28.2.13

De concentración

Bajó uno a la plaza solo, con frío, y fue gratificante encontrar a un puñado de placentinos agrupados en torno a la defensa de los trabajadores del diario HOY en la ciudad, ahora que la delegación está a punto de echar el cierre. Los que cité el otro día y los dos fotógrafos: David Palma y Andy Solé, a los que se me olvidó -y lo siento- mencionar.
Digo "un puñado" porque éramos pocos, la verdad. Además de los de siempre -esos que están en todo, sea lo que sea-, algunos de quienes conciben como injusta la pérdida de ese bastión periódístico y democrático. Que nadie espere, al menos por ahora, encontrar información al respecto. Ayer mañana, en la SER, por ejemplo, se refirieron a la defensa de un medio informativo, sin atreverse a nombrar al periódico. No, no son estos buenos tiempos para la libertad de expresión, otra pata de la Crisis y no de las menos sustanciales. Vuelvo a lo que tiene de antidemocrático, ay, la ausencia de crítica y de opinión.
Leyeron sendas notas el representante de la Asociación de Periodistas y Antonio Sánchez-Ocaña, al que saludé al llegar. Alguien a mi lado comentaba con desagrado la presencia de políticos allí. No le parece a uno mal que defiendan a su ciudad, aunque sean del PP. Y menos que el que encabezara la manifestación, un decir, fuera el alcalde Pizarro; el de todos los placentinos, no se olvide. Al fin y al cabo pierde Plasencia. Lo que le queda a este sitio de ciudad, que es poco.También había gente de los demás partidos. Sí, bien lo sé: algunos para la foto. Va con ellos. Y comparto -sólo en parte, ya digo- el enfado del ciudadano aludido. Uno ve políticos y... Mala cosa, por más que se lo hayan ganado a pulso.
¡Qué tiempos aquellos, cuando ERE eran las siglas de la Editora Regional de Extremadura!
Y mientras,  esto o esto otro... No lo comprendo, pero me alegro.

26.2.13

El laberinto de Marset

Juan Carlos Marset (1963), profesor de estética y teoría de las artes de la Universidad de Sevilla; director de la revista de arte, música y literatura Sibila; director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) con el ministro César Antonio Molina; colaborador de María Zambrano en la edición de Notas de un método; autor de los libros de poesía Puer profeta (Premio Adonais, 1989, Rialp) y Leyenda napolitana (1999, Nuevos Textos Sagrados, Tusquets Editores) acaba de publicar, tras más de una década de silencio poético, en la colección Biblioteca Sibila – Fundación BBVA de Poesía en Español, Laberinto.
Como en las dos obras anteriores, se trata de un extenso poema único cuya acción -un decir- se sitúa en Londres. No es frecuente el poema largo en la poesía española contemporánea. Podríamos remontarnos, sí, al Octavio Paz de Piedra de sol (que teorizó, por cierto sobre el asunto) o a Muerte sin fin, del también mexicano José Gorostiza, por no mencionar al Juan Ramón Jiménez de Espacio o al Vicente Huidobro de Altazor. Ya mucho más cerca, Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda, El libro, tras la duna, de Andrés Sánchez Robayna y Han vingut uns amics, de Antoni Marí (que aguarda su versión castellana en Periférica). En nuestra generación, por poner un ejemplo reciente, ha usado esa fórmula el poeta malagueño Álvaro García, entre otros, con Canción en blanco.
Tiene sus complicaciones el poema extenso, amén de sus complejidades. No es fácil componer, verso a verso, ese amplio entramado de sonido y sentido sin caídas notables ni lapsus ni reiteraciones ni, en fin, cualquiera de los peligros que acechan a este tipo de elaborada estructura poética.
Cuesta decirlo mejor, en lo que a Laberinto respecta, que la nota editorial: "Poema extenso, cuyo centro temático y sentimental se sitúa en Londres, por el que, sin solución de continuidad, van y vienen, revolviéndose sobre sus propios pasos, recuerdos, ideas e imágenes hasta conformar un vertiginoso laberinto verbal de espejismos y ecos mediante incesantes aliteraciones, paranomasias, paradojas, rimas inesperadas, citas y alusiones textuales, con los que el lenguaje, como radical cuestionamiento de la experiencia vivida, crea y descrea de continuo lo nombrado."
La cita de Borges que abre el volumen es muy explícita: "Vi un laberinto rojo (era Londres)". No sin dejar de reconocer el matizado hermetismo del poema, el lector vislumbra una historia de amor (otra dedicatoria precisa: A Patricia) y mil y una vicisitudes vitales que trascienden a la ciudad de la niebla y nos llevan a Santander (patria infantil del poeta), a la Alemania del Rhin (país natal de Patricia), a Sevilla (donde residen desde hace años) y a Nápoles (por donde pasó el viajero Marset con motivo de la beca internacional «Federico Chabod» del Istituto Italiano per gli Studi Storici). Pero sobre todo, insisto, a Londres ("centro del centro / de la quebrada Europa"), donde este laberintico sueño con visos iniciales de pesadilla se sitúa más y mejor.
A uno la lectura de Laberinto (un título certero), salvando todas las distancias temporales y de cualquier otra índole, le ha llevado a otro poema extenso, paradigmático: The Waste Land, de T. S. Eliot; un poema, por cierto, situado también en la capital inglesa y en un mundo de entreguerras que, como éste, parecía a punto de desmoronarse (si es que el nuestro no se ha desmoronado ya).
La obertura del poema es potente, por todo lo alto. Ya en la primera página da la cara, digamos, lo que se nos viene encima. Y la primera batalla la gana el lenguaje, clave en esta obra. Más canto, por simplificar, que cuento. ¡Qué importancia tiene aquí lo sonoro! Destaca, sin duda, la musicalidad de la obra, conseguida a base de los recursos estilísticos reseñados más arriba. No en vano Marset es un consumado especialista en esa materia, lo que le ha llevado no sólo a disfrutarla a título personal sino, como se apuntó al principio, a gestionarla tanto a nivel nacional, en Madrid, como local, en Sevilla. A ratos, cabría añadir, parece concebida, incluso, para ser leída en voz alta. O, si me apuran, como libreto de música.
Aparecen muy pronto en Laberinto lecturas cruzadas. De clásicos (griegos y latinos, Mena, Manrique, san Juan de la Cruz, los poetas barrocos...) y de modernos. Esa mezcla le recuerda a uno la poesía de J. V. Foix, el que dijo: "Me excita lo nuevo y me enamora lo viejo". En el ámbito español, no dejan de cruzarse en mi lectura algunos recursos expresivos, la forma de proceder, de dos novísimos: Gimferrer y Siles (otro poeta del lenguaje), y ello sin dejar de reconocer el estilo personal e intransferible de Marset, tan suyo como le cabe a todo poeta auténtico. Sí, si algo se nota desde esos primeros versos es que estamos ante una voz distinta.
El mencionado barroquismo, los juegos de palabras, las aliteraciones, los bruscos encabalgamientos, etc. son arte y parte del poema. Sustancia y no mero formalismo: esencia. Y algo más: no sería descabellado hablar de irracionalismo o, a rachas, de escritura automática o, cuando menos, de una alta dosis de inspiración en quien ha escrito Laberinto, que alberga una tensa pulsión romántica (Wordsworth y Hölderlin aparecen expresamente citados), a pesar de que también haya en él mucho pensamiento y mucha memoria ("rememorando"), apoyada, conviene decirlo, en dos citas capitales a la hora de descubrir el verdadero sentido de la obra: "La vida pasada es parte / de la muerte advenidera, / es pasado por est'arte / lo que por venir se espera", de Juan de Mena (el del dantesco Laberinto de Fortuna), y "si juzgamos sabiamente, / daremos lo non venido / por pasado", del metafísico Jorge Manrique. Tiempo circular, eterno retorno, presente perpetuo... Se menciona al "unánime Unamuno" de "Todos los días son". Y de nuevo a Eliot, el de Four Quartets: "Mi fin es mi comienzo...". "Ahora, en el hoy de entonces", escribe Marset.
Numerosas son las referencias culturales, artísticas amén de literarias. No faltan versos, dolorosos y pertinentes en esta aciaga hora, sobre la eterna, dura realidad española, la "madrastra" de la "siempre desventurada España": Sepharad, la Sansueña cernudiana, Machado, Blanco White, Goya... También Marset es en Londres, a su modo, un desterrado.
Interminable sería este laberíntico asedio que sólo al lector le compete concluir. O iniciar. Terminaré no sin antes recalcar la concienzuda construcción de este babélico edificio de sonido y sentido destinado a durar contra viento y marea, modos y modas. Como sólo la poesía sabe hacerlo.

