31.3.15

En sueños

La letra V de la colección Luna de Poniente corresponde al libro Hablar en sueños, de Fernando de las Heras (Badajoz, 1981). De su primer libro, Cerca del origen, ya hablamos en su día aquí. Éste, que no deja de ser un notable paso adelante, se abre con una cita del psicólogo inglés Nicholas Humphrey que dice: "Soñar es un proceso más sofisticado que pensar". No hace falta recurrir a Freud ni al Surrealismo para aterrizar en esta obra que gira, claro está, en torno al sueño y a los sueños que en nuestra lengua, a diferencia, por ejemplo, del italiano, no distingue entre una cosa y otra. Uno, que apenas recuerda lo que sueña, valora especialmente este ejercicio poético que se abre con un certero poema titulado "Por increíble que parezca" y que termina: "El día menos pensado, vendrá la vida / a llevarse la vida por delante". La infancia y la imaginación son fundamentales en estos versos que no rehuyen, o eso me parece, cierto, calculado irracionalismo, las asociaciones de imágenes y hasta el rapto de la escritura automática. Suprarrealismo, que diría el otro. Poemas, por cierto, de dicción sobresaliente y con un sentido del ritmo impecable. Poemas como "Peligro: el poema muerde", "Historias extraordinarias" (donde encontramos una constante: el tono científico y las alusiones a la ciencia, no necesariamente de ficción). Cita a Simic y uno constata que también aquí hay una mezcla curiosa entre realidad e imaginación (ya se dijo), entre sentido común y ensoñamiento. 
No faltan iluminaciones: "Nunca hubo mejor lugar que aquél donde la luz hace su nido". 
En "Dejemos algunas cosas claras" leemos: "hablar en sueños será la mejor forma / de sentirse muy vivo". 
"Nosotros los animales" introduce una serie de poemas donde ellos (y nosotros, animales racionales, siquiera a ratos) son protagonistas. Significativos son también "Emisiones desde el futuro" (nombre de su blog), "Ruinas", "Una casa" y "Nadadora" (que me ha recordado un poema de Micó).
Una cita de Irazoki ("El agradecimiento a la vida es mi único deporte") nos da una pista fiable sobre la felicidad que se respira en el libro.
"Sigo el camino / que mi imaginación me marca", escribe. Con clara conciencia de que "el futuro / es una civilización extinguida", que "está en todas partes menos en sí mismo". 

30.3.15

Lo de Trujillo

Aunque a Ferlosio (entrevistado espléndidamente por Ignacio Echevarría el pasado viernes en El Cultural) no le gusten las frases hechas, el de uno a Trujillo fue, en rigor, un viaje relámpago. Salí de casa, tras las preceptivas cañas sabatinas (esta vez sin alcohol), a las cuatro menos diez de la tarde y a las siete y media ya me había cambiado de ropa y estaba sentado en el sofá delante de la tele. En el intermedio, atravesé Monfragüe, estuve un rato en una de las plazas más bonitas del mundo (sobre todo con libros), saludé a algunos amigos (Álex Chico, Manuel Neila, Miguel Veyrat), escuché poemas a otros (Jesús María Gómez, Javier Sánchez Menéndez), leí durante veinte minutos los propios (todos de Tánger), conocí a personas de las que sólo tenía noticia (Isabel Blanco, Nicolás Corraliza, Chema Gómez Hontoria), pude abrazar por primera vez al entusiasta Pepe Cercas, organizador del evento, y hasta me tomé un té. Había otros poetas del estrellato por allí, demasiado ocupados, supongo, como para acercarse a la carpa y escuchar y saludarle a uno. Tampoco pude esperar a que llegaran. La prisa -o la huida-, ya saben, esa antigua manía.
La hora de la lectura-presentación no era la mejor (ya lo dijo el magistrado que me precedió en el uso de la palabra, calificándola de "taurina"), ni el orden de intervención (tan arbitrario), pero los compromisos son los compromisos. Y cumplí. No, esa mezcla de maratón y de poesía no es lo mío. Y mira que lee uno deprisa sus poemas.
El campo, por lo demás, estaba precioso, hacía un calor propio de mayo y los turistas pululaban como hormigas por el Salto del Gitano. Con todo, a uno lo que le dio pena es no haberse podido quedar en Trujillo. Qué ciudad.

29.3.15

La poesía de Elías Moro

Hay un rastro, de Elías Moro (Madrid, 1959), cierra con la letra Z la colección Luna de Poniente (de la luna libros). No se podía haber elegido un mejor colofón. Lo sabemos ahora, claro, después de leer el libro de uno de los codirectores de esa muestra canónica de la poesía escrita por autores extremeños o vinculados a Extremadura que a uno, ya que lo menciono, le gustaría considerar ahora que termina. 
Moro no ha sido un autor prolífico. Ni siquiera como poeta. Empezó a publicar tarde (si no tenemos en cuenta Contrabando, una plaquette que apareció en La Centena de Antonio Gómez en 1987), para lo que es usual, y, ya digo, con lentitud. Uno, no me importa confesarlo, que le invitó a publicar en la Editora Regional una antología de sus versos, estaba esperando de él un libro así. ¿Cómo? Una obra sólida, fraguada, digna de la dedicación, el rigor y las lecturas que le caracterizan.
Con la guerra, el dolor y el miedo al fondo, Moro construye un intenso, emocionante poema fragmentado (sin títulos ni puntos) en el que se insertan, además, otros poemas que lo complementan. "Hay un rastro", "Tiro de gracia", "Derrota y hambre" y "Los muertos hablan" serían partes de ese poema único al tiempo que múltiple donde la guerra, protagonista de estos versos, orienta una reflexión sobre la verdad y la mentira, la memoria y el olvido, la muerte y la vida, por precaria y frágil que resulte. La unidad viene dada, sobre todo por el tono, el mayor acierto del libro, y, sí, por la temática bélica que recorre ese rastro. "Interludio animal" ("Cuervos", "Moscardas", "Gusanos") y "Trilogía de los trenes tristes" (donde estaría el germen de la obra, tres poemas dedicados a otros tantos europeos derrotados: Hrabal, Zweig y Levi) completan o arman del todo este memorial del sufrimiento que pone voz a quienes ya la perdieron (y están, por ejemplo, en las cunetas) o nunca pudieron alzarla; lo que deja fuera, claro, a los tres escritores citados. Y todo en un tiempo sin fechas que se sitúa en lugares indeterminados donde personas anónimas luchan por sobrevivir. En guerras mundiales o civiles. El vocabulario, que se ajusta a la perfección a lo cantado, logra trasladar al lector una determinada atmósfera intempestiva; a mi modo de ver, otro de los aciertos de Hay un rastro.
En medio del campo de batalla, entre la desolación y la mugre, perdedores, exiliados, supervivientes, hambrientos, perdidos, suicidas, muertos (en vida o ya definitivos), "hombres que ya no son nada, / hombres que ya no son nadie". Mientras, "En los casinos de pueblo, / en las salas de banderas, / en negociados ministeriales, / en embajadas y palacios, / en cerradas sacristías, // se brinda por el nuevo orden".
Elías Moro, que es como escribe y escribe como es, traza este rastro con nobles palabras de piedad. No hay ensañamiento. Tampoco regodeo. No digamos afán de venganza. Su mirada es tan implacable como limpia. Tan serena como testifical. De estos versos salimos más humanos. Tras reconocer, con el poeta, que "no hay dignidad en el silencio / si es para el olvido". O que, so pena de estar muertos, no debemos acostumbrarnos al dolor. 

