28.2.13

De concentración

Bajó uno a la plaza solo, con frío, y fue gratificante encontrar a un puñado de placentinos agrupados en torno a la defensa de los trabajadores del diario HOY en la ciudad, ahora que la delegación está a punto de echar el cierre. Los que cité el otro día y los dos fotógrafos: David Palma y Andy Solé, a los que se me olvidó -y lo siento- mencionar.
Digo "un puñado" porque éramos pocos, la verdad. Además de los de siempre -esos que están en todo, sea lo que sea-, algunos de quienes conciben como injusta la pérdida de ese bastión periódístico y democrático. Que nadie espere, al menos por ahora, encontrar información al respecto. Ayer mañana, en la SER, por ejemplo, se refirieron a la defensa de un medio informativo, sin atreverse a nombrar al periódico. No, no son estos buenos tiempos para la libertad de expresión, otra pata de la Crisis y no de las menos sustanciales. Vuelvo a lo que tiene de antidemocrático, ay, la ausencia de crítica y de opinión.
Leyeron sendas notas el representante de la Asociación de Periodistas y Antonio Sánchez-Ocaña, al que saludé al llegar. Alguien a mi lado comentaba con desagrado la presencia de políticos allí. No le parece a uno mal que defiendan a su ciudad, aunque sean del PP. Y menos que el que encabezara la manifestación, un decir, fuera el alcalde Pizarro; el de todos los placentinos, no se olvide. Al fin y al cabo pierde Plasencia. Lo que le queda a este sitio de ciudad, que es poco.También había gente de los demás partidos. Sí, bien lo sé: algunos para la foto. Va con ellos. Y comparto -sólo en parte, ya digo- el enfado del ciudadano aludido. Uno ve políticos y... Mala cosa, por más que se lo hayan ganado a pulso.
¡Qué tiempos aquellos, cuando ERE eran las siglas de la Editora Regional de Extremadura!
Y mientras,  esto o esto otro... No lo comprendo, pero me alegro.

