7.5.15

Mareo en Tánger

Me encuentro por sorpresa con un blog que desconocía, de Ernestina González Causse, denominado La letra con salsa entra y, ya allí, una entrada titulada "Mareo" donde se da una receta, la del cuscús con tomate y cebolla. Al tiempo, se evoca un viaje a esa ciudad de las afueras de África, como diría Morábito, y la lectura de Más allá, Tánger. Muy emocionante, sin duda Gracias.

6.5.15

Hahn

Me extrañó que el Premio Loewe de 2014 se lo llevara Los espejos comunicantes, un libro de Óscar Hahn, poeta chileno (Iquique, 1938), profesor emérito de la Universidad de Iowa. No por falta de merecimiento, al revés, sino porque, como he comentado ya al hablar del libro de la ganadora en la categoría a la Creación Joven, contradice el espíritu de este acreditado galardón, más proclive a los descubrimientos y las consagraciones que a los reconocimientos de trayectorias ya del todo cumplidas, como el Reina Sofía, pongo por caso, el Príncipe de Asturias o el mismísimo Cervantes. 
Más allá de esto, he leído el libro con interés y he disfrutado de su lectura. Con ser a ratos crítica, la poesía de Hahn es amable y transparente en lo que a la expresión se refiere. Poesía, sí, para los que incluso desdeñan la poesía. El oficio, por otro lado, es tanto que resulta casi imposible ponerle pegas a su impecable manera de decir. A veces, lo prosístico torna, o eso me parece, prosaico, pero son caídas compensadas, y con creces, por poemas espléndidos. Dos de los mejores, "En la tumba del poeta desconocido" y "Solitude" se pueden leer en El Cultural (con entrevista incluida) y en el blog de la Fundación Loewe, respectivamente.
Entre ironías y paradojas, sorteando la ocurrencia (que a veces se hace presente), con una presunta espontaneidad (muy oral) que refuerza la ausencia de signos de puntuación, Hahn va componiendo su libro a base de poemas conseguidos como "Digo yo", "Depredadores" (tan de actualidad en España), "La otra la misma", "Nueva paradoja de Zenón", "Futuro imperfecto", "A un lector" ("Los poemas son destellos / de un espejo roto"), "No morirá este amor" (un tema omnipresente), "Muerte de un poeta" (dedicado a otro chileno de pro, Gonzalo Rojas), "La suprema soledad" (dedicado a Unamuno), "Nostalgia" ("Tienes nostalgia de un lugar / en el que nunca estuviste") y, cómo no, el que cierra el volumen y da título al libro, "Los espejos comunicantes": "¿Con quién comunican los espejos / comunicantes? (...) "De lo que hablan no sabemos nada / De lo que piensan lo ignoramos todo".

5.5.15

Vida social (II)

