de Zaragoza. Colección La Gruta de las Palabras) que todavía se atreven a publicar obras así, tan arriesgadas, y, más aún, que haya traductores, que también son poetas, capaces de abordar una tarea titánica. Me refiero a Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Xavier Farré, responsables del feliz acontecimiento. Una breve Nota sobre la antología y la traducción, que firma Murcia, y un extenso prólogo de Farré, que no deja de ser un intenso y fundamentado ensayo, preceden a los poemas. En este caso, ni uno ni otro deberían evitarse: son textos necesarios. Más para el aficionado que sabe de poesía polaca lo justo. Es verdad, como señala el prologuista, que es cada vez más conocida -en nuestro ámbito lingüístico, gracias en buena parte a ellos- y que al lector español no se le escapan los nombres de Milosz, Herbert, Szymborska o Zagajewski. Cosa distinta es el "presente" de esa poesía, del que se da cuenta aquí.
Conviene precisar que nos encontramos ante la antología más importante de este periodo publicada en lengua no polaca. Salvo algún poeta intraducible (Tekieli), recoge poemas (ocho de cada uno) de sesenta y un poetas.
El título obedece a que esta poesía refleja una doble ruptura: la de esos poetas con respecto a las obras de padres y abuelos literarios (cuando no contra los propios coetáneos) y con la tradición nacional, en busca de otras tradiciones poéticas extranjeras; la anglosajona preferentemente, sobre todo en versión norteamericana.
Farré sitúa a la perfección, con toda su complejidad, el alcance de esa revolución. El panorama cambió, sin duda. Y lo hizo de la mano de unos poetas que se dividieron entre bárbaros (querían arrasar con todo lo anterior) y clasicistas (más contenidos y respetuosos), por usar la terminologíade Maliszewski.
Ayudaron algunas revistas. De la influyente bruLion, NaGlos y Nowy nurt.
El primer "himno" de esa nueva generación, plural como pocas, fue "Para Jan Polkowski", de Marcin Swietlicki, un poeta urbano, de lenguaje coloquial al que se podría calificar de postmoderno.
En la vanguardia de la ruptura, Zadura, Sommer y Sosnowski. Y dos modelos, made in USA: O'Hara y Ashbery. Para dar carta de naturaleza al invento, un crítico: Piotr Sliwinski. Y más poetas: Swietlicki, por ejemplo, músico también y principal ejecutor del cambio de rumbo lírico. Otros: Podsiadlo, Tkaczyszyn-Dycki. O poetas homosexuales como Wiedemann, que inaugura una línea hasta entonces inédita en una sociedad muy conservadora. O católicos (no hace falta remarcar la importancia de la religión en Polonia y, cómo no, en su poesía) como Suska, Wencel y Koehler.
Sus libros se publican en la todopoderosa Agencia Literaria (por una vez, para evitar probables erratas y para que pueda leerse, tomo la traducción castellana) o en Znak. Editoriales independientes, casi siempre, que no logran distribuir bien, una carencia habitual cuando de la minoritaria poesía se trata.
El ahora es distinto. Tras la tempestad ha llegado la calma. Las influencias foráneas son otras (los rusos, ponen por caso) y cada poeta aspira a construir su propia tradición, que es lo suyo.
Lo que de verdad importa: los numerosos poemas que se reúnen en la antología que los ejemplares traductores (explican que los tres han vertido todos los poemas para ofrecer después, por consenso, la versión final) han querido dedicar a la memoria de Félix Romeo.
Ruptura mediante, lo que parecen haber afianzado los poetas polacos contemporáneos es una poesía, la polaca, que era y (gracias a ellos) sigue siendo fundamental tanto en Europa como en el resto del mundo.

22.7.12

Erri De Luca


















Anda uno persiguiendo a este hombre, a sus libros, desde hace mucho. En España ha publicado en distintas editoriales; Siruela, sobre todo. El año pasado, por ejemplo, vio la luz Hora prima en la católica y selecta Sígueme. Salvo fragmentos, lo que conocía de él eran entrevistas. Y reseñas de sus obras. Pasa por autor de culto, pero aquí es de sobra conocido.
En suma, Los peces no cierran los ojos (Seix Barral, traducción de Carlos Gumpert) es, mal que me pese, el primer libro que leo de Erri de Luca. No me ha defraudado. La espera ha merecido la pena. Bueno, tampoco me ha parecido que leyera al autor napolitano por primera vez. Me lo imaginaba así. Su literatura es precisa, concreta, concisa. El crítico Javier Rodríguez Marcos, uno de sus valedores, ha dicho que "habla sólo de lo que de verdad importa. Sin contemplaciones". Tiene razón. Prima la poesía.
Se podría establecer incluso cierto paralelismo entre el aspecto físico del escritor y su manera de escribir: menuda, fibrosa.
Un niño de diez años, casi un adolescente, relata un verano decisivo de su vida. Por medio, los sentimientos, sus padres, el amor, la infancia, los libros, la pesca, los otros, la guerra, Nápoles... Me da la impresión que a De Luca, se le empiece a leer por donde sea, siempre se le encuentra igual, en el mismo sitio. El suyo es un mundo sin trampa ni cartón. De ahí, tal vez, que no haya tenido esa sensación de sorpresa que otros autores, para bien o para todo lo contrario, propician. No hay engaño, no, en esa narrativa apegada a lo biográfico. La de un hombre austero del sur que ha vivido mucho e intensamente. Que ha sido albañil, pero también revolucionario y montañero. Fiel a la maravillosa ciudad de Nápoles. En esta novela, tan real, pone en boca de la madre del protagonista estas palabras: "Yo sólo sé vivir en mi tierra". Y al hablar del padre, estas otras: "La vida en Nápoles fue para él un exilio sin viaje".
Después de disfrutar tanto con Los peces no cierran los ojos (libros así otorgan a una editorial su prestigio), sé que Erri de Luca dejará de ser alguien al que uno conoce por los suplementos de los periódicos. 