25.2.13

El cierre del HOY

No daba uno crédito cuando me lo comentó hace unos días Y. Las noticias, con todo, venían de fuentes seguras y bien informadas. Ya se puede confirmar que el diario regional HOY cierra su delegación en Plasencia. Al parecer, plantea un ere y manda a la calle a sus trabajadores. Antonio Sánchez-Ocaña, un periodista solvente que conoce la ciudad a la perfección, lleva muchos años en el periódico. Vuelvo a dudar que los de Vocento se desprendan de él sin más. Tampoco pongo en cuestión la injusticia que se comete con Pilar Armero y Ana B. Hernández, veteranas también en esas lides periodísticas. 
Soy incapaz de comprender el porqué de tan drástica decisión. No hay razón económica que sustente que una ciudad de más de 40.000 habitantes, la cuarta en importancia de Extremadura, la capital del Norte extremeño, se quede sin la delegación del diario más importante de la región. El que más ejemplares vende y el de mayor influencia. No sé.
Mañana martes, 26 de febrero, a las ocho de la tarde está prevista una concentración en la Plaza Mayor de Plasencia (donde tiene su sede el HOY) en contra del cierre.
La Asociación de Periodistas de Cáceres (APC) se sumará a la protesta. Espero que la encabece el mismísimo alcalde. En esta época aciaga sólo nos faltaba esta desgracia: quedarnos sin periodistas y, por tanto, sin periodismo. ¿Dónde, entonces, la democracia? Increíble, ya digo.

Paco Rico recuerda

"No comparto la sorpresa ni el escándalo de la mayor parte de la sociedad española ante los hechos que apuntan los papeles de “Bárcenas”. Desvíos de fondos, sobornos y sobre(sueldo)s opacos son cosas que doy por supuestas. En la cúpula del PP, en el Vaticano y en cualquier lugar donde entren y salgan dineros habrá siempre quienes si entienden que pueden pillar, algunos con poco riesgo acabarán haciéndolo. Caso por caso, se trata además de unas migajas, de hurtos menores. La puerta a la gran corrupción, la corrupción sistémica, una de las causas determinantes de la burbuja inmobiliaria, la abrió José María Aznar con la Ley del Suelo de 1998." Francisco Rico, "Papeles de “Bárcenas” (rudimentos de filología)", El País.

24.2.13

Intemperie

Foto Guaji













Ya avanzamos aquí la impetuosa llegada a la escena literaria española (y más) del pacense Jesús Carrasco (1972) con su ópera prima, la novela Intemperie (un título excelente que, además, se adecúa como un guante a la historia que relata). 
Uno, como tantos (gracias, Nahir), la ha leído y poco o nada puede añadir a lo que, desde los críticos más eminentes (Ricardo Senabre, José María Pozuelo Yvancos o J. Ernesto Ayala-Dip) y los más rebeldes (Ignacio Echevarría) hasta los más modestos lectores y blogueros, se ha dicho ya. Esta vez no he podido resistir la tentación y, ay, los he leído.
Puedo comentar, eso sí, que me ha gustado (me temo que otro lugar común), que la historia es tan sencilla como efectiva, que te engancha enseguida y que tiene, sí, algo (o mucho) de western. Para mí, aficionado al género, un plus.
Es admirable, sin duda, el uso que hace Carrasco del lenguaje (ese "detallismo" que destaca Senabre), más para quienes desconocemos el mundo rural donde transcurre; sin embargo, reconozco como algo forzado ese "preciosismo" que denuncia Echevarría en El Cultural o ese "excesivo formalismo" a que se ha referido Pozuelo en ABC. Y ya que lo menciono, no acabo de explicarme cómo una novela así, que basa buena parte de su fortaleza y de su sentido en la poderosa lengua que utiliza (remito de nuevo al profesor Senabre), puede ser traducida con fidelidad a tantos idiomas extranjeros, los que se hablan en países donde uno no imagina que se haya usado (no ya que se use) el prolijo, rico y preciso vocabulario ("en el que cada objeto tiene su vocablo exacto") que se corresponde con seres, utensilios, usos, giros y demás expresiones propias del agro español y, más en concreto, del extremeño. ¿Cómo llevar ciertas descripciones, pongo por caso, a otra lengua? Uno que cree en la traducción y confía en los traductores no debería dudar, pero...
Tenía razón Ayala Dip al mencionar que el texto le recordaba a dos autores de aquí: a Julián Rodríguez y al Gonzalo Hidalgo Bayal de ciertos relatos de Conversación. No veo esa relación, en lo que respecta al primero, más allá de ciertas ruralidades que, con todo, son opuestas entre ellos: por una mera cuestión de enfoque y de lenguaje: de estilo. A GHB me han sonado un par o tres de frases y, ya puestos, cierto paralelismo paisajístico con páginas de El espíritu áspero. Un común panorama, diría, metafísico. Aspereza e intemperie son, por lo demás, términos cercanos, si bien en la novela del de Higuera de Albalat prima, según creo, lo vegetal sobre lo desértico. Lo abrupto y escarpado sobre lo llano. Por lo demás, cualquier parecido con la realidad se me antoja pura coincidencia.
No me extraña, en fin, que la novela haya gustado. Me alegro, incluso, porque demuestra que un buen libro -de literatura, quiero decir- puede llegar a la categoría de best seller sin menoscabo; que a diferencia de lo que uno se temía, en España hay lectores dignos de tal nombre entre los que se limitan a leer para pasar el rato o entretenerse. No todo van a ser sombras, Dueñas y Jorge Javier.

23.2.13

Elogio de la lentitud

"Un paisaje, un acontecimiento, una experiencia vividos a toda velocidad, son distintos si se viven con lentitud: se encuentra uno con esa experiencia como si fuera la primera vez. Para conseguir esto basta con seguir los pasos del personaje de Buñuel, bajarse de la vida veloz y abrazar la vida lenta.
La lentitud. El desplazamiento a escala humana nos permite practicar la arqueología interior, hacer un viaje hacia adentro en busca de astillas y fragmentos que nos conduzcan hasta un descubrimiento crucial que termine reorientándonos la vida; un descubrimiento que difícilmente vendrá del exterior. No sé si sea exagerado decir que tanta velocidad nos impide conocernos.
La vida lenta. Hacer largas caminatas mientras se ensaya esa arqueología interior, conversar sin prisa y de manera arborescente, contar historias alrededor del fuego, observar con mucha atención, durante mucho tiempo, cómo se mueve la hoja de un árbol, o de qué forma pasa el viento sobre la hierba, porque ahí está la verdadera información, la verdadera noticia que es el misterio del mundo". Jordi Soler, "La lentitud", El País. 

22.2.13

Un lugar para nadie

Así titula Álex Chico (Plasencia, 1980) su tercer libro, que acaba de aparecer en la colección Luna de Poniente de la editorial De La Luna Libros. Se trata, ya sin ambages, de una obra de temprana madurez por más que sus dos libros anteriores La tristeza del eco (2008) y Dimensión de la frontera (2011) ya lo fueran con todas sus consecuencias, como probó su favorable recepción crítica.
La noción de lugar sigue muy presente en la poesía de Chico. De "confederación de lugares" habla la nota editorial, "de emplazamientos diversos que definen el carácter de quien se encuentra en ellos". Tres lugares reales y uno abstracto (pero no menos real) transita este libro: Provenza (y, en concreto L'Isle-sur-la-Sorgue), Ischia (la isla del golfo de Nápoles) y La Verneda (el popular barrio barcelonés), por la parte geográfica; de la otra, la escritura, sí, porque "Un lugar para nadie es, en definitiva, el lugar de la escritura cuando intenta ordenar aquellos espacios, ya ficticios, por los que trascurre una vida".
Si algo caracteriza la poesía de Chico es la claridad de planteamientos que se resuelve con la nitidez de unos versos tan lúcidos como aquéllos.
En "Sur la Sorgue", al amor de los parajes provenzales donde vivió René Char, por donde pasó Camus, se alude a las ruinas, al molino, a las casas, al río, a la luz... Elementos distintos que observa el viajero pero que al cabo identifica con los que ya conoce. Memoria y nostalgia de aquello que se perdió y ahora regresa bajo la oscura y laberíntica forma de otra mirada.
"Ischia" es la isla (otra, curiosa coincidencia). Un lugar también para la luz. Al Sur. "¿Quién puede decir lo que guarda una isla?", se pregunta el viajero. Un lugar a la búsqueda de la identidad, tan esencial en este libro. Un lugar donde acuden las referencias al mundo literario y cinematográfico, un culturalismo vivido que es también marca de esta poesía.
En "La Verneda" está la infancia del poeta. Es su barrio de niño, al que regresa algunos años después. Cita a Zagajewski: "Vienes aquí como un extraño, / pero esta es tu casa familiar". Versos muy personales en torno a las periferias, a los viajes en autobús, a los madrugones camino del colegio y, en fin, a esa soñada ciudad del centro que se anuncia más allá de la grisura de una vida cerrada y al margen.
En "W o el lugar de la escritura" se reflexiona sobre el misterioso hecho de escribir, el verdadero lugar, ese refugio donde uno, a solas, resiste. Auden, Simic... "Hay algo heroico en quien no logra vivir / más allá de una habitación cerrada".
En "Epílogo", un solo poema. Largo (como otros de este libro) y en prosa: "Sin título", una auténtica fe de vida: "en saberse extranjero en una lengua propia", "en la perversa alegría de quien se cree, ante todo, un ser triste".
Un gran paso, este libro, que, como escribe, "se apoya en el siguiente". Esperamos.