El día 30, no sin antes conseguir el preceptivo permiso especial para ausentarme un par de horas del colegio y que no volvieran a llamarme la atención las autoridades educativas, como cuando lo del Aula "Valverde", asistí a la entrega de los Premios Avuelapluma. En los jardines del Museo Pedrilla, un sitio espléndido que, ya dije aquí, me recordaba buenos momentos del pasado. Allí solían concederse, año sí y año no, los premios "Extremadura a la Creación", a los que evoqué, sin nombrarlos, en el comienzo de mi breve intervención, al recibir la pluma de hierro de Roberto Iglesias. Al fin y al cabo, la iniciativa privada y la sociedad civil han venido a cubrir con estos premios el hueco que dejaron las instituciones (con la excusa de los recortes). Y no sólo por la mera entrega de unos galardones (en esta labor estamos libremente y por amor al arte, como señalé), sino por lo que tienen de simbólico en relación con el aprecio por la literatura y por los libros, un sector al que tan poco han atendido los populares estos últimos años. 
La ceremonia estuvo muy bien organizada y los tiempos muy medidos. El calor, sombrillas mediante, apretaba y uno iba, ay, demasiado abrigado. Fue un honor acompañar a mis compañeros de viaje, a gente tan comprometida, además, como Mar Cabra (del Consorcio de periodistas de investigación, los de la lista Falciani), Ángel Fernández (de Jost Down, a quien declaré mi condición de fan del magazine -en especial de sus entrevistas y fotografías-, afición que comparto con mi hijo Alberto), los productores de Making Doc (que vienen de Afganistán) y Maysun (fotógrafa de guerra). A su lado, y en ese sentido, lo de Los Ganglios (saludé al padre de una de las criaturas de ese grupo divertido y transgresor, el tipógrafo Pepe Melara), Paco Carrillo o uno no deja de ser anecdótico. O distinto.
En mi discursino de agradecimiento, tras dar las gracias a la asociación que edita el semanario cultural Avuelapluma, que es quien los concede, personificada en Conrado Gómez y Sergio Martínez (también en Aida, una becaria eficiente), y dejar caer lo que he dicho más arriba en referencia a los premios desaparecidos, situado debajo de palabras preciosas como "independencia", "rigor" y "pasión", me limité a mencionar el 30 aniversario de la salida de mi primer libro y que, por eso, entendía este premio como una compensación no buscada a esa fidelidad o a ese fervor. Recordé a dos amigos ya premiados, Gonzalo y Basilio, y leí, a favor del tópico que persigue a los poetas, un breve poema titulado "Cáceres". El movimiento se demuestra andando, como repito a mis alumnos. Poco más. Bueno, sí. Dediqué el premio a mi hija Leticia, porque, vine a decir, es el mejor poema que he escrito, con permiso de Alberto. 
Las autoridades, cuyas monsergas se suelen temer, estuvieron a la altura (nadie me presentó a la Consejera de Educación y Cultura, aunque aparezca a su lado en la foto de familia y me transmitiera una discreta enhorabuena al marcharse, y me sorprendió el amable saludo de Jerónima Sayagués, subdelgada del Gobierno, que me comentó que había ejercido de médico en Plasencia). Como a uno estos saraos multitudinarios (¡había mucha gente!) le apabullan y no se mueve del mismo lugar, apenas saludé a nadie. Me acompañaban, además de mi hija (que se fue sin probar bocado porque tenía clase), mi hermano Jesús (nadie le encuentra parecido conmigo) y mi amigo Miguel Ángel Lama. Se acercó, tan afectuoso como siempre, Esteban Cortijo, joven como cualquier jubilado, con el que charlé encantado. Lo mismo que a dos placentinas: la pedagoga y profesora Gloria Rubio y la periodista Isabel Bravo. Luego me llevó a un aparte Rosa Lencero, directora de la Editora Regional y coordinadora del Plan de Fomento de la Lectura, porque quería hablar conmigo. Nos habíamos saludado al llegar (iba con su marido, Antonio Viudas), ya que lo hicimos a la vez, pero fue a última hora cuando me abordó. No voy a contar, por supuesto, lo que hablamos, si bien comprendí, malentendidos mediante, que tenemos diferentes puntos de vista en lo que respecta a la Editora y que abundan los falsos amigos dispuestos a malmeter. Se dará cuenta cuando deje esas tareas y los consiguientes pelotas y aduladores abandonen el barco. Algunos ya hemos pasado por ahí. Ah, lo que le dejé muy claro es que mis opiniones sobre la citada Editora, sostenidas en este blog desde el ejercicio responsable de mi libertad de expresión, han evitado siempre el ataque personal. Soy muy libre de criticar, faltaría más, antes y después, pero no he pretendido nunca ofender a nadie. Y menos a ella, contra la que nada tengo. Que conste.
Con música de fondo (del grupo Berzosax y el dj Coletti), a la sombra de los árboles, degustando ricas tapas y canapés y bebiendo, una pena, cerveza sin alcohol (que se agotó, por cierto), la conversación, con unos y con otros, fue tan grata como sencilla. Un tanto desazonado porque mi hija no hubiera podido disfrutar de la fiesta, regresé a casa. A la soledad, al silencio. Bien está.

