30.11.08

Con Agustín

Agustín Muñoz Sanz es un médico especialista en Patologías Infecciosas que escribe. Como era amigo de Ángel y trabaja en el Infanta, cuando nuestro amigo empezó a entrar y salir del hospital, su compañía se hizo constante. El miércoles pasado, al salir del funeral, sentí necesidad de darle las gracias por ello. De testigo, Castelo, que también se lo agradeció. Nos contó que hizo lo que debía. Con orgullo, nos confió que fue la última persona a la que Ángel besó, en la puerta del quirófano, donde logró arrancarle la única sonrisa de esos últimos días. Hoy publica un artículo dedicado, merecidamente, a sus mujeres.

29.11.08

Ángel, por Aníbal Lozano

LA COLUMNA DESNUDA

Ángel Campos Pámpano

Por Aníbal Lozano

La muerte –hace unos días, escribo en miércoles- del poeta y amigo Ángel Campos Pámpano (San Vicente de Álcantara, 1957 – Badajoz, 2008) además de sentir el zarpazo nos ha devuelto el retorno por un instante a la Facultad de los tiempos de la transición. Se ha hablado y escrito del hecho político que la universidad transmitía en la calle pero no es menos cierto que quizás más implacable era la vida intelectual dentro y fuera de las aulas sobre cuyos pilares se basa la olvidada transición precisamente, el puente a la democracia y los valores humanos, la tolerancia y la diversidad de ideas y juicios, el valor de la palabra sobre la violencia y la manifestación estética de unas vanguardias literarias que ante todo eran creativas y sugerentes. En la Facultad de Filología de Salamanca se fraguaban en la última parte de los setenta, un Aula de Teatro como el Juan del Enzina por donde pasaba la vida cultural en todas sus manifestaciones e incluso encerronas. Y también se fraguaba desde el Palacio de Anaya la fundación de revistas, como “Zurguén”, dirigida por el también poeta José Diego (hoy profesor en Barcelona) y “El Callejón del gato”, al amparo de Ángel Campos Pámpano por donde andaba una suerte varia de poetas hoy espléndidos literatos, José Luis Matilla, Quías Blanco, -como no Tomás Sánchez Santiago-, la palabra también hermosa de Fernando R. de la Flor, la poesía sonora de Jaime Siles –hoy a afortunadamente de vuelta a Salamanca-, y la de otros inevitablemente desaparecidos como Claudio Rodríguez, Javier Ángel Marigómez o no digamos Aníbal Núñez. Por allí andaba también la juventud de Gonzalo Alonso-Bartol, Marochi Vicente, Miguel Figuerola y la sombra de quien siempre recibía, Gonzalo Torrente Ballester, años antes de que el autor del “Don Juan” metiera la gamba con lo del “botín de guerra”. Ángel Campos Pámpano tenía su doble en los heterónimos de Fernando Pessoa: Alberto Caeiro, Álvaro Campos y el inolvidable Ricardo Reis cuyas odas fueron el motivo de su primera traducción. Se casó con Carmen a quien dedicó su propia Lisboa y fundó una gran revista literaria como “Espaço escrito” consiguiendo además el Premio Nacional de Traducción y ampliando su palabra a los libros de Eugenido de Andrade o de Sophia de Mello cuya traducción de “Nocturno” es una maravilla. No será posible que recoja otro premio en Extremadura, pese a que su palabra esté caliente aún ante su amigo y poeta Álvaro Valverde. Fue Pámpano también uno de los primeros en acercarse a un tal José Saramago, cuando nadie hablaba del autor de “Memorial del Convento”. Pero Pessoa siempre ha estado en el fondo como el denominador de estudiantes que fueron un día de portugués y hoy lo son de Filología comparada, como Concha Baéz, otra salmantina, en la Universidad de Vigo. “Lisboa, bajo el celaje tenue del otoño, es casi un cuadro cubista tendido en la ladera” había escrito Ángel de la ciudad blanca. Reverberando algunas otras cosas, hace quince años Ángel Campos Pámpano hizo que la Diputación de Salamanca realizara un homenaje a la obra de Aníbal Núñez teniendo como voz la presencia de José Ángel Valente y la complicidad de su viejo amigo Suso de “Hydria” Fue valedor Ángel de una palabra que ocupa su sitio en la memoria.

