2.5.13

Dos artículos

El de Ramón Pérez Parejo et alii titulado " El silencio después de Paderborn (reflexiones sobre la poesía del silencio española)". Se publicó en el nº 795 de la revista Ínsula. En él, el profesor de la Universidad de Extremadura aborda con hondura, coordinando a un grupo de profesores alemanes, esa tendencia poética que, paradójicamente, tanto dio que hablar en los 80.
El de Juan Domingo Fernández, "Sobre los docentes", publicado en el diario HOY. "Mi maestro se llamaba don Manuel Belvís y le recuerdo en aquella vieja escuela de Ibahernando situada junto a la torre del reloj, con muchachos como torbellinos saliendo disparados en el recreo para jugar al clavo y a los bolindres en mitad de la calle, entonces sin pavimentar. Siempre le estaré agradecido por el esfuerzo silencioso de haberme regalado el don de la lectura".

1.5.13

Los artículos de Fernando Pérez

Me hubiera gustado asistir a la presentación del libro Artículos y ensayos, de Fernando T. Pérez González, editado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, que tuvo lugar ayer por la mañana en la Feria del Libro de Cáceres. Uno de sus presentadores, Miguel Ángel Lama, ya dio cuenta de la génesis de esta obra en su blog. Sé bien de lo que habla. Fui testigo.

HOY/ Fotografía de Marisa Núñez
Es un libro necesario, del todo pertinente, que a nuestro amigo le habría hecho mucha ilusión. La misma, o casi, que a Susi, sus hijos y el resto de su extensa familia. No digamos a sus amigos, que podremos, como cualquier lector, acercarnos de nuevo a él de la mejor manera posible: a través de sus investigaciones y pensamientos. Y de su opinión. Ya tendremos oportunidad de comentarlo. 
En la noticia del HOY se deja caer al final que la Editora Regional, que dirigió durante una esplendorosa década, entidad que iba a coeditarlo, le "retiró su apoyo". Me duele ese gesto en lo más hondo, pero no me extraña. A ese grado de miseria hemos llegado.

Cavafis

Fotografía: F. J. Carrión













Es uno de los grandes poetas de todos los tiempos. Hace 80 años que murió en Alejandría, la ciudad donde había nacido y donde apenas se le recuerda. A ella le dedica su reportaje Francisco Carrión, de El Mundo. El título, su dirección: "Sharia Sharm el Sheij, número cuatro", tan fantasmal como su nombre.
Por su parte, Roger Salas evoca al poeta y su aniversario en El País: "Capicúa entre la vida y la muerte. Nada mejor, con todo, que volver a sus poemas. Un permanente deslumbramiento... alejandrino.

30.4.13

Chico lee a Pámpano

Dicen que no hay dos sin tres. Tal vez por eso llegó ayer un tercer número, el 755, de la revista Cuadernos Hispanoamericanos donde, entre otras cosas (por ejemplo, un sugestivo ensayo de Mario Martín Gijón sobre Jacinto-Luis Guereña o una reseña de Adolfo Sotelo Vázquez sobre la nueva edición de El quadern gris de Pla), aparece un perspicaz texto de Álex Chico titulado: "La luz perpetua. Siete notas sobre Ángel Campos Pámpano". Bien.

Office hours

Ya podemos desvelar el resultado del Certamen de Poesía Joven “Premio Miguel Gutiérrez García”, que concede, como dije, el exótico Liceo Poético de Benidorm. Víctor Martín Iglesias ha ganado el primer premio con este poema, que, como primicia, mostramos aquí.  






OFFICE HOURS

                                             Para Andrés González y Carlos Yushimito

Para llegar aquí partimos: este momento
en que levanto el lápiz del papel y me detengo
pensando sin querer en estos versos,
los pasos que a esta zona me han traído.

Desconozco coordenadas y parámetros,
así que no podrá pedir ayuda
y sé que, si me pierdo,
nadie me echará nunca de menos:
no se extrañan las palabras nunca escritas,
las que quedan en el alma del grafito,
en el ser agarrotado de las teclas
que no quieren ser pulsadas por mis dedos.

Buscaron siempre otros, me doy cuenta,
y miro hacia mis manos indefensas:
esas que tanto placer me dieron
y tanto se empeñaron siempre en dar.

