31.5.13

En RNE

Mañana estará uno con Pepa Fernández en su programa No es un día cualquiera. De once y veinte a doce menos cuarto. Ella y su equipo visitan el Valle del Jerte. Será en la Agrupación de Cooperativas. Rodeados de cerezos.

Dos cuentos de Marina Perezagua

Todo, dicen, está en Internet. Otros: si no está, no existe. Así, buceando, se ha topado uno con dos cuentos de Marina Perezagua. De su último libro, Leche. Se trata de "El alga" (AllegraMag-Revista Digital) y “Homo coitus ocularis” (specimens-mag.com), uno de los más bonitos del conjunto. Pueden darle al lector curioso una idea acerca de por dónde transita la escritura de la joven narradora. 
De regalo, una fotografía de la presentación neoyokina del libro, junto a la conocida escritora Elvira Lindo y al escritor mexicano Álvaro Enrigue.


29.5.13

SFO

No hace mucho que hablé en este rincón de un libro que combinaba la poesía y la fotografía. Me refiero a Bajo la lluvia, de J. Jorge Sánchez y José Naveiras. 
Algo parecido a lo que ocurre en SFO. Fotos y poemas sobre la ciudad de San Francisco. Los autores: el fotógrafo José Luis R. Torrego y el poeta Pablo Luque Pinilla. El editor, Renacimiento
Las fotografías, se nos cuenta, fueron primero, aprovechando un viaje de trabajo de su mujer a la ciudad norteamericana. Surgieron "mientras caminaba" por sus calles. En medio de un paisaje poco californiano, más propio de un lugar del norte de Europa. "Disparando con la cámara a la altura de la cadera". Después, pidió a Luque Pinilla unos poemas. Surgieron entonces un puñado de versos que dialogan con las imágenes ("instantáneas", mejor) y profundizan en la historia personal de los protagonistas. En todas hay presencia humana. "Una suerte de prêt-à-porter poético", comenta LP. Para unos lectores que no son los habituales de la poesía, matiza. 
El libro tiene algo de guía. Lo mejor, con todo, la solvencia de las fotos, por una parte, y de los poemas, por la otra. Y más allá, la perfecta imbricación de ambos mundos en un solo, genuino San Francisco.

28.5.13

Autoridad y educación, por Lledó

¿El principio de autoridad es innegociable para la educación?
"En relación con la educación y la autoridad, de la que algunos políticos han hablado, con poquísima autoridad por cierto, tengo que contar una reciente experiencia. Con motivo de la VII Semana del libro de la Biblioteca Pública Municipal de Salteras, ese precioso pueblo, próximo a Sevilla, donde nacieron mis padres, he tenido un encuentro, con alumnos y profesores, en uno de sus colegios públicos. Como creo que el ser humano es lo que la educación hace de él, y como creo profundamente en la igualdad de la educación, en la educación pública, el recuerdo de ese encuentro me acompaña todos estos días. Un colegio alegre lleno de la luz que me transmitía no solo las claras paredes, adornadas de dibujos, propuestas de alumnos, manifestaciones de sus inquietudes e ilusiones, sino el diálogo con ellos, la entrevista que me hicieron, la libertad que irradiaba la educación que estaban recibiendo. Comprobé, además, el entusiasmo, la calidad de ese grupo de jóvenes maestros y maestras, que saben que la autoridad consiste, sobre todo, en tener verdadero interés por lo que enseñas, amar lo que enseñas y, de paso naturalmente, amar a aquellos a los que enseñas, y en los que haces crecer la libertad, la libertad de pensar, de ser, por encima de los sectarismos y fanatismos con que se manchan los comienzos de la educación y que acaban corroyendo, aniquilando la vida".

Emilio Lledó, "Respuestas para tiempos convulsos". Babelia, El País.

