3.2.15

Una conversación

Fernando Aramburu publica en su editorial de siempre, Tusquets Editores, y tras el paréntesis de su anterior novela, Ávidas pretensiones, que apareció en Seix Barral gracias al Premio Biblioteca Breve, un libro singular: Las letras entornadas. Dividido en 32 capítulos, el autor ha ideado una particular estrategia narrativa consistente en presentar cada uno de ellos precedido por un diálogo con el Viejo, un personaje, al que se califica de "disfrutador" ("Mi oficio, disfrutar serenamente"), con el que se reúne cada jueves, a lo largo de once meses, para departir en la biblioteca de su ático sobre literatura y, de paso, dar buena cuenta de la bodega del anfitrión ("ciento cincuenta botellas de vinos selectos"), lo que aporta a la novela, por cierto, un curioso añadido báquico que será apreciado por los aficionados a degustar esa noble bebida.
Esas conversaciones, contadas con una naturalidad destacable (uno de los aciertos, a mi modo de ver, de la obra) y que le sirven también a Aramburu para narrar y recordar aspectos, peripecias y avatares de su propia vida (sobre todo de su infancia, adolescencia y juventud), introducen una serie de textos (ensayos, artículos) donde reflexiona sobre distintos aspectos literarios, ya se dijo. No sólo relativos a las obras de otros, sino a la escrita por él, lo que conduce necesariamente a mostrar una suerte de poética que sus lectores y estudiosos han de agradecer por su claridad y lucidez ("El autor cocina, el lector degusta"). Así, sabemos que debe su devoción por la lectura al sacerdote Pedro María Manchola y que de él aprendió que al "gusanillo de leer" le favorece la convivencia con otros niños lectores. Y la de lector, bien se sabe, es una condición que determina la vida de cualquiera, como este libro viene a probar. De ahí, pongo por caso, su vinculación con la librería donostiarra Lagun, donde adquirió su primer libro y en la que no ha dejado de entrar. Por eso señala que sus orígenes lectores están, entre otros, en el Quijote y el Lazarillo (pícaro ha sido siempre Aramburu), si bien antes llegaron los tebeos.
Hijo de un obrero fabril (empleado de Artes Gráficas Valverde) y de un ama de casa, tuvo claro desde muy pronto su vocación por la escritura. A la vuelta de los años, se enorgullece de haber podido dedicarse a ese trabajo gustoso y, en los últimos años, después de cumplir los cincuenta y con veintitantos a las espaldas en la docencia, a tiempo completo. "Yo no concibo mayor fortuna que la derivada del ejercicio profesional de una vocación", indica.
Nos cuenta, además, que desde muy pronto tuvo claro que quería marcharse de su tierra natal, lo que no significaba, aclara, "renunciar a mis orígenes", y que, tras un fortuito encuentro estudiantil en Zaragoza, "la Guapa, Alemania y él" llevan ya treinta años juntos.
A CLOC, Grupo de Arte y Desarte, donde fue joven y surrealista, le dedica también algunos párrafos. Y al terrorismo, un problema que conoce bien (uno de los capítulos reproduce el discurso de aceptación del Premio Fastenrath de la Real Academia por su libro Los peces de la amargura, donde leemos: "la gramática civiliza").
Por sus páginas pasan muertos prematuros como el canario Félix Francisco Casanova y el alemán Borchert; enfermos como Gracia Armendáriz e hijos como Giralt Torrent. Y Mann, Aleixandre, Pedro Páramo (uno de los textos más interesantes y poéticos del conjunto), Celaya (narra un encuentro que me recuerda mucho al que tuvo uno hace décadas con el poeta vasco en una desaparecida librería de Cáceres), su paisano Ramiro Pinilla, el crítico Reich-Ranicki ("Sin amor a la literatura no hay crítica", "Su ideal de estilo (..) es la claridad"), Victor Klemperer (víctima del nazismo), Emma Bovary (en su fiacre) y Raskólnikov, Blas de Otero (que le sirve para cavilar sobre la religión), los cuentistas Aldecoa y Cortázar (y su "Casa tomada")... Ah, y un par de amigos, que dan el plácet a todo cuanto escribe: Díaz de Guereñu e Irazoki.
Hay reflexiones sobre la relectura ("los libros nos leen mientras nosotros los leemos"), la poesía ("El poeta expresa la intimidad de la especie"), la relación entre historia y novela, el cuento, la realidad (a partir de su invento: el chestoberol), la presunta muerte de la novela (ese chiste recurrente), la naturalidad (y La Plaza del Diamante, de Rodoreda), etc.
A la constancia, a la terquedad incluso, ha de atribuirse que Aramburu haya llegado donde está. Su nombre es uno de los imprescindibles de la literatura en español del siglo XXI. Su "lección de perseverancia" (como la que le llevó a iniciar un diccionario de gentilicios en la adolescencia) es un ejemplo, en especial para los jóvenes, a los que tanto tiene en cuenta (tal Pilar Adón, protagonista de otro capítulo). En un momento dado, en el que le dedica, cita una frase del mencionado Klemperer: "La sensación de tener que escribir es mi tarea vital, mi profesión", palabras que podría hacer suyas.
Porque "el hombre no sabe ser sin lenguaje", conviene destacar la importancia del mismo en Las letras entornadas. Sí, Aramburu es un escritor meticuloso que no le teme al "estilo alto" (que aquí atribuye, pongo por caso, al olvidado Aleixandre). De ahí que más allá de lo que cuenta, que no es poco, el lector disfrute, con la naturalidad y el encanto debidos, de giros, expresiones, palabras, construcciones y muchos recursos literarios más que vienen a demostrar que su defensa de eso, del desprestigiado estilo, no es una mera pose. Postureo, como se dice ahora. El epígrafe de Cioran que inaugura el volumen no es, en este sentido, gratuito. Aquí nada lo es.
"La literatura -afirma- es definitivamente una soledad acompañada". De ello da buena cuenta este delicioso libro lleno de un romántico entusiasmo de la mejor estirpe que al cabo podemos calificar, sí, de novela. Basta llegar al final para comprobarlo. No contempla uno un cierre más perfecto.
Antes, en la página 220, leemos: "prefiero dejar las letras entornadas, de forma que quienes, por circunstancias de la edad, vengan más tarde (si es que alguno viene) no se encuentre con la puerta cerrada". Pasen, pues, y lean.

