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21.9.15

Infancia en Paraguay hacia 2000

La patria del hombre es la primera obra narrativa de Cristian David López (Lambaré, Paraguay, 1987), que apareció por primera vez en este blog con motivo de la publicación de Cantos guaraníes, libro editado en colaboración con José Luis García Martín. Además, López ha estudiado Letras en la Universidad de Oviedo, ganó el «I Premio Jovellanos de Poesía 2014» (al "mejor poema del mundo") con un poema "Sy" (madre en guaraní) y codirige la revista literaria Anáfora.
La obra que comentamos fue Premio Asturias Joven de Narrativa en 2014 y está muy bien editada por Trabe en su colección Texu.
Al frente, dos epígrafes: el famoso de Rilke de donde el libro toma el título ("La verdadera patria del hombre es la infancia") y otro de Juan Pomberi: "La infancia es una fábrica de sueños". A partir de ahí se despliega una preciosa narración, llena de un encanto que podríamos identificar con la poesía, donde Dani, el protagonista, recuerda sus azarosos primeros años de vida en distintas Congregaciones de su país natal, en especial la de Repatriación, en Caaguazú, donde fue acogido "como hijo, como hermano, como amigo", explica en el "Epílogo".
En un lenguaje sencillo, que en nada estorba al desarrollo del relato propiamente dicho, rico en matices, sensual como uno imagina aquellas exuberantes tierras, salpicado de palabras y expresiones en guaraní, Dani, un niño abandonado entonces, nos cuenta su propia vida -no se esconde el tono aparentemente autobiográfico- y, en consecuencia, no pocas anécdotas divertidas o no tanto, así como sucesos trascendentes para una existencia inaugural donde se mezclan la felicidad y el miedo, la solidaridad y la tristeza. Una infancia, todas.

24.2.14

Revistero

Cuadernos Hispanoamericanos afina aún más su cambio de imagen y logra que el lector se sienta definitivamente cómodo entre sus páginas. En la entrega que lleva el número 764, ahí es nada, publica un extenso ensayo de Eduardo Moga sobre la poesía y la vida de César González-Ruano, un escritor muy lejano sin duda a sus intereses (y que le ha acarreado una agria polémica con el editor y poeta Abelardo Linares); otro de Noemí Montetes sobre la presencia de Vallejo en Rosales; un diálogo entre Victoria Camps, Eduardo Mendoza y Víctor Gómez Pin; una entrevista de Carmen de Eusebio con Leonardo Padura; y artículos varios, como uno de Jesús Aguado sobre el último libro (premio Quimera) del citado Moga, otro de Julio César Galán sobre los pájaros en la obra de Rosillo y otro más sobre "la fe rebelde" de Bergamín a cargo del prolífico Mario Martín Gijón. 
Precisamente del profesor de la Universidad de Extremadura hay un ensayo en el número 109, que tampoco está mal, de Clarín. Sobre "la idea comunista" en Alberti, Rejano y Herrera Petere. Además, textos la mar de interesantes como el dedicado por Javier Almuzara a la lírica griega arcaica y la vigencia de las ruinas, que incluye una breve antología de versos; una entrevista a José Avello, autor de dos novelas, viajero en Guinea, profesor y compañero de generación de Puértolas o Millás; un bonito poema de Trapiello, "Niño en un carro de heno", donde evoca su infancia leonesa; unos fragmentos, aforismos y anotaciones de Baquero Cruz que me han gustado especialmente; una aproximación al vallenato; un diario de viaje por Paraguay que firma Cristian David López; unas palabras del pintor Eugenio Benet sobre Juan Benet, a propósito de unas jornadas en Región, organizadas por la UNED, dedicadas a su señor padre; otras de Luis María Marina ofrecidas a Nuno Júdice, con motivo de un homenaje al poeta portugués por la concesión del Reina Sofía; y, cómo, el consiguiente puñado de reseñas habituales. 
Mención aparte merece, a mi modo de leer, el "Taller diario" de Martín López-Vega, ya instalado en Iowa, donde vuelve a demostrar su capacidad de análisis, sus amplias erudiciones, sus interesantes descubrimientos poéticos, así como su capacidad para la ocurrencia y su razonada mala uva. Con el celebrado JRJ, pongo por caso, a quien, por mucho que lo intente, nos confiesa, no acaba de tragar. Si el de Moguer viviera... O si mi paisana, al hilo, se enterara... Muy divertido, sí. Y bromas aparte, tan ilustrativo y didáctico como siempre. 

20.10.17

Tres antologías

No dejan de publicarse antologías. De la obra de un determinado autor o, como éstas, de poetas jóvenes (o no) y periféricos que uno considera centrales para intentar comprender el rico, variado panorama de la poesía española actual.
13. Antoloxía da Poesía Galega próxima, de María Xesús Nogueira, publicada al alimón y de manera exquisita, en edición bilingüe, por la compostelana Chan de Pólvora y la madrileña papelesmínimos, reúne poemas de trece jóvenes poetas, de ahí el título, nacidos entre 1982 y 1996. Seis son mujeres. De entre los elegidos, destacaría a Berta Dávila y a Gonzalo Hermo, ambos consiguieron en su día el Premio de la Crítica y el segundo el Nacional de Poesía Joven 'Miguel Hernández' por Celebración. El prólogo de Nogueira es ejemplar. Allí explica que estos poetas llegan a la vida cuando en Galicia, años 80, surgen hechos tan sustanciales como la aprobación del Estatuto de Autonomía, el Decreto de Bilingüismo o la Ley de Normalización Lingüística. Entre los criterios de la muestra, además del de la edad, haber publicado al menos un libro (desde 2005) y que los versos de cada uno tengan la debida calidad (por la capacidad de crear "universos poéticos propios y coherentes"). Lo objetivo y lo subjetivo.
Destaca que no hay trazos grupales ni generacionales, que todos tienen estudios universitarios (otra constante de la joven poesía española), que son nativos digitales (el uso de las tecnologías es un asunto insoslayable, sobre todo en lo referente a la difusión de estas obras), que tienen mucha cercanía a la música, etc. Analiza en su minucioso limiar todo lo referente a los premios, las revistas (Dorna, Expresión Poética Galega, por ejemplo), los blogs y el modesto, pero efectivo, mundo editorial gallego
No se trataba, aclara la antóloga, de ofrecer una "panorámica, sino una "muestra de voces representativas". La diversidad. La versión en dos lenguas le aporta una riqueza que no quiero desdeñar.