21.7.12

El cínico Monago

"Si la cultura es lo que nos queda cuando ya no nos queda nada, si la cultura ha sido nuestro mejor refugio contra la adversidad, protegerla es el primer paso hacia la prosperidad. lo está siendo en Extremadura y estoy convencido de que lo será no sólo en España, sino también en Europa". José Antonio Monago, presidente de la Junta de Extremadura. El Mundo, 21 de julio de 2012. 

20.7.12

Territorio

"La palabra paisaje me incomoda por lo que conlleva de representación y construcción, y suelo esquivarla con el uso de palabras como «terreno» o «territorio». Busco los terrenos/paisajes que no corresponden con un diseño o la intención de nadie; lugares que se han escapado a la racionalización y están abiertos a otras posibilidades. Ahora: si quieres decirme que esto también es diseñar, tendrías parte de razón". Lara Almarcegui a Javier Díaz-Guardiola. Cultural de ABC.

19.7.12

Uno mismo

"Antes que nadie, Stendhal intuyó que en la pintura el tema acabaría volviéndose secundario, y que lo que importa al escribir no es el dominio de una serie variable de modas retóricas, sino la expresión natural de una mirada, de una voz. Una voz no impostada es siempre singular: el único secreto de la originalidad, comprendió muy pronto, en una anotación de su diario cuando tenía poco más de veinte años, era ser tranquilamente, obstinadamente uno mismo". Antonio Muñoz Molina, "El vicio Stendhal", Babelia, El País.

18.7.12

Herta Müller y la poesía

«La poesía la veo como una oración para personas no creyentes como yo. Cuando iba a los interrogatorios de la policía, recitaba interiormente poemas. Me daban fuerzas. Fijese que cuando hay dictaduras, la gente lee mucha poesía. E igual en los campos de concentración, en las cárceles. Uno no pierde la fantasía porque tiene miedo a morir. La poesía no sirve para embellecer la realidad, sino para transformarla, para hacer justicia. Yo al principio no leía literatura, me basaba en las experiencias de la vida, pero no encontré las respuestas a mis preguntas en la vida, las encontré en la literatura”». Herta Müller. La Vanguardia.

17.7.12

Las prosas de Luis Alberto de Cuenca

Coincidimos hace poco en Moguer. Lo encontró uno más flaco y tan elegante y afable como siempre. Hombre muy solicitado, llegó tarde y se fue pronto; con todo, nos dio tiempo a escuchar de nuevo su conversación amena y sosegada, más si tenemos en cuenta que estaba rodeado de "coleccionistas de papel", como él los llama (para bajarle los humos al término bibliófilo), y no hablo de unos simples aficionados. Me refiero a Juan Bonilla y Abel Feu, y todo ello en el lugar que vio nacer al mismísimo JRJ. ¡Uf!, que diría otro bibliófilo de pro muy nombrado aquel día. 
Javier Sánchez Menéndez, que también estaba allí, es el editor de la última entrega en prosa, que a uno le conste, del poeta madrileño. Sé que acaba de aparecer una nueva edición de su poesía completa en Visor. Se trata de Palabras con alas y la Isla de Siltolá lo ha ubicado en su colección Inklings de Siltolá. Reúne artículos publicados en la revista de distribución gratuita Mercurio, patrocinada por la Fundación José Manuel Lara.
Aunque sostenga que "somos lo que ocultamos ser", "L. A. de C. es tan claro en prosa como en verso. Esa es su línea. Por eso da gusto leer este puñado de textos sobre libros leídos, casi siempre, que no son meras reseñas, propias de una tarea, la de crítico, que desempeña hace mucho, sino notas de un apasionado lector que, con frecuencia, se inmiscuye personalmente en lo comentado, lo que las convierte, a ratos, en páginas de un diario o de unas memorias.
Quienes frecuentamos a este incansable polígrafo no nos extraña encontrarnos de nuevo aquí con la ciencia ficción, el cómic, los relatos de terror o de misterio, los de aventura (en especial de piratas) o, por poner coto, con la literatura griega y latina. Ya que lo menciono, uno de los capítulos que más me ha gustado del libro es el que dedica a su adorado Calímaco, a quien dedicó su tesis doctoral y al que tradujo, junto a Máximo Brioso, en un inolvidable volumen de la benemérita (por usar un adjetivo que abunda en Palabras con alas) editorial Gredos al que, por cierto, he vuelto. Para comprobar, entre otras cosas, que, según reza en la portada, está en casa desde el 29 de diciembre de 1981.
Además, Bizancio, Montaigne, Coleridge, Gautier (con homenaje al añorado Carlos Pujol), Hamsun, Kipling, Pound, Borges, Cirlot, Colinas... Un paseo delicioso, ya se dijo.
En una de las colaboraciones, la dedicada a Nueva Enciclopedia de Alberto Savinio (Acantilado, 2010), comenta la voz "Germanismo" donde Andrea de Chirico (su verdadero nombre) defiende la "grotesca tesis", según L. A. de C., "de que lo germánico es enemigo de lo europeo y de que Michelet tenía razón cuando definía Alemania como «el Asia de Europa»". Visto lo visto, no sé yo.

