30.11.11

Paseos

Me encontré con Víctor Peña en el paseo del río y me dijo con sorna: "Qué, ¿hoy te toca solo?". "Como siempre", respondí con una sonrisa. Ayer tarde, sin embargo, crucé la presa del km. 4 con mi amigo Néstor Hervás. Él con la bicicleta al lado y uno subido en la acera para compensar la diferencia de altura. Al final de la cuesta, me alcanzó. Nos saludamos, pero dio la vuelta. Hacía demasiado tiempo que no nos veíamos. Hemos echado muchos ratos conversando desde aquellos lejanos recreos galisteños del curso 92-93.  Muchos. Con él es fácil. Nos hemos despedido con un "hasta pronto". Esperemos. No todo va a ser caminar solo.

De jubilación
















Gonzalo Hidalgo Bayal recibe la felicitación del alcalde Plasencia en el homenaje del Ayuntamiento a los profesores y maestros jubilados en esta ciudad el curso pasado.

De varia lección

En casa, ni está ni se espera el nuevo número de la revista Alborayque dedicado a las escritoras extremeñas. Entre las contemporáneas, al parecer se fija el objetivo crítico en tres: Pureza Canelo, Ada Salas e Irene Sánchez Carrón, que son, quién lo duda, los nombres más visibles, en femenino, de nuestro panorama literario. Eso no obsta para que reconozcamos que hay más escritoras nacidas en Extremadura, por ejemplo Emilia Oliva (Malpartida de Plasencia, 1957), autora de Quien habita el fondo (Celya), un libro tan breve como enjundioso, dotado de la fuerza que a veces esconde lo pequeño, lo en apariencia frágil, lo pobre y lo humilde, que no dejan de ser, o eso creo, virtudes poéticas esenciales sobre todo en estos tiempos. 
De Adolfo Cueto, madrileño (1969) de procedencia asturiana, acaban de llegar dos libros: Palabras subterráneas, que reúne poemas escritos entre 2001 y 2004, publicado en Sevilla por Renacimiento (2010) y Dragados y Construcciones, con poemas del periodo 2005-2009, premio Emilio Alarcos, que edita en Madrid Visor (2011). "Coherente, con conocimiento del ritmo poético, que ataca la deshumanización de la vida actual y defiende la intimidad", dijo del segundo Francisco Brines, presidente del jurado, al que, por cierto, se agradece en el primero su complicidad para que Abelardo Linares lo publicara. Tanto en uno como en otro destaca una poética de la cotidianeidad, antes llamada "de la experiencia", donde el amor es protagonista, mejor resuelta, a mi modo de leer, en Dragados y Construcciones. El viaje también tienen una destacada presencia, como perfecta metáfora de la vida. Destaca Cueto el carácter de work in progress que distingue su obra, esto es, que está en proceso de desarrollo o en curso, algo que se nota, y mucho, cuando se leen, como en mi caso, sus dos libros seguidos, uno después del otro, en el orden en que fueron escritos.  
Recogí en El Quijote Esperanza (Roca Editorial), que allí había dejado para mí, con una amable nota manuscrita dentro, su autor, Jesús María Santos, placentino como yo, y periodista. Ha sido director de Asuntos de Presidencia de la Corporación RTVE, Subdirector de Informativos de Telecinco y director de Contenidos Multimedia. También ha ocupado, en Antena 3 Televisión, la Dirección del Canal Internacional, la subdirección de Informativos y la Dirección de Informativos de fin de semana.
“Al recordar a Esperanza Labrador no puedo evitar que las lágrimas me enturbien la vista y el recuerdo. No es posible sufrir tanto dolor y mantener la dignidad. Perder a su marido, dos hijos y una nuera y presentarse firme exigiendo justicia es algo que te reconforta y te hace avergonzarte por todas las veces que has tenido dudas o desinterés por la justicia", escribió el juez Baltasar Garzón a propósito de Esperanza Pérez, española nacida en Camagüey (Cuba), recriada en San Esteban de la Sierra (Salamanca) e instalada en Rosario (Argentina) cuya historia cuenta Santos con la sana y loable intención de que no se olvide.

De Pedro Serrano, impulsor de Periódico de Poesía, me llegan desde Chevy Chase, en Maryland (no en Hollywood), su último libro de poemas, Nueces, publicado en 2009 en la preciosa Colección Tristan Lecoq de Trilce Ediciones y la plaquette Naturalezas muertas seguidas de Arqueologías publicada en Nueva York por Pen Press dentro de la serie de poesía que dirige Mercedes Roffé. La poesía de Serrano recorre en Nueces geografías viajadas de Italia e Inglaterra, primero, para aterrizar después en tierras americanas. Es entonces una poesía dulce, descriptiva, amable incluso (así en "Tuscania"), que, poco a poco, a medida que avanza el libro va mostrando su cara más genuina, lo que en el caso del poeta mexicano viene a querer decir una poesía áspera, intensa, de estirpe barroca, dotada de una riqueza lingüística inusitada, con un ritmo tan veloz como la época en la que vive, vallejiana a ratos y muy inglesa siempre (una tradición que el traductor Serrano conoce bien), que no le hace ascos a lo escatológico, juguetona y provocadora, de enumeraciones caóticas y de seductores y envolventes versículos, que, sin embargo, es capaz de hacerse humana, demasiado humana, y hasta tierna, cuando alude al amor y al desamor, esas dos caras de la misma moneda. Una poética, en fin, que tiene su continuidad, al alza, en los poemas que adelanta en la citada plaquette en cuya tapa aparece, toda una declaración de intenciones, El espejo, de Magritte.

28.11.11

Corujeira

Por ahí (perdido) debe andar un poema que escribí a partir de unos cuadros del pintor argentino Alejandro Corujeira, que acaba de ganar el flamante premio del Salón de Otoño de Plasencia, aunque ahora se llame de otra manera. Me lo pidió Julián Rodríguez, que era, si no recuerdo mal, responsable de la Sala El Brocense de la Diputación de Cáceres por aquel entonces. A falta de internet, Corujeira agradeció por carta mis palabras que quedaron fijadas en el catálogo de la exposición. Además, tuvo a bien regalarme, o eso dijo, un dibujo o grabado que, por cierto, nunca llegó a mis manos. Anteayer, esperando a Bayal, lo vi en el bar del Alfonso VIII. Desayunaba a destiempo o comía muy pronto, no sé. Estuve tentado de acercarme, saludarlo, rememorar la historia y, cómo no, decirle que me alegraba y tal, pero... Para según qué cosas, ya está uno mayor.

