31.12.10

Vuelve Sciascia

Del mismo modo que se nos recomiendan alimentos y bebidas depurativos (frutas y verduras) tras los atracones navideños, uno propondría leer a Leonardo Sciascia para alivio de nuestro quebrantado espíritu; cansado, hinchado y dolorido tras la ingesta anual de sapos y culebras derivados, sobre todo, de la crisis. Por ejemplo, la nueva entrega vacacional -invierno y verano- que, según sana costumbre, hace llegar a las librerías Tusquets, la fiel editorial española del ejemplar escritor siciliano. Se trata de El caso Moro, un texto moral ("una obra de verdad", según su autor) del todo apropiado para estos tiempos convulsos de estresante política nacional cada vez más italianizada (ver la Telecinco de Berlusconi), con el terrorismo de nuevo en los titulares por aquello de los rumores (que son clamores) sobre el final de ETA.
Cuatro páginas, de la 52 a la 55, habrían justificado la reflexión de Sciascia sobre el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro, por parte de las Brigadas Rojas, concluida en Racalmuto el 24 de agosto de 1978. El libro incluye, además, una cronología del caso y el Informe de la comisión parlamentaria de investigación que presentó el propio escritor como diputado del Partido Radical. Sciascia en estado puro.

30.12.10

De Moñino

Todo lo que se diga aquí (y en cualquier parte) a propósito de don Antonio será siempre poco. Con motivo de la celebración del primer centenario de su nacimiento, siguen sucediéndose hechos trascendentes. Los que más me importan, por aquello de mantenerse fiel al espíritu del maestro (éste sí), vienen en forma de libro. Así, el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura y la Editora Regional publican una edición facsimilar de El Criticón, Papel volante de Letras y Libros continuación del fundado por B. J. Gallardo, una revista en dos entregas a la que ha puesto una explícita nota preliminar Miguel Ángel Lama, que también ha cuidado la primorosa edición.
Donde de forma cabal -acaso ninguna introducción mejor- se ve la altura intelectual y moral (tanto monta) del de Calzadilla de los Barros, es en el libro de otro profesor de la Universidad de Extremadura -como Lama, discípulo de Juan Manuel Rozas, otro moñiniano de pro-, José Luis Bernal Salgado, que reedita en la recién mencionada Editora parte de un viejo Cuaderno Popular bajo el título: Antonio Rodríguez Moñino, un extremeño universal. En este adjetivo centra Bernal su informado y afectuoso acercamiento, ya que Moñino nunca dejó de ser de aquí al tiempo que de cualquier parte, como los mejores extremeños que en el mundo han sido. Bibliófilo, decíamos, "a lo Gallardo", y bibliógrafo, "a lo Menéndez Pelayo", su ejemplo no deja de darnos la clave sobre nuestra mejor manera de estar en la literatura y en los libros; en la vida, en suma.Y ya que la menciono, ¡vaya la que él tuvo! Por culpa de la maldita Guerra Civil, sí, pero sobre todo, por culpa del franquismo que le negó siempre el pan y la sal, si bien nunca pudo doblegar su voluntad de "hombre de letras" (como prefiere Sciascia, en la estela de Voltaire y de su época). Ya digo que leer la obra de Bernal da todas las claves para comprender una existencia tan intensa como difícil, llena de logros en el campo de la bibliografía y la filología, pero no sólo, pues es imposible obviar su magisterio en el hispanismo o su faceta como editor (en Castalia y al fundar Revista española).
Parafraseando a Gerardo Diego (otra persona importante para él), Bernal deduce que la vida del último académico extremeño de la Española fue "un único libro interminable". Con todo, uno se queda con las famosas palabras que abren "Construcción crítica y realidad histórica en la poesía española de los siglos XVI y XVII": " Yo no pretendo ser un crítico, sino más bien un bibliógrafo; es decir, para el común de las gentes, el hombre que copia fielmente portadas de libros, señala los exactos milímetros del volumen, cuenta con minuciosidad folios o páginas y organiza catálogos de autores, series y bibliotecas. Tal vez, para desgracia de ese papel de bibliógrafo, tengo la debilidad de no considerar al libro sólo como unidad catalográfica, sino como expresión material de pensamiento y sensibilidad: quiero decir que los leo".
No puedo dejar pasar la ocasión sin mencionar otra obra recién rescatada, me refiero a la preciosa edición de Pasión y muerte del arquitecto. Un enigma bibliofílico. (Homenaje a la memoria de Don Antonio Rodríguez Moñino, de Gerardo Diego, publicado en los Pliegos de la Sorpresa, de la Fundación que lleva el nombre del poeta, a la que se acompañan el facsímil del curioso poema de Moñino (que siempre fue un poeta secreto e incluso llegó a presentarse al Adonais) y Nota a la edición de un enigma, de José Luis Bernal (que en su biografía de Moñino incluye, entre otros textos, ese Tiempo apócrifo de la Fábula de X y Z publicado por primera vez en 1934).

