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11.7.18

Poética rareza

Subir al origen. Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941), del poeta, crítico y profesor José María Castrillón (Avilés, 1966) es mucho más que un mero florilegio. Es el libro, ante todo, de un consumado lector que nos presenta una selección de poemas significativos de un puñado de poetas que fundaron la Modernidad al final del Romanticismo. Todos nacieron antes de 1900. Por apuntar dos ideas que subraya Castrillón en su prólogo, son poetas que consagran lo subjetivo y que se apoyan, sobre todo, en el lenguaje. Entre ellos (son veintidós), anoto a mis preferidos en orden de aparición: Wordsworth, Novalis, Keats, Baudelaire, Dickinson, Rilke, Yeats, Cavafis, Pessoa, Eliot, Perse, Stevens, Montale y Ajmátova. 
Tras una semblanza previa, tan personal como todo lo que concierne a esta obra, se muestran algunos poemas de cada autor que son previamente comentados. Tanto estos como las semblanzas están llenos de iluminaciones, de sutilezas, ya se dijo, propias de un lector que sabe bien de lo que habla. Al que no le importa introducir es esos textos la ficción narrativa, algo que aporta todavía más interés a este singular proyecto, aquilatado, piensa uno, a lo largo de los años.
La mayor parte de las veces, esos versos se han traducido expresamente para esta edición. De lenguas como el inglés, el francés, el ruso, el italiano y el alemán. Por personas tan solventes como Jordi Doce, Mario Domínguez Parra, Juan Andrés García Román, Tomás Sánchez Santiago o Juan Carlos Mestre. El propio Castrillón interviene en no pocas de las versiones. Otras veces echa mano de otras ya publicadas, como las de Stevens de Sánchez Robayna y Jiménez Heffernan, por ejemplo, o las de la flamante directora general del Libro, Olvido García Valdés, en el caso de la citada poeta de San Petersburgo.
Pero no acaba la cosa ahí. Después de los poemas de cada poeta se añade uno bajo el rótulo "Homenaje de la poesía hispánica". Se trata de un poema escrito por un contemporáneo, ya sea español o hispanoamericano, que recrea, digamos, la poética de aquél, lo que no deja de constituir una antología dentro de la otra antología. A ésta habría que sumar una tercera, la que Castrillón denomina precisamente "Otra antología" donde incluye semblanzas bibiobibliográficas de poetas que en muchos casos podrían haber formado parte de la primera y que, por lo demás, también están en el origen de la poética moderna occidental: Hölderlin, Williams, Frost, Ungaretti...
Una página web, titulada como el libro (tomado de un verso de Jovellanos), amplía la información del volumen y da noticia de los poetas elegidos, de los mencionados traductores o de las respectivas obras del conjunto. Al final, se condensa una práctica bibliografía básica.
No hace falta decir que hay un componente didáctico en este logrado empeño que busca "lectores no especializados". Para alumnos de Bachillerato o Filología, sí, pero también para poetas jóvenes que no se contenten con ser vulgares parapoetas. Y, en fin, para cualquier lector de poesía, conozca o no a estos autores y a sus obras. Cómo he disfrutado con los inteligentes comentarios del editor y cuánto de los versos de estos maestros perennes e indiscutibles a los que uno nunca se cansa de volver.
Trea vuelve a acertar. Estos asturianos... 

15.11.17

Vuelve Arango

La editorial leonesa Eolas abre una nueva colección de poesía que titula Anfitriones y que coordina, todo un aval, el poeta Tomás Sánchez Santiago. 
Han elegido, para empezar, una antología del poeta colombiano José Manuel Arango. Excelente idea. La selección de los poemas y el prólogo son de otro poeta, José María Castrillón. Sus palabras liminares ayudan al lector a situar la obra de uno de tantos poetas ultramarinos que no han sido lo suficientemente reconocidos (o presentados) en España. Es verdad que la Biblioteca de Poesía en Español de Sibila-Fundación BBVA publicó en 2009 su Poesía Completa, en edición de Francisco José Cruz (aquí dimos cuenta de ello), pero ni eso ni su inclusión en la polémico florilegio Las ínsulas extrañas ha sido, al parecer, suficiente para otorgar a la obra de Arango el lugar que merece en el canon de la plural poesía hispanoamericana. Estamos a tiempo. Algo que puede conseguir este bien escogido puñado de versos de todos sus libros, salvo del que se publicó póstumamente, La tierra de nadie del sueño. Versos de su voz mítica y ancestral, de su voz erótica, de su voz cívica... Al cabo, de su "voz discreta". Austera. No era, como bien dice Castrillón, un poeta "ingenuo". Y eso se nota. Basta leer los poemas de Signos. O el extraordinario "Pensamientos de un viejo" (vale por toda su poesía reunida). O algunas "Cantigas", como la "de enamorados". Y, claro, los versos de Montañas, su último libro. Allí, en "Página en blanco", leemos: "Escribo / y la mirona, por sobre mi hombro, / escruta lo que escribo". Esa, "la mirona", se lo llevó a destiempo, cuando aún tenía tanto que decir. Lo que, ah paradoja, sigue diciendo; aunque creyera que la muerte "por sobre mi hombro, / lee / y al leer borra lo que escribo". 