2.2.15

De presentaciones (y van...)

Ilustra esta entrada una fotografía donde Víctor Martín Iglesias presenta en La Puerta de Tannhäuser el primer libro de Víctor Peña Dacosta. Fue en la "sesión golfa". Para entonces, los senior (puede comprobarse en otras fotos del evento) ya estábamos en casa. Sí estuvimos, que conste, en la presentación anterior, la seria, en el Verdugo, donde actúo de maestro de ceremonias Juan Ramón Santos que dijo, como acostumbra, cosas muy atinadas y muy bien dichas sobre La huida hacia adelante y donde Víctor leyó sus poemas con la contención debida, a pesar de que recitó alguno de los de "sexo explícito".
Allí estuvo el todo Plasencia y los temores de VPD y sus padres quedaron disipados. Somos así. O todo o nada. (Peor se las tendrá uno el viernes que viene, pues, también en La Puerta, presento junto a Pablo Luque Pinilla Cero, el último libro del poeta madrileño publicado por Renacimiento. No nos falléis.)
Tras el acto, un par de carmelos (cañas ya tomó uno bastantes a mediodía) con M. J., Y. y Gonzalo, y para casita. Ah, los vinos fueron a la salud de Aramburu. Mañana cuelgo mi reseña de Las letras entornadas, una deliciosa novela que este pasado fin de semana elogiaba Jordi Gracia en El País y a la que ponía peros Pozuelo Yvancos en ABC. Nada nuevo. Seguimos. 

Hilario Barrero lee "Tánger"

Hilario Barrero, poeta y profesor toledano en Nueva York, publica en su blog, Por hache o por be, una reseña de Más allá, Tánger. La ilustra con una fotografía tomada de Journals Mid-Fifities, 1954-1958, donde aparece el beat Allen Ginsberg en el centro, bajo una marquesina. Allí se puede leer: "El libro no es solo una elegía por una ciudad perdida (se canta lo que se pierde), es también una larga y dolorosa metáfora para todos los que hemos perdido “nuestro propio Tánger”. Y ahí reside uno de sus mayores aciertos. No se debería volver al paraíso porque se puede encontrar uno con el infierno. “Porque la vuelta atrás nunca es posible” Uno admira la maestría del poeta en hacer de lo difícil, aparentemente fácil, de acercar la poesía para todos, de ser capaz de condensar en un poema de tres versos algo para lo que otros poetas hubieran necesitado un libro entero." Thank you very much.