28.3.15

Hoy en la Feria del Libro de Trujillo

POESÍA 3.33
17 h.
Jesús María Gómez “Escenarios”
17:30 h.
Álvaro Valverde “Más allá, Tánger”
18 h.
Javier Sánchez Menéndez “Mediodía en Kensington”
18:30 h.
Pablo Méndez “Oh, siglo XX”
19 h.
Diego Doncel “Territorio bajo vigilancia”
19.30 h.
Álex Chico “Habitación en W”
20 h. 
Benjamín Prado “ Ya no es tarde”

27.3.15

FF mínimo

Conocimos a Ferran Fernández en Plasencia, en su condición de editor, de Luces de Gálibo, en la mesa redonda sobre la edición de poesía en España que me tocó en suerte moderar. Ya allí, se dio uno cuenta de que este profesor de Periodismo y poeta de largo recorrido, un señor barcelonés que reside en Málaga, tiene un carácter con retranca. Muy suyo, una mezcla de bondadoso sentido del humor y de ácida ironía. Hizo gala de pesimista (o de optimista debidamente informado) y arrancó más de una sonrisa. No, no es de los que provocan risotadas. Él es un tipo inteligente. Esa primera impresión, que lo mismo no da la medida de FF, a uno, sin embargo, se la confirma la lectura de su libro Manual del taxidermista. Él lo escribe con minúscula, como pequeño es el formato de la colección donde se ha publicado: luces de gálibo: poesía > mínima. Recoge, cómo no, poemas breves o brevísimos, pero, tal vez por eso, de una intensidad sugerente. Y provocadora, otro rasgo, o eso intuyo, de su forma de ser. Ya lo dijo Simic en el libro que, con creciente entusiasmo, tengo entre manos: "Es el afán de irreverencia, más que ninguna otra cosa, lo que me condujo inicialmente a la poesía". Cuando lo leí, me acordé de él. Algo de eso hay, o mucho, en estos versos doblados de aforismos, incisivos, que dan que pensar. Sí, porque no son meros ejercicios pirotécnicos; tienen su carga de profundidad, como ha de ser. En Espacio Luke he encontrado una muestra que puede orientar al lector, por si quisiera acercarse al librino. Está lleno de iluminaciones. Las de alguien, por cierto, que ha vivido mucho. Y de melancolía. De la buena, añado. Más para los que tenemos cierta edad: los de la cincuentena a que alude en uno de los poemas. Es lo que tiene la lucidez.

26.3.15

TTL

El Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna cumple 20 años. Con ese motivo lanza su Boletín número 15. El TTL es un seminario permanente dedicado a la práctica de la traducción literaria y a los estudios de traductología y fue fundado por el poeta y profesor Andrés Sánchez Robayna. Sabemos que mediante diversos métodos —la traducción colectiva, la traducción revisada, la traducción contrastiva, etcétera—, vierte al español a escritores de muy diversas lenguas. Su marca es el rigor.
En la portada, el propio Robayna publica un interesante, lúcido artículo titulado "La traducción como ética" donde alude, entre otras cosas, al decisivo papel de la traducción en la degradada sociedad contemporánea, en especial a la hora de trasladar la "literatura difícil" (Bonnefoy dixit); un paso crucial para que los textos, "difíciles, fuertes, complejos no queden aislados en sus lenguas respectivas". También porque, siguiendo a Pound, "Una gran época literaria es tal vez siempre una gran época de traducciones". Contra la boutade de Larkin, quien afirmó no haber leído una sola línea de poesía extranjera. Es, ante todo, un taller de "lectura, en el sentido rabínico de esa palabra". En suma, defienden la traducción como ética.
El número, además de recoger las distintas ediciones realizadas -por ellos o en coedición- y los proyectos pendientes, publica poemas traducidos de Kajetan Kovič, Drummond de Andrade, Rose Ausländer (tres preciosos poemas, por cierto, como "Infinitamente": Olvida / tus límites. // Emigra. // La tierra de nadie / infinitamente / te acoge), Cocteau, Palazzeschi, Donne (una nueva versión de "El testamento", uno de los grandes poemas de la humanidad) y de algunos metafísicos ingleses como Carew y Herbert.  En versión, entre otros, de José Juan Batista, José M. Oliver, Díaz Armas, Annarita Sorrentino, Fernández de Sevilla o el propio Robayna. También hay muestras de traducción colectiva.
Porque creemos en la absoluta necesidad de la traducción (un género en sí mismo), en especial para quienes no conocemos bien otras lenguas y, sin embargo, queremos leer la mejor poesía del mundo, celebramos la ya larga vida del TTL y todos y cada uno de sus logros. Son muchos. Que vengan más.

25.3.15

Dos libros del sur

"Dicen que me llamo Francisco José Najarro Lanchazo, pero en realidad sólo respondo al nombre de Paco. Nací en Zafra (Badajoz) en 1987, aunque lo correcto sería decir que nací en mi madre, único lugar al que siempre quiero regresar. Mi fascinación por las piernas femeninas viene desde entonces, quizás por ser lo primero que vi. (...) Antes también crecí, en Madrid, donde estudié las licenciaturas de derecho y periodismo. Tengo dos libros de poemas publicados, La Vespa amarilla y El extraño que come en tu vajilla, aunque pronto habrá más. Soy editor de Ártese quien pueda Ediciones. Resido y vivo y crezco en Santiago de Chile. Continuará ...", cuenta en su blog el autor de Lo que cuentan mis hermanas (Ediciones Liliputienses), ese "habrá más" a que aludía el churretino (¡lo que da de sí esa ciudad!) que ahora oficia de librero en ultramar.
Unai Velasco escribe en "Lo que cuenta Paco" que la suya es "una poesía fraternal, inmediatamente humana". "Poesía de la proximidad, está dicha con la  tranquilidad de lo que es verdadero". Y que "está bien hecha". "Si te apoyas en ella, te sostiene", concluye. Me da que es verdad. Cercana, fresca, sencilla, cotidiana, apela a sentimientos y emociones habituales, nada complejos. Tiene algo de ocurrente y mucho de experiencial, sin que por ello deba ser adscrita a ninguna corriente, viva o muerta. No le falta ni ironía ni sentido del humor. Y mucho desenfado, claro. Me han gustado poemas como "Profecía", "Recreación", "Ombligo", "Insomnio", "Senderismo", "Semana", "Infinito, "Refugio", "El viaje", "Pastilla de jabón" ("La diferencia entre ciudad y casa / eres tú"), "Vacaciones", "Imagen y semejanza"...

Gonzalo Grajera (1991) aterriza, nunca mejor dicho, con La vida y algo más en La Isla de Siltolá, de Sevilla como él. Lo digo, más allá de la simple casualidad, porque la obra tiene un aire de escuela, si se pudiera decir que existe una "sevillana". No pretende uno sentar cátedra, faltaría más, pero determinados autores, ciertas lecturas y lo que esa ciudad de la poesía aporta en sus múltiples, cultas dimensiones, dan, ya digo, a estos poemas (y a otros que uno lee por aquí y por allá) un tono particular, o a mí me lo parece. Que me agrada, añado. No en vano estamos hablando, acaso, de una tradición. O de una luz, por decirlo de otro modo. El libro, pongo por caso, se abre con citas de Luis Cernuda y Javier Salvago. En otros lugares encontramos nombres tan significativo como el de Romero Murube. Y hay dedicatorias a Antonio Burgos y García Barbeito, que tampoco pasan desapercibidas. Por no hablar de las referencias religiosas y las taurinas (hay un soneto titulado "Plaza de toros"). En otra parte, en el poema "Discoteca", se alude a otros maestros: junto a Cernuda (de nuevo), aparecen Juan Ramón, Garcilaso, Salinas y Luis Alberto de Cuenca.
El primer poema de su segundo libro, "La librería" me parece espléndido: "Las librerías: los Estados / más democráticos que existen". Logrados son también "Biografía", "Razón poética", "Resurrección", "Anticuario", "Espejo", "Globalización", "Invierno", "Tarde de verano", "Pautas para triunfar en la vida", etc. Grajera se muestra lúcido y ocurrente en sus "Gragerías" y muy suelto en los poemas finales, muy breves, donde el flamenco prima. 

24.3.15

Lecturas de Abril

Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española, del profesor crítico y poeta Juan Carlos Abril, publicado por la madrileña Bartleby Editores en su colección Miradas, reúne reseñas de libros de poetas españoles contemporáneos nacidos entre 1965 y 1988 y que han publicado entre los años 2002 y 2014. Además se incluye un análisis panorámico de la nueva poesía española, texto que abre el volumen. En "Prólogo, sobre el oficio", Abril nos explica que, como Connolly, ejerce una crítica que "trata de sacar lo mejor de los libros que escojo", algunos, qué remedio, de encargo. Prefiere hablar de libros que le gustan y evita aquellos "de los que no voy a ser capaz de desentrañar lo que esconden". No lee sólo obras de una determinada escuela o tendencia. Tampoco es de los que disfruta repartiendo "mandobles", ni escribe necesariamente "contra algo", ni deja que el poeta que todos llevamos dentro suplente al lector, ni mezcla, al hablar de un libro y de un poeta, a otros en la recensión. No le gustan los críticos que parece que te están "perdonando la vida" cuando comentan un libro de poemas. Cree que, como en la vida, hay que ser "generosos". Generosidad que "no es regalar nada, sino decir lo que vale el libro, ponerlo en su lugar, explicarlo". 
El título de la obra es un homenaje al pedagogo y poeta Ezequiel Solana, que ya titulara así un libro suyo. 
No es cosa de enumerar todas las obras y autores del índice. Se constata, eso sí, que Abril ha sido un lector atento y concienzudo a tenor de lo extenso y escogido de esa nómina.
No es frecuente, en fin, que un editor se arriesgue dando a la imprenta este tipo de libros. Bienvenido sea por lo que aporta al diálogo crítico con la obra de nuestros contemporáneos. 

