Tuve hace años una áspera discusión con Pureza Canelo en el Parador de Mérida, durante la comida del jurado del premio de poesía que se celebraba allí, y todo a propósito de las casas de los poetas; algo más que meras residencias en la tierra. Me recriminaba, en mi condición de presidente de la Asociación de Escritores Extremeños, con esa pasión que ella siempre ha gastado, que Extremadura, tan atrasada, no tuviera ninguna acogida a Acamfe, esa otra asociación que las agrupa. (Ya lo está la Casa-Museo Gabriel y Galán, en Guijo de Granadilla, pero de eso hace poco.) Uno le recordaba una verdad incuestionable, o eso creo: "Somos pobres, Pureza -debí decirle-, y más los poetas. Los de aquí han vivido en pisos, y gracias. Mira Pacheco. Y cualquiera, cabría añadir por aquel entonces. No era sólo ironía. Es verdad que estaba la suya, la casa familiar de Moraleja (y sus fondos bibliográficos, antes de que fueran generosamente donados por ella a la Diputación de Cáceres). Hace poco busqué en internet alguna imagen, que creí inexistente, para ilustrar la nota sobre Oeste, un libro que no se entiende sin esa casa, y di con una página en la que se recogían varias. Mi sorpresa ha sido saber que ese edificio tan singular ya no existe. Que en octubre del pasado año fue derruido por razones familiares que no conozco, pero que puedo imaginar. Me consta que Pureza Canelo no ha podido pisar desde entonces su amada Moraleja. El duelo llevará su tiempo. Está muy afectada, y lo comprendo. Por lo demás, destruida o no, esa casa, y su espíritu, permanece en sus versos. Y contra eso, ¿quién puede?
3.4.13
La casa de Pureza
Tuve hace años una áspera discusión con Pureza Canelo en el Parador de Mérida, durante la comida del jurado del premio de poesía que se celebraba allí, y todo a propósito de las casas de los poetas; algo más que meras residencias en la tierra. Me recriminaba, en mi condición de presidente de la Asociación de Escritores Extremeños, con esa pasión que ella siempre ha gastado, que Extremadura, tan atrasada, no tuviera ninguna acogida a Acamfe, esa otra asociación que las agrupa. (Ya lo está la Casa-Museo Gabriel y Galán, en Guijo de Granadilla, pero de eso hace poco.) Uno le recordaba una verdad incuestionable, o eso creo: "Somos pobres, Pureza -debí decirle-, y más los poetas. Los de aquí han vivido en pisos, y gracias. Mira Pacheco. Y cualquiera, cabría añadir por aquel entonces. No era sólo ironía. Es verdad que estaba la suya, la casa familiar de Moraleja (y sus fondos bibliográficos, antes de que fueran generosamente donados por ella a la Diputación de Cáceres). Hace poco busqué en internet alguna imagen, que creí inexistente, para ilustrar la nota sobre Oeste, un libro que no se entiende sin esa casa, y di con una página en la que se recogían varias. Mi sorpresa ha sido saber que ese edificio tan singular ya no existe. Que en octubre del pasado año fue derruido por razones familiares que no conozco, pero que puedo imaginar. Me consta que Pureza Canelo no ha podido pisar desde entonces su amada Moraleja. El duelo llevará su tiempo. Está muy afectada, y lo comprendo. Por lo demás, destruida o no, esa casa, y su espíritu, permanece en sus versos. Y contra eso, ¿quién puede?
2.4.13
La vuelta de Zapater
En 1989 un joven llamado Juan Pablo Zapater ganaba el Premio a la Creación Joven de la Fundación Loewe y en 1990 se publicaba en Visor su libro La coleccionista.
Valenciano, como el ganador senior, Jaime Siles, de la cosecha del 58, era conocido en los ambientes poéticos por sus aventuras literarias junto al precoz Vicente Gallego y algunos ya le habíamos saludado en el primer encuentro importante de la Generación de los 80: el polémico congreso de Valencia que organizaron los dos a finales de aquella década el autor de Santa deriva junto a otro futuro Loewe, Carlos Marzal, y a José Miguel Arnal.
Pues bien, 23 años después, que se dice pronto, Zapater publica su segundo libro, La velocidad del sueño, en Renacimiento.
Como reza en mi dedicatoria, "es un puente entre el poeta que fui y el que seré". Está compuesto por poemas largos de tempo lento, escritos con mirada serena y honda melancolía, que seducen por su ritmo, acompasado al latir de un corazón que acusa el inevitable paso del tiempo, las enseñanzas de la edad. Y todo sin estridencias en lo formal ni dobles saltos mortales líricos, clásico a su modo, más celebratorio que elegíaco, en la estela de una manera poética de proceder que, acaso, profesores futuros analicen como marca indeleble de cierta poesía escrita por valencianos en este fértil, espléndido período de entresiglos. (Por las dedicatorias los descubrirás.) Una poesía de tono metafísico, digamos, de sesgo meditativo, pero muy apegada a la tierra y a la experiencia terrenal. Una poesía, en fin, que uno sitúa en la órbita del gran maestro de esa promoción, y aun de otras (por arriba y por debajo, de dentro y de fuera del levante español): Francisco Brines.
Como reza en mi dedicatoria, "es un puente entre el poeta que fui y el que seré". Está compuesto por poemas largos de tempo lento, escritos con mirada serena y honda melancolía, que seducen por su ritmo, acompasado al latir de un corazón que acusa el inevitable paso del tiempo, las enseñanzas de la edad. Y todo sin estridencias en lo formal ni dobles saltos mortales líricos, clásico a su modo, más celebratorio que elegíaco, en la estela de una manera poética de proceder que, acaso, profesores futuros analicen como marca indeleble de cierta poesía escrita por valencianos en este fértil, espléndido período de entresiglos. (Por las dedicatorias los descubrirás.) Una poesía de tono metafísico, digamos, de sesgo meditativo, pero muy apegada a la tierra y a la experiencia terrenal. Una poesía, en fin, que uno sitúa en la órbita del gran maestro de esa promoción, y aun de otras (por arriba y por debajo, de dentro y de fuera del levante español): Francisco Brines.
La familia, los amigos, el amor, los recuerdos, la naturaleza y, en suma, los "milagros cotidianos" (título de un poema) vienen a ser los asuntos sobre los que se deslizan los versos de este hermoso libro que tanto, ay, se ha hecho esperar. Para bien, añado. Se ve que es fruto de la necesidad y no necesidad de dar fruto para hacer carrera. Como muestra, un poema: "Rosas para otras manos", publicado en el blog de Susana Benet.
1.4.13
Pobre enseñanza
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| Fotografía / archivo ccch |
Le cuesta a uno entender el afán de la derecha (madrileña, sobre todo) por emporcar el prestigio de los profesores y maestros de la enseñanza pública. Una labor tenaz y concienzuda a favor, claro está, de la enseñanza privada y concertada. Y del adoctrinamiento. Y del negocio.
Apenas unos días después de que la encuesta del CIS calificara la docencia como la segunda profesión mejor valorada por los españoles, han vuelto a la carga. Esta vez a propósito de unas pruebas de oposiciones que vendría a demostrar, una vez calificadas, la infame categoría de los aspirantes a enseñar a sus hijos, por más que los dirigentes de ese partido y la mayor parte de sus militantes no lleven a los suyos a un centro público. ¡Bah, funcionarios! Le recuerda a uno esa expresión tan castiza (lo mismo da para la pintura que para cualquier otro empeño artístico o no) de "eso lo hago yo". Y mejor, por supuesto. Dar clase, por ejemplo.
Hasta Juan Manuel de Prada lo reconoce en XLSemanal : "No entraremos aquí a juzgar las razones por las que se han divulgado datos tan oprobiosos. Puesto que vivimos en una sociedad enferma, en la que el rifirrafe ideológico es el pan nuestro de cada día, no me extrañaría que su intención no fuese otra sino justificar ante la opinión pública los recortes de la escuela pública, perjudicando así las reivindicaciones profesionales de los maestros, y la consideración que a los buenos y heroicos maestros debe tributarse".
A la educación se refiere también, desde otra vertiente, Antonio Muñoz Molina en su último artículo de El País. El final es excelente. Hablar de este asunto, ya se ve, imprescindible.
Hasta Juan Manuel de Prada lo reconoce en XLSemanal : "No entraremos aquí a juzgar las razones por las que se han divulgado datos tan oprobiosos. Puesto que vivimos en una sociedad enferma, en la que el rifirrafe ideológico es el pan nuestro de cada día, no me extrañaría que su intención no fuese otra sino justificar ante la opinión pública los recortes de la escuela pública, perjudicando así las reivindicaciones profesionales de los maestros, y la consideración que a los buenos y heroicos maestros debe tributarse".
A la educación se refiere también, desde otra vertiente, Antonio Muñoz Molina en su último artículo de El País. El final es excelente. Hablar de este asunto, ya se ve, imprescindible.
La caída en los gastos de personal ha ocasionado que este curso haya habido 62.000 profesores interinos menos, justo cuando aumentaba la población escolar. Si a eso le unimos la drástica bajada de las partidas a colegios e institutos, ¿a quién le extraña que la enseñanza pública de este país se vaya a pique? Si no lo hace es, precisamente, por la profesionalidad de los denostados docentes, capaces de capear cualquier temporal a costa de profesionalidad, vocación y no poco entusiasmo. A pesar de las bajadas de sueldo y la consiguiente pérdida de valor adquisitivo.
Lo que da verdadero asco, insisto, es que día sí y día también las presuntas autoridades educativas, en un ejercicio de irresponsabilidad que raya lo insultante, se empeñen, en ensuciar el buen nombre de quienes tienen la suprema resposabilidad de educar (y de enseñar, sí) a los futuros ciudadanos españoles.