26.2.13

El laberinto de Marset

Juan Carlos Marset (1963), profesor de estética y teoría de las artes de la Universidad de Sevilla; director de la revista de arte, música y literatura Sibila; director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) con el ministro César Antonio Molina; colaborador de María Zambrano en la edición de Notas de un método; autor de los libros de poesía Puer profeta (Premio Adonais, 1989, Rialp) y Leyenda napolitana (1999, Nuevos Textos Sagrados, Tusquets Editores) acaba de publicar, tras más de una década de silencio poético, en la colección Biblioteca Sibila – Fundación BBVA de Poesía en Español, Laberinto.
Como en las dos obras anteriores, se trata de un extenso poema único cuya acción -un decir- se sitúa en Londres. No es frecuente el poema largo en la poesía española contemporánea. Podríamos remontarnos, sí, al Octavio Paz de Piedra de sol (que teorizó, por cierto sobre el asunto) o a Muerte sin fin, del también mexicano José Gorostiza, por no mencionar al Juan Ramón Jiménez de Espacio o al Vicente Huidobro de Altazor. Ya mucho más cerca, Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda, El libro, tras la duna, de Andrés Sánchez Robayna y Han vingut uns amics, de Antoni Marí (que aguarda su versión castellana en Periférica). En nuestra generación, por poner un ejemplo reciente, ha usado esa fórmula el poeta malagueño Álvaro García, entre otros, con Canción en blanco.
Tiene sus complicaciones el poema extenso, amén de sus complejidades. No es fácil componer, verso a verso, ese amplio entramado de sonido y sentido sin caídas notables ni lapsus ni reiteraciones ni, en fin, cualquiera de los peligros que acechan a este tipo de elaborada estructura poética.
Cuesta decirlo mejor, en lo que a Laberinto respecta, que la nota editorial: "Poema extenso, cuyo centro temático y sentimental se sitúa en Londres, por el que, sin solución de continuidad, van y vienen, revolviéndose sobre sus propios pasos, recuerdos, ideas e imágenes hasta conformar un vertiginoso laberinto verbal de espejismos y ecos mediante incesantes aliteraciones, paranomasias, paradojas, rimas inesperadas, citas y alusiones textuales, con los que el lenguaje, como radical cuestionamiento de la experiencia vivida, crea y descrea de continuo lo nombrado."
La cita de Borges que abre el volumen es muy explícita: "Vi un laberinto rojo (era Londres)". No sin dejar de reconocer el matizado hermetismo del poema, el lector vislumbra una historia de amor (otra dedicatoria precisa: A Patricia) y mil y una vicisitudes vitales que trascienden a la ciudad de la niebla y nos llevan a Santander (patria infantil del poeta), a la Alemania del Rhin (país natal de Patricia), a Sevilla (donde residen desde hace años) y a Nápoles (por donde pasó el viajero Marset con motivo de la beca internacional «Federico Chabod» del Istituto Italiano per gli Studi Storici). Pero sobre todo, insisto, a Londres ("centro del centro / de la quebrada Europa"), donde este laberintico sueño con visos iniciales de pesadilla se sitúa más y mejor.
A uno la lectura de Laberinto (un título certero), salvando todas las distancias temporales y de cualquier otra índole, le ha llevado a otro poema extenso, paradigmático: The Waste Land, de T. S. Eliot; un poema, por cierto, situado también en la capital inglesa y en un mundo de entreguerras que, como éste, parecía a punto de desmoronarse (si es que el nuestro no se ha desmoronado ya).
La obertura del poema es potente, por todo lo alto. Ya en la primera página da la cara, digamos, lo que se nos viene encima. Y la primera batalla la gana el lenguaje, clave en esta obra. Más canto, por simplificar, que cuento. ¡Qué importancia tiene aquí lo sonoro! Destaca, sin duda, la musicalidad de la obra, conseguida a base de los recursos estilísticos reseñados más arriba. No en vano Marset es un consumado especialista en esa materia, lo que le ha llevado no sólo a disfrutarla a título personal sino, como se apuntó al principio, a gestionarla tanto a nivel nacional, en Madrid, como local, en Sevilla. A ratos, cabría añadir, parece concebida, incluso, para ser leída en voz alta. O, si me apuran, como libreto de música.
Aparecen muy pronto en Laberinto lecturas cruzadas. De clásicos (griegos y latinos, Mena, Manrique, san Juan de la Cruz, los poetas barrocos...) y de modernos. Esa mezcla le recuerda a uno la poesía de J. V. Foix, el que dijo: "Me excita lo nuevo y me enamora lo viejo". En el ámbito español, no dejan de cruzarse en mi lectura algunos recursos expresivos, la forma de proceder, de dos novísimos: Gimferrer y Siles (otro poeta del lenguaje), y ello sin dejar de reconocer el estilo personal e intransferible de Marset, tan suyo como le cabe a todo poeta auténtico. Sí, si algo se nota desde esos primeros versos es que estamos ante una voz distinta.
El mencionado barroquismo, los juegos de palabras, las aliteraciones, los bruscos encabalgamientos, etc. son arte y parte del poema. Sustancia y no mero formalismo: esencia. Y algo más: no sería descabellado hablar de irracionalismo o, a rachas, de escritura automática o, cuando menos, de una alta dosis de inspiración en quien ha escrito Laberinto, que alberga una tensa pulsión romántica (Wordsworth y Hölderlin aparecen expresamente citados), a pesar de que también haya en él mucho pensamiento y mucha memoria ("rememorando"), apoyada, conviene decirlo, en dos citas capitales a la hora de descubrir el verdadero sentido de la obra: "La vida pasada es parte / de la muerte advenidera, / es pasado por est'arte / lo que por venir se espera", de Juan de Mena (el del dantesco Laberinto de Fortuna), y "si juzgamos sabiamente, / daremos lo non venido / por pasado", del metafísico Jorge Manrique. Tiempo circular, eterno retorno, presente perpetuo... Se menciona al "unánime Unamuno" de "Todos los días son". Y de nuevo a Eliot, el de Four Quartets: "Mi fin es mi comienzo...". "Ahora, en el hoy de entonces", escribe Marset.
Numerosas son las referencias culturales, artísticas amén de literarias. No faltan versos, dolorosos y pertinentes en esta aciaga hora, sobre la eterna, dura realidad española, la "madrastra" de la "siempre desventurada España": Sepharad, la Sansueña cernudiana, Machado, Blanco White, Goya... También Marset es en Londres, a su modo, un desterrado.
Interminable sería este laberíntico asedio que sólo al lector le compete concluir. O iniciar. Terminaré no sin antes recalcar la concienzuda construcción de este babélico edificio de sonido y sentido destinado a durar contra viento y marea, modos y modas. Como sólo la poesía sabe hacerlo.