P. D. En Avuelapluma han publicado, con motivo de la concesión del premio, una breve entrevista.

4.5.15

Contratono

Hasta ahora, el Premio Loewe no se ha caracterizado por descubrir obras escritas por mujeres. Sólo una poeta lo ha ganado, Cristina Peri Rossi, y dos consiguieron el galardón destinado a la Creación Joven, Josefa Parra y Elena Medel.
Contratono (Visor), de la colombiana María Gómez Lara (Bogotá, 1989), hija de la periodista Patricia Lara y del jurista y exministro Alfonso Gómez Méndez, cambia por completo esa situación. Aunque el premio "gordo", digamos, se lo llevó el chileno Óscar Hahn, el de la Creación Joven, como tantas otras veces, avala un libro importante de una poeta destinada a empresas líricas de envergadura. Para uno, devoto lector de la uruguaya, las palabras iluminadoras de Ida Vitale, miembro del jurado, ofrecían, antes de empezar a leer, una pista segura. No estamos ante una mera presentación de compromiso, sino ante la confirmación de ese deseable hallazgo al que hacía alusión más arriba. Por lo demás, y antes de entrar en materia, la salida a escena de la poesía de Gómez Lara justifica el verdadero espíritu del Loewe, más cerca del encuentro con nuevas voces que con las de poetas requeteconsagrados como el citado Hahn.
Vitale, que buscó entre los originales del premio "cercanías al reconocimiento de la intemperie", al "más allá de la mera confesión apaciguadora", encontró en este libro, como cualquier lector, una meditación sobre el desastre, lo que estaría en el epicentro de la obra. Con todo, la poeta, "más melancólica que doliente", alterna la dicha y el dolor (como en "Después del dolor") y, con una madurez que todos los que la han leído ya han subrayado, afronta lo que tiene o ha tenido delante. A la vida, me refiero, y sus particulares circunstancias. Heridas las llaman otros. Las suyas, como las de tantos, a vueltas con el amor (o el desamor) y la errancia (en la que se centra la segunda parte del libro, "Mover ciudades"), esa suerte de exilio (no político, en su caso) que va marcando las poéticas de no pocos escritores de entresiglos, un tema que ha venido a sustituir al de las experiencias bélicas de no pocos novelistas y poetas de la pasada centuria.
Sobre el título, una palabra que no aparece en el diccionario de la RAE, Vitale ha escrito que "alude, pienso, a un modo de relación con el mundo, a una forma sobria de expresar el desconcierto en el que se vive". Por su parte, Gómez Lara ha dicho: «El título sale de un verso de la poeta peruana Blanca Varela, que es "'único tono, el agua contra el agua". Me interesó la idea de una respuesta, de volver, de una música que contesta. El libro tiene muchos poemas con epígrafes que dialogan, de alguna forma, con la tradición, o con la poesía que me ha llevado a escribir. Desde Quevedo hasta poemas que están escribiendo ahora». Ya lo subraya Vitale en la mencionada presentación, la abundancia de maestros que, a través de esas citas, declara. Uno, clásicos al margen, se queda con un nombre, el de la norteamericana Emily Dickinson a la que, por cierto, dedica un memorable poema. O el de la polaca Wislawa Szymborska, otra mujer. Sí, "la poesía llama a la poesía", más a estas alturas de su historia. De la historia.
Entre las españolas, uno encuentra semejanzas con las poéticas, cada cual a su manera, de García Valdés, Maillard o Salas. Por el uso del lenguaje, ante todo.
Seguidora, según dice, de Eugenio Montejo (se ve que esta mujer sabe elegir), una vez afirmó que "en un poema uno solo puede decir la verdad." No miente. Aquí la hay, y mucha. Expresada mediante unos versos despojados, escuetos, sin signos de puntuación ni concesiones al adorno o a la galería, secos (en el mejor sentido), tan frescos o genuinos como, ya se dijo, cargados de lecturas, una conversación con los difuntos que no los separa, sin embargo, de la tierra.
En la primera parte, "No de sombras", la más personal acaso, se alude en varias ocasiones, precisamente, a la muerte, que aparece en el título de algunos poemas. "Nadie nos quita la muerte", uno de ellos, es, además, un poema logrado. Como "Kachkaniraqmi", vocablo quechua, que termina: "morir para salvarme / morir y estar aquí".
En "Mover ciudades", donde los poemas se me antojan más explícitos, hay también algunos dignos de mención; así, "Mudanza (con cita de Szymborska), "Diario de viaje", "Para borrar tu ciudad", "Preocupaciones" ("Me preocupa siempre la materia: / la poesía que se arma a pedacitos / golpeando piedras / aferrándose a la tierra / escrita con los huesos con la sangre"), "Contratono" ("algo nos cantaba / en contratono / que esta vez huir / sería quedarse") o "Ahora a tiempo" (un denso poema paradigmático de su preocupación por el lenguaje, un rasgo, insisto, nada desdeñable de la obra).
Ida Vitale escribe: "Me alegra recibir en el atestado salón de los poetas a una colega joven". Más de uno hará suyas esas palabras. Celebramos, sí, por más que éste no sea su primer libro, la llegada a la plural escena de la poesía escrita en español de María Gómez Lara. Sin duda, un admirable debut.