27.11.11

Palabras menores

Cuenta Juan Ramón Santos en la contracubierta de su nuevo libro, Palabras menores (De la luna libros), que una vez le preguntaron: "¿Qué andas escribiendo?" y él contesto: "Una novela". "Ah, eso son palabras mayores", fue el espontáneo comentario de su interlocutor, "entonces pensé que, de ser así, sensu contrario, aquellas miniaturas, aquellas brevedades, aquellos cortometrajes en los que yo seguía enredado entre capítulo y capítulo, dándole de nuevo vueltas al peliagudo asunto de la Trinidad, o al fatal paso del tiempo, o al simple discurrir del sol por la órbita celeste, aquellas pequeñas historias sobre libros, lectores y escritores, sobre ferias, congresos o cumpleaños con las que me dedicaba a apurar la gramática, a afilar el léxico, a cincelar la prosa, en fin, con el cuidado de un orfebre, no podían ser sino palabras menores, entrañables, benditas Palabras menores".
Antes de llegar hasta ellas, el lector se topará con la pessoana cubierta, obra del propio autor de Plasencia ("la ciudad de Extremadura con más y mejores escritores por metro cuadrado", según nuestro crítico por  antonomasia) y con un retrato de JRS en la solapa firmado por su hija Mafalda (alumna de Infantil del colegio "Alfonso VIII"). De la "cotidiana agudeza de mi mujer", el tercer miembro de la familia, se da cuenta en los "Títulos de crédito", al final del volumen. No es casual que los denomine así: el subtítulo del libro, Cortometrajes, remite a su ópera prima, publicada en la Editora Regional allá por 2004 (casi una tradición para los escritores extremeños que la desidia del PP amenaza con liquidar). Como aquéllos, estos cuentos cortos (o muy cortos: microrrelatos), tienen una gracia particular, marca de la casa, que no es sólo humorística, y planean sobre lo habitual y lo corriente con la sana intención de darle la vuelta a esa realidad que suponemos conocida y previsible pero que al cabo nos desconcierta. A diferencia de aquéllos, en estos se aprecia una madurez y un dominio que sólo la paciencia y la persistencia conceden al escritor, más después de haber acometido, con éxito, las "palabras mayores" de una novela tan compleja y completa como Biblia apócrifa de Aracia.
Hay cuentos desternillantes ("Polinización" y "Promiscuidad", "fruto de largos paseos por los parques (1) de Plasencia empujando un carrito de bebé"), sutiles ("Stricto sensu", muy apreciado por GHB, otra presencia no menos sutil), sarcásticos ("Dostoievskana doméstica"), tiernos ("Mi Buenos Aires querido" o "Regalo de cumpleaños"), etc. Entre mis preferidos, "Oto(rrino)" y "Cábalas". Entre líneas, referencias en forma de homenaje a los heterónimos, algo tan portugués como Santos y Cía., y unos benéficos "susurros" que alguien ofrece, cada poco, a un personaje melancólico con el que no resulta nada difícil identificarse. No faltan, en fin, los juegos de palabras y otras derivadas lingüísticas, sutilezas que comparte con su otrora maestro de taller literario.
Uno, que no lee para divertirse, se lo ha pasado estupendamente bien con Palabras menores. Por la ironía y el humor de sus historias, por su agudeza, sí, pero también, lo que más me importa, por lo que el libro tiene de literatura. Mucho. Vamos, todo.
(1) El parque llano y el parque del poeta.

26.11.11

JDF entrevista a BS

En el Hoy, dentro de la serie, "Zona de paso", Juan Domingo Fernández conversa con el poeta Basilio Sánchez (hay vídeo). Para leer la entrevista al completo es necesario comprar el periódico. Merece la pena. 

Leer poesía

"(...) descubierta primero como un hecho extraño de la cultura, la poesía se interioriza a lo largo de los años hasta convertirse, por así decir, en una segunda naturaleza. Poesía que al principio estaba fuera de nuestro alcance, generando la necesidad de comprender y someter su extrañeza, se convierte finalmente en un camino familiar dentro de nosotros, en una corriente que la imaginación remonta gustosamente hacia un origen y una reclusión. Así pues, el estado final es mil veces mejor que el inicial, pues la experiencia de la poesía se ahonda y fortifica con cada nueva ocurrencia".
Seamus Heaney, "Aprendiendo de Eliot". Letras Libres. Traducción de Jordi Doce.

25.11.11

El día de las librerías

Se celebra hoy. Ana Marcos escribe sobre ello en El País y Marta Caballero en El Cultural.

Tres años sin Ángel


















Hoy se cumple el tercer aniversario de la prematura muerte de Ángel Campos Pámpano. El martes me llegaba el último Anuario de Periódico de Poesía con un poema suyo, señal de que su poesía sigue viva.  Esta es la invitación al homenaje que tendrá lugar en su pueblo natal dentro de unos días, organizado por  la Asociación Cultural "Vicente Rollano", y en el que intervendrá uno de sus grandes amigos y acaso quien mejor conoce su obra, Miguel Ángel Lama.
Luis Arroyo, otro viejo amigo suyo, le recuerda también en su programa radiofónico La luz de las palabras.

24.11.11

Reseña

Ada Salas publica una reseña en la revista Cuadernos Hispanoamericanos sobre la poesía reunida de Basilio Sánchez. Ya era hora de que alguien lo hiciera. Hay silencios indignos. Por cierto, la mía está a la espera del santo advenimiento en el improbable número dos de Suroeste.

Del blog de López-Vega: Glück

«En 1994, Louise Glück publicó un tomito de ensayos titulado Proofs and Theories del que me gustaría citar un paso. Dice al comienzo del ensayo titulado "Educación del poeta": "La experiencia fundamental del escritor es la impotencia. Con esto no pretendo distinguir entre escribir y estar vivo: tan sólo corregir la fantasía de que el trabajo creativo es un registro continuo del triunfo de la voluntad, de que el escritor es alguien que tiene la buena suerte de hacer aquello que es capaz o desea hacer: imprimir, de forma segura y regular, su ser en una hoja de papel. Pero la escritura no es una decantación de la personalidad. Y la mayor parte de los escritores emplean buena parte de su tiempo en diversos tipos de tormento: queriendo escribir, siendo incapaces de hacerlo; queriendo escribir de un modo distinto, siendo incapaces de hacerlo. En el tiempo de una vida son muchos los años perdidos esperando la llegada de una sola idea. El único ejercicio real de voluntad es negativo: tenemos, hacia aquello que escribimos, derecho de veto"». Más aquí.

23.11.11

Riechmann: poesía del nosotros

A estas alturas, no pretende uno descubrir a Jorge Riechmann (Madrid, 1962). Ya lo está desde hace años. Empezó pronto. El primer tramo de su poesía está reunido en Futuralgia (Calambur, 2011) y abarca desde 1979 a 2000. Después han venido otros títulos, entre ellos, Conversaciones entre alquimistas, que publicó Tusquets en 2007. En la misma colección, una de las más plurales del panorama, se edita ahora El común de los mortales.
Es fácil acusar a Riechmann de torrencial. No sólo escribe mucho sino que, además, sus libros suelen ser voluminosos. Éste, que incluye poemas escritos entre 2007 y 2010, tiene 264 páginas, algo poco frecuente en libros de poesía.
En plena crisis del capitalismo y recién estrenado el cambio político en España, pocas obras más actuales que ésta. Pero cuidado, no quiero dar a entender que estamos ante un libro "de ocasión", a la moda. No, nada más lejos de la verdad. Quienes seguimos a Riechmann sabemos que sus preocupaciones por la política y la ecología, ante todo, vienen de atrás. Lo que ocurre es que lo que parecían propuestas teóricas más o menos acertadas, atrevidas lecturas con su punto alarmistas (se menciona en alguna ocasión la palabra catástrofe) son ahora crudas realidades ante las que ya no cabe inhibirse. Estamos sin duda ante una poesía comprometida, de protesta, como se decía antes, pero nada panfletaria y, menos aún,  descuidada y mal escrita. La literatura prima sobre la denuncia y Riechmann tiene muy claro que la poesía es imprescindible para decir lo que quiere. Es más: ni puede ni quiere decirlo de otra manera. No es menos cierto que su discurso poético roza a veces lo prosístico (el ensayo es en él otra pasión) y que algunos versos parecen (o son) aforismos. Para comprender la fluencia de su tono, atento a la música de lo que importa, confesaré que hasta la página 126 no caí en la cuenta de que los poemas estaban escritos sin signos de puntuación, puntos y comas. Prima, ya digo, la poesía y la palabra brilla, desde su esencial pobreza ("vegetariana"), con toda su luz. La poesía y el amor, como declara en un verso."Somos lo que hay entre tú y yo/ entre yo y nosotros". Sí, estamos ante una poesía del nosotros que lucha decididamente contra el imperio posmoderno del "yo" y del individualismo liberal. Una poesía de "los otros", que son convocados, a veces, bajo la invocación de "amigos". "Otros" que viven bajo esa hybris denominada "sociedad industrial". Hombres y mujeres que sufren y padecen la expulsión de un paraíso primigenio donde la vida era sencilla y hasta humana.
Una poesía del No que lucha contra la indiferencia quejosa de los hombres huecos. La de alguien que proclama su fidelidad al mundo y al lenguaje. Una poesía de la inteligencia, lo que demuestra que no siempre la lucidez estorba al verso y que es peor la necedad y la tontería que encubre ese vacuo palabreo pseudosurrealista que tanto se sigue llevando.
Una poesía que no renuncia al humanismo y a la utopía, que declara su amor por los otros, ya se dijo, por la amada, sólo faltaría, pero también por los animales, muy presentes en estas páginas. Los primeros, claro, los poetas, esos "animales minusválidos". A la poesía, precisamente, le dedica una de las partes del libro, compuesta de poemas tan elocuentes como naturales, lejos de cualquier afectación metapoética. Y al fondo, detrás de los versos y de todo lo que estos declaran, la vida, verdadera protagonista de esta obra que no oculta su envés, la muerte, y ya allí, esos "morideros" donde llevan a los viejos y a los enfermos (esos "otros" que Riechmann no olvida) para el último, definitivo viaje.
Se trata al cabo de vivir, pero "de otra manera", viene a concluir el poeta. Por lo menos para poder seguir haciéndolo en este frágil planeta. "¿Cómo se sale del callejón sin salida?", se pregunta. Uno, después de leer El común de los mortales, parece entrever una salida. En estos tiempos de tribulación, con ese precario vislumbre basta. 