25.2.13

El cierre del HOY

No daba uno crédito cuando me lo comentó hace unos días Y. Las noticias, con todo, venían de fuentes seguras y bien informadas. Ya se puede confirmar que el diario regional HOY cierra su delegación en Plasencia. Al parecer, plantea un ere y manda a la calle a sus trabajadores. Antonio Sánchez-Ocaña, un periodista solvente que conoce la ciudad a la perfección, lleva muchos años en el periódico. Vuelvo a dudar que los de Vocento se desprendan de él sin más. Tampoco pongo en cuestión la injusticia que se comete con Pilar Armero y Ana B. Hernández, veteranas también en esas lides periodísticas. 
Soy incapaz de comprender el porqué de tan drástica decisión. No hay razón económica que sustente que una ciudad de más de 40.000 habitantes, la cuarta en importancia de Extremadura, la capital del Norte extremeño, se quede sin la delegación del diario más importante de la región. El que más ejemplares vende y el de mayor influencia. No sé.
Mañana martes, 26 de febrero, a las ocho de la tarde está prevista una concentración en la Plaza Mayor de Plasencia (donde tiene su sede el HOY) en contra del cierre.
La Asociación de Periodistas de Cáceres (APC) se sumará a la protesta. Espero que la encabece el mismísimo alcalde. En esta época aciaga sólo nos faltaba esta desgracia: quedarnos sin periodistas y, por tanto, sin periodismo. ¿Dónde, entonces, la democracia? Increíble, ya digo.

Paco Rico recuerda

"No comparto la sorpresa ni el escándalo de la mayor parte de la sociedad española ante los hechos que apuntan los papeles de “Bárcenas”. Desvíos de fondos, sobornos y sobre(sueldo)s opacos son cosas que doy por supuestas. En la cúpula del PP, en el Vaticano y en cualquier lugar donde entren y salgan dineros habrá siempre quienes si entienden que pueden pillar, algunos con poco riesgo acabarán haciéndolo. Caso por caso, se trata además de unas migajas, de hurtos menores. La puerta a la gran corrupción, la corrupción sistémica, una de las causas determinantes de la burbuja inmobiliaria, la abrió José María Aznar con la Ley del Suelo de 1998." Francisco Rico, "Papeles de “Bárcenas” (rudimentos de filología)", El País.

