3.11.13

Trío de Álogos (y más)

Microsoft
«El término "álogo" fue acuñado por Javier Sánchez Menéndez y definido como "el comentario a una entrada de blog". Dicho término acabó dando nombre a una colección específica de las Ediciones de La Isla de Siltolá, donde se vienen publicando -en unos hermosos y manejables volúmenes- unas selecciones de entradas de determinados blogs», nos contaba en el suyo, El juego de la taba, Elías Moro, que ahora publica en esa misma colección Manga por hombro; un libro, conviene destacarlo, que se abre con un cariñoso prólogo del periodista y escritor Antón Castro titulado "Fotografía de un escritor en libertad", un vivo retrato de cuerpo entero que le hace justicia. Como las palabras que el londinense Eduardo Moga dedica a la escritora Olga Bernad: "La tristeza iluminadora", al frente de Algunos cisnes negros, donde se recogen "setenta y cinco prosas aparecidas en el blog Caricias perplejas durante el período que va desde mayo de 2008 a mayo de 2013"; prosas que pierden la fecha, como en el caso de Elías Moro, quien ha sacrificado incluso el orden cronológico, y cualquier otro, porque quería "caos, un poquito de caos". No es el caso de José María Cumbreño, que en La temperatura de las palabras reúne algunas vigorosas e insumisas entradas de (Casi) diario de JMC, escritas entre enero de 2009 y septiembre de 2011. 
Hace tiempo José Luis García Martín me pidió algunas del mío para publicarlas en la revista Clarín. Ante mis dudas, me advirtió que, una vez en papel, no serían lo mismo. Y así fue. O eso me pareció. Lo que sucede tras (re)leer las páginas de estos volúmenes que uno ya leyó en su día, cuando se fueron colgando en la red. Lo mismo que me ha pasado con las reunidas por el citado Martín en Línea roja, la última entrega de sus diarios, editada exquisitamente por Impronta, donde sus lectores habituales encontramos una vez más al profesor vocacional, al viajero reincidente, al impertinente tertuliano, al lector incansable, al crítico acerado, al rutinario paseante... 
Termino, pero vuelvo al principio. Para mencionar otra vez al editor Javier Sánchez Menéndez y su nueva entrega literaria, con ecos cernudianos, El libro de los indolentes (1. Encuentro en Camarinal), que publica Imagine Cloud Editions, otra obra en la que el yo, lo reflexivo y lo memorialístico marcan el tono. 

2.11.13

Palabras de Muñoz Molina

El Roto
"En nuestro país, la ineptitud general y la negligencia de otras épocas ha dado paso, con este Gobierno, a una beligerancia vengativa. (...) Desde hace años, metódicamente, con toda la saña del ignorante hacia el saber y todo el resentimiento casi genético de las clases dominantes españolas hacia la ilustración, el Gobierno central, y los Gobiernos regionales y Ayuntamientos que le son afines, parecen empeñados en debilitar y hasta eliminar cualquiera de las formas de creatividad y de conocimiento que se hacen en nuestro idioma. Han arruinado los teatros y los cines subiéndoles insensatamente los impuestos. Han castigado a los maestros y a los profesores de la enseñanza pública reduciéndoles los sueldos y obligándoles a dar clase en aulas superpobladas. Han destruido una gran parte del tejido de investigación científica que costó tanto levantar. Han ahogado a las revistas culturales eliminando suscripciones a las bibliotecas públicas, tan castigadas en sus presupuestos que muchas veces ya no pueden permitirse la compra de libros nuevos. Han seguido permitiendo la impunidad de la piratería, sumiéndonos más aún en un descrédito internacional que perjudica más aún la imagen ya penosa de nuestro país, y que además contribuye al enriquecimiento de esas compañías de telecomunicaciones que ofrecen luego puestos tan bien remunerados a los exministros. (En esto hay que reconocer que el mérito no les pertenece en exclusiva: la izquierda es tan culpable como la derecha de cultivar la demagogia de lo gratuito). Subvencionan el fútbol, las corridas de toros, las fiestas más brutales, los casinos, la fabricación y la venta de coches: pero no hacen nada por defender una industria del libro que es la más importante del mundo en español y por lo tanto crea riqueza y puestos de trabajo. En Francia la izquierda y la derecha se unen para poner límite a los abusos insolentes de Amazon y defender las librerías: en España, el presidente de la Comunidad de Madrid inaugura oficialmente el almacén de Amazon." Así escribía hace poco Antonio Muñoz Molina en el suplemento Babelia de El País, en su artículo  "Grandes borrascas de palabras". El pasado sábado, el novelista fue entrevistado, precisamente, por el principal diario francés, Le Monde. Francisco Javier Irazoki me ha hecho llegar, traducidas por él, algunas frases que a continuación transcribo: "En política, hay que ser moderado porque los deseos de los unos deben respetar los deseos de los otros. Yo soy radical en pocas cuestiones: la igualdad entre el hombre y la mujer, el derecho a la educación y a la sanidad, y la separación entre la Iglesia y el Estado. Ser moderado es reconocer la complejidad del mundo. Las instituciones políticas deben tender hacia la moderación. Y moderado no significa ser tibio. Se puede ser apasionadamente moderado. La moderación no es la indiferencia. Un moderado también se indigna. Intenta observar racionalmente, y después pone la observación por encima de la opinión. Camus era un moderado furioso. Orwell o Conrad, también. Ponían la realidad concreta de los seres humanos delante de los fantasmas ideológicos. La ideología corrompe el lenguaje. En una democracia, el lenguaje es fundamental".