3.5.15

Vida social (I)

Nada que ver con "la gran vida social" de la famosa canción de Alaska y Los Pegamoides, pero reconozco que es esa la música que me ha venido a la cabeza al titular esta entrada. Se refiere uno al par de días o tres que ha salido de casa, contra lo que es costumbre, para mezclarse con la gente, más allá de alumnos, compañeros de trabajo, el que me vende el pan y los que saludo en el paseo.
El día 29, para empezar, se inauguró la Feria del Libro de Plasencia (no sé qué edición, no consta en los carteles) y acudimos a la plaza, entre otras razones, por aquello de que para ese fin venía al pueblo Luis Landero. Y bien que hicimos. Santiago Antón, la bibliotecaria Felisa, Milagros (había muchos docentes, no pocos de ellos jubilados) y Felipe, que estaban a mi lado, y, en fin, todos los que le escuchamos en la calurosa, abarrotada carpa instalada para las presentaciones de libros y otros actos feriales. Flanqueado por Juan Ramón Santos, coordinador de la cosa (habrá que conceder a este hombre una medalla), y por el alcalde, Fernando Pizarro (y su móvil), Landero no defraudó. Por lo que dijo acerca de la pasión de leer y de escribir y por cómo lo dijo, con el jeito debido, como le habrían pedido sus padres que hiciera, tan presentes siempre en cuanto dice y escribe el de Alburquerque. Su breve charla resultó amena y uno volvió a sentir la necesidad de defender la perplejidad que surge de lo cotidiano, un modo de vida; por ejemplo, esa noche, que tal vez no estaba llamada al descubrimiento de nuevos asombros.
Seguimos la velada (no sin esperar un rato largo a que atendiera con la amabilidad y el afecto que le caracterizan a sus lectoras, sobre todo, y a sus lectores) en la terraza del Torero y allí fluyó la conversación (con las debidas calas en la situación del partido Real Madrid-Almería) entre amigos: María José, Juan Luis (el "landeriano alto"), Yolanda, Marciano (y los de Hervás)... Echamos de menos, cómo no, a Gonzalo, presidente de un jurado literario en Cáceres.
De esa noche, me quedo con el abrazo que nos dimos a la entrada de la caseta. Pocos tipos conoce uno más cariñosos. Y menos en este gremio, donde tanto abunda la impostura. En esto de los afectos, soy poco ferlosiano. No me molesta la simpatía, cuando es natural. Volvió a repetirme que sentía no haber acudido a la presentación madrileña, en la Alberti, de Tánger (un libro que recomendó, lo conté, en una entrevista del programa televisivo Página 2), pero estaba tan enfrascado aquella tarde en la lectura que... Tú me entiendes, remató.

2.5.15

10 años

Tal día como hoy, hace diez años, empezó uno a publicar este blog. Parece mentira. Al menos a mí. Comencé con fuerza: tres entradas llevan aquella fecha: "Cementerio alemán", "Confidencias" y "Bitácora". Un lugar al que siempre vuelvo, una breve reflexión sobre una de mis obsesiones favoritas: la literatura escrita por mis paisanos, y lo que viene a ser una declaración de intenciones.
Me asalta con frecuencia la idea de abandonar. Sí, sé que algunos me leéis, pero también que uno puede resultar cansino. También cansa mantener esta bitácora, más a este ritmo, aunque sea por amor al arte.
Soy consciente de que este es mi libro (inédito) más voluminoso, el que más páginas contiene de cuantos uno ha escrito, por más que a veces las palabras que uso sean prestadas. Un diario en toda regla. El de un lector, sobre todo.
Hasta ahora, se han publicado aquí 3.820 entradas.
Nadie, en fin, podrá discutirme a estas alturas que no lo he intentado. Otra cosa es si ha merecido o merece la pena. En esa duda permanezco. Me da que es metódica.

El Roto / El País

1.5.15

Baluerna, 43

Acaba de llegar la entrega número 43 de Baluerna, Cuadernos del viajero, un feliz proyecto que puso en marcha Eduardo Hernández, director gerente de la Estación de Autobuses de Cáceres,  en 2001 tras una serie de conversaciones con los poetas Javier Rodríguez Marcos y Antonio Sáez. Son pequeños libritos que se entregan gratuitamente a los viajeros con breves textos de autores españoles y portugueses. La colección lleva al frente unas líneas de Josep Pla, de Viaje en autobús (1942): “!Curiosa biblioteca! En el fondo del local, sumida en una sombra densa, veo una gran baluerna, lo que se suele llamar una librería, con fuertes cristales y unos motivos decorativos pomposos en la cornisa.” 
En esta ocasión el invitado es Gabriel Magalhães (Luanda, 1965). Poeta, narrador y ensayista, es profesor de la Universidade da Beira Interior. Vive en la Raya, entre España (colabora en La Vanguardia) y Portugal. No en vano es autor del libro Los secretos de Portugal. Peninsularidad e iberismo.
Antonio Sáez traduce "Todas as viagens", un hermoso poema en el que leemos: 
Mi sueño es que no haya
un solo paso en mi vida
que no sea viajado,
incluso los que doy en mi ciudad.
Un día mi destino cabrá, entero,
en esta palabra: peregrinación.