24.2.13

Intemperie

Foto Guaji













Ya avanzamos aquí la impetuosa llegada a la escena literaria española (y más) del pacense Jesús Carrasco (1972) con su ópera prima, la novela Intemperie (un título excelente que, además, se adecúa como un guante a la historia que relata). 
Uno, como tantos (gracias, Nahir), la ha leído y poco o nada puede añadir a lo que, desde los críticos más eminentes (Ricardo Senabre, José María Pozuelo Yvancos o J. Ernesto Ayala-Dip) y los más rebeldes (Ignacio Echevarría) hasta los más modestos lectores y blogueros, se ha dicho ya. Esta vez no he podido resistir la tentación y, ay, los he leído.
Puedo comentar, eso sí, que me ha gustado (me temo que otro lugar común), que la historia es tan sencilla como efectiva, que te engancha enseguida y que tiene, sí, algo (o mucho) de western. Para mí, aficionado al género, un plus.
Es admirable, sin duda, el uso que hace Carrasco del lenguaje (ese "detallismo" que destaca Senabre), más para quienes desconocemos el mundo rural donde transcurre; sin embargo, reconozco como algo forzado ese "preciosismo" que denuncia Echevarría en El Cultural o ese "excesivo formalismo" a que se ha referido Pozuelo en ABC. Y ya que lo menciono, no acabo de explicarme cómo una novela así, que basa buena parte de su fortaleza y de su sentido en la poderosa lengua que utiliza (remito de nuevo al profesor Senabre), puede ser traducida con fidelidad a tantos idiomas extranjeros, los que se hablan en países donde uno no imagina que se haya usado (no ya que se use) el prolijo, rico y preciso vocabulario ("en el que cada objeto tiene su vocablo exacto") que se corresponde con seres, utensilios, usos, giros y demás expresiones propias del agro español y, más en concreto, del extremeño. ¿Cómo llevar ciertas descripciones, pongo por caso, a otra lengua? Uno que cree en la traducción y confía en los traductores no debería dudar, pero...
Tenía razón Ayala Dip al mencionar que el texto le recordaba a dos autores de aquí: a Julián Rodríguez y al Gonzalo Hidalgo Bayal de ciertos relatos de Conversación. No veo esa relación, en lo que respecta al primero, más allá de ciertas ruralidades que, con todo, son opuestas entre ellos: por una mera cuestión de enfoque y de lenguaje: de estilo. A GHB me han sonado un par o tres de frases y, ya puestos, cierto paralelismo paisajístico con páginas de El espíritu áspero. Un común panorama, diría, metafísico. Aspereza e intemperie son, por lo demás, términos cercanos, si bien en la novela del de Higuera de Albalat prima, según creo, lo vegetal sobre lo desértico. Lo abrupto y escarpado sobre lo llano. Por lo demás, cualquier parecido con la realidad se me antoja pura coincidencia.
No me extraña, en fin, que la novela haya gustado. Me alegro, incluso, porque demuestra que un buen libro -de literatura, quiero decir- puede llegar a la categoría de best seller sin menoscabo; que a diferencia de lo que uno se temía, en España hay lectores dignos de tal nombre entre los que se limitan a leer para pasar el rato o entretenerse. No todo van a ser sombras, Dueñas y Jorge Javier.

23.2.13

Elogio de la lentitud

"Un paisaje, un acontecimiento, una experiencia vividos a toda velocidad, son distintos si se viven con lentitud: se encuentra uno con esa experiencia como si fuera la primera vez. Para conseguir esto basta con seguir los pasos del personaje de Buñuel, bajarse de la vida veloz y abrazar la vida lenta.
La lentitud. El desplazamiento a escala humana nos permite practicar la arqueología interior, hacer un viaje hacia adentro en busca de astillas y fragmentos que nos conduzcan hasta un descubrimiento crucial que termine reorientándonos la vida; un descubrimiento que difícilmente vendrá del exterior. No sé si sea exagerado decir que tanta velocidad nos impide conocernos.
La vida lenta. Hacer largas caminatas mientras se ensaya esa arqueología interior, conversar sin prisa y de manera arborescente, contar historias alrededor del fuego, observar con mucha atención, durante mucho tiempo, cómo se mueve la hoja de un árbol, o de qué forma pasa el viento sobre la hierba, porque ahí está la verdadera información, la verdadera noticia que es el misterio del mundo". Jordi Soler, "La lentitud", El País. 

