4.10.13

Antonio Ventura

Fotografía de Fran Horrillo
Hoy se celebra en el Parador de Jarandilla un homenaje a Antonio Ventura Díaz Díaz (Campanario, 1948) con motivo de su jubilación como funcionario y como Director de la Fundación Academia Europea de Yuste, lo más cercano a la excelencia que existe por estos lares.
Está organizado por la Asociación Extremeña de Fundaciones.
Ni que decir tiene que me parece un agasajo justificado. Pocos extremeños de los que han protagonizado estos años pasados, los mejores en mucho tiempo, lo merecen más. Supongo que ahora ya le podrán conceder la Medalla de Extremadura, que, con esa decisión, incrementaría no poco su menguado prestigio.
Uno conoció en persona a Antonio Ventura, como le llamamos todos, en Plasencia, a principios de los noventa. Se presentaba uno de mis libros, A debida distancia, y él, consejero de Cultura en aquel entonces y de paso aquel día por la ciudad, se acercó a Los Patios, el local de Quique "Cervantes", para acompañarnos. Ajeno, claro está, a cualquier protocolo. Un detalle. Luego, no hemos dejado de tratarnos. Gracias a la Fundación que ha dirigido, de la que era el alma, nos hemos encontrado, además de en distintos lugares de Extremadura, en Bruselas, Utrecht o Deventer. Muchas veces en Yuste, donde está la bonita sede de la FAEY, que, por cierto, siempre contó con un equipo de trabajo a la altura de su ambicioso proyecto.
Ha sido y es un caballero, por decirlo a la antigua usanza -un señor, si se prefiere-, y su forma de proceder, poco política (en el mejor sentido), ha sido siempre equilibrada y ejemplar. Tímido, me parece, pero cordial y bondadoso en las distancias cortas, muy educado, sus maneras, sus ideas y sus logros (en la cultura y en la discapacidad) son, ya decía, un modelo a seguir, más en esta tierra donde la mediocridad y el arribismo abundan. Se le echará de menos.

3.10.13

Vida callada

Es el título de una singular, original antología que firman al alimón los poetas Antonio Moreno y Josep Maria Asencio para Pre-Textos
Vida callada reúne poemas, por decirlo pronto, sobre el silencio. O sobre la experiencia del silencio, un clásico motivo moderno de la poesía, sobre todo a partir del Simbolismo.
Me gustaría poder resumir o glosar el prólogo (o ensayo) que ha escrito Moreno donde justifica, y de qué magistral manera, los propósitos de la muestra, pero me siento incapaz. Es tan cabal y está todo tan bien dicho... Se cita a Pablo d'Ors y a unas palabras que pone en boca de Charles de Foucauld en su novela El olvido de sí y que podrían resumirse en que sin soledad y silencio ningún ser humano puede tener vida interior. Eso y el cincuenta aniversario del IES "La Asunción" de Elche (donde enseña Asencio) están en el origen de la antología que "se basaría -en palabras de éste- en la celebración del silencio o de la iluminación de aquellos instantes que sólo una mirada traspasada por la luz y por el silencio mismo puede captar en profundidad". 
"La poesía es amiga del silencio", por paradójico que parezca. "Es más -añade Moreno-, lo necesita como un árbol depende de la lluvia".
Los cincuenta poemas incluidos pertenecen a poetas españoles nacidos entre 1904 y 1977. Uno por cabeza, salvo en tres casos: Claudio Rodríguez, Antonio Colinas y César Simón, que aportan dos. 
Están dispuestos en las páginas sin hacer alusión a su autoría, "como si fueran el libro de un solo autor", un dato que aparece en una tabla al final. Y así leído, casi lo parece. De un autor lo suficientemente dúctil como para permitirse diferentes variaciones tonales, claro está. El experimento funciona. Algo que debe atribuirse en buena medida al acierto de quien seleccionó, sin salir de la biblioteca de su casa, los versos de Vida callada
De uno, por ejemplo, han elegido "Una visión" (pg. 23), un poema de Desde fuera:

Párate aquí, contempla
los paisajes que han ido conformando
el rostro que ahora tienes.
Tus ojos que reflejan la mirada
de ese valle perdido donde el tiempo
se ha ido remansando hasta tal punto
que a veces hasta dudas de que pase.
Tus oídos que guardan el susurro
de las ramas mecidas por el viento
y del bronco rodar de las gargantas
cuando bajan crecidas en invierno.
Proyecta tu nariz el dulce olfato
de las secas higueras de septiembre
y el áspero perfume del estiércol
y las bestias que pastan en los prados.
Tu boca es el sabor (sin sabor, dicen)
del agua herrumbrosa de las fuentes
y de moras silvestres y cerezas
maduras a la luz de los veranos.
Las arrugas que cruzan por tu cara
son las líneas del mapa de tu vida.
Señalan los caminos que has seguido
por todas las esquinas de la tierra.
Son las marcas dejadas por los años
que pasaste escondido en este sitio.
Los unos y las otras se han cruzado
exactamente aquí.
                                        Para, contempla:
este espejo revela al fin tu máscara.