Mucho por venir. Muestra consultada de poesía asturiana (2008-2017) es un curioso florilegio, publicado por MaremágnuM Ediciones, del que no es responsable una sola persona, como suele ocurrir, sino un puñado de críticos y lectores, diez en concreto, a los que se preguntó por el nombre de sus jóvenes poetas asturianos preferidos. Con estos requisitos: la selección tenía que ser de poetas arraigados en Asturias y nacidos después de 1985. Se recomendaba también que dichos poetas tuviesen al menos un libro publicado o que sus poemas hubieran aparecido en revistas o suplementos de difusión nacional.
De esa encuesta ha salido esta variada selección: Alba González Sanz, Laura Casielles, Cristian David López, Rodrigo Olay, Diego Álvarez Miguel, Sara A. Palicio, Miguel Floriano, Mario Vega, Xaime Martínez, Candela de las Heras y Rocío Acebal. Como en la antología anterior, la presencia femenina es notable. O significativa, cuando menos. Cinco de once. Ya era hora. 
Ya que fui consultado, me agrada comprobar que de los diez nombres elegidos, entre los diecisiete preseleccionados, sólo uno no está en la lista definitiva. Eso sí, de algunos de los libros de estos autores se ha hablado en este rincón y algunos estaban incluidos en la antología Siete mundos, de Carlos Iglesias Díez y Pablo Núñez. No soy especialista en poesía asturiana, pero no cabe duda que los poetas norteños, nada nuevo, están entre los mejores de este país llamado (todavía) España. 
Como bien dice en el prólogo-entrevista José Luis García Martín (una persona fundamental si de la poesía del Principado se trata, incansable animador de iniciativas líricas), "Las antologías consultadas —si se elige bien a quien se consulta— presentan una mayor garantía de objetividad, no dependen solo del criterio de una persona". Ojalá sea el caso. Por lo leído, eso parece. 
Destaca el crítico la "pérdida de provincialismo" de esta nueva poesía. "El centro puede estar ahora en cualquier parte", matiza. Luego declara que "Entre los veinte y los treinta años, hay muchos poetas por los que apostar, un pelotón de promesas. A partir de los cuarenta, ya van quedando menos. La mayoría se dedican a otra cosa o, lo que es peor, a ganar premios" y que en la muestra "podemos encontrar algunas muestras de realismo, ecos del surrealismo, ejercicios de culturalismo, abundante poesía elegíaca, el omnipresente simbolismo". Con la causticidad que le caracteriza concluye: "Los poetas jóvenes tienen una próxima fecha de caducidad, en seguida son sustituidos por otros. Solo unos pocos siguen siendo poetas después de ser jóvenes; la mayoría dejan de serlo, aunque sigan publicando libros de poemas". 

El peligro y el sueño. La escuela poética de Albacete (2000-2016)está publicada por Celya y su editor es el poeta albaceteño Andrés García Cerdán. Aquí la restricción es mayor: no una región o comunidad autónoma, sino una provincia. Con todo, en las cuatrocientas páginas del volumen encontramos lo único que importa, venga de donde venga (no nos vamos a poner ahora, con la que está cayendo, nacionalistas): poesía. Los reunidos son veintiocho poetas, de los cuales sólo seis son mujeres. Tampoco se circunscribe la muestra a la poesía joven, con haberla. Si bien faltan muchas fechas de nacimiento (un gesto de coquetería), el poeta mayor nació en 1959 y el más joven en el 92.
La antología lleva un curioso frontispicio de Antonio Gamoneda, realizado con fragmentos de los poemas de los distintos autores, y un epílogo múltiple que firman los poetas, críticos y editores Antonio Lucas, Carmelo Guillén, Luis Bagué Quílez, Pablo García Casado, Carlos Alcorta, Dionisia García, Javier Lorenzo y Javier Sánchez Menéndez.
Los poetas son, entre otros: Arturo Tendero (el de La siesta del lobo), Rubén Martín Díaz (ganador de los premios Adonais y Ojo Crítico de RNE), Constantino Molina (Premio Nacional de Poesía Joven), Antonio Rodríguez, León Molina (aforista y antólogo de aforismos), Juan Carlos Gea (gijonés de residencia, director del Semanal de Cultura de La Voz de Asturias) y Ángel Antonio Herrera (más conocido en su faceta de periodista). Y el seleccionador, Andrés García Cerdán, que acaba de publicar  Puntos de No Retorno, un libro sólido y solvente que mereció el Premio San Juan de la Cruz de Fontiveros. Tiene razón cuando afirma, en su encendido y pormenorizado prólogo, que a principios del siglo XXI se ha dado en Albacete una suerte de eclosión poética intergeneracional. Digna de estudio y, ante todo, de lectura, añade uno. Desde la periferia, sí, y desde la independencia. Al amor de empeños como Barcarola, una isla de modernidad en ese llano en llamas. O en hielo, si del invierno hablamos. Esto es una prueba de que tan mal no han resultado las cosas en esta España de las Autonomías. Muchas regiones alcanzaron su redención cultural gracias a eso; tan criticado, sin demasiada razón, ahora. 

