Doy fe del disgusto de GHB al caer en la cuenta, y por azarosa culpa mía, de la errata que aparecía en la cita o epígrafe inicial de su último libro, La sed de sal. De Lucrecio. Con el latín que se sabe en esa casa. Lo cuenta, y con qué gracia (y con qué detalle y con qué pena) en su blog: "Propterea".
3.12.13
Irene
Salvador Vaquero, en su sección Letras desnudas de El Periódico Extremadura, entrevistó el pasado sábado a la poeta Irene Sánchez Carrón. Elijo tres preguntas y sus correpondientes respuestas.
-¿Vivimos la edad de oro de las letras extremeñas?
-¿Vivimos la edad de oro de las letras extremeñas?
-Creo que vivimos un gran momento, con estupendos escritores en primera línea a nivel nacional. Hay mucha gente intentando crear obras de calidad, lo que resulta muy positivo. Creo que las semillas de la Facultad de Filología, de las Aulas Literarias, de los Talleres de Creación, de los Clubes de Lectura, etc. están dando buenos frutos. No sabemos qué pasará a partir de ahora con la crisis.
-Un recuerdo de la infancia.
-En mis poemas aparecen muchas veces sensaciones de la infancia en el Valle del Jerte. En el poemaAmanecer hablo del prado debajo de la espalda, de los pies mojados en los charcos, de los bolsillos llenos de objetos, de los dedos en la masa de los dulces que hacía mi abuela. Un recuerdo muy vivo es el que cuento en el poema De senectute . En él intento retratar a esas señoras mayores a las que venían a peinar sus hijas cada día. Llenaban la palangana, echaban en ella las peinas y las horquillas y trenzaban los largos cabellos grises para acabar recogiéndolos en un moño.
-Un recuerdo de la infancia.
-En mis poemas aparecen muchas veces sensaciones de la infancia en el Valle del Jerte. En el poemaAmanecer hablo del prado debajo de la espalda, de los pies mojados en los charcos, de los bolsillos llenos de objetos, de los dedos en la masa de los dulces que hacía mi abuela. Un recuerdo muy vivo es el que cuento en el poema De senectute . En él intento retratar a esas señoras mayores a las que venían a peinar sus hijas cada día. Llenaban la palangana, echaban en ella las peinas y las horquillas y trenzaban los largos cabellos grises para acabar recogiéndolos en un moño.
-Una canción que recuerdas con cariño.
-Las coplas de ronda y de boda que se cantan por el norte de Cáceres. Fueron mi iniciación a la poesía.
2.12.13
Regalos
Y todos en el colegio donde trabajo. El primero, de la mano de María Jesús Manzanares, el mismo día que Emilio Antero hubiera cumplido setenta y siete años: un ejemplar de mi novela, digamos, Las murallas del mundo, el suyo, con las anotaciones a lápiz, subrayados, flechas, citas... Una letra minúscula, pero legible, que da cuenta de hasta dónde llegó, minucioso, con su lectura. Le cuesta a uno abrir el libro y escuchar a Emilio. Ayer subí a su pueblo, Guijo de Santa Bárbara, para mirar por él lo que ya no ve pero contempló tantas veces, y así agradecerle esas señales. En La Puente, donde siempre paro, asomado a las aguas limpias de la Garganta Jaranda.
El segundo, el Día del Maestro, también la semana pasada. Todos los años, según costumbre, el equipo directivo regala un detalle a los compañeros. Éste han elegido mi último libro, Plasencias. Cuando llegué esa mañana, la del 27, el director repartía los paquetes envueltos en papel color plata. Fue una sorpresa -con algo de sobresalto- ver que se trataba de mi librino. A uno le tocó otra cosa: un bolígrafo. Muy bonito, por cierto. Para una doble misión: "para que sigas escribiendo", me dijo el secretario. Y "para las dedicatorias", añadió la jefe de estudios. En eso andamos.
Y el tercero, de mi querido amigo Salvador Retana, un pintor -o un artista- que me deja pasmado con sus incisivas reflexiones sobre la vida, que tanto ha vivido, dignas de un sabio chino retirado a las montañas. Un resistente que apuesta por el futuro cada día. En forma de libro o de cuadro o de fotografía o de aforismo. Un paseante, sí, y un lector exquisito. De donde más y mejor piensa y lee, su casa de Gredos, donde cultiva un huerto y tiene árboles frutales, me trajo unos higos pasos que cuando como me recuerdan su dulzura y su apego a la tierra, donde está lo que importa. Una lección de humanidad y nobleza que sana.