Revistero

Años diez

30.4.15

"Malpaís", de Saldaña

En el diccionario de la RAE, "malpaís" remite a "karst": "Paisaje de relieve accidentado, con grietas y crestas agudas, originado por la erosión química en terrenos calcáreos". Me gusta mucho la palabra. Recibe uno demasiados libros de poesía y éste, lo confieso, me ganó de inmediato por el título. Por eso salió del montón. Y lo leí. Me refiero a Malpaís, que publica La Isla de Siltolá, que, además de buen ojo, demuestra que la pluralidad de poéticas es marca de la casa. Su autor, Alfredo Saldaña (Toledo, 1962), es profesor de literatura de la Universidad de Zaragoza y autor de los libros de poesía Fragmentos para una arquitectura de las ruinas, Pasar de largo, Palabras que hablan de la muerte del pensamiento, El que mira las palabras y Humus. En Sin contar reunió poemas escritos entre 1983 y 2010.
En la "Inscripción" que figura al frente del volumen leemos: "Memoria e imaginación son pivotes sobre los que oscila nuestra existencia". Una cita de Roberto Juarroz ("Romper también las palabras / y hablar entonces con fragmentos...") y otra de Nacho Escuín ("Maleza, toda la extensión de una vida / puede ser maleza") nos dan nuevas pistas. Empieza el camino. Sí, porque caminar y caminante son palabras indisolublemente unidas a este libro que, por cierto, lo es en su sentido más pleno: los poemas que lo forman, quiero decir, componen una unidad y giran en torno a una idea central (que tiene que ver con el título elegido: una metáfora vital) que, como es lógico, se desgrana en sucesivas ideas. De inmediato apreciamos que la desolación del paisaje (del malpaís), de "los paisajes vacíos", se adapta perfectamente al lenguaje utilizado. Asunto y forma se anudan con coherencia. La sequedad, digamos, lo inunda todo. Y allí, "como un resistente" -leemos en el poema "Caminar"- "un hombre sin alma que avanza / contra el viento, en silencio". "Solo uno más, solo, / entre todos los muertos de la tierra". La desaparición y los desaparecidos ("Poesía: velar por lo desaparecido") abundan entre líneas: "testimonio de un tiempo muerto". En "la noche invencible de los vencidos". 
Al tiempo que se describe lo de afuera -parajes de la desolación, del espíritu áspero, "páramo inhóspito" (que a uno le conducen hasta los erosionados lugares de César Simón), erial-, el poeta reflexiona sobre el propio escribir. Poesía sobre la poesía. Stevens de nuevo. "En el afuera está su adentro", escribe Saldaña. Y en "Sin contar", uno de los muchos poemas logrados de la obra: "Escribir a solas, y solo lo justo". Encontramos esos planteamientos metapoéticos en numerosos poemas como "Contraescritura" o "Contrapunto". O en "La callada". Todo es cuestión de palabras, otra palabra clave, valga la redundancia. "Caminar sobre palabras", dice. O "Ahuecar las palabras / hasta vaciarlas / de todo su sentido". La suya es "la lengua callada del testigo". Esta obsesión por el lenguaje (Valente y Celan al fondo) se concreta aún más en poemas como "Lingüística General", "Gnoseología poética" (donde se lee: "Entender el poema hasta desconocerlo") o "Lenguaje y conflicto" ("Poetizar ese lenguaje, problematizarlo, convertirlo en conflicto"). Cómo evitar, en esta tesitura, al poeta profesor. 
Estamos en una poética del borde, en la frontera. De paso ("Convertir ese lugar de paso / en una casa"). "Que mi patria sea esa otra que tiene por nombre extranjería". Ante una moral disidente, a la contra (léase "Out of place"). En lo poético y en lo civil. Del "No al sí", todo un lema. 
Hay poemas espléndidos en el libro: el citado "Caminar", "Sin contar", "Temporal", "Hueco", "Disidencia", "Narva", "Humus", "Enredado", "El sendero" (un poema precioso), "Calor del frío" (uno de los esenciales para comprender la obra)...
"Pasar de largo", el último, termina: "el que avanza sin dejar huella, / el que camina sin contar."
Sólo una pega le pondría a Malpaís, y con esto termino: el uso excesivo de infinitivos que, si tenemos en cuenta el oficio del poeta, a buen seguro tiene su razón de ser. Cuestión de gusto. O no. 