22.3.15

Cargas familiares

La primera incursión poética impresa de Fernando Pérez Fernández (Cáceres, 1984) de la que uno tiene noticia tuvo lugar en el número 1 de la colección 3 x 3 de Antonio Gómez. Nueve poemas (o fragmentos) brevísimos. Fue en 2010. Le acompañaron en su debut Elena García de Paredes y Javier Rodríguez Marcos. Ahora, de la mano, como tantos jóvenes, de La Isla de Siltolá, aparece su primer libro, Cargas familiares
Se abre con dos citas enigmáticas. Una de Rousseau, de Cartas a Sofía: "El tacto parece ser el único sentido de la ostra", y otra de Kipling, de "Hymn of Breaking Strain": the burden of the Odds (la carga de las probabilidades). 
En "Cuentas rendidas" el autor nos explica que el libro es "una reunión de poemas escritos durante 15 años, a intervalos irregulares y en remesas distintas". Es algo que no se aprecia. Quiero decir que el lector se enfrenta a un libro, como quien dice, recién armado, con las correcciones y ajustes consiguientes, y quien lo firma tiene treinta años, alguien con madurez sobrada, lo que no sé si se sigue valorando entre las nuevas hornadas poéticas donde, como siempre, la precipitación suele ser ley. Él mismo cuenta que ha contado con opiniones inestimables y cita a Julián Rodríguez y Martín López-Vega que "siguen siendo los críticos más convincentes que conozco". Menciona también, entre otros, a Carmen Hernández Zurbano y a su tía Isabel (biógrafa de Carolina Coronado), que no son malas referencias, y a Javier Sánchez Menéndez, su editor, otra pieza clave, me consta, en la definitiva configuración de la obra. Por otra parte están, claro, las lecturas, que se presuponen concienzudas y abundantes. FPF ha tenido buenos maestros, como hace constar: su abuelo, Fernando Pérez Marqués, y su padre, Fernando T. Pérez González, por ejemplo. El segundo, permítanme el comentario, habría celebrado no sólo la salida de Cargas familiares, sino también su modesta, elegante y limpia edición. 
Más allá, poemas breves, sintéticos, que no se pierden en zalamerías liricoides, en absoluto palabreros (según la moda), ajustados, precisos, con versos cortos salvo alguna incursión en el poema en prosa, que suenan, en fin, estupendamente. Poesía, pues, sugerente, elíptica, cercana a lo que importa y a la vida, pero sin confesionalismos. Así, "La encimera". Y la figura de la madre, Asunción Fernández Blasco, Susi, de capital importancia en esta empresa si tenemos en cuenta las palabras de FPF en el párrafo final del libro: "salvo 'Encimera' todos los poemas son para mi madre. Porque insiste en que me esfuerce para ser feliz con los demás, en la alegría".
Más allá, poemas excelentes como "Lo sé", "Me pregunto por qué", Allí, donde vivimos" (uno de los que más me gustan), "Domingo en el chalet", "Abluciones", "Preguntas", "Necesitas terapia"... Vamos, todos los que componen la primera parte: "Muestras de cariño". "Hacerse alusiones", la segunda, es más cerrada, según creo, de mayor densidad expresiva, en la que el poeta usa, ya se dijo, la forma del poema en prosa. Con todo, en ella encontramos un conmovedor poema de un solo verso: "Un amigo muerto en la infancia": Mientras dormíamos, Plutón ha dejado de ser un planeta.
En "Castillo flotantes" vuelve el FPF más personal y biográfico ("El miedo / que fue tu segunda lengua materna"), el de poemas como "La parte antigua" o "Cementerio III".
Dije en cierta, infausta ocasión que la saga familiar de los Pérez, escritores extremeños del XX, tendría continuidad. Siquiera por una vez, he acertado. Este libro lo demuestra y, además, de la mejor manera posible. Uno lo festeja. En lo más hondo.

20.3.15

Revistas literarias

Ya comenté que Angelís Dimitris nos había anunciado la salida del número 10 de la revista Frear. Allí, entrevistas exclusivas con Adonis, Margaret Atwood, y Jaime Jaramillo Escobar; poemas inéditos de Rafael Guillén y Mario Bojórquez; la segunda parte de un ensayo del escritor ruso Mikhail; y colaboraciones, también inéditas, de Ilya Kaminski, Alicia E. Stallings y de uno mismo. 

REVISTAS LITERARIAS: REVIVAL

Como tantos, uno era de los que pensaban que eso de las revistas literarias en papel era cosa del pasado y, sin embargo, florecen como en los mejores tiempos, esos que ya ni se recuerdan. Para mí, ser analógico por excelencia, no deja de ser una alegría.
Hablo de hace poco, apenas unos años. Uno detrás de otro, se iban consumiendo esos referentes en los que los primerizos escritores y, sobre todo, los aspirantes a poeta habíamos velado nuestras primeras armas.
Revistas importantes, de fuste, sostenidas con fondos públicos o por la iniciativa privada, y otras que sólo eran fruto del esfuerzo de un grupo de entusiastas letraheridos, pero no por ello menos sustanciales.
Llegó un momento en que quedaron pocas y algunas de esas pocas, todo hay que decirlo, heridas de muerte o, cuando menos, languidecientes.
Es verdad que las revistas suelen ser flor de un día, si bien esa fragilidad, por paradójico que parezca, haya sido en numerosas ocasiones su mayor fortaleza.
Era la crisis, sí, que se anticipó en todo lo referentes a las ayudas culturales (esto es España), y, cómo no, la llegada de Internet. A partir de ese momento, era más sencillo y barato digitalizarlas y abandonar, en consecuencia, el clásico formato de papel.
Fue cuando uno, suscriptor de no pocas en su juventud, abandonó esa afición tan ligada a lo que la poesía es y ha significado.
Por suerte, para entonces ya había sido partícipe, desde la primera línea, de algunos proyectos publicados en tinta. De la separata de literatura de la modesta revista placentina Retazos se encargó, por ejemplo, uno. Más tarde, junto a Ángel Campos Pámpano (alma de ese invento) y Diego Doncel, fundamos Espacio/Espaço escrito, la primera revista hispano-portuguesa en dos lenguas del panorama ibérico. Ahora, me honra figurar en el Consejo Asesor de Suroeste, que dirige el lusista Antonio Sáez Delgado, digna heredera del espíritu de aquélla, que amplía sus lenguas originales a todas las oficiales de España: catalán, gallego y vasco.
Sin desdeñar algunos proyectos internáuticos de indudable calidad y ya larga vida, el florecimiento de nuevas aventuras literarias adaptadas a las viejas hechuras me llena, ya dije, de contento. Así, a clásicas como Clarín, Sibila, Turia, Ínsula, Quimera, Cuadernos Hispanoamericanos, etc., se unen ahora, pongo por caso, la sevillana Estación Poesía (que revitaliza la larga tradición revisteril andaluza), la asturiana Anáfora (vinculada a uno de los grandes animadores de estos efímeros inventos: José Luis García Martín) o la granadina Años diez (promovida, como la anterior, por una pequeña editorial). Afortunadamente, no son las únicas.
Vuelve uno a ellas y no puede por menos que reconocer que encuentra allí lo que siempre ha buscado en los libros impresos: el olor, la tipografía, el tacto y, en general, la visión de la verdadera y más genuina literatura. 