2.10.13

Trinos de Polydouri

Juan Manuel Macías ha traducido al completo y por primera vez al castellano un hermoso libro, de los dos que publicó en vida María Polydouri: Los trinos que se extinguen
Lo edita pulcramente Vaso Roto
Nació en Kalamata en 1902 y murió en Atenas a los 28 años, en 1930. Su biografía ("tan artificiosa como todas") es tan breve como su vida, pero tan intensa como los pocos poemas que le dio tiempo a componer. Estudió Derecho, fue funcionaria, se enamoró de otro poeta, el suicida Karyotakis, viajó a Paris y de la capital francesa regresó ya enferma de tuberculosis, la enfermedad que se la llevó a la tumba, aunque no deje de fantasearse con su presunto suicidio. 
Los poemas de este libro fueron escritos en su mayor parte, como nos cuenta en su ajustado prólogo Macías, en el sanatorio de Sotiría. Son poemas apasionados y hondos, propios de alguien que se extingue, tal los trinos de su título, y que lo sabe. No falta en ellos la melancolía, pero tampoco la "amarga celebración". Ni el amor. Polydouri, ay, era joven. Ni la muerte, tan cierta, tan a mano. Lo que no hay es patetismo, ni falsedad, ni siquiera la consabida retórica. Al revés, hay mucha verdad. Al leer sus versos, llenos de flores y de árboles, uno puede sentirla, como si la jovencísma, la tísica y triste María estuviera aquí al lado. Su tono, confidencial e íntimo, hace al lector partícipe, con naturalidad, de su dolor. Y lo hace suyo. También de su fugaz alegría. 
Algunos poemas son soberbios. Así, "No lo dirán", "París", "Porque me quisiste" (¡), "Timidez", "En mi casa" o "Sotiría", acaso mi preferido: "Que se marche ya el día con sus luces. / ¿Por qué la noche se demora tanto?"
Sin quitarle un ápice de talento a Polydouri, también es culpable de esa excelencia su traductor, Juan Manuel Macías. No está de más que conste. 

1.10.13

Dos belgas

En mi ignorancia, no imaginaba que Simenon hubiera escrito libros como Los vecinos de enfrente (Acantilado), cuya delgada y sugerente trama se desarrolla en la ciudad remota de Batum, al sur de Rusia, y cuyo protagonista es el diplomático turco Adil Bey. Más que por lo que cuenta (una intriga perfecta), me quedo con la atmósfera que el autor belga fue capaz de crear: tan atosigante como una tarde de agosto en Plasencia. Con eso y con la propia escritura, que gana en español gracias a la traducción del añorado Carlos Pujol.


De otro belga, aunque mucho más joven Erwin Mortier, he leído, en traducción de Goedele De Sterck, Cuando los dioses duermen (Acantilado, un regalo de cumpleaños), una novela memorialística con aires proustianos de mucho éxito, Premio AKO 2009 (el galardón más prestigioso de las letras neerlandesas), publicada aquí el pasado año, que a uno, por momentos (los más ajenos a la guerra y lo guerrero en sí, cabe precisar), también le ha gustado. Sólo faltaría.
El argumento es sencillo, según Mortier: una mujer anciana belga y francófona (con familia en el país vecino), que reside en Flandes, rememora su vida y su juventud burguesa, "así como la brutal introducción de la modernidad en Bélgica al comienzo de la Gran Guerra". 
Lo sabíamos por otros escritores (y no sólo) que sufrieron una guerra: por paradójico que parezca, fueron felices gracias a ella. Helena, la protagonista de esta obra, consiguió incluso su libertad. 

