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10.8.19

Cataño

Me ha sobrecogido la muerte por sorpresa del poeta canario José Carlos Cataño. Sólo lo conocía por carta. Por las antiguas de papel, sobre y sello y por los actuales mensajes electrónicos. Cruzamos varios el pasado mes de mayo. Por el envío de su nuevo libro, que me mandó de su parte Pre-Textos, y por la actualización de su blog. Cambiaba con frecuencia de dirección y me solía pedir, con suma educación, que modificara la misma en el enlace del suyo que mantenía en el mío, donde más de una vez se habló de él. El 1 de mayo escribió: "Querido Álvaro, Pre-Textos edita mi Obra reunida (1975-2007), mi carta de identidad poética, y me gustaría hacerte llegar un ejemplar. ¿Podrías darme tus señas? 
Por otra parte, he vuelto a cambiar de sitio mi cuaderno de notas. Ahora se encuentra en https://josecarloscatano.com/blog/ por si pudieras incluirlo o modificarlo en tu lista de blogs.
Y siempre alegrándome de tus nuevos libros en Tusquets.
Un abrazo". 
Y en uno de los últimos, de mayo también: "Cuando quise enviarte el libro lo hacía de poeta a poeta. Quiero decir, que te lo enviaba como poeta tú. Pero ahora caigo en que también eres crítico el El Cultural de El Mundo. Y no lo hacía con ese propósito. Antes que nada, para tu posible deleite". Así era. 
La primera impresión al ver su poesía reunida fue gratísima. La cubierta es preciosa. Ni tiempo me ha dado a leer el libro al completo. Es verdad que lo frecuenté desde muy joven. Al poeta y al diarista.
El crítico canario Jorge Rodríguez Padrón, con quien mantuve una intensa relación epistolar en los años ochenta y noventa, lo defendió siempre. Como a tantos otros paisanos de esa rica y variada tradición poética insular. 
De su compleja forma de ser me llegaban noticias, aunque conmigo siempre tuvo un trato exquisito. Lo que importan al fin y al cabo son sus libros y este es un buen momento para los balances. Por desgracia. 

4.1.15

Los diarios de Cataño

La próxima vez, de José Carlos Cataño (La Laguna, 1954), reúne los diarios del escritor canario desde 2004 hasta 2007. Esta entrega sucede a Los que cruzan el mar (Pre-Textos), título horaciano donde agrupó sus anotaciones (aunque un diario es más que un conjunto de notas, como él mismo precisa) entre 1974 y 2004, y se anticipa a dos nuevas, que publicará, como ésta, Renacimiento en la Serie Minor de Biblioteca de la Memoria: La vida figurada (2000-2009) y El porvenir del horizonte (20010-2013).
He leído, con creciente interés, estas páginas que nos da pistas sobre la vida y el pensamiento de uno de los poetas más secretos de nuestro panorama. Reside en Barcelona, como extranjero y sin patria (a esta circunstancia, fruto de una elección personal, dedica no pocas líneas), desde 1977, pero, como podemos comprobar, sus viajes a las Islas en estos años son constantes. Y allí, las personas (amigos y no pocos poetas, como Manuel González Sosa o los hermanos Padorno) y el paisaje, marítimo por naturaleza. Como buena parte de los diaristas, es bloguero; ahora, aquí.
Por lo demás, encontramos las reflexiones de un hombre que vislumbramos triste y melancólico ("Soy un misántropo aficionado"), huidizo y solitario, judío por más señas, cosmopolita, que envejece (¿no es ése el tema de la poesía?, se pregunta), ajeno, en tanto que escritor, al mundo literario (que detesta y donde, según él, los más le detestan y parecen empeñados en borrarle del mapa y silenciarle), que va por libre (a costa de lo dicho), marcado por la temprana muerte de su madre, especialista en las relaciones entre la literatura y el psicoanálisis, bibliófilo sin remedio (aunque los libros "te atan a las casas"), por eso habitual de los Encantes, huésped de numerosos hoteles, viajero a Suecia (en verano), Guatemala y El Salvador (y a Murcia y a Madrid), además de a Canarias, ya se dijo, paseante y contemplativo, "playista" al que le gusta perderse por calas y playas, ya sean catalanas o de sus natales Islas, ácido en sus comentarios sobre sí y los otros, contradictorio y desengañado, pero feliz en algunos momentos (por ciertas lecturas, algunas conversaciones, las tardes en casa, las cenas con amigas y amigos...), padre de su hija V., de la que se siente orgulloso, marido o compañero (no sé) de C. (lo que no le impide apreciar la belleza de otras mujeres), ajeno a los nacionalismos, pero de Barcelona ("Te dices, esta es tu ciudad"), lector de autores poco frecuentados, de los que, como él, se orillan y transitan por los márgenes, de los que se apartan, alguien, en fin, que conoce bien la poesía y que sobre ella escribe ideas llenas de sentido.
"Uno escribe porque no hay otro remedio; si no, calla", dice al principio, y se ve que es verdad. "Nada pidas. Nada esperes", podría ser su lema. "Asómbrate en lo idéntico", podría ser otro. El posible lector de estos diarios, que son mucho más de lo que señalo, no debería perderse la entrada del día 16 de mayo de 2007 (pág. 142 y ss.), paradigma de su forma de proceder y texto iluminador donde los haya: "Escribimos: vivimos". 