Alguno, en un alarde de desvergüenza digno de nota, ha llegado a decir que lo importante, en contra de lo voceado por culpa de la citada prueba, no es tanto haber aprobado una oposición como empatizar con el alumno y ser cercano a él. Sí, de acuerdo, pero ¿en qué quedamos? Antes, ahora y siempre, un maestro de Primaria o profesor de Secundaria que haya pasado una oposición estará más acreditado para enseñar que uno que no lo haya hecho, excepciones mediante. Y ello sin necesidad de poner en cuestión la capacidad de cuantos trabajan en la privada o concertada.
Aun siendo verdad aquello de que no humilla quien quiere, cuesta mucho no desazonarse ante tan persistentes y dañinos ataques. Tanto como ponerse cada día delante de nuestros alumnos -a los que les llegan, sin duda, esas milongas-, y, por añadidura, enfrente del escrutinio de sus padres y madres, no siempre dispuestos a razonar la verdad y a no dejarse llevar por esa maldita, terca propaganda. No será Wert quien nos defienda. Ni su inminente, nefasta ley. Eso sí, quienes trabajamos en la enseñanza pública seguiremos luchando a favor de la dignidad, que nadie lo dude. A los hechos me remito. Por eso quiero terminar esta ingenua pero indignada reflexión, que coincide con la vuelta a las aulas, con un caso de mi propia experiencia. Hace unos años, en 2009, formé parte de un tribunal de oposiciones y este próximo julio estaré (sin remedio) en otro. Pues bien, lo que encontré fue a gente joven muy preparada que, por desgracia, aspiraba a pocas plazas (este año, ni les cuento). Gente que da sopas con ondas a muchos mequetrefes de los que ahoran sacan pecho a falta de sentido común e inteligencia. Gente, ay, muy mal educada.
31.3.13
Llera en prosa
Hace casi un año que comenté aquí la aparición de una oportuna antología, El desierto está creciendo, de José Antonio Llera, en las Ediciones Liliputienses de Cumbreño, donde se lanza una segunda edición ampliada. Un libro de apariencia modesta, como el anterior, pero más bonito. Lo importante y novedoso: el avance de Cuidados paliativos, prosas de un diario inédito que, más allá de mi gusto particular por el género, anuncian una obra importante y a un prosista de calado. El cine, la memoria, la literatura...
"Me he criado en una tierra en la que la palabra "delicado" era sospechosa y siempre se usaba con carga peyorativa. "Ese niño es muy delicado con las comidas", confesaban las madres malhumoradas a las amistades de la familia".
En fin, queda uno a la espera de más. Eso sí, a su condición de poeta, este lector añadirá a partir de ahora la de prosista. Con el mismo agrado.
29.3.13
Ríos
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| El Jerte por Plasencia / Chema Trujas |
"Los ríos no consuelan, requieren un corazón alegre; lo mismo el Sena, que el Támesis, que el Nilo. Los ríos siguen su curso y te dejan siempre atrás con lo que tú arrastras, amarguras, tormentos, desesperanza. El mar libera. Una persona a la orilla de un río: una de las imágenes más tristes que uno pueda imaginarse". Yorgos Seferis, 11 de octubre de 1943, Diarios.
28.3.13
Carta de Segovia
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| Fotografía de José-Manuel Benito |
La otra mañana, mientras hacía tiempo para recoger a mi hijo, entré en una cafetería de Conde de Sepúlveda a tomar un té. Vi que un parroquiano tomaba un periódico de un estante colocado en una esquina de la barra y me dirigí hacia allí en busca de otro. Elegí El Norte de Castilla. Mi sorpresa llegó cuando, ya mediado, me encontré con La Sombra del Ciprés, el suplemento literario del insigne diario castellano. Lo ojeé y al salir fui directo al kiosco de enfrente a por un ejemplar. El grueso del número (que hacía el número CXXVIII) estaba dedicado a Alice Munro. Pero había mucho más. Artículos y reseñas firmados por escritores conocidos: Carlos Aganzo (director del Norte y poeta, amén de fundador, me dicen, del invento), Luis Marigómez, Miguel Casado, Adolfo García Ortega, Fermín Herrero (muy chino él), Cristina Peri Rossi, L. A. de Villena... Para cerrar, Gustavo Martín Garzo que dedicaba uno de sus preciosos textos a los monjes de mi paisano Zurbarán. Precisamente a su hija (y de Esperanza Ortega), Elisa Martín Ortega, le dedicaban un reportaje en la sección de Cultura (que allí aún existe, querida Merche), con motivo de la presentación de su libro El lugar de la palabra (Ediciones Cálamo), un interesante ensayo (que haré lo posible por leer) acerca de las relaciones entre la Cábala, y otras corrientes de la mística judía, y la poesía, centrada en la obra de contemporáneos como Borges, Gelman, Valente y Nicoïdski.
Qué envidia, vuelvo al suplemento, poder echarse cada sábado a los ojos semejante cúmulo de reseñas y otros escritos, sin escatimar papel ni excelentes colaboradores. Hay distintos vocentos en Vocento, sí.
Picado por la curiosidad, y aún con tiempo, entré en la bonita librería Diagonal, allí mismo, por ver si tenían el último libro de la mencionada cuentista canadiense. Me atendieron muy bien las libreras (que me recomendaron algún que otro best seller y la novela de Carrasco), pero, a falta del libro buscado y de sección de poesía (menos que simbólica), salí con un ejemplar de Más afuera, de Franzen, que tampoco está mal.
No llovía ni hacía demasiado frío. La ciudad, al sol, me pareció más dorada que nunca, como la piedra de su luminosa catedral. Lo primero que uno ve al llegar a Segovia. Lo último que pierde de vista.
27.3.13
Una antología de Jiménez Lozano
José Jiménez Lozano no es menos secreto que la poesía en general. La suya y la de todos, o casi. Quiero decir que ni siquiera el Premio Cervantes, el más alto honor de las letras hispanas, le han sacado de las catacumbas en las que, por citar a Octavio Paz, habitan los poetas y, cómo no, sus versos.
La editorial sevillana Renacimiento vuelve al rescate y publica una antología de sus poemas bajo el título de El precio. De la selección y el prólogo se ha ocupado el poeta Enrique García-Máiquez; alguien, se nota, que sintoniza a la perfección con la poética de este autor tardío, en lo que a la lírica se refiere, e intempestivo.
En efecto, "poemas impagables", a pesar del título elegido, son los de JJL. Lecciones de esenciales maravillas, que lindan con lo que de milagroso tiene la vida, escritos con la humildad del que cree. En Dios, en la verdad y la belleza de las palabras, en los atardeceres, en el canto de los pájaros, en la poesía de Emily Dickinson, en el metafísico paisaje castellano... Imposible confundir valor y precio.
Por seguir al prologuista, JJL es un "intermediario" entre lo sentido y pensado, a modo de don o regalo, y lo escrito. Un "cisterciense" en sus modales estéticos. Un hombre que recurre a "la ironía con frecuencia, al sentido común a menudo y a la piedad siempre". Alguien que ha dado a luz una poesía de sugerentes tonos grises. Pobre, en la estela del santo de Asís, tan de moda ahora. Humanista, por encima de todo. Que escribe una poesía "de los adentros". También "de la compasión", porque está pendiente del otro, al modo que lo entiende Lévinas.
Si ya conocen al poeta y es de los suyos, adelante. Si no han leído sus poemas, la ocasión es magnífica. Y a buen precio.
En efecto, "poemas impagables", a pesar del título elegido, son los de JJL. Lecciones de esenciales maravillas, que lindan con lo que de milagroso tiene la vida, escritos con la humildad del que cree. En Dios, en la verdad y la belleza de las palabras, en los atardeceres, en el canto de los pájaros, en la poesía de Emily Dickinson, en el metafísico paisaje castellano... Imposible confundir valor y precio.
Por seguir al prologuista, JJL es un "intermediario" entre lo sentido y pensado, a modo de don o regalo, y lo escrito. Un "cisterciense" en sus modales estéticos. Un hombre que recurre a "la ironía con frecuencia, al sentido común a menudo y a la piedad siempre". Alguien que ha dado a luz una poesía de sugerentes tonos grises. Pobre, en la estela del santo de Asís, tan de moda ahora. Humanista, por encima de todo. Que escribe una poesía "de los adentros". También "de la compasión", porque está pendiente del otro, al modo que lo entiende Lévinas.
Si ya conocen al poeta y es de los suyos, adelante. Si no han leído sus poemas, la ocasión es magnífica. Y a buen precio.
26.3.13
La encina solitaria
La fotografía que corona este blog es obra de Nicanor Gil y la puse hace tiempo al frente de mi rincón de Facebook. Clausurado aquel sitio, me apetecía colocar aquí esa bonita imagen de aires leopardianos. Vi que se podía y lo he hecho.
Es el título de un poema que publiqué por primera vez, en septiembre de 2009, en la revista Las razones del aviador. También compruebo que está en el Blog de la biblioteca del IES Maimónides de Córdoba.
Esos versos dan forma a una poética y resumen, creo yo, una fe de vida. Aunque no explícitamente, están dedicados a la memoria de mi padre.
25.3.13
Oficio de lector
El que a uno le gustaría tener. Quizá porque uno ha adaptado el viejo lema que Plutarco puso en boca de Pompeyo: Leer es necesario, escribir no es necesario. Ése es, en todo caso, el título que ha elegido José Manuel Caballero Bonald, Premio Cervantes, para agrupar sus lecturas, las de un montón de libros, obras de autores a los que ha leído a lo largo de sus muchos años de vida.
Mi primera impresión ante el regalo (gracias, Nahir) fue: bien, un bonito libro de ocasión, para lucir en los fastos del Cervantes. Me equivoqué. No siempre esa inicial emoción es la que cuenta. Sucedió apenas empecé a hojear, sin orden, contra mi costumbre, el volumen de Seix Barral. Es verdad, diré en mi descargo, que no recordaba esta faceta de CB, la de crítico que, desde ahora, habrá que añadir a las otras: la de poeta, ante todo, novelista y memorialista. O la de estudioso del flamenco y hasta del arte. Sí, tenía en mente su libro sobre Espronceda y la edición de la poesía de Cervantes que preparó para Seix Barral, con todo...