21.2.13

Un emblema

En abril del año pasado, Carlos Medrano publicó en su blog, isla de lápices, cuatro emblemas dedicados a tres amigos y a él mismo. El de uno dice así:

También el sur te llama.
En la ciudad antigua
las calles son poemas
que escribes y recorres.

"Al releer el tuyo -me escribe ahora Carlos-, me llevé la sorpresa de ver que en pocas palabras anunciaba tu libro Plasencias. Tal vez porque tus paseos los ibas convirtiendo en poemas hace tiempo". Y añade: "Suelo escribir desde la intuición conectando con el interior de las cosas". En efecto, la vida retirada, serena y contemplativa que lleva en su isla, menesteres profesionales y familiares al margen, le han debido agudizar aquel antiguo don de los poetas: el de anticipar el futuro. Ése ha sido el caso.

(Nota: la fotografía está tomada de esta página y en ella se ve, además de un tramo de muralla y del antiguo manicomio, hoy sede de la UNED y de la Escuela Oficial de Idiomas, la esquina de mi colegio; donde está mi clase, para ser más preciso.)

20.2.13

Jarreando














Me encontré con él junto a la pasarela del Molino de la Pared Bien Hecha. Iba con el perrino. Mientras le adelantaba, me comentó que estaba muy desentrenado, que apenas había salido de casa durante el invierno y que ya estaba cansado. A partir de ahora, con la llegada del buen tiempo, caminaré más, dijo. No conozco al buen hombre de nada. Vamos, sólo de vista, como a tantos que pasean por el río después de comer. Cojea ostensiblemente. Es joven aún, si bien no lo parece. Hace unos días volví a coincidir con él. En territorio urbano, al lado del instituto Gabriel y Galán. No sé si llegó a reconocerme -no lo creo-, pero apenas me atisbó -uno iba deprisa, como siempre- el tipo empezó a agitar los brazos y exclamó a grito pelado: "¡Cómo jarrea! Y repitió: ¡Cómo jarrea! No hace falta señalar mi estupefacción por sus palabras, por amable y espontáneas que fueran. Menos mal que no había nadie por allí cerca. Qué entusiasmo, chico, ni que uno fuera deportista. El jarrea (versión castúa, ya se sabe, del arrea castellano) sonaba bien, alto y claro.
Ayer volví a encontrármelo. Enfrentede la Isla. Le adelanté. Iba jadeante, con el perrino, que tiraba de él. Entre resuellos, balbució: "Estoy desentrenao. Qué cansao voy. Me está costando un güevo". "Normal", dijo uno sin mirar atrás, y seguí veloz en dirección a la pasarela de San Juan.

El arroyo Niebla

Ni que fuera profeta: aquí.

19.2.13

El caudal

El poeta Antonio Moreno, del que más de una vez se ha hablado en este lugar (remito al buscador, arriba a la izquierda), uno de los mejores poetas del panorama lírico nacional, publica una nueva obra y, como explica en el breve prólogo, más allá de prejuicios, lo hace en Internet, por medio de un blog, abierto a todos. Su única entrada, ese libro: El caudal. Nunca resultó más sencillo acercarse a su poesía limpia, clara y honda. Entren y lean. Uno ya está en ello.

18.2.13

Ya se anuncia

Foto de Vicente Fernández San Vicente












A las seis ya está el mirlo dando su concierto matutino. Lo echaba de menos. Mientras escribo esto, sigue a lo suyo. Puede uno comprobar mientras pasea que la primavera viene abriéndose paso sin contemplaciones. Cuenta Anna Ajmátova en sus memorias que en Rusia había gente que presentía la primavera... en Navidad. Aquí hay evidencias: las mimosas están en flor. Los sauces llorones verdean por la copa. He visto al lado de San Lázaro un árbol florecido. Aunque no he ido al campo, supongo que los almendros y otros frutales también están así. Por las huertas del río ya se ven algunos.
No me gusta el calor, que por estos lares dura cada vez más, aunque aprecio, cómo no, el buen tiempo. Los días han crecido y se nota mucho por las tardes, cada vez más largas. No hay más que ver, ay, la de gente que se encuentra uno en el camino. Cada vez con menos ropa encima, por cierto. Eso sí, estamos en febrerillo loco ("En febrero, dice el refrán, busca la sombra el perro") y el tiempo puede cambiar bruscamente. Sí, el invierno nos seguirá plantando su mala cara a ratos. Resiste, vaya si resiste. Fuera, llueve. 

17.2.13

Patrimonio destruido

A. S. O. informa en HOY "de la posible multa al director de las actividades arqueológicas de las obras de desdoblamiento y construcción de la variante sur de Plasencia, en el tramo desde la Ex-203 (arranque de la carreteras de la Vera y del Valle) hasta enlazar con la carretera N-630 en la rotonda de Fuentidueñas".
"En el caso de esta obra, se destruyeron dos singulares pabellones o cenadores, de principios del XX, de las huertas de los Silos (1906) y de los Morales (antiguo bar 'La Fragata', 1912) y la carretera afectó a los estribos del Puente Nuevo (1500-1512), sobre el que ejerece un negativo impacto, dada su proximidad y la solución dada a su acceso".
Aquí se habló de ello en dos ocasiones. El colectivo Vicente Paredes puede estar satisfecho de su gestión. Eso sí, los pabellones son fruto del olvido. O memoria, si acaso, de un poema:

EL PABELLÓN DEL RÍO

Pasas junto a las ruinas de una casa,
de un viejo pabellón color rojizo
que estaba en el jardín de una familia
de apellidos largos a la par que ilustres.
Llevaba allí cien años construido.
Aunque hace mucho que dejó de serlo,
le daba a aquel lugar un aire noble,
una elegancia como de otro tiempo.
De cuando en esas tardes de verano
que se hacen por la flama irrespirables
las mujeres, los niños y el servicio
abandonaban la ciudad
para bajar al río a refrescarse.
Qué fácil era entonces conversar a la sombra
de frondosos magnolios y de pérgolas lánguidas.
Qué natural la espera hasta que, con la noche,
regresaban los hombres y con ellos las risas.
Hoy te inventas su historia
contemplando el derribo
y más que de las piedras
que una máquina apila,
su memoria te llega a través de un olor:
de las ásperas hojas
de una higuera tronchada.