1.11.13

Discursino

Así lo denomina el propio GHB. En su blog: "Vivimos tiempos de desventura económica, de desánimo civil y de penuria cultural, en un contexto de sustantivos adversos y adjetivos intercambiables: tiempos de incertidumbre estructural. Pertenecemos, además, a una región acostumbrada a los rigores estadísticos, con experiencia histórica en sinsabores y estoicismos. Todo ello, sin duda, conduce a la melancolía y también, quizás, al ensimismamiento. Así las cosas, no sé si la literatura sigue teniendo algún valor, más allá de los alivios analgésicos que a menudo proporciona, o si se hunde cada vez más hondamente en los índices de la insignificancia. No obstante, siempre he creído no sólo que la literatura es necesaria, sino que, a pesar de todos los pesares, prevalecerá: porque dice lo que no puede ser dicho de otro modo y porque es la manifestación más singular de la especie humana, inexorablemente unida a su origen, su sentido y su destino. De ahí que empeñarse en su pervivencia, aunque con pocos frutos y muchos titubeos, sea un alto privilegio y una labor continua en el estruendo y la oquedad de la hojarasca. Que se considere además tarea digna de honores y de un galardón cuyo ingenio gramatical combina el territorio y el tiempo presente con la palabra de cada día es una distinción que, más aún por gratuita e inmerecida, no cabe sino agradecer y un estímulo que viene a corroborar antiguas y perennes certidumbres. Gracias, pues: al diario Hoy, a sus trabajadores y a sus lectores. Gracias y buenas noches."

Nómada

Sofía Moro
«Aquel verso de Hugo Claus es para él como un relámpago. Un hombre feliz sorprendido por la duda. “Hugo era un hombre de éxito, él también era un relámpago, un autor teatral celebradísimo, pero la duda existía para él. Si uno es inteligente sabe que siempre puede pasar algo, y efectivamente sucedió con él, atacado por este Alzheimer que combatió hasta que ya no pudo más…”.
Hugo Claus era diferente, “yo soy nómada”, dice Nooteboom. “Para él, el lugar no era nada, vivir en cualquier sitio era un accidente. La esencia de mi nomadismo es que tengo una casa a la que vuelvo. Para mí sería una catástrofe perder el lugar. Yo me mudo, pero la casa sigue”». Cees Nooteboom con Juan Cruz. El País Semanal

31.10.13

Carta de Badajoz

HOY / Brígido Fernández
Cinco años después vuelve uno al Palacio de Congresos Manuel Rojas de Badajoz y parece que fue ayer cuando me despidí allí mismo de Angelito (sin saberlo, para siempre), al que su antiguo alumno, Ángel Ortiz, director del diario HOY, citó como traductor de unos versos de Pessoa traídos con pertinencia a colación; alguien, Pámpano, que hubiera disfrutado de veras al ver a nuestro amigo Gonzalo recibir el Premio Extremeño de HOY en una gala (que patrocinó Iberdrola) muy bien organizada (entre bastidores, Javier Moreno Romaguera, de +magín) que resulto ágil y divertida gracias al monologuista, todo un descubrimiento, Daniel Delacámara y donde, ausencias mediante, sólo pesó el desnortado y noventayochista discurso de Monago (que devino en vulgar mitin), sobre todo después de escuchar las atinadas palabras del citado Ortiz y del alcalde de Badajoz, que por fin cuenta, o eso diría, con un representante digno de esa dinámica ciudad fronteriza.
Abundaban, sí, las autoridades, aunque brilló por su ausencia la consejera de Educación y Cultura, cuya presencia hubiera reafirmado la doble condición de escritor y profesor de GHB. Y su apoyo al teatro y al cine acompañando a Natalia Tena.
Uno no vio a escritores por allí. O apenas. Bueno, en rigor no vi a casi nadie, que esos tumultos sociales me aturden. Por cierto, al entrar en el Palacio me enteré de que debía pronunciar unas palabras y, mientras el acto se sucedía, entre risas y disertaciones, pergeñé mentalmente cuatro ideas para salir del atolladero. A saber, que me hizo mucha ilusión saber por boca de Merche Barrado (quien, por suerte, estuvo a mi lado toda la velada) que GHB había sido elegido; que ya era hora de que después de diez años se concediera el galardón a un escritor (por más que muchos lo merecieran, y no al revés, como parece dar a entender mi estimado López-Lago); que los no premiados estarán de acuerdo, por unanimidad (me atrevo a confirmar este extremo), en que el designado haya sido GHB; y, en fin, si no recuerdo mal, que además de amigo había sido un maestro. Doble suerte. Ah, le recordé, mirándole de lejos, que los dos empezamos a torear en esa plaza, él con su Mísera y uno con su Territorio, a cuenta, respectivamente, de los fondos públicos de la Diputación pacense y el Ayuntamiento.
Un par de cañas y alguna tapa acompañaron la amena conversación con la que dimos por cerrada nuestra breve escala en Badajoz. A la velocidad del rayo (por una vez tuvimos conductor y qué coche), volvimos a casa. No diré en cuánto tiempo para no violentar a los de Tráfico. O a Obama, que nos estará leyendo.