VASTOS HORIZONTES (4)

George Steiner declara
que él es un optimista de la catástrofe:
en las trincheras
de la segunda guerra mundial
¿no leía la gente a Rilke y Shakespeare?

Cuando las cosas van mal dice
la gente vuelve a la calidad


Así que amigos
nada de agobiarse:

una buena guerra civil
y regresamos a Garcilaso

un buen ecocidio
y volveremos a apreciar a Homero

(La fotografía es de Marta Beltrán)

22.11.11

Cultura en Plasencia

A contracorriente, la cultura de esta ciudad se mueve. Prueba de ello son estos dos blogs informativos: uno del Teatro Alkázar y otro de actividades culturales en general. Bien está.

McCullers y la muerte

Dicen que la primera frase de una novela es capital. Que en ella se condensa lo que viene y que da la verdadera medida de su valor. También que marca el tono y no sé cuántas cosas más, entre ellas, que no siempre es garantía de éxito. Reloj sin manecillas, de Carson McCullers (recuperada de su fondo por Seix Barral), comienza, un poco a la rusa, así: "La muerte es siempre la misma, pero cada hombre muere a su manera".

21.11.11

Dimensión de la frontera (1)

1. Buenas noches. No sin antes agradecerles a todos ustedes su presencia y a los organizadores, la Concejalía de Cultura, su colaboración, permítanme, permitidme, que empiece hablando de este sitio. Hace años que Gonzalo Hidalgo Bayal lo rebautizó con el nombre por el que algunos ahora le denominamos: el Club del Verdugo, en clara referencia a la calle donde está el Aula de Cultura que ahora es propiedad del Ayuntamiento y, antes, de la Caja de Ahorros de Plasencia y de Caja de Extremadura, fusiones mediante. Aquí celebramos durante años las lecturas del Aula Literaria “José Antonio Gabriel y Galán”, hasta que una buena noche tuvimos que trasladarnos, deprisa y corriendo, al Auditorio de Santa Ana con el poeta Antonio Gamoneda en volandas. Para entonces el Ateneo de Plasencia ya había tomado posesión del local y así ha seguido siendo, mal que nos pese, hasta hoy. Pero la memoria que numerosos placentinos tenemos del Aula, a secas, va más allá y, al menos en mi caso, se retrotrae hasta la noche de los tiempos. Aquí asistimos a no pocas sesiones del cine-club (de, pongo por caso, un clásico del género: El año pasado en Marienbad), presentaciones de libros (cuánto me impactó la de Cantos de Plasencia, del mexicano Hugo Gutiérrez Vega), recitales musicales (de Pablo Guerrero, por ejemplo), conferencias (del vehemente Santiago Amón –que no Antón, alma de esta sala durante años- o del tranquilo Gonzalo Hidalgo Bayal que disertó una vez sobre los goliardos), etcétera, etcétera, etcétera.
En lo personal, cómo olvidar la presentación de mi primer libro, Territorio, allá por el 85 del siglo pasado, con la presencia en esta mesa del citado Gonzalo, de nuestro paisano Felipe Núñez y de mi añorado Ángel Campos, o la de Una oculta razón, con el poeta y periodista Santiago Castelo como ejemplar maestro de ceremonias. Para no dilatar más la cosa, ni pasar por abuelo Cebolleta; para aterrizar, por fin, sobre lo que nos ha traído aquí, terminaré por confesar que me alegro mucho de que este espacio, como dicen los modernos, que esta “especie de espacio”, que diría Perec, haya sido recuperado para todos los ciudadanos de Plasencia, por lo que tiene de emblemático para nuestra cultura y por la justa dimensión que supieron darle quienes lo concibieron para reunir a la inmensa minoría que suele asistir a este tipo de actos.
2. Álex Chico, el protagonista del de esta noche, nació en Plasencia en 1980. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados de Literatura en la Universidad de Granada y es bloguero, además de excelente entrevistador. Fue cofundador y codirige de la revista Kafka. En la actualidad es profesor de Lengua y Literatura en un instituto del Prat, a las afueras de Barcelona, ciudad en la que reside. Ha publicado el libro de poemas La tristeza del eco (Editora Regional de Extremadura, 2008), y las plaquettes Nuevo alzado de la ruina (Veboblues ediciones, 2005) y Las esquinas del mar (Vitolas del Anaïs, 2004). Además, ultima su tesis doctoral sobre la obra poética y novelística de nuestro paisano José Antonio Gabriel y Galán, bajo la dirección del prestigioso crítico y profesor Fernando Valls en la Universidad Autónoma de Barcelona. 
Por suerte, Álex Chico, a pesar de su manifiesta juventud, no pertenece a ningún grupo, capilla o generación poética, salvo a la suya, aún sin nombre. Quiero decir a la que le corresponde por simples razones de edad. Ya se sabe qué necesarios les resultan esos pintorescos ordenamientos a los historiadores de la literatura y a los críticos literarios, que se sirven de ellos para clasificar poetas, como usan los entomólogos sus listas para catalogar insectos.
Digo que es una suerte que Chico vaya por libre porque eso le permite escribir lo que quiere (esto es, lo que puede) y no está sujeto a otras normas, ni literarias ni mafiosas, que las suyas, orientadas por afinidades y lecturas. Es verdad que lo de ser independiente tiene sus tiranías, más cuando se es joven. No te incluyen en las antologías promocionales, ni sales en las encuestas de ocasión, ni te pasean por festivales de poesía, ni ganas según qué premios, ni, en fin, te llaman cosas tan bonitas como mutante o nocillero. No creo que a él le importen demasiado esas vanidades. Sabe que el arte es largo, mucho más que la juventud, divino pero efímero tesoro; enfermedad transitoria de la que uno siempre se cura. Doy fe.
Tal vez este hecho tenga que ver con sus frecuentes cambios de ubicación, pues estos últimos años ha vivido en Salamanca, Granada y Barcelona; ciudades, por cierto, con mucho movimiento literario, excesivo a veces. 
Como supongo que alguien estará pensando en un reciente recital que tuvo lugar en la Plaza de San Martín, donde se puso de largo la denominada (por uno) plaga lírica placentina, aclararé de nuevo que Álex Chico, Víctor Martín, Víctor Peña, Francisco Fuentes y José Manuel Chico no son sino un puñado de poetas que tienen en común su amor por la poesía (que cada cual quiere a su manera) y su azarosa condición de nacidos en la Perla del Valle. Insisto: sólo eso.