(El Adelanto, Salamanca, 28 de noviembre de 2008)

Carta de Salamanca

Ayer recuperé una festividad perdida: la del Día del Maestro. Para cambiar de aires, nunca mejor dicho, nos fuimos Yolanda y yo a Salamanca. Como tantos placentinos cada poco. Por el tortuoso camino en que se ha convertido ese trayecto por culpa de las obras de la autovía, íbamos hablando de Ángel. Salamanca era uno de sus lugares. Y ya allí, todo nos recordaba a él. Y es que, como bien dice Tomás, ahora "todo es Ángel". Por la Rúa, uno de sus pisos de estudiante, al lado de la sede de la CNT. Más allá, en Portonaris, donde entramos a por la antología de Pablo García Baena que ha preparado el salmantino Juan Antonio González Iglesias, el librero nos habló de Ángel y nos enseñó los recortes con algunas necrológicas. La de El Mundo, por ejemplo, que no conocíamos. Aunque fuimos a Víctor Jara, no me atreví a visitar Hydria. No me encontraba con ánimos de saludar a Suso. Hacía demasiado que... La Plaza estaba llena de enormes esculturas de Manolo Valdés. Amenazaba nieve. De nuevo la nieve. Por la tarde, en una mesa del centro comercial, me refugiaba en la poesía del cordobés. Del frío, de la intemperie, de la vida.

28.11.08

Un poema de Riechmann

LUAR

Ángel Campos Pámpano in memoriam (1957-2008)

1

Luna portuguesa,

poeta muerto.

Intraducibles

los dos fulgores

2

Conmemorabas

que a menudo un poema

nos enseña a caer

3

Puente final: morir.

Dejas de traducirte,

dejas de traducir

27 de noviembre de 2008

27.11.08

De El Cultural

También se hace eco de la noticia.

El funeral de Ángel en la prensa

En el diario Hoy y en El Periódico Extremadura.

Ángel en el obituario de El País

Lo firma Antonio Sáez, el actual presidente de la Asociación de Escritores Extremeños, poeta y profesor de la Universidad de Évora.

26.11.08

Carta de San Vicente

Acabamos de llegar, como quien dice, de San Vicente de Alcántara. Hemos ido al funeral de Ángel. En el coche, María José, Yolanda, Gonzalo y yo, que he conducido. El día ha sido largo. Todo es largo desde que conocimos la noticia de su muerte. Otra muerte anunciada. El día ha sido frío. Glacial, casi. No era inoportuno recordar la nieve de su último libro. En la iglesia, mucha gente. Apenas si he echado de menos a alguien. De los habituales, digo. Todo ha sido muy rápido como para que pudieran venir los de fuera (y allí estaba Castelo, Rosa Vicente, Ada Salas...). La familia, hundida, como quienes les acompañábamos: sus paisanos y sus amigos. El cura, ya es raro, ha estado bien. Era compañero en Lisboa. Llevaba en las manos la poesía completa de Ángel. Lo peor ha sido, sin duda, la música. De iglesia postconciliar. Bueno, y la ausencia incomprensible de la consejera de Cultura o de algún director general de la casa; el de Promoción, por ejemplo. No es resentimiento, ¿para qué?, es simple y sencillamente vergüenza ajena. O que uno, ay, tiene un anacrónico sentido de lo institucional, de lo cívico y de lo público. Será. Mañana sí estará en Guarda, con las hijas de nuestro amigo. Quedará muy bien al lado del presidente Cavaco. Otra señal, y perdón por la insistencia, de que ni se enteran de lo que importa ni quieren saberlo. ¿Para qué? Me subleva este tratamiento para con quien lo merecía todo. ¿O no ha sido él uno de los máximos protagonistas de estos requetecelebrados XXV Años de... Paz? Sólo falta que le concedan la Medalla de Extremadura a título póstumo. Toma nota, Poeta.
Nos hemos quedado a comer en el pueblo. Los cuatro citados al principio y Malama. Nos ha dado tiempo de reír y de llorar (de nuevo) y de recordar a Angelito pidiendo de postre natillas. Cuando él vivía, las pedía por ti. ¡Para mí, natillas!, gritaba. Y para nosotros, como tu inolvidable dulzura, amigo.