2.7.08

Cataño

El poeta canario José Carlos Cataño (que vive habitualmente en Barcelona desde 1977, con estancias esporádicas en Marruecos, Israel y Martinica, según nos cuenta) también tiene blog. Somos seres vulgares, si se me permite la ironía. Él lo llama "diario virtual" y de vulgar, como todo lo suyo, nada de nada. Uno lo descubre ahora. Conociendo al autor de El cónsul del mar del Norte, seguro que promete. Ah, su página web bien merece otro viaje.

9.9.19

Verano del 19 (II)

He formado con los libros de poesía que he venido leyendo una pequeña pila al borde de la mesa donde escribo. En ella está, por ejemplo, Escaramujosel último libro de haikus (o jaikus) de Jesús Munárriz (Pre-Textos), de los que hablaba el primer domingo del mes en La esfera de papel de El Mundo: "si hay algo que combine y una estos dos mundos, el de la poesía y el de la naturaleza, son los jaikus". Y más adelante concluye: "son la síntesis más lograda de la poesía". Me quedo con éste: Tigres parecen / en la siesta de agosto / las putas moscas. Y Ahora (Pre-Textos), del extremeño José Antonio Zambrano, que a uno le ha parecido un libro excelente, tal vez el mejor de los suyos, y al que precede un enjundioso prólogo del zafrense Luciano Feria (que se estrenaba hace unos meses como novelista con El lugar de la cita, publicada por RIL Editores); Mis fantasmas (Visor), de Juan Pablo Zapater, un apasionante paseo, lleno de ácida lucidez, por la identidad, el amor y la muerte; Armisticio, de Ben Clark, que vuelve a la editorial Sloper con una década de poemas que estaban hasta ahora fuera de un libro y que componen uno magnífico; La vida menguante (Trea), del aedo gijonés Pedro Luis Menéndez, que regresa a la poesía tras treinta años sin publicar y con un libro que es pura vida, para mí un extraordinario descubrimiento; En jardines de arena (Polibea. El Levitador), de Juan Gil Bengoa, un curioso y bien tramado artefacto literario donde se mezclan la poesía y la narrativa gracias a lo que les sucede a personajes románticos que huyen o viajan al Sur, hacia parajes desérticos; Solo queda una sombra (Signos. Huerga & Fierro), de José Infante, impresiona por su verdad y, tras las sombras, el dolor y la tristeza que afloran con su vuelta a la ciudad natal, calibramos, en la línea delgada que separa la vida y la muerte, la auténtica medida de un hombre; Emisarios (Pre-Textos), de Juan Manuel Macías, destaca por su tono sereno y meditativo que nos acerca a un mundo natural y solitario que alguien lee y contempla con inocente perplejidad; y Dudoso silencio, una plaquette de Mario Vega (Colección Heracles y Nosotros), perfecto aperitivo de cara a un libro por venir, La mala conciencia, reciente premio "València Nova", que publicará Hiperión.  
Nunca será bastante (poemas casi de amor), de Fermín Herrero (La Garúa), agrupa, sí, poemas amorosos escritos por el poeta soriano. Para demostrar que esa temática, pongamos, no le es extraña. Nos permite, además, conocer poemas de sus inicios (que uno, fiel lector suyo, ignoraba) e incluso inéditos. Lo importante: que podemos volver sobre una de las obras más certeras y personales del panorama poético patrio. Amor mediante.
Del chileno Jorge Teillier tenía una vaga noticia. Poemas sueltos. Menciones varias. Por eso me ha resultado tan estimulante la lectura de Poemas de la realidad secreta, una antología que ha publicado Visor en edición y prólogo de Francisco Véjar. Qué alegría descubrir como es debido a este poeta ferroviario, rural y melancólico.
Más de dos líneas merecería la poesía reunida (1999-2016) del canario Francisco León que ha publicado Ediciones Idea/Cámara clara con el título Tiempo entero (título de un libro suyo de 2002). Es, sin duda, el menos hermético y conciso de los poetas que giraron en sus comienzos en torno a Sánchez Robayna y la revista Paradiso. Su poesía, o eso creo, ha mejorado con los años y uno la ha leído con fervor y admiración, en especial algunas partes: las más meditativas y paisajísticas. Pocas poéticas con tan nítida noción de lugar: lo insular, que tiene que ver con sus islas, pero también con las griegas. La luz que iluminan estos versos, insisto, su tono (tan oriental a rachas, tan anglosajón otras), bien merecen el viaje. 
Ya sabíamos que la poesía venezolana era una de las más potentes del ámbito hispánico; y del mundo, por añadidura. Lo viene a demostrar sobradamente la magna antología Rasgos comunes (Pre-Textos), 1176 páginas de versos de poetas del siglo XX donde no faltan Cadenas, Montejo, Pantin, Sucre, Barreto, etc. (De uno de ellos, por cierto, Sánchez Peláez, ofreció aquí atrás Visor una muestra que sigue siendo un referente ineludible de esa riqueza poética a que aludimos.) La edición y el prólogo son responsabilidad de Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Gina Saraceni. El primero, cónsul de la poesía de Venezuela en España (y en la ultramarina casa valenciana), es también el editor de La segunda versión, la poesía reunida de Guillermo Sucre (autor, no se olvide, de Borges, el poeta La máscara, la transparencia, textos capitales de la bibliografía lírica hispanoamericana)
Termino. Una de las lecturas previstas para estas pasadas vacaciones era Obra poética (1975-2007), de José Carlos Cataño (con prólogo de Ana Arzoumanian). El 9 de agosto, un día después de mi cumpleaños, moría de repente el autor canario y ya no he sido capaz de volver sobre unos poemas que, si bien conocía, me apetecía mucho volver a leer. Julián, José Carlos... Arden las pérdidas. 

