30.6.13

En el Parador

En mi colegio es costumbre celebrar las jubilaciones en el Parador. No es un mal sitio. Últimamente, vamos a comer de tiros largos no menos de un par de veces al año. Son muchos los compañeros que, pudiendo hacerlo, abandonan deprisa y corriendo este barco viejo, destartalado y herrumbroso, de rumbo errático, que navega en medio de temporales con aires de tormenta perfecta, donde, día sí y día también, los pobres y sufridos marineros tememos zozobrar. La educación, ese Titanic.
El último convite tuvo lugar el martes pasado. En la preciosa sala Capitular. Ya se sabe que, al depender del Estado, estos prestigiosos establecimientos han sufrido recortes, también de personal. Cómo se nota. Basta retrotraerse al pasado año y comparar. La del otro día fue una comida muy mal servida y de calidad más que discutible en lo que respecta a la elaboración del menú. Algo que no casa ni con el establecimiento ni con el precio del cubierto, que por educación no voy a especificar. Los entrantes se amontonaban (y no precisamente por la abundancia) y el plato principal, al menos para los que elegimos pescado -dorada, por más señas-, fue de una insulsez penosa. Con decir que el grueso del relleno de verduritas eran las famosas zanahorias cortadas en juliana que venden envasadas en bote... Sí, esas que se caracterizan por su textura y sabor a... exquisito plástico.
Lo mejor de la jornada le ocurrió a mi compañera de enfrente. Vio lo que parecían unos pequeños cristales en su cuenquito de salmorejo y, ante la duda, fue devuelto a la cocina. E. preguntó al cabo de un rato por su crema y le contestaron que habían hecho las justas por lo que, en consecuencia, se quedó sin probarla. Cosas así no suceden ni en el peor restorán del pueblo. 
El próximo jubilado ya está pensando en conmemorar su huida en otra parte. Le alabo el gusto. 

29.6.13

Lo breve eterno

Cuando apareció el primer libro de Sergio Fernández Salvador, Quietud, en la misma editorial, La Isla de Siltolá, algunos quedamos gratamente sorprendidos. Así lo hice constar aquí. Podría repetir aquellas palabras para referirme a éste, por más que F. haya dado un paso hacia adelante, que es de lo poco que uno pide a un nuevo libro, poco importa de qué autor. Digamos que en esta segunda entrega ahonda en lo ya escrito -eso que llamamos mundo- y eso sirve para los asuntos que trata y para la forma de hacerlo, una cosa y la misma.


No está mal que inaugure una colección que se denomina Tierra. De eso hay mucho en Lo breve eterno. Estamos ante una poesía anclada en un territorio y el paisaje que aparece es también bastante concreto; muy bien descrito, por cierto. Como hay un regusto rural y una sabiduría antigua que van de suyo. Sin ánimo de molestar, calificaría al libro de castellano, y no sólo por los árboles, los pájaros, los campos y los lugares que habitan en él. Ah, ese lenguaje, tan preciso y rico como sencillo y natural. Claro. Nada más lejos, o eso creo, de la intención de su autor que epatar. Basta con leer, no hay duda, pero también ayudan sus reflexiones en verso sobre el hecho de escribir, recogidas en un puñado de poemas.
Sin trampa ni cartón, desde el primero, "Ofrecimiento", Sergio Fernández Salvador despliega ese mundo al que antes hice alusión y para ello se sirve de las estaciones, del abedul, de las castañas, del níscalo, de los tilos, de las montañas, de los escarabajos o de las mariposas. Hay limpieza en su mirada y una inevitable melancolía porque se mira hacia atrás: "Todo lo que no fue / (...) / es hoy en esta página". A la infancia, sobre todo. "Es hogar la tristeza", dice en uno de los mejores poemas del libro, "La casa del dolor". No es el único que sobresale, para mi gusto; así, "Enmienda", "Tres silencios", "Regional Express" (tan significativo), "Era la infancia"...
Se atreve con el tono menor (tan mayor a veces): "Poquiterías" (haikus, aforismos) y "Adivinanzas". Aunque no predomine, se cuela de rondón la ironía por entre estos versos tan bien apuntalados.
Escuchaba el otro día a un escritor de moda abogar por la renovación literaria; porque estamos en el siglo XXI, alegaba. Que nadie busque aquí ningún experimento, que es donde no suele, por cierto, presentarse casi nunca la poesía. Andaba uno dándole vueltas a ese viejo asunto cuando me topé con "Vieja y nueva": "Dicen que está gastado ya este verso, / polvoriento, lo llaman, / que huele a rancio, dicen, dicen, dicen, / y se dan a lo último / que es ya lo más prehistórico". Sonreí al leer ese precioso poema, tan desangelado como cualquier poeta ante el humilde milagro, viejo o nuevo, viejo y nuevo, de sus versos. Sí, a lo Foix: "Vieja y nueva canción, nunca me faltes."
En ese mismo sitio, F. echa mano de Machado y JR -excelentes maestros, este hombre sabe elegir mentores- y uno no puede por menos que pensar en la verdad, que con la emoción y la belleza, arman este hermoso edificio de sonido (su música es excelente) y sentido.