16.7.12

De vuelta

Hacía tiempo, mucho tiempo, que uno no pasaba un domingo en el campo. En El Molino, para ser precisos. Volví a leer en una de las butacas verdes donde solía. Antes de comer, con pavor, la prensa; después, algunos libros sentado debajo de la parra, en medio de ese silencio sonoro que proporciona la naturaleza. Me llevé tres y los tres cayeron: dos que tenía atragantados: el endiablado Ideas de orden, de Wallace Stevens (Lumen), y Deshielo a mediodía, de Tomas Tranströmer (Nórdica), que sin ser difícil no es sencillo, y otro que quería releer allí: Segunda oscuridad, de Andrés Trapiello (Pre-Textos). Ganó en esta segunda lectura; por el escenario, a buen seguro. Y porque lo bueno siempre mejora. 
También pude darme mi paseo. El corto, eso sí, por la hora y el calor. Con la ritual parada en la Fuente de los Alisos, donde mana poca agua, suficiente para refrescarme. Las moscas volvieron a incordiarme y lamenté que la garganta no corriera. Apenas unos charcos la mantienen con vida. 
Hasta un poema salió, como pasaba antes.
Fue agradable escuchar de nuevo los gritos, los juegos y las carreras de mi hijo y mis sobrinos (sobrinas no había), felices y contentos de recuperar ese territorio primordial de su infancia. 
Cuando mejor se estaba allí, tuvimos que volver. Tan cerca, tan lejos.

14.7.12

Bonet a París

J. M. Serrano. ABC












Ya es oficial. El poeta y crítico de arte Juan Manuel Bonet, ex director del Museo Reina Sofía y el IVAM de Valencia, dirigirá el centro del Instituto Cervantes en París. El autor de Diccionario de las vanguardias de España está ilusionado, como es lógico, sobre todo porque ve cumplido un sueño: el de volver a vivir en su ciudad natal, que abandonó, sin hablar aún una palabra de español, cuando tenía cuatro años.

Otra vez Penkov

Lo recordaba el otro día: no soy un crítico, ni escribo reseñas. Leo y, a veces, traslado aquí algunas notas de esas lecturas. Sólo eso. Viene esto a cuento de cierta desazón que uno sentía desde que publiqué mis impresiones acerca de Al este de Occidente, de Miroslav Penkov (Seix Barral). No sé si fui justo. O si leí bien ese libro. Nada grave, sin duda. Cada lector... Por eso, traigo la recesión de Cristina Fernández Cubas que sale hoy en Babelia, donde se elogia, como es debido, esa obra... maestra. Puntos de vista, sí, aunque la que sabe, no les quepa duda, es ella. ¡Uf!

Apocalíptico

«Creo que lo que hemos llamado literatura, poesía, se está despidiendo del mundo, al menos de la forma en que se ha conocido. Pero fue un tremendo arte, desde la Ilíada en adelante. Por otra parte, las civilizaciones de la escritura han sido de una violencia tan grande... De verdad, creo que eso está desapareciendo, aunque me gustaría que estos últimos estertores tengan una cierta dignidad. No porque la poesía esté en su fase final nos vamos a resignar a ser pedacitos de galletita. Que tenga un cierre con trompetas. Rescatar este sueño milenario que algo significó para la humanidad. Ahora viene otra cosa, y yo creo que eso que viene es mejor. Los últimos 3.000 años han sido la sombra del primer verso de la Ilíada: ‘Cólera, canta la de Aquiles, hijo de Peleo’. Esa época se está apagando”». Raúl Zurita, poeta, en "Cuando la vida es un poema", de Patricio Fernández. Babelia. El País.

