1.4.13

Pobre enseñanza

Fotografía / archivo ccch












Le cuesta a uno entender el afán de la derecha (madrileña, sobre todo) por emporcar el prestigio de los profesores y maestros de la enseñanza pública. Una labor tenaz y concienzuda a favor, claro está, de la enseñanza privada y concertada. Y del adoctrinamiento. Y del negocio.
Apenas unos días después de que la encuesta del CIS calificara la docencia como la segunda profesión mejor valorada por los españoles, han vuelto a la carga. Esta vez a propósito de unas pruebas de oposiciones que vendría a demostrar, una vez calificadas, la infame categoría de los aspirantes a enseñar a sus hijos, por más que los dirigentes de ese partido y la mayor parte de sus militantes no lleven a los suyos a un centro público. ¡Bah, funcionarios! Le recuerda a uno esa expresión tan castiza (lo mismo da para la pintura que para cualquier otro empeño artístico o no) de "eso lo hago yo". Y mejor, por supuesto. Dar clase, por ejemplo.
Hasta Juan Manuel de Prada lo reconoce en XLSemanal : "No entraremos aquí a juzgar las razones por las que se han divulgado datos tan oprobiosos. Puesto que vivimos en una sociedad enferma, en la que el rifirrafe ideológico es el pan nuestro de cada día, no me extrañaría que su intención no fuese otra sino justificar ante la opinión pública los recortes de la escuela pública, perjudicando así las reivindicaciones profesionales de los maestros, y la consideración que a los buenos y heroicos maestros debe tributarse".
A la educación se refiere también, desde otra vertiente, Antonio Muñoz Molina en su último artículo de El País. El final es excelente. Hablar de este asunto, ya se ve, imprescindible.
La caída en los gastos de personal ha ocasionado que este curso haya habido 62.000 profesores interinos menos, justo cuando aumentaba la población escolar. Si a eso le unimos la drástica bajada de las partidas a colegios e institutos, ¿a quién le extraña que la enseñanza pública de este país se vaya a pique? Si no lo hace es, precisamente, por la profesionalidad de los denostados docentes, capaces de capear cualquier temporal a costa de profesionalidad, vocación y no poco entusiasmo. A pesar de las bajadas de sueldo y la consiguiente pérdida de valor adquisitivo.
Lo que da verdadero asco, insisto, es que día sí y día también las presuntas autoridades educativas, en un ejercicio de irresponsabilidad que raya lo insultante, se empeñen, en ensuciar el buen nombre de quienes tienen la suprema resposabilidad de educar (y de enseñar, sí) a los futuros ciudadanos españoles.
Alguno, en un alarde de desvergüenza digno de nota, ha llegado a decir que lo importante, en contra de lo voceado por culpa de la citada prueba, no es tanto haber aprobado una oposición como empatizar con el alumno y ser cercano a él. Sí, de acuerdo, pero ¿en qué quedamos? Antes, ahora y siempre, un maestro de Primaria o profesor de Secundaria que haya pasado una oposición estará más acreditado para enseñar que uno que no lo haya hecho, excepciones mediante. Y ello sin necesidad de poner en cuestión la capacidad de cuantos trabajan en la privada o concertada.
Aun siendo verdad aquello de que no humilla quien quiere, cuesta mucho no desazonarse ante tan persistentes y dañinos ataques. Tanto como ponerse cada día delante de nuestros alumnos -a los que les llegan, sin duda, esas milongas-, y, por añadidura, enfrente del escrutinio de sus padres y madres, no siempre dispuestos a razonar la verdad y a no dejarse llevar por esa maldita, terca propaganda. No será Wert quien nos defienda. Ni su inminente, nefasta ley. Eso sí, quienes trabajamos en la enseñanza pública seguiremos luchando a favor de la dignidad, que nadie lo dude. A los hechos me remito. Por eso quiero terminar esta ingenua pero indignada reflexión, que coincide con la vuelta a las aulas, con un caso de mi propia experiencia. Hace unos años, en 2009, formé parte de un tribunal de oposiciones y este próximo julio estaré (sin remedio) en otro. Pues bien, lo que encontré fue a gente joven muy preparada que, por desgracia, aspiraba a pocas plazas (este año, ni les cuento). Gente que da sopas con ondas a muchos mequetrefes de los que ahoran sacan pecho a falta de sentido común e inteligencia. Gente, ay, muy mal educada.