(De Plasencias, Mérida, De la Luna Libros, 2013) 

Curiosa invitación de Céspedes

Queridos amigos, queridos conocidos, queridos...
El día 19 de febrero haré en Madrid un acto titulado “La libertad del títere” a modo de itinerario por los suburbios de Topología de una página en blanco.
Estas cosas, ya sabes, funcionan mejor cuando hay gente escuchando, así que esto es una petición para que, consultando con tu ánimo y tu agenda, acudas.
He preparado algo a mi manera. En este enlace (dura 2 minutos y medio) http://vimeo.com/58979643 puedes ver un avance de por dónde irán las cosas.
INFORMACIÓN DEL ACTO:
Fecha: martes 19 de febrero de 2013 a las 20 h
Lugar: TEATRO FERNÁN GÓMEZ, Sala II Plaza. de Colón s/n, Madrid
Duración: 45 minutos y 57 segundos
Puntualidad: EXTREMA
Si decides venir quiero decirte unas cosas:
-No me gusta que me convoquen a presentaciones de libros que se anuncian a una hora y comienza media hora más tarde, cuando las cosas van bien. Empezaré tras los cinco minutos de cortesía sin esperar a ver si llega el autobús lleno de gente en el último momento.
-Es un teatro y, aunque no tengo respuesta exacta todavía y el acto sea gratuito, es posible que haya que recoger la entrada en la taquilla para el control del aforo. Lleva su tiempo. Hace mucho que dejé de ser optimista acerca del ímpetu en asistir a lecturas poéticas, pero quién nos dice que el viernes anterior no sacan un Decreto Ley que nos obligue.
-Esto parece una regañina pero es pura información. Es posible -insisto en que es un teatro público- que cuando comience el acto no se permita la entrada.
Y último, coda publicitaria de medio pelo al estilo de La Tienda en Casa: hace 30 años que publico y no ha llegado a 30 el número de lecturas que he hecho de mi obra en este tiempo. A ver si te vas a perder también esta.
Un abrazo de este refunfuñón sin remedio.
Alejandro Céspedes Díaz-Gutiérrez

16.2.13

Un mundo raro

Luis María Marina es autor de un par de libros de poemas, Lo que los dioses aman (El Tucán de Virginia) y Continuo mudar (Editora Regional de Extremadura), así como de una antología del poeta portugués Alberto de Lacerda, El encantamiento. Ahora, además, de un libro entre la memoria y el viaje, Limo y luz (Editorial Dos Soles), donde intenta apresar, asunto complicado, sus experiencias en Ciudad de México, capital americana donde ejerció labores diplomáticas. Nada más propio de un diplomático, se dice uno, que este tipo de libros. Su modelo, en este caso, y salvando todas las distancias, podría ser Alfonso Reyes, protagonista de un itinerario inverso, hacia Madrid, pero no menos apasionante. De pasión, precisamente, están cargadas estas páginas en las que la diplomacia, por paradójico que parezca, no es moneda corriente. Escrito con el estilo barroco que precisa lo abigarrado de su mirada mexicana, ese mundo de mundos que tiende al infinito, Marina recorre el DF por todos sus puntos cardinales y divide la obra en cinco partes tituladas Sur, Centro, Norte, Oriente y Poniente.
Deudor, al mismo tiempo, de la lectura y de la mirada, la ciudad se nos muestra a través de lo leído gracias a un cúmulo de escritores (de Cravan a Vila-Matas), sobre todo poetas (Paz, Pacheco...), y de lo visto por fotógrafos (Nacho López, Metinides...) y directores de cine (Ripstein, Buñuel), amén, claro está, y es lo que de verdad importa, de lo observado y vivido por el propio autor; en el libro, "el extranjero".
México, escribe "invita a empuñar la pluma". Eso sí, pronto "avizora la trampa de los tópicos". Se evitan, qué duda cabe, en una obra que es fruto de la experiencia más que nada.
Dos ojos, "únicamente dos ojos mortales", llevan a cabo ese viaje por el asombro que Marina relata entre el entusiasmo y la emoción, perplejo, como poeta que es, ante el espectáculo que se despliega delante, tan inabarcable como las dimensiones de esa inmensa ciudad vulnerable que flota encima de una laguna y a la que rodean volcanes, sometida a movimientos sísmicos y a otras violencias no menos temibles.
Cuenta como "testigo de vista" (que diría Bernal Díaz del Castillo o, según los últimos descubrimientos, el mismísimo Hernán Cortés) cuanto le ocurre y pasa sin perder de vista, ya se dijo, cuanto relataron o inventaron otros. Teniendo en cuenta también las vicisitudes y visiones de otros compatriotas que no hace mucho, por culpa del exilio, pasaron por allí: Cernuda, Buñuel, Alberti...
Hay sitio en Limo y luz para los lugares (Zócalo, Tlatelolco...), los museos, la pintura (cómo olvidar a los muralistas), la antropología, las azoteas, el vicio de leer y las librerías (las de viejo, donde aún se encuentra, a pesar de los Borrás y los Linares, algunos tesoros aquí inencontrable, antiguas ediciones de Cernuda, Bergamín o Gaos), la muerte ("los mexicanos sólo sabemos morir"), los jacarandás y los colibríes, el español de México ("Vocabula barbara"), la gastronomía, el clima sin estaciones (si acaso la de la lluvia), el chachareo o la mítica casa del arquitecto Luis Barragán, uno de los motivos por el que uno, barraganólogo confeso, cruzaría el charco. Y por encima de todo, y por debajo, la luz y el limo, claro.
Ya está uno deseando poder leer el libro que Luis María Marina estará escribiendo en Lisboa, su actual destino como diplomático. Otra ciudad inacabable y literaria. Pero esa será, sin duda, otra historia.

15.2.13

Cumbreño nos lee

José María Cumbreño habla de dos placentinos en la luna.

30 años de El ojo crítico

Ayer tarde tuve ocasión de escuchar en la radio, dónde mejor, la celebración del 30 aniversario del programa cultural El ojo crítico, que hicieron coincidir con la entrega de los premios que concede cada año. Entre Piedrahita y Plasencia, una hora. En medio de un paisaje sereno y dorado en el que despuntaban, cada poco, a lo lejos, los tonos blancos de la nieve; nieve que había visto todavía a pie de carretera desde Ávila hasta el Puerto de Villatoro, así como en las montañas que rodean Segovia. Y al fondo, ya digo, la palabra y la música y el arte y, en fin, todo aquello que ha hecho de ese longevo programa, 30 años son muchos, algo único en la educación sentimental e intelectual de no pocos españolitos. Ahora, además, se ha convertido en un vestigio de la mejor radio, la realizada años atrás en ese Ente por el que uno pasa de puntillas, con pena, y sólo cuando en dichoso fútbol le impide escuchar otra cadena.
Por lo del Loewe, en el 91, me entrevistó para El ojo Juan Carlos Soriano, otro clásico. Pasé por los estudios de Prado del Rey, esa vez en directo, con motivo de la salida, o eso creo, de Ensayando círculos, en 1995. El día de los atentados de Londres -el 7 de julio de 2005- estuve grabando para ellos en los desaparecidos estudios de Rne en Cáceres, enfrente del hotel Extremadura. Lo recuerdo bien por lo dificultoso del asunto, a la misma hora en que los acontecimientos se desbordaban. Lo que importa: la fidelidad a un programa que, con sus altos y bajos (el otro día, por ejemplo, no daba crédito a lo que escuchaba), se mantiene también fiel al mundo cultural en su más amplio y plural sentido, sin perder de vista la actualidad que éste depara. Aida Floch, una de las premiadas de anoche, hizo bien en abogar por esa radio "pública y necesaria". Entrando en Plasencia por esas oscuras avenidas que no lo son y entre estrechitas rotondas de juguete, ¡qué falta de grandeza!, me sumé en silencio al grito final de la gala: ¡Viva la Cultura! Ahora, sí, más que nunca.

Simón Viola lee "Plasencias"

Deja el comentario en su blog, Notas al margen. Gracias.

14.2.13

San Valentín














Vaya por delante que nunca he celebrado el Día de los Enamorados, como casi todas, una fiesta comercial sin más. Hace poco escribí: "Una ciudad es todas las ciudades". (Algo que ya habría escrito antes alguien, a buen seguro.) Por eso, como en Sevilla, Florencia, París o Venecia, en ésta también hay un puente sobre un río donde los enamorados cierran sus candados en señal de amor eterno. Bueno, eso supongo. Digo más: río, en rigor, no es y puente, lo que se dice puente, tampoco. Se trata de una pasarela metálica que cruza el Arroyo Niebla. Por la Dehesa de los Caballos. Aunque hace mucho que ese regato lleva mucha porquería (se ha hablado mil veces de canalizarlo), les contaba hace poco a mis alumnos (salió el tema en clase) que fue aurífero, según las viejas crónicas. El oro, el amor... Sí, ¿quién va a tener en cuenta, al prender allí el candado, que ese puentecino pasa sobre aguas oscuras e infectas, por encima de un regato remoto e inmundo que desemboca en el humilde río Jerte?

13.2.13

Políticos y Carnaval













En la fotografía del diario Hoy se puede ver, de izquierda a derecha, al Director General de Promoción Cultural, el Consejero de Fomento, Vivienda, Ordenación del Territorio y Turismo, el alcalde de Malpartida de Cáceres y el presidente de la Asamblea. Nunca un retrato mejor.