Se presentó en el colegio con los higos y apenas si pudimos saludarnos. Bien sabe que nos lo tenemos casi todo dicho. Que la amistad es eso.
Se presentó en el colegio con los higos y apenas si pudimos saludarnos. Bien sabe que nos lo tenemos casi todo dicho. Que la amistad es eso.
Gracias.
1.12.13
Turia, 30 años
Con el número 108 celebra la revista Turia su trigésimo aniversario. En una nota editorial se nos recuerda la "esperanza en el papel civilizador de la lectura", su carácter plural, integrador y abierto, "el triunfo de la obstinación", que se ha hecho y se hace en Teruel, "territorio del interior de España", y, en fin, que la política y lo público pueden ser algo más que mero descrédito.
Con gran sentido de la oportunidad, Raúl Carlos Maícas, su fundador y director, ha decidido dedicar el Cartapacio a la escritora Ana María Navales, codirectora de Turia desde 1990 hasta 2009. No deja de ser el mejor homenaje posible. El que a ella más le hubiera gustado. Un dossier donde no falta su reflexión, en tono memorialístico, bajo el acertado título de "Turia, una aventura compartida". Porque ella, nos cuenta, hizo también suyo el proyecto. Y así fue hasta que la muerte se la llevó, hace ahora cinco años.
Recuerdo las cartas de Navales, como las puntuales solicitudes de Maícas que en estos años han ido llegando a casa. Antes en papel y ahora por correo electrónico.
Basta con echar un vistazo al sumario para calibrar el alcance de esta publicación periférica. Tan universal como de las apartadas tierras turolenses donde se concibe. Escritores y editores como Magris, Herralde, Siruela, Villoro, Merino, Mateo, Puértolas, M. de Pisón... Poetas como Nuno Júdice (traducido por López-Vega, que escribe una sagaz introducción), Gamoneda (que recuerda a Diego Jesús Jménez), Margarit, De Cuenca, Trapiello (que rescata un poema del 89), García Montero, Doce (que vuelve a dar un arriesgado salto hacia delante), Ferrer Lerín, Azaústre... Entrevistados como Auster y Savater. Y un montón de críticos que comentan las novedades.
Uno está agradecido y contento por su colaboración, en forma de poema, en un número tan especial. Ojalá vengan otros treinta años para Turia, esa suerte de río que nos lleva. Y que los leamos.
POÉTICA
La poesía,
sus elucubraciones,
los asedios
que gravitan en vano
―teóricos, abstrusos―
sobre ella.
La poesía
que hoy sólo se me antoja
tan sencilla
como el gesto de alguien
que da un vaso de agua
a otro con sed.
30.11.13
Cumbreño en La Puerta
Una vez más, Cumbreño, que a uno se le antoja apellido de torero, llegó a Plasencia y abrió La Puerta de Tannhäuser, que no es una plaza literaria cualquiera. Estuvo muy bien acompañado. Para ayudarle en la lidia de sus dos últimos libros: Made in China (Luna de Poniente / De la Luna Libros) y La temperatura de las palabras (Álogos / La Isla de Siltolá), echó mano del placentino Víctor Peña Dacosta, aunque no lo parezca, todavía poeta inédito. Supongo que todos se han fijado en las caras graves y circunspectas que adoptan los escritores y quienes les acompañan en las presentaciones de libros, que dan como resultado fotografías de carácter dramático. Pues bien, VPD tiene el talento de lograr todo lo contrario: que una sonrisa permanente, con ataques puntuales de risa y hasta de carcajada, ilumine el rostro de los presentes, lo que hace todo mucho más llevadero. Sí, porque esa ceremonia tiene su aquél, que no siempre agrada. Uno, que a las ocho y media de la tarde (ahora noche cerrada) está ya cenado y casi dormido, tuvo que hacer un gran esfuerzo para salir de casa, con el frío que hace, y bajar hasta la calle Zapatería, esquina Arenillas, en busca, ay, de la poesía perdida. Luego, claro, el paseo mereció la pena, porque Peña estuvo ágil, lúcido, ocurrente y divertido y Cumbreño a la altura de sus obras, de las que, por cierto, ya se habló aquí.