Las que ensucian el papel son las que quedan,
las que tejen la maroma que me tiene
esperando terco y necio en este puerto.
Las que muestran a las claras mi bandera
si decides que hoy también me quedo en tierra.

Para llegar aquí no hubo camino,
no hubo planes o estrategias. No hubo nada.
Solo está mi lapicero, con su peso,
evitando que la mesa eche a volar.

Hoy comí en el campus, saludé y me saludaron,
hablé con Carlos, Andrés subía la escalera.
Dejé en la biblioteca algunos libros.

Y a su hora como dice mi contrato di mis clases,
expliqué a los estudiantes el futuro:
qué sencillo conjugarlo y qué complejo
saber lo que nos tiene reservado.

29.4.13

CHA

Me llegan de golpe dos números de la veterana revista madrileña Cuadernos Hispanoamericanos, que ahora dirige Juan Malpartida. En el 753 hay un ilustrativo dossier sobre la literatura venezolana de hoy y, por ejemplo, un ensayo sobre el poema largo que firma Eduardo Chirinos o un artículo muy interesante de las relaciones del editor Giulio Einaudi y España, centrada en su amistad con Carlos Barral. También destaca una conversación de Carmen de Eusebio con Javier Cercas.


Del 754 destacaría una nueva entrega de Cuidados paliativos, los diarios de José Antonio Llera (que me reafirman en lo ya dicho acerca de su alcance e importancia); un diálogo de Andrés Catalán con el poeta norteamericano Robert Pinsky (sí, el que apareció en un capítulo de los Simpsons leyendo su poema "Imposible de contar"); un estudio de Guillermo Sheridan sobre la estancia del joven Octavio Paz en la ciudad mexicana de Mérida; y siete deslumbrantes poemas inéditos de Luis Alberto de Cuenca, entre lo mejor que uno ha leído -y no es poco- del autor de La caja de plata.

27.4.13

Cuaderno Ático

Es una nueva revista de poesía. No una más. La dirige Juan Manuel Macías (Cartagena, 1970), filólogo, helenista, traductor y tipógrafo. Por esto último, su calidad sobresale. Llama la atención, para bien, su cuidada tipografía. Y no sólo eso. También las colaboraciones son dignas de aplauso. Por suerte, se puede ver y leer aquí. ¡Larga travesía, amigo!

Feria del Libro de Plasencia


26.4.13

Turia

Ya está aquí el número 105-106 de la revista Turia y, como acostumbra, cargado de lecturas interesantes. Por destacar algo, ensayos sobre Tabucchi y Wiesenthal; relatos de Erri de Luca o
y Louise Erdrich; un puñado de excelentes poemas de Siles, Olvido García Valdés, Cumbreño, Olga Bernad, Juan Marqués o Fernando Sanmartín; una de esas densas erudiciones de César Anrtonio Molina (ésta vez sobre Diderot); conversaciones con Auserón y Lara Almarcegui, una de las artistas más interesantes, a mi modesto entender, del panorama...
Lo mejor, acaso, el Cartapacio dedicado al novelista zaragozano Ignacio Martínez de Pisón. Escriben sobre él, que lo merece de sobra, Pozuelo Yvancos, Fernando Valls, José-Carlos Mainer, Ayala-Dip, Vila-Matas, Jordi Gracia, David Trueba, Conget y muchos más. Estupenda la entrevista que le hace Fernando del Val y muy útil la biocronología de Pedro Moreno Pérez. Me ha encantado, por cierto, el texto del maestro Melero: "La Zaragoza de Ignacio Martínez de Pisón", tan preciso como cercano.
Hay una coincidencia general en señalar no sólo su valía como escritor, sino su condición de buena persona. No deja de extrañar (quienes le hemos tratado, siquiera alguna vez, podemos dar fe de ello) su trato cordial y la extraña naturalidad con la que se conduce por la vida (resaltada por lectores y amigos), en comparación con la actitud altiva que caracteriza a no pocos colegas.
Se suma al dossier una nueva entrega de los diarios de Maícas (Doisneau, los jóvenes, la música...), asuntos aragoneses (y, por eso, universales) y, en fin, un montón de reseñas, de las cuales uno firma dos. ¡A leer!