Por volver sobre un tópico, está claro que detrás de todo gran escritor (de todo escritor a secas, si se prefiere) hay un gran lector (o uno bueno, que cada cual elija). Es el caso. No es sólo que CB imponga con naturalidad su fundado criterio, que sea capaz de razonar, con la debida claridad, sobre lo que otros han escrito y que lo haga, ya digo, con sobrada elocuencia; además, lo hace en su particular estilo, esa manera de escribir única, incomparable en el ámbito de la lengua española (que él se empeña en defender, al modo de Carlos Fuentes, sin fronteras) y, para colmo de bienes (al menos para uno), incorpora a sus sensatas y sensibles apreciaciones datos y recuerdos de su memoria personal, algo que convierte a los textos en materia literaria de primera y los aleja, para bien, de cualquier afectación y, en consecuencia, de cualquier atisbo de academicismo y de cualquiera de los rasgos de esa prosa específica y rebuscada que gastan muchos críticos doblados, a veces, de profesores, aunque a este respecto haya un texto magnífico que lo desmiente: el dedicado a Emilio Alarcos.
Porque, como diría José Emilio Pacheco (y a uno le gusta repetir) "no leemos a otros, nos leemos en ellos", podemos añadir a las enseñanzas del libro una más: la de su propia poética, que vamos rastreando entre las opiniones vertidas por CB sobre la literatura de éste o de aquél.
Porque, como diría José Emilio Pacheco (y a uno le gusta repetir) "no leemos a otros, nos leemos en ellos", podemos añadir a las enseñanzas del libro una más: la de su propia poética, que vamos rastreando entre las opiniones vertidas por CB sobre la literatura de éste o de aquél.
Para evitar, supongo, cualquier parecido con una obra destinada a otro público que no sea el lector, se ha prescindido de las referencia a la fuente de los textos y tan solo se fechan al final. Entre los cincuenta y el presente.
El índice de lecturas es amplio y diverso, otro atributo de inteligencia. Si nos centramos en la poesía, va de clásicos como el citado Cervantes, Góngora, Quevedo o San Juan de la Cruz hasta JRJ, Machado y Eliot. El grueso está formado por las obras de sus compañeros de generación (para bien o para mal, el Grupo del 50). Los canónicos: Valente, Claudio Rodríguez, Ángel González, Gil de Biedma, Barral..., y otros, como Manuel Padorno, Ángel Crespo o Tomás Segovia. No faltan los americanos, por supuesto (su estancia en Colombia y, antes, su paso por el Colegio Mayor Guadalupe de Madrid, le curaron de esa miopía tan nuestra): Cote y Gaitán Durán, los amigos, y Neruda, Vallejo, Lezama, Mutis, Orozco et alii. Ni los del 27: Guillén, Lorca, Alberti, Aleixandre... No faltan menciones fundamentales, a Gil-Albert, por ejemplo, o Pablo García Baena (que estaba a su lado en un reciente encuentro madrileño donde los pude saludar).
Pero no sólo ha leído CB a los poetas. Por esas páginas pasan también Bowles, Camus, Onetti, Vargas Llosa, Rulfo, Hortelano y un largo etcétera que no puedo citar aquí. Eso sí, hasta sus coetáneos, no más. Al igual que hizo con sus memorias, hay una raya temporal que no ha querido cruzar.
Vuelvo al índice, donde empecé a señalar con un punto los capítulos que iba leyendo, y me sorprende comprobar que, contra todo pronóstico, ya he marcado casi todos.
Un libro necesario éste del poeta jerezano afincado entre Madrid y Sanlúcar, al pie de su querido Coto de Doñana. Mirada plural, abarcadora de un mundo que no cabe sino entre las hojas de los libros. Libro que viene a justificar una vez más, por si eran pocas, su condición de escritor total, digno de ese premio que se le concede el próximo mes y que lleva el nombre de su amado Cervantes. ¡Qué bien leído, maestro!
Un libro necesario éste del poeta jerezano afincado entre Madrid y Sanlúcar, al pie de su querido Coto de Doñana. Mirada plural, abarcadora de un mundo que no cabe sino entre las hojas de los libros. Libro que viene a justificar una vez más, por si eran pocas, su condición de escritor total, digno de ese premio que se le concede el próximo mes y que lleva el nombre de su amado Cervantes. ¡Qué bien leído, maestro!
24.3.13
Un tal Floriano
Ya dijo uno hace mucho aquí que el tal Floriano daría que hablar. Le conocíamos de sobra en Extremadura como para presuponer su gloriosa carrera política en Madrid. Se quedó uno corto. Tras resucitar a González Pons, al que sustituyó como portavoz popular, anda por los periódicos y las tedetés amigas, por las radios hermanas para defender lo indefendible y para hacerlo, además, de la peor manera posible. ¡Qué bien se explica este hombre! Y luego se quejan de los pobres maestros. Cómo lo hará que hasta Javier Marías se ha fijado en él, todo un honor. En un artículo publicado en El País Semanal le dedica esta frases: "Pero, con todo, no me digan que no tiene gracia que el mayor hazmerreír
del momento, un tal Floriano, se ponga un día ante las cámaras, con sus
espantosos corbatones de gangster secundario, y suelte que es imposible despedir legalmente a un tal Sepúlveda, ex-marido de ministra implicado en la trama Gürtel, y a la mañana siguiente sus jefes despidan a ese ex tan legal y tranquilamente." También le menciona al final: "Hay días en que uno se sobrepone al panorama tétrico, y entonces lo ve
todo tan chistoso que, lejos de unirse a las voces que piden la dimisión
de este Gobierno y de otros políticos de diferentes partidos, desea que
duren, que no se vayan, que sigan haciendo el idiota y soltando
memeces, provocando la irrisión de la ciudadanía, rizando el rizo de la
majadería, justificando los desmanes y embustes con razonamientos
ridículos (es un decir, lo de razonamientos); y que continúen exhibiendo
en televisión a ese Floriano que, si no fuera tan atravesado, guardaría
cierta semejanza con Chico Marx, el soso de los famosos hermanos; con
sus corbatones. No me digan que, dentro del desastre, no es un detalle
que nos diviertan tanto". ¡Cómo estamos quedando! El paso siguiente será recordar que el personaje es extremeño. Como antes. Ya están tardando. Veremos.
23.3.13
Carta de Mordzinski
Queridas amigas y amigos,
créamen si les digo que no me queda más remedio que molestarles con
esta historia... porque la historia lo merece y porque ustedes, queridos
amigos, son los únicos que la pueden sostener. Acaso con su firma de
apoyo, pero eso ya lo verán mejor que yo.
La indignación y la pena me devoran y me digo que treinta y cinco
años de retratar las letras no merecen que me rinda ahora; y menos ante
un hecho como el que les quiero, necesito relatarles:
Durante más de diez años utilicé, en virtud de la alianza entre El
País y Le Monde un despacho en el séptimo piso de la redacción parisina
del vespertino, donde guardaba miles de negativos y diapositivas
originales, que hace unos días desaparecieron, así, sin más. Miguel
Mora, el corresponsal de El País en Francia, llegó el 7 de marzo último a
este despacho y se encontró con que lo habían vaciado totalmente sin
avisarnos y que todas nuestras cosas habían desaparecido. Nos pusimos a
buscar y encontramos en un sótano el gran archivador --que yo mismo
pinté de negro hace 10 años--. Nadie sabe ni quiere saber por qué
decidieron "desaparecer" mi trabajo de toda la vida. Miles de fotos
tomadas a lo largo de veintisiete años. Veintisiete años de esperas,
nudos en la garganta, noches en vela, revelados angustiosos... Más allá
de la injusticia y del absurdo, me encuentro con la gran paradoja de que
Le Monde brinda sus mejores titulares --y estoy seguro de que con los
más sinceros sentimientos-- para defender la libertad de expresión en
Asia, el respeto por las tradiciones cuando hay una guerra o una
catástrofe en exóticos lugares como Afganistán, Bosnia o Mali,
pero miles de fotografías, centenares de dossiers con la leyenda
«Cortázar», «Israel» «Escritores latinoamericanos», «Semana Negra
de Gijón», «Carrefour de littératures», «Saint Malo», «Mercedes
Sosa», «Astor Piazzola» etc, no les dicen nada y tiran todo a la
basura sin consultar nada a nadie.
Necesito vuestra ayuda, aunque no haya nada que recuperar me gustaría
que al menos quede constancia de que lo sucedido en Le Monde es más que
una negligencia: es un profundo desprecio por un trabajo que forma
parte de la memoria de nuestra cultura contemporánea, al menos en la
medida en que sus protagonistas son los escritores que le dan naturaleza
y dignidad a nuestra lengua y a nuestro mundo.
Solo se han salvado las cientos de fotos que alguna vez digitalicé
para libros o exposiciones, el resto desapareció para siempre.
De veras que me da pena molestarles pero sé que comprenderán mi dolor y mi desazón.
Un abrazo grande.
París, 18 de marzo, 2013
22.3.13
Baltanás lee Plasencias
Enrique Baltanás reseña para La Ronda del Libro, el blog de crítica literaria de José Manuel Benítez Ariza, Plasencias.
"Álvaro Valverde, placentino de nación y residencia, no había mencionado nunca por su nombre, ni en su poesía ni en sus novelas, a su ciudad natal, Plasencia. Lo ha hecho ahora, y en verdad ha merecido la pena. ¿Libro menor? Libro recoleto e íntimo, que gustará incluso a los lectores que poco o nada conozcan de Plasencia, de estas Plasencias que alcanzan aquí valor universal por obra de los versos de Álvaro Valverde".
"Álvaro Valverde, placentino de nación y residencia, no había mencionado nunca por su nombre, ni en su poesía ni en sus novelas, a su ciudad natal, Plasencia. Lo ha hecho ahora, y en verdad ha merecido la pena. ¿Libro menor? Libro recoleto e íntimo, que gustará incluso a los lectores que poco o nada conozcan de Plasencia, de estas Plasencias que alcanzan aquí valor universal por obra de los versos de Álvaro Valverde".