30.10.13

Cuarenta años de poesía

Hace poco traía a este rincón la noticia de que la Fundación Gerardo Diego había publicado, en su colección Bodega y azotea, el Diccionario Bibliográfico de la Poesía en Cantabria (1970-2010). Pues bien, la misma, muy activa Fundación da a la imprenta, en otra de sus colecciones: Pliegos La sorpresa, Confianza en la verdad, un lúcido análisis sobre ese asunto de uno de los mejores poetas cántabros y españoles de su generación, Rafael Fombellida, protagonista de ese momento dulce que ha vivido y vive la poesía de Cantabria, antes Santander. Se publica con motivo de unas Jornadas celebradas recientemente bajo el rótulo Cuarenta años de poesía en Cantabria (1970-2010).
De ese diccionario dice Fombellida que "nace con vocación de ejemplaridad en el modelo, y de inequívoca fiabilidad".
Añade, entre otras muchas cosas, que "Si hay una óptica que queda comprometida por la ecuanimidad científica del DBPC, esta es la localista, desacreditada y deformante, pero férreamente afecta a subjetividades, prestigios fraudulentos y anormales pretericiones". Un mal común.
"Si la poesía escrita hoy en Cantabria vive un momento floreciente, su historiografía, ya no lejana, urgía una herramienta de precisión como el DBPC", resume. Algo que debería tenerse en cuenta en otras regiones de España, como ésta, Extremadura, sin ir más lejos. De ahí que uno sienta, como ya dije, envidia por una obra así. También por una fundación tan útil como la Gerardo Diego y su Centro de Documentación de la Poesía Española del Siglo XX, "bajo la segura guía de Pureza Canelo", precisa Fombellida, que, por cierto, es extremeña. 

29.10.13

JRM

© Daniel Mordzinski
Salvador Vaquero entrevista al poeta y periodista Javier Rodríguez Marcos en su sección Letras desnudas de El Periódico Extremadura. 

-Un recuerdo de la infancia.
-Con mis padres y mi hermano en el río de Hoyos. Los cuatro, por cierto, parecíamos inmortales.

-Un viaje inolvidable. 
-Arezzo-Urbino en autobús de línea parando en Monterchi y Borgo San Sepolcro. Con mi mujer. 

-Un reto como escritor. 
-Que concuerden el sujeto y el predicado. Más ambicioso, escribir algo sobre Las Hurdes que transmita verdad.

28.10.13

De Tánger

Pocos ponen en duda que Tánger es una de las grandes ciudades literarias del mundo. No hace falta echar mano de la erudición ni tan siquiera de la memoria básica de cualquier lector para demostrarlo. Lo de Bowles, del que acaban de reunirse sus prosas viajeras, es, desde hace tiempo, un lugar común. 
La bibliografía sobre esa ciudad de las afueras de África, para decirlo con Morábito, es ingente. Por centrarnos en la poesía, acabo de leer dos libros que la tienen como protagonista. 

El primero, Café Hafa, de Verónica Aranda, fue Premio "Antonio Oliver Belmás", está publicado por Tres Fronteras Ediciones y lo leo gracias a la mediación del también poeta Mario Lourtau (y de su madre), buen conocedor del norte de África, donde trabaja. 
Aranda lo hizo en el Instituto Cervantes de Tánger y estos hermosos poemas reflejan su vida en la ciudad ("el viejo Tánger de los fugitivos"), a modo de diario. Son versos evocadores, cálidos y cercanos, que se adaptan muy bien al tono sereno del lugar que describen. Sus calles tortuosas, sus famosos cafés, sus zocos, sus cines... También viaja a ciudades próximas: Tetuán, Xauen, Fez... Y nos acerca, en el último tramo, "Al lil" (la noche), a la intimidad del amor. 
Cita Aranda, entre otros, a Haro Tecglen, para quien Tánger era, sobre todo, un estado de ánimo. Lo que, en mi modesta opinión, sigue siendo. Algo que vienen a demostrar libros como éste.

El segundo, más áspero y menos complaciente con ese enclave mítico, entre otras cosas porque en él hay una historia que el narrador necesita olvidar, se titula Fracaso de Tánger y es obra del corresponsal y periodista Alfonso Armada, que lo fecha en 1982. Está publicado, y de qué curiosa manera, por Valparaíso Ediciones.
Al entregármelo, el librero se quejó. Ya había devuelto un ejemplar y éste también venía averiado. Pero no. Pronto caímos en la cuenta. Ni las cubiertas estaban al revés ni los poemas de las páginas pares se habían calcado, a modo de espejo de tinta, en las impares. Como explica Eduardo Jordá (autor de un libro sobre Tánger) en la contracubierta (que es también la cubierta) el libro "se puede leer en dos direcciones: de atrás hacia adelante, como leemos todos en Europa, pero también de adelante hacia atrás, como se lee en árabe". Un curioso alarde, sin duda. 
Por lo demás, lo que de verdad importa, un Tánger más tormentoso y oscuro se abre paso entre sus páginas, sin que por eso se pueda evitar que esa maldita o bendita ciudad, y quienes viven o sufren en ella, acabe encendiéndose en medio de la errática, laberíntica caminata. Brillan, como plazas luminosas, las sakkías, "especie de haikus magrebíes", según Jordá. 