25.4.13

La casa de Amalia Bautista

Ya dije hace poco que Renacimiento llevaba un ritmo imparable en lo que a libros de poesía, y no sólo, se refiere. Anuncié, además, la llegada de Falsa pimienta, la última entrega de Amalia Bautista (Madrid, 1962), número 115 de la colección Calle del Aire. 
Tengo desde hace tiempo en alta estima su poesía y este libro no viene sino a confirmarme en esa fidelidad lectora. Digamos que por contraste. Me explico. Es un lugar común, o eso me parece, creer que alguien que escribe lee aquello que se parece a lo que él (o ella) hace, lo más afín literariamente hablando, lo que, a la postre, comulga con su presunta poética. No es mi caso. Dentro de un orden, aprecio incluso más aquello que me resulta extraño o diferente, entre otras razones porque uno se imagina incapaz de escribirlo. La admiración, por otra parte, es un sentimiento, por lógicos y estupendos que nos pongamos. ¿Y qué admira uno de esta poesía? Muchas cosas, la verdad. Por ejemplo, y para empezar, el elegante ritmo de sus endecasílabos blancos. Para seguir -porque éste es ante todo y por encima de todo un libro de amor-, por la capacidad de AB para escribir poemas amorosos con la debida naturalidad, sin afectación, falsa retórica ni ñoñería, algo que suele ser norma en este tipo tan afamado de versos. Tal vez por eso, uno les tiene tan poco afecto y respeto. Que los nerudianos me perdonen.
El título da una pista sobre el talante del conjunto, lleno de frescura. En más de un sentido, por cierto. No me convence, pero reconozco que le va bien, lo mismo que los tonos de la cubierta de Marie-Christine del Castillo. Una cosa y la otra proceden de uno de los poemas de libro, que lleva, claro, el mismo título.
Consta de tres partes: "Doméstica sede", "Fuera de casa" y "La pertenencia". ¿No son elocuentes?
Yo no sé si es políticamente correcto lo que voy a decir; sin embargo, me parece destacable y singular otro rasgo: esta poesía está escrita por una mujer, y se nota. Mucho, según creo. Para mí es positivo, no discriminatorio. ¿Poesía femenina? No sé si existe; no obstante, ésta lo es. Si no lean "Tríptico del espantapájaros", "Ne me quitte pas" o "Adivina adivinanza", un poema divertido en un libro en el que el humor tal vez no abunde, pero donde hay mucha alegría. Sí, ya que la menciono, conviene señalar que la vitalidad es aquí evidente, y la celebración de la vida, con amor o sin él. Hasta la amargura, que por algún resquicio se cuela, parece darse al final por vencida. Quizá porque estos poemas parecen escritos en estado de gracia, al amparo de eso que, no sin temor o cautela, denominábamos inspiración.
Hice alusión a la naturalidad, a la perfección rítmica y métrica (dos en uno), al vitalismo, a la femineidad (sin perdón), todas ellas marcas de la casa. La que ha ido construyendo Amalia Bautista, con discreción, paciencia y cuidado a lo largo de los años. A mi modo de ver, es amplia y luminosa. Está llena de ventanas. Es, en suma, habitable. Digna, como poco, de ser visitada, aunque lo mejor sería poder pasar en ella unas vacaciones o, todavía mejor, una larga temporada. Diré más. Con permiso de su dueña, cualquier lector puede entrar y salir de ella como si tuviera llave. Una suerte.

24.4.13

Una crónica

HOY / M. N.