1.2.15

La poesía de Vicente Valero

Canción del distraído del poeta ibicenco Vicente Valero (1963) no es una antología cualquiera. El libro (que se pone a la venta mañana, aunque uno haya tenido la suerte de tenerlo en las manos con antelación), publicado por la editorial hispanomexicana Vaso Roto, agrupa, como se nos indica en la impecable nota editorial (una reseña en sí misma), poemas publicados, revisados, reunidos y reordenados de distinta manera, por una parte, y, de otra, se puede decir que estamos ante un libro nuevo, "conjunto unitario que aspira a ser mucho más que una antología cronológica al uso y que acoge también, sabiamente integrados, poemas inéditos recientes".
Antes de entrar en detalles, conviene destacar que Valero tampoco es un poeta cualquiera. Es, sin duda, uno de los mejores de su generación, la de 80 o de la Democracia. Y no sólo, por supuesto. También es traductor y ensayista (centrado, sobre todo, en la biografía de algunos ilustres visitantes de su isla) y el pasado año nos entregó su primera obra, en rigor, narrativa: Los extraños, que fue muy bien recibida por la crítica y por los lectores. Avala esa condición que destacaba la calidad de sus libros, su voz personal, perfectamente definida, que ha ofrecido, ya digo, obras autónomas caracterizadas por su particularidad. Un carácter singular y solitario, por cierto, que también atañe a su ir por libre. Una insularidad, en fin, que marca también un territorio, el de su Meditarráneo natal, lo que le permite abrir esta miscelánea con un verso luminoso de Rimbaud: "au réveil il était midi" ("al despertar era mediodía").
Lo demás, poemas que reflejan un mundo lleno también de luz, incluso cuando se interna en las inevitables sombras. Al fondo, maestros como Juan Ramón (no en vano editó para Tusquets su libro La estación total con Las canciones de la nueva luz) o los poetas griegos modernos, como Elytis y Seferis, que cierran, con sendas citas, el volumen.
Dije poemas y es que no hay más. Ni el prólogo habitual, ni la nota o el epílogo del autor. Tampoco se indica de qué libro procede cada uno y, en consecuencia, cuál es inédito o no. Sí, estamos ante un libro distinto, en varios sentidos.
Gonzalo Torné se preguntaba aquí atrás en El Cultural por qué la crítica no señalaba nunca el libro por el que deberíamos adentrarnos en la obra de tal o cual escritor. Suponiendo que uno sea crítico y mi opinión, válida, acaso éste de Valero sea la mejor puerta de entrada a su poesía, el que mejor se acomode a esa iniciación. Eso para quien no haya tenido la suerte de leerlo. Para los que sí, inéditos al margen, imagino que estarán encantados de revisitar esta casa de la vida, esclarecida y habitable, donde viven los versos de Vicente Valero.

31.1.15

El fugitivo

La huida hacia delante es el primer libro que publica el joven Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985) y eso es siempre un acontecimiento, en especial para el autor. Si se me permite la intromisión, uno también lo vive con intensidad. Porque conoce a Víctor (y a sus padres, Puri y Manolo) desde que era chico (ya apuntaba maneras), porque tuve ocasión de leer la obra cuando aún era inédita y le animé a que intentara que dejase de serlo y, en fin, porque aparezco como "artista invitado" en su ópera prima, lo que no deja de ser un honor y, añadiría, casi una grata costumbre si tengo en cuenta lo ocurrido en los libros recientes de dos amigos suyos, Juan Ramón Santos y Álex Chico, miembros de número de la lírica plaga placentina. Más allá de lo personal, que no es preciso ocultar (me remito a lo dicho por Echevarría), está el libro y los poemas que lo componen y eso es, sin lugar a dudas, lo que de verdad importa. Nada que ver esta lectura en papel con la efectuada en mayo de 2013 sobre la copia de word, que, por cierto, difería bastante de la versión definitiva publicada ahora por La Isla de Siltolá; mejorada, según creo.
El libro se abre con tres citas: de Mann, Hidalgo Bayal (vecino de puerta del poeta desde que aquél nació) y Homer J. Simpson, lo que da pistas fiables de por dónde transitan estos versos. De su tono (muy apegado a lo musical), quiero decir: alta y baja cultura, pongamos. El resto de las que abren las distintas partes que componen el volumen siguen la misma pauta y, de "variadas fuentes", lo mismo están firmadas por Houellebecq, Gil de Biedma o Eliot, que por Sr. Chinarro, Tyson, Castro o Rajoy (y hasta por su abuela, Silveria Peña: "Todos los amores son interinos"). 
"Conjugación simple", un breve poema que actúa a manera de prólogo, es una suerte de poética (con un guiño a otro amigo y poeta, Víctor Martín). 
En la primera serie, "Configuración personal", donde lo autobiográfico (nótese el juego de palabras) se convierte en rasgo fundamental, ya encontramos poemas que llevan en su título el término featuring, que Peña explica como "una especie de 'colaboraciones especiales' al rockero modo. Es decir, he tomado versos de poeta que respeto y admiro (como Álvaro Valverde, L. A. de Cuenca, Almudena Guzmán o María López Ponz) y he escrito un poema a partir del plagio de alguno de sus versos (convenientemente marcado en cursiva, claro). Estos poemas escritos, por así decirlo, 'en colaboración con' han recibido el título de 'featuring' seguido del nombre correspondiente, tal y como uno estaba acostumbrado a encontrar desde pequeño en aquellos objetos, hoy desaparecidos, llamados discos y que aún puede ver después del título de las canciones ese canal de porno light que es la MTV". 
"Trabajos de amor dispersos" están sí, entre la poesía de amor, entendida a su modo (políticamente incorrecto, sin temor al sexo explícito), y la novela negra (de línea negra, digamos, a la manera del citado LAdC), y es donde mejor se aprecia, por su impronta narrativa, que no miente cuando dice: "Confieso que escribo en verso por pura pereza". Y el humor, marca de la casa, tal vez el signo distintivo más evidente de esta poesía que no teme el riesgo y la experimentación verbal. Humor y desparpajo trufados de ironía y de sarcasmo, una mezcla no apta para pacatos. Tampoco faltan unas gotas de cinismo, tan adecuadas a un tono donde la risa no puede, ni quiere, ocultar la tristeza, el hastío y la desesperación. En "Captatio benevolentia" leemos: "Debo admitirlo: / no escribo para sentirme mejor, / escribo para sentirte peor. / Que no es lo mismo."
"Los papeles del divorcio" abunda en lo personal (con sendos antirretratos) y en lo amoroso y constituye una de las secciones más logradas y unitarias del conjunto.
Viene después "Un añito en el infierno" (donde alude a su experiencia en Casablanca y donde, por ejemplo, encontramos uno de los poemas más contundentes, "Nihilismo") y, por fin, "Adaptación al miedo", que abrocha perfectamente este prometedor primer libro con ejercicios literarios de alto voltaje, como la "Carta abierta..." de un Víctor Peña de 19 años al actual (muy Gil de Biedma) o el poema final, con el mismo título que esa parte. 
Más allá del sexo, la bebida y el rock’n’roll, de algunas irreverencias, provocaciones varias y mucho entretenimiento, La huida hacia delante (un título que me recuerda el aserto de Tomás Sánchez Santiago: "Todo escritor es un fugitivo") delata la presencia de un nuevo poeta y de una nueva poesía, débitos y homenajes mediante; algo que no se puede confundir con el mero pero peligroso juego de hacer versos.