Las Hurdes desde Buñuel: el programa



30.9.13

La cultura y la vida

Sergio Vila-Sanjuán, barcelonés del 57, confiesa haber tenido "la inmensa suerte de poder dedicarme de forma continuada, desde hace treinta y seis años, al periodismo cultural". Desde 1987, en La Vanguardia, donde dirige el acreditado suplemento Cultura/s, Premio Nacional al Fomento de la Lectura del año 2013. 
En Libros de Vanguardia, colección de su periódico, ha aparecido La cultura y la vida, un volumen muy bien editado y con sugerentes ilustraciones en el que el periodista y escritor (Premio Nadal de este año) reúne un conjunto de catorce crónicas. Con él damos un paseo por el Bucarest de Mircea Eliade (el libro no podía empezar mejor); conocemos el primer taller literario del ámbito hispanoparlante, que puso en marcha el novelista chileno José Donoso en Sitges (días evocados con el suicidio de su hija Pilar al fondo); asistimos a la americanización de la cultura española que propició el programa Fulbright; visitamos un paraíso para bibliófilos, "un edificio espiritual" con 160.000 volúmenes: el Museo Bodmer de Ginebra; observamos la creatividad de Ferran Adrià y "su obsesivo interés por documentar su trabajo"; o vemos la pintura realista y sorprendente (que uno desconocía) de los hermanos Santilari.
Ya en Barcelona, su ciudad del alma, ciudad de los libros (qué bonito el texto dedicado a sus librerías) Vila-Sanjuán documenta el proceso que llevó al fusilamiento del pedagogo y activista Ferrer Guardia; la vida cultural de la burguesía barcelonesa de antes de la guerra (al recuperar la insólita figura de Isabel Llorach, fundadora del Conferentia Club, que se reunía en el Ritz) y de la posguerra (a partir de los dietarios del escritor Luis Monreal); rescata la memoria de su tío Pipe, "Conde de Miramar", guionista y productor de La saga de los Rius; rememora el "endemoniado rodaje de la película Tuset Street" y, entre otros asuntos, viajamos con él hasta el boom del diseño (hay una foto memorable con Barceló, Mariscal y otros que da fe de aquel efervescente momento), las revistas modernas (como Diagonal Sur-Expres), los grupos literarios imposibles (de uno de ellos llegó a formar parte, junto a Marcos Ordóñez, Llàtzer Moix e Ignacio Vidal-Folch, entre otros letraheridos modianescos) y los bares de noche en los felices ochenta, los que preludiaban una nueva ciudad erigida sobre el olimpismo.
Que ha sido y es un testigo de excepción, como suele decirse, lo demuestra, pongo por caso, su retrato de "un señor de Barcelona", Lluis Permanyer, Perma para los amigos.
Todos los textos se acogen a lo que Herrscher denominó "periodismo narrativo", escritos con una estructura semejante a la de cualquier relato. Son mezcla, en equilibrio, "de vivencia personal de una situación y testimonio de los personajes implicados". Nunca dejan de lado a la Historia, carrera que cursó Vila-Sanjuán.
Comenta, en fin, que su colega argentino Leonardo Faccio le decía que sólo podía hacer buenos artículos a partir de obsesiones y añade que no pocas de las suyas están en estas páginas. 
Está claro que Sergio Vila-Sanjuán ha hecho de la cultura su vida. Y ésa es una inmensa suerte para sus lectores. Que dure.

29.9.13

Otra lista

La revista Quimera ha preguntado a críticos, editores, profesores, escritores y poetas por los diez libros de poesía más representativos de los últimos 35 años, entre 1977 y 2012, y el resultado es éste:













Libro del frío, de Antonio Gamoneda
Cuaderno de Nueva York, de José Hierro
Casi una leyenda, de Claudio Rodríguez
Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda
No amanece el cantor, de José Ángel Valente
Fragmentos de un libro futuro, de José Ángel Valente
De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, de Blanca Andreu
El otoño de las rosas, de Francisco Brines
La tumba de Keats, de Juan Carlos Mestre
Y todos estábamos vivos, de Olvido García Valdés

Cuando me invitaron a participar en la encuesta, rehusé. No me gustan las listas. Y todo lo que tenga que ver con el cómputo poético. Me recuerda el concepto de "democracia total" del último Azúa. Por lo demás, en ésta hay libros excelentes y otros que no me lo parecen. Así de simple. Sobran y faltan, como en cualquier inventario. Nada nuevo.
Reconozco, eso sí, la valentía de Chico y Vico, guías de esta peligrosa expedición. 
Puestos a sacar un par de conclusiones, sin haber leído el número en cuestión, resulta llamativo que de la que fuera tendencia lírica dominante durante más de una década del periodo establecido, la archifamosa "poesía de la experiencia", no se mencione ni un sólo libro. O que dos autores hagan doblete.
En fin, a pesar de la poesía verdadera que la mayor parte de esos libros alberga (lo que vendrían a demostrar quienes los analizan), el asunto no tiene demasiada sustancia. O eso creo. Serio que es uno, como diría Gonzalo. 