19.3.15

La poesía de Bernal

Profesor de Literatura Española del Departamento de Filología Hispánica y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la joven Universidad de Extremadura, reconocido bibliófilo y estudioso de la literatura de Vanguardia, la poesía del 900 y del Veintisiete, así como de la obra de Cernuda o Gerardo Diego (fue premio 'Gerardo Diego de investigación poética' por un ensayo sobre su conocida obra Manual de espuma) José Luis Bernal Salgado (Cáceres, 1959) publica su tercer libro de poesía, Tratado de ignorancia, en la colección Luna de Poniente (de la luna libros). Hasta aquí nada parece extraordinario, salvo la parquedad bibliográfica en lo que a la literatura de creación se refiere para un poeta cincuentón. Lo que el lector debe saber es que, desde que publicó su segunda entrega poética, El alba de las rosas, hasta ahora, han transcurrido veinticinco años. Esto, lejos de ser un hecho anecdótico, da a los poemas reunidos aquí un sesgo y una intensidad llamativas, por más que sean el tono conversacional, los modales clásicos y la elegante discreción rasgos principales de su estilo. Un estilo, permítanme recurrir al tópico, que, en este caso al menos, es el hombre. Doy fe. Conoce uno de antiguo al autor. Formé parte del jurado (junto a Juan Manuel Rozas y Ángel Campos, entre otros) que le concedió el primer Premio Constitución a su ópera prima, Primavera invertida (1984). Poco o nada tienen que ver estos versos con aquellos, aunque el que los escribió sea el mismo. En cierto modo, leído lo leído, éste podría parecer un primer libro si no fuera por la carga de experiencia y la solvencia expresiva, digamos, que contiene. Desde la madurez, sí, que no se oculta, nos tememos que más allá de la mitad del camino de la vida, Bernal entona su íntimo canto, de carácter elegíaco, que, en efecto, no puede sustraerse, de una parte, a la melancolía y, de otra, a la celebración de este vivir en un tiempo acaso de descuento si consideramos el balance. Tal vez por eso se nota tanto que el poeta no necesita epatar, ni hacerse el interesante, ni recurrir a coheterías y otras retóricas para hacernos llegar por medio de la voz, apacible y meditativa, su pequeña verdad. Lo genuino, que diría Bishop.
Los poemas de Tratado de ignorancia, líneas rescatadas a la memoria y al olvido, se alzan uno a uno con la debida autonomía, sí, pero formando a la vez un corpus unitario; libro concebido como tal, a la postre. Por el tono, claro, armónico en lo diverso, y por lo que todos tienen de reflexión en torno a un eje central que se sustenta, a mi modo de ver, entre las enseñanzas de la edad (con su amargo rimero de pérdidas, derrumbes, frustraciones y derrotas) y la serena aceptación del inestable presente, pródigo en alegrías por el sencillo hecho de que al fin y al cabo se vive. Por ahora, pues Bernal nunca pierde de vista el inevitable, fatídico futuro, que está escrito.
Comienza Bernal con "Breve tratado de ignorancia" (dedicado a Carnero, otro poeta profesor o viceversa), donde leemos (con Gracián): "He destinado algunos de mis trabajos al juicio, / este se lo dedico a la ignorancia". Su último verso alude al que "ha mudado el alma".
Le siguen poemas espléndidos como "Insomnio" ("hasta este misma edad en que mi Padre / comenzó su batalla con la muerte"), "Vidas paralelas" ("la edad me está enseñando / a ver mirando a ciegas"), "La osadía" ("-una historia de estragos-"), "Recuerdos", "Certidumbre de la muerte" (que termina: "menos la muerte misma / la muerte es tan hermosa / por cernernos la vida, / que merece la pena / vivir por merecerla"), "Certezas ("El color del amor / es el olvido. / El color de la muerte, la memoria"), "Aniversario" (un hermoso poema de amor), "Emaús" (con el franciscano Pacífico y sus amigos al fondo, toda una escuela de ética que, como en el caso de Basilio Sánchez, ha dado en estética)...
Uno de los poemas más emocionantes (y duros) de un libro donde la intensidad, ya se ve, cunde es, sin duda, "Otoño", dedicado a Elías Moro y a la Cosecha del 59: "Pensé que debería decir a mis amigos / que ha llegado la hora de dar un golpe seco..." (...) "Decirles que nos queda poco tiempo y maltrecho / para dar las respuestas a todas las preguntas / que la edad nos escupe con obstinada furia." Da, me parece, la medida justa del volumen y, como paradigma, precisa la poética de José Luis Bernal. A los amigos dedica también otros poemas: a Castelo uno donde se cruzan Pedro de Lorenzo y Eliot. "Agenda", a Fernando T. Pérez y Ángel Campos. O "P. D. C.", esto es, Paco Díaz de Castro, otro de la misma estirpe de "poetas profesores".
Como buen filólogo, las palabras -el lenguaje- son fundamentales aquí, Esas que, como explica en el poema que cierra el ciclo, "Las palabras", tanto se le han resistido estos años: "Las palabras han tardado como las lluvias." "He esperado paciente, / tras años de silencio", continúa. Con todo, se abrieron paso y salieron, que es lo que importa. "Ellas saben de mí / algo más que yo de ellas, / conocen los olvidos y los dones, / la precisa razón que me empuja a vivir, / y a recordar que vivo / contra viento y marea."
Este era para algunos un libro muy esperado. Me alegro de que se integre al fin en una simbólica colección llamada a perdurar. Pocos versos ha dado José Luis Bernal a la imprenta, es evidente, pero eso no impide que se le considere uno de los poetas esenciales de la poesía extremeña y española de su época. Sobre todo, cierto es, por este libro. 

18.3.15

Lo de hoy

Según Miguel Ángel Lama. Lo publica en su blog: "Alguien se sorprendía hace poco de que Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) no hubiese pasado por el Aula «José María Valverde» de la Asociación de Escritores Extremeños (AEEX), que inició sus lecturas en Cáceres en enero de 1996. Cuando, además —esto lo digo yo— había sido uno de los escritores que participaron en las dos o tres primeras convocatorias del Aula «Enrique Díez-Canedo» de Badajoz, en la que leyó en noviembre de 1994. Y es que Álvaro Valverde fue presidente de la AEEX entre 1999 y 2003; y coordinador del Plan de Fomento de la Lectura de 2002 a 2005 y de la Editora Regional de Extremadura desde 2005 a 2008, y, aunque solo fuese por razones higiénicas, es lógico que sea ahora, que no tiene responsabilidad pública, cuando pase por un lugar en el que él tuvo mucho que ver. Por el aula que él fundó en 1997 junto a Gonzalo Hidalgo Bayal, la placentina que lleva el nombre de José Antonio Gabriel y Galán, pasó en noviembre de 2014; y ahora le toca en la de Cáceres, en el Aula literaria «José María Valverde». Mañana miércoles, primero en el Instituto «El Brocense», por la mañana, y en el Palacio de la Isla por la tarde, a las siete y cuarto. Por lo que sea, pero ya era hora." Nos vemos.

17.3.15

Sobre Centrifugados

No, no estoy en la fotografía de grupo que ilustra esta entrada, aunque estuve en la placentina Plaza de Abastos (reconvertida en espacio de usos múltiples por mi primo, el arquitecto Luis Ramón Valverde Lorenzo) apenas un rato antes de que se hiciera. Faltan también otros participantes y asistentes a estas intensas jornadas que superan su primera edición con una nota muy alta. Centrifugados, lo volvemos a repetir, ha sido un invento de José María Cumbreño que se ha celebrado en Plasencia porque aquí hay, me atrevería a decir que desde siempre, un buen ambiente literario y un ayuntamiento sensible a la cultura con un alcalde y un concejal del ramo que confían en las propuestas de dos funcionarios municipales doblados de gestores culturales, Juan Ramón Santos y Julio Pérez, y que al cabo las asumen como propias. Unos y otros, en consecuencia, pueden presumir del éxito obtenido. Cumbreño ha querido dedicar este "Primer encuentro de literaturas periféricas" a la memoria de Ángel Campos Pámpano, lo que no deja de ser, además de un detalle, un reto. Superado, según creo.
Confieso que no he asistido a los recitales -ni a los del recinto principal ni a las lecturas en La Puerta de Tannhäuser-, pero sí, por ejemplo, a las dos mesas redondas. La que tuve que moderar, sin casi esfuerzo, pues la profesionalidad de Ferran Fernández, Pepo Paz y Javier Sánchez es proverbial, y la que condujo con mano maestra Hidalgo Bayal, donde la solvencia brilló gracias a Carlos Rod, Marino González y... Acudí además a la conversación de Juan Carlos Mestre y Emilio Torné (con Jordi Doce de cómplice y testigo), que dio la justa medida de lo que es o puede ser una relación -entre ejemplar e ideal- entre el autor y su editor, que culminó con la declamación de un poema inédito por parte de poeta del Bierzo que hizo las delicias de los asistentes quienes le regalaron una ovación digna de un cantante de rock. Asimismo, estuve en la presentación de la antología de los Talleres de Relato y Poesía, tan necesarios como desasistidos por las nuevas autoridades autonómicas, que le recordaron a uno a su impulsor (dibujante de la viñeta que ilustra esos volúmenes), nuestro añorado Fernando Pérez. Por eso ni siquiera acudieron a hacerse la foto.
No se olvide que, amén de los actos programados, ha habido una suerte de feria del libro, pues los editores independientes invitados han mantenido a lo largo del encuentro sus respectivos tenderetes con libros y otros impresos a la venta y más de uno ha quedado, por este lado, muy satisfecho. Y talleres muy exitosos, con entregada presencia infantil.
Aunque las relaciones sociales no son lo mío, he saludado y hasta abrazado a muchos amigos y amigas. Desde Salamanca llegaron las lectoras de la "Torrente" con Isabel Sánchez a la cabeza. Y por allí anduvieron, además de los ya citados y entre otros (perdón por los olvidos), Elías Moro, Antonio Gómez, Teresa Guzmán, Luis Felipe Comendador, los Víctores (Peña y Martín), Carmen Hernández Zurbano, Manuel Moya, Mario Quintana, Álvaro y Cristina (de La Puerta), J. P. Walias y su sobrino Fran Fuentes (y su padre, Paco). el siempre elegante Antonio Marcelino, Ángel G. Espada, Iván Sánchez, María José Muñoz, David y otros caleidoscópicos placentinos, talleristas bayalianos como Rosa Garzón, Tomé, Nandi, etc., amén de algunas poetisas liliputienses a las que uno ha leído pero que ni me saludaron ni reconocí.
La visita al recinto ha sido, sí, muy numerosa. El sábado por la tarde aquello parecía cualquier cosa menos Plasencia, una ciudad de escasas o nulas aglomeraciones (salvo las religiosas: romerías, procesiones...), no digamos por el centro y un sábado por la tarde. La única pega que todos le hemos puesto al sitio elegido tiene que ver con la acústica. Normal si hay gente visitando los puestos y conversando entre ellos (con niños que corren y gritan incluidos) al mismo tiempo que otros, en la otra esquina del local, hablan desde un escenario mientras otros escuchan en silencio. Ya se han planteado posibles soluciones. Sí, porque todos parecen coincidir en que habrá más ediciones. Vi eufórico a Cumbreño (cosa rara), contentos a Juanra y Julio (que han trabajado lo suyo) y más que satisfechos al concejal Custodio (presente en distintas actividades) y al alcalde Pizarro que, por cierto, pasó por allí cuando aquello desbordaba vitalidad y animación. ¿Entonces?