Cierra el volumen (que de voluminoso no tiene nada) el poema "La casa abierta", La Terenosa o casa de la infancia. Lo abrocha con un verso elocuente: "Mientras pise la hierba estaré bien". Como nosotros, sus lectores, si él sigue escribiendo de esta manera. Con ese empeño de hacer "breve lo eterno y eterno lo breve". Casi nada.

28.6.13

Odiosas comparaciones provinciales

Según el dicho, las comparaciones son odiosas; no obstante, uno no tiene más remedio que fijarse en las apreciables diferencias que se establecen entre realidades que deberían parecerse, pero que apenas se asemejan. Desde fuera al menos. Por ejemplo, entre las dos escuelas de letras que se han creado en los últimos meses en Extremadura. Una en cada provincia. En sus capitales, mejor. ELE (Escuela de Letras de Extremadura de la Fundación Rebross), en Cáceres, y el Centro de Estudios Literarios Antonio Román Díez (CELARD), en Badajoz. Insisto: cualquier parecido entre ambas parece mera coincidencia. Bastaría recordar sus respectivos actos, digamos, inaugurales. Su presentación en sociedad, vamos. Nada que ver. De una parte, la sobriedad; de otra, el luju. La contención frente al desmelene. Lo civil frente a lo institucional.
Trapiello escribe en el último tomo de sus diarios que "esa de comparar es una mala hierba difícil de descastar en las personas ociosas". Y en las ocupadas, añadiría uno.

27.6.13

Pequeñas corrupciones provinciales

Por estos lares, ya hubo otro listo (uno de tantos) que quiso aprovecharse de su cargo político para conseguir el prestigio literario que sus versos nunca le dieron. No hace mucho de eso, aunque lo parezca. Ay, las pequeñas corrupciones. Una tradición. X. hace lo mismo. Diferencias políticas, maniobras idénticas. En vano, me temo. Le pasará como a aquél. Cuando se vaya, que se irá, su obra -un decir- seguirá en el mismo, microscópico lugar. Figurar no basta. Ni especular es la solución. Quod natura non dat, Emerita non præstat.

26.6.13

Gristes menudencias provinciales

¡Qué alarde! Lo que no había conseguido hasta ahora ninguno de los libros aparecidos en la colección Luna de Poniente, de la editorial De la Luna Libros, lo ha logrado Esta luz sin contorno, de Santiago Castelo. En Trazos, el suplemento de cultura del diario HOY, se publicó el pasado sábado una reseña del libro firmada por Simón Viola. El crítico dombenitense ha conseguido, ya digo, lo que parecía imposible: romper el férreo veto impuesto por el periódico a la mencionada colección. Se ve que sigue habiendo categorías. Me alegro por mi amigo y por los editores, claro, lo que no quita que, en su menudencia, esa sibilina censura siga siendo tan clamorosa como indecente.

Nota sobrevenida: Algunos lectores -muito obrigado- me han advertido de la presunta errata del título de la entrada. No hay tal. Griste es un neologismo inventado por Andrés Trapiello. En su libro El arca de las palabras escribió: "Algún día admitirán en el diccionario esta palabra, que merecería existir: griste. No hace falta ni explicar qué significa; por eso debería estar y porque la vida está llena de cosas, personas y tardes gristes". A uno le gusta. Y más griste que lo que cuento...

Reseña completa

Álex Chico ha publicado en su blog, Isla de Elca, la reseña completa de Plasencias. Ya se sabe que las revistas suelen ajustar a un determinado número de palabras o de caracteres ese tipo de colaboraciones y en Clarín han optado por ser más breves. Creen, y deben estar en lo cierto, que cuanto más cortas mejor. De ahí... 