28.9.13

La felicidad lingüística

¡Qué hermoso título! Buena parte de la literatura, no digamos de la poesía, es eso. Y así lo entiende Carmen Hernández Zurbano, salmantina criada entre La Vera y Plasencia, residente en Cáceres, pediatra de profesión, estudiosa de la literatura por gusto y viajera por necesidad. 
En este rincón celebramos la salida de su primer libro, Géisery lo que aquellos versos anunciaban, que había poeta: una voz y un mundo, lo confirman estos otros, los de La felicidad lingüística, libro que lleva la letra N de la colección Luna de Poniente.
No sin ironía, abre el libro "Diga 33", un poema. Le siguen las secciones "33", "¿Qué hace el sonido de la noche en verano dentro de casa" y "La felicidad lingüística".
Los poemas, sin título y escritos siempre con minúsculas (algo más que un gesto: una poética), avanzan fragmentariamente a paso (casi siempre) de versículo, con sonoros silencios señalados con significativos espacios en blanco.
Estamos ante una poesía fresca que carece de aparente retórica. Lo explícito se impone, quiero decir. Y eso vale para el amor o para el sexo. Realismo no sé si limpio o sucio, poco importa, que recrea la vida en familia (son poemas muy hermosos los que dedica a su infancia), el verano y los viajes (de Argentina a Ibiza: "qué intenso viajar y cómo se abre el corazón", dice en "Saludos y agradecimientos") y, en fin, lo que sucede y pasa. Sí, hay algo de diario en estas páginas. Y mujeres. O, digamos, palabras de mujer ("qué difícil / ser joven y mujer"). Es más, a uno la escritura de Hernández Zurbano le ha recordado a la mejor poesía femenina (con perdón) que he leído. Acaso por su crudeza. Y por su ternura, según. De todo hay. En todo caso, lo menciono como elogio.
Cabe explicar, además, que se cruzan en la obra distintas voces, que son distintos personajes los que hablan. Un juego de palabras que da una plasticidad especial al libro.
Aludimos antes a su poética. Podemos definirla a partir de un poema y de unos versos. Éstos: "la cotidianidad / es donde quiero / hacer descubrimientos". El poema: "si la realidad no es sino como / la hemos conceptualizado / lingüísticamente / dónde están / amor / los pájaros  el amor  el deseo / si no los nombras".
El amor y el sexo, ya citados, y sus azarosas e intensas historias están en el centro de La felicidad lingüística. El exigente y extenso poema bonaerense que lleva este título (y que se lo da al conjunto) da buena cuenta de ello.
Celebramos la llegada de Carmen Hernández Zurbano al panorama poético, sí. Su segunda entrega confirma, ya se dijo, que era por algo. 

27.9.13

Las Hurdes desde Buñuel

La próxima semana tendrán lugar en las jornadas 'Las Hurdes desde Buñuel'; en concreto, los días 4 y 5 de octubre en la Hospedería de Las Mesta.


Se ha creado una página web donde el curioso o el interesado puede consultar el programa previsto, los participantes y numerosa información acerca del encuentro, de Las Hurdes y de Buñuel, protagonista del mismo.
Uno estará en la Mesa redonda 5: "Las Hurdes o el poder del imaginario", con Gonzalo Hidalgo Bayal y Bernardo Atxaga. Presentará David Matías (que ha diseñado, por cierto, la citada página), autor de la tesis doctoral en ciernes Las Hurdes imaginarias.