Hoy, escuela

“La literatura es gente que escribe y gente que lee. Pero también son padres y profesores que transmiten sus a los niños la posibilidad de leer y escribir y el amor a la palabra hablada y escrita. Escuelas públicas para aquellos que no se pueden permitir la educación privada. Bibliotecas públicas abiertas a todos. La literatura no puede desarrollar todo el potencial que promete sin un ambiente público de libertad de expresión”. Antonio Muñoz Molina en la entrega del  (merecido) Premio Jerusalén. El País.

(Nota: Escuelas públicas para todos, también para los que sí se podrían permitir la educación privada y prefieren la mejor: la otra.) 

Lecturas de "Plasencias"

Víctor Peña comenta en su blog Arrebatos Alíricos. Con el incisivo sentido del humor que le caracteriza, titula la entrada "Plasencias y Valverdes". Obrigado, paisano.


Por un amigo me entero de un comentario más amplio, que no se limita a este último libro, publicado en su blog por Jesús M. Santos. Lo titula "Las Plasencias de las que no nos fuimos". Muy de agradecer también. 

12.2.13

La prosa de una poeta

Después de leer el verano pasado las cartas de Rilke, Tsvietáieva y Pasternak y luego el impresionante Armenia en prosa y verso de Mandelstam, a la espera de poder leer las memorias de su mujer, Nadiezhda Mandelstam, sigo sin perder de vista a mis admirados poetas rusos y disfruto con Prosa, de Anna Ajmátova, todo un acontecimiento editorial gracias a Nevsky Prospects que en apenas cuatro años se ha convertido en un sitio de referencia de la literatura rusa en España. La bonita edición de 500 páginas está ilustrada con algunos retratos de aquella bella dama de vida tan intensa, lo que realza aún más la belleza del libro. De la traducción se han ocupado Vladímir Aly, María García Barris, Marta Sánchez-Nieves y Joaquín Torquemada Sánchez.
Confieso que es la poeta rusa que más me gusta y una de las mejores, a mi entender, de cuantas hay en el mundo (los poemas, ay, no mueren). Todavía recuerdo las risas de Felipe Muriel cuando le dije que estaba leyendo una antología suya. Corría el año 84 y el libro, tan exótico para mi amigo, apareció en la mítica Selecciones de Poesía Universal de Plaza & Janés. Por suerte, los españoles tenemos múltiples ediciones de su poesía, no sólo ésa. A mí me gustó mucho, por ejemplo, Soy vuestra voz, de Belén Ojeda (Hiperión). Réquiem, su poema más famoso, y Poema sin héroe están en Letras Universales de Cátedra, traducidos por Jesús García Gabaldón. También hay obra suya en Círculo / Galaxia. Sobre ella han escrito aquí, pongo por caso, Olvido García Valdés y Benjamín Prado. Antes y fuera, cómo olvidarlo, Isaiah Berlin y Josep Brodsky, su dilecto discípulo. Muy interesante me pareció la biografía de Elaine Feinstein que publicó hace unos años Circe.
Ahora, además, podemos conocer su prosa, en la edición más completa de cuantas existen en castellano, como nos explica en su pertinente prólogo el editor, James Womack. Antes, en un texto muy personal y, digamos, poético, Luna Miguel nos cuenta que "detrás de un poeta hay prosa", lo que también sucede con la denominada "musa del llanto". No está de más, me digo, recordar ante este "libro desordenado" (detrás de los poetas, dice LM, "prosa y desorden") a Octavio Paz, lo de que la biografía de los poetas se encuentra en sus poemas, algo que la propia poeta reconoció.
Obligada a callar por el feroz régimen soviético, de 1924 a 1939 -"la prohibición" lo llama ella-, Ajmátova se dedicó a la prosa, cuyo "verdadero sentido", se nos advierte "se encuentra en su crítica" ("fue, sin pretenderlo, una erudita"). A estudiar la obra de Pushkin, ante todo. Prosas, matiza Womack, sobre amigos y contemporáneos, sobre su propia experiencia vital (por más que falten las cartas y los diarios), sobre la obra de grandes escritores del pasado -como el mencionado autor de Eugenio Oneguin- y, por fin, sobre su propia poesía.
Ajamátova por Modigliani, 1914
AA "vivió una vida de poeta", "existía a través del lenguaje", explica W. Perteneció a una generación espléndida; "coro maravilloso de poetas", dijo ella: Blok, Pasternak, Tsvietáieva (¡qué distintas!), Mandelshtam, Maiakovski... Fundadora, con otros, del efímero Acmeísmo, un movimiento destinado a "separarnos del simbolismo" que abogaba por la claridad y la exactitud, que era, según Mandelshtam "nostalgia de una cultura universal" y que partía de dos principios básicos: kratkost i tonkost, esto es: la brevedad y la precisión que propugnaba Pushkin. Autores que crearon el Gremio de Poetas para luchar contra los de la Academia del Verso.
El libro empieza deliberadamente con el tan citado Mandelshtam. Al fondo, su adorado Petersburgo, como escribe ella, su ciudad (a la que dedica dos textos específicos).
Sigue con Modigliani, al que conoció en París cuando era desconocido y pobre. Fue retratada por el pintor italiano en 16 dibujos que acabaron, en su mayor parte, perdiéndose. Valoraba de ella su "capacidad para adivinar el pensamiento, leer los sueños de los demás y otras nimiedades". "No se parecía a nadie de este mundo", comenta Ajmátova. Era un solitario. No se quejaba. Un día le confesó: "je suis juif".
Después de detiene en el traductor (de Dante) Lozinski, en su primer marido, el poeta Gumiliov, en sus contemporáneos, sí, y en Blok, mayor que ella, el poeta ruso más famoso de su tiempo.
A este lector le ha interesado, sobre todo, las referencias a la poesía y las notas, que abundan, sobre poética; así, "A la poesía no le gusta que la vistan con hermosos vestidos", "Yo considero que la poesía (en especial la lírica) no debe fluir como el agua por una tubería y ser la ocupación diaria de un poeta", "Los poemas vienen a todas horas, como siempre, los alejo de mí, hasta que escucho un verso que suena a verdad", "El poeta tiene una relación secreta con todo lo que ha escrito" o "Soy alguna clase de anti-Browning. Él siempre ha hablado en otra persona, escondiéndose detrás de otro rostro, yo no dejo que nadie diga una sola palabra (por supuesto, quiero decir en mis poemas). Hablo desde mí misma, y para mí misma, todo lo que es posible e imposible".
Con respecto a la prosa escribe: "Siempre me ha parecido que la prosa esconde algo de secreto, y que es una tentación". Y añade: "Desde el principio he sabido todo sobre la poesía ―pero nunca he sabido nada sobre la prosa". Sin embargo, son muchas las referencias a su prosa, a esa biografía, como ella la llama, "el libro que nunca escribiré", que empezó a los 11 años (cuando escribió su primer poema), que al final decide publicar en "pequeños trocitos", los aludidos fragmentos que uno va descubriendo con asombro. Breves textos, anotaciones, que tanto dicen, por su tono (ah, el tono), de la poesía de la Ajmátova y de la persona excepcional que ella encarnaba. "De una misma deberían contener lo menos posible", precisa, porque "es muy aburrido escribir sobre una misma".
Uno de los capítulos más extensos de esta parte central del libro, entre el análisis y la memoria de sus amigos acmeístas y las reflexiones y ensayos sobre la obra de Pushkin (un libro dentro de otro), es "Algo sobre mí", una deliciosa autobiografía resumida donde habla de su infancia ("única") en Tsárkoie Seló -ella nació en 1889 y sus padres se separaron en 1905-, su matrimonio con Gumiliov, sus viajes a París y al norte de Italia ("un sueño que recuerdas durante toda tu vida"), los trenes (ver "Estación Pavlovski"), San Petersburgo, etc.
Un momento clave de su vida, y de su obra (¡cómo separarlas!), es sin duda el mencionado de "la prohibición", cuando las autoridades soviéticas la silencian públicamente, del 24 al 39. Un día se encuentra con María Shaginián en la Perspectiva Nevski y ésta le dice: "Eres una cosa extraña e importante: han hecho un decreto especial para ti: no arrestar pero tampoco imprimir".
Estas notas podrían seguir. No se ha hablado del grueso del libro: lo relativo a Pushkin, donde se despliega la capacidad crítica y filológica de la poeta. De hecho, en sus revelaciones se han basado los mejores estudios posteriores acerca del poeta.
Al final, vuelve Ajmátova sobre sus libros de versos: El rosario, La bandada blanca, Anno Domini... Esencial resulta "Prosa sobre Poema", más de sesenta páginas dedicadas al análisis de Poema sin héroe. Ella se refiere a él como "Poema", a secas. Le llevó veinticinco años terminarlo y todos coinciden en apuntar que este extenso escrito es imprescindible para comprender ese hermético y musical texto que, como reconocía, "cuanto más lo explico más enigmático e ininteligible es". "El poema, precisó allí, es mi biografía".
Espero, en fin, haber logrado transmitir algo de mi entusiasmo por este libro necesario, lleno de agradables sorpresas para quienes conocemos y amamos la poesía de Anna Ajmátova, sí, pero, a mi entender, también para cualquier lector con sentido y sensibilidad poética.

