9.5.16

Destilaciones

Se alegra uno al comprobar que comentamos aquí la lectura de otro nuevo libro de un autor al que en su día leímos, alguien que vuelve a este rincón con todos los merecimientos. Por desgracia, no abarca uno todos los libros y los escritores que querría, pero esa es harina de otro costal. El caso es que estoy encantado con Destilaciones (Pre-Textos)de Juan Peña (Paradas, 1961). Lo mismo que lo estuve tras dar buena cuenta de La misma monotonía (La Isla de Siltolá), una antología poética que abarcaba poemas escritos entre 1989 y 2011. De la misma manera que después de disfrutar de Dura seda (siltoliano también), al que el azar cerró el paso a este cuaderno. Dije entonces que la poesía de Peña estaba a buen recaudo y lo mantengo. Quienes se acerquen a estos versos por primera vez se llevarán una sorpresa. Agradable, imagino. Los que ya hayan leído antes poemas de este autor volverán a encontrarse con su particular tono asordinado, digno de quien transita por la poesía (y por la existencia, claro) con la delicadeza que su fragilidad exige. Lo que sí está claro es que la sustancia obtenida de la destilación es poesía. No siempre ocurre. Por cuidadoso que sea el proceso. Ayuda que sea la vida lo que se destile, como hace al caso. Dos poemas del libro, uno de ellos el primero, llevan el título del libro, en singular y en plural, que comienza: "Eres destilación de polvo y óvulo, / de un ansia, de un amor". Lo milagroso, sí, es que de secreciones, defecaciones, putrefacciones y magmas se obtenga almizcle, ámbar o incluso, si de la tierra se trata, pan, como se evidencia en "Milagro cereal". Lo cierto es que ni el invierno es capaz de impedir la alegría: "Que no sólo en la muerte sea posible / vivir en esta paz y este silencio". Por eso a los cobardes, humillados, menesterosos o tristes les dice (nos dice): "dejaos de lamentos, / no envenenéis el aire".
Preciosos resultan los poemas romanos, uno de ellos dedicado al Papa Francisco. O a los mármoles de Villa Borghese: "Haber vencido al tiempo los prestigia". En "Las máscaras de Keats", Peña se decanta por el clasicismo. No sólo el de las formas, también por el moral: la verdad, la belleza. En "Ad vitam, ad mortem" leemos: "Todo fue y será presente, / y nada termina. Dura / para siempre lo que muere".
El tono melancólico no impide, ya se dijo, que la vitalidad aflore, e incluso predomine. "Hay algo grato en estar triste", es un verso de "Incendios", un poema que, sin embargo, termina: "qué poco la tristeza". La presencia del amor fundamenta esa apuesta decidida por la vida. Como en "Beso" o "Amor y geometría". La enfermedad aparece, para volver sobre lo mismo, en "Parálisis de Bell" o "Habitación 411", Más aún en "Convalecencia" y "Herida". De este lado, el de la esperanza, se ponen los poemas dedicados a la infancia y la primera juventud: "Ritos de paso" ("Eres al fin el que ya ha sido"), "Foto en el corral", "Niños", "El tiempo" ("este jardín sin nadie, tan lejano"), "Visita al que tengo 10 años"...
La familia está detrás de "Siesta en los jardines del valle" ("Quise quedarme aquí, / en la intacta quietud de esta mansedumbre"), "Las tareas del campo" o "Nochebuena".
"Lisboa" se titula una serie que agrupa seis preciosos poemas relacionados con esa ciudad del alma y de la poesía que sigue asumiendo, como la citada Roma, los solventes versos de cualquiera, a pesar de lo que dijo Miguel d'Ors.
El paso del tiempo es otro tema tan eterno como Roma o Lisboa y aquí no falta. En "Llegar a viejo", pongo por caso, o en "Balance".
Al oficio, digamos, de escribir dedica "Poema" (una suerte de poética), "Lector" y "La palabra". Este verso lo resume todo: "Y no ser el que escribe. Ser lo escrito".
Entre albas, atardeceres, jardines o estrellas, discurre sereno el río de esta poesía vital que alcanza en "Una vida" su paradigma, y que concluye en la "hermandad / con pájaros que sufren / y celebran su canto". Tal nosotros.

