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15.2.15

"Tratado de identidad", de Miguel Floriano

Miguel Floriano (Oviedo, 1992) publica en Ediciones Oblicuas Tratado de identidad. A pesar de su corta edad, es ya su segundo libro. Estudia en su ciudad natal, como Xaime Martínez, otro precoz poeta ovetense y, por tanto, pertenece a la última hornada de poetas asturianos; una tradición que, como señala el prologuista de la obra, el poeta y crítico José Luis Morante en "Fondo de Blues", es pródiga en nombres importantes a lo largo de las última décadas, y aun antes. Morante advierte que Floriano "prefiere la sencillez de expresión del tono coloquial y la hondura emocional". Un tono, añade uno, que le emparenta, a debida distancia, con casi todos los vates del Principado de los que uno ha venido hablando en este rincón en los últimos tiempos, como Sevillano, Olay y el citado Martínez. Aires, supongo, de generación. O, doy en suponer, de grupo, revista y tertulia.
Una cita de Miguel d'Ors abre el conjunto. Le une en unos versos a Víctor Botas para afirmar que son para él "los esenciales / maestros de la vida y la Poesía". Hay otros maestros reconocibles. Felipe Benítez Reyes ("Como todo buen iluso, yo también..."), Luis García Montero ("Acuérdate de mí..."), su paisano Ángel González ("Poética que acostumbro a imponerme", se titula un poema), Gil de Biedma ("Renuncio a ser feliz..."). ¿Poesía de la experiencia? Sí, así se hubiera dicho hace unos años. Lo cotidiano, el tú. Léase, a modo de ejemplo, "La culta", un poema de la serie "Seis fotografías". Por lo demás, llama la atención el uso del encabalgamiento (sobre todo en los sonetos que pierden de ese modo su peor soniquete). También los finales de los poemas: contundentes, redondos. Al fondo, un gusto musical, otro rasgo generacional.
Poesía, en fin, amable, clara, paradójica, donde habla, como todos los jóvenes, de amores, de amigos, de abuelos ("Prometimos no contarlo")... "Es la palabra lo que nos hace vivir. / Lo demás solo nos mantiene entretenidos." Pues eso. 

20.10.17

Tres antologías

No dejan de publicarse antologías. De la obra de un determinado autor o, como éstas, de poetas jóvenes (o no) y periféricos que uno considera centrales para intentar comprender el rico, variado panorama de la poesía española actual.
13. Antoloxía da Poesía Galega próxima, de María Xesús Nogueira, publicada al alimón y de manera exquisita, en edición bilingüe, por la compostelana Chan de Pólvora y la madrileña papelesmínimos, reúne poemas de trece jóvenes poetas, de ahí el título, nacidos entre 1982 y 1996. Seis son mujeres. De entre los elegidos, destacaría a Berta Dávila y a Gonzalo Hermo, ambos consiguieron en su día el Premio de la Crítica y el segundo el Nacional de Poesía Joven 'Miguel Hernández' por Celebración. El prólogo de Nogueira es ejemplar. Allí explica que estos poetas llegan a la vida cuando en Galicia, años 80, surgen hechos tan sustanciales como la aprobación del Estatuto de Autonomía, el Decreto de Bilingüismo o la Ley de Normalización Lingüística. Entre los criterios de la muestra, además del de la edad, haber publicado al menos un libro (desde 2005) y que los versos de cada uno tengan la debida calidad (por la capacidad de crear "universos poéticos propios y coherentes"). Lo objetivo y lo subjetivo.
Destaca que no hay trazos grupales ni generacionales, que todos tienen estudios universitarios (otra constante de la joven poesía española), que son nativos digitales (el uso de las tecnologías es un asunto insoslayable, sobre todo en lo referente a la difusión de estas obras), que tienen mucha cercanía a la música, etc. Analiza en su minucioso limiar todo lo referente a los premios, las revistas (Dorna, Expresión Poética Galega, por ejemplo), los blogs y el modesto, pero efectivo, mundo editorial gallego
No se trataba, aclara la antóloga, de ofrecer una "panorámica, sino una "muestra de voces representativas". La diversidad. La versión en dos lenguas le aporta una riqueza que no quiero desdeñar.

Mucho por venir. Muestra consultada de poesía asturiana (2008-2017) es un curioso florilegio, publicado por MaremágnuM Ediciones, del que no es responsable una sola persona, como suele ocurrir, sino un puñado de críticos y lectores, diez en concreto, a los que se preguntó por el nombre de sus jóvenes poetas asturianos preferidos. Con estos requisitos: la selección tenía que ser de poetas arraigados en Asturias y nacidos después de 1985. Se recomendaba también que dichos poetas tuviesen al menos un libro publicado o que sus poemas hubieran aparecido en revistas o suplementos de difusión nacional.
De esa encuesta ha salido esta variada selección: Alba González Sanz, Laura Casielles, Cristian David López, Rodrigo Olay, Diego Álvarez Miguel, Sara A. Palicio, Miguel Floriano, Mario Vega, Xaime Martínez, Candela de las Heras y Rocío Acebal. Como en la antología anterior, la presencia femenina es notable. O significativa, cuando menos. Cinco de once. Ya era hora. 
Ya que fui consultado, me agrada comprobar que de los diez nombres elegidos, entre los diecisiete preseleccionados, sólo uno no está en la lista definitiva. Eso sí, de algunos de los libros de estos autores se ha hablado en este rincón y algunos estaban incluidos en la antología Siete mundos, de Carlos Iglesias Díez y Pablo Núñez. No soy especialista en poesía asturiana, pero no cabe duda que los poetas norteños, nada nuevo, están entre los mejores de este país llamado (todavía) España. 
Como bien dice en el prólogo-entrevista José Luis García Martín (una persona fundamental si de la poesía del Principado se trata, incansable animador de iniciativas líricas), "Las antologías consultadas —si se elige bien a quien se consulta— presentan una mayor garantía de objetividad, no dependen solo del criterio de una persona". Ojalá sea el caso. Por lo leído, eso parece. 
Destaca el crítico la "pérdida de provincialismo" de esta nueva poesía. "El centro puede estar ahora en cualquier parte", matiza. Luego declara que "Entre los veinte y los treinta años, hay muchos poetas por los que apostar, un pelotón de promesas. A partir de los cuarenta, ya van quedando menos. La mayoría se dedican a otra cosa o, lo que es peor, a ganar premios" y que en la muestra "podemos encontrar algunas muestras de realismo, ecos del surrealismo, ejercicios de culturalismo, abundante poesía elegíaca, el omnipresente simbolismo". Con la causticidad que le caracteriza concluye: "Los poetas jóvenes tienen una próxima fecha de caducidad, en seguida son sustituidos por otros. Solo unos pocos siguen siendo poetas después de ser jóvenes; la mayoría dejan de serlo, aunque sigan publicando libros de poemas". 