Tras el análisis del primero, leyó el segundo. Poemas y fragmentos de una y otra que no dejaron de ser líneas de ese mismo libro, plural y ajeno a un determinado género, que el cacereño viene escribiendo desde hace años. Y publicando, claro. A buen ritmo (según los cálculos de Peña, a una media de 0,8 libros al año), sin desmayo, compaginando esa tarea insomne con la edición de libros, donde la media se multiplica hasta extremos paradójicos tratándose de una empresa liliputiense.
Ninguna celebración mejor, se dijo uno, para el Día de las Librerías. Y eso debieron pensar también otros. Como Chose, que vino con él (y sin niños); mi compañero José Luis Carrión, casado con una tía del poeta; Manolo, padre del presentador (y no sé si apoderado, que bien podría, siendo el salmantino) y, cómo no, los anfitriones, Cristina y Álvaro. El resto de la sala estaba lleno, pero de gente joven y de mediana edad que uno, solitario empedernido, en su mayor parte desconoce. No creo que se aburrieran.
Subí contento, calle del Rey arriba, y aproveché para tomar el fresco, que son muchos los meses de calor que se sufren en este pueblo. Al pasar, no sé si por lo extraño del sitio y de la hora, noté la Plaza de lo más animada.
Ya en casa, ojeé los libros de Chirinos, Santamaría y Pimentel que el Cumbreño editor me había regalado. Tan generoso, sí, y tan buena gente como el poeta.
Ya en casa, ojeé los libros de Chirinos, Santamaría y Pimentel que el Cumbreño editor me había regalado. Tan generoso, sí, y tan buena gente como el poeta.
29.11.13
La lluvia
Que, a pesar de Borges, no siempre sucede en el pasado. No al menos para Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963), autor de La lluvia, que publica, en una hermosísima edición, la sevillana Renacimiento y que sucede, en lo que a libros de poesía se refiere, a Farewell to Poesy, El árbol de la vida y Lejos.No es cosa de descubrir a estas alturas a Taravillo, un tipo inquieto donde los haya, y menos aquí, en un rincón que frecuenta. Por lo demás, son numerosas las reseñas que ya ha merecido esta entrega.
Uno se queda con la claridad y la sencillez de una poesía escrita en el tono bajo de las confidencias, tan fiel a las impresiones. Con los poemas breves, sobre todo, acaso porque lo que él dice se ajusta mejor a esa medida. Como al aire oriental, que le sienta tan bien a esta manera de ver y de decir; que cala, se diría, en estos versos como el agua que cae del mismísimo cielo. Por ejemplo, en la occidental Irlanda.
Predomina, sí, lo escueto. Las distancias cortas. La memoria. Lo cotidiano, que reflejan mejor que nada los objetos: el frigorífico, las gafas...
Serenan estos versos. Y acompañan, como sólo saben hacerlo los amigos. Sí, epifanías.
28.11.13
Adivina
Aquí se puede escuchar la larga conversación que manutuve anoche con el periodista José Carlos Macías en Canal Extremadura Radio. En su programa "Adivina quién viene a cenar esta noche".
Por cierto, agradezco no sólo la invitación a Macías, sino también las opiniones de Santiago Castelo, Miguel Ángel Lama, Carlos Medrano, Santiago Antón y Álvaro Hurtado que colaboran también en la entrevista.
Júdice
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| Francisco Seco / El País |
Con motivo de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía, Antonio Jiménez Barca ha entrevistado a Nuno Júdice para El País.
De paso, Antonio Sáez Delgado traza un certero perfil del excelente poeta portugués bajo el título "El sencillo verso de lo grave".
También en el El Cultural.
También en el El Cultural.
Ministros
Todo es susceptible de empeorar, sí. Por ejemplo, un ministro de Cultura. Como el cantamañanas venezolano. Barbarito tenía que llamarse. Al parecer, fue abucheado en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco de Caracas tras una inspección del local de Instrumentos Musicales "Piña Musical". ¡Y nos quejábamos de nuestro Wert!
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| Forges / El País |
27.11.13
Cuatro libros
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Aunque a uno le gustaría hablar por extenso de todos los libros que lee (y que merecen, a mi modesto entender, ser comentados), el tiempo manda. Por mucho amor al arte que se tenga. Peor sería ni siquiera nombrarlos, se dice uno a modo de consuelo.