14.12.15

Lejos de Lambaré

Permiso de residencia es el primer libro de poesía que publica Cristian David López (en La Isla de Siltolá). Antes, dio a la imprenta una antología titulada Cantos guaraníes y la novela (un decir) La patria del hombre. Por lo demás, ganó la primera edición del premio 'Jovellanos de Poesía' y forma parte del grupo de la revista Anáfora, enclave literario de una nueva promoción de escritores asturianos, amigos entre sí, que se reúnen en torno a la tertulia Óliver y a José Luis García Martín, su famoso mentor. Aunque reside en Oviedo, CDL nació en Lambaré, Paraguay, de ahí que a uno no le extrañe que haya elegido ese título para su ópera prima; un libro de marcado carácter autobiográfico, al igual que su primera obra en prosa.
"Pavesas que deja el tiempo", su primera parte, después de "La llamada (A modo de prólogo)", agrupa poemas breves o muy breves, llenos de sencillez, pero de gran efectividad (salvo excepciones, donde la anécdota naufraga). Algunos son haikus. Y poemas de amor ("Mi identidad", "Tú y yo") o de tono aforístico o sentencioso ("La realidad"), donde la poesía aparece "desnuda".
En "Biografía del ausente", la segunda, los poemas son más largos y la intención se ahonda. Es otro ciclo y otro el tono, más discursivo. Aquí, el desvalimiento, el abandono, la orfandad (su gran tema), lo frágil que resulta la vida para el niño que CDL fue y acaso sigue siendo. Estos poemas tienen una relación muy directa con el relato de La patria del hombre. Así, en "El perro triste", "Mediodía", Consejos al que va a nacer" y "Nadie". En "Burbuja" la inmigración es el asunto. Abundan en estos versos las metáforas; así, en "Extraterrestres". Poemas logrados como "Vocabulario personal", Pat Garrett", "El guía" (sobre la vuelta a casa, a la patria)...
No olvida tampoco CDL la canción popular (que tan bien conoce), algo que comprobamos en "No mates la curuvita" o "Canción a la lluvia"
En "El viejo fuego", la tercera, aparece Marta y, con ella, el amor. Léase"El sueño", por ejemplo. 
En el epílogo: Mis nacimientos", nos confiesa que "Siendo aún joven, puedo enorgullecerme de decir que soy un hombre que ha nacido varias veces". El real, digamos, en 1987; el que tuvo a los cuatro años cuando comprendió que "la única madre que tenía era el mundo mismo"; el tercero, cuando conoció a la citada Marta; y volvió a nacer, por cuarta vez, cuando entró en "la primera biblioteca que pisaba en mi vida", la de Villa Magdalena, en 2008, a los 21 años.
Nos habla también de que estos versos se escribieron en 2010 y 2015, que están impregnados de la emigración y del desarraigo, como ya anotamos, y que su "maestro" es el mencionado García Martín, que le acogió como "un estudiante y un hijo más".

3.9.15

Revistero (2)

Con su imponente presencia y ese papel amalfitano que da gusto oler y tocar, llega Sibila, la revista de Arte, Música y Literatura que se edita gracias al patrocinio de la prestigiosa Fundación BBVA, su número 45 donde, entre otras lindezas, podemos leer poemas excelentes de Ida Vitale, José Ramón Ripoll  y Gustavo Adolfo Garcés, además de los de Carlos Germán Belli, Jorge Cadavid, Robinson Quintero Ossa, Néstor Mendoza, Rafael Rubio, Marina Oroza, Blanca Luz Pulido, Ramón Cote, Francisco Véjar, María Negroni y Rossella di Paolo. Se publica también una breve obra de teatro de Antonio Garrigues Walker, un ensayo de Francisco Jarauta sobre Pierre Boulez; un artículo de Miguel Gomes sobre la poesía de Adalber Salas, el último poeta venezolano digno de atención (la muestra, un par de poemas, lo confirma); un texto de Eliot Weinberger; y una entrevista de Camilo Irizo a César Camarero, autor de En la medida de las cosas, entrega musical de este estupendo número. No se me olvida citar a Melanie Smith, autora de las fotografía de la serie Xilitla, a la que pertenece la inquietante ilustración de la portada, y dejo para el final lo que acaso más me ha interesado: el impresionante ensayo de Adam Zagajewski "Miłosz, joven y viejo", que es, les puedo asegurar, una auténtica delicia. 

Siguen apareciendo, con paso firme, las sucesivas entregas de la joven revista (en más de un sentido) Anáfora, que coordinan los poetas Cristian David López y Pablo Núñez. En este número, el 5, aparecen poemas de Miguel d'Ors, Vicente Cristobal, Javier Almuzara y Marcos Tramón (dos clásicos del grupo de poetas asturianos vinculados a García Martín), Mónica Laneri, Aida Masip, María García Díaz y Raquel F. Menéndez. 
Emilio Martínez Mata vuelve a traducir la Oda I, 11 de Horacio (que vuelve a sonar como recién escrita) y Antonio Rivero Taravillo, tres preciosos poemas del decimonónico poeta inglés de la naturaleza John Clare. 
En prosa, Rodríguez Adrados, ahí es nada, nos habla de sus viajes ("Yo viajaba siempre para ver y pensar"), los que hizo y los que no ("El mundo es vasto, sus confines a uno se le escapan"); Laura Freixas nos ofrece nuevas páginas de sus combativos diarios (la nueva entrega se publicará a finales  de este año), de 1995 y 1996, a vueltas con el machismo, Rosa Chacel (aunque la admira, cree que su obra tiene "algo ramplón", "pueblerino", a causa, opina, de haber sido de formación autodidacta); Miguel Floriano acierta con unos aforismos que él califica de "chiribitas"; y Saúl Borel se interna en la Biblioteca de Babel. 
Un puñado de reseñas cierran el número de esta revista que ha logrado establecer su territorio dentro del panorama. 