Dos maneras distintas, pero genuinas, de ver la ciudad y dos modos de decirla muy diferentes confluyen en la multiplicidad caleidoscópica de Tánger. Una y muchas, como cualquiera. Eso sí, viajeros y fugitivos, hombres y mujeres en tránsito, se refieren a ella con una suerte de vocabulario, se diría, esencial, donde no faltan el té, las avispas, el viento, las callejas...
Uno que, hechizado, como tantos, por el extraordinario misterio tangerino (lo que saben bien quienes frecuentan este blog), también ha escrito su particular canción de Tánger, no puede por menos que leer estos versos con la emoción del cómplice. Como escribe Alfonso Armada: "Feliz quien olvida su destino". En Tánger, claro.

27.10.13

Los aforismos de Logan

WL
Martín López-Vega, que sigue igual de atento a todo cuanto sucede y pasa (ahora desde Estados Unidos), nos descubre los aforismos del profesor, crítico y poeta William Logan (Boston, 1950), "una de esas moscas cojoneras (con perdón por lo de mosca) que no vienen mal en ningún paisaje para evitar que la tropa sestee más de la cuenta". Espabilan, no cabe duda.
Por mi parte, he dado con otro puñado en la revista Círculo de Poesía. Algunos coinciden. La traducción es del escritor y periodista mexicano establecido en Chicago, Gerardo Cadenas. Pertenecen también a la serie que se publicó en la revista Poetry el pasado mes de marzo.

26.10.13

El caso Azúa

Autobiografía de papel se publica después de Autobiografía sin vida, dos libros complementarios donde Félix de Azúa demuestra que se puede escribir sobre la propia vida sin que ésta apenas intervenga, dando prioridad a las ideas. Allí el protagonismo fue para las artes; aquí, para las letras. 
Se aclara, además, que se trata de dar testimonio de una experiencia común a una generación. Estamos, en consecuencia, ante un “caso” (“mi caso”). “No es el discurso de un yo, sino el de un caso”. Con límite de fechas: entre 1960 y 1980.
Por medio, un cambio. El del concepto de cultura. Entre un “mundo literario tan desaparecido como la Atlántida”, que él conoció (tal los nacidos antes de los setenta) y la aparición de lo que denomina “democracia total”, el igualitario “todo vale” posmoderno. El fin del canon y la jerarquía que fijaban, por decantación, las élites y las oligarquías, en vigor durante siglos, a favor de que cualquiera es escritor o artista y cuanto haga, bueno. De ahí a lo mercantil, a la obra de arte considerada como producto de la industria cultural, hay un paso. O ni eso.
En orden de intervención, el libro aborda la poesía, la novela, el ensayo y el periodismo, los géneros que ha venido practicando Azúa, los mismos que ha ido, sucesivamente, abandonando. A cada uno le dedica dos capítulos (a la poesía, tres). En el primero reflexiona (ensaya) sobre lo general y en el segundo aterriza en lo particular.
A la poesía dedica páginas lúcidas y melancólicas. Tras reconocer su tradicional “estatuto superior”, su “origen sagrado”, la consideración romántica de “arte supremo”, explica el derrumbe de la “gran fortaleza de la literatura” apoyándose en la obra de un grupo de poetas y pensadores que le sirve para ejemplificar esa metamorfosis con trazas de caída.
En lo personal, cuenta cómo “un puñado de ilustrados en un país salvaje”, esto es, los Novísimos, efectuaron el cambio interior (habitado por el “cainismo”: o católico o judío) hacia un tipo de poesía no castiza, de “religión lingüística”, con “protagonismo del significante”, “lenguaje de lo incomunicable”, rupturista hasta cierto punto, pues él y sus amigos pertenecen a la última generación que tuvo maestros, “que enlazó respetuosamente con el pasado”. Los del “descubrimiento inconsciente de la posmodernidad” y la cultura de masas.
Cuando comprendió que sus poemas no estaban a la altura de la alta misión de la poesía, convertida en mercancía o letras de canciones, abandonó su práctica (“fracasé como poeta”) y se pasó a la novela.
Un novelista es “un poeta que quiere ser leído por las masas o por lo menos por un gran número de ciudadanos”. Cuestión de estadísticas. Quien publica novelas “acepta de buen grado la mercantilización”. Después de analizar la historia y situación de ésta en la época contemporánea, llega a conclusiones como que su triunfo es reciente y su valoración académica baja. Aterriza en el contexto español y vuelve sobre garbanceros (”línea castiza”) y cosmopolitas (él y los suyos: Marías, Vila-Matas, etc.), con parada y fonda en Benet (maestro indiscutible), Ferlosio y Mendoza, amén de constatar, entre otras cosas, que la “liberación del cainismo” fue posible gracias a los hispanoamericanos.
En ese camino de la “decepción”, el paso siguiente fue el del ensayo. “Muerta la religión, queda el ensayo”, escribe. “Somos los primitivos de nuestra era” y “aún estamos ensayando cómo se sobrevive en una sociedad sin dios y sin ayuda externa”. El arte –su historia, su crítica- ha sido en sus “tentativas” lo más relevante y sobre ello vuelve, más perspicaz que nunca, a fin de desenmascarar esa impostura.
Justifica Azúa su paso por el periodismo (el género que más ha ampliado su espacio fáctico) en función de su importancia para la divulgación de ideas y para hacer literatura. Más desde que llegó esta veloz revolución tecnológica globalizada en el que nos movemos, donde “todos somos periodistas”. La televisión, Internet, los blogs… Al fondo, la omnívora “democracia total”, ese monstruo que condiciona y dirige nuestras vidas y que en el futuro tal ver llegue a ser “un estado totalitario feliz”.
Cierra el volumen –“breve reportaje”, dice– un ameno capítulo sobre el fin de los sombreros, prendas que evitaban que se escapara “la vieja costumbre occidental de pensar, de perder la mirada por encima del gentío”. Y una promesa: “explicarme a mí mismo cuál fue mi principio. Mi Génesis”. Esperamos.