Como decía en la intervención que publiqué ayer en este rincón, hacía muchos años que no entraba en el vetusto caserón de la Avenida Virgen de la Montaña de Cáceres levantado en tiempos de la II República, reconvertido en un flamante edificio que alberga el Instituto de Lenguas Modernas de la UEX. La última vez no fue con motivo de mis oposiciones, sino para participar en el primer curso de gestores culturales que coordinaron Carmen Heras y Chema Corrales.
La entrada, ya desde la escaleras, ha cambiado. También los jardines, aún con algunos árboles. El vestíbulo anuncia la radical transformación de esa casa. Enfrente, un ascensor de moderno diseño. A la izquierda, el paraninfo, antes biblioteca. Cerca, o eso creo, de lo que antaño fuera cafetería. La sala es bonita, forrada de madera en tonos claros. Y estaba llena, algo sorprendente si tenemos en cuenta que se presentaba un libro, que era víspera de fiesta local (y a poco de que comenzara el desfile del dragón de San Jorge) y, en consecuencia, medio puente. Ah, y lucía el sol, las terrazas estaban puestas y eran las siete de la tarde.
Tomó la palabra en primer lugar la alcaldesa de Cáceres. Siguió el citado Chema Corrales, uno de los coordinadores de la obra. Estuvo suelto, divertido y natural, como es él. Para referirse a sus compañeros de aventura, utilizó símiles zoológicos: la nutria (Soto), la golondrina dáurica (P. Parejo) y el oso pardo (Barcia). Explicó cómo habían procedido en busca de los expedientes clasificados de algunos escritores que habían estudiado en la antigua Normal de Magisterio, hoy Facultad de Formación del Profesorado.
Después de lo mío, tomó la palabra el decano, Víctor López Ramo que tras señalar que los prólogos no suelen leerse, leyó el suyo; que, por cierto, no lo parece.
Escamado tras años y años de asistencia a plomizos actos institucionales, me temí lo peor al escuchar que le llegaba el turno a la representante de la Junta (ahora Gobierno), doña Mª Ángeles Rivero Moreno, Directora General de Personal Docente de la Consejería de Educación y Cultura. Y no, leyó unas prolijas notas manuscritas, del todo personales, donde fue recordando a numerosos maestros de su familia (uno de ellos, su abuela, depurada en plena Guerra Civil y enviada al destierro, a una escuelina serrana de la provincia de Ávila), reivindicó su condición de docente y evocó, entre otras cosas, sus vinculaciones con algunos de los incluidos en el libro, bien a través de su padre, bien como persona atenta al devenir de los acontecimientos regionales o, en fin, como compañera de uno de los elegidos: Eugenio Fuentes. Ya que lo menciono, ausente, como su amigo Leal Canales.
Cerró el acto el Rector de la Universidad de Extremadura con unas palabras bien traídas, sumamente ajustadas, que sirvieron de perfecto colofón a un acto que en nada se terminó pareciendo a lo que uno, ay, preveía. Uno, añado, y otros, según confesión de algunos asistentes.
Saludé, una de las alegrías de la tarde, a Remedios, mi querida profesora de Didáctica, a Irene Sánchez Carrón (tan tímida y encantadora como siempre), a Marisa Curiel (la simpática nieta de don Marciano), a Adolfo Maíllo y a su mujer (ya que en Plasencia no nos vemos)... De lejos vi a José Luis Bernal, a quien no llegué a saludar porque se me perdió entre la multitud y porque, como siempre, salimos de allí corriendo.

Escuchando Plasencias

Luis Arroyo sigue con su programa radiofónico "La luz de las palabras", que presenta junto a Guadalupe Jiménez y que se emite los lunes dentro de "El Doblao" en NVO Radio, la emisora municipal de Navalvillar de Pela (Badajoz). Pues bien, el del pasado día 8 estuvo dedicado a Plasencias. Ya se puede escuchar aquí. Gracias.

23.4.13

Maestros de las letras

Hacía mucho que uno no entraba en este vetusto caserón que fue durante décadas sede de la antigua Escuela de Magisterio y hoy del Instituto de Lenguas Modernas. Cuesta, cómo evitarlo, no sentir nostalgia por el tiempo perdido, no evocar desvaídas jornadas juveniles con profesores y compañeros que están y que no están, encerrado entre estos muros donde algunos no sólo realizamos nuestros estudios superiores sino también las sufridas oposiciones que nos han permitido formar parte del benéfico Cuerpo de Maestros, si se me permite el feliz anacronismo.
Aunque en nombre de todos, hablo por mí a la hora de reconocer que si uno optó por esta carrera –entonces diplomatura, hoy grado- fue por vocación, la misma que llevó a mi bisabuelo Francisco Martínez Trejo a ejercerla de pueblo en pueblo, de Cerezo a Trujillo, donde abandonó definitivamente el desempeño de ese servicio público en favor de otras tareas mejor remuneradas. “Pasas más hambre…”. Un sueño cumplido que mi propio padre, aspirante a educador, no llegó a realizar.
Que ésta ha sido una tierra de maestros es tan cierto como que es una tierra pobre. A esa pobreza esencial le venía bien este trabajo gustoso, por decirlo con Juan Ramón Jiménez, modesto pero necesario; una labor a la que iban a parar no pocos extremeños a falta, es verdad, de otras posibilidades más inasequibles y lejanas. Al menos hasta que se fundó la Universidad de Extremadura, cuyo 40 aniversario celebramos, y empezó a contribuir a ese desarrollo tantas veces pospuesto, para redimir a esta región del secular atraso en el que estuvo sumida. A favor de la educación y la cultura: de la instrucción pública, como algunos preferimos decir. No han hecho poco por ello los maestros extremeños. Primero en las aulas, como es su principal obligación, y después desde lugares tan distintos como la política, la literatura o la gestión cultural.
Me parece un acierto que la contribución de la Facultad de Formación del Profesorado de la citada universidad, heredera de aquella vieja Escuela (de cuyo claustro, por cierto, forman parte, además de admirados docentes, mi hermano Jesús y mi cuñada Carmina), sea la edición de un libro. Una obra que debemos, sobre todo, a sus coordinadores, los profesores Barcia, Corrales, Pérez Parejo y Soto. Me gusta su aspecto: sobrio y bien maquetado. Como me atrae el título elegido, debidamente ambiguo: Maestros de las letras, donde “letras” aparece con minúscula, como debería aparecer, si no fuera contra las reglas ortográficas, la hermosa palabra maestro. Y ya que lo menciono, yendo al fondo de la cuestión que nos reúne aquí, para alguien que ama la lectura y los libros, ¿cabe un milagro más humilde, al tiempo que sorprendente, que el de enseñar a un niño a leer y a escribir? Sólo con eso… 