29.4.15

Llega Clarín

Siempre es una fiesta que llegue un nuevo número de Clarín. En este, el 116, que viene lleno de felices hallazgos y una bonita fotografía de un reloj de sol en la portada (obra de uno de los heterónimos del director de la publicación, Juan Ochoa), seguimos a vueltas con Teresa de Jesús (santa Teresa), esta vez de la mano de Rosa Navarro Durán, una asidua de la revista; Manuel Alberca nos descubre el oscuro pasado que Azorín se empeñó en borrar de sus autobiografías; Ignacio Peyró, ese joven sabio inglés (qué buena pinta tiene su voluminoso Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa, publicado por Fórcola y reseñado en este mismo número por otro anglófilo, Rivero Taravillo), nos presenta a James Lees-Milne (que ayudó a salvar, desde el National Trust, numerosas casas de campo a lo Brideshead y lo Downton Abbey), autor de unos deliciosos diarios de los que Peyró nos aporta una significativa muestra que, ay, sabe a poco; José Cereijo razona en su interesante "Poesía después de Auschwitz" sobre el porqué de la famosa expresión de Adorno (citada siempre mal y a medias), que debió considerar a la poesía incapaz, por insulsa y blandengue, de dar fe de la época que siguió al holocausto y, sin embargo, "No, como Ajmátova sabía bien, la poesía no solo no es inútil o injustificable después de Auschwitz (o de Stalin, o de la guerra de trincheras), sino más necesaria todavía. Porque renunciar a ella no supone hacerlo a ninguna ociosa trivialidad, sino a uno de los modos más insustituibles de explorar la verdad humana..."; Benítez Reyes arremete contra La gran belleza, el aclamado film de Sorrentino; Carlos Alcorta traduce poemas de Henry Cole; Paul Brito se acerca en un reportaje (más literario que periodístico) al oficio de relojero y conversa sobre "el oficio de reparar el tiempo" con el colombiano de Ocaña Edwin Sandoval; Jorge Ordaz rescata la memoria de Prudencio de Pereda, natural de Brooklyn, autor de relatos y novelas, así como guionista de cine y admirador de Hemingway; Aquilino Duque, genio y figura, nos recuerda desde el testimonio personal, con la sorna y la agudeza que le caracterizan, al "gran poeta" Celaya; y Pedro García Martín y Manuel Neila (preciosas, por cierto, las fotografías de Tatiana Neila que ilustran esas páginas) ofrecen sus diarios de viaje a Grecia e India, respectivamente. Por fin, en las últimas páginas del número, Ernesto Baltar publica y comenta tres cartas inéditas de Castelao a Ramón Tojo.
Antes, en "Paliques", un montón de reseñas; una de ellas firmada por José Luis Piquero, acierta de pleno al comentar la ópera prima de Víctor Peña Dacosta. Otra es mía, a propósito de la poesía reunida del venezolano Ígor Barreto. Y todavía hay más. 