16.3.15

De paseo con Thoreau

La exquisita editorial madrileña Errata Naturae publica Un paseo invernal, de Henry David Thoreau (que ha traducido estupendamente Marcos Nava) y uno lo lee con sumo gusto porque se trata de uno de los personajes más simpáticos de la literatura y la filosofía -un adelantado de la Ecología y de la defensa de la Naturaleza- y, además, porque trata de un asunto que a uno le apasiona: el paseo. Ya leí en su día Walden, aunque a ratos se me hizo un poco cuesta arriba. Sin embargo, este paseo invernal, seguido del ensayo "Caminar", me ha resultado tan cómodo como placentero. Tal que una de mis habituales caminatas. Por el campo, claro. 
La espontaneidad del pensamiento en Thoreau, la sinceridad y la pasión con que se expresa, resulta a veces llamativa. Es un ingenuo, tal vez, pero deslumbra con sus ideas, nada alambicadas, y por su estilo, que en lo que respecta al texto que da título al libro, me ha parecido excelente. Descriptivo, sin duda, pero natural como la vida que a su alrededor observa. Debajo del invierno, nos viene a decir, alienta el verano. Muy cerca. A uno incluso le da pena, después de leerlo, que se acabe. La abundante nieve de esta temporada habrá acompañado a la perfección a quienes, del norte, lo hayan leído estos meses de atrás. Cabañas, nieve, ríos... Preferencia incontestable por los "lugares salvajes" donde habita el hombre inmóvil, "devoto de lo invisible". Por el reino "primitivo" de "la simplicidad y la pureza". Allí, la contemplación y la serenidad. La armonía.
En "Caminar" hay una defensa de ese "Arte", sí, pero sobre todo de "lo salvaje". Porque "la vida coincide con lo salvaje. Lo más vivo es lo más salvaje". "Todo lo bueno es salvaje y libre". De una existencia apegada a lo animal, lejos de la domesticación, poco civilizada. Los caminantes, una "hermandad". Somos, dice, como el camello, "el único animal que rumia mientras anda". Sus pasos suelen llevarle al Sudoeste. Estamos, afirma el patriota americano, "en la verdadera edad heroica". Para él "la esperanza y el futuro no residen en los jardines ni en los campos cultivados, tampoco en los pueblos y ciudades, sino en los pantanos impenetrables y salvajes" que rodeaban su ciudad natal: Concord. "Mi energía espiritual, apunta, es estrictamente proporcional a lo inhóspito del paisaje". Los libros -salvo la mitología, señala, nada se acerca a la Naturaleza como él la concibe- se orientan también hacia ese lugar: "De la literatura sólo nos atrae lo salvaje".
Se calificó de "habitante fronterizo" y buscó, en tanto "hijo de la niebla", una "vida natural". Aspiraba, más que al conocimiento, a lo él denomina "la Simpatía con Inteligencia". Abogó por "La Ignorancia Útil", es decir, por el "Conocimiento Bello" y, en español, hizo alusión a nuestra "gramática parda".
Por lo demás, aunque en "Un paseo invernal" Thoreau incluye versos, me ha parecido extraordinario "La vieja carretera de Marlborough", parte fundamental de "Caminar", donde acaso mejor se fundamente su pensamiento, que a partir de ahora (no recuerdo haberlo leído antes) pasará a formar parte de mi íntima y selecta antología de poemas de todos los tiempos.

15.3.15

En el Aula Valverde

El próximo miércoles estará uno en Cáceres invitado por el Aula de Literatura "José María Valverde", de la AEEX, que dirigen Mercedes Espinosa  y Mariángeles Pedrera. Por la mañana, a las 12, en el IES "El Brocense" y por la noche, a las 19:15, en el Palacio de la Isla. En el acto del mediodía me presentará Teófilo González Porras, que codirigió el Aula junto a Miguel Ángel Lama, y en el vespertino correrá a cargo del joven poeta Fernando Pérez Fernández; quien, por cierto, acaba de publicar en La Isla de Siltolá su excelente ópera prima, Cargas familiares.
Cáceres, como diría un taurino, es una plaza complicada. Donde no me faltan amigos y hasta lectores, eso sí. Veremos. Invitados estáis. 

14.3.15

Peripoética

La lectrice soumise. Magritte
1. Después de años y años, di en pensar que todos los lectores de poesía se parecían. Y no. Lo nota uno cuando lee o escucha la opinión de algunos poetas, así como la de ciertos críticos y periodistas culturales por antonomasia (que diría un personaje de Amanece que no es poco) a los que les gustan los versos de poetas que a uno le suelen dejar indiferente. Bueno, no sé si se refieren a esos versos. Me temo que anteponen a sus autores. El vacuo personalismo abunda y la redundancia de nombrecitos y de nombrecitas cansa. El último que lo acaba de decir es el helenista Juan Manuel Macías: "es triste que se hable más de poetas que de poemas". En consecuencia, rectifico: cada lector es un mundo. Más si de poesía se trata.

2. No comprendo que se premie un libro por la ambición, dicen, del autor al escribirlo. En poesía (y en literatura) lo único que cuentan son los resultados y no las motivaciones, por elevadas que éstas sean. Ah, tampoco entiendo lo de "texto ambicioso". ¿Qué es eso? ¿El texto puede tener "ansia o deseo vehemente de algo"? De "poder, riquezas, dignidades o fama", si acaso, el autor. Y no en sentido figurado. Algunos, por lo menos. Los antes mencionados, por ejemplo.

3. He vuelto a comprobar (y van...) cómo reacciona el personal cuando uno opina. O critica, forma verbal, lo sé, de un verbo maldito; más en este país de liberales de pacotilla. A eso, hay que ser simple, le llaman "ladrar". ¿Y cuando se elogia? Manca finezza. Desazona -una mezcla de rabia y tristeza- que la gente reaccione así. Por más argumentos que esgrimas para demostrar lo evidente. Menos mal que, ya lo dije aquí atrás, uno sólo habla, y bien, de los libros que le gustan, que si no... Sin que por eso, añado de inmediato (no seamos simplistas, por no decir bobos), queramos dar a entender que cualquier obra que no se mencione en este rincón sea mala. Sólo puedo comentar lo que leo de aquello que me llega o compro, como es obvio. Y eso ni de broma es todo. Por suerte.

4. A veces no es tal o cual poesía la que se nos indigesta. La culpa es de las malas imitaciones (o no) de sus afanosos plagiarios.