27.5.13

El Mal de la Muralla

La editorial ruteña Ánfora Nova publica en su Serie Ensayo El Mal de la Muralla, de Jesús García Calderón. La obra lleva por subtítulo Epístola sentimental sobre el aprecio de algunos habitantes de Lugo por sus murallas
Vayan por delante un par de consideraciones. La primera, que el actual Fiscal Superior de Andalucía estuvo destinado en la amurallada ciudad gallega, como Fiscal Jefe, entre 1995 y 2001. La segunda, que esa referencia a Lugo y a su muralla, con ser del todo exacta, no acota el territorio sobre el que se establece este ensayo, de proyección universal y largo alcance. 
Epístola porque responde a otra, que le envió en su día el filósofo y teólogo Xosé Alvilares Moure, autor de Dignidade e indignidade da política (Epístola moral a un fiscal amigo)
"La mirada del forastero" se titula, por otra parte, el prólogo de otro amigo lugués, Jorge de Vivero, compañero de tertulia y de programa radiofónico en Radio Lugo-SER, donde se atisba, si no se le conoce (y al revés), la imponente personalidad de GC. Por eso, y por su capacidad intelectual, ha podido componer este interesante, hondo discurso sobre un Mal que suele aquejar a los habitantes de las pequeñas ciudades provinciales cargadas de historia y de monumentos. "¿Y qué es El mal de la Muralla?", se pregunta De Vivero. "Muchas cosas en pocas páginas (...) A bote pronto, yo lo calificaría de ensayo lírico. Un ensayo de psicología colectiva, de urbanismo, hasta de literatura".
Un ensayo que empieza por colocar en su sitio a "los ambiguos", esos dañinos elementos que pululan, siniestros, por la periferia (y no solo), emboscados en las sombras que proyectan las murallas. Para eso recurre a Aulo Gelio: "la verdad es hija de su tiempo". Personas completamente distintas de aquellas a las que dedica su refexión, capaces de sobrevivir con dignidad en un medio, a veces, tan hostil.
Cree GC que hay dos Españas: la del Atlántico y la del Mediterráneo. Por eso él, natural de Badajoz y andaluz por estudios y tareas profesionales, se siente también de Lugo, una ciudad, conviene resaltarlo, del Norte, más que un punto cardinal, como bien sabía su admirado Philip Larkin. Como buen lector, echa mano de El desierto de los tártaros, la memorable novela de Buzzati, de la famosa fortaleza Bastiani, para explicar, siquiera en primera instancia, lo que es el Mal de la Muralla y, al hacerlo, nos ofrece un ensayo dentro de otro y lo hace con la pasión del que se entusiasma con lo que esas páginas de estirpe kafkiana logran transmitir a propósito de la vida encerrada y amenazante del teniente Giovanni Drogo, que parafraseando a Satie, puede ser el nombre de cualquiera. Y al lado de Buzzati, un lugués: Luis Pimentel, poeta, paseante incansable y circular dentro de esas murallas que son símbolo y fe de las vidas al margen. De los que se quedan. En "una pequeña patria". De los que permanecen anclados a esos "ágiles barcos de piedra". "Un signo de distinción", quizá. De quien se hace "diferente y cabal". En recintos murados, tierra adentro. 
A las ciudades históricas ha dedicado GC no pocos estudios. No en vano es, como jurista, uno de los más acreditados expertos internacionales en la defensa del Patrimonio Histórico. De su expolio y degradación, sí, pero también de lo que se conserva y rescata. Algo que podemos relacionar con la idea de Europa, un concepto insoslayable: lo europeo, que aparece con frecuencia en este ensayo.
Y ya en la concéntrica Lugo: el adarve, ese camino situado en lo alto de una muralla por el que los lucenses pasean, piensan, observan... Y al fondo, el río, el Miño, ese complemento ideal de cualquier lugar habitable. Y arriba, el "cielo encapotado", casi siempre. Y todo para mirar, más que nada, al interior, que es donde suele dirigirse quien padece el Mal. Porque "la muralla romana invita al recogimiento". 
Alude GC a la "poliorcética de las ambiciones", "un arte que no procura la defensa del espacio físico que ocupamos, sino la defensa del espacio moral que habita el alma ante el combate incorregible del tiempo". 
Y evoca a Eliot, su epitafio, el verso de East Cocker: "En mi principio está mi fin..." Hablamos de "geografías interiores". Porque la "ciudad nos explica". 
Llevan algunos allí "la vida de otro modo", que diría Ángel Campos Pámpano, y son más libres, tal vez más independientes. Como el citado Pimentel ("poeta amurallado", según Villena). O Ánxel Fole, otro de Lugo. "Hombre da vila", dijo éste de aquél. Gente sujeta a un paisaje que aúna el campo y la ciudad. Para los que la muralla es "verdadera condición espiritual", "compromiso moral". Un cobijo: siquiera ese refugio. Pero que no pierden de vista un verso del autor de Barco sin luces: "cuando hablo de mi ciudad hablo del mundo". Donde lo exterior es reflejo de lo interior. Que ven las cosas, a pesar de su Mal (o por eso), con perspectiva y distancia. Mal de la Muralla que es Mal de la frontera en Badajoz o Mal de la Alhambra en Granada. O, dice uno, Mal de Murania aquí. Y al escribir "aquí", queremos decir en ciudades donde la "centralidad" lo es todo. Su esencia. Ciudades que, a lo más, tuvieron un ensanche camino de la nueva estación, cuando la llegada del ferrocarril. 
El caso de Lugo, el que centra este ensayo plural, es paradigmático en cuanto a la corrupción inherente a esos sitios cerrados. El caciquismo en concreto. Y aunque GC se mantiene, por su condición de fiscal, al margen de la política, no sería difícil poner apellidos a esa lacra de tan penosa actualidad, pero tan antigua. Quien sufre el Mal "sabe mirar la suciedad moral de la corrupción mejor que los demás", afirma el autor, y hace mención a la "lucha solitaria", a pequeños grupos de "íntimos" que luchan contra ella. 
Ya se dijo, y se ha repetido, que no es sólo Lugo y su muralla romana. Es también Ciudadela, en Menorca, o las localidades antes citadas. De las que huir o escaparse. O en las que permanecer. "Lo importante es el camino que se recorre y no el destino que buscamos". Con "serena lentitud" y "dignidad". 
Sostiene JGC que Lugo es el último "lugar remoto" de Europa. Ahora lo es menos. También para uno, que paseó la ciudad con él una lejana tarde de primavera, y que ha leído el libro de poemas que dedicó a aquella indeleble estancia: Un lugar en el Norte. He leído esta nueva obra, que nos confirma el potencial de GC como diarista o cultivador del ensayo de rostro humano (o humanista), desde el íntimo convencimiento de que era un libro escrito para uno, lo que no deja de ser el colmo de la felicidad en literatura. Cuando sentimos eso... Escrito para mí y para todos aquellos que se reconocen en los síntomas de ese melancólico Mal. Un libro, y termino, donde su autor tanto ha dejado de sí mismo.