28.4.15

Conversaciones con Graves

Con los pies en el aire se titula este pequeño libro que publica Editorial Confluencias en traducción de José Jesús Fornieles Alférez.
Uno recuerda bien la lectura de Cien poemas de Robert Graves (Londres, 1895-Deià 1985) en la edición de Lumen (1981), traducidos por Claribel Alegría y su marido, Darwin J. Flakoll, vecinos suyos en Deiá, y el impacto que me causó Adiós a todo eso (Edhasa, 1985), su temprana autobiografía donde daba cuenta del trauma producido por su participación como soldado en la Primera Guerra Mundial. En una entrada de julio de 2005 aludo a la antología de sus versos que publicó por entonces Pre-Textos en versión de Antonio Rivero Taravillo que, por cierto, ignoro el porqué, no llegué a comentar aquí. No he leído sus novelas (vi la serie Yo, Claudio en televisión, como casi todos los españoles), pero sí algunos de sus libros mitológicos (uno de ellos, por cierto, un antiguo verano junto a una garganta de Gredos donde Y. y yo estuvimos acampados). El otro día tuve en mis manos la última, imponente edición de La Diosa Blanca, en Alianza, tan distinta de la de ese mismo sello (en dos volúmenes) que uno manejó en tiempos. Al final no cargué con ella.
En este libro, vuelvo al principio, se reúnen distintas conversaciones del poeta de la Musa con distintas personas, así como un diálogo con la actriz italiana Gina Lollobrigida y cuatro breves textos: de Peter Quennell, Virginia Woolf (correspondiente a sus diarios), James Reeves y Jorge Luis Borges, que visitó (junto a María Kodama) en 1981 y 1982 su casa mallorquina, la misma que Robert von Ranke Graves y su entonces compañera Laura Riding construyeron en 1932 y a la que llamaron Ca N’Alluny, es decir, “la casa lejana”.
La edición (que incluye un puñado de bonitas fotografías) y el prólogo son de Frank L. Kersnowski, autor, suponemos, de la cronología que aparece al final del volumen. Éste dice que Graves "fue siempre un feliz pueblerino, que "revisaba su poesía constantemente" y que su vida, "compleja y plena", fue la de "un hombre sencillo, que vivió en una isla remota y que escribió libros que provocaron que mucha gente sintiera la necesidad de conocerlo".
Quennell lo califica de "quijotesco señor". La Woolf, tras tratarlo un poco, escribió con displicencia que "Los sensibles también son necesarios, los medio hechos, los balbuceantes". A La Lollo le confesó que vivía "fuera de la realidad" y en España, "donde la gente no lee nada". "Soy un excéntrico, en cierta manera", añadió, y que escribía "libros en prosa para poder escribir libros de poemas". Siguiendo a la Diosa Blanca, le contó que "La sabiduría viene de la mujer, se refleja en el hombre y él la incorpora a su poesía. Los poetas son hombres dignos de sus musas."
A Juan Bonet le relató una anécdota muy divertida (que haría las delicias de Miguel Bosé): Eliot, de joven, "se sombreaba los ojos de un color verde...". Eso y que "yo soy poeta y le concedo escasa importancia a mi obra en prosa". También algo fundamental: "Lo que me sobra es la retórica, el adorno".
"El arte de la poesía" se titula la parte capital del librito. Una conversación con Peter Buckman y William Fifield (publicada en The Paris Review en el 69). Entre otras perlas, Graves dice que "La tranquilidad no es de uso poético"; que "los poetas no tienen 'público'. Ellos hablan a una sola persona todo el tiempo"; que "los verdaderos poemas siempre están viajando"; que "yo tengo el don de situarme en el pasado y ver lo que está ocurriendo"; que "nunca he trabajado en una biblioteca"; que "no leo por placer"; y, en fin, que "he viajado siempre. Es necesario moverse, porque no se puede estar mucho tiempo en un sitio, ni en el pasado".
Reeves expresa algo que a uno le gustaría suscribir: "Como crítico siempre había sido honrado, bienhumorado, entretenido y convincente". "Poeta y hombre -precisó el autor de Los mitos griegos-: en esencia no hay, no puede haber distinción".
Borges, para terminar, cuenta con absoluta maestría "el argumento de uno de sus poemas". Sólo por eso, me atrevo a decir, merece la pena leer estas amenas conversaciones. 

27.4.15

Feria del Libro de Plasencia 2015

Pasado mañana empieza y nada menos que de la mano de Luis Landero. Le seguirán, en este orden, presentaciones de libros de Ángel Manuel Gómez Espada, Paul Richardson, Valter Hugo Mãe, Pilar Galán, Susana Martín Gijón, Rafael Reig, José Luis Bernal Salgado, José Manuel Díez y Jorge Campos. Hay, claro está, otras actividades previstas en el programa. En la presentación de éste, por cierto, tuvo lugar un emocionante homenaje a la que fuera bibliotecaria municipal Felisa Gallego Osuna, hija de don Gregorio Gallego Cepeda, maestro y bibliotecario. Felisa es una persona muy querida por los lectores placentinos y por algunos novelistas, tan locales como universales, que la han convertido en personaje de sus tramas narrativas. El último en hacerlo ha sido Juan Ramón Santos, que en El tesoro de la isla la transforma en la temida y apreciada Marisa, la que bautizó a Jim como Estepario.

Jeremiadas

EFE
"Mi conclusión personal: no hay cosa más rancia y conservadora que la queja incesante. Y la queja es queja aunque el quejumbroso la embadurne de pomada contestataria. Estoy con Canetti: quien se queja, expresa que merece más y mejores cosas. Y estoy con Camus: di no a lo que te indigne, te irrite, te parezca injusto, pero no olvides decir a continuación sí, esto es, no olvides contribuir con algún elemento positivo. Si no, ¿qué has aportado? ¿Qué se puede aprender de ti, de tu trabajo, de tu quejumbre?" 
Fernando Aramburu, en "No me gustó el discurso de Juan Goytisolo". El Cultural.