El peligro y el sueño. La escuela poética de Albacete (2000-2016)está publicada por Celya y su editor es el poeta albaceteño Andrés García Cerdán. Aquí la restricción es mayor: no una región o comunidad autónoma, sino una provincia. Con todo, en las cuatrocientas páginas del volumen encontramos lo único que importa, venga de donde venga (no nos vamos a poner ahora, con la que está cayendo, nacionalistas): poesía. Los reunidos son veintiocho poetas, de los cuales sólo seis son mujeres. Tampoco se circunscribe la muestra a la poesía joven, con haberla. Si bien faltan muchas fechas de nacimiento (un gesto de coquetería), el poeta mayor nació en 1959 y el más joven en el 92.
La antología lleva un curioso frontispicio de Antonio Gamoneda, realizado con fragmentos de los poemas de los distintos autores, y un epílogo múltiple que firman los poetas, críticos y editores Antonio Lucas, Carmelo Guillén, Luis Bagué Quílez, Pablo García Casado, Carlos Alcorta, Dionisia García, Javier Lorenzo y Javier Sánchez Menéndez.
Los poetas son, entre otros: Arturo Tendero (el de La siesta del lobo), Rubén Martín Díaz (ganador de los premios Adonais y Ojo Crítico de RNE), Constantino Molina (Premio Nacional de Poesía Joven), Antonio Rodríguez, León Molina (aforista y antólogo de aforismos), Juan Carlos Gea (gijonés de residencia, director del Semanal de Cultura de La Voz de Asturias) y Ángel Antonio Herrera (más conocido en su faceta de periodista). Y el seleccionador, Andrés García Cerdán, que acaba de publicar  Puntos de No Retorno, un libro sólido y solvente que mereció el Premio San Juan de la Cruz de Fontiveros. Tiene razón cuando afirma, en su encendido y pormenorizado prólogo, que a principios del siglo XXI se ha dado en Albacete una suerte de eclosión poética intergeneracional. Digna de estudio y, ante todo, de lectura, añade uno. Desde la periferia, sí, y desde la independencia. Al amor de empeños como Barcarola, una isla de modernidad en ese llano en llamas. O en hielo, si del invierno hablamos. Esto es una prueba de que tan mal no han resultado las cosas en esta España de las Autonomías. Muchas regiones alcanzaron su redención cultural gracias a eso; tan criticado, sin demasiada razón, ahora. 

3.9.15

Revistero (2)

Con su imponente presencia y ese papel amalfitano que da gusto oler y tocar, llega Sibila, la revista de Arte, Música y Literatura que se edita gracias al patrocinio de la prestigiosa Fundación BBVA, su número 45 donde, entre otras lindezas, podemos leer poemas excelentes de Ida Vitale, José Ramón Ripoll  y Gustavo Adolfo Garcés, además de los de Carlos Germán Belli, Jorge Cadavid, Robinson Quintero Ossa, Néstor Mendoza, Rafael Rubio, Marina Oroza, Blanca Luz Pulido, Ramón Cote, Francisco Véjar, María Negroni y Rossella di Paolo. Se publica también una breve obra de teatro de Antonio Garrigues Walker, un ensayo de Francisco Jarauta sobre Pierre Boulez; un artículo de Miguel Gomes sobre la poesía de Adalber Salas, el último poeta venezolano digno de atención (la muestra, un par de poemas, lo confirma); un texto de Eliot Weinberger; y una entrevista de Camilo Irizo a César Camarero, autor de En la medida de las cosas, entrega musical de este estupendo número. No se me olvida citar a Melanie Smith, autora de las fotografía de la serie Xilitla, a la que pertenece la inquietante ilustración de la portada, y dejo para el final lo que acaso más me ha interesado: el impresionante ensayo de Adam Zagajewski "Miłosz, joven y viejo", que es, les puedo asegurar, una auténtica delicia. 

Siguen apareciendo, con paso firme, las sucesivas entregas de la joven revista (en más de un sentido) Anáfora, que coordinan los poetas Cristian David López y Pablo Núñez. En este número, el 5, aparecen poemas de Miguel d'Ors, Vicente Cristobal, Javier Almuzara y Marcos Tramón (dos clásicos del grupo de poetas asturianos vinculados a García Martín), Mónica Laneri, Aida Masip, María García Díaz y Raquel F. Menéndez. 
Emilio Martínez Mata vuelve a traducir la Oda I, 11 de Horacio (que vuelve a sonar como recién escrita) y Antonio Rivero Taravillo, tres preciosos poemas del decimonónico poeta inglés de la naturaleza John Clare. 
En prosa, Rodríguez Adrados, ahí es nada, nos habla de sus viajes ("Yo viajaba siempre para ver y pensar"), los que hizo y los que no ("El mundo es vasto, sus confines a uno se le escapan"); Laura Freixas nos ofrece nuevas páginas de sus combativos diarios (la nueva entrega se publicará a finales  de este año), de 1995 y 1996, a vueltas con el machismo, Rosa Chacel (aunque la admira, cree que su obra tiene "algo ramplón", "pueblerino", a causa, opina, de haber sido de formación autodidacta); Miguel Floriano acierta con unos aforismos que él califica de "chiribitas"; y Saúl Borel se interna en la Biblioteca de Babel. 
Un puñado de reseñas cierran el número de esta revista que ha logrado establecer su territorio dentro del panorama. 

Veinticinco años acaba de cumplir la revista de creación Palimpsesto. Se publica en Carmona, con el apoyo municipal, y la dirige el poeta Francisco José Cruz. Centrada en las relaciones entre América y España, en este número redondo encontramos un estudio de Beatriz Barrera Parrilla sobre el poeta del dieciséis Luis de Ribera, así como una conversación” de Robinson Quintero Ossa (mencionado más arriba) con el colombiano Jaime Jaramillo Escobar. También poemas (agrupados bajo el título “Transparencias”) del chileno Pedro Lastra y otros del mexicano Antonio Deltoro (un habitual de la revista), del cubano Alejandro Anreus (Cuba), del venezolano Andrés Barrios, de la italiana Patrizia Cavalli (en traducción de Fabio Morábito), de mi admirado (y español) Antonio Moreno y de la chilena Micaela Paredes. Para terminar, Manuel Díaz Martínez dedica un texto al primer centenario de la primera edición de la famosa Antología de Spoon River, del norteamericano Edgar Lee Masters. 
Al ejemplar de la revista se añade un nuevo libro de la Colección Palimpsesto, una antología, Raza y Paisaje, de Luis Palés Matos (1898-1959), nacido en Puerto Rico y padre, digamos, de la poesía negra en castellano (léase Tuntún de pasa y grifería), "el poeta más entrañablemente puertorriqueño y el más universal de la isla" según recoge Germán Gullón en su memorable Conversaciones con Juan Ramón Jiménez, quien, como Lorca, le admiró. El prólogo y la selección son del escritor y crítico Toni Montesinos. 
Felicidades, en fin, y que, cambio electorales mediante, no decaiga.