En clase, foto de Javier Juanáls
En este ciclo aciago en el que un amplio sector ideológico de nuestra sociedad parece empeñado en denostar la enseñanza pública, en un país que encuentra tolerable humillar a los profesores y maestros y en ridiculizar su preparación y conocimientos, no encuentra uno, sin menospreciar a nadie, un trabajo más digno, una ocupación más noble, ningún camino más cierto para nuestra regeneración moral y nuestra definitiva conversión en una nación plenamente democrática que el de impulsar la educación básica, igualitaria y gratuita, pues que sólo desde abajo y con medios suficientes se podrá garantizar una buena enseñanza secundaria y, llegado el caso, una formación excelente en la universidad. En suma, ninguna vía mejor para formar ciudadanos.
Por eso se siente uno tan honrado de formar parte de este selecto grupo de maestros que desde el magisterio, o no, mantuvieron o mantienen lo fundamental de su quehacer sobre la base de esos pequeños ideales, más allá incluso de las ideas personales de cada cual, deudoras de las circunstancias históricas; aquí, la Guerra Civil y la Transición, hitos que marcan las vidas, respectivamente, de los muertos y de los vivos. En todo caso, personas ejemplares, que diría Javier Gomá, con las cuales, porque esto es pequeño y nos conocemos casi todos, de una u otra manera me unen o me unieron lazos personales. Así, con Marciano Curiel (cuesta prescindir del “don”), natural de Garganta la Olla, como mi suegro, de la calle del Chorrillo, folclorista, recopilador de cuentos populares extremeños, libro que tuvo uno el privilegio de publicar en la Editora Regional gracias a sus nietas María Luisa y Pilar; Adolfo Maíllo, tan vinculado a la alta gestión política y pedagógica de la Educación española, padre del médico humanista placentino del mismo nombre, cuya opinión centrada y liberal tanto echamos de menos en la prensa extremeña; Jesús Delgado Valhondo, a quien tanto admiré y quise, uno de los poquísimos referentes “de dentro” que tuvimos los incipientes poetas de mi generación; Valeriano Gutiérrez Macías, galaniano de pro, que dejó en sus hijos Juan de la Cruz y Francisco de Borja la semilla de la inquietud cultural; José Canal, el elegante señor de la pajarita, que llevó a gala uno de los nombres más bonitos que alguien pueda atribuirse: “poeta provinciano”; el retórico Pedro de Lorenzo, por cuya calle placentina transito cada día camino del colegio, ciudad donde lo conocí siendo muy joven y de cuya vida se ocupa, con la misma lealtad de siempre, su biógrafo, Santiago Castelo, una de las perlas de este volumen; Mercedes Guardado, alma de uno de los mejores y más singulares museos de Extremadura, el que conserva la obra de su marido, el mítico artista Vostell, la única mujer de la muestra, lo que, siendo ésta la profesión de muchas mujeres, señala una anomalía: su tradicional apartamiento del mundo de las letras, una exclusión entre tantas; Eugenio Fuentes, vecino de puerta durante años, autor de novelas de éxito, dentro y fuera de España, que, para demostrar que, como género, la novela negra (a la que acaba de dedicarle un ensayo) le queda pequeño, publica estos días Si mañana muero; Leal Canales, con el que coincido en el convencimiento de que todo microcosmos –Cáceres para él, Plasencia para mí- es en realidad el mundo, que una ciudad es todas las ciudades; Serafín Portillo, paisano y amigo, poeta parco pero verdadero, ejemplo de extremeño que no se contenta con quedarse en casa escribiendo y que trabaja por el progreso de su tierra, como coordinador, por ejemplo, del Plan de Fomento de la Lectura; y Fermín Solís, precoz historietista de prestigio, autor de Buñuel en el laberinto de las tortugas, primera novela gráfica extremeña, cuya primera edición tuvimos la suerte de publicar en la mencionada Editora Regional. El círculo se cierra: de don Marciano a Fermín.
Constato, en fin, que soy el único maestro raso del grupo: todos mis colegas en activo, tras licenciarse, están en Secundaria y Solís con sus historietas. Concluyo destacando lo que, a la postre, más importa: los textos seleccionados de cada uno de nosotros. Es lo que justifica este emotivo homenaje que agradecemos. La prueba irrefutable o discutible de nuestra designación como sencillos maestros de las letras. Y ahí, una alegría, todos estamos vivos por ahora, los que se fueron y los que no. Larga vida a esta Facultad que nos convoca, a la Universidad de la que forma parte y a cuantos creemos que leer y escribir son destrezas primordiales para el ser humano y, en consecuencia, quienes nos las enseñaron, personas dignas de elogio.
Muchas gracias.