Nota: Esta reseña ha aprecido publicada en el número 359, octubre de 2013, de la revista Quimera

25.10.13

PNG

EFE
Si esto fuera una república independiente, también uno declararía Persona non grata al nefasto ministro Wert.
No es el único político digno de ese deshonroso título, pero, a mi modo de ver, nadie lo merece más. Se ha aplicado lo de la cultura del esfuerzo con un interés digno de sobresaliente. O de matrícula de honor, aunque aquí chirríe la palabra honor.
Comprendo su intención de abandonar la política en cuanto liquide el asunto educativo. ¡Qué tío!
Por cierto, que uno fuera ayer a trabajar (tuve mis razones) no significa que no deteste todo lo que su impresentable ley representa. Su ley, sus recortes (y los de todos sus consejeros y consejeras), su subida de tasas universitarias (he ahí un buen motivo para acudir, mal que me pesara, al colegio) o el endurecimiento de las becas.  Lo digo por lo del camelo de "la mayoría silenciosa".

El Roto

24.10.13

Clarín, 107

Esta vez se ha retrasado un poco su llegada. O acaso mi impaciencia era mayor. Había leído por aquí y por allá algunas opiniones sobre este número de la revista Clarín y estaba deseando tenerlo en las manos. Por ejemplo, para completar la particular visión de Andrés Trapiello sobre su querido Juan Ramón. Ha sido una estupenda idea publicar en papel sus dos conferencias sobre el poeta de Moguer, las que pronunció en la Fundación March el pasado invierno en torno a su vida y sus versos: "La vida hipocondriaca de Juan Ramón Jiménez" y "Poesía y verdad en Juan Ramón Jiménez". 
Mucho me han gustado también los artículos "El secreto de Baroja. A propósito del estilo literario barojiano", de Francisco Fuster García, y "En la tumba de Borges", de Antonio Bravo ("and ne forhtedon na": "que ellos no temieran"), unas pesquisas con aires de novela policiaca. 
Por mi devoción por lo monacal, he disfrutado con "Desiertos de vida retirada. La soledad sonora en la noche, el cántico y la llama", de Pedro García Martín (siempre me pregunto si este colaborador habitual será hermano del director de la revista).
Con gusto he leído también los diarios mexicanos de mi paisano, el diplomático, traductor y poeta Luis María Marina. Y "Sándor Márai y la nostalgia del mundo de anteayer", de Maurizio Serra (aunque me haya chocado leer que su hijo murió "a causa de un émbolo").
Aunque suelen pesar sobre nosotros las primeras versiones leídas de tal o cual poeta extranjero, no he podido resistirme a los encantos de las nuevas traducciones de Cavafis (¡qué poeta!) realizadas por Juan Manuel Macías. Cinco poemas (entre ellos un impecable "Esperando a los bárbaros") que le dejan a uno con ganas de más. 
Magnífica me ha parecido la entrevista de José Antonio Llera & Louis M. Bourne al veterano Antonio Ferres. "Tengo 89 años. A veces pienso si no sería mejor quedarme dormido definitivamente uno de estos días y dejarle el gato a mi amiga Fuencisla", dice. Y más adelante: "La poesía es la punta de lanza de la literatura. (...) Si un escritor antes no ha hecho poesía yo siempre tengo reservas respecto a su obra". Por cierto, tengo que localizar su Caminando por Las Hurdes.
Tampoco me ha decepcionado el diario de viaje de Benítez Ariza en Tánger; mal que a uno le pese, cada día más de moda. Ni el paseo por Perugia de Bernardo Fáñez (que en principio creí un heterónimo de Martín, pero que existe, es profesor universitario, como él, y "otro enamorado" de esa ciudad italiana), ni la reflexión de Carlos Moreno Guerrero sobre el declive y desafección del periódico El País.
A falta de algunas lecturas, dejo para el final lo que debería haber comentado al principio, aquello que, sobre todo, iba buscando en esta entrega. Me refiero a "Variaciones sobre lo inexplicable", del poeta Francisco Alba, un impresionante texto, por llamarlo de alguna manera, sobre la inesperada y accidental muerte de su todavía joven mujer. Hay que leerlo. Memorable.
No faltan, en fin, y como siempre, un puñado de reseñas (una mía, del último libro de Ripoll).
Redondo, sí, este Clarín