Víctor vs. Víctor


26.9.13

Condición del extraño

Efi Cubero nació extremeña. A pesar de los muchos años que lleva viviendo en Barcelona, ese vínculo fundacional sigue muy presente en ella. Es más, me atrevería a decir que el desarraigo que trajo consigo el temprano abandono de su pueblo natal, Granja de Torrehermosa, camino de la emigración, una forma de exilio, marca esa verdadera condición de extraña que Cubero ha sido y es. 
Sus lectores llevábamos tiempo esperando este libro. Uno, sin embargo, se ha visto sorprendido por el alcance del desafío. No es elegante decir que estamos ante el mejor de los suyos, aunque no creo que mienta al afirmarlo.
Publicado, qué oportuno, en la colección Tierra de La Isla de Siltolá, lleva al frente un enjundioso, profundo y hasta prolijo prólogo del zambraniano Jesús Moreno Sanz, que no puede evitar su formación filosófica a la hora de analizar la obra. Más allá, llegados a ese punto donde el lector y el autor conversan sin intermediarios, podemos afirmar que es fácil identificarse con ese discurso bien trabado y muy bien escrito (y oído o escuchado) donde la extrañeza pasa a ser, no ya de quien escribe, sino del que lee, que se pone en la piel y en el corazón del otro.
El primer poema de la primera parte, el que da título al libro, nos coloca sobre la pista. Sin concesiones. Se trata, sí, de "darse de bruces contra su propio fondo". Se suceden los poemas (entre mis preferidos, "Viento", "Panteón", "Ruinas", "Búsqueda", "En el metro", "Sed", "Huella": "La eternidad fue un trozo de cielo / en las encinas", "Mélanos": "Como yo no soy nada melancólica / me curan muchas cosas de la melancolía, / por ejemplo el verano", "Vínculo", "Existir, "Lugares, "Lumbre", "Almendra", Cambiar"...) y alguien expresa "enigma y esperanza, / sólo la vida sobre tanta muerte". Alguien que navega "con el lastre / de todo lo soñado", que se da cuenta de que "Ante quien mira y pasa, ese mar permanece" y que "Tan sólo es inocente lo intuido". Que sabe, en fin, que "nunca ningún exilio ha sido inútil".
"Es lo que tiene caminar a solas, / callada y sin testigos durante tanto tiempo", dice Efi Cubero y, al hacerlo, está hablando de sí misma. Como cuando escribe: "Ser guijarro, soportar inclemencias". Precisamente por eso ha sido capaz de arrancarle a la vida este puñado de poemas que parecen escritos en estado de gracia, por decantación, palabra por palabra, verso a verso. Si la palabra madurez significa algo en poesía es por hechos como éste. Efi Cubero ha llegado donde quería, y me da que ella lo sabe. Lo confirman los dos poemas del "Epílogo": "Veneno" y "Jara". Ella, "Sólo un pájaro solo".

25.9.13

Ir, quedarse...

Beata Bieniak. "Valise"
"Tengo la impresión de que los que ya no viven ahí donde nacieron nunca dejan de tener presente ese lugar ni de preguntarse qué hubiera sido su vida y qué hubieran sido ellos mismos de no haberse ido. (...) es algo que a mí me da vueltas todo el tiempo. Hasta hace poco sentía que los que se iban ganaban lugares en lugar de perderlos, pero últimamente se me ocurre que esa posición más bien optimista ignora el hecho de que irse es una experiencia a menudo desgarradora, sobre todo si uno lo hace solo. Más allá de cuán amables o desastrosas sean tus nuevas circunstancias, ya no estar ahí para acompañar a tu gente (en las buenas y en las malas) es más duro de lo que se tiende a creer." Rodrigo Hasbún. En "La diligencia del abismo", José Andrés Rojo, Babelia, El País.

24.9.13

Poesía china

Qué refrescante me resultó la lectura en plena canícula de la antología Poesía china (S. XI a. C.-Siglo XX) publicada por Cátedra en su colección Letras Universales en edición de Guojian Chen. 
Uno no ha dejado de frecuentar esa tradición desde el, digamos, primer deslumbramiento, otro florilegio: el mítico de Marcela de Juan publicado allá por los setenta del siglo pasado por Alianza.
Ya en casa, feliz con mi libro en la mano, recordé que en esa misma colección había una muestra de poesía china. La localicé pronto, cosa rara. En efecto, estamos ante una nueva edición, corregida y aumentada, de Poesía china clásica. Ésta, de 2001, está fechada por mí el 17 de marzo y debajo está escrito: "Día del Cerezo en Flor". Aquí en el Valle del Jerte, claro.
Chen ha mantenido el exhaustivo estudio introductorio, a lo que parece informado y riguroso, y ha añadido una nota "A esta edición" donde explica los cambios: se añade un capítulo titulado "Nueva poesía china (siglo XX)", de unas treinta páginas, donde se reúnen 24 poemas de 17 poetas. Asimismo, incorpora nuevos nombres de clásicos. En suma: se ha pasado de 92 a 155 poetas y de 252 a 408 poemas. El cambio, pues, es sustancial y el libro, en consecuencia, distinto.
Las biografías de los poetas son muy interesantes y, en ocasiones, esas vidas contadas en unas pocas líneas se parecen a pequeñas novelas. Qué peripecias, qué aventuras. Y qué borracheras.
Por otra parte, ¡con qué poco se ha logrado escribir una poesía tan grande! Elementos sencillos, escenas cotidianas, pasiones vulgares, miedos frecuentes, placeres habituales, sentimientos comunes... La naturaleza, el paisaje... Lo humano: el amor, la guerra, la pobreza, el exilio...
Da gusto, sí, volver sobre lo recordado o conocido (Wang Wei, Li Po, Tu Fu, Dongpo...) y lo desconocido u olvidado (Tao Yuanming, Meng Haoran, la poetisa Li Qingzhao...). Incesante la poesía china de todos los tiempos, una tradición indispensable de nuestras tradiciones. 