Veinticinco años acaba de cumplir la revista de creación Palimpsesto. Se publica en Carmona, con el apoyo municipal, y la dirige el poeta Francisco José Cruz. Centrada en las relaciones entre América y España, en este número redondo encontramos un estudio de Beatriz Barrera Parrilla sobre el poeta del dieciséis Luis de Ribera, así como una conversación” de Robinson Quintero Ossa (mencionado más arriba) con el colombiano Jaime Jaramillo Escobar. También poemas (agrupados bajo el título “Transparencias”) del chileno Pedro Lastra y otros del mexicano Antonio Deltoro (un habitual de la revista), del cubano Alejandro Anreus (Cuba), del venezolano Andrés Barrios, de la italiana Patrizia Cavalli (en traducción de Fabio Morábito), de mi admirado (y español) Antonio Moreno y de la chilena Micaela Paredes. Para terminar, Manuel Díaz Martínez dedica un texto al primer centenario de la primera edición de la famosa Antología de Spoon River, del norteamericano Edgar Lee Masters. 
Al ejemplar de la revista se añade un nuevo libro de la Colección Palimpsesto, una antología, Raza y Paisaje, de Luis Palés Matos (1898-1959), nacido en Puerto Rico y padre, digamos, de la poesía negra en castellano (léase Tuntún de pasa y grifería), "el poeta más entrañablemente puertorriqueño y el más universal de la isla" según recoge Germán Gullón en su memorable Conversaciones con Juan Ramón Jiménez, quien, como Lorca, le admiró. El prólogo y la selección son del escritor y crítico Toni Montesinos. 
Felicidades, en fin, y que, cambio electorales mediante, no decaiga.

Veraniego número doble de la veterana Quimera que entrevista a Luis Goytisolo, Raquel Taranilla, Pedro Luis Cano y Julián Cañizares (no acaba uno de acostumbrase a esa sucesión de dispares conversaciones que suelen aparecer en cada número), dedica un completo dossier a la Literatura oral, publica colaboraciones de, entre otros, Manuel Moya y Chus Pato y una nueva entrega de la sección del viajero Álex Chico, El holandés errante (se puede consultar en su blog), titulada "Un tranvía sobre el puente" y que esta vez nos lleva a Praga. Cierran la entretenida entrega, el capítulo de recomendaciones y un surtido de reseñas y otros textos de firmas habituales. 

3.6.15

Revistero

Llegan nuevas revistas a casa. Suroeste, pongo por caso, que alcanza su número 5 y que aporta 205 páginas de poesía, narrativa, ensayo, crítica, fotografía (con encartes de Cveto Marsič y Carlos Gasparinho), así como ilustraciones de, entre otros, Elena Asins. Sólo en poesía se publican inéditos de Bagué Quílez, Hilario Barrero, Igor Barreto, Maria Graciete Besse, Carlos Clementson, Álex Chico, Ferrer Lerín, Eduardo Moga, María Paz Moreno, José Luis Puerto, Rivero Taravillo, Almudena Vega, Miguel Martins, Víctor Nogueira, José Carlos Soares y Miguel-Manso. Como tal debería considerarse, acaso, "Maleza del cambio", nuevas páginas de los diarios de Jordi Doce. Destacaría también la entrevista a Eduardo Lourenço, el más importante intelectual portugués vivo, como bien dice su entrevistador, Luis Sáez.
Turia, que viene con número doble (113-114) y donde, en consecuencia, hay mucho y bueno. Relatos y fragmentos de novelas, ensayos (excelente el de Javier Gomá, La imagen de tu vida), poemas (con homenaje al venezolano Rafael Cadenas), una larga conversación con el historiador Álvarez Junco, un "Cartapacio" dedicado al guionista (y más) Rafael Azcona, un precioso texto de Juan Marqués sobre nuestro traductor nórdico por excelencia: F. J. Uriz, otro sobre un turolense en Italia: Jerónimo Lafuente (uno de esos genios que oculta la provincia), las magníficas páginas del diario de Maícas (que habla con entusiasmo de Vinyoli) y, por fin, un puñado de reseñas entre las que, por lo que me toca, destaco la que hizo de Tánger Fermín Herrero.
De Sevilla me traje el número 4 de Estación Poesía. En el índice, poemas de Eduardo Chirinos, Luis García Montero, Rafael Juárez, Yolanda Pantin, Juan Vicente Piqueras, José Saborit, Pedro Sevilla, Carmen Camacho, Carlos Pardo, Miguel Mas, José Ignacio Montoto, Álvaro Salvador, Dionisia García, Jesús Fernández Palacios, Cristian David López, Raúl Quinto, Alejandro Céspedes, León Molina, Raquel Lanseros, Juan Marqués y Keith Douglas (en traducción de Mario Domínguez Parra), entre otros. También un ensayo de José Andújar Almansa sobre Emily Dickinson y algunas reseñas.
Del último número de Cuadernos Hispanoamericanos destaco dos entrevistas imprescindibles. La primera, dentro del dossier "Cuba en Miami", con el poeta Orlando González Esteva, residente en Miami (desde los doce años), que me recuerda una amena charla, llena de memoria y emociones, que mantuvimos hace más de veinte años en una placita de Santa Cruz de Tenerife donde la evocación de su Santiago natal se mezclaba con el del Tánger de la infancia de Y. La otra, la que Carmen de Eusebio mantiene con Pablo d'Ors, a propósito, entre otras cosas, de la publicación de su última novela, Contra la juventud. Otra novedad de importancia es la versión de La canción de amor de J. Alfred Prufrock, de T. S. Eliot, realizada por el poeta Álvaro García.
Quimera, en fin, que llega al número 379, presenta un amplio dossier dedicado a Jaime Gil de Biedma con motivo del veinticinco aniversario de su muerte. Entre otras colaboraciones, Álex Chico y Jordi Gol entrevistan a Carme Riera y Chico, en solitario, a Inés García-Albi, la sobrina del poeta. Piquero, además, traduce dos poemas o "divertimentos" del autor de Moralidades: la "Epístola francesa y "A Gabriel Ferrater". Tampoco es desdeñable la entrevista de Ginés S. Cutillas, Fernando Clemot, Cinta Moreso y Jordi Gol a  António Lobo Antunes.
Revistas y más revistas. Un festín, vamos. 