23.10.13

La poesía de Julia Hartwig

JH / E.Hartwig
Sí, me he dado cuenta de que últimamente traigo a este rincón a muchas poetas. No es deliberado. A diferencia de otros, y no señalo a nadie, nunca he tenido dudas al respecto: hombre o mujer, poco importa si lo que escriben es poesía. 
De la polaca Julia Hartwig (Lublin, 1921) uno sabía por los blogs de dos excelentes traductores: Abel Murcia y Xavier Farré. Que la poesía de Polonia es un filón inagotable, lo dedujo uno hace mucho tiempo. Esta es otra prueba. Y de qué notable naturaleza. 
Dualidad es el título elegido para esta amplia antología de los poemas de Hartwig que publica, en edición bilingüe, Vaso Roto. Abre el volumen un comedido prólogo -firmado por sus editores, Antonio Benítez Burraco y Anna Sobieska, en la polaca Carmona- que nos pone sobre la pista de una poesía caracterizada, ante todo, de ahí el título, por su intento de conciliar contrarios. Dualidades como la vida y la muerte, por ejemplo. En busca del deseable equilibrio, de la armonía ("Lo que sucede es que no me gusta el caos. Creo necesario pensar de un modo equilibrado." "Solo puede salvarnos mantener el ritmo / y la visión de la armonía"), Hartwig escribe desde la mesura, la templanza y la morigeración. Además, apuesta por la racionalidad. Por su "forma contenida, cuidadosa, precisa y ajena -como explican sus traductores- a cualquier tipo de experimentación o de confrontación con estilos precedentes", ha sido tachada de "clasicista". Nada nuevo. 
Otro de sus puntales poéticos se establece sobre la memoria ("poetisa de la memoria" la denominan), y tampoco por ahí se busca la novedad. 
Esa obsesión por la dualidad se manifiesta en su gusto por la paradoja y lo paradójico: "Todo está como entonces. Nada está como entonces". Abundan en sus poemas (y uno se alegra por la coincidencia) los "sin embargo" y los "no obstante": "No obstante, esto ya es la vida y no somos pocos los que estamos ya muertos de veras". O: "Y, no obstante, también eso fue vivir".
En la antología hay poemas magníficos: "Los antiguos nombres", "A despecho de uno mismo" ("Todos los poetas del mundo escriben el mismo poema"), "También es eso" ("El arte es conjurar la existencia / para que perdure"), "El manuscrito", "Al acercarse el final", "Cosas que vuelven", "De viaje", "Fuera del tiempo", "Meditaciones"...
En "Coda" da un verso que es una poética: "Siempre buscando aun sabiendo inescrutable el misterio". Lo mismo que cuando escribe: "Mirar con atención. Guardar en la memoria."
En "Claro, poco claro" leemos: "Los sentimientos más apasionados / no alumbran los mejores poemas / ni la música más lograda / ni los cuadros más sublimes / Y no obstante sin ellos / nada podría ver la luz". Termina: "Admite / que en todo esto hay algo poco claro".
Como buena polaca (y presupongamos que católica), la culpa es un tema muy presente. En poemas como "Más tarde más temprano" o "Desaliento" ("siempre culpable").
«Escribir representa mi salvación. Y, no obstante, yo no escribo para salvarme. Escribo simplemente porque siento la necesidad de hacerlo aunque, al mismo tiempo, he descubierto en ello algo que da sentido a mi vida. El mal sobreviene cuando la vida carece de sentido y cuando no hay nadie capaz de sugerirnos cuál puede ser ese sentido», ha dicho Hartwig, un nombre que añado con gusto a mi lista de poetas polacos. Tan lejos, tan cerca. 