8.5.16

Agamben dixit

En Gerona / Pere Duran
Cuando abrió la copia mecanografiada, a Octavio Paz le extrañó mucho que uno citara a Giorgio Agamben. Fue en París, en la primavera del 91, y él leía Una oculta razón. Por lo que luego me contó, creo que ese detalle no fue un mal comienzo para que reparara en ese libro, uno entre tantos. Apreciaba el pensamiento del autor de Idea de la prosa, que por aquí también había sorprendido a algunos. 
«Desde esta perspectiva -escribe Francesc Arroyo en su entrevista con el filósofo italiano-, Agamben se plantea la relación entre ética y política. “La ética moderna, desde Kant, se constituye como una ética del deber, dominada por el imperativo. He intentado criticar la ética del deber y sustituirla por una doctrina, procedente del mundo clásico, que valore la idea de felicidad, la vida buena. En un sentido político. El deber es una idea de origen cristiano. El hombre es un ser en deuda. Eso significa deber: estar en deuda”.
La idea del deber no sólo regula la ética kantiana, también se extiende al mundo de la economía. “La economía de hoy está basada en la idea de la fe y del deber, del crédito y del débito. Son dos conceptos que provienen del mundo de la fe. ‘Fe’, en griego se llama ‘pistis’. Hay una anécdota muy bonita. Un historiador de la religión, profesor en Jerusalén, estaba trabajando sobre el concepto de fe (‘pistis’). Pretendía entender qué es. Un día estaba en Atenas, levantó los ojos y vio escrita las palabras: ‘Banco de pisteos’. Banco de la Fe, leyó, pero en realidad lo que ponía era Banco de Crédito. Fue su iluminación: fe significa crédito. Es el crédito que se otorga a la palabra de Dios. Y, para nosotros, es el débito hacia Dios. Es muy esclarecedor: la economía y la ética están basadas en los mismos conceptos: débito y crédito. Porque ¿qué es el dinero sino un crédito? Sobre todo después de que Richard Nixon separara el dólar del patrón oro. Lo que queda en los billetes es un puro crédito sin contenido. Tenemos crédito en un débito que no está garantizado por nada”».

7.5.16

Primera entrega

El leonés José García Alonso (Pombriego, 1962) fue uno de los fundadores de la placentina Asociación Cultural Alcancía, que ahora publica, con cubierta de María Jesús Manzanares y maquetación de Juan Ramón Santos, su primer libro: Formas de seguir abrazando. Misceláneo, cabe decir. Cuatro partes lo componen: "Libro de familia", "Deudas", "Ven" y "Tal vez no". En la primera, leemos unas prosas que tiran de la memoria y de la infancia, sobre todo. Viajes en tren, encuentros inesperados, personajes, lugares: Edelmiro Expósito, Lars von Trier, Mondoñedo...
En la segunda son sus padres quienes cobran protagonismo. Y la vejez, la enfermedad, el dolor, la muerte... Poemas, por cierto, logrados, maduros, plenos. Donde la emoción, sin sentimentalismo, se convierte en indiscutible protagonista.
En la tercera se entremezclan unos poemas sobre la inmigración y algunas fotografías de su pueblo natal, pertenecientes a la serie "La huida". Lo cercano y lo universal a un tiempo: lo glocal, en suma.
La última es la más personal (léase "[Hablar...]"). Incluye un poema visual y dos preciosas fotografías de la serie "Al final de la tarde". JGA termina: "Hoy me gusta la vida mucho menos, / pero siempre me gusta vivir, ya lo decía". "Notas y agradecimientos" (Antero, el Aula Gayga, Tomás Sánchez Santiago...) sirve de colofón a esta primera entrega que sorprende por su acertado tono menor. Si algunos dieran menos voces... Este lector espera futuras incursiones. El primer paso ya está dado, pero debería dar más. 