31.3.13

Llera en prosa

Hace casi un año que comenté aquí la aparición de una oportuna antología, El desierto está creciendo, de José Antonio Llera, en las Ediciones Liliputienses de Cumbreño, donde se lanza una segunda edición ampliada. Un libro de apariencia modesta, como el anterior, pero más bonito. Lo importante y novedoso: el avance de Cuidados paliativos, prosas de un diario inédito que, más allá de mi gusto particular por el género, anuncian una obra importante y a un prosista de calado. El cine, la memoria, la literatura... 
"Me he criado en una tierra en la que la palabra "delicado" era sospechosa y siempre se usaba con carga peyorativa. "Ese niño es muy delicado con las comidas", confesaban las madres malhumoradas a las amistades de la familia". 
En fin, queda uno a la espera de más. Eso sí, a su condición de poeta, este lector añadirá a partir de ahora la de prosista. Con el mismo agrado.


29.3.13

Ríos

El Jerte por Plasencia / Chema Trujas


















"Los ríos no consuelan, requieren un corazón alegre; lo mismo el Sena, que el Támesis, que el Nilo. Los ríos siguen su curso y te dejan siempre atrás con lo que tú arrastras, amarguras, tormentos, desesperanza. El mar libera. Una persona a la orilla de un río: una de las imágenes más tristes que uno pueda imaginarse". Yorgos Seferis, 11 de octubre de 1943, Diarios.

28.3.13

Carta de Segovia

Fotografía de José-Manuel Benito















La otra mañana, mientras hacía tiempo para recoger a mi hijo, entré en una cafetería de Conde de Sepúlveda a tomar un té. Vi que un parroquiano tomaba un periódico de un estante colocado en una esquina de la barra y me dirigí hacia allí en busca de otro. Elegí El Norte de Castilla. Mi sorpresa llegó cuando, ya mediado, me encontré con La Sombra del Ciprés, el suplemento literario del insigne diario castellano. Lo ojeé y al salir fui directo al kiosco de enfrente a por un ejemplar. El grueso del número (que hacía el número CXXVIII) estaba dedicado a Alice Munro. Pero había mucho más. Artículos y reseñas firmados por escritores conocidos: Carlos Aganzo (director del Norte y poeta, amén de fundador, me dicen, del invento), Luis Marigómez, Miguel Casado, Adolfo García Ortega, Fermín Herrero (muy chino él), Cristina Peri Rossi, L. A. de Villena... Para cerrar, Gustavo Martín Garzo que dedicaba uno de sus preciosos textos a los monjes de mi paisano Zurbarán. Precisamente a su hija (y de Esperanza Ortega), Elisa Martín Ortega, le dedicaban un reportaje en la sección de Cultura (que allí aún existe, querida Merche), con motivo de la presentación de su libro El lugar de la palabra (Ediciones Cálamo), un interesante ensayo (que haré lo posible por leer) acerca de las relaciones entre la Cábala, y otras corrientes de la mística judía, y la poesía, centrada en la obra de contemporáneos como Borges, Gelman, Valente y Nicoïdski. 
Qué envidia, vuelvo al suplemento, poder echarse cada sábado a los ojos semejante cúmulo de reseñas y otros escritos, sin escatimar papel ni excelentes colaboradores. Hay distintos vocentos en Vocento, sí.
Picado por la curiosidad, y aún con tiempo, entré en la bonita librería Diagonal, allí mismo, por ver si tenían el último libro de la mencionada cuentista canadiense. Me atendieron muy bien las libreras (que me recomendaron algún que otro best seller y la novela de Carrasco), pero, a falta del libro buscado y de sección de  poesía (menos que simbólica), salí con un ejemplar de Más afuera, de Franzen, que tampoco está mal.
No llovía ni hacía demasiado frío. La ciudad, al sol, me pareció más dorada que nunca, como la piedra de su luminosa catedral. Lo primero que uno ve al llegar a Segovia. Lo último que pierde de vista.