5. Se vuelve a confirmar: en el país de los ciegos, el tuerto es rey. 

13.3.15

En vilo

José Muñoz Millanes (Navalmoral de la Mata, 1951) reúne en La palabra en vilo. Ensayos sobre el poeta enjuiciado (Editora Regional de Extremadura) tres acendrados estudios, de los cuales dos ya fueron publicados en su día, lo que no pone en cuestión la pertinencia de la obra. Unidos, forman un corpus que da lugar a un libro perfectamente armado y necesario. Sus protagonistas son Hugo Von Hofmannsthal y su Lord Chandos, Xavier Villaurrutia y su libro Nostalgia de la Muerte y Alberto Girri y su poesía, un austriaco del 900 y dos poetas hispanoamericanos del siglo pasado, mexicano y argentino respectivamente.
En la nota editorial se nos explica que "tratan de textos inspirados por la suspensión del lenguaje. Una suspensión que, paradójicamente, impulsa a escribir, ya que es dramática, conflictiva: está cargada de tensiones entre el autor y la realidad que pretende expresar. (...) El lenguaje en vilo, paralizado, invita a Lord Chandos a renunciar a su identidad: a perderse en el mundo, a volverse impersonal. A Girri lo lleva a aceptar dolorosamente sus límites: a la sobriedad, a la cautela, a la paciente insistencia. Y a Villaurrutia lo mortifica en una nocturna ceremonia ritual donde se desmonta la intencionalidad constitutiva de la autonomía del poeta."
Conviene ponderar, ante todo, que es un libro muy bien escrito. Además de rigurosamente pensado. Se aprecia en un estilo de apariencia neutra, nada aparatoso, donde el pensamiento fluye al mismo ritmo que las palabras para aportar claridad a lo que, por su naturaleza, tiende a lo oscuro; sobre todo en el primero de los ensayos, donde lo filosófico prima. Así, en "Una carta de Lord Chandos de Hofmannsthal: la elocuencia del mudo", que fue prólogo a su traducción de Una carta (de Lord Phillipp Chandos a Sir Francis Bacon), uno de esos textos fundamentales que nadie olvida una vez leído, encontramos referencias a obras de Kant, Benjamin, Deleuze, Freud, Anaximandro, Heidegger, Zambrano, Wittgenstein (Hofmannsthal, no se olvide, formó parte de su Viena)... Al fin y al cabo, como afirmó el autor del Tractatus, "Toda la filosofía es crítica del lenguaje". También a escritores como Hölderlin, Broch, Goethe, Rilke o Kafka. El germánico es un ámbito que Muñoz Millanes conoce bien, no en vano ha traducido, por ejemplo, a Benjamin (una presencia constante en su pensamiento) y Brecht. Unos y otros comparecen para dar luz a los asuntos de ese peligroso texto trágico sobre las "conflictivas relaciones entre el escritor y la realidad": la identidad, la parálisis espiritual (que está en su origen), la melancolía, lo indecible...
Es sorprendente la capacidad de asociación entre obras y autores de todas la épocas que despliega MM, con una naturalidad que desmiente cualquier atisbo de pedantería y erudición (mal entendida). En absoluto afectada, la cultura se abre paso a través de una sensibilidad capaz de aunar diferentes saberes según convenga al discurso: la filosofía, ya se dijo, la música, el arte, el cine o la literatura. No estamos sobrados en España (aunque MM resida en Nueva York desde hace décadas) de ensayistas literarios de su fuste, alejados por igual de lo meramente divulgativo o débil y de la aridez universitaria cargada, como suele, de retórica.
De melancólico a melancólico, MM pasa de Chandos a Villaurrutia, poeta de Contemporáneos, y hace en "El poeta y sus fantasmas: una lectura de Nostalgia de la Muerte de Xavier Villaurrutia" un lúcido, genial análisis en el que de nuevo se alude a Rilke, a su deseo de conseguir "la propia muerte". Para el mexicano, "la muerte es la sombra que acompaña la vida". Al fondo, lo erótico y amoroso (que en este poeta hay que unir a lo angélico y a su condición homosexual) y lo fantasmal (puro enigma). Según Paz, estamos ante un ser "insomne, lúcido, sin sueño". Ante un "desvelado". Sí, "Nada más inapropiable que los sueños". Tomás Segovia le imaginó en el "mundo intermedio del insomnio", entre sueño y vigilia. Angustiado hasta que vuelve de nuevo la luz del día. Un solitario, cómo el sujeto poético moderno. Y un narcisista. Quien escribió "Nocturno de la alcoba", un poema bellísimo que pertenece, por cierto, a ese libro.
Girri, el tercer protagonista de la obra, al que MM antologó y a quien dedica "Veinte aproximaciones a la poesía de Alberto Girri", fue un poeta "discursivo, mental". No de epifanías y fulguraciones, sino de rumia lenta. En la estirpe de Stevens o Benn, a los que tanto apreció. La suya fue (es) una poesía "crítica", reflexiva, "intelectual y abstracta", cercana a la filosofía y al ensayo. De "orden heroico", al decir de Murena: "la épica de un alma". "Poesía y poesía de la poesía", anota MM. A la "segunda potencia". Que "se observa a sí misma observar". "Escritura dolorosa y esforzada". Como Cioran, podría haber dicho: "Mi pensamiento es amargo".
Tuvo, como casi todos los pobres poetas, una "vida doble" (Benn dixit), escindida entre "las aventuras del pensamiento" y "la anodina existencia cotidiana" con sus consiguientes "miserias privadas".
Fue un "pesimista saludable", que diría Nietzsche. Su corriente: el "patetismo del pensamiento", como Unamuno. Siguiendo a Donne, ejecutado y verdugo. Siempre, como sus compañeros de reparto, en estado de atención: en vilo. Gente que mira "oblicuamente". En su caso, haciendo constantes variaciones sobre el mismo tema, al modo de esas naturalezas muertas de Gaya o Morandi. Su ideal: la austeridad expresiva. "El despojamiento como único acceso a la claridad". A favor de la sobriedad del esquematismo. Austero por modestia. Porque, afirmaba, es necesario "escribir como un notario" (algo que hubiera suscrito otro artista invitado: Gabriel Ferrater). Neutro en el tono. De ahí que, como en Borges o Cernuda, su modelo fuera la lírica inglesa, que tan bien tradujo. La sintaxis ("quebrada") es la matriz de su poesía. Una poesía del monólogo. Del soliloquio. Y fragmentaria, otro ineludible rasgo moderno.
Dejo para el final algo que acaso debería haber dicho al principio. Me refiero al libro en sí, a su bonito aspecto exterior y a su cuidada edición, fruto de la profesionalidad de María José Hernández (alma mater de la Editora, memoria viva de ese sello público, a la que tanto debemos por su labor callada, su entrega y perseverancia) y el savoir faire tipográfico de Julián Rodríguez y Juan Luis López Luis Espada. En su cubierta, un verdoso cuadro de Ramón Gaya titulado "Jardín Borda". Sí, el de Cuernavaca, que evoca la poesía del recién mencionado Luis Cernuda.

12.3.15

Rick's Magazine (y dos)

Llega el número 2 de la revista Rick's Magazine (Gold Edition) que, por cierto, es el último. Dedicado a Jaime Gil de Biedma, con motivo del 25 aniversario de su muerte, en él colaboran Hilario Barrero, Antonio Rivero Taravillo, Álex Chico y Diego Vaya, entre otros. José M. Sánchez Moro entrevista a la sobrina del poeta, Inés García-Albi Gil de Biedma. Por lo demás, también en Rick's Magazine (blog) publican dos entrevistas interesantes. Con Fernando Aramburu y con Elías Moro.
Es una pena, sí, que la aventura termine, pero el citado Sánchez Moro ya tiene otra en el horizonte. Estará en el equipo de Revista Heterónima (de crítica y creación), un proyecto de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura que, al parecer, está a punto de iniciar su singladura. Una estupenda noticia.