25.6.13

Clarín, 105

Juanramoniano le ha salido a su director el número de mayo-junio de 2013. Sobre todo por la conmovedora conferencia "La vida hipocondríaca de JRJ o la sobrehumana vida de JRJ", de Andrés Trapiello, donde tanto y tan bien se ve reflejada la tortuosa y apasionante personalidad del universal poeta de Moguer. Toni Montesinos vuelve a evocarlo en su viajero "Puerto Rico: radiante paraíso". Inacabable, sin duda, nuestro JR. Inmenso.
De lo que uno ha leído, que no ha sido todo, destacaría además el artículo de Maurizio Serra sobre su paisano D'Annunzio, por el 150 aniversario de su nacimiento en Pescara; los afilados aforismos, certeros como flechas, de Enrique García-Máiquez; el rescate de unos poemas olvidados de Pernette Du Guillet y Jean-Baptiste Chassignet, traducidos por Marie-Christine del Castillo y Luis Alberto de Cuenca; la presentación y entrevista de la griega Alki Zei, autora de la novela La novia de Aquiles, de quien se publica un relato; así como el habitual puñado de reseñas; entre ellas, la de algunos libros que se comentaron por aquí. De Felipe Benítez, Rafael Fombellida y Miguel D'Ors.
El final es de lo mejor. Una reseña, contra su costumbre, firmada con su nombre y apellidos por el citado director de la revista asturiana, José Luis García Martín, titulada "Fernando Savater, Sociedad Anónima", donde el incisivo (y divertido) crítico demuestra a las claras que el libro Las ciudades y los escritores (Debate, 2013), a tenor de los disparates y errores que incluye, no sólo no ha sido escrito por el polígrafo donostiarra, sino que ni siquiera lo ha leído. Vamos, como en uno de los capítulos de C.S.I. Miami que pusieron anoche. 

24.6.13

Bergamín

Lo más cerca que uno estuvo de Bergamín fue allá por 1983, hace treinta años. En agosto de ese año, recién iniciado nuestro viaje de novios a bordo de un flamante mini amarillo, hicimos escala en la ciudad (veníamos de Gijón y Santander e íbamos camino de la Costa Brava) y nos alojamos en el Monte Igueldo. Por la noche, unas pocas horas después de la llegada, bajamos a pasear y cenamos en el snack del hotel de Londres y de Inglaterra, donde estuvo alojado unos meses el poeta y editor y que al parecer seguía visitando con cierta frecuencia. Al menos hasta que su salud se lo permitió. Unos días después moría el autor de La música callada del toreo.
José Luis Catalinas escribe un reportaje en El País a propósito de unos poemas inéditos que escribiera en su segundo exilio parisino, entre 1964 y 1970 y que envió a su hijo Pepe y a su nuera Pilar con una carta fechada el 13 de abril de 1969.
Selecciono dos que me han gustado especialmente:

Cuando un manchego en La Mancha
de veras se vuelve loco
no se vuelve Don Quijote
sino que se tira a un pozo.

Al fin se acabó la historia.
Y tú te quedaste, al fin,
solo y sin pena ni gloria.

23.6.13

Plasencias en Clarín

























Álex Chico publica en la revista asturiana Clarín una reseña de Plasencias: "La ciudad imaginada".

21.6.13

Pobres maestros

Hoy empieza el verano y se terminan las clases del curso escolar 2012/2013. Hace unos días, Juan Manuel de Prada, al que uno citó aquí a propósito de la defensa de los maestros y de la educación pública, volvía de nuevo a esa carga y esta vez por extenso. "La vocación de maestro" se titula su artículo, publicado en XL Semanal. Un poco de autoestima nunca viene mal. Ni que nos defienda alguien, por muy Prada que sea.
"¿Qué tal si empezamos la tarea por las escuelas?", se preguntaba hace unos meses Fernando Aramburu en El Cultural. Y Wert como si nada. 

20.6.13

Dos libros de Luis Javier Moreno

 Son cosas de lo que llaman "el mundo editorial". Lo mismo pasan años sin libros que de golpe te publican dos. Le ha ocurrido al segoviano Luis Javier Moreno (1945) un poeta tan concienzudo como discreto; sí, un tanto guadianesco, pero qué remedio. Nos ofrece un par de obras que demuestran a las claras su condición de poeta necesario. Otro asunto es que la rareza del canon y las maniobras de los canonistas así lo contemplen. 
La primera Figuras de la fábula ganó el premio "Antonio Machado en Baeza" y lo saca Hiperión. Se divide en tres partes: "Situación de la fábula", "Figuras de la fábula" y "Quince fragmentos fabulables". 