Cuatro traigo hoy a colación. El primero, Una copa de Haendel, de José María Jurado (Sevilla, 1974, aunque criado en Cáceres), lo publica La Isla de Siltolá en su colección Tierra. Está dedicado "A la clara memoria de Miguel García-Posada, a quien se brinda también el último poema, "La quencia", título homónimo de uno de los libros de memorias del añorado crítico y poeta sevillano.
El libro, o eso me ha parecido, tiene un aire de otro tiempo. Y no por anacrónico. Más bien por intemporal. O por su indudable tono clásico. Culturalista, en el mejor sentido, sin por ello ocultar el aire veneciano de nuestros novísimos, con Venecia y todo. De los novísimos y, añado, de cierta poesía andaluza de los ochenta que remite a modelos anteriores: Cántico, por ejemplo, donde el círculo se cierra. Y no sólo.
Cuatro traigo hoy a colación. El primero, Una copa de Haendel, de José María Jurado (Sevilla, 1974, aunque criado en Cáceres), lo publica La Isla de Siltolá en su colección Tierra. Está dedicado "A la clara memoria de Miguel García-Posada, a quien se brinda también el último poema, "La quencia", título homónimo de uno de los libros de memorias del añorado crítico y poeta sevillano.
El libro, o eso me ha parecido, tiene un aire de otro tiempo. Y no por anacrónico. Más bien por intemporal. O por su indudable tono clásico. Culturalista, en el mejor sentido, sin por ello ocultar el aire veneciano de nuestros novísimos, con Venecia y todo. De los novísimos y, añado, de cierta poesía andaluza de los ochenta que remite a modelos anteriores: Cántico, por ejemplo, donde el círculo se cierra. Y no sólo.
De la musique avant toute chose, diríamos de nuevo con Verlaine. Sí, prima el sonido. El impecable ritmo de los versos (que no desdeñan el poema en prosa) tanto como las constantes referencias a músicas y a músicos: Chopin, Schönberg, Gerstwin, Schubert... Sigue el arte: la pintura ante todo: Gris, Turner, Klimt, Friedrich...
El libro no podía empezar mejor: "Chejoviana" es un poema estupendo. El resto no deja de ser un intenso paseo por el lujo, la belleza y, ya se dijo, la música y el arte.
Cerca del origen, el segundo, es la ópera prima del poeta extremeño Fernando de las Heras (pacense del 81) y lo publica la Editora Regional de Extremadura en la colección Poesía que cambia de aspecto, y mira que el anterior era bonito.
Se abre con una cita de Joan Brossa donde leemos: "Entre las letras del abecedario aún queda mucho por decir".
Se abre con una cita de Joan Brossa donde leemos: "Entre las letras del abecedario aún queda mucho por decir".
Formado, como tantos poetas de aquí, en la Universidad de Extremadura (con estancias, en su caso, en Lisboa y Lieja), su poesía tiene aliento metafísico (o de orden filosófico) y, por eso, sus poemas son densos y discursivos, donde abunda el tono de la meditación.
Prima, o eso me parece, lo intempestivo. Ese aire intemporal, digamos, sobrevuela sobre una indagación, entre histórica (o pre-histórica) y científica (o de ese tenor), en torno al origen o a los orígenes, algo que se ajusta perfectamente al título del libro.
Hay poemas muy logrados. Así, "La ley del cielo", "Fe de erratas", "En la danza sufí", "El don de habitar"... Me han gustado especialmente los poemas breves, que, ya se dijo, escasean.
He anotado algunos versos sueltos: "Y dentro de la luz / la palabra", "qué camino tomo para perderme?", "Tenemos el único propósito / de aprender a ser mortales".
Hay poemas muy logrados. Así, "La ley del cielo", "Fe de erratas", "En la danza sufí", "El don de habitar"... Me han gustado especialmente los poemas breves, que, ya se dijo, escasean.
He anotado algunos versos sueltos: "Y dentro de la luz / la palabra", "qué camino tomo para perderme?", "Tenemos el único propósito / de aprender a ser mortales".
No le falta dignidad a la obra ni, siquiera sea por su título, originalidad. Tampoco ambición. Se aprecia un tono sostenido, una voz personal, un camino propio y una unidad que dice mucho de Fernando de las Heras. Habrá que permanecer a la espera de nuevas entregas, aunque a uno le parece que, leído lo leído, este hombre llega dispuesto a quedarse. Tiempo al tiempo.