13.7.12

Inconvenientes del turismo en Praga

La Editora Regional de Extremadura sigue sacando libros heredados de la etapa anterior. Por una parte, nos alegra: sigue viva. Por otra, se sigue aplazando la verdadera medida de lo que dará de sí esa especie de dirección compartida con la del Plan de Fomento de la Lectura, que no deja de demostrar, o eso parece, mitad incapacidad y mitad despropósito, aunque quieran venderlo como eficiencia. 
El libro precedente de La Gaveta -Lisboa, de Javier Morales Ortiz- fue reseñado elogiosamente hace un par de semanas por Javier Goñi en el suplemento Babelia de El País. Le sucede en la colección Inconvenientes del turismo en Praga, de Mario Martín Gijón, profesor de la Universidad de Extremadura, conocido hasta ahora por sus ensayos. En lo que a uno le alcanza, ésta es su primera obra de ficción en prosa. Bueno, mientras buscaba una imagen de la cubierta, he descubierto que en abril de este mismo año aparecía en la editorial asturiana KRK Inconvenientes del turismo en Praga y otros cuentos europeos, lo que quiere decir que el texto de la Editora es parte de este otro y que, en consecuencia, aquélla no sería, como acabo de afirmar, su ópera prima. Más allá de estos pequeños equívocos sin importancia, lo que sí se puede sostener es la solidez del relato -entre cuento largo y novela corta-, resuelto con habilidad, tanto en lo formal (por el lenguaje empleado) como en lo que se refiere a su estructura narrativa, en la que se entrelazan dos historias que, al final, confluyen, no diremos cómo. La de un escultor llamado, presuntamente, Miroslav Myrtek (el libro comienza con un homenaje a Melville, a su Moby Dick: "Llamadme Miroslav"), natural de Praga, que vive en la Checoslovaquia comunista, autor de un altorrelieve realista en forma de friso para una estación de Eslovaquia, que viaja como diplomático al Chile de la Unidad Popular de Allende (y asiste al golpe de estado de Pinochet), que celebra la Primavera del 68 y que acaba, solitario y al margen, en el tranquilo barrio praguense de Zizkov. Y la de una pareja que vuela a la turística Praga (aquí la voz narrativa es femenina), donde sucede algo que tampoco voy a desvelar.
El relato está, ya se dijo, perfectamente equilibrado y resulta de una eficiencia palmaria. Aprecia uno, en su siempre dubitativa capacidad para valorar artefactos narrativos (ni quiero pasar por crítico ni esto es una reseña), una sobresaliente habilidad novelística que, a buen seguro, nos deparará en el futuro nuevas e inquietantes intrigas, aunque nada más lejos de su intención que fabricar embustes al uso.

12.7.12

El novelista Pablo García Baena

P. G. B. con J. L. Morante, Eduardo García y Á.V. Córdoba, 2004















Rosa Luque ha entrevistado a Pablo García Baena para el diario Córdoba con motivo de su 91 cumpleaños. En un momento de la larga conversación (que tiene una segunda parte), tras relatar el poeta cordobés una anécdota del entierro del pintor Romero de Torres, la periodista comenta: "Podría haber sido el punto de partido de una novela... si alguna vez se hubiera decidido a escribir novelas". A lo que el autor de Antes que el tiempo acabe responde: ¡"Uy, no, por Dios, qué pesadez! (ríe) Un poemita corto, y pocos".

Por alusiones

José Luis Sevillano comenta en Anaqueles polvorientos su lectura de Un centro fugitivo. Thank you.

11.7.12

Hopper

Autorretrato, 1925-30. Whitney Museum of American Art, NY


















Una de esas visitas relámpago que solemos hacer los de provincias a Madrid -de compras, de médicos-, nos ha permitido recorrer la comentada exposición Hopper, inaugurada el mes pasado en el Museo Thyssen-Bornemisza.
Ignoro si, como dice uno de sus comisarios, Tomàs Llorens, Hooper es el mejor pintor norteamericano del XX, lo que viene a querer decir uno de los mejores del mundo en ese controvertido siglo, también para el arte. Le molesta a uno que se trate a los músicos, los escritores y los artistas en general como si fueran deportistas. Como si sus obras fueran computables. Una cosa es el canon, necesario, y otra las clasificaciones competitivas, del todo prescindibles en materia cultural.
Lo que sí puedo afirmar, con toda la modestia que cabe al caso, es que sus cuadros me gustan. Desde hace mucho, añadiría. Sí, por la cantidad de gente que se amontonaba en las salas -y eso que el horario era intempestivo (casi a la hora de comer) y los grupos entraban de quince en quince-, por la abundancia de productos de merchandising que vendían a la salida, se puede asegurar que el neoyorkino de Nyack está de moda. 
Esta querencia por la obra de Hopper no es nueva entre escritores y, menos aún, entre poetas. Una de las monografías más conocidas sobre su obra, Silent Theater: The Art of Edward Hopper, está escrita por Mark Strand (aquí la publicó Lumen), el poeta canadiense residente en Madrid, que también está, por cierto, de moda.
Hay algo en su pintura que inspira. A lo mejor es que es poética; es decir, que en sus asuntos y en su forma de revelarlos hay, sea esto lo que quiera que sea, poesía. Soledad, melancolía, ensimismamiento, sugerencia, luz... son palabras que definen, entre muchas, ese estado de ánimo al que me refiero. Tal vez, ya digo, pura poesía.
No hablo de técnica, aunque según el citado Llorens, sea impecable, de consumado artesano, en el mejor y más noble sentido del término; de alguien, en suma, que conocía bien su oficio.
Me han encantado las cubiertas de las revistas que ilustró. Preciosas, como comentó una señora a mi lado, las acuarelas. Estupendos -ah, la belleza de lo pequeño- los grabados. Y qué decir de los cuadros más conocidos, tanto las escenas de interior (Sol de mañana, Habitación de hotel) como los de casas, ciudades, carreteras y paisajes (norteamericanísimos). 
Me han dejado indiferente los cuadros, digamos, "teatrales". Lo suponía: iba uno a ver lo que ya había entrevisto en las páginas de los libros y las enciclopedias, en papel y en internet.
No se ha prodigado uno recorriendo exposiciones. Y menos desde que los ciudadanos nos hemos vuelto tan cultos que formamos interminables filas para entrar en los museos. Ésta no será fácil de olvidar. Hoy la visita relámpago de los provincianos a la capital ha cundido. Tanto como a uno le ha rentado la pintura poética -o sólo literaria, vete a ver- del misterioso y solitario Edward Hopper.