27.3.13

Una antología de Jiménez Lozano

José Jiménez Lozano no es menos secreto que la poesía en general. La suya y la de todos, o casi. Quiero decir que ni siquiera el Premio Cervantes, el más alto honor de las letras hispanas, le han sacado de las catacumbas en las que, por citar a Octavio Paz, habitan los poetas y, cómo no, sus versos. 
La editorial sevillana Renacimiento vuelve al rescate y publica una antología de sus poemas bajo el título de El precio. De la selección y el prólogo se ha ocupado el poeta Enrique García-Máiquez; alguien, se nota, que sintoniza a la perfección con la poética de este autor tardío, en lo que a la lírica se refiere, e intempestivo.
En efecto, "poemas impagables", a pesar del título elegido, son los de JJL. Lecciones de esenciales maravillas, que lindan con lo que de milagroso tiene la vida, escritos con la humildad del que cree. En Dios, en la verdad y la belleza de las palabras, en los atardeceres, en el canto de los pájaros, en la poesía de Emily Dickinson, en el metafísico paisaje castellano... Imposible confundir valor y precio.
Por seguir al prologuista, JJL es un "intermediario" entre lo sentido y pensado, a modo de don o regalo, y lo escrito. Un "cisterciense" en sus modales estéticos. Un hombre que recurre a "la ironía con frecuencia, al sentido común a menudo y a la piedad siempre". Alguien que ha dado a luz una poesía de sugerentes tonos grises. Pobre, en la estela del santo de Asís, tan de moda ahora. Humanista, por encima de todo. Que escribe una poesía "de los adentros". También "de la compasión", porque está pendiente del otro, al modo que lo entiende Lévinas.
Si ya conocen al poeta y es de los suyos,  adelante. Si no han leído sus poemas, la ocasión es magnífica. Y a buen precio.

26.3.13

La encina solitaria

La fotografía que corona este blog es obra de Nicanor Gil y la puse hace tiempo al frente de mi rincón de Facebook. Clausurado aquel sitio, me apetecía colocar aquí esa bonita imagen de aires leopardianos. Vi que se podía y lo he hecho. 
Es el título de un poema que publiqué por primera vez, en septiembre de 2009, en la revista Las razones del aviador. También compruebo que está en el Blog de la biblioteca del IES Maimónides de Córdoba. 
Esos versos dan forma a una poética y resumen, creo yo, una fe de vida. Aunque no explícitamente, están dedicados a la memoria de mi padre.