Veiga

Ha muerto Manuel Veiga, un político digno de tal nombre. No es poco en estos tiempos. Hizo mucho por la provincia de Cáceres y, lo que es más raro, por la ciudad de Plasencia (ay, me sale la vena araciana). Y por Extremadura, claro. Estuvo presente en una rara presentación de Ensayando círculos que tuvo lugar en Montehermoso un sábado por la mañana. Todo un detalle. Juan Domingo Fernández escribe en Hoy una justa necrológica.

29.12.10

Desde Aracia

Ya di cuenta aquí hace poco de la salida de la primera novela de Juan Ramón Santos, Biblia apócrifa de Aracia (Del Oeste Ediciones), y de mi intención de leerla cuanto antes. Acabo de dar esa lectura por concluida, siquiera por ahora. Porque no es una novela al uso (de las que a uno no le gustan, de las que se justifican con el descubrimiento del asesino y poco más), sé bien que he de volver, más pronto que tarde, sobre algunas de sus páginas.
La única reseña que a día de hoy ha aparecido, firmada por uno de nuestros críticos más veloces, Simón Viola, es elocuente. Yo, que crítico no  soy, prefiero limitarme a declarar el feliz entusiasmo con que la he leído, lo mucho que he disfrutado con ella y la pena que me ha dado llegar al final. Lo veía lejano, no es delgado el volumen, pero...
A sus muchas virtudes literarias (remito de nuevo a Viola), uno puede añadir un detalle -menor, sin duda-. que ha iluminado esa gozosa lectura. El de sentirse de Aracia, Murania, Ochavia, Labriegos, Pedregal o... Plasencia, lugares por donde transcurren las bien tramadas historias que componen esta novela bíblica.
Tras un arranque potente, a modo de génesis, confieso que algún capítulo de la primera parte de "De lo antiguo" me despistó, tal vez por su carga histórica, pero el desvío fue momentáneo. No estamos, ni por asomo, ante una novela "histórica". Ni siquiera tuve que esperar a la segunda parte para comprobarlo. Bastaría citar la palabra lenguaje para conjurar la mención de ese espurio género de moda. Lo que vino después fue incrementando, a un tiempo, mi velocidad de lectura y mi afán lector. Ya en "De lo nuevo", me rendí definitivamente ante "La pasión según Mateo", seducido por una narrativa que proclama con la debida naturalidad, sin afectación, la noble estirpe de la que proviene. Los homenajes a Borges, Ferlosio o Hidalgo Bayal, por citar a tres escritores de referencia, dan buena cuenta de ello. ¡Qué gusto da leer a Santos!
Nada más enojoso que los impertinentes comentarios sobre el argumento cuando de una novela se trata. Por eso lo dejo aquí. Que cada cual, si así lo decide, se adentre en este mundo de mundos, en este tiempo de tiempos, que es Aracia y no es Aracia. Y que los críticos reciban, por largo y con elogios, esta venerable escritura.

28.12.10

Las Moradas

La antología de Prieto de Paula vuelve a los blogs por Navidad. Al de Ramón Acín y a Culturamas.

26.12.10

De monasterios

Leí un breve comentario de Calvo Serraller, me picó la curiosidad y busqué noticias en internet. Mi sorpresa fue comprobar que la primera entrada de Google remitía... ¡al blog de Gonzalo! Sí, dos días sin entrar allí  (la suya es un bitácora tranquila) y...    
Un tiempo para callar (Elba, traducción y prólogo de Dolores Payás), de Patrick Leigh Fermor, era el objeto de mi búsqueda y el libro que él ya estaba leyendo. Uno hizo lo propio ayer, aprovechando el silencio de la mañana de Navidad en una casa donde todos dormían. Tres visitas a tres monasterios (Saint Wandrille y la Gran Trapa, en Francia, y los rocosos de Capadocia, donde empezó todo) y las reflexiones que esas estancias provocan en un viajero británico que busca tiempo, calma y silencio para escribir bastan para urdir una memorable obra que va resistiendo las reediciones como las piedras de esos lugares de la meditación y la clausura aguantan el implacable paso del tiempo, siquiera sea en forma de ruinas, cual los cenobios ingleses tras la Reforma.
Reconoce Fermor que esos sitios le "afectaron de modo profundo" y eso se nota cuando leemos sus apretadas páginas sobre la vida contemplativa. "Fuera de estos muros, le dijo el abad de Saint Wandrille, se hace un gran abuso de la palabra". De esta lección aprendida en ese periplo ejemplar puede haber surgido la decisión de escribir sólo lo justo. Así la escasa  pero muy apreciada obra de este sir que fue espía durante la Segunda Guerra Mundial (haciéndose pasar por pastor) y que, por lo que cuenta Payás en su introducción, ha llevado una vida que es en sí misma un apasionante libro. Nonagenario, pero vivo, reside en una casa frente al mar, al sur de Grecia.
En uno de los prólogos (a la reedición del 82), Fermor menciona, entre otros, su paso por dos monasterios extremeños: Yuste y Guadalupe.