Vida literaria
Me llamó la otra tarde Luciano Feria desde Zafra para dar señales de vida -la desaparición ha sido mutua- y, de paso, contarme lo bien que estuvo la lectura del maestro Zambrano, otro lunero inminente. Firma la crónica Miguel Ángel Lama.
Tampoco podré ir, aunque esté invitado, a otro recital, el que dará esta noche Carlos Medrano en la famosa Casa de Cultura de Don Benito. Estará acompañado de Santiago Castelo y de Juan Ricardo Montaña. Con ese par de amigos al lado todo irá a la perfección. Muchos años después, Medrano vuelve a leer sus poemas en Extremadura. Aquí, cabe añadir, o en cualquier parte. Una antología castellano y leonesa devolverá pronto a sus lectores la poesía (casi) secreta del autor de Corro y Las horas próximas.
21.3.13
El mundo de Simic
El mundo no se acaba, de Charles Simic, fue, como se destaca en la cubierta de su edición en Vaso Roto, Premio Pulitzer de Poesía en 1990 y, hasta ahora, no ha ganado ese prestigioso galardón otro libro de poemas... en prosa, como éste. No creo que sea algo meramente anecdótico. Nada en la poesía de Simic (un asiduo visitante de este blog) lo es.
Sorprendente es la palabra que resume, cree uno, su contenido. No hay poema, página o línea que te deje impasible. Si él alude al poeta como "espectador perplejo", nosotros podríamos hacerlo del "lector perplejo". Parte de la culpa de que eso ocurra habrá que atribuírsela a su traductor, Jordi Doce, que ha sabido trasladar a nuestro idioma la riqueza verbal y conceptual de Simic, un autor que conoce muy bien. Un logro, insisto. Y una reincidencia: no es la primera vez que vierte al español su poesía, de la que fue temprano introductor en España. De hecho, este libro estuvo a punto de publicarse hace años aunque la cosa quedara en intento. Ahora, debidamente revisado, se nos ofrece, como decía, en perfecta forma para que el lector disfrute de una poesía tan singular como efectiva; tan imaginativa como real; tan propia como ajena y, en fin, tan de un lugar (que uno asocia en este libro, grosso modo, a lo estadounidense) como de cualquiera. Si de cosmopolitismo sabe alguien, ése es Simic, un norteamericano nacido en Belgrado, antigua Yugoslavia, en 1938, sobreviviente de aquella convulsa Europa que nunca ha dejado del todo atrás.
En tres partes se agrupan los poemas en prosa de esta obra que marca un antes y un después tanto en su trayectoria -fin y principio de dos etapas distintas- como en la de la pequeña historia de la poesía contemporánea.
Quienes conozcan sus memorias, Una mosca en la sopa, publicadas también por Vaso Roto, asociarán situaciones vividas por Simic a ciertos poemas del libro, plenos de esa fuerza que les caracteriza.
Ni el mundo se acaba, aunque a ratos lo parezca, ni la poesía de Simic. Es muy de agradecer que traductores y editores sigan en su noble empeño de revelarnos la voz de uno de los grandes poetas de estos apocalípticos tiempos.
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| Simic. Richard Drew/AP |
En tres partes se agrupan los poemas en prosa de esta obra que marca un antes y un después tanto en su trayectoria -fin y principio de dos etapas distintas- como en la de la pequeña historia de la poesía contemporánea.
Quienes conozcan sus memorias, Una mosca en la sopa, publicadas también por Vaso Roto, asociarán situaciones vividas por Simic a ciertos poemas del libro, plenos de esa fuerza que les caracteriza.
Ni el mundo se acaba, aunque a ratos lo parezca, ni la poesía de Simic. Es muy de agradecer que traductores y editores sigan en su noble empeño de revelarnos la voz de uno de los grandes poetas de estos apocalípticos tiempos.
20.3.13
Pablo Luque lee Un centro fugitivo
Titula su extensa reseña "Hagamos de este lugar un territorio" y aparece publicada en Suma Cultural. Con lectores así...
Monje
"Algunas veces pienso que estoy hecho para vivir recluido en este microcosmos, sin deseo alguno de salida. En el fondo lo demás no me interesa. Psicología de monje, en cierto modo". Yorgos Seferis, 24 de septiembre de 1944, Diarios.
19.3.13
Átomos y galaxias d'orsianas
Uno es fiel lector de Miguel d'Ors desde hace mucho, supongo que desde que lo descubrimos en la famosa antología de José Luis García Martín. Renacimiento publica ahora, en su no menos célebre colección Calle del Aire, Átomos y galaxias, un libro precioso por fuera, marca de la casa sevillana, e interesante por dentro. Que nadie se llame a engaño: es d'Ors en estado puro. De ahí que el lector encuentre las referencias a la infancia -más numerosas a medida que uno cumple años-, el montañismo y la montaña, la familia, los antepasados y las creencias religiosas, el amor a mujer, hijos y nietos, la poesía y el mundillo literario, las enumeraciones caóticas, las referencias culturalistas a la pintura, la música o el arte, etc.
No faltan poemas protagonizados por flores, aves, pájaros y otros animales (perros, gatos, sapos...). Ni lugares: Galicia, Navarra, Granada y unas cuantas sierras (y cimas) españolas y extranjeras.
El libro es extenso y los poemas están clasificados alfabéticamente, de "Abejas" a "Zacarías Zuza", y fechados, escritos entre 2010 y 2012.
En lo referente a su poética, d'Ors tampoco engaña. De línea clara, cuando no clarísima, lo que implica, a veces, que sus versos sobrevuelen a duras penas lo anecdótico. Otras, las más, desde la sencillez más absoluta, despliegan un vuelo que no tiene nada de místico pero sí de poético, por más que eso ocurra, como bien dice, sin querer, con "falta de genio". Un misterio. El misterio: "un no sé qué".
"A mí que no me saquen de la vida real", escribe. Y para eso hacen falta grandes dosis de ironía (para hablar de la vida literaria, los congresos, los talleres de escritura creativa -a los que dedica un estupendo poema-, los premios...) y de humor, sobre todo hacia uno mismo. Y de la lactancia, del fútbol y del pan, pongo por caso.
Tampoco descubro nada nuevo si digo que a este poeta, al que gusta ir por libre y a su aire, se le nota el gusto por la poesía clásica y la popular (que a veces coinciden), por las formas tradicionales, la rima y la estrofa, por el romance y la canción y hasta por la copla, entendida en su más amplio sentido, no en el flamenco.
Pero cuidado, d'Ors no sería d'Ors si la melancolía, el fracaso, el sentimiento de pérdida, cierto tono (a estas alturas) póstumo (entierro, necrológica, epitafio...) no hicieran su aparición entre lo más jocoso, circunstancial o cotidiano. Prosaico por decisión propia (véase la cita final de Eugenio Gerardo Lobo), nuestro poeta es, ah paradoja, muy lírico. Siquiera a ratos: la vocación y el oficio no pueden plegarse a según qué traiciones.
De los numerosos poemas de la obra, donde se mezcla, en alusión al título, lo pequeño y lo grande, lo terrestre y lo celeste, señalaría "Arrugas", "Eso", "Gonzalo de Berceo", "Herencia", "Homenaje", "Intruso", "Justicia poética", "Narcisismo" (machadiano de ley), "Paneros" (lo suscribo), "Pétalo", "Programa", "Yo", el mencionado "Zacarías Zuza", etc.
"¿Cómo voy a callarme?", se pregunta el poeta, "ahora que tengo / -ya veis- todo un pasado por delante". No, lejos de nuestra intención pedirle que lo haga. ¿Quién es uno, además, para eso? Y menos un lector suyo, ya dije. Con todo, si una pega ha de ponerse a Átomos y galaxias es, posiblemente, su extensión, a la altura de la segunda parte del título. El mismo libro con algunos poemas menos habría quedado, se dice uno, perfecto.
Y para terminar un poema breve, el más corto de un libro lleno de poemas extensos. Se titula "Permanencia": "Se fue, pero qué forma de quedarse". Tal su poesía.
18.3.13
Los libros de Yuste
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| Cajas con libros en Yuste. / TONI GUDIEL |
La acreditada periodista de HOY Merche Barrado dedicó hace unos días un amplio reportaje a la biblioteca perdida del Real Monasterio extremeño de Yuste, donada por los monjes jerónimos, antiguos inquilinos del convento, a la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid. En un tono más personal, también volvió sobre el asunto en su columna sabatina Un mundo raro. El caso es que, 40.000 ejemplares, al parecer, han volado. La denuncia pública de los hechos ha sido obra de José Vicente Serradilla, con motivo de la presentación de un libro suyo basado en un manuscrito hallado en aquellas estanterías.
La oposición socialista exige a las autoridades autonómicas que intenten la devolución de los fondos (donde se incluye la donación del legado de Vicente Cadenas y Vicent que nunca debió marcharse de ese lugar por decisión testamentaria de su antiguo propietario). Los populares argumentan que, en vez de llorar ahora, debieron defender con uñas y dientes (que diría Monago) la custodia de esa biblioteca como responsables que eran de la cultura regional cuando esos lamentables hechos sucedieron.
No tengo argumentos de peso para sacar conclusiones al respecto. Sí estoy seguro, en todo caso, de que la Consejería de Cultura estuvo durante la época de Fernández Vara en manos de incompetentes y, por eso, no me extraña nada lo ocurrido. Vamos, por decirlo aún más claro: me cuesta creer que eso hubiera pasado con otros administradores. Lo que sí me sorprende es que ni siquiera Antonio Ventura Díaz, alma de la Fundación Academia Europea de Yuste, con sede en la última morada del emperador Carlos I, lo pudiera evitar. Una pena.
No tengo argumentos de peso para sacar conclusiones al respecto. Sí estoy seguro, en todo caso, de que la Consejería de Cultura estuvo durante la época de Fernández Vara en manos de incompetentes y, por eso, no me extraña nada lo ocurrido. Vamos, por decirlo aún más claro: me cuesta creer que eso hubiera pasado con otros administradores. Lo que sí me sorprende es que ni siquiera Antonio Ventura Díaz, alma de la Fundación Academia Europea de Yuste, con sede en la última morada del emperador Carlos I, lo pudiera evitar. Una pena.