6.5.16

Un sueño

"Los libros amarillos", de Van Gogh.
Casi nunca recuerdo mis sueños. Hoy, sin embargo, cosa extraña, sí. Me he levantado y he venido directamente aquí a escribir sobre él. Mi amigo Gonzalo me recomendaba un libro, lo que no deja de ser otra rareza. Ni sé el título ni tampoco el nombre del autor. Era extranjero, eso casi seguro. Del todo desconocido para mí. Al principio, en el primer ejemplar que me enseñó, creí que era de aforismos o de pensamientos, pero no: era de poesía. Lo tenía en distintas ediciones, a cada cual más bonita. Todas eran pequeñas, porque el libro era breve. Una era azul y de caja cuadrada. Otra, alargada (en horizontal) y estrecha. Una tercera, de color naranja. Todas parecían tomadas de los catálogos de esas esforzadas editoriales modestas e independientes que tan bien saben cuidar las obras que publican. Gonzalo iba sacando de su bolsillo cada una de ellas, sucesivamente. En distintos momentos del sueño -en el que también aparecía mi hijo- tuve ese libro en las manos, siempre en un formato distinto. No me acuerdo de mucho más. Ni de un solo verso. Bueno, sí, de que me enseñaba las traseras de su casa, un bloque que está al lado de otro donde uno vivió durante años. Nada que ver con la realidad. Los balcones estaban atestados de cajas y otros enseres. Venía a decirme que todo lo que tenía el edificio de aseado y lujoso por delante, lo tenía de penoso y desastrado por detrás. Acaso era una metáfora de la vida, no sé. De la de cualquiera. Gonzalo, ya se sabe, nunca da puntada sin hilo. Ahí están sus libros para confirmarlo. 

5.5.16

Posdatas

Álex Chico vuelve a sorprendernos con un libro tan curioso como atractivo que demuestra su astucia e inteligencia en materia literaria, así como su notable capacidad no tanto para saltarse los géneros cuanto para adaptarlos a su particular conveniencia. Cada vez más inclinado a la ficción, al juego, en Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (La Isla de Siltolá) nos ofrece un abanico de fragmentos breves o sintéticos, con fundamento, que dan en anotaciones, reflexiones, pensamientos, aforismos, confesiones, llámense equis o, acaso mejor que nada, paradojas, pues que sobre esa figura filosófica -hechos o expresiones- pivota lo esencial de este libro que no deja de ser una poética. Por aquello de lo paradójico, llena de lógica. O un ejercicio metapoético incluso, si nos ponemos estupendos. Posdatas, en fin, de un tal E. P., escritor por más señas (de libros inexistentes: Cuaderno de apuntes, Ciudades inventadas, En préstamo, Libro de las habitaciones, etc.), entresacadas de su presunta correspondencia, por lo de seguir con lo cervantino, que para eso estamos de centenario. Ironía tampoco falta y, de resultas, lucidez. Como dijo Simic, la intención es lograr esa "piedra que flota".
Entre lo subrayado: "Yo no escribo. Yo releo". "La poesía sucede en un estado anterior a la escritura". "La escritura sólo consiste en eso: tener algo que decir y encontrar la mejor manera de hacerlo".
No siempre lo que se dice es nuevo, ni puede serlo a estas alturas del invento, pero, con todo, lo parece, que no es poco.
Estamos ante el libro de un orgulloso lector al estilo borgeano. De alguien a quien le apasiona la poesía: "quietud hacia adelante", como dice que dijo de ella Antonio Méndez Rubio.
Mucho espacio de este breve tratado le dedica Chico a la noción de lugar y a la ciudad como concepto. Léase "Ciudad del hombre: París", un homenaje a Julien Green que también lo es, sin remedio, a Fonollosa (¿o es a Gimferrer?). Esa obsesión, que, además, se ha convertido en un asunto capital de este siglo que empieza. Comparto, que diría uno en Facebook.
Al final, este libro, donde el editor ha adaptado el tamaño de la letra a su voluntad minimalista, podría definirse con unas pocas palabras tomadas de uno de sus momentos: "pequeño ejercicio de resistencia". Como escribe en las palabras preliminares, "Sé que el placer está en lo minúsculo, en lo imperceptible". Otra feliz paradoja. 

Feria del Libro de Sevilla

Y por la mañana, a las 13.30 h. La Red. Nacer en otro tiempo. Antología de la Poesía Joven Española. Participan: Javier Vela, Victor Peña Dacosta, Mª Eugenia Montillo, Diego Álvarez Miguel y Gonzalo Gragera. Organiza: Editorial Renacimiento.