(y 2)

Dimensión de la frontera (y 2)

3. Entre otras, hay dos maneras de leer: por afinidad y por contraste. El lector total, por llamarlo de forma rimbombante, quien no lee con anteojeras o sólo aquello que coincide con su gusto, irá barajando ambas posibilidades y, por tanto, se topará con textos que le resulten cercanos y otros que no tanto. Si quien lee, además, escribe, tendrá que añadir a esas normales circunstancias otras que, al fin y al cabo, le pondrán en una situación parecida: lo que lee se acerca a lo que él mismo escribe o todo lo contrario. Esto no significa, por supuesto, que no le pueda gustar una cosa y la inversa. A veces, uno valora más lo que no podría hacer que lo que, aproximadamente, hace. Dicho esto, afirmo que he leído el segundo libro de Álex Chico (Plasencia, 1980) desde la afinidad. Desde la confluencia. Como leí el primero, La tristeza del eco, del que fui, por fortuna, editor. 
Dimensión de la frontera, publicado por Ediciones La Isla de Siltolá (Col. Siltolá-Poesía, número 20, en Sevilla y 2011) con la gracia que caracteriza a esta joven editorial andaluza que dirige con inusitado entusiasmo y singular tino el poeta Javier Sánchez Menéndez, reúne poemas escritos entre 2004 y 2010. El libro se abre con un verso de Basilio Sánchez: “Permanecer inmóvil es ahora el destino del que ya nada oculta”. Su poesía -que acaba de reunirse sin el eco que ese relevante hecho merece- ha tenido y tiene un sustantivo ascendiente sobre la breve obra del poeta placentino. No es la única. Si algo podemos anotar bote pronto es la importancia que para Chico tienen los libros y las lecturas, los poetas y la poesía, hasta el punto de subrayar en su libro cierto tono culturalista, que diría un novísimo. Basta repasar el índice para encontrar referencias concretas en los títulos de los poemas al peruano Julio Ramón Ribeyro, al polaco Czesław Miłosz, al portugués –como su inventor, Fernando Pessoa- Alberto Caeiro, al checo Franz Kafka, al alemán Thomas Mann y al francés Stéphane Mallarmé. No son las únicas. En la Nota del autor figuran también los nombres del salmantino Aníbal Núñez (“Nuevo alzado de la ruina”), el zamorano Tomás Sánchez Santiago, la norteamericana Silvia Plath y la también polaca Wisława Szymborska, de cuyas respectivas obras se hace mención.
Entre versos, encontramos también citados a Hierro, Arlt, Valente o Gil de Biedma y a estos nombres habría que añadir los de los autores de los epígrafes o citas que menudean por el libro.
Otro rasgo distintivo que conviene resaltar de la forma de proceder de Álex Chico es la importancia que da a los lugares o, si se prefiere, a la noción de lugar. En este sentido, es elocuente el poema sin título que abre el libro: “[Ciertos lugares conservan el paso...]”: “Un espacio –un lugar– que acaba por no saberse/ si existió, y logrará sobrevivir en la distancia./ Donde no ha ocurrido nada y sin embargo/ se logra no haber sido nunca”. 
Vitalista y personal, hasta donde eso es posible en el territorio apátrida de la postmodernidad, su poesía recorre los sitios que ha habitado: Plasencia (innombrada), Barcelona (La Verneda, “En Urquinaona”), Salamanca (“Salamanca. Punto final”) y Granada (“Albayzin”, Pitres-Pórtugos), así como los visitados, con una presencia más que simbólica de lo portugués: “Lisboa”, “Vuelta a Monsanto”… Estos lugares le permiten jugar con asuntos tan obsesivos para él como el del viaje, el regreso, el exilio, el desarraigo, la emigración, etc. No en vano en su vocabulario habitual aparecen con frecuencia términos clave como permanencia, distancia o límite. 
Precisamente del citado Basilio Sánchez ha tomado Álex Chico, o eso me parece, un consciente interés por la idea de casa, casi siempre deshabitada, vacía o en ruinas. Casa o molino (“En el límite”), tanto da. Interiores, habitaciones, espacios de la memoria (“sólo la memoria recupera su estado/ de sitio”), en cualquier caso, que le permiten indagar sobre otro concepto insoslayable en su poética: el de la soledad. A este propósito, resalto uno de los poemas más bonitos del libro: “Desde el balcón”, dedicado con gran sentido de la oportunidad a Efi Cubero, donde se dice: “Me pregunto si alguien/ puede subsistir a base de estar/ siempre solo,/ ocupando el mismo espacio/ en silencio,/ distinguiendo a la gente en la distancia,/ y evitando nuevamente el saludo”. Para terminar con:me pregunto si se puede vivir/ mirando a la calle y al mismo tiempo/ no pensar en nada”.
“Mi lugar está aquí,/ en mitad de un páramo sin ruinas,/ más solitario que un callejón/ plagado de gente y luz difusa./ No hay más presencia que la mía,/ ni diálogo que sirva como hábil comentario/ a la soledad que me circunda.”, leemos en “Continuación de un lugar”. “Un minúsculo agujero –frágil, solitario–/ donde olvidar que vivimos/ más allá de la extrañeza”, dice, por su parte, en “Tierra de nadie”. 
El personaje que protagoniza los poemas es alguien que observa en solitario, como acabo de señalar, a menudo a través de una ventana o un balcón. Un ser inmóvil (allí donde esté), cansado, habitualmente melancólico, que sabe, como todos, de la derrota y el fracaso, que cifra en escribir lo que de verdad importa: “Ahora lo sé. Sólo escribí para morir con cierta dignidad”, “que quede, al menos, escrito”.
Uno compararía Dimensión de la frontera con un diario. Quiero decir que parece escrito de esa manera, como una sucesión de anotaciones que hace alguien al amor de los días, o todo lo contrario. Esto, que puede ser una impresión sólo mía, daría al libro un tono característico, muy cercano, como ha señalado el profesor Miguel Ángel Lama, al “yo” –al ser y a sus orteguianas circunstancias-. Un tono característico de la poesía moderna –la anglosajona sobre todo; aquí representada, entre otros, por Cernuda o el mencionado Jaime Gil, un poeta muy estimado por Chico-, el tono de la confidencia, que nada tiene que ver con el de la confesionalidad falsamente romántica.
Aunque a veces viaje a la naturaleza, el paisaje es sustancialmente urbano y, ya allí, de afueras y extrarradio más que céntrico. Si acaso de plazas retiradas y tranquilas, “en penumbra”, donde repetir esa circularidad que la memoria y el olvido (“Memorias del olvido”), las idas peligrosas y las vueltas imposibles, transforman en una suerte de eterno retorno.
La perplejidad del que duda está en el meollo de estos poemas de la incertidumbre que no dejan de preguntarse sobre la realidad con el secreto temor de que nada en el pasado fuera como se recuerda ahora. O, con palabras de César Simón, que toma prestadas en uno de los epígrafes del libro: “este no saber nunca/ en qué lugar del tiempo y del espacio,/ de la realidad y el sueño, sucede nuestra vida”. 
Dividido en tres partes: “Más allá del sur”, “Tiempo después” y “Al final de la calle (Epílogo)”, Dimensión de la frontera contiene poemas excelentes. Quienes le acompañamos en el primer paso, no podemos por menos que alegrarnos de este segundo: más seguro, más firme, más pleno. Intuyo que el extenso poema final dedicado al lugar de su infancia -el barrio barcelonés de La Verneda, donde vivió los primeros nueve años de su vida en compañía de sus padres, cerca de la barriada a la que llegaron sus abuelos desde el profundo sur granadino en busca de trabajo en los sesenta- abre nuevos caminos a su poesía.
“Ya va siendo hora, me digo, de interpretar/ la vida con un poco más de calma”, dice en “Adagio in sol minore”. Me da la impresión, y con esto termino, de que este libro cierra un ciclo y clausura algunas obsesiones ya debidamente asimiladas. El tercer libro de Álex Chico, aun regresando una y otra vez, por aquello de la citada circularidad, al punto de partida, estará escrito con otras palabras y pertenecerá por tanto a otra nostalgia del futuro.
Como sé que te gustan las citas, Álex, te leo una de Jorge Riechmann, de su último libro, El común de los mortales. Corresponde al único verso de su poema “Consejos a un joven poeta”, que consta de tres partes (I, II, III), donde siempre se repite: “Trata de decir la verdad”.
Muchas gracias.
Álvaro Valverde
Plasencia, otoño de 2011
Nota: Este texto fue leído en el Aula de Cultura de la calle del Verdugo la noche del 18 de noviembre de 2011.