10.3.19

Carta (cervantina e ilustrada) de Oviedo

Un collage de María Jesús Flórez
Por razones que no viene al caso explicar, no empezó bien este viaje. De hecho, pudo quedarse, a punto de empezar, en mero intento. Pero ni unas ni otras razones (las del cuerpo y las del alma) impidieron al fin que sucediera. Es lo que cuento.
Ganas de volver a Asturias no faltaban. Lo de presentar El cuarto del siroco en Oviedo era una excusa perfecta para ver de nuevo paisajes y personas conocidos, menos conocidos y hasta ignorados.
Pensábamos parar a comer, como tantas veces (a los rutinarios nos pasan estas cosas), en el área de servicio de Rioseco de Tapia, pero estaba en obras. Seguimos hasta la de Caldas de Luna. Y así fue; tarde, pero bien. Al bajar el puerto, las montañas ardían por culpa de los pirómanos. En Oviedo hacia un calor impropio. De esas latitudes y de primeros de marzo. Soplaba un impertinente viento del sur que si no llegaba a siroco, se le acercaba bastante. Allí lo temen. Es, digamos, su levante. No fue a propósito, que conste. Por lo de ambientar, digo.
Dejamos los bártulos en el hotel y nos tiramos a la calle para estirar las piernas. Por pura necesidad. Y en esa ciudad preciosa todo está a un paso. Cuando cayó la noche, llamé al verdadero instigador de este viaje: César (Juce) Iglesias. Quedamos a la puerta de la catedral, que habíamos visitado un rato antes, y seguimos paseando. Él habla mucho y todo lo que dice es de interés. Fue periodista. Bueno, lo es, esa profesión imprime carácter. Su mujer, Eugenia, que es otro encanto, se sumó al grupino y acabamos cenando en El Tizón de la calle Caveda. Debidamente orientados por los habituales del local, degustamos ensaladilla rusa, cecina con queso de cabra y una tortilla de patatas sobresaliente. Como somos gente seria y sobria (en más de un sentido), al acabar cesó el festejo y nos despedimos deseándonos mutuamente las buenas noches. 
Gijón era una visita obligatoria y hacia allí nos dirigimos al día siguiente, no sin recorrer antes algunas calles céntricas y realizar, qué remedio, algunas compras. Otro paseo. En coche. Y otro, este ya andando, el que nos dimos, Muro abajo, desde el barrio de La Arena (el de Jordi Doce, el nuestro, el que toma el nombre de los antiguos arenales de la playa de San Lorenzo) hasta Cimadevilla. Delante, un mar muy agitado. La marea estaba alta y las olas saltaban por encima de la barandilla. No, no era ese el mar de todos los veranos, el de la añorada infancia de Leticia y Alberto, que caminaba ahora a nuestro lado. Después, me atreví con unas verdinas, pero no con un cachopo. Qué bien se come en esa tierra. Ya de vuelta, un reparador descanso y a la librería. Cervantes lo es desde 1921. Nos esperaba a la puerta Concha Quirós, hija del fundador, Alfredo Quirós Fernández. Pura energía. Todo un ejemplo. Delegó en César la labor de cicerone y fuimos recorriendo sus cuatro amplias plantas. En la de entrada (que es la primera), está la espléndida sección de poesía. Ni escasa ni arrinconada ni en mal lugar. Según entras, ya digo, a mano derecha. Y al lado, pero separada, la de parapoesía, lo justo para no mezclarse, pero tan cerca como para esperar que algo se le pegue a esta de la otra. En vano, supongo.
Conversación en la penumbra. Foto de Sandra Sánchez
Con puntualidad, eso es el Norte, entramos en faena. Como reconocí, tal vez sea ese el sitio más chic donde he presentado un libro. Se puede apreciar en la imagen. La luz, el fondo, la lámpara, el sofá verde... Ese micrófono de cantante que iba y venía... Me sentí pronto a gusto. Por los anfitriones; por nuestra moderadora, Susana Domínguez Tejedor, responsable del Foro Abierto de la librería; por el presentador del libro; porque uno es de buen conformar, que diría Gonzalo; y, en fin, porque estaba rodeado de caras conocidas. No todas, claro. Me refiero a que había rostros a los que podía poner (a veces con la ayuda de Facebook) nombre. Entre ellos, José Luis García Martín (más de treinta años de relación nos contemplan), José María Castrillón (que baja pronto a Extremadura), Nacho González (que es como lo imaginaba), Ángel Alonso (que reseñó el libro en Anáfora), Cristian David López (tan tímido como suponía), Miguel Floriano (dicharachero y sociable), Marcos Tramón, Aida Masip (hija de Antonio Masip, el que fuera alcalde socialista de Oviedo), Mario Vega (visto y no visto), los dos Fernandos Menéndez (el gijonés y el ovetense, el aforista y el poeta, si cabe el distingo), Melquiades Álvarez (elegante y discreto como su pintura y su poesía), José Carlos Díaz, Pedro Luis Menéndez (a quien no tenía la suerte de conocer), Antonio Bravo (otro extremeño en Asturias y, como Martín, profesor en la Universidad de Oviedo), Sandra Sánchez, Yasmina Álvarez, Carlos Iglesias, Jose García Alonso y Begoña (que ahora viven en Ponferrada, pero que son medioplacentinos)... Una mezcla, en fin, de poetas, narradores, pintores, críticos, profesores... De lectores, en suma, que es lo que importa. 