Veraniego número doble de la veterana Quimera que entrevista a Luis Goytisolo, Raquel Taranilla, Pedro Luis Cano y Julián Cañizares (no acaba uno de acostumbrase a esa sucesión de dispares conversaciones que suelen aparecer en cada número), dedica un completo dossier a la Literatura oral, publica colaboraciones de, entre otros, Manuel Moya y Chus Pato y una nueva entrega de la sección del viajero Álex Chico, El holandés errante (se puede consultar en su blog), titulada "Un tranvía sobre el puente" y que esta vez nos lleva a Praga. Cierran la entretenida entrega, el capítulo de recomendaciones y un surtido de reseñas y otros textos de firmas habituales. 

6.1.15

Revistero

Llegan casi al mismo tiempo un puñado de revistas de las que uno ha estado picoteando entre atracón y atracón, entre paseo y paseo.
Así, Clarín, donde, entre otras cosas, he disfrutado con "El silencio y el ruido, un conflicto antediluviano", de Antonio Moreno (un día de estos publicaré aquí algún breve fragmento); con "Un país llamado Cadenas", de Antonio López Ortega (muy oportuno ahora que ando leyendo la poesía reunida de otro venezolano, Igor Barreto); con los tres textos de la sección "Colección de vidas", firmados por Bonilla, Fuster y Alberca que habla, respectivamente, de Bolaño, Camba y Unamuno; con los aforismos de Leo Longanesi (¡qué descubrimiento!) y Lorenzo Oliván; con los apuntes de un viaje a Cuba en 1995 de Toni Montesinos y otro de Benítez Ariza a la tumba, en Larache, de Genet; y con numerosas reseñas de "Paliques". 
En Cuadernos Hispanoamericanos (que ahora se puede leer a través de Issuu) se habla de Ortega (se ve que el libro de Jordi Gracia ha surtido su efecto), de Octavio Paz (precioso el programa dedicado a su centenario en Imprescindibles), de Castellet y, entre otros, de la poesía amorosa de Darío Jaramillo (en un interesante artículo que firma Luis Muñoz). Bonilla (de nuevo) firma un divertido texto de crítica literaria que uno ya había leído (o soñado) en otra parte, tal vez Clarín. Sergio C. Fanjul hace balance de la experiencia Poetas por Km².
La también asturiana Anáfora llega al número 3 con poemas de nombres conocidos (Felipe Benítez, Dionisia García, Rivero Taravillo, José Cereijo, Francisco Alba. etc.) y otros más jóvenes que pertenecen (o no) al círculo de de esa revista, como Rodrigo Olay, Vicente García o Miguel Floriano. Se traduce a la poeta china Yu Xiang (1970), a Edward Thomas y a Elisabeth Bishop. Además, hay prosas, una entrevista con Xaime Martínez y algunas reseñas.
Del número 373 de Quimera destacaría uno la interesante conversación entre Santiago Auserón y Catherine François a propósito del libro de la segunda, publicado por Demipage, Los reyes poetas, que tendré que leer o el dossier sobre Cuba. Como Fernando Valls, creo que "resulta oportuno el homenaje que Alex Chico le rinde a Modiano". Del recién llegado 374, las entrevistas con tres grandes: Landero, Merino y Vila-Matas, así como el texto, de nuevo oportuno, del errante Álex Chico con París y José Antonio Gabriel y Galán al fondo.
Dejo para el final a Suroeste, revista de literaturas ibéricas, que ha dado a la imprenta el número 4, el correspondiente a 2014 (que tiene más de 200 páginas). Es poco práctico enumerar el nombre de los colaboradores, pero digamos que hay poesía española (Enrique Andrés Ruiz, Cilleruelo, Pablo Fidalgo, Ana Merino, Tomás Sánchez Santiago...), catalana (Xavier Farré, Álex Susanna), gallega, portuguesa (Amadeu Baptista, Júlio Conrado, Jaime Rocha o el dossier "Génesis", donde participan, entre otros, Almeida Faria, Helder Moura Pereira y Miguel de Freitas, con ilustraciones de Daniela Gomes), prosa (a destacar el fragmento de Oscuro oráculo, del muy callado Julián Rodríguez), así como ensayo (sobre Cunqueiro o Andrade), reseñas (Miguel Ángel Lama culmina en esta entrega las reseñas sobre todos y cada uno de los volúmenes de Historia de la literatura española (Crítica, dirigida por José-Carlos Mainer y coordinada por Gonzalo Pontón) y una interesante entrevista a Manuel de Seabra. Se incluyen sendos encartes. De Ruth Morán y João Grama. Esto, insisto, y mucho más.

15.4.16

Una nueva antología

Sí, próximamente en Renacimiento. En la apreciada colección Calle del Aire. Se presentará el 7 de mayo, sábado, a las 13:30 en la Feria del Libro de Sevilla.
Su título: Nacer en otro tiempo. Antología de la joven poesía española.
Los responsables de la selección y autores del epílogo son Miguel Floriano y Antonio Rivero Machina, poetas ambos. El primero, además, es estudiante de Grado en Lengua Española y sus Literaturas (Universidad de Oviedo) y el segundo, profesor de la Universidad de Extremadura.
Los nominados (nacidos entre 1980 y 1997) son Sergio C. Fanjul, Javier Vela, Andrés Catalán, María Alcantarilla, Ben Clark, Pablo Fidalgo, Constantino Molina, Luis Llorente, Javier Vicedo, Víctor Peña Dacosta, Aitor Francos, Juan Bello, Martha Aunción Alonso, Laura Casielles, Unai Velasco, Francisco José Najarro, Berta García Faet, María Eugenia Motilla, Rodrigo Olay, Diego Álvarez Miguel, Ruth Llana, Emily Roberts, Paual Bozalongo, Gonzalo Grajera, Gema Palacios, Xaime Martínez, María Elena Higueruelo y Óscar Díaz.
Como se ve, es una antología que tiene en cuenta la paridad, donde hay tantas mujeres como hombres. Uno, en fin, de género masculino como los colectores, firma el prólogo. Seguimos.

7.12.15

Estación Poesía, 5

La nueva entrega de la revista sevillana Estación Poesía bien merece una atenta lectura. De los poemas que firman poetas tan interesantes como Amalia Bautista, Sara Torres, Jenaro Talens, Francisco Gálvez, Miguel Mas, Antonio Manilla, Ballerina Vargas Tinajero, Benito del Pliego, Verónica Aranda (que regresa a Tánger), Efi Cubero, José Carlos Rosales, Jesús Beades, Fabio Morábito, Chus Pato, Enrique Baltanás, Miguel Floriano, Pedro Serrano o Chantal Maillard. O de la traducción del Petrarca "más amargo" que hace Francisco Socas.
Mención aparte merece el emocionante texto de Susana Benet sobre la agitada vida del poeta José Luis Parra, un solitario a quien tan bien llegó a conocer.
Un puñado de reseñas cierra este número feliz de una revista tan sobria como espléndida.