Aramburu lee a Irazoki

Territorios. El Correo

25.3.13

Oficio de lector

El que a uno le gustaría tener. Quizá porque uno ha adaptado el viejo lema que Plutarco puso en boca de Pompeyo: Leer es necesario, escribir no es necesario. Ése es, en todo caso, el título que ha elegido José Manuel Caballero Bonald, Premio Cervantes, para agrupar sus lecturas, las de un montón de libros, obras de autores a los que ha leído a lo largo de sus muchos años de vida. 
Mi primera impresión ante el regalo (gracias, Nahir) fue: bien, un bonito libro de ocasión, para lucir en los fastos del Cervantes. Me equivoqué. No siempre esa inicial emoción es la que cuenta. Sucedió apenas empecé a hojear, sin orden, contra mi costumbre, el volumen de Seix Barral. Es verdad, diré en mi descargo, que no recordaba esta faceta de CB, la de crítico que, desde ahora, habrá que añadir a las otras: la de poeta, ante todo, novelista y memorialista. O la de estudioso del flamenco y hasta del arte. Sí, tenía en mente su libro sobre Espronceda y la edición de la poesía de Cervantes que preparó para Seix Barral, con todo...
Por volver sobre un tópico, está claro que detrás de todo gran escritor (de todo escritor a secas, si se prefiere) hay un gran lector (o uno bueno, que cada cual elija). Es el caso. No es sólo que CB imponga con naturalidad su fundado criterio, que sea capaz de razonar, con la debida claridad, sobre lo que otros han escrito y que lo haga, ya digo, con sobrada elocuencia; además, lo hace en su particular estilo, esa manera de escribir única, incomparable en el ámbito de la lengua española (que él se empeña en defender, al modo de Carlos Fuentes, sin fronteras) y, para colmo de bienes (al menos para uno), incorpora a sus sensatas y sensibles apreciaciones datos y recuerdos de su memoria personal, algo que convierte a los textos en materia literaria de primera y los aleja, para bien, de cualquier afectación y, en consecuencia, de cualquier atisbo de academicismo y de cualquiera de los rasgos de esa prosa específica y rebuscada que gastan muchos críticos doblados, a veces, de profesores, aunque a este respecto haya un texto magnífico que lo desmiente: el dedicado a Emilio Alarcos.
Porque, como diría José Emilio Pacheco (y a uno le gusta repetir) "no leemos a otros, nos leemos en ellos", podemos añadir a las enseñanzas del libro una más: la de su propia poética, que vamos rastreando entre las opiniones vertidas por CB sobre la literatura de éste o de aquél.
Para evitar, supongo, cualquier parecido con una obra destinada a otro público que no sea el lector, se ha prescindido de las referencia a la fuente de los textos y tan solo se fechan al final. Entre los cincuenta y el presente.
El índice de lecturas es amplio y diverso, otro atributo de inteligencia. Si nos centramos en la poesía, va de clásicos como el citado Cervantes, Góngora, Quevedo o San Juan de la Cruz hasta JRJ, Machado y Eliot. El grueso está formado por las obras de sus compañeros de generación (para bien o para mal, el Grupo del 50). Los canónicos: Valente, Claudio Rodríguez, Ángel González, Gil de Biedma, Barral..., y otros, como Manuel Padorno, Ángel Crespo o Tomás Segovia. No faltan los americanos, por supuesto (su estancia en Colombia y, antes, su paso por el Colegio Mayor Guadalupe de Madrid, le curaron de esa miopía tan nuestra): Cote y Gaitán Durán, los amigos, y Neruda, Vallejo, Lezama, Mutis, Orozco et alii. Ni los del 27: Guillén, Lorca, Alberti, Aleixandre... No faltan menciones fundamentales, a Gil-Albert, por ejemplo, o Pablo García Baena (que estaba a su lado en un reciente encuentro madrileño donde los pude saludar). 
Pero no sólo ha leído CB a los poetas. Por esas páginas pasan también Bowles, Camus, Onetti, Vargas Llosa, Rulfo, Hortelano y un largo etcétera que no puedo citar aquí. Eso sí, hasta sus coetáneos, no más. Al igual que hizo con sus memorias, hay una raya temporal que no ha querido cruzar.
Vuelvo al índice, donde empecé a señalar con un punto los capítulos que iba leyendo, y me sorprende comprobar que, contra todo pronóstico, ya he marcado casi todos.
Un libro necesario éste del poeta jerezano afincado entre Madrid y Sanlúcar, al pie de su querido Coto de Doñana. Mirada plural, abarcadora de un mundo que no cabe sino entre las hojas de los libros. Libro que viene a justificar una vez más, por si eran pocas, su condición de escritor total, digno de ese premio que se le concede el próximo mes y que lleva el nombre de su amado Cervantes. ¡Qué bien leído, maestro!