22.2.13

Un lugar para nadie

Así titula Álex Chico (Plasencia, 1980) su tercer libro, que acaba de aparecer en la colección Luna de Poniente de la editorial De La Luna Libros. Se trata, ya sin ambages, de una obra de temprana madurez por más que sus dos libros anteriores La tristeza del eco (2008) y Dimensión de la frontera (2011) ya lo fueran con todas sus consecuencias, como probó su favorable recepción crítica.
La noción de lugar sigue muy presente en la poesía de Chico. De "confederación de lugares" habla la nota editorial, "de emplazamientos diversos que definen el carácter de quien se encuentra en ellos". Tres lugares reales y uno abstracto (pero no menos real) transita este libro: Provenza (y, en concreto L'Isle-sur-la-Sorgue), Ischia (la isla del golfo de Nápoles) y La Verneda (el popular barrio barcelonés), por la parte geográfica; de la otra, la escritura, sí, porque "Un lugar para nadie es, en definitiva, el lugar de la escritura cuando intenta ordenar aquellos espacios, ya ficticios, por los que trascurre una vida".
Si algo caracteriza la poesía de Chico es la claridad de planteamientos que se resuelve con la nitidez de unos versos tan lúcidos como aquéllos.
En "Sur la Sorgue", al amor de los parajes provenzales donde vivió René Char, por donde pasó Camus, se alude a las ruinas, al molino, a las casas, al río, a la luz... Elementos distintos que observa el viajero pero que al cabo identifica con los que ya conoce. Memoria y nostalgia de aquello que se perdió y ahora regresa bajo la oscura y laberíntica forma de otra mirada.
"Ischia" es la isla (otra, curiosa coincidencia). Un lugar también para la luz. Al Sur. "¿Quién puede decir lo que guarda una isla?", se pregunta el viajero. Un lugar a la búsqueda de la identidad, tan esencial en este libro. Un lugar donde acuden las referencias al mundo literario y cinematográfico, un culturalismo vivido que es también marca de esta poesía.
En "La Verneda" está la infancia del poeta. Es su barrio de niño, al que regresa algunos años después. Cita a Zagajewski: "Vienes aquí como un extraño, / pero esta es tu casa familiar". Versos muy personales en torno a las periferias, a los viajes en autobús, a los madrugones camino del colegio y, en fin, a esa soñada ciudad del centro que se anuncia más allá de la grisura de una vida cerrada y al margen.
En "W o el lugar de la escritura" se reflexiona sobre el misterioso hecho de escribir, el verdadero lugar, ese refugio donde uno, a solas, resiste. Auden, Simic... "Hay algo heroico en quien no logra vivir / más allá de una habitación cerrada".
En "Epílogo", un solo poema. Largo (como otros de este libro) y en prosa: "Sin título", una auténtica fe de vida: "en saberse extranjero en una lengua propia", "en la perversa alegría de quien se cree, ante todo, un ser triste".
Un gran paso, este libro, que, como escribe, "se apoya en el siguiente". Esperamos.

21.2.13

Un emblema

En abril del año pasado, Carlos Medrano publicó en su blog, isla de lápices, cuatro emblemas dedicados a tres amigos y a él mismo. El de uno dice así:

También el sur te llama.
En la ciudad antigua
las calles son poemas
que escribes y recorres.

"Al releer el tuyo -me escribe ahora Carlos-, me llevé la sorpresa de ver que en pocas palabras anunciaba tu libro Plasencias. Tal vez porque tus paseos los ibas convirtiendo en poemas hace tiempo". Y añade: "Suelo escribir desde la intuición conectando con el interior de las cosas". En efecto, la vida retirada, serena y contemplativa que lleva en su isla, menesteres profesionales y familiares al margen, le han debido agudizar aquel antiguo don de los poetas: el de anticipar el futuro. Ése ha sido el caso.

(Nota: la fotografía está tomada de esta página y en ella se ve, además de un tramo de muralla y del antiguo manicomio, hoy sede de la UNED y de la Escuela Oficial de Idiomas, la esquina de mi colegio; donde está mi clase, para ser más preciso.)

20.2.13

Jarreando














Me encontré con él junto a la pasarela del Molino de la Pared Bien Hecha. Iba con el perrino. Mientras le adelantaba, me comentó que estaba muy desentrenado, que apenas había salido de casa durante el invierno y que ya estaba cansado. A partir de ahora, con la llegada del buen tiempo, caminaré más, dijo. No conozco al buen hombre de nada. Vamos, sólo de vista, como a tantos que pasean por el río después de comer. Cojea ostensiblemente. Es joven aún, si bien no lo parece. Hace unos días volví a coincidir con él. En territorio urbano, al lado del instituto Gabriel y Galán. No sé si llegó a reconocerme -no lo creo-, pero apenas me atisbó -uno iba deprisa, como siempre- el tipo empezó a agitar los brazos y exclamó a grito pelado: "¡Cómo jarrea! Y repitió: ¡Cómo jarrea! No hace falta señalar mi estupefacción por sus palabras, por amable y espontáneas que fueran. Menos mal que no había nadie por allí cerca. Qué entusiasmo, chico, ni que uno fuera deportista. El jarrea (versión castúa, ya se sabe, del arrea castellano) sonaba bien, alto y claro.
Ayer volví a encontrármelo. Enfrentede la Isla. Le adelanté. Iba jadeante, con el perrino, que tiraba de él. Entre resuellos, balbució: "Estoy desentrenao. Qué cansao voy. Me está costando un güevo". "Normal", dijo uno sin mirar atrás, y seguí veloz en dirección a la pasarela de San Juan.