17.3.13
De atardecida, cielos
Por sorpresa, otra alegría. El nuevo libro de Fermín Herrero (Ausejo de la Sierra, 1963), un poeta al que admiro. Se titula De atardecida, cielos (Los versos de Cordelia). Con él ganó, gracias a un jurado de lujo -de buenos lectores, quiero decir-, el Premio Ciudad de Salamanca. Sí, poco importa. Uno lo abre, se pone a leer y, para entonces, ¿quién se acuerda de eso?
El título no engaña. Un puñado de poemas sin título va dando cuenta de impresiones, tonos y gamas de atardeceres. Y, lo que más interesa, de las reflexiones y pensamientos que esas visiones representan, el trasfondo de esa mirada limpia y honda sobre el paisaje. "Muchos días, haga frío o
calor, mientras está atardeciendo, un hombre va por el caminillo que,
pasado Pesqueruela, transcurre por la orilla del río. De cuando en
cuando, anota simplemente lo que ve, se pregunta. Cuando el camino
muere, donde se juntan el Duero y el Pisuerga, ya no hay hombre, sólo el
atardecer frente al sentido del mundo. Entonces es el momento en que
podría venir el poema", dice con la debida elocuencia la nota editorial que, no hace falta imaginar, habrá redactado el autor. Por decirlo con sus versos: "Por esta misma / senda me vengo cada / tarde hacia el ocaso".
No es mucho el prestigio de los atardeceres, que se asocian a lo tópicamente poético. Con todo, él lo rescata y, en una entrevista, defiende ese «motivo un poco olvidado por la modernidad, en el que aún persiste la
emoción poética, es decir, un momento del día en el que parece que las
cosas se acercan más a nosotros, como si nos hablasen, un momento en el
que pervive esa emoción que arrastra todos los sentimientos del día».
Detrás, el misterio de la poesía. Atardeceres campestres, ricos en matices, de serena apariencia semejante que dan a luz poemas iguales pero al cabo distintos. Y todo, esa es la clave, con un lenguaje limpio, como recién horneado, que remite a sí mismo, a su voz y a su estilo, pero también a algunos poetas que reconocemos siquiera en lontananza, castellanos como él, paisajistas de la claridad y del entendimiento: Claudio Rodríguez y José Jiménez Lozano, por ejemplo.
Poesía, pues, esencial, dicha en voz baja, de un hombre solo ("Soy casi sin mí"), "mientras / la vida, mientras", directa al corazón de las cosas (los vientos, las estaciones, los árboles, los pájaros...), que trastoca de manera sutil nuestra forma de apreciar el mundo. "He de respirar / muy hondo, en lo sencillo", escribe.
Al final del libro, Fermín Herrero añade unas cuantas citas de otros autores, poetas mayormente, que aluden a crepúsculos. A la melancolía.
16.3.13
Díez, Premio Hiperión
Me entero por el blog de Miguel Ángel Lama de la concesión del XXVIII Premio de Poesía Hiperión a José Manuel Díez (Zafra, 1978) por su libro Baile de máscaras. Por otra parte nuestro común amigo Basilio Sánchez me hace llegar el enlace con la página web de la editorial madrileña donde se dan a conocer los detalles de dicha decisión. Una alegría, sin duda.
Parece que fue ayer cuando presentamos en Plasencia su primer libro, 42. La última vez que nos vimos debió ser en un encuentro literario que tuvo lugar en Guadalupe, allá por 2008.
Por cierto, forma parte de Matriz desposeída, la antología de Martín Gijón y Morales Barba recién aparecida en abeZetario.
Decía uno aquí atrás que la presencia poética de extremeños empezaba a escasear por ahí fuera. O no. Como bien dice Lama, es uno de los tres paisanos con libro inminente en Hiperión. De uno de ellos, el citado Basilio Sánchez, flamante Premio Ciudad de Córdoba, me hablaba hace unos días un jovial Pablo García Baena.¡Que no decaiga!
15.3.13
Los 25 años de Loewe
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| Gorka Legarcegi. El País |
Le cuesta a uno trabajo llamar a este hombre Enrique, tutearlo, por mucho que añada el apellido de inmediato, como si de una sola palabra se tratara. Y no porque sea altivo o afectado, al revés, o no te ofrezca de entrada esa confianza, sino por respeto, mucho más que una mera cuestión de diferencia de edad. Respeto, esa es la clave, según creo, para definir a secas a este empresario de vida azarosa, como todas, y mucho de novelesca que, como le decía Siles -uno de testigo-, merecería ser contada por largo y, claro, por escrito. A tenor de lo que ha venido narrando estos días en reportajes y entrevistas, aquí y allá, no le falta talento. Dar forma a esas memorias sería harina de otro costal y para eso tendría también la ayuda de muchos. Sí, porque muchos son los amigos escritores, en su mayor parte poetas, que ha logrado hacer a lo largo de estos últimos años, los 25 de andadura de la Fundación Loewe y, en consecuencia, los del Premio de Poesía que lleva el nombre de la marca de esa casa vinculada a la excelencia y al lujo; esos "25 años de aciertos poéticos", según Winston Manrique Sabogal. Extraño matrimonio, le ponía en el inmenso libro de firmas habilitado para la ocasión, el de la pobreza esencial de la poesía y el elegante lujo de Loewe. Él lo ha logrado y uno no puede por menos que asentir y reconocer que la tarea, ganada a pulso (por mucha naturalidad que él le ponga a todo), demuestra a las claras que, como dijo en el Instituto Cervantes, "la poesía no es un lujo sino algo de primera necesidad". Más, como puntualizó Víctor García de la Concha al hablar entre latines del premio y su mecenas, en estos "tiempos de miseria" donde pierde sentido la pregunta retórica de Hölderlin. Lo decía muy bien en su brillante análisis de situación, "Catacumbas con alfombra roja" -sutil, certero- el periodista (y poeta) Javier Rodríguez Marcos a través, él también, de un par de preguntas retóricas:"¿Y qué escritor no quiere ser bendecido por un clásico al que ha leído?", "¿Y qué habitante de las catacumbas no quiere ver por un día el mundo desde una pasarela?". Sí, con todas las salvedades y matices que queramos, la "nómina" del Loewe "contiene tal cantidad de aciertos que es difícil
encontrar tantos nombres incontestables fuera de un manual de
literatura." Por eso es un honor formar parte, poco importa en condición de qué, de ese selecto club que, a los hechos me remito, goza de un grado de complicidad y compañerismo que, a buen seguro, también es fruto del delicado y tenaz trabajo de Enrique Loewe y su equipo; Carla Fernández-Shaw, entre otros. Un grupo, conviene recalcarlo, plural, algo que se notó, y mucho, en la hora larga de lectura de casi todos los ganadores. Por eso no ocurrió lo que uno temía: que ese recital ocasionara víctimas por sobredosis lírica. Ni siquiera Felipe Benítez, sentado a mi vera, tuvo que salir a fumar un cigarro, y eso que tenía estudiado el plan de fuga.
Ningún poema llegó a decepcionarme, que no es poco. La complicidad es otra historia y uno se encuentra tan cerca de según qué poemas como lejos de según que otros, así de sencillo. No es cuestión de entrar en detalles; no obstante, por destacar algo, me gustó que Vicente Gallego recitara su poema de memoria (fue el único), sonó de otro modo, y de las lecturas, todas las demás, la de José María Álvarez brilló por el tono, tan adecuado al de su poética.
Puede que Francisco Brines sea mayor y eso se note en su movilidad, no sólo les pasa a los reyes. Su cabeza, sin embargo, está lúcida. Sin una sola nota, desplegó en unos minutos una memorable lección de poesía (por eso es un maestro) en la que hizo hincapié en la importancia del lector, que es quien realmente escribe, al leerlo, el poema. Como poetas, vino a decir, estamos limitados, hacemos lo que podemos con las palabras, por mucha voluntad que pongamos. Como lectores, en cambio, somos seres abiertos a la infinidad de la poesía, sin más cortapisas que las que nos impongamos a nosotros mismos. Inmensos, por usar un término juanramoniano. Terminó afirmando que los miembros de los sucesivos jurados del Loewe han sido, ante todo, excelentes lectores y de ahí esa lista de libros, que no de nombres, que justifican esta lujosa empresa.
Algunos echamos de menos la mención a dos poetas que fueron Premio Loewe y, por desgracia, está muertos: César Simón y Miguel Ángel Velasco.
En fin, larga vida al premio, ahora que don Enrique cede el testigo a su hija Sheila. Ella ya está en ello. Al parecer va a internacionalizarse aún más (el grupo LVMH se ha dado cuenta de que el invento funciona) e incorpora a su jurado a Clara Janés y Soledad Puértolas. No, no abundan las mujeres en el palmarés. En cualquier caso, pase lo que pase, un puñado de libros da cuenta -o la dará- de que la aventura de Loewe ha merecido la pena. O, mejor, el lujo.
Ningún poema llegó a decepcionarme, que no es poco. La complicidad es otra historia y uno se encuentra tan cerca de según qué poemas como lejos de según que otros, así de sencillo. No es cuestión de entrar en detalles; no obstante, por destacar algo, me gustó que Vicente Gallego recitara su poema de memoria (fue el único), sonó de otro modo, y de las lecturas, todas las demás, la de José María Álvarez brilló por el tono, tan adecuado al de su poética.
Puede que Francisco Brines sea mayor y eso se note en su movilidad, no sólo les pasa a los reyes. Su cabeza, sin embargo, está lúcida. Sin una sola nota, desplegó en unos minutos una memorable lección de poesía (por eso es un maestro) en la que hizo hincapié en la importancia del lector, que es quien realmente escribe, al leerlo, el poema. Como poetas, vino a decir, estamos limitados, hacemos lo que podemos con las palabras, por mucha voluntad que pongamos. Como lectores, en cambio, somos seres abiertos a la infinidad de la poesía, sin más cortapisas que las que nos impongamos a nosotros mismos. Inmensos, por usar un término juanramoniano. Terminó afirmando que los miembros de los sucesivos jurados del Loewe han sido, ante todo, excelentes lectores y de ahí esa lista de libros, que no de nombres, que justifican esta lujosa empresa.