Dibujo de Ajmátova. Modigliani, 1911

11.2.13

Eugenio Trías

Siento la muerte del filósofo. Del profesor de Estética. Su obra estuvo siempre cerca de la poesía. Y de la música. En torno al concepto de límite. Lo demás...

En el paseo













Adelanté a la altura del Puente Nuevo a A., que se casó con B. y vive, o eso creo, en C. Las tres iniciales son exactas. Como a tantos de por aquí, lo conocí por los andares. De golpe, hacía años que no veía a ese hombre, se me vino encima un pasado remoto. Los dos sentados en el mismo pupitre, en la Academia, ese par de aulas segregadas del colegio San Calixto de los Hermanos Maristas donde ambos cursamos 1º y 2º de bachillerato, cuando éste duraba seis años y había chascas y paseo de émulos. De cuando uno se aprendió de memoria "Lo inagotable", el poema de Gabriel y Galán, para recitarlo en la fiesta colegial y se le contagió el gusto por la poesía, o eso deduje hace tiempo. Seguí a mi paso y dejé atrás al solitario paseante y al pasado. Los fantasmas, por lo demás, no se saludan.

9.2.13

El Oeste de Pureza Canelo

Después de unos años de silencio -del 99, cuando aparece No escribir, al 08-, Pureza Canelo (Moraleja, 1946) ha dado a la imprenta una serie de libros (Dulce nadie, A todo lo no amado, más la antología del ciclo Poética y Poesía de la March y Cuatro poéticas) que uno no duda en calificar de esenciales para su propia obra, dilatada en el tiempo desde sus primeros libros, ambos de 1971, Celda verde y Lugar común, y para la poesía española de entresiglos, de la que no deja de ser, por lo particular y arriesgado de su empeño, un "verso suelto". 
Llega ahora Oeste ("Un libro que llamo mi Oeste"), un título breve y seco, tan sencillo y elocuente como la propia (co)edición de Pre-Textos-Editora Regional de Extremadura, que viene vestida de blanco. El libro arranca a partir de un poema ya publicado en su entrega anterior, "Mi oeste": "en el oeste / de mi estirpe", concluye. No hace falta ser un lince (ni siquiera ibérico) para deducir a que "oeste" se refiere. Nunca ha ocultado PC sus orígenes extremeños, al revés, y la importancia de esa geografía del alma circunscrita a su tierra natal, Moraleja (nunca nombrada, por cierto, en el libro que nos ocupa). Allí y en verano, sobre todo, a la vuelta de Madrid y Santander, las dos ciudades donde pasa más tiempo, ha escrito buena parte, si no toda, de su poesía. Una poesía, cabe añadir, ligada estrechamente a esos dominios geográficos que se imbrican en ella con una naturalidad pasmosa y que acaban confundiendo paisaje con poética. No otra cosa creo que sea Oeste. Nada nuevo: nunca ha dejado de cumplir Canelo con el verso de Wallace Stevens: Poetry is the subject of the poem (La poesía es el tema del poema). La palabra poética es consustancial a su escritura, otra palabra que aparece con frecuencia en sus poemas. De ese diálogo -¿metapoesía?- entre lo que veo, pienso y siento y lo que escribo nace una obra tan singular como todas las suyas que parece haber surgido de golpe, con una fuerza imparable, por más que su gestación, imagina uno, haya sido de años y lenta. Poemas en prosa, breves, donde cada palabra cumple, como pocas veces ha visto uno, con ese tópico lírico de la palabra exacta. Ni una de más y ninguna fuera de lugar. Ay, Juan Ramón.

Al fondo, la memoria, la infancia, la madre, los paseos, otros veranos ("verano puro de mi oeste"), otra vida que, claro, forma parte de ésta. Ella, allí: "Pero la hondonada es esta pequeña parte del universo mío que seguirá hablando cuando no esté". (Un presentimiento, sí, el de la muerte, que aparece más de una vez entre líneas: "Todo esto no dejará de ser destino porque me lo llevaré en el pecho bajo tierra".) "El agro no engaña", escribe, y "esto es mío" mientras alude a su "rincón apasionado". En ese "puro, terminal oeste" sucede todo: "Mi oeste superlativo". Basta leer los títulos de los poemas para darse cuenta de lo que Pureza Canelo traza: "Orígenes", por ejemplo. O "Refugio", "Siesta" (qué hermoso poema y qué significativo momento creador), "Surco", "Tierra", "Mundos"... "La troje era mi reino", dice en el primero. Poesía a la intemperie -algo muy extremeño, ya se ve-: "Existir es esto, una copa de luciérnagas en la mano".
"Una mujer de aldea" va labrando con versos (por prosa que simulen) su memoria más viva, aunque "lo que fue aurora ya es crepúsculo". Alrededor de sus recuerdos y a la vista de su territorio, a orillas del Jálama, su río, éste sí expresamente designado. Un mundo rural ya extinto, o eso dicen, regresa a estos poemas y quienes lo desconocimos, o lo desconocemos, no podemos por menos que asombrarnos ante ese tesoro rescatado del fondo del tiempo con precisas, hondas palabras ante nuestros atónitos ojos. "Mundos de ayer revierten unidos. Es mi única verdad. No se busque otra luz", escribe al final de un poema donde menciona a los "lectores intrusos", "los que dicen la poesía es difícil, no se entiende". "A esos los quiero fuera de mi vista", concluye taxativa.
Sí, "la poesía se cuela por lugares extraños". "Lo dice la poesía, la que manda, y no podemos hacer más". Porque "la poesía resiste", como la hiedra, "lo más nombrado de mi escritura". Como Pureza Canelo, una resistente nata, una especie única en el panorama lírico patrio, alguien que sólo atiende a su voz, a "la que manda". Alguien que escribe: "Lo dicho, levantaremos un poema sin lindes para saludar a quien por nuestro lado pase". Uno, qué suerte la mía, pasaba por allí. 

PC en su casa de Moraleja, que se ve en la imagen anterior.

8.2.13

Ruinas

Montaña Domínguez, placentina nacida en Cáceres (supongo que por eso no se llama Puerto), historiadora, autora de un hermoso libro sobre la Plaza Mayor de Plasencia (aquí, la plaza), tiene un interesante blog que hace poco tiempo situé en mi lista de enlaces. Su última entrada se refiere a las ruinas del Colegio del Río.
Lo visité de muchacho con unos amigos (no era fácil llegar allí) y fue muy emocionante verlo tan cerca cuando abrieron a los placentinos la senda que recorre la orilla izquierda del Jerte, por lo que era (aproximadamente) el Camino de los Tristes. Ahora pasa uno a su lado cada tarde. Como Montaña, con la que día sí y día también me cruzo por esos maravillosos andurriales, vaya ella en bicicleta o a pie. La última vez hemos coincidido cerca de esas evocadoras ruinas donde pacen caballos, creo que estaba haciendo las fotografías que ilustran su texto (copio una aquí).
En mi librito Lugar del elogio (1987), que tanto tiene que ver con mis lecturas de libros sobre Plasencia escritos por viejos historiadores: Luis de Toro, Fray Alonso Fernández, Benavides Checa, etc. (textos recopilados por Domingo Sánchez Loro en sus Historias placentinas inéditas), hay un poema titulado, y no por casualidad "Colegio del Río". Tiene algo de arqueológico, bien lo sé, pero con todo:

1

Hay una luz antigua sobre el valle.

De la floresta un aire vegetal
se llega a mediodía hasta la isla.

Areneros desnudos con sus pértigas
soportan la fatiga de sus balsas.