28.5.15

Lecturas para el verano

Peligros de la lectura
Ya que se acerca, voy apartando libros para las vacaciones de verano, aunque no sea ésa, en lo que a uno respecta, y por culpa del dichoso calor, la mejor época para leer. También en esto va uno a contracorriente. Son muchos los que sólo leen, o eso dicen, en esa estación. En todo caso, ya he decidido retrasar la lectura de Hojas de hierba (Galaxia Gutenberg), de Walt Whitman, en versión de Eduardo Moga; los ensayos de Joseph Brodsky reunidos en Del dolor y la razón (Siruela); Trastos, recuerdos, la biografía de W. Szymborska (Pre-Textos) firmada por Anna Bikont y Joanna Szczęsnaque; El cuento de los días, los diarios mexicanos del extremeño Luis María Marina (que, imparable, traduce ahora al mozambiqueño Rui Knopfli); los artículos y reseñas agrupados en El escritor y sus máscaras, de Manuel Neila, otro paisano, autor de otra novedad: Clima de riesgo (Renacimiento); novelas como La hierba de las noches (Anagrama), de Patrick Modiano, Los huesos olvidados, de Antonio Rivero Taravillo (que acaba de traducir el monumental Poemas y poetas. El canon de la poesía, de Harold Bloom, para Páginas de Espuma y que ya está en casa), y Contra la juventud, de Pablo d'Ors; La patria del hombre (Trabe), relatos del poeta paraguayo Cristian David López; y libros de poesía que se me fueron quedando atrás: Mi séquito silencioso, de Charles Simic (Vaso Roto), Tiempo y materiales, de Robert Hass, y Poesía completa, de Thomas MacGreevy, ambos de Bartleby Editores.
También dos libros de diarios (entre la memoria y en ensayo): La ventana discreta. Cuaderno de la rueda del tiempo (Libros de Vanguardia), del catalán Antoni Puigverd, y La ruta natural (Vaso Roto), del cubano Ernesto Nernández Busto.
Me esperan desde hace meses Por obra del instante, las entrevistas de Juan Ramón Jiménez que publicó la Fundación José Manuel Lara en edición de Soledad González Ródenas, así como de los Diarios de Samuel Pepys, con prólogo de Paul Morand, que tiene en su catálogo otra sevillana, Renacimiento. 
Luego están los numerosos libros de poesía que amablemente me mandan jóvenes y no tanto, autores que empiezan o ya con un recorrido, corto o largo, pero que uno desconocía. Todos esperan, qué remedio, su turno. Sí, le abruman a uno los ejemplares que se acumulan encima de la mesa grande de este cuarto. Leeremos. 

21.11.14

Una musa

El poeta paraguayo Cristian David López, que ahora reside en Oviedo, ha publicado en su blog una reseña sobre Más allá, Tánger"Tánger, una musa". Empieza: " ¿Quién no se ha enamorado de una ciudad a la que no olvida y a la que desea volver siempre? Los cincuenta poemas que conforman Más allá, Tánger nos hablan de ese amor. Un libro en el que no aparece un índice que nos guíe. Pero no hace falta porque todos los poemas hablan de Tánger y tienen una coherencia narrativa. Toda lectura es un viaje al pasado." Y termina: "Como Lorca, como Juan Ramón Jiménez y tantos otros, Álvaro Valverde dedica un libro de poemas a una ciudad. Más allá, Tánger es una forma de ver esa ciudad, de volver a ella, de quedarse allí para siempre. "
Gracias. 