Algunos echamos de menos la mención a dos poetas que fueron Premio Loewe y, por desgracia, está muertos: César Simón y Miguel Ángel Velasco.
En fin, larga vida al premio, ahora que don Enrique cede el testigo a su hija Sheila. Ella ya está en ello. Al parecer va a internacionalizarse aún más (el grupo LVMH se ha dado cuenta de que el invento funciona) e incorpora a su jurado a Clara Janés y Soledad Puértolas. No, no abundan las mujeres en el palmarés. En cualquier caso, pase lo que pase, un puñado de libros da cuenta -o la dará- de que la aventura de Loewe ha merecido la pena. O, mejor, el lujo.
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| Instituto Cervantes |
14.3.13
Miguel Ángel Lama lee Plasencias
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| Plaza de Ansano. Plasencia |
12.3.13
Un poema de Nuno Júdice
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| Praça Giraldo, Évora, Portugal |
PROVINCIA
En el centro de la plaza escuché la música blanca
del quiosco vacío, y un coro de pájaros, afinados
por el otoño, cantando la melancolía blanda de la
provincia. Una infancia antigua corría por entre
el empedrado, llevada por el viento; y las bolas de
billar golpeaban en las mesas del café en que los
viejos leían el periódico, en la página de anuncios,
en busca de viajes que nunca harían.
Todos los otoños están hechos de cosas banales,
se pegan a un sentimiento que no tiene nombre,
empujan el alma fuera del asfalto, ensuciándola
con el barro de las cunetas, llenan de niebla el
horizonte de los ojos, obligan al ser a descubrir
una forma para el tedio, como si no hubiera
nada más en su existencia, nos ponen en la
frente un viejo mapa de nubes deslustradas.
Sigo con el índice el rumbo de los ríos. En algún lugar
hay una salida de esta plaza; y es como si
el gesto que hago sobre el hilo azul, en el papel,
me llevase en su corriente hasta ese mar que
no tiene puertos ni barcos. Pero invento
templos en las columnas del quiosco; abro
hemisferios en las fachadas por pintar; oigo
temporales en los tejados que van a caerse.
Y al salir de la plaza, dejando atrás
el otoño, llevo conmigo los periódicos que los viejos
abandonaron después de recortar los anuncios.
Traducción de Martín López-Vega
11.3.13
Veto
El extremeño diario HOY mantiene unas pocas páginas dedicadas a los libros. A la crítica y a la información. Se integran los sábados en el periódico y, en principio, atiende a obras de autores extremeños o publicados en la región. Se nota, con todo, que cada vez se publica menos aquí. No sé si también menos extremeños fuera. Lo de Carrasco y su Intemperie no deja de ser una excepción, en todos los sentidos. El caso es que raro es el día que García Fuentes o Simón Viola se ocupan de un libro de versos o de una novela, respectivamente, made in Extremadura.
Cualquier lector atento habrá echado de menos el silencio crítico que pesa sobre los libros de una de las dos o tres editoriales que tenemos. Y que por eso debería sonar más. Me refiero a de la luna libros, de Mérida. Más en concreto, a las obras que han ido saliendo -diez hasta ahora- de la colección Luna de Poniente, dedicada a autores extremeños vivos (sí, donde acaba de aparecer Plasencias). Una especie de canon que, poco a poco, va abriéndose paso de la mano de Elías Moro y Marino González, directores del invento. De ninguna se ha hablado en ese medio de comunicación regional.
Hace un par de meses se publicaba en el diario una extensa entrevista con el escritor y "especialista en cultura portuguesa" (?) Antonio Sáez Delgado. A propósito de la publicación de dos libros suyos, ya reseñados aquí. Digo dos deliberadamente. Bien sé que son tres. Al último, Yo menos yo, se le mencionaba y hasta se conversaba un poco sobre él, pero se le despachaba como de próxima aparición. En apariencia, todo normal: la entrevista se habría hecho antes de que el libro saliera de la imprenta. Me temo que no, que la cosa es un pelín más complicada. Ignoro la razón, nadie me la ha dado todavía, pero es un hecho que, de un tiempo a esta parte (años ya), en ese periódico la editorial de la luna libros está vetada y, en consecuencia, los libros que aparecen en el sello emeritense no son reseñados, ni comentados y a duras penas, como en la conversación con Sáez, citados (sin aludir a la procedencia, por supuesto). Con alguna excepción, por cierto. Así, Pecellín, que manda mucho, elogió en su peculiar sección la última novela de un escritor de esa casa, Alonso Guerrero (sin mención, eso sí, a la editorial).
Unos cuantos sábados atrás, García Fuentes utilizó el eufemismo "proyecto selenita" para aludir, sin ser notado, a otra colección de la misma editorial emeritense.
Si tenemos en cuenta que, en Extremadura, lo que no pasa en el HOY no existe... Llamativo. Y una pena, añado. O un sinsentido, no sé. Que cada cual responda.
Cualquier lector atento habrá echado de menos el silencio crítico que pesa sobre los libros de una de las dos o tres editoriales que tenemos. Y que por eso debería sonar más. Me refiero a de la luna libros, de Mérida. Más en concreto, a las obras que han ido saliendo -diez hasta ahora- de la colección Luna de Poniente, dedicada a autores extremeños vivos (sí, donde acaba de aparecer Plasencias). Una especie de canon que, poco a poco, va abriéndose paso de la mano de Elías Moro y Marino González, directores del invento. De ninguna se ha hablado en ese medio de comunicación regional.
Hace un par de meses se publicaba en el diario una extensa entrevista con el escritor y "especialista en cultura portuguesa" (?) Antonio Sáez Delgado. A propósito de la publicación de dos libros suyos, ya reseñados aquí. Digo dos deliberadamente. Bien sé que son tres. Al último, Yo menos yo, se le mencionaba y hasta se conversaba un poco sobre él, pero se le despachaba como de próxima aparición. En apariencia, todo normal: la entrevista se habría hecho antes de que el libro saliera de la imprenta. Me temo que no, que la cosa es un pelín más complicada. Ignoro la razón, nadie me la ha dado todavía, pero es un hecho que, de un tiempo a esta parte (años ya), en ese periódico la editorial de la luna libros está vetada y, en consecuencia, los libros que aparecen en el sello emeritense no son reseñados, ni comentados y a duras penas, como en la conversación con Sáez, citados (sin aludir a la procedencia, por supuesto). Con alguna excepción, por cierto. Así, Pecellín, que manda mucho, elogió en su peculiar sección la última novela de un escritor de esa casa, Alonso Guerrero (sin mención, eso sí, a la editorial).
Unos cuantos sábados atrás, García Fuentes utilizó el eufemismo "proyecto selenita" para aludir, sin ser notado, a otra colección de la misma editorial emeritense.
Si tenemos en cuenta que, en Extremadura, lo que no pasa en el HOY no existe... Llamativo. Y una pena, añado. O un sinsentido, no sé. Que cada cual responda.
10.3.13
La escultura de Morán
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| Toni Gudiel. El Periódico Extremadura |
La semana pasada, después de la presentación de Plasencias, un pequeño grupo de amigos estuvimos tomando algo en La Puerta de Tannhäuser, que, por cierto, no deja de ser uno de los mejores lugares para hacerlo. Al salir, vi con cierta estupefacción cómo a una chica joven, treintañera, con buen aspecto, le hacían una foto encima de la escultura de Antonio Morán, Escena Tercera, situada en la plaza de Ansano, la que ganó hace años el III Premio Internacional de Escultura de Caja Extremadura.
La mujer estaba sentada encima de la figura que tiene su cabeza enterrada en la arena. Una arena que ya no es lo que era, que ha perdido su condición original, las sugerentes y deliberadas formas que hacía, la intención que provocaba en el espectador atento. La obra está dañada y Morán lo denuncia. En vano, hasta ahora. Primero se colocó donde no era. Al parecer, un camión de reparto la golpeó hace tiempo. Eso y, además (por más que Morán lo niegue o lo ignore), el vandalismo de esta ciudad de aventajados vándalos, se han encargado de lo demás. Mejor, en todo caso, evitar la dejadez, ese mal tan nuestro, y, con su buena voluntad, facilitar que el artista vuelva a dejar la obra en su estado original. Hasta que vuelvan los ataques.
La mujer estaba sentada encima de la figura que tiene su cabeza enterrada en la arena. Una arena que ya no es lo que era, que ha perdido su condición original, las sugerentes y deliberadas formas que hacía, la intención que provocaba en el espectador atento. La obra está dañada y Morán lo denuncia. En vano, hasta ahora. Primero se colocó donde no era. Al parecer, un camión de reparto la golpeó hace tiempo. Eso y, además (por más que Morán lo niegue o lo ignore), el vandalismo de esta ciudad de aventajados vándalos, se han encargado de lo demás. Mejor, en todo caso, evitar la dejadez, ese mal tan nuestro, y, con su buena voluntad, facilitar que el artista vuelva a dejar la obra en su estado original. Hasta que vuelvan los ataques.
9.3.13
Loewe, 25 años
El Cultural dedicó ayer su portada y algunas páginas a los XXV años del premio Loewe de poesía. Un reportaje de Nuria Azancot, "Memoria de un premio", al que se suma una antología de poemas inéditos de algunos galardonados, así como un artículo de Luis Antonio de Villena, "El Loewe cumple 25 años".
El próximo martes tendrá lugar en la sede del Instituto Cervantes de Madrid una lectura poética conmemorativa. Esta es la invitación.