El arroyo Niebla

Ni que fuera profeta: aquí.

19.2.13

El caudal

El poeta Antonio Moreno, del que más de una vez se ha hablado en este lugar (remito al buscador, arriba a la izquierda), uno de los mejores poetas del panorama lírico nacional, publica una nueva obra y, como explica en el breve prólogo, más allá de prejuicios, lo hace en Internet, por medio de un blog, abierto a todos. Su única entrada, ese libro: El caudal. Nunca resultó más sencillo acercarse a su poesía limpia, clara y honda. Entren y lean. Uno ya está en ello.

18.2.13

Ya se anuncia

Foto de Vicente Fernández San Vicente












A las seis ya está el mirlo dando su concierto matutino. Lo echaba de menos. Mientras escribo esto, sigue a lo suyo. Puede uno comprobar mientras pasea que la primavera viene abriéndose paso sin contemplaciones. Cuenta Anna Ajmátova en sus memorias que en Rusia había gente que presentía la primavera... en Navidad. Aquí hay evidencias: las mimosas están en flor. Los sauces llorones verdean por la copa. He visto al lado de San Lázaro un árbol florecido. Aunque no he ido al campo, supongo que los almendros y otros frutales también están así. Por las huertas del río ya se ven algunos.
No me gusta el calor, que por estos lares dura cada vez más, aunque aprecio, cómo no, el buen tiempo. Los días han crecido y se nota mucho por las tardes, cada vez más largas. No hay más que ver, ay, la de gente que se encuentra uno en el camino. Cada vez con menos ropa encima, por cierto. Eso sí, estamos en febrerillo loco ("En febrero, dice el refrán, busca la sombra el perro") y el tiempo puede cambiar bruscamente. Sí, el invierno nos seguirá plantando su mala cara a ratos. Resiste, vaya si resiste. Fuera, llueve. 

17.2.13

Patrimonio destruido

A. S. O. informa en HOY "de la posible multa al director de las actividades arqueológicas de las obras de desdoblamiento y construcción de la variante sur de Plasencia, en el tramo desde la Ex-203 (arranque de la carreteras de la Vera y del Valle) hasta enlazar con la carretera N-630 en la rotonda de Fuentidueñas".
"En el caso de esta obra, se destruyeron dos singulares pabellones o cenadores, de principios del XX, de las huertas de los Silos (1906) y de los Morales (antiguo bar 'La Fragata', 1912) y la carretera afectó a los estribos del Puente Nuevo (1500-1512), sobre el que ejerece un negativo impacto, dada su proximidad y la solución dada a su acceso".
Aquí se habló de ello en dos ocasiones. El colectivo Vicente Paredes puede estar satisfecho de su gestión. Eso sí, los pabellones son fruto del olvido. O memoria, si acaso, de un poema:

EL PABELLÓN DEL RÍO

Pasas junto a las ruinas de una casa,
de un viejo pabellón color rojizo
que estaba en el jardín de una familia
de apellidos largos a la par que ilustres.
Llevaba allí cien años construido.
Aunque hace mucho que dejó de serlo,
le daba a aquel lugar un aire noble,
una elegancia como de otro tiempo.
De cuando en esas tardes de verano
que se hacen por la flama irrespirables
las mujeres, los niños y el servicio
abandonaban la ciudad
para bajar al río a refrescarse.
Qué fácil era entonces conversar a la sombra
de frondosos magnolios y de pérgolas lánguidas.
Qué natural la espera hasta que, con la noche,
regresaban los hombres y con ellos las risas.
Hoy te inventas su historia
contemplando el derribo
y más que de las piedras
que una máquina apila,
su memoria te llega a través de un olor:
de las ásperas hojas
de una higuera tronchada.