10.7.12

La poesía de Arango

Hace seis años, en este mismo blog, publiqué un poema de José Manuel Arango que no ha dejado de perseguirme desde que lo leí por vez primera: Hölderlin, el número VII de su primer libro, Este lugar de la noche (1973). Por fin he tenido ocasión de leer su Poesía Completa, que, en edición de Francisco José Cruz, publicó la Biblioteca de Poesía en Español de Sibila-Fundación BBVA en 2009. Reúne los versos de sus cuatro libros -el ya citado, Signos (1978), Cantiga (1987) y Montañas (1995)-, así como "Otros poemas" y "Poemas póstumos". Es un libro excepcional, sin duda. De uno de los muchos poetas excelentes que Colombia ha dado. Y sigue dando. Traductor, y no en vano, de la sin par Emily Dickinson. Copio aquí dos poemas.

XXXVI. EL PADRE

A veces
veo en mis manos las manos 
de mi padre y mi voz
es la suya

un oscuro terror
me toca

quizá en la noche 
sueño sus sueños

y la fría furia 
y el recuerdo de lugares no vistos

son él, repitiéndose
soy él, que vuelve

cara detenida de mi padre
bajo la piel, sobre los huesos de mi cara


DEL CAMINO

No hay camino, dijo el maestro.

Y si acaso hubiera un camino
nadie podría hallarlo.

Y si alguien por ventura lo hallara
no podría enseñarlo a otro.

En "La bailarina sonámbula", un homenaje a Lezama Lima, Arango escribió: "La poesía debe ser un baile. El ritmo, la música le son consustanciales. Si la prosa corresponde al caminar llano, la poesía corresponde a la danza. (...) Porque la poesía es como un baile sonámbulo, una conjunción de mesura y de sueño".

9.7.12

Cultura y pobreza

Le pregunta Enric González al novelista griego, nacido en la comunidad armenia de Estambul, Petros Márkaris: ¿Y las consecuencias culturales del desastre? Y el autor de novela negra (que aquí edita Tusquets) responde: "Grecia era un país pobre con un alto nivel cultural. No solo poesía, no solo teatro, no solo música: podría darle muchos nombres. Las películas de mi amigo Theo Angelopoulos son un ejemplo. Pero en 1980 no solo decidimos que habíamos acabado con la pobreza, sino también con los valores de la pobreza, morales y culturales. Ahora estamos volviendo a la pobreza, pero sin valores. Es una de las cosas que más me preocupan, porque cuanto más pobre eres, más valores morales y más cultura necesitas.

8.7.12

Santa ira

Vaya por delante que uso la palabra ira en la primera acepción del diccionario: "Pasión del alma, que causa indignación y enojo". 
Soy uno de tantos que, por educación y por costumbre, emplea la expresión "si Dios quiere". Me cuesta hablar de algo que previsiblemente pasará en el futuro sin que medie esa frase hecha. No hay intención religiosa por mi parte, sólo rutina. 
La que no he usado nunca es otra por el estilo, que Rajoy ha puesto de moda: "como Dios manda", y que va, creo yo, más allá de lo deseable y hasta de lo razonable cuando quien la utiliza es un político que, para colmo, ostenta el cargo de presidente del Gobierno de un país que en su Constitución -artículo 16- establece el principio de aconfesionalidad del Estado. De alguien, añado, que gobierna para todos, con independencia de que sean creyentes (de la religión que sea) o no. Por eso, ayer, cuando vi una Tercera de ABC firmada por Esperanza Aguirre con el título "Por un bachillerato como Dios manda", me indigné como es debido, no sé si también "como Dios manda". Menos mal que la presidenta de la Comunidad de Madrid es liberal. De pacotilla, como casi todos los liberales de aquí, que limitan su presunto liberalismo a lo meramente económico (por eso el famoso casino -puticlub, según otros- no es inmoral). 
Por atinada que sea su reflexión (que parte del fallecimiento de Max Mazin y se retrotrae al bachillerato que nació en Alemania de la mano de Bismarck, ahí es nada), ¿es pertinente traer a colación a Dios, siquiera sea mediante frase hecha, cuando de educación y de planes de estudio se trata? Ay, las palabras. Y luego se quejan de las provocaciones, así las llaman, laicistas. ¿Estos son los que critican a quienes propugnan estados islámicos?
Bien está que doña Esperanza plantee la "resurrección del bachillerato perdido", pero que no lo haga bajo otra advocación que las de sus intereses. Por rancios, o no, que nos parezcan.