8.3.13
El hilo de Irazoki
Que un libro empieza por la cubierta puede parecer una obviedad, pero no lo es. En éste, Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) escribe su primer poema en el título: Retrato de un hilo (Hiperión) y elige un dibujo de Yves Loyer -tan cerca- para ilustrar su poética: apenas un trazo de aire oriental, tan sereno como preciso. A eso me refiero. Y a que, antes de leer sus primeros versos, uno se encuentre con este haiku de Issekiro: "Mientras lo corto / veo que el árbol tiene / serenidad". Mucha hay en este libro de apenas treinta poemas cortos en verso (en el anterior, Los hombres intermitentes, publicado también por Hiperión, estaban en prosa) que nos llevan a Benarés, las calles de París y a ciertos interiores que pueden estar en cualquier parte.
Antes de entrar en materia, conviene recordar que no es extensa la obra de Irazoki. Al libro aludido habría que añadir Cielos segados (Universidad del País Vasco), su poesía completa hasta 1990, que incluye los tres volúmenes de versos escritos hasta esa fecha: Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. También es autor de La nota rota (Hiperión), cincuenta semblanzas de músicos de épocas muy variadas. No en vano su formación es musical y a la música se ha dedicado. Por eso sus lectores, ávidos de poemas, celebramos la salida de esta nueva entrega, compuesta por poemas escritos entre 1991 y 1998, lo que vuelve a darnos una pista fiable acerca del poeta que tenemos delante, alguien que, quién lo duda, tiene todo menos prisa. "¿Qué importa el tiempo en la literatura?", se pregunta Irazoki en su reciente entrevista con Nuria Azancot.
Decía antes que su libro nos lleva a India, en un viaje a Benarés, a las calles extranjeras de París y a los cuartos donde se celebra, en la intimidad, el amor. Son significativos los títulos de las cinco partes que lo componen: "Equipajes", "Calle de los viajeros", "Viandantes", "Lindes" y "Canciones extranjeras". En todas ellas encontramos a "un hombre" que observa, reflexiona y después habla. Alguien dotado, ante todo, de compasión; de un profundo respeto hacia el otro que, como nos enseñó Emmanuel Lévinas, nos muestra su verdadera humanidad al cruzar con nosotros la mirada.
Su relato, digamos, es cercano, nos acompaña, nos sugiere. Proviene más de la duda que de la certeza. Irazoki escribe con palabras sencillas, sin alardes, con el tono de lo dicho en voz baja, de la confidencia, de la conversación. Sus versos son tan "de verdad" como él mismo. Al leerlos, quiero decir, tocamos al hombre, percibimos su condición de pasajero y nos identificamos con su alegría, con su malestar. Ninguna parte mejor para comprender cuanto digo que la segunda del libro: "Calle de los viajeros". Sus protagonistas son mendigos, transeúntes, inmigrantes y, en fin, esos seres que viven en ese inhóspito no-lugar a que alude el título donde, a pesar de los pesares, se encuentran chispazos de felicidad y de esperanza.
En contraposición, o complementariamente, la calidez, el deseo, las sensualidad y el discreto erotismo de los poemas de amor destinados a esa "joven parisina que redactaba su tesis doctoral de Geopolítica sobre el País Vasco" a la que Irazoki conoce en San Sebastián y con la que va a París. La misma a quien ahora, muchos años de convivencia después, dedica Retrato de un hilo: Barbara Loyer.
La obra concluye con dos poemas escritos originalmente en francés, una de las lenguas del poeta, junto al euskera (de sus tempranos, infantiles afectos) y el español (de su escritura).
Aunque los poemas suelen ser breves, destacaría algunos largos. Así, el que da título al libro. Como el viejo del Ganges, Irazoki también "bebe despacio su vaso de tiempo". O "Citas con el dictador" (de él dice su autor: "uno de los que más aprecio de la obra, describo al dolor como un déspota senil contra el que he construido un humilde refugio de resistencia. El dolor es ahí un tirano que ha perdido la fuerza del misterio"), "Hotel Abismo" y "Miguel de Cervantes viaja a sus dos espejos".
Irazoki se declaró hace tiempo a favor de la alegría, contra el "ceño fruncido", y eso es algo que agradece el lector. Sí, porque salimos de esos versos -tan hospitalarios, tan sosegados, tan hondos- renovados; como si el tedio, la tristeza, el miedo o la indolencia no existieran, como si hubiéramos conjurado su amenaza de una vez y para siempre. "Ves en cada árbol / el resumen de un hombre: / el tiempo erguido". Sí, eso.
Antes de entrar en materia, conviene recordar que no es extensa la obra de Irazoki. Al libro aludido habría que añadir Cielos segados (Universidad del País Vasco), su poesía completa hasta 1990, que incluye los tres volúmenes de versos escritos hasta esa fecha: Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. También es autor de La nota rota (Hiperión), cincuenta semblanzas de músicos de épocas muy variadas. No en vano su formación es musical y a la música se ha dedicado. Por eso sus lectores, ávidos de poemas, celebramos la salida de esta nueva entrega, compuesta por poemas escritos entre 1991 y 1998, lo que vuelve a darnos una pista fiable acerca del poeta que tenemos delante, alguien que, quién lo duda, tiene todo menos prisa. "¿Qué importa el tiempo en la literatura?", se pregunta Irazoki en su reciente entrevista con Nuria Azancot.
Decía antes que su libro nos lleva a India, en un viaje a Benarés, a las calles extranjeras de París y a los cuartos donde se celebra, en la intimidad, el amor. Son significativos los títulos de las cinco partes que lo componen: "Equipajes", "Calle de los viajeros", "Viandantes", "Lindes" y "Canciones extranjeras". En todas ellas encontramos a "un hombre" que observa, reflexiona y después habla. Alguien dotado, ante todo, de compasión; de un profundo respeto hacia el otro que, como nos enseñó Emmanuel Lévinas, nos muestra su verdadera humanidad al cruzar con nosotros la mirada.
Su relato, digamos, es cercano, nos acompaña, nos sugiere. Proviene más de la duda que de la certeza. Irazoki escribe con palabras sencillas, sin alardes, con el tono de lo dicho en voz baja, de la confidencia, de la conversación. Sus versos son tan "de verdad" como él mismo. Al leerlos, quiero decir, tocamos al hombre, percibimos su condición de pasajero y nos identificamos con su alegría, con su malestar. Ninguna parte mejor para comprender cuanto digo que la segunda del libro: "Calle de los viajeros". Sus protagonistas son mendigos, transeúntes, inmigrantes y, en fin, esos seres que viven en ese inhóspito no-lugar a que alude el título donde, a pesar de los pesares, se encuentran chispazos de felicidad y de esperanza.
En contraposición, o complementariamente, la calidez, el deseo, las sensualidad y el discreto erotismo de los poemas de amor destinados a esa "joven parisina que redactaba su tesis doctoral de Geopolítica sobre el País Vasco" a la que Irazoki conoce en San Sebastián y con la que va a París. La misma a quien ahora, muchos años de convivencia después, dedica Retrato de un hilo: Barbara Loyer.
La obra concluye con dos poemas escritos originalmente en francés, una de las lenguas del poeta, junto al euskera (de sus tempranos, infantiles afectos) y el español (de su escritura).
Aunque los poemas suelen ser breves, destacaría algunos largos. Así, el que da título al libro. Como el viejo del Ganges, Irazoki también "bebe despacio su vaso de tiempo". O "Citas con el dictador" (de él dice su autor: "uno de los que más aprecio de la obra, describo al dolor como un déspota senil contra el que he construido un humilde refugio de resistencia. El dolor es ahí un tirano que ha perdido la fuerza del misterio"), "Hotel Abismo" y "Miguel de Cervantes viaja a sus dos espejos".
Irazoki se declaró hace tiempo a favor de la alegría, contra el "ceño fruncido", y eso es algo que agradece el lector. Sí, porque salimos de esos versos -tan hospitalarios, tan sosegados, tan hondos- renovados; como si el tedio, la tristeza, el miedo o la indolencia no existieran, como si hubiéramos conjurado su amenaza de una vez y para siempre. "Ves en cada árbol / el resumen de un hombre: / el tiempo erguido". Sí, eso.
7.3.13
Ex Libris, 12
Acaba de llegar el número 12 de la revista de poesía Ex Libris, vinculada ahora al Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, de la Diputación de esa provincia. Creo recordar que antes dependía de la Universidad de Alicante. En él, un abundante puñado de poemas de distintos autores, jóvenes sobre todo. Por citar a unos cuantos, sin menoscabo para el resto, del grupo de los seniors, diré que abre el número un poema crepuscular de veterana Pureza Canelo (lo que no significa que sus versos en prosa lo sean), le siguen cuatro (todo un festín) de mi admirado y comedido Julio Martínez Mesanza (un muchacho de mi edad), dos del argentino Osvaldo Picardo y otros tantos (muy metapoéticos) de Javier Bozalongo, otro de mi no menos admirado Fermín Herrero (del que hablaremos pronto)... No faltan entre los jóvenes autores que conozco (la inmensa minoría) y que he citado más de una vez en este blog: mi paisano Daniel Casado (excelente su "Avatares") o el ovetense José Luis Sevillano (por corto, pero certero). Digno de elogio es también el poema machadiano de uno de los directores de la revista, Luis Bagué. Le sigo la pista con gusto al divertido Aitor Francos, uno de los liliputienses de Cumbreño, autor de Un lugar en el que nunca he escrito.
Al final de la entrega, tras unas cuantas reseñas (una de ellas sobre el último libro de Fombellida, a cargo de Álex Chico), se publica una entrevista de Jorge Fernández Jaén con Juan Vicente Piqueras, flamante premio Loewe (por más que la conversación tuviera lugar antes de ese acontecimiento: está fechada en abril de 2011). La acompañan tres poemas de ese valenciano de todas partes.
Espera uno que se cumpla el pronóstico del editorial y siempre haya un Ex Libris que llevarse a los ojos. Y que nosotros, claro, los leamos.