23.9.13

El Baudelaire extremeño

Joan Margarit ha tenido a bien, y se lo agradezco, despejar mis dudas respecto a las iniciales J. A. G. H., "Baudelaire / ressec d'Extremadura", a quien dedica un poema en su último libro, Se pierde la señal
"En cuanto al Baudelaire extremeño, murió hace cuatro años, tendría setenta años entonces. Se trata de mi amigo José Antonio González-Haba Guisado, de Trujillo, hijo de un terrateniente extraordinariamente, hoy diríamos, fundamentalista católico.
Compañero de Colegio Mayor (San Jorge) en Barcelona de 1956 a 1961 y después amigo en Barcelona hasta que él empezó su peregrinaje por Mallorca (contable de constructora), Villanueva de la Serena (donde crió una docena de cerdos negros), Madrid (donde se casó y separó al poco) y, por fin, fue a pasar sus últimos, pongamos treinta años, en Paredes de Melo, en Cuenca, uno de aquellos pueblos que había creado Franco en su “Extensión Agraria”. Le faltaba muy poco para ser alguien con la suficiente normalidad o sentido práctico, u orden mental mínimo para concretar en algo su pensamiento. Era inteligente y bueno. Nos entendimos siempre desde nuestras dispares vidas y su voz en el teléfono resonó hasta poco antes de morir, de repente, en Paredes, donde nunca lo visité".
En otra carta posterior, añade: "Algún día puedes incluso ver algunas cartas que conservo y un par de confusos poemarios, “Puente de Hierro” y “Canción preámbulo al desastre” No están en condiciones ni de escanearse. A lo sumo, de transcribirse. Quizá se podría hacer una publicación en su tierra. Sería un bello desagravio que él nunca imaginó".

22.9.13

Marianna Ucrìa

Sorprendido por la lectura de Bagheria, me animé a leer una de las dos novelas de la autora florentina publicadas en España: La larga vida de Marianna Ucrìa (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, traducción de Atilio Pentimalli). Lo hice a ciegas, mediante pedido a mi librero, y sólo al abrir el libro en Conil descubrí que se trataba de una novela histórica. Apenas atrevesé, no sin cierta desazón, las primeras páginas, me di cuenta de que no era una obra de género (enojoso la mayor parte de las veces) y que a lo histórico se le sobreponía literatura de la mejor estirpe, la que ha cultivado esta gran dama de las letras italianas. Más interés cobró cuando vi que se trataba de una biografía novelada, en el mejor sentido, de una antepasada suya, a quien se nombra en el título, que se desarrollaba en Sicilia y que aludía a la fundación de Bagheria y de un terminal mundo nobiliario dieciochesco que ella, en parte y a cierta distancia, recrea en el citado librito de la editorial Minúscula. 
La protagonista, sorda y muda (un misterio), encarna un personaje memorable al que seguimos desde su más tierna infancia hasta la muerte, alguien que se comunica por escrito (otro aliciente capital), una mujer inteligente y observadora capaz de construir un mundo a la altura de sus aparentes limitaciones, ajeno al que se le impone desde la cuna por su pertenencia a la clase aristocrática palermitana.
Novela de detalles, magníficamente narrada, de linaje gatopardiano, barroca a rachas (por el pormenor descriptivo), incisiva, sensible y llena de reflexión y de pensamiento, su lectura me deparó algunas de las mejores horas de este agobiante verano. 

21.9.13

Panero

Pere Durán. El País
Juan Luis, poeta, hijo del poeta Leopoldo Panero, que ha muerto en Torroella de Montgrí a los 71 años. Desde que se retiró en los ochenta a ese pueblo gerundense, "la existencia fue para Juan Luis Panero una serie de juegos para aplazar la muerte, los jocs per ajornar la mort, de su querido Joan Vinyoli", como escribe Fernando Valls.
Uno siempre leyó con gusto su poesía y sus artículos (ejerció durante un tiempo como crítico, por ejemplo) y sus memorias, propias de alguien que había vivido (y bebido) mucho. No pocos de los de mi generación aprendimos a leer y a escribir acaso mejor gracias a sus prosas y a sus versos. Y eso que fue un escritor parco. Como aquéllos, opté por su poesía frente a la de su hermano Leopoldo María, el maldito más famoso de la lírica patria contemporánea. En los dos, no lo dudo, hay pose, mucha literatura, pero uno siempre ha preferido el orden al galimatías. O la lucidez al caos.
Teníamos, si se puede decir así, un maestro común: el citado Vinyoli. Bueno, más de uno: Paz, Eliot...
Lo conocí personalmente en Barcelona. En un autobús que nos llevaba desde el hotel hasta la fiesta del 30 aniversario de la editorial Tusquets. Fue una conversación breve.
Será uno de esos poetas a los que seguiré releyendo.