7.7.12

Contra VO

Mi amigo Miguel Ángel Lama lo ha dicho con toda claridad. Me sumo a su razonable queja. Uno se inclina por el viejo refrán: ¡qué atrevida es la ignorancia!

Leyendo a De Bonstetten

Reconforta leer en estos tiempos calamitosos al suizo Charles Victor de Bonstetten, liberal, ilustrado y aristócrata (en ese orden) que nació en Berna en 1745 y murió en Ginebra, como Borges, en 1832. Un año antes, publicó las memorias de su apasionante vida: Recuerdos escritos en 1831, que aquí ha publicado, con traducción y prólogo de Manuel Arranz, la editorial Periférica. 
Espigo de su libro unas cuantas citas.
"¿Por qué los tontos no ven nunca nada?".
"La costumbre de situar fuera de nosotros las sensaciones que están en nosotros es la fuente inagotable de todo lo maravilloso".
"No hay nada más poético que los niños".
"La felicidad o la infelicidad del hombre hay que buscarlos en la teoría de los sentimientos morales".
"Los hombres hacen las instituciones, y después las instituciones hacen a los hombres".
"En cualquier lugar donde los hombres de mundo permanezcan ajenos a la educación pública, los sabios serán reprimidos y los hombres de mundo carecerán de principios". 
"No hay nada comparable a Venecia".
"En todas partes la situación de la lengua es la medida de la civilización presente o pasada".
"Se ama porque se está amando".
"¡Afortunado el país donde el vínculo del matrimonio puede romperse!".
"Sin amistad y sin amor, el mundo es un desierto". 
Y las dos que prefiero:
"Uno es poeta en los hechos como lo es con palabras" y "Durante la tormenta, no es el pasado, sino el futuro lo que hay que atreverse a mirar de frente".

6.7.12

Una panorámica

El profesor de secundaria y estudioso de la literatura Antonio Salguero Carvajal ha conseguido sacar adelante un viejo proyecto que aparece bajo el título Panorámica poética extremeña (Antología del siglo I al siglo XXI) y bajo los auspicios de la Fundación Jesús Delgado Valhondo. El volumen, de más de trescientas páginas, ha perdido parte del carácter didáctico que pretendía darle su autor a favor de su condición antológica. Con todo, mantiene su clara vocación de manual. La breve presentación, tal vez demasiado, comienza con estas palabras: "Panorámica poética extremeña es un recorrido cronológico por la historia lírica de Extremadura, con el objetivo de seleccionar una amplia muestra de poemas de poetas nacidos dentro del espacio geográfico que hoy se denomina Extremadura". Lo más significativo de la loable antología estriba, pues, en considerar extremeños a poetas y poemas de Augusta Emerita (inscripciones fúnebres o conmemorativas) o del Badajoz árabe y no, como hasta ahora, desde el Renacimiento hasta hoy.
Esa muestra se realiza por periodos: Poesía de la Antigüedad, Medieval, Renacentista, Barroca, Neoclásica, Romántica, Realista, Modernista, de la Generación del 98, de la del 14, Vanguardista y del 27, del 36, Existencial, Social, del Conocimiento, de la Transición, de la Renovación, de Fin de Siglo y Actual. 
Se completa la obra con una bibliografía, una webgrafía y un índice onomástico.
En cada parte selecciona poemas de distintos poetas, los más significativos, a su entender, de ese momento. En total, 298 poemas de 44 poetas. 
Las introducciones a cada capítulo son de indudable naturaleza divulgativa y didáctica. Más acertados en lo que compete estrictamente a Extremadura y no tanto cuando se trata de abordar aspectos, digamos, nacionales. A medida que se acercan a la actualidad, los errores abundan y menudean las afirmaciones inexactas. Por poner un ejemplo, entre los poetas extremeños de la denominada Poesía de la Renovación (1980-1990), se incluye a Aníbal Núñez. 
Más atinados me parecen los comentarios destinados a cada poeta. Siempre, eso sí, prima el punto de vista del profesor en detrimento del que podría ofrecer el crítico, con ser, ya digo, correctos. Leer poesía no es un ejercicio cualquiera, algo que salta a la vista en este tipo de textos especulativos.
Por lo demás, la "estructura cronológica" no deja de ser una forzada convención que induce, como digo, a equívocos. Como mueve a equívocos la brevísima interpretación que Salguero hace de cada poema (en nota a pie de página), de nuevo en el sentido de lo presuntamente didáctico. Vuelvo a lo dicho más arriba.
De cubiertas dignas, pero de edición bastante triste (por culpa de la maquetación, los subrayados, la paginación de las hojas en blanco, etc.), lo mejor del libro son sus poemas.
No hace falta decir que, como en toda antología, el lector echará de menos los versos de algunos y le sobrarán los de otros. Siendo, como es, tan selectiva, hay presencias indignas y clamorosas ausencias. Con todo, prima el equilibrio. No se trataba de hacer apuestas y las pocas que hay, en lo referente a la poesía denominada Actual (la de cualquier poeta vivo lo es), salen bien paradas con Rodríguez Marcos, Cumbreño, Reseco y Casado.
Dejo para el final un detalle, pero significativo. En ningún caso y en ningún lugar del libro se menciona al poeta Ángel Campos Pámpano como él decidió que se le nombrara: con los dos apellidos. Ni una.