12.11.15

Nueva poesía asturiana (y más)

Carlos Iglesias Díez y Pablo Núñez son, como el resto de poetas incluidos en la antología que presentamos, un par de jóvenes poetas titulados por la Universidad de Oviedo (todos en Filología, salvo una en Periodismo y Filosofía y otro en Teleco), que han completado estudios en universidades extranjeras, nacidos en Asturias, que, como ellos, ejercen la crítica y la agitación cultural a través de ciclos poéticos, encuentros y revistas; Anáfora, por ejemplo, de la que son colaboradores y Núñez, coordinador. Si no están en este libro que lleva por hermoso título, a partir de Víctor Hugo, Siete mundos es, más allá de otras imaginables e hipotéticas razones, por una muy sencilla: sus fechas de nacimiento (1983 y 1980, respectivamente) superan el límite establecido para poder formar parte del selecto grupo. El más pequeño de los elegidos lo hizo en 1986. 
Como explica con detalle Pablo Núñez en el texto que cierra el volumen: "Los poetas en las antologías: una panorámica contemporánea", la tradición de florilegios de poetas asturianos es larga en el tiempo y está muy "asentada". Son, además, muchos los que ha dado esa tierra y no pocos los que están incluidos en misceláneas nacionales correspondientes también a estas últimas décadas. El estudio, debidamente anotado, pone en contexto esta muestra planteada con sumo rigor.
Antes, al comienzo del libro, Iglesias Díez traza las ideas básicas del experimento (toda antología lo es) y analiza con cierto detenimiento la poesía de cada uno de los nominados. En lo que respecta a esas ideas, podrían materializarse de forma resumida en el uso de guiños posmodernos, las referencias a la cultura audiovisual, una voluntad lúdica, el "buceo íntimo de la memoria familiar", la "exploración de las posibilidades simbólicas del lenguaje", la (re)afirmación de la conciencia individual, el "autoanálisis", "la mirada introspectiva sobre el mundo", sobre el viaje y la solidaridad y, por fin, "la creación de universos imaginarios".
Laura Casielles (Pola de Siero, 1986) tiene tres libros publicados (la condición general era que al menos tuvieran uno) y según Iglesias, el "principio rector de su poesía es la fuga, la huida, un secreto anhelo de vivir / en estado de viaje". La califica de "machadiana": "escribir: andar". En sus poemas aparecen rastros evidentes de esos periplos. Por Marruecos, por ejemplo: Tánger, Casablanca, Meknes, Fez... Si tuviera que elegir un poema paradigmático, señalaría "Gramática de la relatividad". De Casielles, me gusta la fuerza de sus versos. Su seguridad, diría.
Alba González Sanz (Oviedo, 1986) tiene una "fuerte tendencia a la introspección y un cierto poso narrativo". (Lo autobiográfico, cabe precisar, es aquí norma y afecta a todos los poetas incluidos.) Sus referentes: Ángel González, Pizarnik, Natalia Litvinova. Se impondría "fijar y preservar todo aquello que no deseamos perder". También tiene tres libros publicados y una obsesión especial por la familia (la Abuela Benigna, "Mamá", "Hermana") y las genealogías. Un poema ejemplar: "Autobiografía".
De Rodrigo Olay (Noreña, 1989) ya hemos dado noticias aquí, donde hemos comentado su primer y segundo libro. Literatura y vida, voces y ecos, se funden en una poesía con gran dominio de las formas y las técnicas líricas que busca "la eternidad y la sorpresa". Es miembro de un movimiento que agrupa a no pocos de los poetas de esta antología: el patarrealismo y elegiría "Venecia" como poema representativo. Su poética es la prosa más extensa (e irónica) del conjunto (este hombre sabe lo que hace). ¿Más poemas? "José" (siempre los abuelos) o "Diffugere nives". Hay para elegir.
Diego Álvarez Miguel (Oviedo, 1990), con tres libros y patarrealista, se mueve entre la antipoesía de Parra y el costumbrismo de Vilas. Sus referentes más cercanos: los de la "poesía de la experiencia" (otro hecho común a unos cuantos seleccionados, como en el caso de Olay): García Montero, L. A. de Cuenca, Roger Wolfe o Karmelo Iribarren. También, comenta el antólogo, con los de la "nueva lírica" (sic): Marwan, Sastre y compañía. Por suerte, sus poemas van más allá de ese mero juego de escuelas que se nos pinta. De lo contrario, supongo que no hubiera merecido estar aquí. Como Xaime Martínez, canta.
En Sara Torres (Gijón, 1991) impera la "voluntad de ruptura". "Desconfía de la Poesía, de los Poetas y de todo lo mayúsculo que se legitima a través del canon", escribe. Es, sin duda, la más transgresora del grupo. En sus versos hay hermetismo, "descoyuntamiento sintáctico"... También se ocupa de la "identidad femenina". Sus influencias no mienten: Anne Carson, Adrienne Rich, Safo, las Idas (Vilariño y Vitale)... La suya, concluye Iglesias, es una "poesía valiente y arriesgada" y ella, en su poética (no he dicho que cada poeta publica una al frente de sus poemas), afirma: "Aspiro a escribir libros raros". Ha publicado uno y llegará el segundo el próximo año. Visto lo visto, haré por leerlo.
Raquel F. Menéndez (Salas, 1993) es autora de un libro y de una poética que destaca por lo bien pensada que está y por lo lúcida que es. "Toda escritura es la lucha contra el silencio al que a priori estamos condenados; el resultado: un no-lugar". Alude en ella a la poesía como "narración del desencanto", a la condición de "señoritos" (a lo Gil de Biedma) que han ostentado los miembros de su generación hasta la llegada de la Crisis y otros asuntos de interés. Con todo, de ahí mi reticencia con esas cavilaciones sobre el oficio que se empeñan en pedir a los poetas, no hallo mucho rastro de lo allí expresado en sus poemas, donde la imaginación, la sugerencia y la intensidad priman. Apuesta por "lo escueto" y cita a otra asturiana, Olvido García Valdés. Tiene como modelos a la "poesía del desconsuelo" de Riechmann o a la "nueva épica" de Mestre, sin olvidarnos de las rusas. Un poema: "Astapovo".
Xaime Martínez (Oviedo,1993) también es un viejo conocido de este rincón. Aquí comentamos su excelente libro Fuego cruzado. Tiene otro. Su poesía "aúna tradición y vanguardia, rigor y juego". Lo clásico y la cultura popular: Gimferrer, Mesanza, Tolkien, Batman, Lucas... Un poema: "Credo poético". Patarrealista de pro ("supremo abanderado del patarrealismo") anuncia cambios en su poética. Cambios, me atrevo a afirmar, que se veían venir. Como en el caso de Olay. Su proyección es, acaso, la más significativa.
Los antólogos (que firman un breve texto conjunto) querían "llamar la atención" con este libro y creo que lo han conseguido. Se ve que hay jóvenes poetas asturianos dignos de figurar en las selecciones nacionales. O no: sus obras bastan. El criterio de elección ha sido el de "calidad intrínseca de poetas y poemas". (Le cuesta a uno entender lo de la calidad de los poetas, pero...) Los poemas publicados son responsabilidad de los antólogos, aunque solicitaron a los poetas versos inéditos.
Nos confiesan que podrían haber sido más. Había banquillo. Por ejemplo, Sara A. Palicio (de la que he leído Las costumbres vacías) o Miguel Floriano (tengo entre manos Quizá el fervor, publicado por La Isla de Siltolá, y ya comentamos en este rincón Tratado de identidad).
Para este lector, del conjunto se desprende que prevalece la línea clara (con excepciones dignas de elogio), el autobiografismo, lo urbano (no hay referencias notables a la naturaleza o al campo y mira que Asturias...)... Se aprecia un sustrato teórico en estos poetas sobradamente preparados y numerosas lecturas, lo que les emparenta con los del resto de España.
Es una muestra "plural y variada" y en ella hay, como han pretendido Iglesias y Núñez", "calidad y frescura". Como dice el segundo, es una obra con "poemas llenos de reflexión y verdad". No es mal balance. Queda ahora leer a cada uno por separado (y, a ser posible, en sus respectivos libros: la bibliografía que se incorpora como apéndice es completa) y que cada cual defienda, a partir de ahí, sus preferencias. Termino: sigue siendo Asturias una cantera de poetas de primera línea. Más allá de los límites geográficos del Principado. Me alegro.