24.3.13

El Roto

El País

Un tal Floriano

Ya dijo uno hace mucho aquí que el tal Floriano daría que hablar. Le conocíamos de sobra en Extremadura como para presuponer su gloriosa carrera política en Madrid. Se quedó uno corto. Tras resucitar a González Pons, al que sustituyó como portavoz popular, anda por los periódicos y las tedetés amigas, por las radios hermanas para defender lo indefendible y para hacerlo, además, de la peor manera posible. ¡Qué bien se explica este hombre! Y luego se quejan de los pobres maestros. Cómo lo hará que hasta Javier Marías se ha fijado en él, todo un honor. En un artículo publicado en El País Semanal le dedica esta frases: "Pero, con todo, no me digan que no tiene gracia que el mayor hazmerreír del momento, un tal Floriano, se ponga un día ante las cámaras, con sus espantosos corbatones de gangster secundario, y suelte que es imposible despedir legalmente a un tal Sepúlveda, ex-marido de ministra implicado en la trama Gürtel, y a la mañana siguiente sus jefes despidan a ese ex tan legal y tranquilamente." También le menciona al final: "Hay días en que uno se sobrepone al panorama tétrico, y entonces lo ve todo tan chistoso que, lejos de unirse a las voces que piden la dimisión de este Gobierno y de otros políticos de diferentes partidos, desea que duren, que no se vayan, que sigan haciendo el idiota y soltando memeces, provocando la irrisión de la ciudadanía, rizando el rizo de la majadería, justificando los desmanes y embustes con razonamientos ridículos (es un decir, lo de razonamientos); y que continúen exhibiendo en televisión a ese Floriano que, si no fuera tan atravesado, guardaría cierta semejanza con Chico Marx, el soso de los famosos hermanos; con sus corbatones. No me digan que, dentro del desastre, no es un detalle que nos diviertan tanto". ¡Cómo estamos quedando! El paso siguiente será recordar que el personaje es extremeño. Como antes. Ya están tardando. Veremos. 

23.3.13

Carta de Mordzinski

Queridas amigas y amigos,
créamen si les digo que no me queda más remedio que molestarles con esta historia... porque la historia lo merece y porque ustedes, queridos amigos, son los únicos que la pueden sostener. Acaso con su firma de apoyo, pero eso ya lo verán mejor que yo.
La indignación y la pena me devoran y me digo que treinta y cinco años de retratar las letras no merecen que me rinda ahora; y menos ante un hecho como el que les quiero, necesito relatarles:
Durante más de diez años utilicé, en virtud de la alianza entre El País y Le Monde un despacho en el séptimo piso de la redacción parisina del vespertino, donde guardaba miles de negativos y diapositivas originales, que hace unos días desaparecieron, así, sin más. Miguel Mora, el corresponsal de El País en Francia, llegó el 7 de marzo último a este despacho y se encontró con que lo habían vaciado totalmente sin avisarnos y que todas nuestras cosas habían desaparecido. Nos pusimos a buscar y encontramos en un sótano el gran archivador --que yo mismo pinté de negro hace 10 años--. Nadie sabe ni quiere saber por qué decidieron "desaparecer" mi trabajo de toda la vida. Miles de fotos tomadas a lo largo de veintisiete años. Veintisiete años de esperas, nudos en la garganta, noches en vela, revelados angustiosos... Más allá de la injusticia y del absurdo, me encuentro con la gran paradoja de que Le Monde brinda sus mejores titulares --y estoy seguro de que con los más sinceros sentimientos-- para defender la libertad de expresión en Asia, el respeto por las tradiciones cuando hay una guerra o una catástrofe en exóticos lugares como Afganistán, Bosnia o Mali, pero miles de fotografías, centenares de dossiers con la leyenda «Cortázar», «Israel» «Escritores latinoamericanos», «Semana Negra de Gijón», «Carrefour de littératures», «Saint Malo», «Mercedes Sosa», «Astor Piazzola» etc, no les dicen nada y tiran todo a la basura sin consultar nada a nadie.
Necesito vuestra ayuda, aunque no haya nada que recuperar me gustaría que al menos quede constancia de que lo sucedido en Le Monde es más que una negligencia: es un profundo desprecio por un trabajo que forma parte de la memoria de nuestra cultura contemporánea, al menos en la medida en que sus protagonistas son los escritores que le dan naturaleza y dignidad a nuestra lengua y a nuestro mundo.
Solo se han salvado las cientos de fotos que alguna vez digitalicé para libros o exposiciones, el resto desapareció para siempre.
De veras que me da pena molestarles pero sé que comprenderán mi dolor y mi desazón.
Un abrazo grande.
París, 18 de marzo, 2013