6.3.13
Marzal dixit
"El escritor vive por obligación. No creo que haya vivido más un cazador
de leones que un señor que no ha salido de su habitación. No ha vivido
más Hemingway que Pessoa o Proust. Ni Bruce Chatwin que cualquier poeta
que no ha salido de su ciudad. Creo que lo que se vive es una
interiorización de la experiencia propia. Se puede hacer a través de la
aventura, un método maravilloso, o a través del sedentarismo más puro".
Carlos Marzal. “No me gusta la realidad, sino pertenecer a ella”. Ferrán Bono. El País.
Chirbes, el suelo y la culpa
«En 1992, ese año, Chirbes publicó La buena letra,
una novela corta que, protagonizada por una mujer represaliada durante
la posguerra, se adelantó una década a la ola de ficciones sobre la
Guerra Civil. “Una voz de mujer que le devuelve el pasado al hijo que
quiere convertir la incómoda casa familiar en un solar”, así ha descrito
La buena letra su propio autor, al que le gusta “bromear” diciendo que,
en el fondo, era un libro contra el Decreto ley de Ordenación y Medidas
Económicas aprobado el 30 de abril de 1985 y bautizado popularmente
como ley Boyer, por el ministro de Economía de Felipe González. Aquel
decreto permitía, por una parte, transformar las viviendas en locales
comerciales independientemente de la calificación que tuvieran en los
planes urbanísticos; por otra, suprimía la prórroga forzosa de los
contratos de alquiler. “En 1991, poco antes de que se publicara la
novela apareció en EL PAÍS un artículo que hablaba de esa ley”, cuenta
Chirbes. “Lo escribió Isabel Vilallonga [entonces portavoz de Izquierda
Unida en la Asamblea de Madrid], y si lo lees ahora ves cómo anunciaba
todo lo que vino luego: subida de los precios, expulsión de los pobres
del centro de las ciudades, especulación”.»
"La gran novela de la crisis en España", Javier Rodríguez Marcos, El País, Babelia.
(Nota: Dedico la cita a Pedro Burgos Montero, que la estará leyendo.)
5.3.13
Últimas voces
Me contaba el otro día Marino González que la idea de abeZetario, colección de poesía de la Institución Cultural "El Brocense" de la Diputación de Cáceres, dirigida por Teófilo González Porras, fue suya; que él mismo dibujó todas las letras del alfabeto, mayúsculas y minúsculas, para el proyecto; que, como en La Centena de Antonio Gómez, decidieron que se iría hacia atrás, desde la Z hasta la a y, en fin, cómo se quedó fuera como quien dice antes de empezar, por más que el invento esté a punto de terminar sin que cambiaran nunca la primera letra que se le puso en la cubierta al libro inaugural de la serie: la Z, a pesar de que el citado Marino se ofreciera a regalarles el abecedario completo. Bien, la entrega correspondiente a la b lleva por título Matriz desposeída (Últimas voces de la poesía en Extremadura) y los editores son los profesores Rafael Morales Barba, de la Autónoma de Madrid, y Mario Martín Gijón, de la de Extremadura. La elección de unas palabras de Ángel Campos Pámpano para titularla es, al tiempo, un homenaje al poeta extremeño que nos dejó demasiado pronto y al que aquí (y no sólo) seguimos echando de menos, así como a lo que él y otros hicieron por la poesía en Extremadura, por su madurez y actualización, para decirlo pronto. No todas herencias recibidas van a ser malas.
Los poetas elegidos son: Javier Rodríguez Marcos, José Antonio Llera, José María Cumbreño, Antonio Reseco, Daniel Casado, Mario Lourtau, Elena García de Paredes, Julio César Galán, José Manuel Díez, Álex Chico, Luis Darío y Urbano Pérez Sánchez. El primero nació en 1970 y el último en 1981.
Hace mucho que está uno tranquilo en lo que respecta a la poesía escrita aquí o por extremeños; una parte significativa de la poesía española, ni más ni menos. La pobreza de esta tierra (nada nuevo) y la aproximada forma de ser y de estar (en el mundo) de sus habitantes dan para mucho. Para poesía también. Así ha venido siendo desde hace décadas, por no remontarnos al pasado más remoto. Cambió el tono (que se hizo moderno, en el mejor sentido), el número (ya no eran islas), las circunstancias (de donde proviene buena parte de lo que está ocurriendo, mal que les pese a algunos. Aulas, Talleres...), etc., pero la sustancia (lo pongo en cursiva para que no se me malinterprete: más nacionalismos no, por favor) permanece.
Hace mucho que está uno tranquilo en lo que respecta a la poesía escrita aquí o por extremeños; una parte significativa de la poesía española, ni más ni menos. La pobreza de esta tierra (nada nuevo) y la aproximada forma de ser y de estar (en el mundo) de sus habitantes dan para mucho. Para poesía también. Así ha venido siendo desde hace décadas, por no remontarnos al pasado más remoto. Cambió el tono (que se hizo moderno, en el mejor sentido), el número (ya no eran islas), las circunstancias (de donde proviene buena parte de lo que está ocurriendo, mal que les pese a algunos. Aulas, Talleres...), etc., pero la sustancia (lo pongo en cursiva para que no se me malinterprete: más nacionalismos no, por favor) permanece.
Entre los seleccionados para esta antología con criterio hay poetas que se quedaron y otros, la mayoría, que viven fuera de la región (siete de doce), algo que se agudizará a partir de ahora. No es bueno que los escritores se marchen siquiera sea porque dejan de realizar tareas adicionales a las meramente literarias que redundan en beneficios para la comunidad; con todo, sí, lo que importan son los poemas y de eso hay mucho y bueno en estas páginas. En lo que se refiere a los poetas (todos menores de 40 años en el momento del corte), son todos los que están, aunque me gusten más unos que otros. Echa uno en falta, si se me permite la licencia, a Antonio Sáez, coetáneo de Javier Rodríguez Marcos -un perfecto cabo de fila-, que acaba de publicar un libro magnífico, y a una mujer: Carmen Hernández Zurbano, la autora de Géiser, otro libro espléndido; una extremeña de Salamanca que vivió su adolescencia en Plasencia (uno es de dónde hizo el bachillerato, dijo Aub) y que trabaja en esta tierra.
Me han gustado las poéticas, algunas ya conocidas, y, como decía, encuentro en las apuestas una solidez, en algunos casos, aplastante. Prefiero, eso sí, no entrar en detalles. Para no herir susceptibilidades. Las líricas son de las peores.
Es digno de elogio el trabajo de Morales Barba y Martín Gijón. En lo que respecta al prólogo -donde se ve la escritura a dos manos- y a la idea en sí. Después del magno florilegio de Miguel Ángel Lama, al que se reconoce la labor de desbroce, hacía falta un libro como éste.
¿Lo peor? la constatación de que nos vamos hacemos viejos, algo que tú, querido Ángel, lograste evitar.
Es digno de elogio el trabajo de Morales Barba y Martín Gijón. En lo que respecta al prólogo -donde se ve la escritura a dos manos- y a la idea en sí. Después del magno florilegio de Miguel Ángel Lama, al que se reconoce la labor de desbroce, hacía falta un libro como éste.
¿Lo peor? la constatación de que nos vamos hacemos viejos, algo que tú, querido Ángel, lograste evitar.
J. A. Llera, E. García de Paredes, L. Darío,
Martín Gijón y Morales Barba en la presentación madrileña del libro
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Irazoki habla con Nuria Azancot
Ya tengo encima de la mesa Retrato de un hilo, el anunciado libro de F. J. Irazoki (fotografiado arriba por Barbara Loyer). Nuria Azancot le entrevista para El Cultural. Seguimos.
4.3.13
Zoki
Francisco Javier Irazoki está a punto de publicar un nuevo libro. Será en Hiperión y bajo el título Retrato de un hilo. El periódico Bilbao le hace la primera entrevista.
Plasencias en Canal Extremadura
Apenas 1 minuto le dedicaron al libro en el informativo del mediodía de Canal Extremadura. Menos es nada. A partir del minuto 24.
3.3.13
2.3.13
Las Plasencias de Aramburu
Como sospecha el autor de Años lentos, algunas de las fotografías de su tira son de sitios nombrados (o evocados) en mi Plasencias.
Ésta, hecha por Juan Ramón Santos, nos sitúa a los dos en el bar del Alfonso VIII durante aquella corta visita. Se ve a las claras quién es el escritor. Vielen Dank, Meister.
En Almaraz
La fotografía es de Antonio María Flórez, que ejerció anoche de reportero gráfico. En ella, además de Álex y yo, aparecen Juan Ricardo Montaña, al fondo, y Marino González, a la derecha. Estamos tomando el fresco a las puertas de la antigua Casa de Cultura y hoy Ayuntamiento de Almaraz. Lo pasamos bien.
1.3.13
Fernando Aramburu lee "Plasencias"
Escribe el novelista a propósito del libro en su blog, Años lentos. Qué puede uno decir salvo "qué he hecho yo...". Gracias. Con lectores así... Las inminentes presentaciones provinciales, que diría GHB, me serán más leves. Serio que es uno.
Aramburu dixit
Malo, peor, pésimo
Nuestros abuelos padecieron la guerra y sus consecuencias. Nuestros padres se mataron a trabajar. Los siguientes disfrutamos de la época más apacible en la historia de Europa, hemos arrasado con las provisiones de bienestar y a los chavales de hoy les hemos dejado el desorden y los desperdicios de la fiesta. Ah, y las deudas. ¿Es eso lo que nos están diciendo diversos intelectuales entrados en la melancolía de los años? ¿Vargas Llosa cuando diagnostica la trivialización de la cultura? ¿José Luis Sampedro, quien, sin mencionar a China, Suiza, Escandinavia, declara muerto el actual sistema económico? ¿Stéphane Hessel llamando a la indignación? ¿O Zygmunt Bauman anunciando por carta el fin de la felicidad? ¡Qué tiempos aquellos en que no había tiempo ni para problemas psicológicos! En que las guerras continuas, la penuria, las epidemias, el analfabetismo, simplificaban la existencia humana. Cada día están más lejos los jardines.
Fernando Aramburu, El Cultural
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