14.7.17

Algunas lecturas recientes

Aunque, como expliqué, de momento no está uno para darle a algunas lecturas el espacio y el tiempo que sin duda los libros que las han propiciado merecen (y sus esforzados autores, claro), me gustaría repasar algunas recientes, sin entrar, insisto, en detalles, al menos en este rincón. 
A Fernando del Val le conocía uno por las estupendas entrevistas y biocronologías que ha venido publicando en la acreditada revista Turia. Por ejemplo la que le hizo aquí atrás a Gonzalo Hidalgo Bayal, extraordinaria. Algunas de ellas, con un pertinente prólogo de Miguel Ángel del Arco sobre ese arte, se han reunido en Si te acercas más, disparo, que publica Difácil. Entre ellas, las que hizo a Félix Grande, Delibes, Colinas, Gamoneda (las dos muy extensas), Landero, Caballero Bonald, Luis Mateo Díez, Vila-Matas... En "Nota de autor y procedencia" deja caer su propia poética sobre la conversación. Las fotografías de César Toro realzan aún más el valor de este volumen. Ah, dije poética y conviene resaltar que Del Val acaba de publicar Los años aurorales, donde uno ha conocido, grata sorpresa, su exigente faceta lírica. Y ya que lo menciono, algo similar me ha ocurrido con Raúl Nieto de la Torre, experto landeriano, autor de la monografía El héroe de ficción y las ficciones del héroe en la obra narrativa de Luis Landero, amén de consumado poeta como demuestra su última entrega: Leopardo, publicada por Tigres de Papel. 
De Hilario Barrero habíamos leído ya algunos libros. Este es muy especial. Se trata de una antología, Educación nocturna (Renacimiento), con edición y prólogo de José Luis García Martín, en la que el toledano afincado en Nueva York despliega sus saberes líricos, apegados como pocos a su propia experiencia vital Su intimismo, cercano a la serena confesión, me ha conmovido, más aún por las especiales circunstancias familiares en las que he leído unos poemas que dan la verdadera medida de un hombre. Y de un poeta, of course.
Ya conocía uno a Abraham Gragera -su poesía, sus traducciones, su faceta como codirector de la revista Años diez, su labor crítica-, pero nunca había disfrutado tanto de su obra como le he hecho con O Futuro. Sobre todo, por culpa de mi corazón extremeño, de la primera parte del libro: "Amor propio". Pero no sólo, que conste. Uno de los mejores del año, según creo.
Aunque, en lo que a autores españoles respecta (salvo los que consiguen premios o son ya muy conocidos), Visor le sorprende a uno cada vez menos, destaco dos libros de la veterana colección negra que me han gustado (por su potencia): Ruta Dos, de Daniel Calabrese, un argentino en Chile, y el primero de Carolyn Forché (que contaba entonces con veinticuatro años y estaba en Yale), Juntemos las tribus. También en Visor, en traducción del catalán de Francisco Díaz de Castro (del que tengo por leer su poesía reunida, recién publicada por Renacimiento), otro libro singular: Banderes dins la mar/Banderas en el mar, del mallorquín Josep Lluís Aguiló. Si me agradó su poesía reunida, Monstruos y otros, no menos me ha gustado éste, en especial los poemas donde describe la forma de ser y de estar de los isleños y reflexiona sobre la vida en esas maravillosas islas mediterráneas. 
El aforismo sigue en racha y de ello da fe Verdad y media. Antología de aforismos españoles del siglo XXI (2001-2016), con selección y prólogo del poeta León Molina, publicado por La Isla de Siltolá en su colección Aforismos. A su vez, Javier Sánchez Menéndez, director de esa editorial sevillana, da a la imprenta en Trea La alegría de lo imperfecto un libro, qué casualidad, de aforismos. Tan radicales como su autor. En el mejor sentido del término, matizo.