30.1.15

DENIP

Hoy se celebra el Día Escolar de la No Violencia y de la Paz que fundó en 1964 Llorenç Vidal, a la sazón inspector de Educación y, entonces y luego, poeta. Esa conmemoración es hoy oficial y forma parte del calendario de celebraciones pedagógicas. En mi colegio, si el tiempo no lo impide, los alumnos y profesores se reunirán en el patio para cantar We Are The World, la famosa canción compuesta por Michael Jackson y Lionel Richie. También se pintará un mural kandinskyano con paloma incluida.
Con ocasión de esta cita anual que uno ya festejaba cuando era cosa casi clandestina y de unos pocos, traigo aquí un rescate efectuado por mi tío Paco Valverde, que ha publicado en su blog, Abitaex (Archivo y Biblioteca de Temas y Autores Extremeños) una vieja entrevista que me hizo para el diario HOY en noviembre de 1979, hace casi treinta y seis años. El 27 de noviembre, para ser exactos, Día del Maestro. 
Las fotografías no tienen desperdicio. En la de la derecha estamos Y. y yo con Lanza del Vasto en Puerto de Béjar a finales de los setenta del siglo pasado. ¡Qué tiempos!
Sí, el archivo de Francisco de Jesús Valverde Luengo es una joya. Y su biblioteca, la primera que conocí en mi vida y nunca me cansé de mirar.

29.1.15

Tres revistas

Ya ha aparecido el número 9 de Piedra y Cielola revista canaria que dirige Paco León. 
Entre las colaboraciones, tres poemas de mi admirado Fermín Herrero; un anticipo del primer libro de la nueva colección de poesía de la revista: Tiempo volar, de Juan Fuentes; un análisis concienzudo de Alejandro Krawietz acerca de la obra de Melchor López, que publica por primera vez una muestra de su obra gráfica; "Teorema" y "Sobre el poema", del portugués Heberto Helder, en traducción de Thiago Medeiros y el mencionado León; un poema de Richard Crashaw, inglés del XVII: «A Hymn to the Name and Honour of the Admirable Saint Teresa» -en versión de Jeannibeth Acosta y el Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna- sirve para conmemorar el V Centenario de la santa de Ávila; y un texto del gran Stasiuk, "Adefesios de hormigón", en versión de Maila Lema Quintana y Alejandro Rodríguez-Refojo. El varsoviano empieza: "La verdad es que amo la fealdad de mi país. Es irrepetible. No tiene parangón."

Aunque parezca mentira, Estación Poesía, la revista sevillana dirigida por Antonio Rivero Taravillo, llega al número 3 con un elenco de poetas estupendo. Allí, entre otros conocidos, Manuel Vilas, Juan Pablo Zapater, Isabel Escudero, José Luis Rey, José Julio Cabanillas, Marcos Matacana Martín, Toni Montesinos, Rosario Troncoso, Ana Gorría, Francisco José Cruz, Rafael Adolfo Téllez y Alejandro Duque Amusco.
Se recuerda a "Fito, Rafaelito, Rafael de Cózar" y, además de unas cuantas reseñas, se publica un texto sobre Juan Ramón firmado por Rocío Fernández Berrocal.
De lo leído, que aún no es todo, he disfrutado especialmente con los poemas de Zapater, Escudero, Cabanillas, Matacana, Cruz, Téllez y Duque. He dejado para otro momento los versos de los poetas a los que he leído poco o nada. Siempre cuesta más internarse en poéticas desconocidas o poco frecuentadas. En conjunto, la revista cumple, número a número, con las expectativas más exigentes. O eso me parece.