11.3.15

Sin salida

Cuando vi el pasado domingo por la mañana el nombre de Manuel Moya en la pantalla de la televisión de mi madre, donde se informaba mediante un simple mensaje de texto de la concesión del Premio Andalucía de la Crítica, pensé de inmediato en este libro, Salida de emergencia, publicado en La Isla de Siltolá en 2014. Por esos azares que la lectura tiene, no di cuenta de él hasta hace unos días. Sabía que un poema de 800 versos no se lee así como así. Por otro lado, respeto mucho a Moya como para despachar algo suyo de cualquier manera. De ahí que... 
Como explica en la "Nota final", este "poema-río", "poema nube" y "poema tierra" le ha acompañado durante trece largos años, desde que fuera escrita la primera versión en la primavera de 2002. Muchas cosas han ido pasando en ese tiempo que, a la fuerza, habrán ido condicionando su definitiva versión, esta que tengo en las manos. Y así habrá sido porque se trata de un extenso monólogo en versículos donde Moya pone su vida bocabajo. O bocarriba, según se mire. No sin advertir, por cierto, que "La vida es sólo un tema de sablistas, jacinto corrompido en boca de copleros". Ya lo dijo en una vieja poética: "Tonterías las mínimas. Gilipolleces, las mínimas". Para concluir: "A veces en mil sesudas líneas no logramos decir nada y en cambio en un poema de cinco versos cabe el mundo. Quién se lo explica". Esta vez han hecho falta casi ese millar para dar fe de lo que es, ha sido y puede que sea. No cansa esta retahila envolvente, dotada de un ritmo donde prima la música, que se abre con una cita de un heterónimo del autor, Victoria C. Rangel: "un poema es una sepultura, / y, cielo, tú debes caber dentro." La memoria y la visión guían al poeta y le sirven para orientarse en este cántico, con algo de melopea, a ratos feliz ("Porque es triste ir por la vida como quien va de vuelta") y a ratos demoledor, porque el "vivir de espaldas", el "tropezar" y el "dudar", el sentir miedo y hasta espanto, no son materias excluidas. Porque, a la postre, "no hay salidas de emergencia / y uno es lo que es, y quisiera ser muy otro". "Ni una maldita salida de emergencia", leemos en el último verso del poema.
"Elegí el oficio de ser", proclama alguien que dice de sí: "yo soy, tú lo sabes, un jodido poeta sin ideas, / un poeta provincial". Y añade: "tampoco soy un poeta metafísico, aunque, como alguien dijo, la única metafísica consiste en existir". Sin embargo, a la vista de lo escrito, bendita sea esa presunta condición. Porque desde ese irónico y apartado lugar (que tanto tiene que ver con su Fuenteheridos natal, con la calle Sola, su familia -vivos y muertos-, amigos y vecinos), ha sido capaz de componer un poema como éste, dotado de la gracia de los grandes poemas que, suele ocurrir, no son concebidos desde la grandilocuencia y la ambición, sino desde la sencillez y la humildad.

Antón Castro lee "Tánger"

Antón Castro publica en su blog cinco poemas de Tánger con esta nota inicial: "[El gran poeta y dietarista Álvaro Valverde publica un nuevo poemario, 'Más allá, Tánger', un libro de evocaciones y de viajes, de memoria del padre, de retorno a la ciudad, un libro de la memoria y la imaginación, redactado con una poesía esculpida, verso a verso, palabra a palabra, en metáforas, limpidez y belleza.]" Agradecido.

10.3.15

Centrifugados

Llega a Plasencia Centrifugados. El apretado programa que ha preparado Chema Cumbreño, en la cuadratura del círculo, es muy interesante, no cabe duda. No está de más citar a Juan Ramón Santos y Julio Pérez, sin cuya complicidad no habría sido posible. Asusta un poco eso de que "Un centenar de escritores y editores participarán en el I Encuentro de Literatura Periférica". Este es un sitio tranquilo. Uno, en fin, poco dado a estos saraos literarios, moderará a las 19:45 horas del viernes una mesa redonda sobre la edición de poesía en España en la que intervendrán Joan de la Vega (La Garúa), Ferran Fernández (Luces de Gálibo), Pepo Paz (Bartleby) y Javier Sánchez Menéndez (La Isla de Siltolá).

Camino de su pueblo y del encuentro, Álex Chico hará escala en Madrid para presentar su último libro:

9.3.15

Ramos Rosa

La Otra publica en México Dispersa sed, una amplia antología de poemas del portugués António Ramos Rosa que han traducido Piedad Montero y Luis María Marina sobre una impecable selección de la hija del poeta: Maria Filipe. 
Del prólogo se ocupa Marina que, a mi modo de leer, acierta más que nunca en el enfoque y en el análisis, menos vagaroso y lírico que otras veces. Cabe elogiar también la traducción, sobria, ajustada y precisa, como manda la poética del autor de Ciclo do Cavalo, el libro memorable que tradujo Ángel Campos Pámpano para Pre-Textos en 1985, su carta de presentación en España. Aparición en escena ligada al magistral ensayo que escribió Gonzalo Hidalgo Bayal para el primer número de la revista hispanolusa Espacio/Espaço escrito, recogido después en su libro Equidistancias
Marina resalta que RR (Faro, 1924-Lisboa, 2013) es "sólo, esencial y radicalmente poeta". Prolífico, sí, pero no por eso menos imprescindible, tanto en la poesía portuguesa, en su “século de ouro”, donde ocupa un lugar central (para Eduardo Lourenço, "Donde acaba Pessoa, comienza Ramos Rosa"), como en la universal, de la que aquella forma parte. No en vano la poesía para él era "un modo privilegiado de estar en el mundo". Su biografía ("fue lo que escribió"), un "proyecto de conocimiento perpetuo". 
Contra Pessoa y el fingimiento, con su poesía vuelve algo tan peligroso como la sinceridad. Poesía sincera porque "es sentida": "Llamo insinceras a las cosas hechas con afán de epatar, y a las cosas, también, que no contienen una fundamental idea metafísica, esto es, por donde no pasa, aunque sea como un viento, una noción de gravedad y del misterio de la Vida". 
También la caracteriza lo que él mismo denominó las "metamorfosis poéticas", esto es, nos explica Marina, "la sublimación de las profundas escisiones del yo contemporáneo". Al fondo, otra vez, la heteronimia pessoana. El espinoso asunto de la identidad. Como lector, añado, pocas veces se ha encontrado uno con un "yo poético", digamos, más sustancial, creíble y verdadero (no sólo verosímil) que el que habla desde estos versos. 
Su "camino de palabras" transitó sobre la verdad. Sin perder de vista su rica tradición y la del "mejor Modernismo europeo". 
Su poesía es "desnudez, densidad y existencia". De palabras luminosas, libres y sencillas con una gran carga existencial, que se interrogan sobre la realidad. Lo demuestran, y de qué singular manera, los poemas escogidos -y qué bien, insisto-; poemas que se alargan en un tiempo que va desde 1958 hasta 2012. (RR fue un poeta prolijo, como Júdice, y la comparación no es casual.) Entre ellos, cómo no destacar el primero de la muestra ("En algún lugar un hombre / discretamente muere"), "Poema de un oficinista cansado", "Sílabas", "Un camino de palabras", "Estoy vivo y escribo sol" ("caigo en la claridad sencilla"), "El papel, la mesa, el sol, la pluma..." ("Escribo para no vivir sin espacio"), "Aquí te merezco" (una maravilla dedicada a su hija), "En el silencio de la tierra", "El momento de", La palabra transfigurada" (una poética), "Las palabras" (una obsesión), "Celebración de la tierra", "Mediadora del viento" (la infancia, el Algarve), "Te escribo con fuego y agua", "El jardín" (palabra clave, como árbol o piedra), "La fiesta del silencio" ("Escucho en la palabra la fiesta del silencio"), "Un astro", así como los fragmentos elegidos de sus libros Pátria SoberanaDeambulações OblíquasO deus da incerta ignorância y Os Volúveis Diademas. El volumen se cierra tan bien como empezó, con dos brevísimos poemas memorables de En torno do Imponderável
Si alguien no ha leído aún a Ramos Rosa, aquí tiene la oportunidad perfecta. Uno ha recuperado con en estos versos un fervor por su poesía que creía perdido. Algo difícil, sí, cuando se la conoce.

Fotografía de Nuno Ferreira Santos (Público) que aparece en la contracubierta.

8.3.15

Porter dixit

Untitled (hand) (1973)
"Yo quiero que todo sea claro. Por eso me gusta Borges, porque explica con claridad temas complejos. Cuando una cosa es complicada es porque el artista no lo tiene claro" le comenta la argentina Liliana Porter a Vicente Jiménez en una entrevista publicada en Babelia, de El País.

La Editora en la Asamblea

Gloria Vilches
Cuando publiqué la última entrega sobre la Editora, confieso que desconocía que su directora hubiera comparecido en la Asamblea de Extremadura para responder a una pregunta parlamentaria de los socialistas acerca de la situación de la editorial pública extremeña. He aquí, pues, la mencionada comparecencia, que se sustanció en la Comisión de Educación y Cultura, VIII Legislatura de 29 de enero. El delirio, diría, empieza a partir del minuto 24:30. No comment.