Ángel, artículo de El Periódico

Ángel

Álvaro Valverde

La última vez que vi a Ángel fue en Badajoz, en la entrega de los premios Extremadura a la Creación, el que sería sin yo saberlo mi último acto público como director de la Editora Regional. Los dos estuvimos en el vino de honor el tiempo justo. Él estaba hablando con Susi Covarsí y, tras saludarla, salimos juntos. Se ofreció a llevarme en su coche hasta el mío que estaba aparcado cerca de la librería Universitas. Al entrar en su coche, vi unas pastillas y bromeé sobre ello. Me dijo algo de unos recientes problemas de estómago. Le había visto, es verdad, más delgado. En los últimos años, Ángel adelgazaba y engordaba con facilidad así que no le di importancia. De vuelta a casa, recordaba nuestra larga amistad y me felicitaba en silencio por el detalle de acompañarme. Le había comentado, a propósito de su vuelta a la ciudad después de los años lisboetas, que no iba a encontrar muchos cambios: a mi modo de ver, en poco tiempo habíamos retrocedido más de veinte años. Esto te será familiar, le dije. Están las mismas personas en los mismos sitios. Él asintió.
Desde esa noche, me llamó varias veces para interesarse por mí y por mi nueva vida tras la destitución. Estaba a mi lado en Almendralejo, durante el fallo de los premios literarios, cuando la consejera se dirigió a mí y delante de todos los asistentes a la cena dijo aquello de: “Álvaro, estamos en el buen camino”. Menos mal.
Conocí a Ángel, personalmente, en Zafra, a principio de los ochenta. En una lectura organizada por Josemari Lama y Luciano Feria. Ninguno de los cuatro –puedo sumar a otro Lama, Miguel Ángel- hemos vuelto a separarnos. Junto a otros escritores, hemos hecho lo posible y lo imposible por modernizar la literatura escrita aquí. Por ponerla en hora. Con él casi siempre a la cabeza. Desde la Asociación de Escritores, por ejemplo. La creación de las Aulas Literarias, con su original componente educativo, basta y sobra para demostrar su valía. Me pidió que le acompañara en la aventura de la antología Abierto al aire y también estuve con él cuando se decidió a fundar, junto a Diego Doncel, la revista hispano-lusa Espacio/Espaço escrito. La misma que él solo ha mantenido contra viento y marea.
Le admiré siempre como agitador cultural, sí, pero más como poeta. Para mí sus libros capitales son el primero y el último, La ciudad blanca y Semillas en la nieve. Qué dolor, por cierto, el día que enterramos a su madre, Paula Pámpano, en San Vicente.
Sin sus traducciones de poetas portugueses contemporáneos, los poetas españoles de mi generación, y de las siguientes, no hubiéramos sido los mismos. Para peor, digo.
Como editor también acertó. Publicando, pongo por caso, obras de Gonzalo Hidalgo Bayal, un escritor hoy en boca de todos.
Me quedo con un recuerdo. En el balcón de su piso de Mérida. Yolanda nos hace unas fotos para la solapa de Abierto al aire. Nos miramos a los ojos y nos reímos. Uno, ay, le quería.

Aquí.

Necrológica de Ángel en ABC

Ángel Campos: una voz extremeña y universal

Álvaro Valverde

Como pasó con Dulce Chacón, para el poeta Ángel Campos Pámpano no ha servido el eufemismo “larga enfermedad”. En un suspiro se nos ha ido, sin tiempo siquiera de que nos hiciéramos a la terrible idea de que sería para siempre. Ayer fallecía en Badajoz al no poder superar una delicada intervención quirúrgica.

El poeta había nacido en San Vicente de Alcántara en 1957. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y muy pronto, a su vuelta a Extremadura, empezó una intensa carrera como profesor de Lengua y Literatura en distintos institutos de enseñanza media de la región. Era, me consta un profesor vocacional, algo de lo que pueden dar fe quienes tuvieron la suerte de ser sus alumnos.