21.10.13

Una antología de Jesús Aguado

La insomne. Antología esencial 1987-2012 se titula el último libro de Jesús Aguado, que nació "casi en Sevilla" en 1961. Lo publica la mexicana Fondo de Cultura Económica, que cumple estos días sus primeros cincuenta años en España. 
La selección y el prólogo corren a cargo de otro poeta, José Ángel Cilleruelo. Ha elegido bien. "Vidas y poéticas de Jesús Aguado" es una certera y concienzuda aproximación a la poesía compleja y múltiple del andaluz que comienza así: «“No conozco a ningún poeta que lo sea tanto como Jesús Aguado, quiero decir que lo sea tan constantemente. Ha hecho de su propia vida un acto continuamente poético”. Desde que en 2008 Juan Bonilla escribiera estas palabras, cualquier aproximación al autor objeto de esta antología ha de empezar citándolas». También las menciona Vicente Luis Mora en El fugitivo. Poesía reunida: 1984-2010 (Vaso Roto, 2011) y uno ahora. Precisamente Bonilla fue el responsable de otra antología de Aguado: Mendigo (Antología poética 1985-2007) (Renacimiento, 2008). 
Aguado, Cilleruelo y Bonilla pertenecen a la misma generación poética, del de los 80, la de los "poetas españoles de la democracia" (Prieto de Paula), una promoción de la que uno se siente orgulloso de formar parte. Por obras y poetas tan singulares como Aguado, uno de sus miembros más genuinos, "en el epicentro", que se separó pronto, como está mandado y explica muy bien el prologuista, del grupo nuclear y la correspondiente tendencia dominante para volar en solitario hacia su propia obra. A veces lejos, como a Benarés, en la India, donde ha vivido largas temporadas en distintos periodos. 
Sí, una obra escrita "contra el "realismo costumbrista" que dominó durante años el panorama, al margen de la renovada polémica entre comunicación y conocimiento. Centrada en "una de las paradojas fundacionales de la poesía actual": "Solo se puede profundizar en el yo sintiéndose cada vez más otro". Y ahí "el fugitivo", más que como título, como emblema. De la alteridad. Alguien que busca "el afuera", tanto en lo personal como en lo formal. Y un único "tema transversal": "el amor o su ausencia". Como tema y como lenguaje. El "dios único" de la poesía, la filosofía y la religión. 
Un alter ego de Aguado sitúa su poesía en el mejor lugar. Se trata de Vikram Babu, poeta hindú del siglo XVII, cestero de Benarés, cuyos versos apócrifos señalan acaso mejor que otros "el arte de la fuga" hacia la esencialidad expresiva, el amor y el conocimiento. 
Uno va leyendo y encuentra plasticidad, imaginación, variedad, frescura... Eso que tiene de genuino la poesía (vuelvo a traer esa peligrosa palabra en homenaje a E. Bishop) cuando de veras lo es. 
Uno se topa también con lo paradójico, una manera de pensar: "Lo que existe parece que no existe". Con la filosofía, oriental sobre todo, aunque tocada por el decisivo encuentro de Aguado con María Zambrano, de quien llegó a ser amigo. 
La antología se cierra con un epílogo del autor: "Poeta es el que no duerme". "No un mago sino un testigo fiel, tenaz, minucioso, informado, insobornable". "La poesía siempre me ha quitado el sueño."
Aguado es un fugitivo que se ha escapado de todas las prisiones, como cualquier poeta que se precie: la de la Historia, la del Yo, la del Sentido, la de la Ideología...
Está en contra de los poetas que siempre escriben el mismo libro (él ha hecho todo lo contrario, sí, pero su voz no deja de apreciarse como suya, me temo que sin remedio, desde el primer al último verso). Desconfía, en fin, de la Poesía y se niega a tener una poética. Porque, concluye, "el buen poeta es un hábil fugitivo". 

20.10.13

GHB, Extremeño de HOY

GHB / Pilar Porras













Mantengo la noticia en secreto desde el martes de la semana pasada, cuando Merche Barrado me llamó para comunicarme que habían concedido a mi amigo Gonzalo Hidalgo Bayal el Premio "Extremeño de HOY", creado hace ahora 25 años por el periódico extremeño. 
Este es un premio merecido, desde hace tiempo, y, además de justo, limpio, ya que la elección de los premiados se realiza democráticamente entre los redactores del diario. No tiene dotación económica, aunque sí trofeo: la famosa encina cúbica diseñada por José Luis Hinchado.
Una alegría, sí. Hacía diez años que no se le concedía a ningún escritor, algo que, por cierto, me intrigaba. (Pronto se verá hasta qué punto.) Lo fueron, yendo hacia atrás: Jesús Sánchez Adalid, Javier Cercas, Dulce Chacón, Á. V., Santiago Castelo, José Antonio Ramírez Lozano, José María Valverde, Pedro de Lorenzo, Jesús Delgado Valhondo, José Luis García Martín, José Antonio Gabriel y Galán y Luis Landero.
"Hecho (y leído) el relato del premio (Noticia de un premio, podría llamarse), se puede suspender la ceremonia", me escribió Gonzalo tras darle la enhorabuena. "Esto entra en las categorías de cenas homenaje de que habla Mairena", añadió con la ironía que le caracteriza. A él tampoco le gustan esos actos públicos con discursos y autoridades. Para colmo, hay que sustituir el machadiano aliño indumentario por el traje y la corbata. La fiesta será, por cierto, en el Palacio de Congresos de Badajoz el próximo día 29 y uno tendrá el honor de entregarle la pesada estatuilla conmemorativa. 
Terminaba su breve carta, y una escueta reflexión sobre los premios, con una palabra elocuente: "humildarse".
Me referí aquí atrás al "otoño Bayal" y puedo asegurar que uno no esperaba que llegara a tanto. Bien está. Salud, maestro.