20.9.13

Se pierde la señal

No lo parece. El poeta catalán Joan Margarit (Sanaüja, comarca de la Segarra, Lleida, 1938) da a la imprenta una nueva obra (Visor) que se titula como esta entrada. Nuevo libro en castellano ("El castellà m'ofega i no lo odio" / "Me ahoga el castellano y no lo odio"), traducido por él, pues la primera edición en su lengua original es de 2012. 
D. Sam Abrams precisa en la nota de la contracubierta: "La poesía no es una cuestión mayoritariamente de los años de juventud", algo que demuestra la trayectoria de Margarit: ha publicado seis libros nuevos de poemas en la última década, de Joana al que comentamos. 
A mi amiga Isabel Sánchez le preocupa, como a tantos, que los lectores rara vez se acerquen a la poesía. Incluso los que forman parte de los clubes de lectura. Se pierde la señal, casi cualquier libro del autor de Casa de Misericordia, puede ser leído sin temor por el lector menos habituado a la poesía. Y será una lectura provechosa, no me cabe duda.
Aquí, como en el resto de su producción poética, nos encontramos con el poeta perplejo ante la poesía, "la primera lógica", su roca de Sísifo, "una forma de esperanza"; con su madre, la familia y los recuerdos de la infancia, con la inevitable Guerra Civil al fondo y la no menos hiriente postguerra (el miedo a su final marca, según él, a su generación, como explica en el "Epílogo"); con su mujer, compañera de tantos años, y su hija muerta, Joana, siempre presente; con la vida misma, a través de los años de juventud y madurez y, ahora, con los de la vejez, que avanza inexorable; con su profesión de arquitecto y sus metáforas vitales y creativas; con la cultura, que nos dignifica, ya sea en forma de construcción, de obra musical o pictórica, en prosa o verso ("de Chéjov y de Tolstoi aprendí / que nuestra salvación es explicarse. / Conocer el dolor de las palabras.") ...
Libro lleno de verdad, "objetivo profundo de la poesía"; escrito por alguien que cree que "la poesía es una herramienta para gestionar el dolor y la felicidad y, sobre todo sus vertientes ya domésticas, la tristeza y la alegría, una gestión de la que depende lo que se guarda de la vida pasada". 
"He sido un hombre práctico. / Brusco, fiel, solitario. Agradecido."

P. D. Le queda a este lector una pequeña duda patriótica: quién será ese "Baudelaire / ressec d'Extremadura" (ese "seco Baudelaire de Extremadura") que aparece en el poema "J. A. G. H.".

19.9.13

Otoño Bayal

A la espera de la inminente llegada de su nueva novela, La sed de sal (otro palíndromo), GHB es el protagonista de El efecto M. Territorios narrativos de Gonzalo Hidalgo Bayal, que en edición de Felipe Aparicio Nevado aparece en el sello La Rosa Blanca. El libro, al exquisito cuidado de Salvador Retana, director de la colección, impreso con elegante lujo en Gráficas Romero de Jaraíz de la Vera (pueblo natal de Aparicio y lugar de residencia de Retana), reúne las ponencias del Colloque International "L'oeuvre romanesque de Gonzalo Hidalgo Bayal" que se celebró durante los días 18 y 19 de octubre de 2012 en la Université de Haute-Alsace (Mulhouse, Francia).
Tras un interesante liminar del editor literario, abre el volumen (de 295 páginas) "El efecto M", conferencia que pronunció GHB en la ciudad alsaciana, una personal suerte de poética (de "teoría narrativa"), con toques cinematográficos, que comienza: "Podría empezar diciendo que, como lector, me interesan las novelas de alta calidad estilística, que exploran conflictos morales y que se sostienen sobre cierta intensidad intelectual, ingredientes que, puesto que no siempre se dan juntos, se prestan al equilibrio de las compensaciones. Que, como la novela es ficción, descreo de la novela documental, o del documento novelado; esto es, me interesa la novela que crea, que evoca o que levanta un mundo. (...) Me gustaría creer, en consecuencia, que lo que escribo aspira a combinar estos tres puntos: calidad poética en la expresión, autonomía en el relato e intuición moral de fondo".
Ningún bayaliano debería perderse esas páginas ni el resto de las dedicadas a la obra de un clásico vivo, uno de esos escritores, rara avis, que nacen cada cincuenta o cien años, como precisa Aparicio, y cuyos libros están destinados a perdurar en el tiempo. Una azarosa circunstancia de la que algunos no dudamos. Por eso, vendrán más libros como éste, si bien éste seguirá siendo el primero, y serán muchos más los estudiosos que se acerquen a un mundo narrativo único.
Por si fuera poco, y aunque esté mal decirlo, GHB firma en la veterana Cuadernos Hispanoamericanos "Leyendo a Álvaro Valverde", un extenso texto (12 páginas en la revista), mitad semblanza y mitad ensayo, que viene a demostrar, entre otras cosas, que uno ha tenido la inmensa suerte de encontrarse en su camino con un lector agudo y cabal.