28.1.16

Siltolá: masculino, plural

Para Miguel Floriano (Oviedo, 1992), Quizá el fervor es su tercer libro publicado. Aquí comentamos el anterior: Tratado de identidad
Perteneciente al inquieto grupo de la revista Anáfora (si bien no fue incluido en la reciente antología de la joven poesía asturiana Siete mundos), Floriano nos entrega una obra cargada de amor y de literatura, que va desde la imitación de los clásicos (Lope, por ejemplo) a las variaciones (en la sección "Ofrendas") y homenajes (a Ángel González, pongo por caso). Ello da a sus versos un aire muy particular, arcaico a veces, intempestivo siempre, que no se arredra ante los excesos de la retórica y de la adjetivación. Ni de los metros y estrofas tradicionales, como el soneto. Más allá, se alza una potencia y un fervor dignos de alguien que, como poco, ama la poesía y se entrega a ella con armas y bagajes. "Desconoces el miedo. Eres valiente", leemos en el poema que da título al libro, que termina: "Apiádate de mí. (...) / De mí, que no conozco / más que el don abyecto de la fragilidad / y el lujo avaro de la cobardía". 
Poemas logrados, como "Todo es lejanía" o "Método de canto", nos dan la mejor medida de este envite. Se adelgaza su voz en "Pavesas", la parte que más me ha gustado. 
"La vida es tan solo / una manera más de estar perdido", dice. O: "Todo hombre / es títere y estafa de sí mismo". Y, a modo de conclusión: "He aquí, pues, /  el hombre que, cercado / por la vida, sobrevive". 

Para Joaquín Fabrellas (Jaén, 1975), este es su quinto libro, República del aire, publicado como el anterior y el que sigue por La Isla de Siltolá. Lleva un prólogo-espejo de Sergio R. Franco y en él se recalca la importancia de ese objeto que es, ante todo, un símbolo. En un momento dado leemos: "Y se dio cuenta de que la realidad era solo el espejo". Así, la primera parte se titula "Speculum vitae" que, a su vez, para que no haya dudas, incluye poemas con títulos como "Yo mismo" y "Entonces yo".
Fabrellas escribe en distintas medidas, que van del poema breve o brevísimo, de un solo verso (léase la sección "Breviario", la que uno prefiere), a otros bastante más largos y discursivos ("La estación rota" o "Adoradores"), sin descartar el poema en prosa ("Salmo de la caída" o "Telegrama"). A ratos, torna aforístico: "El cuerpo de las mujeres sabe a abismo". El conjunto se cierra con un atinado poema en dos partes, "Colofón", donde logra acertar con el tono, entre meditativo y metafísico: "El centro es la quietud de la mirada".

Para Nicolás Corraliza (Madrid, 1970), éste es su tercer libro. Viático se abre con una cita de Eliot (en concreto de la sección "Una partida de ajedrez", de La tierra baldía) que remite a "la calleja de las ratas", "donde los muertos perdieron sus huesos".
A base de sequedad (en el mejor sentido) y exactitud, de anotaciones minuciosas que describen deslumbramientos y sorpresas, de pensamientos cargados de sensatez, en un tono monocorde y ajeno a la experimentación o al aspaviento, Corraliza va dando cuenta de lo que le sucede y pasa. De esta manera, su libro no deja de ser el cuaderno de bitácora de esa procelosa travesía por la cotidianidad que todo hombre realiza; cada cual, eso sí, a su modo. Con la debida sutileza, sin descuidar nunca la expresión y el lenguaje, Corraliza consigue dar fe de esa suma de enigmas que se ocultan detrás de la existencia de cualquiera.

25.11.16

Poesía en femenino

"Lo siento, pero creo que la poesía femenina en España no está a la altura de la otra, de la masculina, digamos, aunque tampoco es cosa de diferenciar. (…). No hay una poeta importante ni en el 98, ni en el 27, ni en los 50, ni hoy. Hay muchas que están bien, como Elena Medel, pero no se la puede considerar, por una Medel hay cinco hombres equivalentes”.
Estas declaraciones a la periodista Nuria Azancot del editor Chus Visor, publicadas en El Cultural, el suplemento más serio de la prensa española, levantaron hace unos meses una gran polvareda en el pequeño patio de la lírica patria. Y sin embargo, en estos últimos tiempos, algo ha empezado a cambiar en lo que respecta a la recepción de la poesía escrita por mujeres en España. Vaya por delante que uno no hace distingos, que para mí la poesía es una y, de clasificarse, bastaría con decir que es buena o mala. O mejor: que lo es o no. Sí, con independencia del género de quien la escribe. Lo único que me preocupa, más allá de la incómoda guerra de sexos que suscita, es que este asunto, como parece, se acabe convirtiendo en una moda. Como la del haiku o la del aforismo. Por lo pronto, han aparecido recientemente varias antologías de poemas escritos en exclusiva por mujeres. Así, Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960) (chez Visor), de Raquel Lanseros y Ana Merino, una amplia antología de casi mil páginas que reúne poemas de ochenta y dos mujeres de este y el otro lado del Atlántico. O (Tras)lúcidas. Poesía escrita por mujeres (1980-2016), de Marta López Vilar (Bartleby Editores), donde se reúnen versos de veintinueve poetas nacidas a finales del siglo XX.
Y no sólo antologías. Rosa García Rayego y Marisol Sánchez Gómez han editado 20 con 20: diálogos con poetas españolas actuales (Huerga & Fierro) y la citada Medel, la poeta de moda, da a conocer en forma de libro Cien de cien. Poetas españolas del siglo XX (La Bella Varsovia), otro florilegio (que surgió en forma de blog) destinado a rescatar voces apartadas o no del todo reconocidas.
Otra muestra de poesía joven publicada este año, Nacer en otro tiempo. Antología de la joven poesía española (Renacimiento), de Miguel Floriano y Antonio Rivero Machina, optó por la paridad, de manera que el número de hombres y mujeres incluidos se iguala.
En la misma línea vindicativa, Genialogías (Tigres de papel), una colección de libros de poesía femenina que han inaugurado María Victoria Atencia y Juana Castro. Y ya que lo menciono, conviene recordar que la veterana editorial Torremozas, centrada en ellas, ha alcanzado ya los 300 títulos.
Más allá de vanas polémicas, de sangrantes olvidos, de modas efímeras, de desequilibrados recuentos de ganadoras de premios literarios o de sillones con letra de mujer en la Real Academia, lo que importa, en mi modesta opinión, es que ningún poema de ningún poeta (dignos ambos de tal nombre) quede fuera del alcance de los lectores. Esté escrito, faltaría más, por un hombre o por una mujer.