(De Plasencias, Mérida, De la Luna Libros, 2013) 

Curiosa invitación de Céspedes

Queridos amigos, queridos conocidos, queridos...
El día 19 de febrero haré en Madrid un acto titulado “La libertad del títere” a modo de itinerario por los suburbios de Topología de una página en blanco.
Estas cosas, ya sabes, funcionan mejor cuando hay gente escuchando, así que esto es una petición para que, consultando con tu ánimo y tu agenda, acudas.
He preparado algo a mi manera. En este enlace (dura 2 minutos y medio) http://vimeo.com/58979643 puedes ver un avance de por dónde irán las cosas.
INFORMACIÓN DEL ACTO:
Fecha: martes 19 de febrero de 2013 a las 20 h
Lugar: TEATRO FERNÁN GÓMEZ, Sala II Plaza. de Colón s/n, Madrid
Duración: 45 minutos y 57 segundos
Puntualidad: EXTREMA
Si decides venir quiero decirte unas cosas:
-No me gusta que me convoquen a presentaciones de libros que se anuncian a una hora y comienza media hora más tarde, cuando las cosas van bien. Empezaré tras los cinco minutos de cortesía sin esperar a ver si llega el autobús lleno de gente en el último momento.
-Es un teatro y, aunque no tengo respuesta exacta todavía y el acto sea gratuito, es posible que haya que recoger la entrada en la taquilla para el control del aforo. Lleva su tiempo. Hace mucho que dejé de ser optimista acerca del ímpetu en asistir a lecturas poéticas, pero quién nos dice que el viernes anterior no sacan un Decreto Ley que nos obligue.
-Esto parece una regañina pero es pura información. Es posible -insisto en que es un teatro público- que cuando comience el acto no se permita la entrada.
Y último, coda publicitaria de medio pelo al estilo de La Tienda en Casa: hace 30 años que publico y no ha llegado a 30 el número de lecturas que he hecho de mi obra en este tiempo. A ver si te vas a perder también esta.
Un abrazo de este refunfuñón sin remedio.
Alejandro Céspedes Díaz-Gutiérrez

16.2.13

Un mundo raro

Luis María Marina es autor de un par de libros de poemas, Lo que los dioses aman (El Tucán de Virginia) y Continuo mudar (Editora Regional de Extremadura), así como de una antología del poeta portugués Alberto de Lacerda, El encantamiento. Ahora, además, de un libro entre la memoria y el viaje, Limo y luz (Editorial Dos Soles), donde intenta apresar, asunto complicado, sus experiencias en Ciudad de México, capital americana donde ejerció labores diplomáticas. Nada más propio de un diplomático, se dice uno, que este tipo de libros. Su modelo, en este caso, y salvando todas las distancias, podría ser Alfonso Reyes, protagonista de un itinerario inverso, hacia Madrid, pero no menos apasionante. De pasión, precisamente, están cargadas estas páginas en las que la diplomacia, por paradójico que parezca, no es moneda corriente. Escrito con el estilo barroco que precisa lo abigarrado de su mirada mexicana, ese mundo de mundos que tiende al infinito, Marina recorre el DF por todos sus puntos cardinales y divide la obra en cinco partes tituladas Sur, Centro, Norte, Oriente y Poniente.
Deudor, al mismo tiempo, de la lectura y de la mirada, la ciudad se nos muestra a través de lo leído gracias a un cúmulo de escritores (de Cravan a Vila-Matas), sobre todo poetas (Paz, Pacheco...), y de lo visto por fotógrafos (Nacho López, Metinides...) y directores de cine (Ripstein, Buñuel), amén, claro está, y es lo que de verdad importa, de lo observado y vivido por el propio autor; en el libro, "el extranjero".
México, escribe "invita a empuñar la pluma". Eso sí, pronto "avizora la trampa de los tópicos". Se evitan, qué duda cabe, en una obra que es fruto de la experiencia más que nada.
Dos ojos, "únicamente dos ojos mortales", llevan a cabo ese viaje por el asombro que Marina relata entre el entusiasmo y la emoción, perplejo, como poeta que es, ante el espectáculo que se despliega delante, tan inabarcable como las dimensiones de esa inmensa ciudad vulnerable que flota encima de una laguna y a la que rodean volcanes, sometida a movimientos sísmicos y a otras violencias no menos temibles.
Cuenta como "testigo de vista" (que diría Bernal Díaz del Castillo o, según los últimos descubrimientos, el mismísimo Hernán Cortés) cuanto le ocurre y pasa sin perder de vista, ya se dijo, cuanto relataron o inventaron otros. Teniendo en cuenta también las vicisitudes y visiones de otros compatriotas que no hace mucho, por culpa del exilio, pasaron por allí: Cernuda, Buñuel, Alberti...
Hay sitio en Limo y luz para los lugares (Zócalo, Tlatelolco...), los museos, la pintura (cómo olvidar a los muralistas), la antropología, las azoteas, el vicio de leer y las librerías (las de viejo, donde aún se encuentra, a pesar de los Borrás y los Linares, algunos tesoros aquí inencontrable, antiguas ediciones de Cernuda, Bergamín o Gaos), la muerte ("los mexicanos sólo sabemos morir"), los jacarandás y los colibríes, el español de México ("Vocabula barbara"), la gastronomía, el clima sin estaciones (si acaso la de la lluvia), el chachareo o la mítica casa del arquitecto Luis Barragán, uno de los motivos por el que uno, barraganólogo confeso, cruzaría el charco. Y por encima de todo, y por debajo, la luz y el limo, claro.
Ya está uno deseando poder leer el libro que Luis María Marina estará escribiendo en Lisboa, su actual destino como diplomático. Otra ciudad inacabable y literaria. Pero esa será, sin duda, otra historia.