26.5.13

La poesía según Trapiello

T. por Guadalupe de la Vallina
"La poesía es lo único que cuenta, es el germen de todo, lo que nos lleva un poco más lejos. Para mí la poesía es la línea más corta entre la vida y el misterio, una especie de “símbolo aproximativo de la verdad”, que decía Ungaretti. De la poesía, y no digamos de la mía, me da mucho apuro hablar siempre. La poesía es lo íntimo en estado puro, la verdad indemostrable. Y en cierto modo, inefable. Puede uno cultivarse mucho leyendo poesía o teoría poética, pero el sentimiento que hay en tal o cual poema, esa emoción que sentimos ante ciertos poemas, ante una sonata, ante tal o cual cuadro, eso resulta muy difícil de definir y de explicar. La poesía tampoco es privativa del poema, la hallamos en una novela, en una obra de teatro, y por supuesto en la música, en la pintura, en muchas manifestaciones humanas, en la manera de poner un mueble, en un vestido, en la manera de hablar o de escuchar a alguien sin juzgarlo. Creo que la gente respeta la poesía porque sabe que en el fondo nos hace fuertes y delicados. Claro que algunos confunden también la poesía o lo delicado con la cursilería, o que creen que la poesía es una cosa de moñas, pero para esa confusión no hay remedio. Damos por supuesto que Leopardi o Machado o Juan Ramón fueron personas delicadas, pero me gustan también mucho los que son delicados a su manera, un poco toscos, pero siempre con naturalidad, como Baroja o Solana. La poesía para mí es eso, el cultivo de la naturalidad".

De la larga entrevista de Marcos Abal y Ernesto Baltar a Andrés Trapiello publicada en la revista Jot Down. En su blog. Hemeroflexia, ha añadido un comentario a esa conversación, porque "una respuesta quedó algo coja, pues se modificó y acabó en dos líneas, pero no la pregunta, dando la impresión de que acaso uno, como suele decirse, se salió por la tangente". La pregunta era: ¿Qué escritores actuales (españoles o extranjeros) te gustan o te interesan?

GHB

Ayer publicó El Periódico Extremadura una entrevista con Gonzalo Hidalgo Bayal. En una nueva sección: Letras desnudas, de Salvador Vaquero. Se puede leer, en parte (y bastante mal), aquí.