11.11.14

Pase de revistas

Creía uno, como tantos, que esto de las revistas literarias en papel era cosa del pasado y, sin embargo, florecen como en los mejores tiempos, esos que ya ni se recuerdan. Para mí, ser analógico, una alegría.
Encima de la mesa, a la espera de la anunciada Suroeste, tengo seis: Anáfora, Estación Poesía, La Revista ÁureaClarín, Cuadernos Hispanoamericanos y Turia.
Las dos primeras coinciden en el número 2 y en su sobrio pero elegante diseño.
Anáfora, que edita la asturiana Impronta y que coordinan dos poetas jóvenes que ya han pasado por aquí, Cristian David López y Pablo Núñez (del grupo de José Luis García Martín, maestro y mentor), abre su entrega con tres poemas potentes, marca de las respectivas casas, de tres poetas intensos y transgresores: Bonilla ("Los poetas malditos"), Piquero ("Intervalo de la rosa") y Bernad ("Buscadores"). Hay, además, traducción, prosas (diarísticas, por ejemplo), una entrevista a García Montero y un puñado de reseñas. 
Estación Poesía ratifica su calidad y se consolida como una de las más interesantes del panorama. Desde la Universidad Sevilla (CICUS), que no es poco, y de la mano de su director, Antonio Rivero Taravillo. Por no mencionar a unos y olvidar a otros, el conjunto es estupendo, citaré los aforismos de Elías Moro, que van camino de libro, y el extenso poema, que ya evoqué en este blog, de Andrés Catalán: "A veces la existencia se reduce a estar dentro de una habitación o fuera de ella". A los versos se suman algún estudio y unas reseñas. 
Jordi Doce me pasó el número 7 de La Revista Áurea y a la excelente factura hay que unirle el acierto en los contenidos. Por ejemplo, y en la sección de traducciones, el poema de Edwin Muir, "Los caballos", que el poeta gijonés vierte a nuestro idioma. O los cinco poetas portugueses que traduce Verónica Aranda, pura delicia. 
La veterana Clarín trae, como suele, numerosas sorpresas. Entre ellas, una nueva entrega de los diarios de Iñaki Uriarte, que viaja a Extremadura: "Dicen que es pobre, pero es preciosa"; aforismos del cubano Enrique José Varona, que rescata con gran sentido de la oportunidad Manuel Neila, y del andaluz Felipe Benítez Reyes, de tono científico; unos inteligentes y divertidos ensayos, digamos, del ya citado, cada día más ocurrente e inspirado, Juan Bonilla (que acaba de publicar en Visor su poesía reunida); un hermoso texto veneciano de Marina Gasparini sobre un cuadro de Tintoretto; unos poemas estupendos de la sueca Margareta Ekström en traducción y nota de Jesús Jiménez Domínguez; y, por no seguir, un ensayo de Cilleruelo sobre Tranströmer. En "Paliques", Miguel Ángel Lama firma una reseña sobre Materia de las nubes, de Luis María Marina, que acaba de publicar, por cierto, Nueve poemas a Sofía en Papeles de Trasmoz.
De este último número de CHA destacaría "Nombrar el cuerpo, conquistar el territorio", de la narradora y poeta Marta Sanz, una suerte de diarios y agudas reflexiones de la autora de La lección de anatomía que cualquier seguidor suyo debería leer. También me ha gustado la entrevista de Carmen de Eusebio al narrador chileno Alejandro Zambra: «Descifrar fue nuestra forma de crecer»
Para terminar, desde el pasado verano me acompaña el denso, voluminoso ejemplar de Turia. En esta ocasión, publica una selección de poemas magníficos, dedica el "Cartapacio" a Benjamín Jarnés, incluye dos entrevistas extraordinarias (a Aurora Egido y Luis Alberto de Cuenca) y otra entrega de los diarios de su director, Raúl Carlos Maícas, cada vez más hondos y logrados. En "La Torre de Babel", Rafael Morales Barba firma una reseña sobre Esta luz sin contorno, de Santiago Castelo.
Entre los colaboradores de estas revistas, algunos nombres se repiten: Piquero, Bernad, Bonilla, Mario Martín Gijón... Como se repiten los de los asesores de sus consejos; así, Luis Alberto de Cuenca. Normal. En todo caso, sigue uno disfrutando de estas efímeras empresas literarias que, paradójicamente, duran, duran y duran. Sí, ¡larga vida a todas!

22.1.13

Cantos guaraníes

La nueva editorial gijonesa Impronta ha publicado, en su colección Carta Blanca, Cantos guaraníes en una edición compartida entre el español José Luis García Martín y el paraguayo Cristian David López (que existe, aunque en un primer momento, conociendo al primero y su gusto por la heteronimia y su facilidad para recrear, lo puse en duda).
Como bien se dice en la contracubierta del libro, "Buena parte de la mejor poesía de todos los tiempos es de autor anónimo. Anónimos son los romances castellanos y la lírica arcaica griega, la épica medieval y las coplas del cante hondo andaluz. También la mejor poesía guaraní, que nada tiene que envidiar a la poesía popular escrita en cualquier lengua, es anónima. Durante siglos fue rodando de boca en boca, de memoria en memoria, y solo tardíamente beneméritos investigadores la pusieron por escrito. Pero sigue prefiriendo el canto y la recitación a la letra impresa."
Recordaba uno, antes de entrar en materia y disfrutar de esta poesía, con la debida distancia y con mucho cariño, la lectura de la famosa antología de Poesía Primitiva que preparó Ernesto Cardenal (Alianza Tres, 1979) y que leí con sumo gusto siendo muy joven. Lo digo por la frescura que emana de estos versos sencillos que, sin lugar a dudas, definen mejor que cualquier tratado lo que la poesía es. Sí, esta es la rosa. Algo que se aprecia en otros florilegios parecidos, de los que por suerte disponemos los lectores en español.
La hermosura de lo simple, de los sentimientos puros, aflora aquí con toda naturalidad. Lo popular también es esto; o lo anónimo, por decirlo de otra manera.
Por lo demás, es magnífico que una lengua no muera, para alegría de Steiner y de todos, y que aquello que en un tiempo fue sólo oral acabe siendo escrito, algo menos frágil y perecedero. Con todo, uno se pregunta cómo sonarán estos poemas en esa lengua que parece ilegible.
El amor, la muerte, la naturaleza, etc. son los temas de estas "recreaciones" escritas en el idioma de "la alegría cotidiana, de las fiestas, de la tertulia con los vecinos, de la intimidad". Al leerlas, uno no pude evitar sentirse el descubridor de la mismísima Poesía.

