Julio Martínez Mesanza reúne doce poemas de su próximo libro, Gloria. En la entradilla, escribe: En alguna página del Zibaldone, Leopardi dice que el poeta viejo se adapta mejor a la poesía de imaginación que a la de sentimiento propio. Según eso, no sé si debo sentirme menos viejo de lo que soy, porque, de unos años a esta parte, imagino menos y siento más.
30.5.08
28.5.08
Hornachos
Ayer por la tarde atravesé Extremadura de norte a sur para asistir a la presentación de un nuevo libro de la Editora, los Manuscritos árabes, que se encontraron en esa localidad de forma semejante a la biblioteca de Barcarrota: emparedados por un más que probable temor al tribunal de la Inquisición de la no muy lejana Llerena. Fue un viaje relámpago. Por la rapidez -se da por descontado tratándose de mí- y por los cielos de tormenta que me acompañaron, tanto al bajar como al subir. Por cierto, inolvidables las nubes del anochecer (y eso que eran más de las diez) sobre el Puerto de los Castaños, tan amenazantes como hermosas. Y ya que menciono esa palabra, ¡qué precioso es Hornachos! Sé que Aramburu podrá perdonarme el exceso y los consiguientes signos de admiración. Como la primera vez que estuve allí -hace ahora cuatro años, en un Foro Ibn Arabí- uno se dijo: me quedaría a vivir aquí. Imaginando, ah iluso, que en ese lugar sería posible esa vida más alta a la que, sin querer, se aspira. Que conste que no me importaría. Por soñar que no quede.
Fue un placer, en fin, pegarse otra paliza de coche (y más con esta espalda que uno padece) y saludar a los amigos de Tánger y Rabat y, cómo no, escuchar al jovencísimo alcalde (que no lo parece cuando se expresa con la debida soltura) y a Justo Vila (un cómplice necesario en esa aventura) y a las profesoras de la UEX (otra vez tiramos, por suerte, para casa), María de los Ángeles Pérez y María José Rebollo, que han cuidado la introducción, las notas y la traducción de una de las piezas, el devocionario; que también es, o lo parece, un libro de magia.
Fue un placer, en fin, pegarse otra paliza de coche (y más con esta espalda que uno padece) y saludar a los amigos de Tánger y Rabat y, cómo no, escuchar al jovencísimo alcalde (que no lo parece cuando se expresa con la debida soltura) y a Justo Vila (un cómplice necesario en esa aventura) y a las profesoras de la UEX (otra vez tiramos, por suerte, para casa), María de los Ángeles Pérez y María José Rebollo, que han cuidado la introducción, las notas y la traducción de una de las piezas, el devocionario; que también es, o lo parece, un libro de magia.
26.5.08
Vicente
Mis visitas a Cáceres -veloces, fugaces- ya no son lo mismo desde que la librería Vicente cerrara su local de la Plaza Mayor. No había excusa, entre reunión y viaje, para dar una vuelta por los soportales y ojear los estantes con libros que alegraban esa zona y le daban ese aire culto al que la ciudad aspira. Poco impotaba el frío o el calor, cuando no el viento, que allí suele soplar con fuerza. Cuando trabajaba en San Jorge, rara era la mañana que, en vez de café, no me tomaba una de libros. Le decía hace poco a Manuel Borrás que allí solía surtirme de sus pre-textos y él me confesaba que también era asiduo y los dos lamentamos la pérdida.
Sí, en Pintores sigue abierta una librería de la misma familia y del mismo nombre. Pero, ay, no es lo mismo.
Sí, en Pintores sigue abierta una librería de la misma familia y del mismo nombre. Pero, ay, no es lo mismo.
25.5.08
Precisión
"Si la claridad es la cortesía de los filósofos, la precisión es la de los poetas". José Luis García Martín.
24.5.08
Thoreau
"Lo mejor que escribamos será lo mejor que seamos", dejó dicho H. D. Thoreau. Pre-Textos publica un libro curioso, Escribir, una antología de reflexiones en torno a este asunto sacadas, en su mayor parte, de su monumental Diario. No pude con Walden pero no dejo de subrayar frases de este libro.
23.5.08
Reincidente
Ya estoy tranquilo: J. A. Ramírez Lozano acaba de ganar otro premio, el Flor de Jara, de la Diputación de Cáceres. El jurado estaba presidido por Antonio Gamoneda y el libro se titula Caliche. De lo dicho, nada. O muy poco.