Nota: Este artículo, destinados en principio a los lectores griegos (como todos los que publico en esa revista), ha aparecido en el número 16 de Frear.

9.11.16

Claudicaciones

De dos libros del estudiante, poeta y antólogo Miguel Floriano (Oviedo, 1992), Tratado de identidad y Quizá el fervor, ya hablamos en su día aquí. Además, es autor de Diablos y virtudes y de Claudicaciones, que publica Renacimiento, así como de un par de plaquettes, una de ellas incluida en el libro que acabo de mencionar. Sí, este activo y apasionado estudiante de Filología en la universidad de su ciudad natal está incluido en varias antologías de poesía joven y es coautor, junto a Antonio Rivero Machina, de otra: Nacer en otro tiempo.
El que hoy nos ocupa es, parece una obviedad, su libro más maduro. No siempre ocurre, bien lo saben. Un libro ensimismado que gira en torno a lo amoroso (como desamor: una historia de amor fallida), y a él mismo, en tanto que sujeto desconcertado por los avatares de la vida. Alguien que intenta explicar lo que sucede desde la perplejidad y el desconocimiento. Con ingenuidad, a veces. De ahí que se sucedan las preguntas y que sean escasas las respuestas. "Aunque camino todavía sin respuestas", dice, y "no converjo en mi secreto". 
El poema, sí, como "vestigio vivo", como alumbramiento. De lo que les sucede, para empezar, a un hombre y a una mujer. 
Poesía del yo. Léase "XVI. (Meditación en Salave)", "la que considero mi mejor pieza hasta la fecha". "En demasiadas ocasiones / me busco y solo hallo / esta fatiga de encontrarme", leemos. Del yo y del tú y del nosotros, cabe precisar, pues que a todas esas voces se dirigen estos versos, siendo el tú un trasunto de sí mismo y el nosotros el pronombre que agrupa a su amada y a él. 
Poesía literaria de la memoria y del recuerdo, pero que también se anticipa, en sentido profético a los acontecimientos, según su autor.
Poesía del conocimiento; el que busca quien intenta sobrevivir al inesperado naufragio. 
La desesperación acude en forma de suicida ("Es la hora viva de la muerte") y con Dante, la sonrisa. Y las palabras en una variación sobre un tema de Carnero, suerte de reflexión metapoética que brilla en estos versos: "y la conciencia de que escribo estas palabras / en las que habré de recordarme un día / para dejar de ser".
Poemas, en fin, escritos con fluidez (se nos explica que el grueso del volumen está escrito entre enero y abril de este año), ritmo y clasicidad. Ajenos a otro experimento que no sea el de la poesía de siempre. En busca de consuelo más que de otro efecto o sucedáneo.
La "Nota del autor" termina: "De todos modos es posible, y quisiera que lo supiese ya el lector, que este Claudicaciones clausure una etapa tormentosa y febril de juventud, dejando paso a un quehacer escritural más pausado y desearía más trascendente. Pero quién soy yo para aventurarme a asegurarlo. Nadie". Pues no digamos quien escribe esto. Continuará. 

10.7.16

De antologías

No sabe uno muy bien a qué se debe que en un determinado momento coincidan en el panorama literario distintas manifestaciones de lo mismo. Como si se hubiera puesto el destino de acuerdo para propiciar la reiteración de tal o cual fenómeno. Así, ahora, en España, por ejemplo, la publicación de antologías. Que a uno le conste, hay cuatro en las mesas de novedades, suponiendo que la poesía ocupe aún ese lugar en las librerías. Dos de poesía joven y otras dos de poesía contemporánea. Empezaré por éstas. 
El editor de la primera es el poeta Vicente Luis Mora, uno de los más innovadores y cosmopolitas, teórico y crítico, responsable del blog Diario de lecturas, y se titula La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015). La publica la hispanomexicana Vaso Roto. De la segunda, publicada por Fondo de Cultura Económica (otra casa mexicana), el responsable es el también poeta, viajero y traductor Jesús Aguado y lleva por título Fugitivos. Antología de la poesía española contemporánea. Las dos incorporan a poetas nacidos después de 1960.
En lo referente a las florestas juveniles, una es Re-generación. Antología de poesía española (2000-2015), del poeta y crítico José Luis Morante y ha aparecido en el sello granadino Valparaíso. La otra, Nacer en otro tiempo. Antología de la joven poesía española, publicada por el sevillano Renacimiento, y los editores son el poeta y profesor Antonio Rivero Machina y el poeta y estudiante Miguel Floriano.
Resulta curioso que de las cuatro sean responsables poetas, que, aunque pudieran, no se incluyen en sus respectivos florilegios, si bien Aguado antologa a Mora y viceversa. Son inevitables también las coincidencias en lo que a los nombres respecta. Y ya que lo menciono, las dudas sobre los que son, no son y están y de los que siendo no figuran. El gusto, en todo caso, es facultad de los antólogos. Al lector le queda asentir o lo contrario, pero sólo eso.
De la última antología citada soy el prologuista. Me lo propusieron y acepté. No es que uno esté al día ni conozca al detalle, ni de lejos, la poesía que escriben los jóvenes, pero desde que ejerzo, siquiera a ratos, de crítico o desde que, como diría Brines, soy un lector que elige, alguna opinión tengo al respecto. Me llegan muchos libros de autores primerizos, en más de un sentido, de ahí que me animara a poner unas palabras delante de lo único que importa en ese tipo de obras: los versos de los participantes, de los poetas reunidos. Recuerdo en ese breve delantal el grito del académico Víctor García de la Concha a propósito de una polémica lírica de los años ochenta del siglo pasado: "¡Denme libros!" Pues eso.
Por lo demás, siempre he sido lector de antologías (tanto de las de grupo como de las de autor), se me incluyó en algunas y en una ocasión, junto a mi amigo Ángel Campos Pámpano, fui incluso antólogo. 
Son prácticas porque nos ayudan a desbrozar, de entre el espeso bosque de libros de poesía que nos rodea, los árboles que merecen ser contemplados. O los brotes, si de los que empiezan hablamos. 