La sorpresa de la noche nos la dio Pedro Gómez Castelao, el último representante de nuestra querida familia asturiana, el mismo que aparece al lado de Alberto, sonrientes los dos, en una de las estupendas fotografías de María Jesús Flórez en la que García Martín parece estar bendiciendo; urbi et orbi, por supuesto.
Al modo clásico, César Iglesias leyó un texto certero y enjundioso sobre el libro, más pormenorizado y extenso que la reseña que sobre él publicó en La Nueva España, donde no faltó el elogio personal, sin duda inmerecido, más estando uno delante de algunos dedicatarios de la obra que me conocen perfectamente y que podían desmentir in situ esos presuntos valores. Con todo, ya digo, lo sustancial fue su lectura que, viniendo de un lector con criterio, no dejó a nadie indiferente. Tampoco a mí. Mil gracias.
Tomé luego la palabra. Leí un puñado de poemas, y poco más. Las sonrisas brillaron, la gente estuvo atenta y uno se dio por satisfecho.
Con Concha Quirós
El coloquio fue de lo más entretenido. Abrió fuego Martín para dejar claro que la culpa de que uno escriba como escribe, poemas claros y comprensibles y no herméticos y oscuros, pongamos para simplificar, es suya, que para eso me atacó con dureza (crítica) al principio, cuando uno empezaba a pergeñar versos y era partidario de la poética del silencio. De lo que al parecer se alegra. Del cambio, quiero decir, y eso que, a partir de mi tercer libro, mi voz (en caso de tener una propia) no se puede decir que haya cambiado mucho. Lo que precisé es que, a pesar de eso, todavía no ha elogiado -y van diez- un solo libro mío. Con todo, añadí, el crítico que prefiero, de los tres que él representa: el complaciente, el feroz y el silencioso, es este último. No hace falta decir que el tono era de broma y que el león, puedo dar fe, no es tan fiero como pinta. No al menos en las distancias cortas. Eso sí, a polemista no hay quien le gane. Nada le gusta más que discutir. De lo que sea. Si es de poesía, mejor. Por suerte, no se habló de política, aunque aprovechando que Vinyoli pasaba por allí ("Realidades, no humo"), volví a repetir que ningún excluyente independentista va a impedirme seguir leyéndolo.
(De aquel encuentro -y de mí- escribe en Café Arcadia, la entrega dominical de su diario que publica hoy El Comercio. Titula su versión de los hechos "Un triunfador", lo que nunca he sido -ni pretendido ser-, como sabe todo el mundo en el pequeño patio de la poesía patria. ¿El "siroco"? Para no ser parapoesía, lectores no le han faltado. La que cuenta, sí, es su verdad, que no coincide, claro está, con la de uno. O no al dedillo. Lo de Montánchez, esos cálculos, la carrera, esas relaciones... No me reconozco. Por cínico o memorioso que quiera ponerme. Pero gracias.)
Juce sacó a colación el tema de la parapoesía, que deparó también momentos memorables esa intensa noche.
También intervino Ángel Alonso, lusista, que me parece un tipo serio, en el mejor sentido.
Al salir, unos cuantos nos acercamos a un bar para tomar algo. Me dio tiempo a charlar con los dos grupos que se formaron: el de los aedos (gijonés) y el capitaneado por el de Aldeanueva, con Masip, Tramón y Floriano en los flancos. Yolanda fue cómplice gustosa de sus malévolos comentarios.
En la cena posterior (volvimos, sin remedio, a por la tortilla de El Tizón), los tres de casa, Pedro y César. Una excelente ocasión para seguir conversando con el bendito culpable de este reparador viaje. Un viaje que, a la vuelta, fue rápido (sólo paramos a comer en Cuatro Calzadas, otra rutina) y sin sobresaltos. Al subir a Babia, el monte seguía ardiendo. La temperatura era otra. Ah, ni ha llegado la multa de la escapada a Sevilla ni se esperan nuevas sanciones. Espero.