20-N

"Los seres humanos somos/ supervivientes natos/ (...)/ ¡pero si hemos sobrevivido a José María Aznar!", dice Jorge Riechmann en uno de los poemas de su último libro. Lo leí ayer y supe, sin ser adivino, que hoy traería esa cita aquí.

20.11.11

Emilio Lledó dixit

Juan Cruz. Este es un país "entristecido y luminoso", decía usted el domingo en EL PAÍS Semanal.
Emilio Lledó. Es un país mucho más decente y luminoso por la sabiduría de la gente. Esta sabiduría tiene que ponerse en práctica. No podemos dejar el país en manos de una política con una parte regida por oportunistas y por indecentes. Que el imperio de la indecencia domine en la política es intolerable; ese imperio es fruto del dominio de ciertas oligarquías que piensan que lo único que hay que hacer es ganar dinero y crear ideologías aptas para que esa oligarquía siga con poder...
(...)
Juan Cruz. ¿La solución?
Emilio Lledó. La solución no la veo más que en la cultura. Cultura entendida como educación en la libertad, en la verdadera sabiduría...

19.11.11

Ministerio, ¿sí o no?

El Cultural ha preguntado a muchos sobre ese asunto. Y hay respuestas, claro está, muy variadas, aunque la mayoría opine que el Ministerio de Cultura debe mantenerse.

"Conversación" en El Periódico

La reseña es de Domingo Ródenas, un buen conocedor de la obra de Gonzalo Hidalgo Bayal.

Arcoíris

Es lo que tienen los paseos, da igual en qué. Aquí atrás iba por la orilla del río y apareció de frente María Jesús Manzanares en su bicicleta. Mientras avanzaba veloz hacia mí, señalaba al cielo, a mis espaldas. Giré y allí estaba, un espléndido arcoíris. De no haber sido por ella ni me hubiera enterado. Con todo, para fenomenal el que había la otra tarde sobre el cielo de Salamanca. Cubría todo el arco y sus colores eran nítidos. Al fondo, bajo un cielo negro, la ciudad. Una humilde y natural maravilla que mis castigados ojos agradecieron más que nunca.

18.11.11

¿Qué pasa?

Supongo que a Antonio Galán, máximo responsable del gabinete jurídico del PP regional, o a Fernando Pizarro, alcalde de la ciudad de Plasencia, por citar a dos personas cultas a las que conozco y aprecio, que son, a su vez, altos cargos del  partido que gobierna en Extremadura desde la pasada primavera, les preocupa y les avergüenza tanto como a mí que nueve meses después siga sin ser nombrado el director o directora de la Editora Regional. Más en el caso de Antonio, que a buen seguro se enorgullece de tener un par de libros de poemas en su catálogo.
Mientras, otro buque insignia de la cultura extremeña, el MEIAC, sigue varado y se limita a mostrar exposiciones de prestado en sus giras por provincias.
Hace unos días, mi amigo Castelo me hacía una pregunta nada retórica: "¿Qué pasa en Extremadura?". No lo sé, pero eso poco importa. Lo preocupante es que él tampoco lo sepa. Acaso es una pena lo que pasa.

17.11.11

"Averno", de Louise Glück

No es la primera vez que traigo a estas páginas a Louise Glück. Hoy vuelve porque acaba de llegar a las librerías  Averno, el cuarto libro suyo que se publica en España. De la mano sabia de Pre-Textos y en versión de los poetas Abraham Gragera López (que ya tradujo Ararat) y Ruth Miguel Franco.
Confieso que no me entusiasma la mitología y lo mitológico y en Averno la clave está en un mito griego: el de Perséfone, ‘la que lleva la muerte’, hija de Zeus y Deméter (‘la madre’), raptada por Hades (‘el invisible’). Eso no empaña la categórica presencia de un conjunto de admirables poemas que aúnan, como es característico en la reconocida poeta norteamericana, la hondura y la claridad, la pasión y el sosiego, la realidad y el sueño, el cuerpo y el alma, la vida y la muerte. Poemas donde la memoria bucea en el mar del olvido de donde emerge la niña que fue y la infancia que tuvo. Madres e hijas. La errante Perséfone.
Me bastó para rendirme de nuevo a la evidencia de la indudable altura poética de Glück con leer el primer poema del libro:

LAS MIGRACIONES NOCTURNAS
Este es el momento en que de nuevo ves
las bayas rojas de la ceniza del monte
y en el cielo oscuro
las migraciones nocturnas de los pájaros.

Me entristece pensar
que los muertos no van a verlas:
esas cosas de las que dependemos
desaparecen.

¿Qué hará entonces el alma para consolarse?
Me digo que quizá no necesite
ya esos placeres;
quizá sencillamente no ser baste
por duro que resulte imaginarlo.

16.11.11

Vuelta al Verdugo










Sí, el próximo viernes, día 18, presentaremos en Plasencia el nuevo libro de Álex Chico, Dimensión de la frontera (La Isla de Siltolá). Será en el viejo Club del Verdugo (Bayal dixit), antes Aula de Cultura de Caja de Extremadura (y más atrás aún, de la Caja de Ahorros de Plasencia), que recupera por fin el Ayuntamiento (y, con él, todos nosotros), después de años y años a la entera disposición (o casi) del Ateneo y de su eximio presidente.

15.11.11

Cosas del paseo

Siempre camino solo. No tengo que compaginar horarios con nadie, llevo el paso que quiero y, sobre todo, voy a mi bola. Son ratos que uno dedica a darle vueltas a sus preocupaciones laborales, a los asuntos familiares y, cómo no, a los literarios, entre los que incluyo las entradas de este blog. Claro que a veces siento envidia de esas parejas que pasean agarradas de la mano (¡qué difícil!) o a esos grupos de hombres o mujeres (pocas veces "y") que van charlando amigablemente o haciéndose amorosas confidencias. No es mi caso, ya digo. Pues bien, dos veces me he encontrado en los últimos días con la misma persona, una señora mayor, que mirándome con tristeza, al cruzarnos, me ha dicho: "¿Hoy te toca solo?" La primera vez ni siquiera contesté a la desconocida. Me limité a murmurar. La segunda, le dije que sí con toda la seguridad del mundo.