5.7.12

Molinos

Contra ellos nos las volvemos a ver. Y esta vez va en serio. Los placentinos tendrán dentro de poco unos cuantos aerogeneradores coronando la modesta sierra de Santa Bárbara, como informa Antonio Sánchez Ocaña en Hoy. Lo más gracioso es que la decisión de colocarlos ahí es de otro ayuntamiento, el vecino de Malpartida de Plasencia, que será quien se lleve los beneficios, amén de algunos particulares. Siglos de burlas acerca de la tosquedad de los chinatos terminarán, o eso me temo, con este mal chiste. El paisaje de ese sitio que aparece, de una forma u otra, en las novelas de Gonzalo Hidalgo Bayal, pues vive justo enfrente, terminará de malograrse. Y la aspiración de que nos declaren Patrimonio de la Humanidad acabará volando también, como tantas cosas en este ventoso lugar.

La reseña ultramarina


UN CENTRO FUGITIVO DE ÁLVARO VALVERDE

Antonio María Flórez

En uno de sus primeros poemas publicados, “Hojas de acanto y rosas”, Álvaro Valverde plantea el núcleo germinal de su poesía, una poesía con una voz que se ha hecho reconocible desde sus inicios por su dicción precisa y su ritmo acompasado, por su carácter meditativo y a veces elegíaco; y por componerse desde su Plasencia natal (1959), un lugar que el poeta ha convertido en “territorio” y atalaya de observación del mundo y de sí mismo.
Valverde, ganador temprano del Loewe, tal vez el premio poético más importante de España, con Una oculta razón (1991), desde entonces se ha convertido en uno de los autores referenciales de su generación y una de las voces más sólidas de la poesía española contemporánea, con libros tan solventes como A debida distancia (1993), Mecánica terrestre (2002) o Desde fuera (2008).
En buena hora la editorial sevillana Siltolá, en su colección Arrecifes, acaba de publicar Un centro fugitivo (2012), una muy completa antología en la que el autor ha cedido al crítico Jordi Doce la potestad y la responsabilidad de seleccionar lo más significativo de su obra de los últimos 25 años. En ella, en una sesuda nota introductoria, Doce caracteriza y devela las claves de una poesía que ahonda en el conocimiento del paisaje cercano, desde lo real y lo simbólico, y va desde fuera a lo más íntimo del ser humano, y desde aquí, centrífugamente, en círculos,  “viviendo en un afuera que es condición forzosa de ese querer ir adentro que los poemas encarnan con obstinación”.
Heredero del más hondo linaje meditativo de Machado, Unamuno, Cernuda y la poesía anglosajona, son reconocibles las influencias de la obra de César Simón, María Zambrano, Francisco Brines, Aníbal Núñez, Antonio Colinas y los “Novísimos” menos culteranos, así como de su paisano José Antonio Gabriel y Galán. El paso del  tiempo y sus estragos en los seres y los lugares, las reflexiones sobre el sentido de la vida y la sustancia de los sueños, sobre la metáfora del mundo y de la luz que ilumina nuestro viaje. Un deje de melancolía, un cierto fatalismo, condicionan y abruman, a veces, su dicción poética; no obstante, en sus últimos textos, inéditos, se aprecia una cierta evolución hacia una poesía un tanto más impresionista y despojada, como los dedicados a Tánger o al pintor Ortega Muñoz.
He aquí, pues, en nuestra opinión, uno de los libros más importantes publicados hasta ahora este año en España, que merecen toda nuestra atención por la calidad de una obra del todo  consolidada y por el magisterio de un poeta como Álvaro Valverde que marca una ruta distinta y muy personal, ajena a los condicionantes mediáticos, tan propios de la poesía española de las últimas décadas.
(Publicado en Papel Salmón, La Patria, 1 de julio de 2012)
Fotografía de A. M. Flórez. Hotel Vegas Altas de Don Benito

4.7.12

Ultramarina

Antonio María Flórez publica en Papel Salmón, suplemento dominical del periódico colombiano La Patria, un reportaje sobre Un centro fugitivo. Incluye una breve selección de poemas. Agradecido.

3.7.12

Un hombre hueco

Sólo trataba con gente famosa. Sólo tenía amigos importantes. Sólo se codeaba con escritores de postín. Con ganadores de premios prestigiosos. Sólo hacía viajes a destinos ilustres. Sólo se alojaba en hoteles célebres y comía en restaurantes con estrellas Michelin. Nada era normal o vulgar en su vida. O eso contaba en sus escritos. Debía ser duro: por lo poca cosa que era él.