4.5.16

Habemus plaga

Andy Solé/HOY
La cara de GHB, a la izquierda de la fotografía de Andy Solé tomada en la placentina Sala Verdugo la noche que acudí como invitado al Aula de Literatura José Antonio Gabriel y Galán y, de paso, presentamos Más allá, Tánger, lo dice todo. ¡Cuánto poeta! Sí, y cuánto de , en lo que a la literatura (y más) se refiere. Lo que empezó como broma, eso de la plaga, aunque a alguno le moleste el término elegido, a propósito de una lectura veraniega de jóvenes poetas placentinos en la placita de San Martín, se ha convertido en un fenómeno digno de ser comentado en un amplio reportaje por el periodista Claudio Mateos, del diario HOY. En el fondo, me alegro de ese titular: "Una «plaga» literaria invade Plasencia". Las hay peores. Luego, eso sí, el tiempo dirá. Y será, ay, inflexible.
Con todo, lo de la "plaga" viene de lejos. Mi incansable tío Paco acaba de desempolvar de su archivo un curioso documento donde se da fe, y en el mismo periódico, de mi primera lectura pública de versos. Lo da a conocer en su blog, Abitaex. Fue en marzo del 79 y en el Centro Social, sede del Ministerio de Cultura en la ciudad, donde trabajaban mi pariente Pedro Berrocoso (una persona fundamental en el afianzamiento de mi inclinación literaria) y Juan Paiva, donde empecé a coincidir, además de en la librería Cervantes, con Gonzalo Hidalgo Bayal. En mi debut me acompañaron Felipe Muriel, el único poeta titulado, su compañera de estudios filológicos Mari Ángeles Hermosilla y el que, como recuerda el presidente de Pedro de Trejo, fuera primer alcalde placentino de la Democracia, Pepe Mariño.
La relación de Plasencia con la literatura, por lo demás, y ahora me pongo un poco serio, viene de antiguo. Lo dije, sin un ápice de soberbia (aunque alguno así lo interpretara), pero con una pizca de orgullo juvenil, cuando hace también muchos años presentamos, en presencia de Ángel Campos y en el altillo de la mencionada librería, la antología Poetas en el Aula, que incluía a varios poetas incipientes de aquí. Uno entiende, con las debidas cautelas y con unos cuantos libros que lo avalan por delante, que esa es una tradición nuestra que, ya se ve, no cesa. Y que, para colmo de bienes, está abierta al mundo, por más que a la novelista Marta Sanz se le haya escapado constatarlo en su reciente reportaje sobre la Muy, que diría ASO, publicado en El Viajero de El País.
El avispado Julio Pérez me propuso hace unos meses dibujar el mapa histórico -desde dentro- de los escritores placentinos para la nueva edición -la decimocuarta- del curso Memoria Histórica de Plasencia, un empeño que alguien con la debida preparación y el suficiente entusiasmo debería emprender. A pesar de que decliné la amable invitación, hay materia.
Termino. Hoy empieza la Feria del Libro. Con algunos plaguenses, cómo no, en el programa. Ah, la mejor vacuna, leer.

3.5.16

Bonet y Sahagún

 Via Labirinto

Juan Manuel Bonet
La Veleta. Comares. Granada, 2015. 368 páginas. 35.00 €

Bajo el siracusano título de Via Labirinto, metáfora de cualquier vida, se reúne toda la poesía de Juan Manuel Bonet (París, 1953), en una edición al cuidado de Juan Marqués.
Era necesaria esta recopilación de su obra poética. La mayor parte de sus libros están descatalogados. No pocos contaron con tiradas escasas y fueron publicados de forma casi clandestina en ediciones para bibliófilos. Con todo, a la vista del volumen, que incluye su obra inédita, la producción de este poeta casi secreto no ha sido tan escasa como el lector podría presuponer, más allá de que, en rigor, su obra publicada, en sentido estricto, se componga de La patria oscura, Café des exilés, Última Europa, Praga. Doce poemas de Pavel Hrádok y Polonia-Noche.
En Través rescata lo que pudo haber sido su ópera prima. Versos que anticipan, como quiere el tópico, todo lo que ha venido después: una brumosa atmósfera nórdica y marítima, la mirada pictórica (metafísica, imaginista, geométrica), cierta brevedad impresionista, el simbolismo francés y la poesía del 900.
Una Europa perdida es el territorio esencial de esta poesía que parece añorar un mundo y una época donde ser “el que no fui”. De la gran ciudad (París, Lisboa, Madrid, Buenos Aires) a la oscura provincia (Lugo, Pamplona, Murcia). Memoria y melancolía que están en la base de este poeta “errante”, eterno viajero entre las ruinas, en busca de “cualquier otra ciudad, que me hable / de cualquier otro tiempo”. “¿En qué siglo, en qué ciudad / vivo?”. Estamos ante una suerte de atlas.
Poemas que dicen “el sueño de otra vida”. Escritos a partir de lo visto y leído, sí, pero más aún de lo vivido. Minuciosas anotaciones del diario de un atento observador de la realidad. De un apasionado del arte. Si ésta poesía fuera música, sonaría a Satie. A la pintura dedica 5 suites.
Polonia-Noche reúne los numerosos poemas centroeuropeos de Bonet, ligado a esa tierra por razones familiares. Delicados poemas de amor, evocaciones de paisajes y situaciones de Varsovia y Galitzia. Estampas, postales que caracterizan su manera de decir: sutil, apagada, como en sordina.  Su tono es deliberadamente menor, como los artistas y poetas que menciona.
La fotografía es otra de las claves (Sudek, Coppola). Lo que se evidencia en el libro Nord-Sud, donde cada poema ilustra una imagen de Plossu. 