14.11.11

Quietud

Este es el sencillo título de un libro que parece sorprender a lectores que uno tiene por tal y que no suelen dejarse impresionar por cualquier cosa. Lo publica La Isla de Siltolá en su colección Vela de Gavia y la nota biobibliográfica es tan escueta como el rótulo: "Sergio Fernández Salvador nació en León en 1975. Quietud es su primer libro de poemas". Uno se adentra entonces en sus páginas, con toda cautela (hasta el mejor editor mete la pata), y comprende que mis bien informados amigos se hayan hecho eco de esta aparición. No sé en realidad qué han dicho -nunca leo sobre algo de lo que pienso hablar-, pero, entre líneas (ahora iré a ello, ya sin cuidado), detecté una sorpresa que hago mía. Y por bien poco. Quiero decir que nadie ha de esperar un nuevo lenguaje, imágenes impactantes, asuntos nunca tratados y todas esas pirotecnias verbales y  conceptuosas que algunos asocian, entre alharacas, con la poesía. No, es más de lo mismo. Pero cuidado: me refiero a eso que llamamos poesía, ahora sí, desde hace siglos. Ni uno de los mejores libros de los últimos años, "¡qué sinvivir!", ni el primero del siglo XXI, ni tampoco una de esas zarandajas con las que pretenden engañarnos cada poco (anteayer, sin ir más lejos) en el nutrido mercado de las gangas líricas. Uno lee "Nieve en Zazuar", el segundo poema del libro, y con eso tiene bastante. "Como recibe el campo lo que del cielo venga,/ así con nuestros versos", dice SFS. Y más adelante: "¿Y si fuera el poema simplemente/ dar noticia cabal del mundo, levantar/ acta fiel de esta tarde...". Un niño nace, un mirlo canta, alguien viaja, un profesor corrige, una mujer se mira (mientras otro la observa) en el espejo, casas y pueblos se derrumban en medio del paisaje castellano... Y todo, "efectivamente", con palabras.

13.11.11

Un epigrama

Dicen, Porcio, que ahora
odias a los que antes
pasaban por amigos.
Que de un tiempo a esta parte
les dedicas diatribas
y afeas sus modales,
más propios de Nepote
que de honrados políticos
dignos de servir a Emérita.
Lo achacan, según dicen,
a que no te han nombrado
para un cargo importante.
¡Con lo que has combatido
a favor de su causa!
Tantos años de lucha
para que al cabo otros
se lleven las poltronas,
el poder y la gloria.
Contra el bárbaro Ibarra
vivías mejor, comentan,
y se ríen después
con el mismo sarcasmo
que tú gastabas antes.
Con el mismo cinismo
que has usado siempre.

12.11.11

Cabañas

Para pensar, añade el título del libro publicado por Maia a partir de una exposición que tuvo lugar hace unos meses en la Fundación Luis Seoane de La Coruña. Hizo alusión a la obra (cuesta llamarlo catálogo) Enrique Vila-Matas en su artículo "Lugares para pensar" y mi amigo Salvador Retana, que está en lo que hay que estar, se hizo con un ejemplar (bastante inmanejable, por cierto, ya que a los ensayos escritos o traducidos al español, se suman los mismos textos vertidos al gallego). Un buen día se presentó en el colegio con el tocho y una cajita de higos pasos que él recolecta y seca en su casa de Gredos. Además de las imágenes (fotografías, planos, herbarios, etc.) de las cabañas de pensadores, escritores, exploradores y músicos como Martin Heidegger, Gustav Mahler, Knut Hamsun, Ludwig Wittgenstein, August Strindberg, Edvard Grieg, Virginia Woolf, Dylan Thomas, Lawrence de Arabia y George Bernard Shaw, se recogen, ya se dijo, interesantes ensayos de uno de los comisarios de la muestra, Alberto Ruíz de Samaniego, del filósofo Félix Duque, del inclasificable y siempre sorprendente Fernando R. de la Flor, del mismísimo Heidegger o de Eduardo Outeiro, impulsor del proyecto, que ha fotografiado esas cabañas (o sus restos) tal y como están en la la actualidad. El libro no tiene desperdicio, más si quien se acerca a él tiene querencias por el retiro, la vida solitaria y contemplativa, el silencio y cuantas ventajas ofrece esa existencia al margen que tantos artistas y letraheridos han buscado a través de los tiempos. Se perdona, por eso, el lenguaje entre críptico, pedante y casi de jerga que a veces se gasta en este tipo de empeños. Heidegger, que tuvo su famosa cabaña en Todtnauberg, Selva Negra alemana, inmortalizada por uno de sus visitantes, Paul Celan, en un poema que lleva por título el nombre de ese lugar, dejó escrito en "Paisaje creador. ¿Por qué permanecemos en la provincia?": "El esfuerzo por acuñar las palabras es como la resistencia de los elevados abetos contra la tormenta". También allí, afirma: "Ciertamente, en las grandes ciudades el hombre puede estar tan solo como apenas en ningún otro sitio. Pero en ellas no puede estar nunca en soledad. Pues la soledad tiene el poder personalísimo de no aislarnos, sino que lanza la entera existencia a la vasta cercanía de la esencia de todas las cosas".

11.11.11

Políticas culturales

Por si a alguien todavía le interesa, El Cultural ha publicado un reportaje de Elena Vozmediano (en su blog Y tú que lo veas) sobre la cultura en los programas de los partidos de cara a las elecciones del 20-N. Elocuente.

Radio y televisión

Lo escuché ayer tarde en El ojo crítico, el ejemplar programa cultural de RNE. El periodista Bernard Pivot afirmó en una entrevista que se habla mucho de libros, quizás más que nunca, pero poco de literatura. Winston Manrique Sabogal ha conversado con él y lo explica muy bien. 
No me gustan los concursos, pero anteanoche estaba con un libro en las manos y, enfrente, en la televisión , Pasapalabra. De pronto preguntaron por el autor de El buque fantasma. Andrés Trapiello, dije. Y. asintó. El concursante pasó su turno. No sé cuántas veces. Mientras, pensé: bueno, esto aproxima a mi amigo al peligroso grupo de los famosos literarios. De Pasapalabra al CAS... Al final tuvo que ser el presentador quien diera el nombre del escritor. Muy ufano dijo: "Andrés Trapielo", así, como suena, a la italiana. Pivot, claro, tiene razón. 

Sorpresa en la maleta

Dentro del Plan de Lectura del colegio, una de las actividades que mejor ha funcionado es la de La maleta viajera. En una de ellas ha aparecido esta agradable sorpresa.

10.11.11

Extremadura y Unamuno

Juan Domingo Fernández recuerda los viajes del filósofo y escritor por esta tierra. Antes y ahora. Diferencias y similitudes.

Jordi Llovet dixit

"El capitalismo tiene una lógica, pero no una moral". En El País.

9.11.11

Villoro y Segovia

Me ha gustado mucho este precioso artículo de Juan Villoro sobre Tomás Segovia. En El País.

8.11.11

Álvaro García, Premio Loewe

El malagueño Álvaro García (1965) -poeta, traductor y ensayista-, ha conseguido el XXIV Premio Loewe. Una alegría. Es uno de los mejores poetas de su generación, la de los 80, aunque Villena lo rescatara recientemente como "cabeza de fila" de la siguiente, que él denomina de 2000. Sea como fuere, Canción en blanco será un libro magnífico, que es lo único que importa. Lo doy por hecho. Gana la poesía y gana el premio. El jurado puede sentirse satisfecho.