Se nos recuerda, en fin, que el libro obtuvo una Beca a la Creación de la Junta de Extremadura en 2008. ¡Qué tiempos!
Un lugar en el que nunca he escrito, el tercero, es la segunda entrega poética de Aitor Francos (Bilbao, 1986) y la publica Renacimiento. A Francos ya le mencionamos aquí, a propósito de su ópera prima, Igloo, que tuvo edición doble: en la editorial de Abelardo Linares y en la liliputiense de Cumbreño.
Bilbao y la poesía urbana están en la base de este libro. Y la poesía, sobre la que se reflexiona o a la que se hace mención constantemente. Con forma de soneto (catorce versos endecasílabos en cuatro estrofas, dos de cuatro y dos de tres, pero sin rima), estos poemas recuerdan, por su tono: desenfadado, coloquial, claro, a Juaristi, por el paisanaje, o a Luis Alberto de Cuenca, por su atmósfera de serie negra. Hay mucha literatura (muchas lecturas) dentro y no poca música. Prima la ironía ("Me temo que no pasaré a ser / un mediocre poeta provinciano"). Incluso apunta a veces el sarcasmo. Y hasta cierto malditismo, propio de la vida en la ciudad hostil.
Varios poemas me han gustado especialmente: "Hrönir", "Narkissos", Bibliomanía" (una suerte de paradigma: "No me conviene repetir estilo / por el bien común de los contrarios") o "Tristerías de Laforgue".
"La poesía -escribe Francos- es un silencio / que no alcanzaremos a pronunciar / enteramente".
En el cuarto, El principio celular, reúne Jorge Barco (Salamanca, 1977) poemas escritos entre 1998 y 2013. Está publicado por Origami y la cubierta de Pablo Gallo, he de reconocerlo, me gusta mucho.
Ya desde el principio se aprecia que Barco está inclinado a divertirse y a divertirnos. Su desenfado es elocuente desde el mismo título (que no surge del mundo científico, como pudiera parecer, sino del Reglamento Penintenciario: Artículo 13 del Real Decreto 190/1996, de 9 de febrero), sigue con el prólogo y sienta bases firmes en el primer poema: "Para qué sirve Jorge Barco". De ahí en adelante todo es ironía, humor, disparate, boutade, juego, exabrupto, etecé, eceté. Chiste, incluso. Todo envuelto con mucha literatura (referencias, lecturas): Pessoa, Virgilio, Gimferrer, Colinas... Por más, cabe precisar, que a quien remite esta poesía es a eso que llaman "realismo sucio", siquiera sea para reírse de él.
Parece que Barco escribe con suma facilidad, que todo en su poesía es espontáneo. Y muy simple. Por cotidiano y de todos. Eso sí, aunque no siempre ocurra, esa presunta desenvoltura puede acabar volviéndose en su contra. Cuando adquiere tintes de ocurrencia. Entonces, lo sencillo torna simple, incluso superficial. Insisto, no ocurre por sistema, pero el peligro acecha. Y en alguna ocasión, salta.
No es menos verdad, según creo, que tras la aparente, continua juerga verbal subyace la melancolía, el desgarro, la desazón, el desesperado mal de vivir. Y la reflexión, claro. No todo va a ser jijiji y jajaja.
Entre las continuas referencias a Laetitia Casta y al "mundo real" (el que quiere Zadie Smith, ajeno a los paseos junto a un lago), más allá de las irreverencias, la provocación y el escándalo, late una poesía bien trabada, donde el amor es parte fundamental y el humor, ya digo, norma.
26.11.13
GHB en El Cultural
Fernando Díaz de Quijano (qué oportuno apellido) entrevista a GHB en El Cultural del diario El Mundo (gracias, Zoki). Hoy, que se presenta en la librería La Central de Madrid La sed de sal. El pasado sábado me comentaba que la conversación telefónica fue larga y que el periodista había leído la novela. Conviene destacarlo.
P.- El crítico de El Cultural Ricardo Senabre, además de proclamar su excelencia, ha dicho de usted que es un escritor minoritario, entre otras razones, por “la índole extremadamente culta de su escritura”. ¿Está de acuerdo? ¿Cómo concibe su prosa?