(Nota: Este texto fue leído ayer tarde en Cáceres con motivo de la presentación del libro Maestros de las letras, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Próximamente, la crónica del acto.)

22.4.13

Sentados o de pie

Sentados o de pie. 9 poetas en su sitio es el título de una antología de Antonio Piedra que publica la Fundación Guillén de Valladolid, en su colección Cortalaire, donde se reúnen poemas de "un grupo poético de afinidades coyunturales", como se le define en el prólogo. Los poetas convocados, nacidos entre 1951 y 1964, son, por orden de intervención, esto es, de edad: Luis Díaz Viana, Luis Alonso, Luis Santana, Luis Ángel Lobato, Luis del Álamo, Carlos Medrano, Eduardo Fraile, Javier Dámaso y Mario Pérez Antolín. (Sí, cinco Luises, como señala en su reseña Miguel Ángel Lama.) El ocurrente título se refiere a esta fotografía:














Aunque nacidos en nueve provincias distintas y uno de ellos, el último, en el extranjero, a todos les unen sus ancestros vallisoletanos y en esa ciudad castellana se iniciaron en la literatura. Son "herederos directos de la Transición", nos dice Piedra, no forman una generación sino un grupo (para explicar el distingo echa mano de otro paisano ilustre, Jorge Guillén, santo patrono de la Fundación que edita el libro), carecen de líder y van por libre y a su paso (con no poca obra inédita a sus espaldas). Ninguno se dedica profesionalmente a la escritura, viven ajenos al mundillo literario, sus referentes poéticos son múltiples (por más que puedan distinguirse ecos de, pongamos, Claudio Rodríguez o Francisco Pino, al que algunos trataron) y, en fin, podrían acogerse, a modo de lema general, a unas palabras de Juan Ramón: "Quisiera que me dejaran ser lo que soy".
Confieso que, salvo a dos, no conocía bien (otra cosa es "de oídas") a ninguno de los seleccionados. Ni de los que están sentados ni de los que permanecen de pie. De uno de esos dos, Mario Pérez Antolín, ni siquiera conozco sus libros, si bien hemos cruzado alguna que otra misiva. A quien sí conozco es a Carlos Medrano. Puede servir de paradigma a lo que esta antología de poetas, digamos, anómalos significa. Nació en Salamanca en 1961, vivió en Extremadura hasta 1979 y en nuestra universidad pasó el curso 1982-83, en la Facultad de Filosofía y Letras. Se marchó, pero volvió al cabo de los años como profesor de instituto, al de Jaraíz de la Vera. Aquí ha publicado el grueso de su obra: las tres primeras entregas de las cuatro de que consta su producción: Corro (1987), A lo breve (1989)  Las horas próximas (1990) e Imágenes, encuentros (1996).
En la antología se anuncia como inédito El asedio del agua, un libro del que forman parte poemas que ha venido publicando en su blog, isla de lápices, donde también rescata versos escritos hace tiempo, inéditos o no. 
Uno, como lector y amigo, le anima a que vuelva a la vida impresa. Por lo leído, justificadamente. Mientras, podemos contentarnos, no es poco, con los poemas incluidos en esta interesante antología. No sólo una más.