La cacereña Norbania, dirigida por Jesús María Gómez y Flores nos trae poemas (no siempre inéditos) de Carlos Medrano, Antonio Daganzo, Raquel Lanseros, Eduardo Moga, Monica Gabriel y Galán, Antonio Gómez, Antonio María Flórez y Pérez Walias entre otros. También algunos relatos; de Beatriz Osés, por ejemplo. Paco Rebollo evoca la ya larga vida de otra revista, ésta de cine: Versión Original, de la que fue fundador junto a su hermano Tinti y a su amigo Javier Remedios.
Destaquemos que se trata de un ejemplar solidario, pues el dinero recaudado con su venta irá destinado a FEAFES Cáceres (Asociación de personas y familiares con enfermedad mental)

28.1.15

La vida mitigada

© Guillermo Gallego
Ese es el hermoso título del último libro del poeta castellano Tomás Sánchez Santiago. Lo publica la leonesa Eolas Ediciones, en la misma colección que otros libros importantes ya comentados aquí, los de Juan Carlos Pajares y Avelino Fierro. Se presenta mañana en la librería Rafael Alberti de Madrid, junto a Zona de divagar, de Jordi Doce.
En "La escritura temeraria", palabras a modo de prólogo, leemos: "Estos textos nacen de esa manía temeraria de apuntarlo todo o casi todo según va llegando. No llevan mucho cincel y no pertenecen al mundo de la estridencia ni al de las gesticulaciones excesivas. Proceden más bien del lenguaje tranquilo o, todo lo más, de la necesidad de dejar congregado en pequeñas porciones lo que no acabó pudriéndose en una escritura de contrabando." "Doy cuenta de lo vi, de lo que oí, de lo que hubo cerca", añade. En "libretas de guardia". Y más adelante: "La vida mitigada, sí. ¿Qué otra manera de vivir es posible ya? Poco a poco, el ruido inaguantable del mundo nos ha ido expulsando a muchos hacia unas inmediaciones secundarias donde, cuando menos, es posible escuchar sin nervios las palabras de los otros, contemplar las cosas despacio y en sí mismas y tomar notas calientes de pequeños sobresaltos. ¿Para qué más?" Sí, podría uno repetir en lo que respecta a esta reseña. Está casi todo dicho. Sin embargo, algo puedo añadir; por ejemplo, que el libro está compuesto, ya se anticipó, de distintas partes que son, a su vez, diferentes libretas. Y que algunas anotaciones o apuntes se pudieron leer en otros sitios, aunque TSS carezca de blog. En Tam Tam Press, pongo por caso. O en fronterad, donde leemos: "Hacer. Recordar. Desear. (Presente, pasado y futuro). Quien pueda manejarlos a la vez con soltura podrá vivir sin miedo hasta el final. Todos los demás verbos son defectivos e irregulares".
Se mezclan las reflexiones acerca de la vida diaria (“Yo he sido siempre un cotidianista de la literatura”, dijo una vez) con las tomadas en los viajes, casi siempre a lugares conocidos y cercanos (el leonés es de Zamora y del 57). El Bierzo, Ciudadela, Cáceres, Soria, El Burgo de Osma (donde vivió), Urueña, Colombres, Salamanca (donde estudió), Segovia... Y Portugal, por supuesto. Más que un país, un estado de ánimo, un tono, común a no pocos escritores del Poniente español. "El dolor portugués (...) nunca hace ruido", dice parafraseando al poeta Marcial.
Lo normal es que se sitúen en bares de barrio, hospitales, el instituto donde trabaja y, sobre todo, en la calle y en casa. Desde la ventana que da a los gatos, pongo por caso, o a los transeúntes solitarios que habitan en "las ciudades calcinadas de interior". Como buen paseante, se fija mucho en los rótulos, en los carteles, en los letreros y anuncios callejeros. Si por algo se caracteriza el poeta es por su estado de atención permanente. Y su escritura, por la fijación en el detalle que refleja por medio de un castellano purísimo, en el mejor y más natural sentido del término, que casi siempre, sin forzar nada, se antepone a todo lo demás y, con sus iluminaciones, nos traslada a los reinos de la perplejidad y del asombro, tan cerca de nosotros casi siempre. Sí, este tímido de "tierras ensimismadas" conjuga de continuo el verbo mirar.
Más allá de las apariencias, el libro es un tratado de moral. Que nadie se asuste, ni hay moralina ni, stricto sensu, moralista. Pero hay moral, y ésta no es una de las menores virtudes de estos, digamos, diarios. Hay mucho de verdad aquí, y mucho de consuelo y de serenas advertencias sobre asuntos espinosos: la compasión, la amistad, los enemigos, el amor, la modestia... Por eso a veces adopta lo escrito un aire sentencioso, grave (sin solemnidad), aforístico.
Se habla de libros y de lecturas. Y mucho de poesía; así, en "Revuelto de frutos secos (Hojas sueltas: 2003-2012)". Y de escritores (JRJ, Gamoneda, Quignard...) y poetas: "El poeta es el que quiere estar siempre cerca de las cosas", escribe. O: "No es que la mirada del poeta vea las cosas por vez primera; más bien las ve como fuera de sitio. Su canto es de extrañeza, no de asombro". O: "Todo escritor es un fugitivo". Y de España y de política, temas eternos. Dos en uno. Y de muchas cosas menudas, diríamos, que, no obstante, tienen en su voz una hondura llamativa, perfectamente contada. Y de salud, de ahí "2007. Entre algodones (Días de hospital)". O de la edad, que avanza (en "Notas frías (Invierno de 2012)"). Abundan en el libro, por cierto, las menciones a los ancianos, a la vejez. A la fragilidad.
Porque el que anota es una persona inteligente, no faltan ni la ironía ni el humor, que a veces mueve, cuando menos, a la sonrisa. Por ejemplo cuando habla de un extravagante paisano mío y de la "demencia universitaria".
El volumen se cierra con un capítulo titulado "Sólo los mudos saben pronunciar la hache" donde TSS (que acaba de reeditar su novela Calle Feria) logra el doble salto mortal y medio (literario) al reunir en un único texto único (permítanme el alarde, especificativo y explicativo mediante), al reunir, decía, "entre memoria y fábula", el relato, la leyenda, el ensayo, la autobiografía ("tosansan"), el tratado y no sé cuántas cosas más (la poesía inclusive) para dejar en el lector un inmejorable sabor de boca a partir de esa novelesca invención con heterónimos incluidos. Hubiera bastado algo así para justificar la edición de este libro.
Estamos, en fin, ante una hermosa "sinfonía en mi menor", como bien dijo alguien, en contraste con lo habitual en estos casos: "la Modestia en Mi Mayor".
"(...) Uno cree que replegarse a ángulos discretos para vivir no supone perder intensidad; y una vida mitigada puede contener más interés que una existencia sustentada en el trasiego y en el culto compulsivo a la mudanza", escribe al principio de la obra. Uno, miembro de "esa cofradía que cuida de la vida mitigada", asiente. Sí, este es un "libro que da cuenta de un hombre tranquilo". Con qué sencillez. Con qué belleza. 