2.7.12

Poemas chinos

José Luis García Martín publica en su blog una antología de poemas chinos de la dinastía Tang (618-907) que, según él, "proceden del libro Poesía y pintura de la dinastía Tang, editado en Pekín por China Intercontinental Press. Los poemas vienen en la versión original (casi tan difícil de entender para un chino de hoy como para nosotros el griego) y traducidos a un improbable español por el profesor Chang Shiru. Yo traté de intuir lo que el poeta quería decir a través de los que Chang Shiru le hacía decir".

1.7.12

Otro Parra














No Nicanor, José Luis. Madrileño del 44, aunque su vida haya transcurrido en Valencia. Poeta tardío (su primer libro es del 89), era para mí un desconocido hasta que cayó hace unos días en mis manos una antología suya, Cimas y abismos (Renacimiento), con selección y prólogo del también poeta Antonio Cabrera. Los poemas corresponden a sus libros Un hacha para el hielo, Del otro lado de la cumbre (1996), La pérdida del reino (1977), Los dones suficientes (2000), Tiempo de renuncia (2004) y De la frontera (2009), así como unos cuantos inéditos, adelanto de un libro que publicará Pre-Textos (que se ocupó de los tres últimos) el próximo otoño. 
Con ser cierto que hay un "insuficiente conocimiento" de su poesía entre los lectores españoles y que se da una evidente "desubicación generacional" (por eso Parra no aparece en los recuentos habituales), tiene razón Cabrera al afirmar al final de su hermoso y entregado prólogo que "el tiempo va a ser clemente con la obra de José Luis Parra". Después de leer sus versos no es difícil coincidir con ese vaticinio. 
Poesía de la experiencia (a pesar de lo gastado del término, por elevación lo es), tremendamente vitalista, de tono coloquial y lenguaje conversacional, con regusto clásico (sutiles homenajes se deslizan entre líneas), de marcado carácter autobiográfico, el protagonista de estos poemas viene a ser un hombre de mediana o avanzada edad que fuma (constantemente: hay alusiones a ello a lo largo de todo el libro), que bebe (y vive) en los bares, solitario en compañía (a veces), que enferma, se enamora (rara vez), que es consciente del paso inexorable del tiempo y, sobre todo, que tiene miedo. Alguien que no pocas veces recuerda una figura capital: su madre. Los poemas del noctámbulo Parra, tienden, por todo lo dicho, a la elegía, si bien en ocasiones se transforman en himnos: celebración de la mañana, de la luz, del verano, de la vida. Vida que para él "es condena": "Si tan sólo vivir tales estragos acarrea, / es terrible estar vivo".
En una entrevista fechada un 20 de noviembre, Parra afirmaba: "la verdad es que la muerte ha sido el motor de toda mi poesía". Es lo primero que deduce quien se acerca a ella. "Morir es coherente. / Y bien está que así sea", escribe. 
Eso no obsta para que el humor se cuele en sus versos. En poemas como "Esperando a Bárbara" (un homenaje a Cavafis), por ejemplo. Un humor que, con sus dosis de inevitable ironía, esquiva el patetismo, a pesar de que a veces se insinúe cierta autocomplacencia en el dolor y en la queja. 
Al modo brinesco (a Brines precisamente le dedica un poema), se podría decir que la poesía de Parra es el ensayo de una despedida. El poeta anticipa la muerte desde la vida; el desamor cuando aún está enamorado; la enfermedad cuando todavía está sano; la vejez cuando la edad no le ha vencido del todo. Tal vez de aquí se deduzca la importancia que tiene en su obra el asunto de la identidad: "¿Quién me protegerá / de mí mismo?", escribe. O: "¿Quién es yo? ¿A dónde me dirijo?". Poesía de daños, devastaciones, decadencias y derrotas, Parra se escuda en la lucidez para dar cuenta de sí. Por duro que eso sea: "Me llamo Nadie y nada me ilusiona".
Son muchos los poemas que uno destacaría: "Somníferos", " Days of wine and roses", "Café Malvarrosa", "Purgatorio", "Foto de familia", "Todavía", "Meditación en un aniversario", "Adelante, viajero", "Plantas naturales y plantas literarias"...
Los últimos son especialmente intensos. Más breves y certeros, sin ninguna concesión, más directos y sustanciales. En este sentido, el libro que se anuncia será uno de los mejores de Parra, o eso intuyo. 
A modo de poética, en "El mismo dios de lo servido" dejó escrito: 

Ya es suficiente recompensa
el poema en sí mismo

No te envanezcan, pues, elogios
tal vez inmerecidos,
ni te enfurezca  crítica injusta o arbitraria.

Humilde y orgulloso, aplícate en tu oficio;
pon atención, entrega
                                     y si sabes esperar
con la sabia paciencia con que esperan 
los pocos elegidos,
seguro que algún día, el breve aleteo de la gracia
descienda sobre ti. 

                                Verás agradecido,
de pronto aparecer entre la niebla,
Venecia fascinante, el edificio
resuelto del poema. 

Poco importan, entonces, la pobreza
y el fracaso, el estigma de los vicios;
poco, la fama lisonjera.

Tu premio, el mismo dios de lo servido.

Lo demás es, como diría Toni Garrido, o ruido o silencio. 

(Nota: la fotografía es de Susana Benet)