P. S. Añado otro dato al Otoño Bayal: el relato "Adames" en el número de octubre de la revista Quimera.

18.9.13

Madzirov

Pre-Textos publica Lo que dijimos nos persigue, libro del poeta macedonio Nikola Madzirov (Strumica, 1973) en una conseguida traducción (hablo de lo que leo en español, claro) de Yolanda Castaño y Marija Petrovska. En el pertinente prólogo, "Música silenciosa", otro poeta, Josep M. Rodríguez nos da algunas claves acerca de Madzirov y de su poesía. Por ejemplo, que su apellido, palabra de origen árabe, en consonancia con los azares vitales de sus antepasados, significa nómada, persona sin hogar; que es un poeta reconocido internacionalmente, aunque, por edad, con poca obra todavía (Encerrados en la ciudad, galardonado como mejor libro debutante de Macedonia, En alguna parte de ninguna parte, Premio Aco Karamanov, y Piedra trasladada, Premio Hubert Burda para poesía de Europa del Este y Premio Hermanos Miladinov, el más prestigioso de su país); que sus versos están en relación con la rica tradición de poetas del citado Este europeo (Zagajewski, uno de ellos, compara sus poemas con "cuadros expresionistas"); y que lo más importante para él "es el silencio" (por eso Rodríguez denomina a sus poemas como "universos de música silenciosa"). Citando a Cocteau, concluye: "El poeta no inventa, sólo escucha".
Leí el libro del tirón en una cafetería salmantina de la Rúa una luminosa mañana de finales de julio y sólo interrumpí la lectura para mirar por la ventana (y descansar de tanta intensidad con la visión de más belleza) y para escribir un sms a mi amigo Basilio Sánchez con el fin de transmitirle sobre la marcha mi deslumbramiento. Por poemas como éste:

EL QUE ESCRIBE

Tú escribes. De las cosas que ya existen.
Pero ellos dicen que estás inventando.

Te callas. Igual que una red lanzada
por pescadores furtivos. Como un ángel
que sabe lo que la noche traerá.

Y viajas. Olvidas,
para poder regresar.

Escribes, y no quieres recordar
la piedra, el mar, tampoco a los creyentes
que duermen con las manos separadas.

O como este otro:

HE VISTO SUEÑOS

Yo he visto sueños que nadie recuerda
y llantos en tumbas equivocadas.
He visto abrazos en un avión que cae
y calles de arterias todas abiertas.
Yo vi volcanes más dormidos aún
que raíces de un árbol genealógico,
y vi también a un niño que no teme la lluvia.
Pero a mí no me vio nadie.
A mí nadie me vio.

17.9.13

Brazo en alto

Me lo dijo Alberto con toda su juvenil naturalidad: "¿y de qué se extrañan?" Se refería al revuelo levantado por la fotografía de Juan Parejo, dirigente del PP extremeño y miembro del gobierno de Monago, en la que éste aparece saludando brazo en alto. Está de moda reproducir imágenes semejantes de jóvenes (y no tanto) del partido en actitud parecida, ya sea con gestos o mediante símbolos. 
Tiene razón la periodista Manuela Martín: un señor que representa a todos los extremeños en razón de su cargo institucional debería dimitir por algo así. Si esto no fuera España, ya habría sucedido. 
En una ocasión reflexionó uno acerca de cierta representatividad inasumible, como hace al caso, y de ese franquismo -aquí, fascismo o falangismo- que no hemos sido capaces de superar o, dicho de otra manera, que impregna buena parte de nuestros comportamientos civiles. Un lugar común. La derecha y su tradicional hipocresía. Sé de lo que hablo. Nos educaron para eso. Más allá, su falta de fundamentos democráticos. Aludo al fondo. Y a amplias facciones del PP. En esa rémora estamos y seguiremos estando. Lo peor es que, por increíble que parezca, son las nuevas generaciones quienes más acentúan esa disonancia moral. No les faltan modelos. Mera pose, dirán algunos. Pecadillos de adolescencia, otros. Vergüenza, vergüenza y asco, digo yo.