21.4.13

Críticas

© Leszek Paradowski
No acaba uno de acostumbrase a esto de la crítica. Quiero decir que me sigue sorprendiendo leer, pongo por caso, la reseña favorable de un libro que a los pocos días otro crítico desaconseja con idéntico fervor. Es verdad que los muchos años le recomiendan a uno, además de la consiguiente relativización de las cosas (no digamos en lo referente a las opiniones literarias), tener en cuenta numerosos factores. De los más sesudos a los más circunstanciales, sin olvidar la amistad o la inquina, tan humanas.
Extraña, con todo, que lo que uno valora como esencial el otro lo destaque como error. El lenguaje, por ejemplo, que en una novela es para A., por su esplendor, lo principal, y para B. lo que, por su simpleza, la hunde. En narrativa, por otra parte, uno cree que el terreno sobre el que se asienta la lectura es más firme. O más fiable. Lo mismo que en el ensayo. En poesía, es verdad, todo parece más frágil y complejo.
Uno, en fin, se pone en el lugar de ese hipotético lector que todavía se deja aconsejar por los críticos de referencia y lo ve crudo. Supongo que como siempre. Ya se sabe, para gustos... Aunque podría, no me atrevo a meterme en el campo minado de los ejemplos concretos. Ya tengo bastante.
Sin más presiones que las propias ni más dueño que uno mismo, comento aquí algunas lecturas. A mi aire. No con el afán de recomendar, allá cada cual, sino con el de transmitir la sencilla felicidad que esos libros me proporcionan. Por el placer de compartir, digamos, esa alegría asequible. Si luego alguien quiere comprobarlo... Igual soy sujeto de las contradicciones que señalo. Espero que no. Aunque ecléctico, me tengo por un tipo con criterio.

20.4.13

Tono

"Siempre he tenido el convencimiento de que la razón disminuye, e incluso puede huir de nuestro discurso, si no encontramos el tono justo para transmitirla". Francisco Javier Irazoki, Radio París. El Cultural.

19.4.13

Rosillo

Siempre el mismo, siempre diferente. Cada nueva entrega de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) es, para sus lectores, un motivo de fiesta. Entra uno en la última, Antes del nombre (NTS, Tusquets Editores), título del primer poema del libro, y sabe de antemano lo que puede encontrarse; sin embargo, esta poesía que pone su acento en la perplejidad y en el asombro (nada más clásico en el mejor sentido, ni más griego ni más mediterráneo), te desarma apenas lo reconocido, incluso lo previsible, cede paso a lo novedoso, pues que el mundo no cesa en su cambio, lo mismo que quien se empeña en escribir los versos que dan fe de ese misterioso, circular movimiento.
Antes, la viñeta de Gaya, esa maceta con geranios, ya nos ha anunciado a su manera -sigilosa y sutil- la poética que viene: luz, claridad, transparencia. Sí, diurna, sobre todo, por más que no falte noche en este libro de un traductor, no se olvide, de Leopardi.
El mar, los árboles, los pájaros, las estrellas siguen siendo los sencillos símbolos predilectos de Rosillo que tiene en la mirada su principal método de conocimiento. Y todo, ya digo, en medio de la luz. La de su tierra murciana. La del verano, donde siguen habitando la infancia y la memoria.
O en su fronteras: el alba y el ocaso. 
Poemas, los de este hombre, limpios; escritos con una precisión de artesano, sin trampa ni cartón.
En un cuarto, donde todo es quietud, soledad y silencio, alguien observa cómo la vida vuelve, renovada, y ese milagro, repetido pero nunca idéntico, le permite celebrar este no siempre agradable seguir aquí. Aunque la melancolía, que rima con elegía, se deje caer a veces por entre los intersticios del tiempo, porque huye. Otra luz; parte, en todo caso, de un mismo tono.
Lo dijo muy bien F. J. Irazoki desde Radio París"Por fin disfrutamos con un poeta que no participa en los campeonatos de dolor. No necesita imitar el tono y las músicas marginales; no redacta textos con olor a serpiente muerta. Tampoco suelta ráfagas herméticas por las que el lector vuela con los ojos vendados. Nunca lo vemos caer en gestos comerciales de abandono y languidez. Los versos de Eloy Sánchez Rosillo transmiten la complejidad con expresión limpia, y la riqueza interna de su arte llega sin trabas a la superficie. Son páginas escritas por un hombre que se sabe efímero y ensalza la vida en que él se consume."