De "fragmentos" prefiere hablar Lorenzo Oliván, que reúne en Dejar la piel (Pre-Textos-Fundación Gerardo Diego) sus pensamientos y visiones entre 1986 y 2016. Treinta años ojo avizor.
La umbría y la solana es el precioso nombre de una nueva editorial que imprime libros no menos bonitos. Los paseos del soñador solitario, de Almeida Faria, pongo por caso, en traducción de Antonio Sáez (asesor de esta nueva empresa libresca), o Sermón de San Antonio a los peces, todo un clásico de la literatura portuguesa (a la que miman), en versión de otro extremeño rayano, Luis María Marina. ¡Suerte en la nueva aventura!
Del Ángel Petisme habíamos leído hace poco El dinero es un perro que no pide caricias (Gobierno de Aragón, 2016) y ahora El faro de Dakar (Renacimiento), que es un libro logrado y emocionante; una pertinente y honda mirada sobre África basada en hechos reales. 
José Carlos Cataño publica en Renacimiento La vida figurada, una nueva entrega de sus diarios, de los años 2008 y 2009. Partidario de este tipo de empeños, como de los libros de entrevistas, he disfrutado leyéndolo. No hace falta recordar que el canario es uno de nuestros diaristas más conspicuos. 
Por seguir con el memorialismo, quiero mencionar Como aire africano. Diarios 2004-2010, del periodista almendralejense Liborio Barrera, que ya figura en el catálogo de la Editora Regional de Extremadura. Por suerte, la Editora va cogiendo la velocidad de crucero que algunos llevábamos tiempo esperando. De lo más reciente, cabe señalar Sentada frente al precipicio, espléndida antología de poemas de la portuguesa Fátima Maldonado (con versión y prólogo de José Ángel Cilleruelo), que resucita la línea Letras Portuguesas, y Piedra de toque. 15 poetas emergentes de Extremadura, antología preparada por el poeta Daniel Casado en la que se incluyen versos de los extremeños (nacidos entre 1980 y 1991) Álex Chico, Urbano Pérez Sánchez, Fernando de las Heras, Ángela Sayago Martínez, Úrsula Rodríguez, David Yáñez, Fernando Pérez Fernández, Julián Portillo, Francisco Fuentes, Víctor Martín Iglesias, Víctor Peña Dacosta, Ángela Cayero, Francisco José Najarro Lanchazo, Antonio Rivero Machina y Patricia Amigo.
Me desagrada, sí, lo de "emergentes" (Chico y otros emergieron hace tiempo), pero el libro es un acierto. Siquiera sea para demostrar que hay banquillo, digamos, en la poesía escrita por extremeños, casi todos de la diáspora. Que esa pequeña literatura inserta en la española contemporánea sigue viva, y cuánto. Por lo demás, el trabajo de Casado, su panorama, es solvente, en lo relativo a la selección (cosa siempre difícil), el prólogo (documentado) y las notas sobre cada autor con la que se abren los respectivos poemas. No faltará, eso sí, quien proteste porque sólo figuren cuatro mujeres en un grupo de quince.
Y para terminar, abundando en lo autóctono, me parece digno de reseñar el libro Periferias: Letras del Oeste. Ensayos sobre literatura extremeña del S. XX, del callado estudioso Manuel Simón Viola Morato (Departamento Editorial de la Diputación de Badajoz. Colección Filología-Rodríguez Moñino), con prólogo de José Luis Bernal Salgado. Poesía, narrativa, teatro... De Reyes Huertas, Manuel Monterrey, Felipe Trigo, López Prudencio, Francisco Valdés, Félix Urabayen, Manuel Pacheco, Castelo, Hidalgo Bayal, Landero... Un acierto. 