Tomás Segovia

En uno de sus últimos mensajes aludía a un próximo viaje a México. Daba detalles del homenaje que iba a tener lugar en Aguascalientes, pues Juan Gelman y él eran los ganadores del Premio Poetas del Mundo Latino "Víctor Sandoval". En el país de su destierro ha muerto. La triste crónica del suceso la firma en El País Javier Rodríguez Marcos, que tan bien conoció al poeta. Nosotros apenas nos cruzamos con él. En Cáceres, cuando vino, junto a su inseparable María Luisa, a recoger el Premio Extremadura a la Creación. Antes y después, nos queda su palabra. Descanse en paz.

Dime de qué presumes...

Esta es la austeridad que viene. Gonzalo tiene, nunca mejor dicho, razón. Al tiempo.

Handke dixit

Cecilia Dreymüller. ¿De dónde viene tanta expansión mundana, tanta sabiduría occidental y oriental?
Peter Handke. Tonterías. No soy ningún autor internacional. Soy del campo. En el pueblo del que vengo también había budistas, sólo que no los llamaron así. Había un muecín, un alminar, aunque, naturalmente, no estaban allí. Había indios, todo lo que de chico deseaba. Todo proviene del lugar de origen, de los padres, de los antepasados. Naturalmente, uno también se hace a sí mismo, pero no es posible hacerse enteramente. En ningún sentido. No, todo está allí. Antes pensaba a menudo, Dios mío, ¿por qué no he nacido a orillas del Misisipi, como William Faulkner? Pero ahora sé que los riachuelos de mi infancia eran el Misisipi. O pensé, cuando tenía veinte años y leía a Thomas Wolfe y Sherwood Anderson o Dreiser y John Steinbeck, vaya, qué mundo más ancho, y en mi casa todo tan estrecho. Hoy sé que fueron ellos, los escritores, los que lo crearon. Y yo lo tengo que hacer también, hace tiempo que lo sé, y lo puedo hacer, pues este mundo ancho siempre estuvo allí. Sólo que yo lo ignoraba, en mi mente parcialmente obtusa, porque siempre existía en mí el sueño del hombre grande en los hombres pequeños que veía en mi pueblo. Hoy ya lo sé. 
En Babelia, El País.

7.11.11

Régimen interior

Local
Siento una mezcla de asco, pena, rabia y vergüenza por vivir en una ciudad en la que también residen convecinos tan impresentables como los que acaban de destrozar un mirador en Valcorchero. De la misma calaña que los que por sistema destruyen el mobiliario urbano, las farolas y papeleras del paseo fluvial, dejan un rastro de basura por donde pasan y un largo y cansino etcétera. Pasa, bien lo sé, en todas partes, pero no quizás de una forma tan palmaria y exagerada como en Plasencia. Algo habrá que hacer, señor alcalde.
D'Orsiana
En Extremadura, a cualquier hora del día o de la noche, o da una conferencia Sánchez Adalid o Sánchez Adalid da una conferencia. 
Cargo
No había prisa, es cultura, pero la dirección de la Biblioteca Regional por fin ha caído. Creía uno que el apetitoso cargo iría a parar a algún emérito, y así ha sido. Tenía en mente a un par de paisanos naturales del sur de la provincia de Badajoz, pero con casa en la capital. Académicos de Argamasilla, para más señas. Al final el nombrado es el bibliófilo (primer presidente de la UBEX) y empresario Joaquín González Manzanares, del mismo círculo de amistades. Todo queda en casa. Más si tenemos en cuenta que los fondos sustanciales de la mencionada biblioteca son los que constituyeron en su día el denominado Clot-Manzanares, adquiridos por la Junta en tiempos de Ibarra. Me alegro por él, una persona cariñosa a la que aprecio de antiguo.
Casteliana
A veces, pocas, las listas de ventas de libros dicen la verdad. Es el caso de La hermana muerta, de Santiago Castelo, del que ya ha aparecido la segunda edición. Así la tristeza, querido amigo, será menor.
Por cierto, hace poco el presidente de la Asamblea, mi estimado Fernando Manzano (sí, el primo de su chófer), le ha propuesto que sea "embajador" de Extremadura. Y uno se pregunta: ¿y qué es lo que ha hecho este hombre toda su vida? Políticos.

6.11.11

María Jesús Manzanares










Alonso de la Torre entrevista a la pintora residente en Plasencia en el Hoy. Para leer la conversación al completo, eso sí, hay que comprar el periódico. Aquí un breve adelanto y un interesante vídeo.

5.11.11

Avalancha

De libros. No creo que haya leído tanto y tan deprisa en toda mi vida. Compro menos que nunca (lo siento, librero), pero nunca he tenido la mesa con una lista de espera tan larga.
Gonzalo me pasó lo último de Martínez Sarrión, Farol de Saturno (Tusquets), un libro fresco, irónico (sarcástico a veces), divertido como sólo el iconoclasta Sarrión sabe hacer.
Xavier Farré me envía desde Cracovia (¡obrigado!) el cedé con los poemas de Milosz recitados por Aitana Sánchez-Gijón y el preacadémico José Luis Gómez, así como Milosz en España y América Latina y Czeslav Milosz y Catalunya, publicaciones del centenario llenas de interesantes ensayos y poemas para celebrar la obra de uno de los genios (éste sí) del pasado siglo. Otra gozada.
Javier Sánchez Menéndez, el editor de poesía más inquieto de España, publica en Libros del Aire una antología, Faltan palabras en el diccionario. Como dice en su prólogo, "una selección de poemas debe ser breve". Y ésta lo es. Eso sí, lo suficiente para comprobar que habemus poeta. Por sus poemas les conoceréis y los de JSM son directos como un puñetazo, están escritos a tumba abierta y con un gran sentido del ritmo, van -como él- a su aire, son descarnados, apegados a la naturalidad del habla, concebidos con el tono adecuado a la conversación y a la confidencia, pero lejos de la cháchara y la confesión. "Me he limitado a escribir versos", dice. Tampoco miente cuando afirma: "y además, muy además,/ escribo versos". Me impresionan algunos como éstos: "El hombre es sólo hombre ante la noche. (... ) Porque es sólo hombre ante la vida". Y me lleva a recordar a Vinyoli, porque dan, en efecto, la medida de un hombre.
Aunque no sea un libro, me llega uno de los primeros números de El Cuaderno, dedicado a Leonard Cohen. Se trara del Semanal de Cultura de La Voz de Asturias, un nuevo suplemento que dirige el periodista y escritor Juan Carlos Gea y de cuyo consejo editorial forman parte Juan Cueto, Julio César Iglesias, Álvaro Díaz Huici, Elena de Lorenzo, Miguel Barrero, Jaime Priede y Jordi Doce. Que no decaiga. 
Con permiso, vuelvo a la lectura. Antes, iré al kiosco a por la prensa sabatina. Ya es hora.

Noticias de Loewe

La Fundación Loewe inaugura un blog  y un canal en twitter: @FundacionLoewe. Nos cuentan que el objetivo de este nuevo proyecto es compartir todas las iniciativas de la Fundación en el ámbito de la cultura desde una óptica cercana y directa. Añaden que, cada miércoles, el blog de la Fundación informará de nuevas actividades, colaboraciones y acontecimientos en los que participa, “seguirá la pista” de los ganadores del Concurso de Piano Infanta Cristina y del Premio Internacional de Poesía, y escuchará y dará respuesta a todas las opiniones y sugerencias de los lectores. Buena idea.