27.1.15

Con Álex en La Puerta

El pasado sábado por la noche nos reunimos en La Puerta de Tannhäuser un grupo de amigos y lectores en torno al nuevo libro de Álex Chico, Habitación en W.
Gonzalo Hidalgo Bayal empezó su esperada disertación (leída, of course) "pidiendo disculpas a la audiencia en general y a Álex Chico en particular, pues no sé qué puede haberle hecho pensar que soy persona adecuada para presentar un libro de poesía". Después, demostró a la concurrencia que de poesía entiende, como de tantas otras cosas. De sobra. No precisamente a "nivel de usuario". Lean, si no, sus palabras, publicadas al día siguiente en el blog.
Luego, Chico nos contó algo de su trastienda poética, explicó algunos pormenores y nos leyó unos cuantos poemas (mejor pecar de escaso en estos actos). Todos aplaudimos satisfechos y contentos. Con el local abarrotado, uno recordó a D'Ors y se dijo: "En Plasencia, a las ocho de la tarde, o presentas un libro o te lo presentan". La semana que viene le toca Víctor Peña (publicaré una reseña esa mañana con motivo de tan fausto acontecimiento) y la siguiente, también en La Puerta, conversaré con Pablo Luque sobre su libro Cero y algunas cosas más.
Álvaro y Cristina, los anfitriones, estaban encantados. Me lo decía Lola Larumbe la semana pasada: es una alegría ver cómo se te llena la librería. Son libreros que no se contentan con vender libros. Hablamos del desastre de la inundación y de cómo sucedió todo. Por suerte, quedó en susto. Morrocotudo, pero susto al fin y al cabo. Un sólo libro naufragó: Alzado de la ruina, de Aníbal Núñez. Se ve que la edición de Delirio es de calidad porque se ha recuperado del baño con una prestancia increíble. Aníbal se habría divertido con la anécdota.
Álvaro (es curioso que mi librero placentino de cabecera, digamos, también se llame así) me comentó sus planes, que mantengo por ahora en secreto. Recordamos la visita navideña de Jacobo Siruela e Inka Martí, los de Atalanta, encantados de comprobar dónde se pueden adquirir sus magníficos libros. De cómo empezaron y de cómo les va. La noche y el día. De su fama foránea, que uno ha podido rastrear aquí y allá. De Centrifugados y del irascible y apasionado (esto lo digo yo) Chema Cumbreño, promotor del evento. 
Charlé de jubilaciones con Manolo Chico, padre del poeta y viejo amigo. Saludé a mis compañeras Luci y Milagros. Y a Felipe Peral, marido de ésta, que, con ser joven todavía, es uno de mis lectores más antiguos. A políticos, como Flor Prieto y Francisco Martín. Volví a ver a Javier Morales y al citado Juanra. Echamos de menos a los Víctor's, aunque sí estaban José Luis y Manolo, padres de las criaturitas, y Puri, sufrida madre de Peña Dacosta (a ver qué lee en su presentación). Con Morán comenté, entre otras cosas, las desdichas que sufre su escultura en la plaza de Ansano y la irritante pasividad de las autoridades antes los continuos ataques a su integridad artística. Pizarro, un alcalde culto, no debería consentirlo.
Había muchas personas más, entre amigas, conocidas y saludadas (nadie evitable). Tomé un té, probé una Cibeles y, más tarde de lo que uno suele, volví a casa con Y., calle del Rey arriba. No, si a este paso doy en noctámbulo. A la vejez...