R.- Me gusta que la prosa tenga intensidad poética y un ritmo marcado. Le doy muchas vueltas a las frases hasta que me suenan bien. Me reprochan a veces que pongo demasiados adjetivos, pero lo hago por musicalidad. De hecho, se me hace cuesta arriba leer una novela que no tenga intensidad en la prosa. Cada vez me gusta menos la prosa meramente informativa. Lo del exceso de culturalismo en mi literatura es cierto, pero creo que La sed de sal es mi novela más llevadera en ese sentido.
25.11.13
Una carta para Wert
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| Cadena Ser |
"Apenas queda tiempo para preparar, como el acontecimiento exige, el IV Centenario de la segunda parte del Quijote y de la muerte de Cervantes. En Inglaterra ya están trabajando a fondo en la celebración del aniversario de Shakespeare, que murió el mismo año y, según algunos, el mismo día que Cervantes. Aquí, en España, hay gentes cerriles que carecen de tiempo para semejantes menudencias, desbordado como estás en tu esfuerzo de arruinar el teatro y el cine, agrediéndoles generosamente con un IVA del 21%, mientras en Noruega es del 0%; en Francia, del 2,1%; en Suiza del 2,5; en Grecia, del 6,5%.
Y lo más hiriente del caso para el PP, querido ministro, es que José Luis Rodríguez Zapatero anunció desde la oposición que se proponía celebrar con la debida grandeza el IV Centenario de la primera parte del Quijote y, ya en el poder (...), se volcó en robustecer a lo largo de todo el mundo la figura de Cervantes".
El autor de este texto no es precisamente un izquierdoso, ni se ha publicado en El País. Todo lo contrario. Es de El Mundo y lo firmaba ayer, en su sección Las cartas boca arriba, el muy pedante y engolado Luis María Anson, de la guardia pretoriana pepera. Está dedicado, cómo a no, al inefable Wert.
"Para ti, Cervantes no es más que un pardillo que escribía novelas", le dice un poco antes. Uno se compadece de José María Lasalle, al que también cita el exdirector de ABC. Qué papelón el suyo. Trabajar con ese hombre...
24.11.13
Carta de San Vicente
El viernes, según lo previsto, se celebró, como cada año, el homenaje en memoria del escritor y poeta Ángel Campos Pámpano, a punto de conmemorarse el quinto aniversario de su muerte. Fue en su pueblo, San Vicente de Alcántara, en la Ermita de Santa Ana, que se quedó pequeña.
De los anunciados, sólo faltaron dos amigos: Basilio Sánchez (Lama leyó un emocionante texto suyo) y el poeta aragonés Ángel Guinda. Otros muchos se sumaron desde la distancia: Carlos Medrano, Jordi Doce, Claudio Rodríguez Fer, José Antonio Zambrano, Manuel V. González Antonio y Luis Sáez...
De los anunciados, sólo faltaron dos amigos: Basilio Sánchez (Lama leyó un emocionante texto suyo) y el poeta aragonés Ángel Guinda. Otros muchos se sumaron desde la distancia: Carlos Medrano, Jordi Doce, Claudio Rodríguez Fer, José Antonio Zambrano, Manuel V. González Antonio y Luis Sáez...
En la mesa, durante la primera parte, el citado Miguel Ángel Lama, coordinador del acto, junto al pintor Javier Fernández Molina y Emilio Torné.
El primero explicó la génesis, algo rocambolesca (muy a lo Pámpano: tales para cuales), de El río Guadiana, obra gráfica de la Biblioteca Errante, con pinturas suyas y textos manuscritos de Ángel y Carlos Lencero. Un libro de artista que ha tardado veinte años en ver la luz.
A continuación, tomó la palabra Emilio Torné, editor de Calambur (donde apareció la poesía completa de Pámpano) y viejo amigo suyo (no en vano fue el encargado de diseñar los primeros números de la revista Espacio/Espaço escrito), para hablar de Blanco comienzo. La luz en «Sarteneja», una hermosísima plaquette (que a Angelito le hubiera encantado y que se regaló a todos los presentes) con unos poemas inéditos dedicados a su amigo Javier (que ilustra la cubierta: las palmeras de la finca familiar) con motivo de la muerte de su padre, en el mismo tono elegíaco de los que componen el, acaso, mejor libro de Campos: La semilla en la nieve.