4.11.11

Carlos Pujol conversa con Dios

Constataba Iñaki Uriarte en sus diarios cómo algunos de sus amigos volvían a ir a misa y lo achacaba a la edad. Me he acordado de la anotación mientras leía el último libro del poeta barcelonés Carlos Pujol que, a pesar de lo avanzado de la suya (nació en el 36), no parece nuevo en la plaza, esto es, en la creencia religiosa. Publicado en la limpia y hermosa colección Cálamo Poesía (nunca mejor imbricados fondo y forma, por seguir la tópica distinción) que, desde Palencia, dirige con pulso atinado César Augusto Ayuso, El corazón de Dios no deja de ser una conversación de su autor con Él, lo que me ha llevado a recordar, a su vez, que así tituló Pujol uno de sus libros.
No es frecuente encontrar en estos tiempos libros así. Si acaso algún exabrupto en forma de artículo que más que a favor de la religión católica, en este caso, se vuelve contra ella sin paliativos. Nada más lejos del fanatismo militante que este diálogo sutil, en voz baja, de un hombre que envejece, con su Dios. Qué sabia sencillez, qué honda claridad. Qué bocanada, además, de aire puro, con independencia de que se comulgue o no con esa fe.
Cuarenta y ocho poemas sin título componen esta obra sustancial dentro de la amplia bibliografía de Pujol. Poemas breves que rondan el complicado asunto de la muerte y en los que se hace "arqueo" de lo ya vivido. Poemas que brillan por su humildad y que uno entiende como verdaderos. Poesía despojada que consuela. Poesía que uno identifica, sin innecesarios aditamentos, como tal.
Libros así hacen un bien inmenso a la pobre poesía, sin duda, y, más allá, a ese misterio, Iglesias al margen, que algunos conservan en su corazón y que a Pujol le ha llevado a escribir: "De la fe no sabemos más que existe".
José Luis García Martín decía aquí atrás: "Dios no existe, pero a veces –junto al Muro de las Lamentaciones, en la mezquita de Plovdiv, en el Panteón, en el silencio de Silos— su ausencia se hace tan presente que se convierte en la más consoladora verdad". Añadiría a esa lista: "después de leer El corazón de Dios".

3.11.11

Ricardo Defarges: antología final

Poeta raro dentro de la Generación o Grupo del 50, que tiene un núcleo oficial y canónico pero del que también forman parte un nutrido y plural número de miembros menos reconocidos, Ricardo Defarges acaba de publicar en la editorial Renacimiento Este don a la muerte que es y no es una antología. Defarges ha optado por reunir aquí sus mejores poemas, decisión que lleva implícita la expresa renuncia a publicar su poesía completa. Dos fechas enmarcan la selección: 1960 y 2011. El libro está dedicado a José Manuel Caballero Bonald.
Nacido en Barcelona en 1933, Defarges ha vivido en distintas ciudades (Valencia, Madrid...), trabajado en diversos oficios (entre ellos, agente de Cambio y Bolsa y notario), viajado por medio mundo y editado numerosos libros. Cuenta al final de su franca introducción que actualmente reside en Madrid, donde quiere morir, que lleva "cuatro años parcialmente discapacitado" sin apenas salir de casa (léase su poema "Terraza nocturna"), donde le atienden "dos acompañantes latinoamericanos". "Acepto mi actual soledad -concluye-. No temo a la muerte (¿cómo se puede temer lo inevitable?). Y, mejor o peor, habré vivido". Con este libro da por terminada su obra poética impresa que divide en tres bloques. En el primero, agrupa sus poemas de juventud, "escuetos y sencillos"; en el segundo, el de madurez, poemas más complejos, culturalistas y hasta filosóficos; en el último, poemas de vejez, "de parcial discapacidad y de incipiente decrepitud".
Como él dice, estamos ante una antología (y no) "cerrada" y "final". Los temas de los que se ha ocupado Defarges no son distintos a los de otros poetas. Puede que predomine el de la soledad, aunque "los demás", aclara, no faltan, si se buscan, en su poesía. Se nota que no ha dejado nunca de escribir, según confiesa, y que ha "procurado escribir sólo al impulso de una irrefrenable necesidad".
Ningún lector de poesía debería desconocer la poesía de este hombre solo, como cualquier poeta. Se agradece, en fin, que Renacimiento, como antes Pre-Textos u otras editoriales, nos ofrezca, en una preciosa edición, este puñado de poemas necesarios, en especial los de la última época. "Has vivido bastante. Ya lo has vivido todo", escribió una vez. Y antes: "La muerte es más que la vida/ (repetido pensamiento)./ Por eso vivo". 

2.11.11

Premio para el colegio

El colegio público "Alfonso VIII" de Plasencia, en el que uno trabaja, ha conseguido el premio “Tomás García Verdejo” a las buenas prácticas educativas que concede la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura. Por su "Semana de las Lenguas", un proyecto que lleva una andadura de años. No está mal para empezar la (corta) semana laboral.
Por cierto, aquí mis alumnos leen el pregón del Día de la Biblioteca.

1.11.11

Nuevas páginas de Uriarte

En efecto, Iñaki Uriarte publica, un año después, la segunda entrega de sus Diarios. Son anotaciones de 2004 a 2007. Lo que uno dijo de la primera podría valer para ésta. No me hizo caso y sigue sin añadir a su cortísima biografía lo de que "pasa tamporadas en Benidorm", por más que esa ciudad turística siga teniendo protagonismo de personaje en su libro. Como Borges, su gato; María, su mujer; su madre ("ama"); su hermano Antón o algunos amigos.
Tras el éxito de crítica obtenido, la editorial pepitas de calabaza ha colocado una faja roja al libro donde algunos escritores famosos y un crítico -Vila-Matas, Muñoz Molina, Trapiello, García Martín (muy citado) y Jordi Gracia- dejan caer frases elogiosas con palabras que uno suscribe: formidable, naturalidad y agudeza, prodigio de ironía e inteligencia, descreído, etc. Con todo, si por algo van a resistir estos diarios es por el tono, que en literatura lo es todo. Esa es la verdadera marca de la casa, hable de lo que hable, que no siempre, o casi nunca, es sustancial. Nadie menos solemne que Uriarte. Lo mismo se habla de ETA (qué actualidad cobran sus palabras sobre el alto el fuego indefinido o sobre el atentado de Barajas) que de Borges (el escritor, no el gato) y Bioy, o de la enfermedad (su diabetes) y las hipocondrías, ya que a ciertas edades, y más entre jubilados, ese espinoso asunto se convierte, dice, en una verdadera obsesión. O del euskera y el Bilbao de toda la vida, al que él pertenece (lo quiera o no) sin haber nacido allí. Hay una anécdota muy divertida -una entre muchas- donde los protagonistas (involuntarios) son Letizia (aún) Ortiz y su pareja de entonces.
Sigue echando pestes sobre algunos escritores (Jünger, por ejemplo), hace alusión a los blogs (que parece defender), le preocupa, y mucho, esa gente que fue de izquierdas, o eso decían, y ahora están en la derecha más extrema (uno tiene la teoría de que, en realidad, siempre fueron unos fachas y que todo era una simple pose) y un sinfín de apuntaciones que uno lee con sumo placer. De monólogo califica Uriarte su diario. A "estos archivos" se refiere cuando habla de él. Sus lectores, en fin, tenemos claro que forman parte ya del canon sobre el género. Y en una posición privilegiada. Sólo falta, ay, que nos llegue la tercera entrega. Y cuanto antes.