La segunda, Estado y sitio (Nuevas circunscripciones), aparece en la colección Maravillas Concretas de la Fundación Jorge Guillén. El libro, editado con unas bonitas cubiertas de color naranja, es en realidad una segunda entrega del ciclo Circunscripciones (Biblioteca del náufrago, 2010) y tiene que ver con la obsesión de LJM por los lugares. Viajero impenitente, a pesar de su vocación de retirado y estable, aquí recorre Ciudad Real, Baden-Württemberg, Toscana, Viena (en "Seis estampas"), Francia ("Suite francesa"), Escandinavia, Salzkammergut, Delft (y "Veermer de Delft") y, por fin, "otros lugares". 
En el interesante prólogo (quiero decir ensayo), Fernando R. de la Flor no se limita a comentar el libro y yendo más allá, que ya es ir, despliega un análisis acerca de la poética de Moreno no sin antes constatar que detrás de esa escritura "hay una visión del mundo". De esa "pasión de coleccionista" por los lugares (del "lugar como jeroglífico"), a la que no le falta "verdadera pasión y pulsión melancólica", son fruto estos intensos y muy bien compuestos poemas.
Que el autor haya tenido la amabilidad de mandarme el libro acompañado de un puñado de postales de algunos de los sitios mencionados, con particulares anotaciones a mano, hacen del envío un regalo sin duda especial.

19.6.13

Mínimas

De amicitia
Los amigos de mis amigos son mis amigos, suele decirse. Y hasta cantarse. Pero no. No siempre, quiero decir, aunque ocurra con cierta frecuencia. El de la amistad es uno de los grandes misterios de la vida. Por eso somos amigos de gente que, a su vez, es amiga de otros a los que ni por enemigos querríamos. Y ahí seguimos. Con el abrazo a cuestas, a pesar de todo. Sí, tal vez la amistad sea eso. ¿O no? Un enigma, ya digo.

Malaventurados
Malaventurados los anónimos porque en su intención rara vez hay otra cosa que bilis, envidia, cobardía y maldad.

18.6.13

Miscelánea

Los de Pizpirigaña ya han colgado en su blog la crónica del último Encuentro de Animación a la Lectura de Arenas de San Pedro. ¡Qué envidia!

La Fundación GSR convoca el Primer Campamento de Lectura en la Casa del Lector. No es mala idea.

La colección Baluerna vuelve a la carretera desde la Estación de Autobuses de Cáceres, conducida con pericia por Eduardo Hernández. La entrega treinta y siete se titula "Tu não viste nada em Nagasaki", un delicioso relato de Manuel António Pina (Sabugal, 1943 - Oporto, 2012) que ha traducido, con la maestría habitual, Antonio Sáez. 

Juan Gracia Armendáriz publicó el domingo su columna habitual, La Ventana, en Diario de Navarra, un día después de que, entre caña y vino, Gonzalo me relatara sonriente y a su modo la misma anécdota:
 

17.6.13

Conversaciones de Aramburu

Uno ha tenido el gusto de leer dos entrevistas recientes con Fernando Aramburu. Una en Babelia (El País), de F. J. Irazoki (versión completa en el blog del narrador), y otra en El Confidencial, de Peio H. Riaño.

En una tercera es él quien pregunta. La publicó El Cultural y el entrevistado es el alemán Rüdiger Safranski, filósofo, ensayista y biógrafo de Nietzsche, Heidegger y Schopenhauer, además de autor de Romanticismo o ¿Cuánta verdad necesita el hombre?' Contra las grandes verdades (como las anteriores, en Tusquets Editores).

F. A. -Freud afirmó que el hombre carece de talento para la felicidad. ¿Está usted de acuerdo?
R. S. -Freud tenía una idea muy sombría del ser humano. También dijo que la felicidad no está prevista en el orden de la naturaleza. Schopenhauer fue su maestro. Sin embargo, Schopenhauer fue capaz, a pesar de su pesimismo, de hacer de su vida lo mejor e incluso disfrutarlo. Como pesimista tenía sus cuentas con el desengaño y luego se sorprendía porque las cosas habían resultado mejor de lo que esperaba. Eso es sabiduría vital. Aspirar directamente a la felicidad es de bobos, puesto que a la felicidad no se le acierta cuando la tenemos en el punto de mira. La felicidad es un epifenómeno. Algo hay que llevar a cabo que a uno lo colme, amar a una persona o a alguna cosa, para que el epifénomeno conduzca a una sensación de felicidad. La felicidad no se consigue aposta.