Muchos años después, resulta innecesario reivindicar la faceta del poeta García Martín. Por tal lo tengo desde que empecé a leerlo, al principio de los ochenta o incluso un poco antes. Entonces, y así siguió siendo durante más de dos décadas, era muy difícil separar su tarea como crítico beligerante, defensor a ultranza de la tendencia dominantes, la de la poesía de la "experiencia" que él prefirió llamar "figurativa", de la poética. Con todo, al hacer recuento, y con sus poemas ya se ha hecho (anoche leyó de su antología La aventura, cuya edición, en Renacimiento, corrió a cargo de la filóloga Rosa Navarro Durán), sería mezquino no reconocer que, además de los diarios y sus trabajos de crítica literaria, su poesía existe y que el poeta merece aparecer en las nóminas generacionales de van fijándose; con el capricho, claro está, que cabe al caso.
En el Verdugo demostró sobradamente esa condición y, tras explicar cómo escribe poesía y algunos asuntos relacionados con lo mismo, que sus lectores habituales conocemos bien (la falsificación, por ejemplo, que llevó a un famoso poeta portugués a incluir en una antología unos poemitas de Sandro Penna que en realidad había escrito él), leyó un puñado de poemas, que a uno se le hicieron pocos. Preferió, ya se sabe, polemizar un rato a los postres de la lectura. Y así lo hizo con Juan Ramón Santos, por ejemplo, que estaba sentado a su derecha. Intenté sonsacarle algo sobre los blogs pero fue parco y explícito: son una herramienta digna de ser aprovechada por el escritor de cara, sobre todo, a su difusión, vino a decirme.
Disfruté con sus versos, no lo niego. Y releer los poemas del cuadernillo me reconcilian con una poesía que no he dejado de frecuentar. Diré más: es de esos poetas que, después de escucharlos (o de leerlos), te animan a escribir. Veremos, pues, aunque parezca lo contrario, no está ya uno para muchos trotes. Poéticos, al menos.
La renuncia de Caja de Extremadura a seguir financiando la cultura extremeña no afecta sólo al Womad cacereño. Por suerte, el Ayuntamiento placentino asume, siquiera en parte, el patrocinio del Aula "José Antonio Gabriel y Galán" y nos permite a los aficionados a la literatura a seguir escuchando a escritores que lo merecen. De nuevo, ay, en el Verdugo.
La renuncia de Caja de Extremadura a seguir financiando la cultura extremeña no afecta sólo al Womad cacereño. Por suerte, el Ayuntamiento placentino asume, siquiera en parte, el patrocinio del Aula "José Antonio Gabriel y Galán" y nos permite a los aficionados a la literatura a seguir escuchando a escritores que lo merecen. De nuevo, ay, en el Verdugo.