22.5.08
Campo de amapolas blancas
Relee uno Campo de amapolas blancas, de Gonzalo Hidalgo Bayal y, por una vez, no puede recurrir al socorrido aforismo de JR, aquél de que "en edición diferente, los libros dicen cosas distintas", que tanto le gusta recordar a Trapiello. La primera edición de esta novela corta era (es) tan hermosa (o más) que la flamante de Tusquets que vuelve a recuperar un clásico de GHB, un gesto (literarios) que les honra. Lo que sí admito es que la lectura ha sido otra. Cada relectura lo es. Uno es ahora más mayor y disfruta con más intensidad de esta prosa incomparable (y no aludo al tópico) y sufre también más por el trasunto del relato, al hilo del lema de H, que el personaje toma de Camus (de su Calígula): "los hombres mueren y no son felices".
Sin haber salido (casi) nunca de Murania, vuelve uno a vislumbrar, a orillas del río Murtes, la ciudad de su infancia. La de la juventud perdida de H y sus amigos. La inolvidable de Gonzalo.
Sin haber salido (casi) nunca de Murania, vuelve uno a vislumbrar, a orillas del río Murtes, la ciudad de su infancia. La de la juventud perdida de H y sus amigos. La inolvidable de Gonzalo.
De "Cartas al director"
Salvar la Isla
22.05.2008 - HOY
LUIS FERNANDO LÓPEZ LÓPEZ
Cuando se hizo público el Proyecto de Reforma del Parque de La Isla, con la decisión de pavimentar el paseo central, se produjo la reacción de la mayoría de los usuarios del Parque. Ante esto, la Corporación dio marcha atrás y declaró que no había nada decidido, que se pondría pavimento blando, etc. Ahora que la obra está en plena ejecución es cuando se demuestra el verdadero talante de los que nos gobiernan. Desde el primer momento tenían la decisión tomada, pero prefirieron dilatar el problema para no enfrentarse a una realidad que ahora les estalla en la cara. Han sido incapaces de consensuar un diseño de parque que lleva siglos con el señuelo de 'parque urbano', cuando es el reconocimiento implícito de una auténtica tropelía. Espero que esto no quede impune. Por mi parte impulsaré, apoyaré y secundaré cuantas acciones conduzcan a evitar este atropello y animo a quienes piensan en esta línea a movilizarse. Estamos a tiempo.
20.5.08
Cultivos
Ayer, del tirón, leí el nuevo libro de Julián Rodríguez. Bueno, paré al llegar a las páginas finales, las que dedica a sus últimas horas con Fernando Pérez; el emotivo pero necesario relato que ya leyera en Badajoz, en el homenaje al "entonces" director de la Editora. Lo he vuelto a leer esta mañana, cuando amanecía.
Ya he confesado mi debilidad literaria (también personal) por Julián Rodríguez. No oculto, con todo, que mi predilección se centra en el ciclo Piezas de resistencia, del que Cultivos es la segunda entrega, tras Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás. No me ha decepcionado, al revés, este "volumen de memorias, un diario, un cuaderno de notas" que es, sobre todo, a pesar de su poesía, una novela. Y un ensayo, puedo añadir. ¡Quién dijo géneros!
No cabe duda de que mi condición de extremeño ha ayudado. O, mejor, que ese azar hace que mi lectura sea distinta, supongo, a la de un catalán (valga el tópico) o un murciano (otro). Más aún si tengo en cuenta que mi procedencia, al contrario que la suya, no es rural. Para mi desgracia, nunca he tenido un pueblo; ni un Ceclavín ni un Las Mestas. Lo importante es que la pregunta de Fernando: "¿quién escribirá esta región, esta tierra?", queda contestada. Es sólo una respuesta, sí, pero sustancial a mi modo de ver. Más con la que está cayendo.
Volveré sobre el libro, claro. Para cultivarme. Falta nos hace.
Ya he confesado mi debilidad literaria (también personal) por Julián Rodríguez. No oculto, con todo, que mi predilección se centra en el ciclo Piezas de resistencia, del que Cultivos es la segunda entrega, tras Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás. No me ha decepcionado, al revés, este "volumen de memorias, un diario, un cuaderno de notas" que es, sobre todo, a pesar de su poesía, una novela. Y un ensayo, puedo añadir. ¡Quién dijo géneros!
No cabe duda de que mi condición de extremeño ha ayudado. O, mejor, que ese azar hace que mi lectura sea distinta, supongo, a la de un catalán (valga el tópico) o un murciano (otro). Más aún si tengo en cuenta que mi procedencia, al contrario que la suya, no es rural. Para mi desgracia, nunca he tenido un pueblo; ni un Ceclavín ni un Las Mestas. Lo importante es que la pregunta de Fernando: "¿quién escribirá esta región, esta tierra?", queda contestada. Es sólo una respuesta, sí, pero sustancial a mi modo de ver. Más con la que está cayendo.
Volveré sobre el libro, claro. Para cultivarme. Falta nos hace.