NOTA: Este artículo ha aparecido publicado en la revista griega Frear, en su número 15.

10.3.19

Carta (cervantina e ilustrada) de Oviedo

Un collage de María Jesús Flórez
Por razones que no viene al caso explicar, no empezó bien este viaje. De hecho, pudo quedarse, a punto de empezar, en mero intento. Pero ni unas ni otras razones (las del cuerpo y las del alma) impidieron al fin que sucediera. Es lo que cuento.
Ganas de volver a Asturias no faltaban. Lo de presentar El cuarto del siroco en Oviedo era una excusa perfecta para ver de nuevo paisajes y personas conocidos, menos conocidos y hasta ignorados.
Pensábamos parar a comer, como tantas veces (a los rutinarios nos pasan estas cosas), en el área de servicio de Rioseco de Tapia, pero estaba en obras. Seguimos hasta la de Caldas de Luna. Y así fue; tarde, pero bien. Al bajar el puerto, las montañas ardían por culpa de los pirómanos. En Oviedo hacia un calor impropio. De esas latitudes y de primeros de marzo. Soplaba un impertinente viento del sur que si no llegaba a siroco, se le acercaba bastante. Allí lo temen. Es, digamos, su levante. No fue a propósito, que conste. Por lo de ambientar, digo.
Dejamos los bártulos en el hotel y nos tiramos a la calle para estirar las piernas. Por pura necesidad. Y en esa ciudad preciosa todo está a un paso. Cuando cayó la noche, llamé al verdadero instigador de este viaje: César (Juce) Iglesias. Quedamos a la puerta de la catedral, que habíamos visitado un rato antes, y seguimos paseando. Él habla mucho y todo lo que dice es de interés. Fue periodista. Bueno, lo es, esa profesión imprime carácter. Su mujer, Eugenia, que es otro encanto, se sumó al grupino y acabamos cenando en El Tizón de la calle Caveda. Debidamente orientados por los habituales del local, degustamos ensaladilla rusa, cecina con queso de cabra y una tortilla de patatas sobresaliente. Como somos gente seria y sobria (en más de un sentido), al acabar cesó el festejo y nos despedimos deseándonos mutuamente las buenas noches. 
Gijón era una visita obligatoria y hacia allí nos dirigimos al día siguiente, no sin recorrer antes algunas calles céntricas y realizar, qué remedio, algunas compras. Otro paseo. En coche. Y otro, este ya andando, el que nos dimos, Muro abajo, desde el barrio de La Arena (el de Jordi Doce, el nuestro, el que toma el nombre de los antiguos arenales de la playa de San Lorenzo) hasta Cimadevilla. Delante, un mar muy agitado. La marea estaba alta y las olas saltaban por encima de la barandilla. No, no era ese el mar de todos los veranos, el de la añorada infancia de Leticia y Alberto, que caminaba ahora a nuestro lado. Después, me atreví con unas verdinas, pero no con un cachopo. Qué bien se come en esa tierra. Ya de vuelta, un reparador descanso y a la librería. Cervantes lo es desde 1921. Nos esperaba a la puerta Concha Quirós, hija del fundador, Alfredo Quirós Fernández. Pura energía. Todo un ejemplo. Delegó en César la labor de cicerone y fuimos recorriendo sus cuatro amplias plantas. En la de entrada (que es la primera), está la espléndida sección de poesía. Ni escasa ni arrinconada ni en mal lugar. Según entras, ya digo, a mano derecha. Y al lado, pero separada, la de parapoesía, lo justo para no mezclarse, pero tan cerca como para esperar que algo se le pegue a esta de la otra. En vano, supongo.
Conversación en la penumbra. Foto de Sandra Sánchez
Con puntualidad, eso es el Norte, entramos en faena. Como reconocí, tal vez sea ese el sitio más chic donde he presentado un libro. Se puede apreciar en la imagen. La luz, el fondo, la lámpara, el sofá verde... Ese micrófono de cantante que iba y venía... Me sentí pronto a gusto. Por los anfitriones; por nuestra moderadora, Susana Domínguez Tejedor, responsable del Foro Abierto de la librería; por el presentador del libro; porque uno es de buen conformar, que diría Gonzalo; y, en fin, porque estaba rodeado de caras conocidas. No todas, claro. Me refiero a que había rostros a los que podía poner (a veces con la ayuda de Facebook) nombre. Entre ellos, José Luis García Martín (más de treinta años de relación nos contemplan), José María Castrillón (que baja pronto a Extremadura), Nacho González (que es como lo imaginaba), Ángel Alonso (que reseñó el libro en Anáfora), Cristian David López (tan tímido como suponía), Miguel Floriano (dicharachero y sociable), Marcos Tramón, Aida Masip (hija de Antonio Masip, el que fuera alcalde socialista de Oviedo), Mario Vega (visto y no visto), los dos Fernandos Menéndez (el gijonés y el ovetense, el aforista y el poeta, si cabe el distingo), Melquiades Álvarez (elegante y discreto como su pintura y su poesía), José Carlos Díaz, Pedro Luis Menéndez (a quien no tenía la suerte de conocer), Antonio Bravo (otro extremeño en Asturias y, como Martín, profesor en la Universidad de Oviedo), Sandra Sánchez, Yasmina Álvarez, Carlos Iglesias, Jose García Alonso y Begoña (que ahora viven en Ponferrada, pero que son medioplacentinos)... Una mezcla, en fin, de poetas, narradores, pintores, críticos, profesores... De lectores, en suma, que es lo que importa. 
La sorpresa de la noche nos la dio Pedro Gómez Castelao, el último representante de nuestra querida familia asturiana, el mismo que aparece al lado de Alberto, sonrientes los dos, en una de las estupendas fotografías de María Jesús Flórez en la que García Martín parece estar bendiciendo; urbi et orbi, por supuesto.
Al modo clásico, César Iglesias leyó un texto certero y enjundioso sobre el libro, más pormenorizado y extenso que la reseña que sobre él publicó en La Nueva España, donde no faltó el elogio personal, sin duda inmerecido, más estando uno delante de algunos dedicatarios de la obra que me conocen perfectamente y que podían desmentir in situ esos presuntos valores. Con todo, ya digo, lo sustancial fue su lectura que, viniendo de un lector con criterio, no dejó a nadie indiferente. Tampoco a mí. Mil gracias.
Tomé luego la palabra. Leí un puñado de poemas, y poco más. Las sonrisas brillaron, la gente estuvo atenta y uno se dio por satisfecho.
Con Concha Quirós
El coloquio fue de lo más entretenido. Abrió fuego Martín para dejar claro que la culpa de que uno escriba como escribe, poemas claros y comprensibles y no herméticos y oscuros, pongamos para simplificar, es suya, que para eso me atacó con dureza (crítica) al principio, cuando uno empezaba a pergeñar versos y era partidario de la poética del silencio. De lo que al parecer se alegra. Del cambio, quiero decir, y eso que, a partir de mi tercer libro, mi voz (en caso de tener una propia) no se puede decir que haya cambiado mucho. Lo que precisé es que, a pesar de eso, todavía no ha elogiado -y van diez- un solo libro mío. Con todo, añadí, el crítico que prefiero, de los tres que él representa: el complaciente, el feroz y el silencioso, es este último. No hace falta decir que el tono era de broma y que el león, puedo dar fe, no es tan fiero como pinta. No al menos en las distancias cortas. Eso sí, a polemista no hay quien le gane. Nada le gusta más que discutir. De lo que sea. Si es de poesía, mejor. Por suerte, no se habló de política, aunque aprovechando que Vinyoli pasaba por allí ("Realidades, no humo"), volví a repetir que ningún excluyente independentista va a impedirme seguir leyéndolo.
(De aquel encuentro -y de mí- escribe en Café Arcadia, la entrega dominical de su diario que publica hoy El Comercio. Titula su versión de los hechos "Un triunfador", lo que nunca he sido -ni pretendido ser-, como sabe todo el mundo en el pequeño patio de la poesía patria. ¿El "siroco"? Para no ser parapoesía, lectores no le han faltado. La que cuenta, sí, es su verdad, que no coincide, claro está, con la de uno. O no al dedillo. Lo de Montánchez, esos cálculos, la carrera, esas relaciones... No me reconozco. Por cínico o memorioso que quiera ponerme. Pero gracias.)
Juce sacó a colación el tema de la parapoesía, que deparó también momentos memorables esa intensa noche.
También intervino Ángel Alonso, lusista, que me parece un tipo serio, en el mejor sentido.
Al salir, unos cuantos nos acercamos a un bar para tomar algo. Me dio tiempo a charlar con los dos grupos que se formaron: el de los aedos (gijonés) y el capitaneado por el de Aldeanueva, con Masip, Tramón y Floriano en los flancos. Yolanda fue cómplice gustosa de sus malévolos comentarios.
En la cena posterior (volvimos, sin remedio, a por la tortilla de El Tizón), los tres de casa, Pedro y César. Una excelente ocasión para seguir conversando con el bendito culpable de este reparador viaje. Un viaje que, a la vuelta, fue rápido (sólo paramos a comer en Cuatro Calzadas, otra rutina) y sin sobresaltos. Al subir a Babia, el monte seguía ardiendo. La temperatura era otra. Ah, ni ha llegado la multa de la escapada a Sevilla ni se esperan nuevas sanciones. Espero.