26.1.15

Otra crónica

El profesor y poeta Francisco Caro, que estuvo allí, ha publicado en su blog, Mientras la luz, una crónica (y más) de nuestra velada en la librería Rafael Alberti en torno a Tánger. Ah, es verdad. No había caído en que, para tan corto, abundan las tildes en el título. Agradecido.

Dos amigos en la Alberti


En La Casa del Lector



Diálogos de Primavera 2015

Bajo el epígrafe general de Diálogos de Lectura –expresión también del clima de intercambio y participación que deseamos defina nuestra propuesta– Casa del Lector continúa el ciclo con sus Diálogos de Primavera, encuentros y talleres destinados a profesionales y mediadores de la lectura. Impartidos por los mejores especialistas en su materia que nos permitirán profundizar en cuestiones de indudable interés y utilidad y, a su vez, seguir consolidando esa comunidad lectora que Casa del Lector quisiera siempre albergar y potenciar.

Presentamos a continuación las acciones programadas:
Inscripciones hasta el 17 de febrero 
LingMáTICas, impartido por Luis Miguel Iglesias
Inscripciones hasta el 7 de abril 
Inscripciones hasta el 19 de mayo 

25.1.15

En la Alberti

Uno ha escrito ya bastantes crónicas en su vida. Viajes, momentos, situaciones, actos, personales o no, que acaso merecían ser puestos por escrito para que no fueran pasto inevitable del olvido. Crónicas publicadas en este rincón y en otros sitios. Me gusta dar forma, sí, a esos recuerdos recientes. Por ejemplo a los de la segunda presentación en Madrid de Más allá, Tánger, en la conocida librería Rafael Alberti. No fue una noche cualquiera. Por muchas razones. Para empezar, el tiempo nos dio una tregua y el viaje desde Plasencia fue tranquilo y hasta placentero, a pesar del dolor de garganta y de las toses que Yolanda y yo entonábamos a coro. No es bonito el paisaje, pero Gredos nevado sobrecogía. Como buenos provincianos, dejamos el coche en el aparcamiento de Plaza de España. Subimos hasta la calle Tutor caminando por Princesa. Había tiempo. Un inoportuno accidente "zapateril" nos obligó a recalar en Zara. Allí, teléfono en mano y a voz en grito, para que se le oyera, el inefable Pepe Bono preguntaba a alguien que cómo había quedado "lo de la Sexta". Más alto de lo que imaginábamos, pinturero, melena tupida, azabache y bien peinada, encorvado (pero hacia atrás), acompañaba a su hija en unas compras. Bueno, eso pretendía la muchacha. Él estaba a lo suyo, que ese día (ya que de zapatos hablo) no era poco por culpa de la famosa cena con el líder de Podemos.
En la librería ya estaba esperando la anfitriona, Lola Larumbe (nos sentimos de inmediato como en casa). También Juana Murillo y el resto del equipo del curso "Física para poetas", profesores de Física de la Complutense. Grabamos, imagen y sonido, mi poema "Misterio de la luz". Bien y rápido. Pronto llegó Pepa Fernández. Simpática y cariñosa conmigo y con todos. No me costó nada convencerla de que me acompañara en ese particular trance. Había leído poemas del libro en su programa, precisamente realizado en Tánger. Era la segunda vez que nos veíamos. Ya metidos en harina, y tras dar las gracias a la encantadora Lola por su invitación (fue entonces cuando cité a dos cómplices allí presentes: Jordi Doce y Javier Morales) y recordarla que, aunque nunca había pisado el lugar, fui cliente postal de la librería, giro mediante, durante años, me dirigí a Pepa para evocar nuestro primer encuentro, en el Valle del Jerte, donde me hizo una entrevista ejemplar a partir de la lectura de Plasencias y agradecerle, claro, su compañía. No me olvidé de los editores, Juan Cerezo y Toni Marí, de Tusquets, ni del público asistente, que llenaba (a otro "llenazo" de la Alberti se refería Larumbe en Facebook) uno de los sótanos más literarios de España. Lo demás se nos fue en la conversación. Preguntas, respuestas, lectura de poemas a dos voces (también de un inédito tangerino que ha llegado después) y hasta algunos asistentes se atrevieron con pertinentes comentarios sobre el libro, la ciudad o lo dicho. No sé cuánto duró aquello, pero se me hizo muy corto. Por una vez, lo de la poesía y las catacumbas, ay Paz, tenía un sentido positivo. Es difícil no sentirse cercano a los demás cuando el espacio es reducido y las palabras, los sentimientos y los pensamientos, fluyen de esa manera. En un momento dado, surgió la vena periodística de la directora de "No es un día cualquiera" que no se resistió a preguntar a Yolanda algunas cuestiones. No en vano la suya es una de las voces del libro.
Puede que olvide a alguien, y lo siento, pero allí estuvieron acompañándonos, además de los citados, Victoria, mano derecha de Pepa en "No es un día cualquiera", Blanca y Paco Gabriel y Galán, Carmen y Clemente Lapuerta, los poetas Pureza Canelo, Javier Lostalé, José Ramón Ripoll, Andrés Catalán, Marta Agudo, Adolfo Cueto (que nos llevó luego a Casa Manolo), mis paisanos Víctor Martín y Fran Fuentes, Francisco Caro, Carlos García Mera (con una carta de mi querido Castelo), Martín Rodríguez-Gaona, Alfredo J. Ramos, el narrador y librero Iñaki Echarte (organizador de la presentación de la Casa del Libro de Alcalá), la artista Ofelia García, el crítico de arte Tomás Paredes, etc. También saludé a Álex Grijelmo con el que tuve ocasión de comentar sus últimos desaforismos, leídos en clase con desigual aprovechamiento.
Dediqué un puñado de libros. A la cacereña María, a la tangerina Reina... Y hasta viejos ejemplares de Las aguas detenidas y El reino oscuro.
Noche intensa la de la Alberti. Una de ésas que este pésimo noctámbulo no ha de olvidar fácilmente. Gracias.