Acababa de regresar de Lisboa, donde había ejercido durante ocho años en el Instituto Español Giner de los Ríos.

Muy pronto también, inició otra carrera, la literaria, que en él tuvo dos vertientes fundamentales. De una parte, la poética. La que más quería. Con la desazón propia de quien se sabe seriamente enfermo, ha llegado a tiempo de ver publicada su poesía reunida. La ha editado Calambur bajo el título La vida de otro modo y lleva un lúcido prólogo del profesor Miguel Ángel Lama. Un libro de libros que es, en fin, su único libro; el que formado, entre otros, por los poemas de La ciudad blanca (1988), Siquiera este refugio (1993), La voz en espiral (1998) y La semilla en la nieve (2004), por el que recibió el premio Extremadura a la Creación.

Fue incluido, entre otras, en las antologías Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) y Campo Abierto (Antología del poema en prosa en España).

Firmamos juntos otra antología, Abierto al aire. Antología consultada poetas extremeños (1971-1984) y fue el responsable de una más, Los nombres del mar. Poesía portuguesa 1974-1984, ambas de 1985.

Conviene resaltar sus numerosos libros de autor con artistas extremeños como Javier Fernández de Molina, Antonio Covarsí y Luis Costillo.

De otra, está su labor como traductor. Ángel ha sido, me atrevería a decir, el mayor y mejor introductor de la poesía portuguesa contemporánea en España. Por ello tenía que recibir el próximo jueves en la ciudad lusa de Guarda el IV premio Eduardo Lourenço “destinado a distinguir personalidades o instituciones de lengua portuguesa o española que hayan demostrado una intervención relevante e innovadora en la cooperación transfronteriza y en la promoción de la identidad de la cultura de las comunidades ibéricas”.

Ha traducido, entre otros, libros de Eugénio de Andrade, Fernando Pessoa, Carlos de Oliveira (sobre su obra realizaba la tesis doctoral), Antonio Ramos Rosa, Al Berto, José Saramago y Sofia de Melo Breyner Andresen. En 2006 le fue concedido el premio de traducción Giovanni Pontiero por la edición, precisamente, de una antología de la poetisa portuguesa: Nocturno mediodía (1944-2001).

No fue Ángel, con todo, un escritor encerrado en torre alguna, ni siquiera la de su casa de campo en La Raya, en Jola, cerca de La Codosera, donde, por cierto, ya nunca podré verlo. Al revés, consciente, como otros, de que en Extremadura, la tierra que eligió para vivir, estaba casi todo por hacer, se convirtió desde principio de los ochenta en un agitador cultural de primer orden. Desde la Asociación de Escritores Extremeños, por ejemplo, de la que fue presidente. Fundó las Aulas Literarias. La primera en Badajoz, “Enrique Díez-Canedo”, por la que han pasado los mejores poetas vivos de la literatura española de fin de siglo.

Bajo su mandato nacieron también los Talleres de Relato y Poesía, en torno a una idea del que fuera su amigo, el editor Fernando Pérez González.

O creando, junto a Diego Doncel y a uno mismo, la primera revista literaria en dos lenguas, el castellano y el portugués, Espacio/Espaço escrito y animando otra, Falar/Hablar de poesía.

En 1994, creo, junto a Pedro Almoril y Manuel Vicente González, Ediciones del Oeste, una de las escasas editoriales privadas extremeñas. En ella publicó alguna de sus primeras obras Gonzalo Hidalgo Bayal, otro de sus mejores amigos.

La poesía, la española y la portuguesa, pierde a un hombre fundamental. Extremadura, a uno de los mejores, cuando más lo volvíamos a necesitar. Lo peor, sin embargo, es para Ángela y para Paula que han perdido, qué desgracia, a su padre.

Aquí.

25.11.08

Ángel

Aunque cueste creerlo, el poeta Ángel Campos Pámpano ha muerto esta mañana en Badajoz.