Nota: La ilustración, titulada "Book damaged by water", es obra de Abelardo Morell.

5.7.13

Piedra y Cielo, 3

Excelente este número 3 de la revista canaria Piedra y Cielo. Distintos trabajos de Jordi Doce, Ada Salas, Lázaro Santana, Alejandro Krawietz, José Carlos Cataño, Francisco León, Melchor López, Luis Muñoz, Goretti Ramírez, Andrés Sánchez Robayna y Vicente Valero avalan lo que digo.
El núcleo de esta nueva entrega lo constituye el Dossier Pranyko, dedicado al artista bosnio de carácter nómada.
Añadiría que esa lista, salvo excepciones, a las que habría que sumar los nombres de algunos colaboradores no mencionados, me ha recordado lo mejor de aventura poética canaria de entresiglos. A sus revistas de otrora (SyntaxisParadiso, por ejemplo) y a su singular, común poética, de la que no sólo los nacidos en las islas participan; tan denostada, injustamente, a veces. De ahí han surgido libros, escritos por autores de distintas promociones, que permanecerán en la historia de la poesía española, no me cabe duda.
A esa tradición, diríamos, viene a sumarse este riguroso proyecto. 

12.6.11

Islas

Leo en una isla -la cafetería de un centro comercial salmantino- Cuaderno de las islas, de Andrés Sánchez Robayna (Lumen) y al hacerlo me acuerdo de amigos isleños, como Carlos Medrano y José Carlos Llop (los dos en Mallorca) o como Paco León (en Tenerife). También de otros que dejaron su isla, pero siempre están allí, como el cubano Orlando González Esteva o el canario José Carlos Cataño. Todos poetas. Sí, porque uno podría decir que la poesía es una isla. Una isla "íntima" (Borges) e "interior" (como las de los ríos y los lagos, tal La Isla placentina que uno rodea cada día).
Robayna lleva años asediando el asunto de las islas y de ahí este archipiélago de aforismos, reflexiones, citas y comentarios que forman la primera parte de su libro y ese otro compuesto por poemas sobre islas (una antología amplia pero selecta) que sustancia la segunda. De Cernuda, Juan Ramón, Quesada, Lezama, Elytis, Quasimodo, Andrade, Paz, Walcott, Zagajewski y algunos más.
Porque una isla también puede estar rodeada de tierra por todas partes, podría decir con el mallorquín Rosselló-Pòrcel: "Toda mi vida está ligada a ti / lo mismo que en la noche las llamas a lo oscuro".

3.4.11

¡Llega Turia!