22.3.13

Baltanás lee Plasencias

Enrique Baltanás reseña para La Ronda del Libro, el blog de crítica literaria de José Manuel Benítez Ariza, Plasencias.
"Álvaro Valverde, placentino de nación y residencia, no había mencionado nunca por su nombre, ni en su poesía ni en sus novelas, a su ciudad natal, Plasencia. Lo ha hecho ahora, y en verdad ha merecido la pena. ¿Libro menor? Libro recoleto e íntimo, que gustará incluso a los lectores que poco o nada conozcan de Plasencia, de estas Plasencias que alcanzan aquí valor universal por obra de los versos de Álvaro Valverde".

Vida literaria













Me llamó la otra tarde Luciano Feria desde Zafra para dar señales de vida -la desaparición ha sido mutua- y, de paso, contarme lo bien que estuvo la lectura del maestro Zambrano, otro lunero inminente. Firma la crónica Miguel Ángel Lama.













Tampoco podré ir, aunque esté invitado, a otro recital, el que dará esta noche Carlos Medrano en la famosa Casa de Cultura de Don Benito. Estará acompañado de Santiago Castelo y de Juan Ricardo Montaña. Con ese par de amigos al lado todo irá a la perfección. Muchos años después, Medrano vuelve a leer sus poemas en Extremadura. Aquí, cabe añadir, o en cualquier parte. Una antología castellano y leonesa devolverá pronto a sus lectores la poesía (casi) secreta del autor de Corro y Las horas próximas.

21.3.13

El mundo de Simic

El mundo no se acaba, de Charles Simic, fue, como se destaca en la cubierta de su edición en Vaso Roto, Premio Pulitzer de Poesía en 1990 y, hasta ahora, no ha ganado ese prestigioso galardón otro libro de poemas... en prosa, como éste. No creo que sea algo meramente anecdótico. Nada en la poesía de Simic (un asiduo visitante de este blog) lo es. 
Sorprendente es la palabra que resume, cree uno, su contenido. No hay poema, página o línea que te deje impasible. Si él alude al poeta como "espectador perplejo", nosotros podríamos hacerlo del "lector perplejo". Parte de la culpa de que eso ocurra habrá que atribuírsela a su traductor, Jordi Doce, que ha sabido trasladar a nuestro idioma la riqueza verbal y conceptual de Simic, un autor que conoce muy bien. Un logro, insisto. Y una reincidencia: no es la primera vez que vierte al español su poesía, de la que fue temprano introductor en España. De hecho, este libro estuvo a punto de publicarse hace años aunque la cosa quedara en intento. Ahora, debidamente revisado, se nos ofrece, como decía, en perfecta forma para que el lector disfrute de una poesía tan singular como efectiva; tan imaginativa como real; tan propia como ajena y, en fin, tan de un lugar (que uno asocia en este libro, grosso modo, a lo estadounidense) como de cualquiera. Si de cosmopolitismo sabe alguien, ése es Simic, un norteamericano nacido en Belgrado, antigua Yugoslavia, en 1938, sobreviviente de aquella convulsa Europa que nunca ha dejado del todo atrás.

Simic. Richard Drew/AP












En tres partes se agrupan los poemas en prosa de esta obra que marca un antes y un después tanto en su trayectoria -fin y principio de dos etapas distintas- como en la de la pequeña historia de la poesía contemporánea.
Quienes conozcan sus memorias, Una mosca en la sopa, publicadas también por Vaso Roto, asociarán situaciones vividas por Simic a ciertos poemas del libro, plenos de esa fuerza que les caracteriza.
Ni el mundo se acaba, aunque a ratos lo parezca, ni la poesía de Simic. Es muy de agradecer que traductores y editores sigan en su noble empeño de revelarnos la voz de uno de los grandes poetas de estos apocalípticos tiempos.

20.3.13

Pablo Luque lee Un centro fugitivo

Titula su extensa reseña "Hagamos de este lugar un territorio" y aparece publicada en Suma Cultural. Con lectores así...