15.2.13

Cumbreño nos lee

José María Cumbreño habla de dos placentinos en la luna.

30 años de El ojo crítico

Ayer tarde tuve ocasión de escuchar en la radio, dónde mejor, la celebración del 30 aniversario del programa cultural El ojo crítico, que hicieron coincidir con la entrega de los premios que concede cada año. Entre Piedrahita y Plasencia, una hora. En medio de un paisaje sereno y dorado en el que despuntaban, cada poco, a lo lejos, los tonos blancos de la nieve; nieve que había visto todavía a pie de carretera desde Ávila hasta el Puerto de Villatoro, así como en las montañas que rodean Segovia. Y al fondo, ya digo, la palabra y la música y el arte y, en fin, todo aquello que ha hecho de ese longevo programa, 30 años son muchos, algo único en la educación sentimental e intelectual de no pocos españolitos. Ahora, además, se ha convertido en un vestigio de la mejor radio, la realizada años atrás en ese Ente por el que uno pasa de puntillas, con pena, y sólo cuando en dichoso fútbol le impide escuchar otra cadena.
Por lo del Loewe, en el 91, me entrevistó para El ojo Juan Carlos Soriano, otro clásico. Pasé por los estudios de Prado del Rey, esa vez en directo, con motivo de la salida, o eso creo, de Ensayando círculos, en 1995. El día de los atentados de Londres -el 7 de julio de 2005- estuve grabando para ellos en los desaparecidos estudios de Rne en Cáceres, enfrente del hotel Extremadura. Lo recuerdo bien por lo dificultoso del asunto, a la misma hora en que los acontecimientos se desbordaban. Lo que importa: la fidelidad a un programa que, con sus altos y bajos (el otro día, por ejemplo, no daba crédito a lo que escuchaba), se mantiene también fiel al mundo cultural en su más amplio y plural sentido, sin perder de vista la actualidad que éste depara. Aida Floch, una de las premiadas de anoche, hizo bien en abogar por esa radio "pública y necesaria". Entrando en Plasencia por esas oscuras avenidas que no lo son y entre estrechitas rotondas de juguete, ¡qué falta de grandeza!, me sumé en silencio al grito final de la gala: ¡Viva la Cultura! Ahora, sí, más que nunca.

Simón Viola lee "Plasencias"

Deja el comentario en su blog, Notas al margen. Gracias.