Silenciaré las fuentes armadas con aljabas.

2

Al decir recobramos el oro de otros días:
el exilio abolido de un linaje fluvial.

Regreso: un poema

La lectora y bibliotecaria Isabel Sánchez vuelve a abrir el blog. Siete meses después. Es un honor acompañarla. Gracias.

7.2.13

JLGM lee "Plasencias"

Puerta del Sol
Mi amigo Carlos Medrano, que sigue en esa red social, me informa de que José Luis García Martín ha colgado en su Facebook el siguiente comentario (que, como él bien sabe, agradezco):
«"El balcón de mi abuela / era un observatorio / desde el que vi la vida / cuando era pequeño", escribe Álvaro Valverde en su último libro, "Plasencias". "Ya no existe el balcón", continúa. Pero todavía existe la hermosa plaza y sigue siendo un microcosmos en el que bulle la vida de la pequeña ciudad provinciana. ¡Qué hermoso libro "Plasencias"! Lo abrimos temiendo encontrar poemas de un limitado encanto costumbrista. Y nos encontramos con poemas que hablan de una ciudad muy concreta y de cualquier ciudad, de la vida de un hombre y de la vida de todos los hombres. Solo asentando muy firmemente los pies en un sitio podemos alcanzar los universales del sentimiento a los que aspira la gran poesía».

Lo de 'Encaminarte'

Salta la noticia a la prensa. Se informa en el HOY y en El Periódico EXTREMADURA. El fiasco no da para menos. Me gusta ese gesto de devolver los diplomas. Que los cuelgue Wert en su despacho. O que se los pase a Montoro para el suyo. Se quiera o no, también a los colegios y a los maestros les ha llegado el turno de pronunciarse. Anécdotas aparte, y ésta puede que lo sea, el atropello es de magnitudes épicas, que diría aquél. No hablo, se sobreentiende, del dichoso premio. Gestos, los pequeños gestos... Por cierto, ¿dirá algo la Consejería del ramo de la Junta de Extremadura?

Nueva Norbania

Llega el número 3. Desde Cáceres, de la mano de Jesús María Gómez y Flórez y su mujer, Deli Cornejo.
Entre otras interesantes colaboraciones, leo unos apuntes de Luis Sáez; algunos aforismos de Eugenio Fuentes; un puñado de "Relatos domésticos" de mi querido Elías Moro, tan suyos (su estilo se depura y se acentúa cada vez más), que se reciben, como todo lo que le concierne, con una sonrisa en los labios; un texto inusual (en él), entre la poesía y la prosa, de Javier Pérez Walias; un artículo de Mónica Fernández-Aceytuno, a la que ya no frecuenta uno en ABC; unos poemas muy musicales de Ángel Petisme (hacía mucho que no leía nada de este poeta y, cómo se nota, compositor), y de Manuel Neila, que no se prodiga, esenciales y muy sugerentes. Por fin, un texto curioso, denso y con mordiente de Julio César Galán, entre el ensayo, el poema y la poética, titulado, precisamente, "La hydra poética (Un estado de inacabamiento)", donde se alude a la Intrapoesía.
Congratulations.

6.2.13

Sigue GHB

"Volviendo al ‘Plasencias’ plural (que ayer decía) de Álvaro Valverde...", dice Gonzalo.

GHB lee "Plasencias"

Me alegro de que el primer comentario público sobre mi último libro, Plasencias, lo firme en su blog Gonzalo Hidalgo Bayal. Se refiere a los chopos del Jerte y a las cuartetas que escribía cuando era muchacho e imitaba a su admirado Juan Ramón. De paso, aterriza, desde su ventana aérea, en la placentina Avenida de la Vera, sobre la Isla y, como decía, sobre sus invernales árboles. Sé bien lo que se ve desde ahí. Sigo mirando, con desolada tristeza, desde esa altura, algo que puede comprobar quien se acerque a esos melancólicos poemas.

5.2.13

Lo que cuenta Vidal-Folch

De Ignacio Vidal-Folch uno sabía poco. Ni lo justo siquiera. Que era traductor y periodista (lo que me llevó a confundirle alguna vez con su hermano Xavier), autor de algunos libros (de los cuales yo no había leído ninguno) y presentador de un programa de televisión que me gustaba, Nostromo, en la 2 (para que luego digan que nadie la ve). Me atraía, más allá de las conversaciones con sus invitados (la mayor parte dignos de ser entrevistados, gente que uno admira, no como en otros programas de esa clase), de la sección de poesía (que nunca me interesó, aunque algún poeta digno de tal nombre apareciera por allí), me atraía, decía, su tono. El que marcaba, sobre todo, V-F. Sin estridencias ni falsas originalidades, muy elegante. Iba a lo que de verdad importaba, o eso me parecía. Supongo que por eso duró lo justo: demasiada sobriedad. Demasiada literatura.
 

Como me gusta leer dietarios o diarios o como quieran llamarlos, compré Lo que cuenta es la ilusión (Destino). Incluso antes de que Cercas hablara del libro en el colorín de El País, supongo que para bien (no, según costumbre, no lo he leído aún). Tenía un presentimiento: que iba a gustarme. No suponía, con todo, que tanto. El libro, cabe decir a bote pronto, es como él. Como uno se imagina al personaje, conviene precisar. No pretendo ir más allá. Qué sabe nadie, que cantó el de Martos. 
Alto, delgado, de mirada triste y penetrante (muy fotogénico), prototipo, me atrevería a decir, de cierto barcelonés (ha dedicado un libro a su ciudad natal), por la vía culta y cosmopolita, viajero (al Este -Moscú, Praga, San Petersburgo-, donde vivió durante años como corresponsal de ABC, a Asia, a París, a Lisboa, a Cabo Verde...), amante de la ópera (recuerda haber asistido a una representación en Milán, de niño, junto a su tía Vaneta) y de la música en general (por ejemplo, del flamenco), del cómic y de la natación, letraherido confeso (es decir, lector impenitente, curioso e informado, con criterio), políglota (por eso nunca traduce sus citas del inglés, del francés, del catalán...), asiduo visitante de museos y conocedor del arte y de la arquitectura, también -y esto es más raro- de la poesía: Larkin. Herbert, Cirlot (una referencia ineludible), Vinyoli, Pessoa, hijo de la burguesía barcelonesa (en casa de su madre, para el servicio, "don Ignacio"), miembro (en el mejor sentido) de los happy few patrios y muchas cosas más como se deduce por lo escrito (magníficamente, por cierto, en un estilo que cuadra a la perfección con lo que, imaginamos, su personalidad o, mejor, sus diferentes identidades) en Lo que cuenta es la ilusión.
Primer dietario, en lo que me alcanza, apegado a la crisis (transcurre entre 2007 y 2010), en él encontramos desde el gusto por los sucesos (crímenes, suicidios, etc.) a las reflexiones (o lecturas) literarias (de Vargas Llosa a Proust pasando por numerosos escritores del Este, como Bulgakov o Wat); desde las alusiones al amor, los amigos y la familia hasta una breve novela inserta en el libro: la historia de Shiranjit, la esposa india fugitiva.
El título, muy adecuado al empeño, surge al final de una hilarante narración (que no desvelo) sobre el encuentro con una actriz porno y su novio, en presencia de un amigo editor, a pesar de que ya antes había escrito: "En el arte como en la vida lo que cuenta es la ilusión". Ya que lo menciono, bueno será destacar el sentido del humor que se gasta este hombre, otra prueba más de su destacable inteligencia. 
Con todo, sólo por una cosa ya merecería la pena (que es un placer) haber publicado este libro. Vamos, por no ponerme estupendo, lo que justifica que este humilde lector haya disfrutado tanto con su lectura. Se trata del relato de un viaje al Mar de Aral en compañía, entre otros, de la directora de cine Isabel Coixet. Creanme, pura poesía. Y me parece que ahora no exagero. Unas páginas que quizás hubieran dado para un libro si el señor Vidal-Folch no fuera, como sugiere, tan indolente ("mi improductividad"). Puede que llegue. En todo caso ya está ahí.
En la entrada, dijéramos, 19.667 escribe V-F: "Lo que de verdad me ocupa y preocupa y constituye no lo puedo comentar ni escribir, y no porque no quiera sino porque es indecible". Más adelante, en el mismo lugar, añade: "Se diga lo que se diga, uno escribe en primer lugar para sí mismo". Ambas frases le parecen paradójicas a este lector: porque V-F dice no poco de muchas cosas, algunas casi inenarrables (no faltan los sentimientos en estas páginas), y uno lee como si estuvieran escritas para él. Sí, lo ha descubierto: ese es el misterio de la literatura. Uno de tantos.