Fotografía de Emilio Antero

25.5.13

Tres libros

Da gusto echarle un vistazo al catálogo de la benéfica colección asturiana Deva. El número 33 -aunque veterana, ha ido a un ritmo pausado- corresponde a El niño de arena, ópera prima del joven poeta (real) Carlos Iglesias Díez. Reúne poemas escritos entre 2003 y 2011. Un breve prólogo en la solapa de Fernando Beltrán y un extenso y pormenorizado epílogo de su amigo, poeta y compañero de estudios Rodrigo Olay presentan a la perfección tanto el historial del libro como a esta poesía de línea clara, urbana, realista, que sigue la estela de la poética española de la experiencia en su versión más sutil, mínimalista y despojada. "Los restos de la noche", "Briznas" y "Puntos suspensivos" son las partes que lo forman. Según Olay, "paisajes alucinados y noctívagos que un niño insomne imagina en la penumbra de su cuarto", "un delicado catálogo de obsesiones recurrentes alfabéticamente ordenadas" y "el tema del amor", respectivamente. En esta última parte también aparecen unos sentidos versos dedicados a la memoria del padre muerto. No ha empezado Iglesias con mal pie. 

Otra vuelta de tuerca a la misma poética citada hace un momento parece dar también el poeta y pediatra extremeño Carlos de las Heras (1949) con su nuevo libro, Tratado de melancolía urbana (Complugenia. Gran Vía). Nada que ver con su obra anterior, Los cabreros, publicada en 2009. Aquel mundo rural a punto de extinguirse da paso a una poesía instalada en el tráfago urbano (madrileño sobre todo: en la cubierta, una fotografía de la Gran Vía con el Círculo de Bellas Artes al fondo), muy en sintonía, repito, con la que practicaron y aún practican, siquiera en parte, los más conspicuos poetas de aquella famosa corriente. No falta aquí, claro está, el tono personal y los asuntos, al ser autobiográficos (o eso parece: no se olvide el componente de ficción que defiende, para la poesía, esa tendencia), no pueden sino insistir en lo más propio. Poemas, en suma, llenos de vida o donde la vida entra de lleno. Su actualidad, sus problemas, sus padecimientos, etc. "Antes del saqueo" (primera parte) y "después del saqueo" (tercera), con un intermedio de homenajes: a Bécquer, Lorca y Miguel Hernández, además de un poema penúltimo y otro final, donde -a modo de poética- el autor cuenta cómo concibió esos versos y ese libro, en sus paseos mirandeses entre Briñas y Haro.

Una de mis carencias lectoras, y son muchas, remite a la obra de Mauricio Wiesenthal. Sobre todo en su vertiente memorialística (Libro de Réquiems, El esnobismo de las golondrinas y Siguiendo mi camino), que es la que más me interesa. La Isla de Siltolá, que va volviendo a su ser, publica ahora sus poemas reunidos: Perdidos en poesía (Colección Vela de Gavia). 
Explica W. en un prólogo claro, valiente y combativo sus ideas acerca de la poesía, tan particulares como, en cierto sentido, clásicas. Su defensa, por una parte, de la métrica y la rima, de la música y la cadencia y de la estrofa, así como su rechazo, por otra, del verso libre, en el que no cree, como no cree en "la poesía intelectual". Defiende que en estos tiempo aciagos, cada cual debe seguir "el camino propio". Y eso hace, lo que me parece del todo respetable.
Se nos dice que se mostraba W. esquivo y reservado para editar sus versos y no estoy del todo seguro de si no hubiera sido mejor que siguieran en el cajón. Más allá de su valor, digamos, simbólico, no creo que aporten mucho ni a su extensa obra ni a la poesía española (y a la catalana y a la italiana, que en esas lenguas escribe también). No es que falte dignidad, ni tal o cual poema logrado o al menos ese "verso feliz" al que hizo alusión Borges, que acaso aparezca en cualquier el libro. No es casualidad que, del conjunto, prefiera los "Poemas del astrónomo", unas prosas poéticas. Con todo... Puede ser que no haya llegado el momento de entrar en ese mundo y, por tanto, que el libro deba esperar una lectura futura. Lo más probable. O que lo que a uno le suena a poesía pretérita, incluso un poco afectada y de otra época, se deba a una educación sentimental y literaria alejada de los modelos que W. ha tenido presentes. Nada, en fin, que no tenga solución ni que importe demasiado.

24.5.13

Turia en red

La revista Turia estrena página web y perfil en Facebook. Era una conexión obligada. Los tiempos mandan.