Pedro, Alberto, Miguel, Cristian y Martín. Foto de María José Flórez

11.3.16

LJM: Un homenaje

La veterana revista Cuadernos del matemático, vinculada al IES 'Matemático Puig Adam' de Getafe, lanza su número 54. En él, además de relatos, poemas, ensayos, reseñas, traducciones y otros artículos de interés, se incluye un encarte que no es sino un justo y necesario homenaje al poeta Luis Javier Moreno, que murió en su ciudad natal, Segovia (que todavía no le ha hecho justicia), el pasado mes de diciembre como él mismo había vaticinado: "Como para nacer, también diciembre / es un discreto mes para morirse". Tenía casi 70 años.  
No puedo citar a todos los amigos que escriben, en prosa o verso, sobre el autor de Rápida plata, pero me han gustado especialmente los textos de El Quías (Ezequías Blanco, director de la publicación y coordinador, según creo, de la muestra), José Antonio Abella (que se centra en su provincial fidelidad segoviana; nunca reconocida, ya se dijo), Ignacio Sanz (autor de la necrológica de El País) y Óscar Esquivias (que enumera lass fobias y sus filias del traductor de Lowell y de Horacio). Son los que dan un testimonio más cercano y fiable acerca del hombre que fue: apasionado, depresivo, risueño, muy suyo. El insaciable bebedor de jarras de cerveza. El lector compulsivo. El fotógrafo. El viajero. El escritor de cartas. El conversador perfecto (a eso dedica otro de sus íntimos, Fernando R. de la Flor, su sentido testimonio). Destacaría también las palabras de Ángel Luis Prieto de Paula (otro de sus compañeros de estudios en Salamanca, que evoca al inevitable Aníbal Núñez) y las de Gustavo Martín Garzo, preciosas sin paliativos. Emocionantes: "La poesía sólo era para él una casa donde vivir". "Reunir en el poema todo lo que separamos al vivir, eso fue la poesía para él". 
Entre los poemas, los de Antonio Carvajal, los de Fernández Palacios y Ripoll (sus viejos amigos gaditanos), José Luis Puerto, Tomás Sánchez Santiago, Olvido García Valdés y Miguel Casado... María Ángeles Pérez López (que acaba de publicar un nuevo libro en Vaso Roto) se atreve con unos estupendos haikus, aunque, según Esquivias, a Luis Javier no le gustaban esas "estrofa-fraude", como él decía. Moga, Mudrovic, Castrillón, Maringómez, Rodríguez Tobal, sus amigas Angélica Tanarro y Esperanza Ortega... 
Le queda a uno la pena, y pido perdón por el desahogo, de no haber sido invitado a manifestar mi admiración por una de las mejores personas con las que me he encontrado en la vida. Alguien que, por añadidura, o precisamente por eso, era y es un excelente traductor y poeta. Dicho queda.