7.3.15

Tic-tac: Trapiello dixit

Jean Noel de Soye
«Ha empezado a circular la idea de que no hay partidos de izquierda o de derecha, sino ricos y pobres. Defienden esa idea con una voracidad de poder casi carnívora un puñado de jóvenes wagnerianos, más niños de papá, diríamos, que pobres. ¿Creen lo que dicen? Quién lo sabe. Parecen permanentemente fruncidos, solemnes, sin sosiego, y eso es natural: se ve que ellos mismos se toman muy en serio. De momento han elegido una metáfora para su Movimiento Nacional, “tic-tac”, confirmación de que el mundo está dividido para ellos, sobre todo, en jóvenes y viejos. Los tiempos en que se esgrimió la Juventud como un valor político absoluto propiciaron periodos siniestros, temibles. En el salón de baile vuelve de nuevo a oírse el bolero, viejo como el mundo: “Quítate tú para ponerme yo”». Andrés Trapiello. En su blog y en La Vanguardia.

6.3.15

A discreción

Bartleby & Company
Ya comenté que, en su errático camino, la Editora Regional de Extremadura estaba coeditando libros con sellos de ámbito nacional y regional sin saber en función de qué criterios, pues no se realizaba mediante concurso público o cualquier otro medio de entre los habituales en este tipo de actuaciones institucionales. A través de una orden, pongo por caso. Como antes. Por ejemplo, las Ayudas a la Edición, DOE mediante. Con luz y taquígrafos. Para garantizar, ante todo, la democrática igualdad de oportunidades y, de paso, no intervenir en función del gusto personal, el interés político o el vulgar amiguismo. Con independencia, ya se dijo, de la calidad de los libros que se vienen acogiendo a estas ayudas discrecionales. Ese es otro asunto.
Así, en la página de créditos de una obra recientemente publicada por Visor, el lector se encuentra con esta leyenda: "Este libro forma parte del Plan de Fomento a la Lectura de la Editora Regional de Extremadura". Una novedad, según creo. Pero, más allá de lo de "a la Lectura" y no "de la Lectura", ¿eso qué es? ¿Qué han tenido que hacer autor y editor para "formar parte" de ese Plan subsumido por la Editora? Se ve, sí, que la arbitrariedad es norma. El hago lo que me da la gana porque aquí mando yo y nadie me va a pedir explicaciones. Libros, ay, minucias. Si todavía fueran monaguescos conciertos multitudinarios...
Ah, por si algún malpensado coligiera que me doy por aludido, añado: estoy muy contento de poder publicar mis libros sin ayudas públicas, gracias a la iniciativa privada, esa que tanto defiende la derecha. Sin logotipos ajenos a los de la casa editora. Aunque defiendo lo público y las becas y ayudas a escritores y editores, de ese modo ha venido siendo desde hace más de veinte años, cuando dejé de presentarme a premios sostenidos por el erario. Eso sí, en estos tiempos de escasez, no creo que ninguna editorial le hiciera ascos a que el Gobierno de Extremadura le comprara unos cientos de ejemplares de cualquiera de sus títulos. No digamos de poesía. En esto, en fin, no se ha renegado de la dichosa herencia recibida. Torciendo aún más esa nefasta, antidemocrática práctica.

5.3.15

Aforismos de Aramburu

Ya sabemos de la afición de Aramburu por los aforismos. La última entrega de "Pequeña magnitud" se publicó en Babelia el último día de febrero. No tiene desperdicio. Entre otras joyitas: 

"Es el inconveniente de ser libre, que está uno todo el santo día condenado a tomar decisiones."
*****
"Juzgo improbable que los peces sean capaces de concebir un dios seco."
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"Déjate de deporte, verduritas y mandangas. De la vejez sólo te librará una muerte prematura."
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"No tengo nada en contra de que me dirijan críticas negativas. Pues eso faltaba, privar a la gente de su legítimo derecho a equivocarse."
*****
"Quien mucho se queja, en mucho se tiene."
*****
"Me fui a vivir lejos de casa para no tener que viajar."

4.3.15

Poemas de Raine

© Juliet Van Otteren
Adolfo Gómez Tomé, traductor de Kathleen Raine, del primer tomo de su autobiografía (junto a Natalia Carbajosa), así como de la antología Poesía y Naturaleza, presenta en la sección La Nube Habitada, de la revista FronteraD un puñado de poemas de la poeta inglesa. Incluye una informada e intensa introducción que nos acerca una vez más a la poesía de una autora rara y visionaria sobre la que sigue pesando en España un espeso e incomprensible silencio. Por cierto, merecen destacarse las ilustraciones, de Anxo Pastor.

Pinsky en Madrid

 














Mañana jueves, a las 19.30 h., el poeta Robert Pinsky, una de las grandes figuras de la poesía norteamericana actual, leerá poemas en la Residencia de Estudiantes (Calle del Pinar, 21) con motivo de la presentación de su libro Ginza Samba. Poemas escogidos (Vaso Roto Ediciones).
Le acompañará su traductor en España, el poeta Andrés Catalán.


3.3.15

Cuatro libros

El canario José María Millares Sall (1921-2009) fue (o es) uno de tantos poetas secretos que son redescubiertos, antes o después de morir. Fue la publicación de Liverpool en Calambur y en 2008 (la primera edición era de 1949) lo que puso a Millares Sal en la mapa de la poesía española contemporánea. Más tarde apareció Cuadernos 2000-2009 y le dieron el Premio Nacional. Después, murió. Ahora, Calambur también, publica No-HaikuLa selección y el minucioso prólogo corren a cargo de Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán. Para muestra, algún botón: Solo. Estar solo. / La casa. En tu vacío. / Solo. En su ojo. O: No estar. Camino. / Pasos. No estar. No ser. / Mudanza. Olvido.

Puede que la poesía de Javier Lostalé (Madrid, 1942) haya quedado oscurecida por su labor como profesional del periodismo cultural en la radio pública. Tampoco ha sido un poeta de producción abundante. Al revés. Siete libros en casi cuarenta años son los que ha dado a la imprenta. Este, El pulso de las nubes, que edita Pre-Textos, parece escrito a tumba abierta, sin ambages. La soledad, el silencio, la humildad o el vértigo forman parte de un discurso intimista en el que un hombre hace recuento. La vida que pasó y la que se vive. El que fue y el que es ahora. Y todo en un tono melancólico, sí, pero sin caer en patetismos más o menos impostados. Con discreción, asumiendo el dolor, celebrando los pequeños regalos que la existencia ofrece, la palabra de Lostalé, sobre todo, consuela. Es, se ve a las claras, palabra verdadera.

Mientras escribo, escucho a un mirlo. Es temprano, y ya canta. Como el de Tapia con mirlo, el último libro de José Ángel Cilleruelo (Barcelona, 1960), poeta y traductor, al que no vamos a descubrir a estas alturas. Lo publica, en sus modélicas ediciones, PUZ (Prensas de la Universidad de Zaragoza). Poemas descriptivos, muy vitales, próximos a la existencia cotidiana (lecturas, viajes). Poemas donde prima la mirada y donde no falta un concienzudo ejercicio de memoria. Poemas, en el mejor sentido, de madurez; ajenos a vanos experimentalismos y otras piruetas a las que se entregan los poetas preocupados por cualquier cosa que no sea su propia, serena verdad.

Los posos de la sed es el tercer libro de poemas de Ricardo Hernández Bravo (Isla de La Palma, 1966), lo publica Baile del Sol y se abre con dos epígrafes de poetas argentinos: Alejandra Pizarnik y Juan Gelman. La elección no es azarosa. Una serie de poemas sin títulos divididos en distintas secciones conforman un libro donde prima el lenguaje. A partir de neologismos, juegos de palabras, aliteraciones, un vocabulario que recoge términos autóctonos canarios y, entre otros recursos literarios, un uso curioso de las formas verbales. Todo se conjura en torno a lo barroco, sin que eso quiera decir que la contención y la sequedad, nunca mejor dicho, marquen el tono: "Espeso beberaje, guarapo del vivir. / En seco el trago; rasa, la sed hasta las madres". leemos.
Un símbolo, sí: la sed. Y la pasión por la palabra que la engendra. Intensidad de lo mínimo. Poemas breves o brevísimos. Mayor expresividad con el menor número de términos posibles. "Simplicidad, alegre arrulladero". Elipsis y silencios que uno tiene a la fuerza que relacionar con una tradición muy marcada de la poesía contemporánea de esas islas y que enlaza, a su vez, con corrientes ultramarinas ya insinuadas. A los nombres de arriba hay que añadir los de Vallejo y Cadenas, a los que Hernández Bravo convoca. A veces, toques de orientalidad: "En el furor interactivo / agua mermada". "Lugar de la palabra", sí, esta sugerente poesía.