18.4.13

Clarines

Se me pasó comentar algo acerca del penúltimo número (103) de la revista Clarín y mira que lo merecía. Por "Facilidad de la poesía y otros impromptus", de Antonio Cabrera, adelanto de un libro que ya busca editor; los aforismos de Ramón Eder; los siempre curiosos e interesantes textos de Rosa Navarro Durán; los diarios de Manuel Neila por Túnez y las cinefilias de Benítez Ariza; por "Los barcos", una prosa de Cavafis; la entrevista con Maurizio Serra a propósito del inquietante Malaparte y la biografía que del escritor italiano ha publicado en España Tusquets; por las múltiples y esclarecedoras reseñas; y, sobre todo, por el "Autorretrato" del poeta milanés Giovanni Raboni, en edición de la que fuera su mujer, Patrizia Valduga, con nota de Luca Daino y traducción de Juan Carlos Reche. ¡Todo un descubrimiento!

En lo que respecta al último número (104), y a falta de leerlo al completo, otra agradable sorpresa: los poemas del norteamericano Joseph Stroud, de quien uno espera que Jesús Jiménez Domínguez (su traductor) nos ofrezca cuanto antes una antología. Por lo demás, una conferencia de Felipe Benítez sobre Ramón; noticias de Juan Bonilla (que saca novela, basada en la vida del poeta futurista Maiakovski), bibliófilo en crisis; tres miradas del heterónimo y fotógrafo Juan Ochoa; y un puñado de textos, relatos, diarios, entrevistas y reseñas que harán, como suelen, las delicias de los lectores de la revista asturiana.

17.4.13

Quimera

Fui lector asiduo de la revista literaria Quimera. Estuve incluso suscrito. La edad, la pérdida de algunos ímpetus juveniles y unas humedades que se llevaron por delante mi colección de números atrasados, me hicieron desistir. También que ha tenido etapas y etapas, directores y directores. Tal vez la nueva época que ahora se abre (que acaso recuerde la última brillante, con Fernando Valls al frente), me rescate como lector. Por lo pronto, colaboro en ella. En su blog se puede leer el índice del primer número de esa Quimera renovada. ¡Salud!

Noticias de La Plaga

Llegan noticias de los insignes miembros de La Plaga Lírica placentina; así, a la que anunciaba hace un par de meses la salida de Un lugar para nadie, el excelente libro de Álex Chico publicado en la colección Luna de Poniente, se une ahora que un libro de Fran Fuentes, Setenta y cuatro días sin mí, haya sido declarado finalista del Premio Ausías March al Mejor Poemario 2012. No me gusta nada lo de "poemario" y, en cuanto al blog que lo concede, tengo todas las reservas (no me gusta la impunidad del anonimato, por ejemplo, ni las mentiras que vierten a veces), pero me alegro, cómo no, de que el placentín haya conseguido poner una pica en Addison de Witt y que su obra sea reconocida, más si tenemos el cuenta la altura de los otros libros galardonados, Premio de la Crítica incluido.
De otro plaguense, Víctor Martín Iglesias, también tengo referencias. Pronto sabremos si un poema suyo ha quedado primero, segundo o tercero en el Certamen de Poesía Joven “Premio Miguel Gutiérrez García”, que concede el exótico Liceo Poético de Benidorm. Para terminar, su sosias Víctor Peña Dacosta estará en el colegio el próximo día 23 para celebrar con nosotros el Día del Libro. Ofrecerá una lectura de sus poemas a los alumnos de 6º y todo aquello que se le ocurra (dentro de un orden), que no será poco.
¿Y José Manuel Chico? Espero que siga bien. Y escribiendo.