3.2.13

De culto

Escritor de culto, dicen, en alusión al que tiene prestigio pero no lectores. O pocos. Si todavía es narrador... Novelista. Pero, ¿cuántos le echamos a un poeta "de culto"?, ¿tres?

2.2.13

La poesía de Herbert

Ya dije aquí atrás que estaba leyendo a Zbigniew Herbert, en concreto su Poesía Completa, publicada por Lumen. Me ha llevado su tiempo. Fue mi autoregalo de Reyes. Me sorprende, por cierto, que en el libro que tengo ahora entre manos, Ignacio Vidal-Folch le cite tanto. Lo digo porque, más allá de que el periodista y escritor barcelonés sea un buen lector, no se ha prodigado su poesía por estos predios. De su obra en prosa hemos podido leer, gracias a Acantilado, dos libros: Un bárbaro en el jardín y Naturaleza muerta con brida.
Mi primer contacto serio con Herbert fue fulgurante. Es una de esas lecturas que no se olvidan. Un verso suyo es también una de las citas que abren mi novela Las murallas del mundo: "oh ciudad mas qué ciudad decidme cuál ciudad". Me refiero, en fin, a su libro Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas (Hiperión, 1993), donde aún guardo unas fotocopias de lo que dijeron, cuando murió en el 98, La Vanguardia y ABC, así como un artículo de su ejemplar traductor, entonces y ahora, Xaverio Ballester, titulado, con verdad, "Un poeta moral". Hasta ahora era lo único que había -no poco, acaso suficiente- de este poeta polaco del siglo XX que bien pudo haber conseguido el Premio Nobel, pues es de los grandes, y al que hace justicia esta noble edición, en tapa dura, de más de 600 páginas donde se reúnen toda su obra poética, desde 1956, cuando contaba 32 años, hasta el mismo año de su muerte, fecha de su último libro. El prólogo esencial, va al grano, del mencionado Ballester y las notas (pocas, precisas, al final del volumen, para no estorbar la lectura de los poemas) ayudan a destacar, ya digo, esta sobria edición.
Herbert pertenece a una de las más ricas tradiciones líricas europeas. No es fácil destacar entre tanto nombre importante. "Si su idioma es el polaco (lo cual sería una gran ventaja para ustedes, ya que la poesía más extraordinaria de este siglo está escrita en ese idioma), me gustaría mencionarles los nombres de Leopold Staff, Czeslaw Milosz, Zbigniew Herbert y Wieslawa Szymborska", dejó escrito Joseph Brodsky en "Cómo leer un libro". A esa lista ya podemos añadir el de Adam Zagajewski (que aludió a Herbert como "mi gran maestro") y algunos de los poetas contemporáneos agrupados en la reciente antología Poesía a contragolpe. Antología de poesía polaca contemporánea (autores nacidos entre 1960 y 1980). No nos podemos quejar los que leemos en español de la presencia de esa poesía en nuestra lengua. Ni de sus traductores.
Como uno diría de Milosz, en la poesía de ZH destaca el humanismo. En su sentido más amplio, aunque lo católico aquí no falte. Como tampoco falta lo real, por imaginario que parezca. A uno le ha llamado la atención, por ejemplo, su segundo libro, Hermes, el perro y la estrella, surrealizante como su ópera prima, pero donde ya se aprecia esa "poesía prosaica" que le caracteriza. Aun reconociendo que ya era un poeta de cuerpo entero desde su primer libro, el lector que uno es destacaría sus libros, digamos, centrales: Don Cogito -su gran hallazgo, un alter ego poderoso; "una suerte de Pan Quijote a la polaca", dice Ballester-, el citado Informe..., Elogio para la partida, Rovigo y Epílogo de la tormenta. La lista de poemas memorables, nunca mejor dicho, sería demasiado prolija.
Los poemas de Herbert son largos, están escritos sin puntos ni comas, tienen un ritmo envolvente y una sonoridad sugestiva (o eso parece a través de las magníficas versiones del traductor), abundan los que tienen forma de prosa. Con ellos regresan las civilizaciones antiguas, la herencia judeocristiana, el mito de Mitteleuropa, historias y lugares de Rusia o de Italia, y, sobre todo, las reflexiones -irónicas a menudo- de un hombre que siempre estuvo a pie de calle, como uno más; alguien atormentado, inquieto, que se debate, de acá para allá (desde su ciudad natal: Leópolis; es decir, Lviv, Lwów o L'vov, pues que ha sido ucraniana, polaca y rusa, ahora capital de una provincia homónima de Ucrania), entre la esperanza y la nada. No en vano sus críticos señalan un tema predominante en su obra: la muerte.
Si tuviera que destacar una característica por encima de todas, algo muy complicado y seguramente inútil, uno se inclinaría por la emoción. No me duelen prendas confesar que más de un poema me ha resultado conmovedor hasta las lágrimas, en especial los del último recodo de su obra, que es el de su vida.
Si bien uno todavía no las ha leído (ya he dicho más de una vez que nunca leo opiniones ajenas sobre libros de los que espero hablar aquí, una manía), recomiendo algunas lecturas de esta poesía reunida realizadas por Jaime Siles, Antonio Colinas, Martín López-Vega y Javier Rodríguez Marcos. Las he ido guardando y ahora, que nadie lo dude, las leeré con gusto. 
Baste añadir que, a mi entender, nadie que ame la poesía, ningún lector que se precie, debería dejar de leer los poemas de Zbigniew Herbert. Quien lo probó lo sabe. 

1.2.13

Junta

Mi amigo Miguel Ángel Lama me manda este oportunísimo texto después de leer mi entrada anterior: “La Junta era, en el siglo XIX, la autoridad que había de sustituir al Gobierno, al objeto de que no se produjera un vacío de poder, y al mismo tiempo se encargaba de canalizar las peticiones populares, frecuentemente de problemática local, pero sin olvidar por ello las peticiones de los grandes problemas nacionales. A pesar de lo que señalan algunos autores, las Juntas no tenían por misión superar las divisiones de los partidos encuadrando la acción desde un punto de vista unitario. Cada grupo social o partido tendía a organizar su propia Junta, sobre todo cuando el liberalismo se encontraba parcelado en partidos bien definidos. La Junta como elemento de fusión, de superación, sólo se lograba si el enemigo era común, como ocurrió en la praxis juntera de 1808” (J. R. de Urquijo y Goitia, La Revolución de 1854 en Madrid, Madrid, 1984, pág. 175. Citado en un artículo de Walther L. Bernecker, de la Universidad de Berna, “Juntas populares y comités revolucionarios en los siglos XIX y XX...” en la revista Historia contemporánea, de 1990).

De la Junta al Gobierno: palabras

Acostumbrados a tragar con todo lo que a los políticos se les ocurra, qué voy a contarles, los extremeños aceptamos como si tal cosa que la Junta de Extremadura pasara a llamarse, de un día para otro, Gobierno de Extremadura. Ignoro si el Estatuto de Autonomía, por entonces recién actualizado, contemplaba algo al respecto, hubiera dado igual. Lo cierto y verdad es que llevábamos más de un cuarto de siglo hablando y escribiendo de la Junta, a secas. 
Más allá del interés algo infantil de querer cambiarlo todo cuando alguien nuevo llega al poder, lo que demuestra nuestra escasa tradición democrática, en esa decisión de Monago y los suyos, que aterrizaron inopinadamente en él, hay mucho de aires de grandeza. O de complejo de inferioridad, según se mire. Llamar Gobierno a lo de aquí comparándolo con los gobiernos "de verdad" que hay por ahí fuera, amén de prepotente, está en contra, según creo, del ideario centralista del PP. Vamos, que, a pesar del tiempo transcurrido, no termina de comprender uno, que no le entra en la mollera (que diría nuestro presidente más castúo), la necesidad de ese cambio que, por cierto -otra contradicción programática-, no fue una medida austera sino todo lo contrario. Sólo en membretes... 
A uno, en fin, que le gustan las etimologías, prefiere lo de junta, porque remite a la unión y a lo de todos, frente a gobierno, que alude a la autoridad ejercida por unos pocos. Sí, cuestión de palabras. Por eso no conozco a nadie que al mencionar a los que mandan en Mérida pronuncie la palabra Gobierno.