Aramburu para niños


Empleos de poeta

Por mediación de Antonio Marcelino. Aquí.

23.5.13

El mundo de Marina Perezagua

A Marina Perezagua (1978), a su ópera prima, Criaturas abisales, llegó uno gracias al poeta Juan Carlos Marset. La acogida que tuvo ese primer libro fue muy buena. Algunos lectores descubrimos a una narradora nueva y una narrativa entre sorprendente e inquietante, adjetivos que se repiten al intentar calificar lo que escribe; hasta ahora, relatos. 
Enrique Murillo y su independiente Libros del Lince vuelven a apostar por ella y ve la luz, como anunciamos aquí atrás, Leche. Precisamente hoy, a las 19:00 horas, se presenta en el Instituto Cervantes de Nueva York, ciudad donde Perezagua reside. Acompañarán a la autora los escritores Álvaro Enrigue y Elvira Lindo.
La edición, vaya esto por delante, es tan exquisita, un auténtico lujo, como el contenido: catorce relatos de una intensidad llamativa. Pero cuidado, por su calidad. Que nadie entienda que estamos ante una literatura epatante o pirotécnica; superficial, en suma. Todo lo contrario. La escritura de MP es contenida, muy precisa, compleja (no complicada), cargada de referencias y lecturas, que pone el acento no tanto en el lenguaje, barroquizándolo u oscureciéndolo, sino en lo que cuenta. Su estilo es de una discreción natural, por mucho que las historias sean casi siempre perturbadoras. Sobre todo por sus finales. "Desconcertante", dice de ella Ray Loriga, el prologuista.
No cometeré el error de desvelar los argumentos de ese puñado de narraciones. Sí puedo copiar unas pocas líneas de la nota de prensa: "Toma su título del testimonio de una superviviente de la masacre de Nanking, como contrapartida a la historia principal, que se desarrolla en Hiroshima a través de la voz de una mujer intersexual. El trauma biológico acompaña al trauma atómico en la era contemporánea, con un lirismo y elegancia en las formas que ayuda a la digestion de temas sociales amargos". No está mal traído el comentario. En efecto, dos relatos japoneses (el primero, casi una nouvelle) sirven para abrir y cerrar el volumen, algo que da cierta idea de unidad al conjunto; una unidad que, a pesar de la independencia de cada una de las entrega que lo componen, el libro inevitablemente tiene. No sólo por la manera de escribir de MP, un tono y una voz, sino por una serie de características comunes que, como digo, dan un aire de familia a la colección. Así, la atmósfera futurista y la presencia constante de la medicina (la enfermedad es un leitmotiv del libro, así como la muerte), la ciencia (a veces, incluso, la ciencia ficción), la técnica... Otra, la sexualidad y el sexo: descarnado, primitivo, erótico, sensual, emocionante, sutil... animal. Y ya que lo cito, otra variable: la animalidad, diríamos. Hay muchos animales en Leche. Y alguna bestia. La ilustración de la cubierta -otro lujo-, ese impactante cuadro de Walton Ford, es más que elocuente en este sentido y redunda en lo importante que es elegir esos motivos que no dejan de ser la puerta de entrada a los libros. Su primera línea. 
Los sueños, lo onírico, es marca también de la casa. No tanto porque los personajes sueñen cuanto porque al lector le parezca estar soñando.
A ratos, uno tiene la sensación de estar dentro de un cómic. O de una película. O, por qué no, de una pesadilla.
Más allá, lo que Perezagua no puede negar es su inmensa capacidad imaginativa. Su imaginación me parece portentosa. Será, no sé, que uno es muy poco fantasioso, en su sentido más profundo, pero, vuelvo a Loriga, reconozco que me desconciertan estas tramas. Tanto como algunas frases ("el aburrimiento es un caballo marrón hacia la muerte"), que cortan como si de un bisturí o de una katana se tratara.
Le encataría a uno desentrañar cada relato. Contarlos, si pudiera o supiera, con la misma emoción con que se cuenta un secreto. O una historia que suponemos memorable. O terrible. No, nadie puede salir indemne del fascinante mundo de Marina Perezagua, una escritora, o eso creo, imprescindible.

22.5.13

Capotiana

El escritor Toni Montesinos, que acaba de publicar en Pre-Textos el ensayo La pasión incontenible. Éxito y rabia en la narrativa norteamericana, ha colgado en su blog, Alma en las palabras, una breve entrevista conmigo. En la introducción explica: "En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Álvaro Valverde". Gracias.