14.9.12

100 clarines

Ese es el número redondo de la última entrega de la "revista de nueva literatura" Clarín que dirige su fundador, José Luis García Martín. No me parece casual que sea precisamente su ojito derecho (literariamente hablando), Felipe Benítez Reyes, quien inaugure el sumario con un ingenioso texto, "¿Ada o el error?", donde, como es obvio, diserta sobre Ada o el ardor, la "emperifollada" novela de su admirado Nabokov. De él son también un puñado de poemas, "Entre la fuga de las cosas", que seguramente pertenecen a esa nueva obra que comentaba en Facebook: "He decidido dar por terminado un libro de poemas. Para ustedes será una tontería, pero para mí supone una alegría secreta... y una inquietud pública. La inseguridad también se aprende".
También podemos leer, lo que uno ya ha hecho, "Cuarenta años de biografía intelectual", de Darío Villanueva, académico y secretario de la Real Academia Española, profesor de Literatura Comparada de la Universidad de Santiago de Compostela (de la fue rector); un análisis de Rodrigo Olay sobre un poema de su querido Borges (con Quevedo al fondo); unos aforismos de Rafael Barrett recuperados por Cristian David López ("La vida auténtica no tiene más que un programa: vivir", "Acertar demasiado pronto es equivocarse", "Hay odios que no son más que amor"); prosas y versos de Xuan Bello, en asturiano y español (de Juan Ochoa), que regresan al mítico territorio de Paniceiros; poemas también de Fernando Beltrán, el famoso publicista, y de otro poeta asturiano y de la casa: Javier Almuzara.
Además de no pocas de las consabidas reseñas, que abundan en este número (entre ellas la que Rafael Morales Barba le dedica a El centro fugitivo), me quedan aún por leer, por ejemplo, la correspondencia inédita entre Luis Cernuda y Rosa Chacel (¡vaya par!), un viaje a Pekín de la mano de Catarina Valdés o un "homenaje necesario" a Lawrence Durrell, el mediterráneo escritor inglés, firmado por Pedro García Cueto.
Llegar a los cien en una revista literaria es un hito digno de ser subrayado. Más si se consigue en plena forma. Enhorabuena a quienes hacen posible que Clarín sobreviva a la debacle general y mucho ánimo para que continúen capeando el temporal. Uno seguirá subiéndose a bordo. ¡Feliz travesía!