19.10.13

RAEX

Palacio de Lorenzana, sede trujillana de la RAEX















Me refiero a la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, fundada en 1980, en los albores de la democracia. La única a la que nuestro rey, según tengo entendido, ha dado esa monárquica condición. 
Compuesta por veinticinco miembros numerarios, casi todos de edad provecta, en la región su presencia es más que discreta. Quiero decir que ni se la elogia ni se la critica más de lo deseable. Sobre ella pesa un prudente silencio. Buena parte de la culpa de ese callado, distante respeto la tiene su director, Santiago Castelo, hombre más allá del bien y del mal, fino diplomático dotado de una bonhomía a prueba de bombas (¡menuda tropa!), un ser respetado, invulnerable tanto a tirios como a troyanos, amado por la derecha y por la izquierda, lo que saben muy bien quienes le eligieron y le siguen reeligiendo votación tras votación para esa compleja tarea.
Está por ver que alguien se atreva a denunciar algo relativo a la venerable institución, francotiradores al margen. Que se pongan en cuestión las subvenciones que recibe, por ejemplo, en estos tiempos aciagos de duros recortes en materia de cultura. O que se aluda a su presunto carácter ornamental y suntuario, que es otro de los pareceres que se oyen por lo bajini, muy relacionado con el anterior. La inmensa minoría calla por ignorancia o indiferencia. Algunos, por si acaso les llaman algún día para formar parte de esas apretadas filas. 
No hace falta decir que, junto a miembros de sobrada autoridad intelectual en distintas disciplinas artísticas (la música o la historia, pongo por caso), deambulan por la RAEX personajes carentes de ella, algo que suele ocurrir, por desgracia, en cualquier grupo humano.
Cuentan que en un viaje por estas tierras de un afamado literato capitalino surgió a los postres de la comida el tema de la Academia. Al parecer, el invitado fue mencionando nombres de extremeños que, daba por descartado, estarían en la docta casa. Para su sorpresa, no acertó con ninguno. 
La reciente incorporación de los tres últimos académicos: Félix Grande, Carmen Fernández-Daza (hija de uno de los fundadores, Mariano Fernández-Daza, Marqués de la Encomienda) y Pureza Canelo, hacen concebir esperanzas de renovación y movimiento en un organismo que tiende al anquilosamiento y a la fijeza. A la pompa, ay, más que a la circunstancia. 

18.10.13

Pasajes de la memoria

El poeta Carlos Alcorta (Torrelavega, 1959) publica Vistas y panoramas en la zaragozana Eclipsados. Está compuesto de breves textos en prosa que uno interpreta como meditaciones o contemplaciones que desde el primer momento parecen atender a una manifiesta voluntad de estilo. Con un gran sentido de la oportunidad, cada cual a su modo, Fernando Aramburu en su blog y Gonzalo Hidalgo Bayal en "El efecto M" han reflexionado recientemente sobre ese asunto con la clarividencia que ambos gastan. Reivindicando, digamos, un "estilo propio". Pues bien, salvando todas las distancias y sin entrar en detalles, este lector lo primero que notó en este libro es esa manera de decir propia de alguien que quiere dar singularidad a su escritura. Acaso porque "El lenguaje sustituye a lo real, lo reinventa". O porque, si bien lo hace en prosa, no por eso deja de lado a la poesía, primera y esencial ocupación de Alcorta. 
Un lenguaje, añado, con frecuencia metafórico donde se aprecia un vocabulario cuidadosamente escogido.
Más allá, "la experiencia de envejecer", por ejemplo. Y múltiples y caleidoscópicas miradas sobre la vida y sus paisajes (no faltan, como en cualquier cántabro, el mar, las playas...), las de alguien que afirma: "Esto es lo que veo". 
Hay un tono de diario en el conjunto. Y un momento que se repite: el del amanecer. 
Prima, cómo no, la memoria.
Tampoco faltan las cavilaciones sobre la escritura ("Motivos para escribir").
Se puede afirmar que no pocas veces estas prosas se deslizan hacia la ficción narrativa y, entonces, se convierten en relatos. Breves o no tanto: "No debes pensar en un oso blanco". 
Para terminar, destacaría un texto que me ha gustado especialmente. Sobre la infancia: "Casa natal". 

17.10.13

Cuaderno Ático, 2

Juan Manuel Macías es el director y editor de Cuaderno Ático, que acaba de publicar su número 2. 
No le falta a esta revista poética delicadeza ni elegancia, la misma que según el diccionario caracterizara, de ahí el aticismo, a los escritores y oradores atenienses de la edad clásica. Sí, basta con ver su sencillez y limpieza tipográfica para darse cuenta de que el espíritu ático preside esta empresa. No en vano JMM (Cartagena, 1970) es filólogo, helenista, traductor y, como se acaba de señalar, tipógrafo, además de poeta. 
El índice de la segunda entrega confirma las expectativas de la primera y asegura al lector momentos tan intensos como agradables.
Los colaboradores son, por orden de intervención: Á. V., Agustín Pérez Leal, Teresa Soto, Ibon Zubiaur, Marta López Luaces, Toni Quero, Natalia Litvinova, Juan Andrés García Román, José María Jurado, Efi Cubero, José María Castrillón, Elena Stagkouraki, Xavier Farré, Elías Moro, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, Esther Zarraluki y Manuel Rico.
En la variedad, como quiere el tópico, está el gusto. Pasen y lean. 

16.10.13

Ariza

Me entero por el blog de Miguel Ángel Lama de la muerte del profesor Ariza. ¡Qué gran tipo!