Fue entonces, creo recordar, cuando cayó de la cúpula de la ermita un trozo de escayola que de milagro no nos amargó la velada. La presencia de Ángel, ay, se hizo notar.
Siguió, ya en la segunda parte, la presentación del número 7 de la revista de poesía El Alambique, dedicado, claro está, a él. Tomaron la palabra, su director, Agustín Porras, y uno de los miembros de su consejo de redacción, el poeta José Cereijo. Después fuimos leyendo algunos de los colaboradores del monográfico: Antonio Gómez, Elías Moro, Luis Arroyo (que leyó un poema de Medrano y una remota traducción pampiana de Ramos Rosas) y uno mismo. En lugar de leer el poema publicado en la revista -escrito desde la rabia, que en parte aprendí del rebelde de Ángel-, opté por "Viaje a Lisboa".
Porras, Cereijo y Torné leyeron poemas de La semilla en la nieve.
Porras, Cereijo y Torné leyeron poemas de La semilla en la nieve.
Destacaría uno la mano maestra que guió el acto: la de Eva María Romero Rivero, antigua alumna de Ángel, sanvicenteña también, y hoy profesora de instituto en Hoyos (no sin pasar por las clases del profesor Lama, que la calificó de "alumna ejemplar").
Y, cómo no, la parte musical, a cargo de David Álvarez (a la guitarra) y Álvaro Rodríguez, que cantó tres canciones que a uno le sonaron a gloria.
Impecable la organización, por cuenta de la Asociación Cultural "Vicente Rollano" y otro amigo del alma: José Juan Cuño, y significativa la colaboración de Izquierda Unida de San Vicente (cuya agrupación local impulsó Campos), como elocuente fue la presencia de Pedro Escobar, coordinador regional de esa formación política, compañero de Ángel en Lisboa, la única autoridad -una suerte- presente en la ermita (que se atrevió con un poema de La semilla en la nieve). El alcalde socialista no se dignó aparecer. Tampoco representante alguno de la Consejería de Educación y Cultura hizo acto de presencia. Mejor, ya digo. La cultura, ya saben, ese desperdicio.
En lo personal, emociones al margen (a la salida alguien evocó otro homenaje en San Vicente: el que hicimos al añorado Alfredo Gordillo), fue bonito reencontrarse con antiguos amigos: mi querido Luis Arroyo, hermano mayor de todos nosotros, a quien tanto quiso el autor de La ciudad blanca, Elías y Antonio, Emilio, Jacinto Haro... También Carmen y sus hijas, Ángela y Paula, tan altas y guapas como sus padres. Y un gusto conocer personalmente a otros: Agustín Porras y José Cereijo, por ejemplo.
El rápido viaje de ida y vuelta fue placentero. Cuántos recuerdos entre aquellas curvas perdidas, entre nieblas y veras, del Puerto de Elice. Y, en medio de todo, la presencia viva, sí, de nuestro inolvidable Angelito, que cada vez vive más entre nosotros.
23.11.13
El profesor Lama
Anoche estuvimos con él en San Vicente de Alcántara, recordando a nuestro querido amigo Ángel Campos. Me refiero a Miguel Ángel Lama Hernández, profesor de la Universidad de Extremadura, crítico literario y bloguero.
El Periódico Extremadura publica una conversación con él.
La serie Letras desnudas, tras un divertido paréntesis, vuelve, qué alegría, a la sensatez. Y por todo lo alto.
-¿Un crítico literario es un escritor al que le gusta ver los toros desde la barrera?
-Un crítico tiene que ser un lector; y no está mal que de vez en cuando se moje, salte al ruedo. Por otro lado, a veces, los toros saltan desde la arena hasta el tendido y son los de barrera los más afectados por el susto.
-¿El escritor debe estar al margen de la política o la escritura puede ser un arma de compromiso político?
-El escritor tiene que ser también conciencia crítica de la sociedad; por eso, no puede estar al margen de casi nada; y menos, de la política.
-¿Vivimos la edad de oro de las letras extremeñas?
-Alguno ha utilizado esa etiqueta, como una manera entusiasta de destacar un momento próspero. Desde luego, es un hecho objetivo que nunca se había vivido un momento así. Decir que vivimos un momento único no es más que constatar una carencia histórica.
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