24.12.10

Felices Fiestas

Recibe uno estos días multitud de felicitaciones. De amigos del alma, de simples conocidos e incluso de gente a la que no conozco de nada. Empalagosas o llenas de encanto. Originales o demasiado vistas. Suele también uno enviar unas palabras por estas fechas. Este año dejo aquí mis mejores deseos. Para quienes leen este blog que, año a año, se ha ido convirtiendo siquiera en un refugio. Seguimos. Un abrazo, Álvaro.

22.12.10

Listas

Ya empiezan a salir las dichosas listas de los libros del año. Abre la de Babelia (El País). Me sorprende, para bien, que entre los diez primeros haya dos de poesía: la reunida de Yeats para Pre-Textos (traducido por Rivero Taravillo) y Tarde o temprano, de Pacheco, en la edición de Tusquets-Nuevos Textos Sagrados. Entre los diez siguientes, otros dos poetas: Blas de Otero y Juan Antonio González Iglesias. Ah, me hace ilusión ver por ahí a muertos tan vivos como María Zambrano y Canetti. ¿Será que la literatura triunfa a pesar de todo? Incluso de los suplementos literarios.

El río

Miras sus aguas negras.
Presagio y sintonía.
Corriente abajo.

21.12.10

Ay, Moñino

En mis segundas "debilidades", eliminé al final un: "Si Moñino levantara la cabeza...". Ahora creo que debí mantenerlo. De lo que sí se alegraría el bibliógrafo extremeño es de la publicación del número 4 de la revista Alborayque, donde varios especialistas rescatan la memoria de un grupo de paisanos exiliados, los que se embarcaron en el Sanaia rumbo a México en 1939. No he recibido aún el ejemplar (ni sé si llegará, me parece que también me han echado de ese comité), pero intentaré hacerme con uno. Trazos dedicó en su última entrega varios artículos al asunto. Sobre científicos, escritores, etc. No todo va a ser desidia y mediocridad en este nuestro destierro.

El día que la Esteban fue portada de El País

El domingo fue un día triste para quienes nos hemos educado sentimentalmente (y mucho más) con el diario El País, el mejor periódico español, prensa de referencia, mal que les pese a algunos. Es verdad que ese diario ya no es lo que era, Wikileaks mediante. Lo vino incluso a denunciar en verso Jorge Riechmann hace años.
Estaba viendo CNN+ el pasado viernes (nos queda poco, otra lástima), cuando desde su redacción nos anunciaron que la portada del suplemento El País Semanal sería para Belén Esteban. Increíble. Como si no fuera suficiente con encontrarse con ella en todas partes, especialmente en esa cadena basura llamada Tele 5. Sin querer y queriendo, matizo. Ahí y en todos lados, ya digo, casi todos poco recomendables. Y para nada, que es lo grave. Verla ahora en El País y nada menos que en portada... He pasado deprisa y con cierta rabia por las páginas de su publireportaje (¿o es periodismo de investigación?) y me ha dolido todavía más verla entre Moneo y Semprún. Los sociólogos dirán lo que quieran. Lo mismo que algún que otro Premio Ondas. Uno, que representa lo peor de una España sin sustancia, en crisis y a la deriva. La peor posible. Víctor, cómo hemos llegado a esto.

20.12.10

Aramburu en Plasencia

Foto: Juan Ramón Santos
Fernando Aramburu pasó por el Aula de Literatura "José Antonio Gabriel y Galán". Nos habló de su última novela, Viajes con Clara por Alemania (Tusquets) lo que le permitió ir mezclando, por una parte, la historia en sí y su relación con ese país -que es tanto como decir más de media vida-, y, de otra, su poética, su forma de concebir la literatura y, en concreto, la novela. No faltaron las risas -o, mejor, las sonrisas-, las mismas que uno recuerda lal evocar ese delicioso libro (del que leyó algún párrafo significativo), ni la agudeza de ingenio, ni la ironía, ni ninguno de los ingredientes que caracterizan una de las prosas más genuinas de nuestro panorama.
Nos dijo que también iba a hablar de su poesía, recientemente reunida en Yo quisiera llover (Demipage), pero, tras un breve comentario sobre su pasado lírico, se limitó a leernos un poema (un soneto en prosa (sic), para ser exactos) que despejó cualquier duda al respecto. Por su elocuencia.
Podría haber terminado ahí la sesión, pero el público tuvo ganas de preguntar y en eso se nos fue otro rato de lo más entretenido.
Caminamos con él, calle del Rey abajo, y charlamos un rato, con Gonzalo y Juanra, en el Torero. Luego se fue a cenar con sus anfitriones placentinos. A la mañana siguiente tomamos un café y volvimos sobre lo mismo: la vida, la familia, los libros, el trabajo... Lo normal. Le queda a uno un regusto dulce de ese fugaz encuentro. Un doble convencimiento acerca de Fernando Aramburu: que es buena gente (un tipo "de verdad," que diría uno de su país natal) y un excelente escritor. Lo que no puede decirse, ay, de cualquiera.