5.10.14

Cero

"Esta es una obra densa, muy pensada, resuelta con oficio, completa, cerrada y circular (como su título), que no hace concesiones a ninguna galería, que apunta a lo más alto, algo, por cierto, poco frecuente en nuestra poesía actual. Basta con reparar en las citas o epígrafes que menudean por el libro, todo un tratado. De cultura vivida, añado. Se agradece su tono (personal e intransferible), que en literatura lo es todo, y esa mezcla de ciencia y verso, de concreto y de abstracto, de lo más antiguo y de lo más moderno, con un aire intempestivo, y radical (en el mejor sentido). También la precisión. Que vale para el vocabulario, claro, pero también para todo lo demás, incluido el sentido".
Estas palabras de uno, junto a otras de José María Castrillón y Luis Ingelmo, figuran en la contracubierta de Cero, el nuevo libro del madrileño (1971) Pablo Luque Pinilla que publica Renacimiento. ¿Qué más puedo añadir? Pues eso.

12.6.14

En Paz

Visto y no visto. Viaje relámpago, sí, pero muy agradable. Por el ir y venir (apenas unas horas); por volver a Madrid (que estaba animada y preciosa, tanto de tarde como de noche); por el regreso a la Feria del Libro, que uno no pisaba desde hacía mil años; por los abrazos y las conversaciones (con Jordi Doce, Eduardo Moga, Antonio Lucas, Tulio Demicheli, Amalia Bautista y su hija, Javier P. Walias, Aurelio Major, Juan Soros, Benito del Pliego, Castrillón, Amalia Iglesias y Julia Piera...); y por el sudor y la cerveza y el cansancio, que también son poéticos. 
Ya en el recital, fue un placer escuchar, además de a los citados Doce, Lucas, Demicheli, Major, Moga, Soros y Piera, los poemas de María Baranda, José Luis Gómez Toré, Ana Gorría, Tedi López Mills, Esther Ramón y Jorge Valdés Díaz-Vélez, que me regaló su libro Herida sombra mientras sostenía en precario un vasito de tequila.
A pesar de los negros presagios, no morimos de sobredosis lírica. Paz, eso sí, estaría encantado.
Uno se limitó a leer dos poemas: "Hermandad", del mexicano, y "De un diario" (Ensayando círculos), inspirado en la extensa y enjundiosa conversación entre Paz y Frost que tuvo lugar durante el verano de 1945 en la cabaña del poeta norteamericano, en Vermont, y que fue publicada por primera vez en la revista argentina Sur, incluida luego en su libro Las peras del olmo y, por fin, en el segundo volumen de sus Obras Competas: Excursiones/ Incursiones. Dominio Extranjero.

17.10.13

Cuaderno Ático, 2

Juan Manuel Macías es el director y editor de Cuaderno Ático, que acaba de publicar su número 2. 
No le falta a esta revista poética delicadeza ni elegancia, la misma que según el diccionario caracterizara, de ahí el aticismo, a los escritores y oradores atenienses de la edad clásica. Sí, basta con ver su sencillez y limpieza tipográfica para darse cuenta de que el espíritu ático preside esta empresa. No en vano JMM (Cartagena, 1970) es filólogo, helenista, traductor y, como se acaba de señalar, tipógrafo, además de poeta. 
El índice de la segunda entrega confirma las expectativas de la primera y asegura al lector momentos tan intensos como agradables.
Los colaboradores son, por orden de intervención: Á. V., Agustín Pérez Leal, Teresa Soto, Ibon Zubiaur, Marta López Luaces, Toni Quero, Natalia Litvinova, Juan Andrés García Román, José María Jurado, Efi Cubero, José María Castrillón, Elena Stagkouraki, Xavier Farré, Elías Moro, Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, Esther Zarraluki y Manuel Rico.
En la variedad, como quiere el tópico, está el gusto. Pasen y lean. 

15.9.10

Tres poemas inéditos

En la revista de creación y pensamiento Las razones del aviador, por deferencia de sus directores, José María Castrillón y Jordi Doce. La fotografía es de mi hijo Alberto y está tomada en junio en el barrio Cimadevilla de Gijón.