Sí, llega el número doble, 97-98, de la revista Turia y viene, como siempre, cargado de contenido y con mucha sustancia. En esta ocasión, por destacar lo que me ha parecido más interesante, Tabucchi recorre la literatura del siglo XX a través del desasosiego; José Muñoz Millanes traza un memorable retrato de la institucionista Carmen de Zulueta (iré, en cuanto pueda, a sus libros de memorias); A. P. Lasheras recuerda al Labordeta de papel; César Antonio Molina pasea por Tebas y J. C. Cataño por Gorizia y Trieste; J. J. Ordovás lanza sus cáusticos aforismos que le dejan a uno tocado para rato; Germán Cano evoca a Cioran en su centenario; Iwasaki coordina un Cartapacio dedicado a Vargas Llosa que parece otra novela (u otro ensayo) del último Nobel; Rodney Smith (cuyas fotografías ilustran el número) y Mauricio Wiesenthal (su cosmopolitismo abruma) son entrevistados; Raúl Carlos Maícas, director de Turia, nos ofrece otra entrega de sus diarios y, además, numerosas reseñas dan cuenta de un montón de libros. Dejo para el final la sección de poesía. Muy bien acompañado (con amigos y conocidos:  J. Talens, el mexicano Pedro Serrano, J. L. Rey, L. Muñoz, A. R. Taravillo, J. M. Rodríguez...), publica uno allí, según sana costumbre, su poema turolense anual. Con permiso de Maícas, lo copio aquí debajo.

SAN MARTÍN

Aquellas escaleras
que venían de otras
-las del Resbaladero-,
te subían a un sitio
del que entonces sabías
sólo una parte ínfima
de su valor futuro.
Al entrar en la casa,
un cuarto, a la derecha,
encerraba en penumbra
la estancia de los libros.
El niño que tú eras
sin duda exageraba las medidas,
las justas, verdaderas proporciones
de aquella habitación.
Y el contenido.
Pero aquella visión
no ha dejado de ser
la ideal para alguien
que fundó en la lectura,
digamos no sin énfasis,
su proyecto de vida.
Al fondo del pasillo,
una luz anunciaba
en forma de promesa
una amplia galería
que daba a la terraza.
Allí, tendida al sol, esa azotea
que hizo las delicias de tu infancia.
Allí, la cal, las losas, las macetas
y una pila con agua y ropa blanca
que a veces visitaban las avispas.
Allí, no se te olvida, aquella vista
de torres y tejados y murallas
que daban a ese río que no cesa.
Los libros, la azotea, dos imágenes
que los años no borran; dos emblemas
del pasado, el futuro y el presente,
pues que a ellos se aferra una existencia
tan común y distinta como todas.

24.8.07

Paseos con Walser

De entre las lecturas del verano (la prolífica y a ratos empachosa biografía de Borges, las intereseantes conversaciones de Philip Roth con un puñado de escritores judíos, la poesía en español -por fin- de Anne Michaels, los delirantes diarios de Cataño, La educación del estoico del Barón de Teive/Fernando Pessoa...), me quedo con un libro que compré hace mucho pero que, vete tú a saber porqué, estaba perdido en un rincón de las estanterías. Me refiero a Paseos con Robert Walser de Carl Seeling (Siruela). No hace falta decir que me ha gustado mucho. No descubro nada nuevo: es un libro de culto, en el mejor sentido del término. Me acordé de él cuando intentaba leer, por segunda vez, Doctor Pasavento, de Vila Matas. El Walser de don Enrique se me volvió a caer (y mira que de este hombre he leído, y con gusto, casi todo) pero el de Seeling me ha llenado de contento. Qué delicia de paseos. La Suiza rural de la lluvia y la nieve (que uno entrevió en los alrededores de Lucerna) contrastaba con la moderada frescura del poniente y con la visión del mar y con las caminatas por la playa. Lo dicho, una lectura más que recomendable.

27.7.05

Islas

"De tanto llevar uno la isla dentro siente la necesidad de expulsarse de ella. Se dirá que esto ocurre con todo punto natal. Y es cierto. Pero conviene ir por partes. La Isla, con la mayúscula de la soledad, es la parte esenciada, el hombre en potencia que por salir del caos ingresa en el tiempo. La parte que invita, con precisión mitológica y poética, a realizar el desplazamiento de la isla a la Isla, el péndulo cartográfico y espiritual entre el lugar de nacimiento y el lugar ante el mundo, como lo reflejan, con diferentes resultados, los Ulises de Kavafis y Joyce. Isla, por último y por principio, que es el tiempo transformado en templo".
José Carlos Cataño, Cultura/s. Monográfico Las islas como destino. La Vanguardia, 27 de julio de 2005.