19.12.10

César Martín Ortiz

Maria Jesús Manzanares me informa de la muerte, el pasado jueves, del escritor salmantino, afincado en Jaraíz de la Vera, César Martín Ortiz. Una desagradable sorpresa. Ni siquiera sabía que estuviera enfermo. María Jesús recuerda en su blog la publicación del librito de Alcancía y publica uno de sus cuentos. Uno, por su parte, se acuerda de cuando le pedí un texto para Gavetas de Gavetas, el homenaje de la Editora Regional a Fernando Pérez con motivo de la primera decada de esa colección que tantas satisfacciones le diera, donde apareció su libro Nuestro pequeño mundo (2000). Un libro, por cierto, que como otros de La Gaveta fue acogido muy favorablemente por la crítica nacional; por ejemplo, en una reseña de El Cultural firmada por Ricardo Senabre.
Me costó dar con CMO para que colaborase en el citado homenaje. Lo curioso del asunto es que apenas dos días después de hablar con él por teléfono me lo encontré en la calle de Los Quesos, aquí en Plasencia. Fue la única vez que estuve con él cara a cara. Era aún más huidizo como yo.
Su obra breve pero necesaria, apenas un puñado de poemas y otro de cuentos, merecería ser reunida y editada debidamente. Ojalá alguien tome esa iniciativa.

18.12.10

Cómo hemos llegado a esto

Este es el desenfadado título que le ha puesto Víctor Martín Iglesias a su primer libro de poemas. Da una buena pista acerca de lo que se va a encontrar dentro el lector. El dibujo de la cubierta (basado en el juego del ahorcado) incide en lo mismo. Una mezcla de (aparente) ingenuidad y poesía bien calculada pueden ser el santo y seña de los versos del último poeta placentino (del 85) que se incorpora a la ya larga lista de los que por aquí han nacido. Si el penúltimo, Álex Chico, a pesar de vivir en Barcelona, seguía con la tradición, bastante arraigada, de publicar su primera obra en la tierra, VMI lo hace en la editorial Casavaria, que tiene su sede en New Jersey, U.S.A. No en vano, estudia y trabaja en Pensilvania (Universidad de Villanova), después de haber pasado por las ciudades de Cardiff y Lieja. Eso por no citar otros viajes -de Hispanoamérica a Nueva Zelanda-, lo que viene a demostrar cuan lejos están sus circunstancias vitales de las de otros vates locales encerrados de por vida entre estas murallas a las que, por cierto, alude.
Mucho desparpajo, ya se dijo, mucha irónica autobiografía, mucha claridad vital, sí, pero todo vestido con gran precisión y efectividad líricas, con un bagaje de lecturas detrás que ni chirrían ni se manifiestan de forma descarada; artes dignas, en fin, de un poeta que desde su ópera prima merece tal título.

17.12.10

Gente Sapiens, por Fernando Aramburu

"Profesan el oficio urticante de ejercer la lucidez en público. Antaño dicha actividad podía depararles multas, cárcel, destierro, alguna aplicación mortal de la justicia. Hoy, democracia mediante, el poder neutraliza a los intelectuales (sobre todo cuando se dejan) por la vía dulce de los honores, los cargos, las prebendas. Algunos ciudadanos se los quitan de encima cambiando de canal o saltando páginas del periódico hasta alcanzar las deportivas, con preferencia las del fútbol, que es el opio moderno del pueblo. Pero, sin ellos, ¿quién alumbrará con razonamientos lo que nos pasa, lo que nos hacen, lo que intentan hacernos creer? ¿El actor y la famosa? ¿El militante interesado? ¿Las habituales cafeteras de opinar? Admitamos o no sus ideas, los necesitamos para poder ver más allá del insulto y el eslogan; para conocer esas cosas raras: la ecuanimidad, la agudeza, la templanza; para que continúe encendida la llama crítica". © El Cultural