24.11.08

Elizabeth Bishop

Recojo en el apartado un envío de Igitur. Nada menos que la Obra poética de Elizabeth Bishop. Ha sido una agradable sorpresa. Ya sabía que el libro iba a salir por el avance que dio ABCD hace una semana. Lo que no esperaba es que con tanta rapidez pudiera leer lo conocido y lo desconocido, para mí, de una de las poetas que más me gustan. La edición es de Sam Abrams y Joan Margarit, la pareja que ya nos ofreciera un excelente Hardy en La Veleta. No se lo pierdan.

Premios y más

Dos personas de máxima actualidad, Juan Goytisolo, al que acaban de conceder el Premio Nacional de las Letras, y Helena Almeida, con una exposición comentadísima en la Fundación Telefónica, ganaron en su día el premio "Extremadura a la Creación". No consta, es verdad, en sus biografías. Da igual. Dan fe de que aquí las cosas se hicieron bien.

Tres artículos...

... que, según creo, merece la pena leer. Uno de Javier Rodríguez Marcos con reflexiones sobre la poesía, otro de José Luis García Martín sobre la crítica y un tercero de Andrés Ibáñez sobre lo leve y lo pesado.

23.11.08

Excelentes... de fuera

Ibarra titula un capitulillo de su libro de memorias "Una Extremadua excelente". Destaca allí, y con toda justicia, al MEIAC, la Coordinación Regional de Transplantes y la Unidad de Quemados de Cáceres, para añadir después los nombres de cinco escritores y artistas extremeños "de reconocimiento nacional": Javier Cercas, Luis Landero, Manuel Martínez Mediero, Enrique Carrero y Eduardo Naranjo. Con independencia de la valoración que cada cual haga de esa selección (uno está en desacuerdo, matizo), cuatro de los cinco elegidos vive fuera de Extremadura y fuera de aquí ha desarrollado su tarea literaria o artística. Es lo mismo que ha ocurrido -ya se comentó aquí- con los "excelentes" de la última campaña publicitaria de Marca Extremadura: de los cinco (recuerdo: Sánchez Silva, Berta Collado, Soraya, Calderón y Adalid) sólo uno, el escritor, vive y trabaja aquí y, más aún, aquí lo ha hecho siempre.
Se dirá que habíamos dejado claro -yo el primero- que lo del "dentro" y el "fuera" era una trampa. Sí, es verdad, pero sólo hasta cierto punto. La idea que se traslada, muy peligrosa, es de que sólo "fuera" se puede conseguir el éxito. ¿A quién le extraña entonces que los jóvenes se vayan? Vamos a tener que aplicar también aquí lo de las cuotas. Quiero decir que lo que ha hecho -lo que hemos hecho, mejor- la generación que ha crecido arística o literariamente con el Estatuto de Autonomía a lo largo de los últimos, celebrados 25 años es algo más que limitarse a escribir libros o a pintar cuadros. Y ese trabajo añadido se ha realizado "desde dentro"; en lo literario, a través de múltiples iniciativas culturales, de las Aulas Literarias a los Talleres de Relato y Poesía pasando por los Clubes de Lectura y las lecturas en centros educativos y bibliotecas de toda la región gracias a los planes de fomento de la lectura de distintas instituciones, públicas y privadas. Es un agravio llamativo, y un pelín impertinente, el que se ejerce contra quienes con el mismo "reconocimiento nacional" son sistemáticamente silenciados a favor de escritores y artistas a los que, por cierto, no siempre cuadra, si nos ponemos rigurosos, el adjetivo "extremeños". ¿No merecen Gonzalo Hidalgo Bayal, Julián Rodríguez o Eugenio Fuentes la misma consideración? Me temo que son los mismos complejos que se denuncian los que obligan a nuestros políticos y periodistas a caer sistemáticamente en el mismo, desinformado error.
Un caso: el de Ángel Campos Pámpano. El próximo jueves, en presencia del Presidente de la Republica, le entregan en Guarda el Premio Eduardo Lourenço por su larga y excelente tarea de traductor de poesía portuguesa al español. No podrá recoger personalmente el galardón por razones de salud, pero no por eso dejará de representar la excelencia de esta región y de sus letras. Alguien que viene siendo, además, un agitador cultural de primer orden y un poeta también excelente, lo que se aprecia a la legua al leer su poesía completa, recién publicada por Calambur.