26.4.15

La poesía de Arlandis

Sergio Arlandis (Valencia, 1976) es profesor en la Universidad de Pennsylvania, ha publicado algunas monografías sobre poetas españoles contemporáneos como Francisco Brines y Vicente Aleixandre, así como tres libros de poesía: Cuando sólo queda el silencio, Caso perdido y Contexturas. A título de curiosidad, diremos que se trata de uno de los 40 poetas jóvenes seleccionados por cerca de 200 investigadores de 107 universidades (Harvard, Princeton, Columbia, Oxford y Bolonia entre ellas) para la antología de Visor El canon abierto. Nueva poesía en español, coordinada por Remedios Sánchez García en colaboración con Anthony L. Geist.
Desorden, que aparece en Valparaíso Ediciones, un sello que brilla por su esmero, se abre con citas de dos poetas valencianos de muy distinta procedencia, César Simón y Jaime Siles, lo que me da pie a decir que Arlandis pertenece a una tradición singular dentro de nuestras tradiciones. Me refiero a la de la poesía escrita por valencianos (que no en valenciano), una de las corrientes más nutridas y cualificadas de nuestro panorama poético en las últimas décadas. Las dedicatorias a otros paisanos ilustres incide en esa filiación: Carnero, Bellveser... Algo que no obsta para que encontremos epígrafes de Espronceda, JRJ, Rosalía de Castro o Blas de Otero.
Con una prosa (o un poema en prosa, no sé) empieza el libro, la que conforma "Orden".
En "Sentencia de la luz" (no podía faltar en la obra de un mediterráneo), la escritura. Metapoesía o reflexión sobre el propio decir: "Acepta que la vida se rompe por los huecos / de lo escrito entre líneas. / O calla ahora o habla para siempre".
Poemas intensos, como "Melancolía", "Ley de mercado" ("Y ahora qué: tienes árbol, hijo y libro.") o "Alter ego". Y ya que lo menciono, una constante o clave del libro: el espejo, el diálogo con el otro (u otros) que llevamos dentro. Para eso usa el "tú", esa persona tan cernudiana.
En "Manual de instrucciones para Ulises, desde el otro lado", leemos: "Sé nadie entre corderos, sé cortante / silencio en el desorden / de ese no irse del todo nunca. / Sé la noche para el remordimiento."
No falta la ironía. En "B. O. E. (Boletín Oficioso de tu Estado)", por ejemplo.
Y sigue el asedio acerca de la tarea de escribir: "Alguna vez / no me hizo falta la escritura". Y más adelante, en el mismo poema: "Alguna vez / no me hizo falta la lectura". O cuando dice: "Crecer solo por verse a versos". Tampoco deja de preguntarse, otro rasgo moderno, por la identidad: "¿En la memoria duele / aquello que no somos?"
En "Dos puntos", la tercera parte, otro poema en prosa (o una prosa, vete a ver). Y el amor, asunto que centra los poemas que aquí se reúnen. "Te  declaro esta tarde / una guerra sin muerte, boca a boca". Y también aquí se entremezcla la reflexión sobre la poesía con el amor en el poema. Poemas, por cierto, aunque amorosos, no al uso. Brillan en ellos la imaginación, las metáforas. Son, en este sentido, más barrocos, acaso, que los del resto del libro.
En la última parte, "Un español que se marcha" (con cita de Carnero), la prosa de nuevo. Y el viejo tema de tener que irse de un país de despedidas. Aquí cobra especial significado las palabras que encontramos en la contracubierta: "Desorden es un libro de su tiempo en el que el poeta hace un alto en el camino para tratar de congelar la velocidad de los días, el viaje obligado del autor a través de los kilómetros, de los idiomas y de la memoria. Un libro en el que está presente el amor y su calor en la intimidad, a la vez que se guarda en él la distancia de quien se ha visto obligado a dejar su país, a convertirse en otro español que se marcha". 

25.4.15

Premio a las Letras

El Semanario Cultural Avuelapluma ha considerado que uno merecía este año su 'Premio a las Letras'. Todo un detalle que, cómo no, agradezco. Más si tenemos en cuenta que me preceden en el palmarés, yendo hacia atrás: Jesús Carrasco, Isaac Rosa, Javier Negrete, Basilio Sánchez, Gonzalo Hidalgo Bayal, Jesús Sánchez Adalid y la librería cacereña Todolibros. Y sólo menciono a los de las Letras, porque además hay otras categorías.
Este año, el de la octava edición, acompaño a Maysun, Premio Juan Guerrero de Fotografía; al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (Mar Cabra), Premio a la Libertad de Expresión; Making Doc, Premio al Cine; Los Ganglios, Premio de la Música; Jot Down Cultural Magazine, Premio de la Promoción Cultural y Paco Carrillo, Premio a las Artes Escénicas.
Los Premios Avuelapluma "surgieron como reconocimiento a la labor cultural que llevan a cabo instituciones, entidades privadas y personas físicas en la promoción de la cultura en nuestra ciudad, en la región y fuera de ella".
La entrega del premio se celebrará el próximo día 30, jueves, a las 14:15 en los Jardines del Museo Pedrilla, junto al puente de San Francisco, un lugar que me trae muy buenos recuerdos. Nos vemos.