Sí y no
No es noticia, sin duda, que mi paisano José Antonio Ramírez Lozano publique una nueva novela, La oca de oro. Sí lo es, y mucho, que lo haga sin el aval de un premio. Sale, además, en una pequeña editorial de las buenas: Menoscuarto.
18.5.08
Los peces de la amargura
Ya sé que no le importa, pero no me cae demasiado bien Arturo Pérez Reverte. Hoy, mejor. Por el artículo que le dedica en El Semanal a Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu. Es de justicia. Por lo bien escrito que está, sobre todo. Por el vil asesinato de Juan Manuel Piñuel, además.
Un poema de John Clare
AMOR Y SOLEDAD
Odio el tumulto y el frenesí del hombre,
que me hizo y me hace cuanto daño puede;
libre del mundo ansío estar preso
con mi sombra por única compaña,
y a solas ver el fuego de los astros,
mundos que al Juicio sin cesar avanzan.
Oh, llevadme a la más aislada umbría,
el más caro lugar, donde en sosiego,
contemplar las caléndulas más bellas,
su cerrado verdor que estalla en oro.
Adiós a la poesía y al deseo,
apartadme del mundo, mas dejadme
la voz de una mujer, que con su música
alegre al corazón y lo conforte.
John Clare
Odio el tumulto y el frenesí del hombre,
que me hizo y me hace cuanto daño puede;
libre del mundo ansío estar preso
con mi sombra por única compaña,
y a solas ver el fuego de los astros,
mundos que al Juicio sin cesar avanzan.
Oh, llevadme a la más aislada umbría,
el más caro lugar, donde en sosiego,
contemplar las caléndulas más bellas,
su cerrado verdor que estalla en oro.
Adiós a la poesía y al deseo,
apartadme del mundo, mas dejadme
la voz de una mujer, que con su música
alegre al corazón y lo conforte.
John Clare
(La traducción de estos versos de este " poeta rural y loco" es de Antonio Rivero Taravillo. En su blog hay cuatro poemas más.)
Ruta
Ayer recorrí una vieja ruta de mi juventud. Desde Candelario a La Garganta y de allí a Hervás. Entonces era uno capaz de hacerla caminando. No en vano aprendí a andar cerca de allí, en Béjar, en el verano de 1960.
Desde el coche fui reconociendo algunos picos a los que subía hace años: Peña Negra, El Calvitero, La Ceja, La Muela... Detrás, en Hoya Moros, donde nace el río Cuerpo de Hombre (¡qué nombre para un río!), celebré un cumpleaños. Estuvimos allí acampados, de paso a la Laguna de Solana, y cenamos una sabrosa carne de cabra frita.
En La Garganta, muchos años después, estuvimos Yolanda, mi hermano Fernando y yo camino del campamento del Arca, en Puerto de Béjar. Nunca ha contado uno sus tres retiros veraniegos al lado de Lanza del Vasto, el poeta francés de origen siciliano, el autor de Peregrinación a las fuentes. Sé que esa experiencia espera desde hace años ser escrita. Poque sólo así será del todo verdad.
Desde el coche fui reconociendo algunos picos a los que subía hace años: Peña Negra, El Calvitero, La Ceja, La Muela... Detrás, en Hoya Moros, donde nace el río Cuerpo de Hombre (¡qué nombre para un río!), celebré un cumpleaños. Estuvimos allí acampados, de paso a la Laguna de Solana, y cenamos una sabrosa carne de cabra frita.
En La Garganta, muchos años después, estuvimos Yolanda, mi hermano Fernando y yo camino del campamento del Arca, en Puerto de Béjar. Nunca ha contado uno sus tres retiros veraniegos al lado de Lanza del Vasto, el poeta francés de origen siciliano, el autor de Peregrinación a las fuentes. Sé que esa experiencia espera desde hace años ser escrita. Poque sólo así será del todo verdad.
17.5.08
Parque
Hoy he vuelto al parque de Candelario, uno de los lugares de mi infancia. En ese pueblo de la Sierra de Béjar pasé algunos veranos de niño. En compañía de mi abuela y de su hermana. Nos alojábamos en Casa Gabriel, que todavía existe. A pesar de haber vuelto cada poco a ese bonito sitio, hacía años que no paseaba por el parque. Allí iba a jugar cada mañana y también allí, a eso del mediodía, me comía a regañadientes el preceptivo huevo cocido que Feliciana y Sofía traían del hotel. Hoy me ha parecido, es lógico, mucho más pequeño. La manía de alicatar los parques (ahora están con mi querida Isla) le da un aspecto urbano que entonces no tenía. He reconocido, en fin, el árbol que me servía de caballo. Hablo de la rama doblada de un pino que está en una fotografía que guarda mi madre en un álbum y entre los versos de mi primer libro, Territorio.
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