10.3.19

Carta (cervantina e ilustrada) de Oviedo

Un collage de María Jesús Flórez
Por razones que no viene al caso explicar, no empezó bien este viaje. De hecho, pudo quedarse, a punto de empezar, en mero intento. Pero ni unas ni otras razones (las del cuerpo y las del alma) impidieron al fin que sucediera. Es lo que cuento.
Ganas de volver a Asturias no faltaban. Lo de presentar El cuarto del siroco en Oviedo era una excusa perfecta para ver de nuevo paisajes y personas conocidos, menos conocidos y hasta ignorados.
Pensábamos parar a comer, como tantas veces (a los rutinarios nos pasan estas cosas), en el área de servicio de Rioseco de Tapia, pero estaba en obras. Seguimos hasta la de Caldas de Luna. Y así fue; tarde, pero bien. Al bajar el puerto, las montañas ardían por culpa de los pirómanos. En Oviedo hacia un calor impropio. De esas latitudes y de primeros de marzo. Soplaba un impertinente viento del sur que si no llegaba a siroco, se le acercaba bastante. Allí lo temen. Es, digamos, su levante. No fue a propósito, que conste. Por lo de ambientar, digo.
Dejamos los bártulos en el hotel y nos tiramos a la calle para estirar las piernas. Por pura necesidad. Y en esa ciudad preciosa todo está a un paso. Cuando cayó la noche, llamé al verdadero instigador de este viaje: César (Juce) Iglesias. Quedamos a la puerta de la catedral, que habíamos visitado un rato antes, y seguimos paseando. Él habla mucho y todo lo que dice es de interés. Fue periodista. Bueno, lo es, esa profesión imprime carácter. Su mujer, Eugenia, que es otro encanto, se sumó al grupino y acabamos cenando en El Tizón de la calle Caveda. Debidamente orientados por los habituales del local, degustamos ensaladilla rusa, cecina con queso de cabra y una tortilla de patatas sobresaliente. Como somos gente seria y sobria (en más de un sentido), al acabar cesó el festejo y nos despedimos deseándonos mutuamente las buenas noches. 
Gijón era una visita obligatoria y hacia allí nos dirigimos al día siguiente, no sin recorrer antes algunas calles céntricas y realizar, qué remedio, algunas compras. Otro paseo. En coche. Y otro, este ya andando, el que nos dimos, Muro abajo, desde el barrio de La Arena (el de Jordi Doce, el nuestro, el que toma el nombre de los antiguos arenales de la playa de San Lorenzo) hasta Cimadevilla. Delante, un mar muy agitado. La marea estaba alta y las olas saltaban por encima de la barandilla. No, no era ese el mar de todos los veranos, el de la añorada infancia de Leticia y Alberto, que caminaba ahora a nuestro lado. Después, me atreví con unas verdinas, pero no con un cachopo. Qué bien se come en esa tierra. Ya de vuelta, un reparador descanso y a la librería. Cervantes lo es desde 1921. Nos esperaba a la puerta Concha Quirós, hija del fundador, Alfredo Quirós Fernández. Pura energía. Todo un ejemplo. Delegó en César la labor de cicerone y fuimos recorriendo sus cuatro amplias plantas. En la de entrada (que es la primera), está la espléndida sección de poesía. Ni escasa ni arrinconada ni en mal lugar. Según entras, ya digo, a mano derecha. Y al lado, pero separada, la de parapoesía, lo justo para no mezclarse, pero tan cerca como para esperar que algo se le pegue a esta de la otra. En vano, supongo.
Conversación en la penumbra. Foto de Sandra Sánchez
Con puntualidad, eso es el Norte, entramos en faena. Como reconocí, tal vez sea ese el sitio más chic donde he presentado un libro. Se puede apreciar en la imagen. La luz, el fondo, la lámpara, el sofá verde... Ese micrófono de cantante que iba y venía... Me sentí pronto a gusto. Por los anfitriones; por nuestra moderadora, Susana Domínguez Tejedor, responsable del Foro Abierto de la librería; por el presentador del libro; porque uno es de buen conformar, que diría Gonzalo; y, en fin, porque estaba rodeado de caras conocidas. No todas, claro. Me refiero a que había rostros a los que podía poner (a veces con la ayuda de Facebook) nombre. Entre ellos, José Luis García Martín (más de treinta años de relación nos contemplan), José María Castrillón (que baja pronto a Extremadura), Nacho González (que es como lo imaginaba), Ángel Alonso (que reseñó el libro en Anáfora), Cristian David López (tan tímido como suponía), Miguel Floriano (dicharachero y sociable), Marcos Tramón, Aida Masip (hija de Antonio Masip, el que fuera alcalde socialista de Oviedo), Mario Vega (visto y no visto), los dos Fernandos Menéndez (el gijonés y el ovetense, el aforista y el poeta, si cabe el distingo), Melquiades Álvarez (elegante y discreto como su pintura y su poesía), José Carlos Díaz, Pedro Luis Menéndez (a quien no tenía la suerte de conocer), Antonio Bravo (otro extremeño en Asturias y, como Martín, profesor en la Universidad de Oviedo), Sandra Sánchez, Yasmina Álvarez, Carlos Iglesias, Jose García Alonso y Begoña (que ahora viven en Ponferrada, pero que son medioplacentinos)... Una mezcla, en fin, de poetas, narradores, pintores, críticos, profesores... De lectores, en suma, que es lo que importa. 
La sorpresa de la noche nos la dio Pedro Gómez Castelao, el último representante de nuestra querida familia asturiana, el mismo que aparece al lado de Alberto, sonrientes los dos, en una de las estupendas fotografías de María Jesús Flórez en la que García Martín parece estar bendiciendo; urbi et orbi, por supuesto.
Al modo clásico, César Iglesias leyó un texto certero y enjundioso sobre el libro, más pormenorizado y extenso que la reseña que sobre él publicó en La Nueva España, donde no faltó el elogio personal, sin duda inmerecido, más estando uno delante de algunos dedicatarios de la obra que me conocen perfectamente y que podían desmentir in situ esos presuntos valores. Con todo, ya digo, lo sustancial fue su lectura que, viniendo de un lector con criterio, no dejó a nadie indiferente. Tampoco a mí. Mil gracias.
Tomé luego la palabra. Leí un puñado de poemas, y poco más. Las sonrisas brillaron, la gente estuvo atenta y uno se dio por satisfecho.
Con Concha Quirós
El coloquio fue de lo más entretenido. Abrió fuego Martín para dejar claro que la culpa de que uno escriba como escribe, poemas claros y comprensibles y no herméticos y oscuros, pongamos para simplificar, es suya, que para eso me atacó con dureza (crítica) al principio, cuando uno empezaba a pergeñar versos y era partidario de la poética del silencio. De lo que al parecer se alegra. Del cambio, quiero decir, y eso que, a partir de mi tercer libro, mi voz (en caso de tener una propia) no se puede decir que haya cambiado mucho. Lo que precisé es que, a pesar de eso, todavía no ha elogiado -y van diez- un solo libro mío. Con todo, añadí, el crítico que prefiero, de los tres que él representa: el complaciente, el feroz y el silencioso, es este último. No hace falta decir que el tono era de broma y que el león, puedo dar fe, no es tan fiero como pinta. No al menos en las distancias cortas. Eso sí, a polemista no hay quien le gane. Nada le gusta más que discutir. De lo que sea. Si es de poesía, mejor. Por suerte, no se habló de política, aunque aprovechando que Vinyoli pasaba por allí ("Realidades, no humo"), volví a repetir que ningún excluyente independentista va a impedirme seguir leyéndolo.
(De aquel encuentro -y de mí- escribe en Café Arcadia, la entrega dominical de su diario que publica hoy El Comercio. Titula su versión de los hechos "Un triunfador", lo que nunca he sido -ni pretendido ser-, como sabe todo el mundo en el pequeño patio de la poesía patria. ¿El "siroco"? Para no ser parapoesía, lectores no le han faltado. La que cuenta, sí, es su verdad, que no coincide, claro está, con la de uno. O no al dedillo. Lo de Montánchez, esos cálculos, la carrera, esas relaciones... No me reconozco. Por cínico o memorioso que quiera ponerme. Pero gracias.)
Juce sacó a colación el tema de la parapoesía, que deparó también momentos memorables esa intensa noche.
También intervino Ángel Alonso, lusista, que me parece un tipo serio, en el mejor sentido.
Al salir, unos cuantos nos acercamos a un bar para tomar algo. Me dio tiempo a charlar con los dos grupos que se formaron: el de los aedos (gijonés) y el capitaneado por el de Aldeanueva, con Masip, Tramón y Floriano en los flancos. Yolanda fue cómplice gustosa de sus malévolos comentarios.
En la cena posterior (volvimos, sin remedio, a por la tortilla de El Tizón), los tres de casa, Pedro y César. Una excelente ocasión para seguir conversando con el bendito culpable de este reparador viaje. Un viaje que, a la vuelta, fue rápido (sólo paramos a comer en Cuatro Calzadas, otra rutina) y sin sobresaltos. Al subir a Babia, el monte seguía ardiendo. La temperatura era otra. Ah, ni ha llegado la multa de la escapada a Sevilla ni se esperan nuevas sanciones. Espero.

Pedro, Alberto, Miguel, Cristian y Martín. Foto de María José Flórez