Acompañado de Lola, Pepa y Yolanda (RNE)

"Tánger" en el HOY

Firma la reseña de Trazos Enrique García Fuentes, crítico de poesía del periódico. Gracias. 

24.1.15

Habitación en W

Habitación en W es ya el cuarto libro de Álex Chico (Plasencia, 1980). Digo "ya" porque a uno le parece ayer mismo cuando apareció el primero, en la Editora Regional de Extremadura (ganas dan de añadir la "verdadera", como hace Anson con el ABC), La tristeza del eco (2008), al que luego han seguido Dimensión de la frontera (en esta misma colección, 2011) y Un lugar para nadie (en De la Luna Libros, 2013).
Será presentado esta misma tarde por Gonzalo Hidalgo Bayal en La Puerta de Tannhäuser. 
De raíces andaluzas, extremeñas y catalanas, profesor en un instituto de El Prat, redactor de la revista Quimera y cofundador de la salmantina Kafka, Chico se caracteriza, sí, por la tenacidad y el entusiasmo, lo que debería impedir que uno, que le conoce bastante bien, se extrañe de lo conseguido y de lo que alcanzará, que aventuro importante. No hay más que leer esta nueva entrega, de título inquietante, que explica en el último texto del libro, en prosa: "Habitación". "Quizá ya no quisiera ser nada más que una habitación, invadida y solitaria", escribe allí; "...un lugar que alguien, una vez, llamó W".
Permanecer en el cuarto o marcharse, Pascal mediante, es una de las claves de una poesía que sigue siendo, por cierto, muy viajera y cosmopolita. Y eso sirve para el poema "Definición del viaje" ("Dices: estoy donde no debería estar") y también para Marheinekeplatz y Perec, Mann y Berlín, el Museo de Praga en Varsovia, el París de Modiano o sus infantiles paisajes de La Verneda barcelonesa y de los canchos placentinos. 
El libro, dedicado a su hermano José Manuel (otro culo inquieto, con perdón), fue escrito entre 2012 y 2014 y, conviene resaltarlo, aporta un significativo paso hacia delante en lo que suele denominarse carrera poética del autor.
En la "Nota del autor" explica que todo consiste en leer y escribir, por eso empieza con una serie de "aproximaciones", "Lectura", a autores mencionados explícitamente, como Blas de Otero o los citados Mann y Perec, o emboscados como Sebald y el aludido Modiano, una debilidad (o un fervor) de Chico, con Auschwitz II-Birkenau al fondo. 
En "Escritorio", la segunda parte, en 11 poemas breves numerados, se sitúa en "el lugar de los fantasmas" y reflexiona sobre el hecho, es obvio, de escribir. Su auténtico "lugar", por cierto.
"Entre líneas" se abre con citas de Zagajewski y JRJ. En la primera, como en el epígrafe inicial de Chirbes, la casa es la obsesión. En la segunda, el de Moguer señala, con aires de aforismo, que "Escribirnos no es más que recrearnos". En "Página", uno de los mejores poemas del conjunto, vuelve a la metapoesía. "Dejemos hablar al lenguaje", empieza. Y en "La chaise au plafond" leemos, a lo Valente: "Escribir no es más que estar atentos". Curioso resulta otro de la serie, el juguetón "Entre líneas", que ha de leerse en versos pares e impares, pero que, con todo, leído al usual modo, tampoco carece de sentido. 
El broche lo pone, ya se dijo, "Habitación". Un poema en prosa que me lleva a "Un hombre espera", logrado texto narrativo situado en París, que Chico ha publicado en el número correspondiente a este mes en Quimera, y que gira en torno a una presunta novela inédita de otro placentino en el exilio, José Antonio Gabriel y Galán, donde puede leerse: "En ocasiones, vivir en una ciudad no sólo consiste en habitarla, sino en perseguirla". Un relato que demuestra sus dotes narrativas, puede que muy presentes en un futuro cercano. "Habitación", vuelvo atrás, se abre con un elocuente epígrafe de Horacio que nos da la pista: "No porque el hombre salga de su casa sale de sí mismo". "Una habitación es suficiente. Para vivir otra vida. O para sumar algo más de vida a la vida. Mi mundo es un misterio de habitación cerrada".