Pedro, Alberto, Miguel, Cristian y Martín. Foto de María José Flórez

12.10.15

Guadalupe

El Departamento Editorial de la Diputación de Badajoz, antes benemérito Servicio de Publicaciones, acaba de publicar un libro necesario, concebido e impulsado por el exconsejero de Cultura Francisco Muñoz Ramírez (el último en esta tierra digno de tal nombre), con el significativo título de Guadalupe. Sentimiento y conciencia, donde se reúnen reflexiones, ensayos, testimonios y otras prosas en torno a uno de los enclaves extremeños más universales. Uno de esos lugares, añado, donde uno ha forjado su particular territorio
Como sigue siendo, ay, habitual, abre el volumen un político: el nuevo presidente de la casa editora, Gallardo, alcalde de Villanueva de la Serena. Y pronto los desacuerdos. Por lo de "nuestra identidad como pueblo". La diversidad de enfoques, no obstante, garantiza una obra plural donde, ya ves tú, soy uno de los pocos a los que este buen hombre (o quien se lo haya escrito) carga con el dichoso sanbenito identitario, pues de uno dice: "En clave extremeñista y reivindicativa se define Álvaro Valverde". Y yo sin saberlo. Bromas aparte, la mera relación de los autores de los diferentes textos refleja el alcance de la empresa. Así, hay escritores, como Gonzalo Hidalgo Bayal, Martínez Mediero, Irene Sánchez Carrón, Alonso Guerrero, Eugenio Fuentes y Pilar Galán; teatreros, como Juan Margallo o Miguel Murillo; cantantes, como Luis Pastor; periodistas, como Teresiano Rodríguez Núñez (un hombre inseparable de Guadalupe) y Ruiz de Gopegui; políticos, como Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Antonio Ventura o el citado Paco Muñoz; dos frailes franciscanos: Cerrato Chamizo y Oterino Villasante; y el historiador Juan Gil, que firma el texto más importantes y extenso del conjunto, piedra angular del libro, cuyo título es "Un culto común a españoles y portugueses: la Virgen de Guadalupe".
Ilustran estas páginas unas fotografías de Boni Sánchez que ensalzan aún más la edición de la obra.
Confieso que me han interesado sobre todo los textos de los escritores. En especial los de aquellos que hacen memoria (todos señalan, pongo por caso, los mareos, inevitable consecuencia de cualquier viaje infantil a La Puebla). Los de Bayal, Carrón y Sánchez, por ejemplo. 
Memorables son también las páginas de Ibarra, "ateo guadalupano". Suya fue la decisión de hacer coincidir el Día de Extremadura con la festividad de la Virgen. Cuenta sabrosas anécdotas sobre los cardenales primados de Toledo (ya se sabe que a esa Archidiócesis pertenece el corazón espiritual de esta tierra, a pesar de las eternas reivindicaciones) con los que le tocó lidiar. El temible D. Marcelo, con quien congenió, y Cañizares, protagonista, como él, el consejero Muñoz. D. Antonio Montero y los frailes del Monasterio (que apoyaron a las autoridades), del vergonzoso escándalo político-religioso montado por el PP de Floriano y sus adláteres en torno al resucitado catálogo de una exposición del fotógrafo JAM Montoya (entre otras lindezas, denunciaron a la Editora Regional que uno dirigía por haber cedido el ISBN para su publicación) que pudo, según Ibarra, "cargarse una convivencia entre la Junta y la Iglesia Católica que creo que había transcurrido hasta entonces por cauces ejemplares" y ocasionar, añado, su dimisión como Presidente.
De Muñoz Ramírez, que sufrió como nadie esta burda treta electoralista, es el capítulo final del libro, que lleva por título una verdad que cuantos han colaborado en la obra y cuantos conocen ese rincón a buen seguro comparten: "Volverás siempre a Guadalupe". A pesar, ay, de las curvas.