Poesías Completas (1957-2000)

Carlos Sahagún
Renacimiento, Sevilla, 2015. 276 páginas. 20,00 €

Carlos Sahagún (Onil, Alicante, 1938) murió el verano pasado. Unas semanas antes, había corregido la edición de su poesía reunida, dispuesta para imprimir. Su último libro, Primer y último oficio, apareció en 1979 y obtuvo el Premio Nacional de Poesía. Desde 2000, no escribía poemas. Limpia de otra cosa que no sean sus versos (ni siquiera hay referencias bibliográficas), recoge, además del libro citado, Profecías del agua (Premio Adonais), Como si hubiera muerto un niño y Estar contigo. Incluye también veintiocho poemas inéditos (escritos entre 1978 y 2000). Ya en una recopilación anterior, Memorial de la noche, dejó fuera Hombre naciente, su ópera prima.
El huidizo Sahagún pertenecía (a su pesar) al Grupo del 50 y no faltó en la nómina de antologías generacionales como Poesía última (1963), de Francisco Ribes, y Antología de la Nueva Poesía Española, de José Batlló, compañero de aventura en El Bardo.
A uno le llama la atención el título elegido. ¿Poesías porque no decía poemas o porque no estamos ante una reunión de libros, sino ante una colección de versos? Leídos uno detrás de otro, el lector no aprecia saltos significativos, por más que haya evolución, siquiera sea porque a lo largo de la vida nadie es el mismo. Es más, la triste infancia (“Todo es infancia”), aquella “infancia de humo” en la posguerra (“Nunca, nunca / debí salir de allí”), la “humillada niñez, isla vacía / en su rincón de sombra provinciana” es, junto al amor (razón de ser de su segundo libro, pero presente en todos) y la preocupación social, una de las líneas maestras que marcan el sentido de esta poesía de tono conversacional y elegíaco que fluye con la naturalidad de lo que parece escrito sin esfuerzo y como tal se lee. Una poesía centrada en el yo (“Para mí solo fue creada / la realidad final de estos poemas”), íntima, escrita “bajo la innoble luz de la memoria” y en la que prevalece, aunque “lo cierto es el amor, lo poderoso”, el fracaso, la desolación, la soledad, la nada: “El hombre existe ásperamente”. “Si estuviera en mis manos, / yo nada salvaría de este incendio”.
El agua como metáfora, el mar y sus símbolos, trazan otra línea central del libro donde el poeta es un náufrago que intenta sobrevivir a la intemperie. Sí, qué revelación estas poesías tan oportunamente rescatadas.

Nota: Las reseñas de los libros de Bonet y Sahagún aparecieron publicadas el pasado viernes en El Cultural.

2.5.16

¡Vengan libros!

Con Mar Negro, Xavier Guillén (El Masnou, 1981) ganó el premio Andalucía Joven de poesía gracias a su solvencia, claro, y al criterio de un jurado competente. Es su ópera prima. Me ha causado una grata impresión. Lo marino, entre la mirada y la imaginación (abundan las metáforas), es el paisaje (y el mundo) de una obra unitaria y bien tramada donde se vierten versos tan escuetos como sugerentes que dejan constancia, al cabo, de una nueva voz. El título, el mismo que ese mar entre Europa y Asia Menor, y la mención al puerto de Batumi, en Georgia (donde fue lector universitario), sitúan geográficamente su destino. En ese espacio, a un tiempo real y simbólico, compone XG, en treinta fragmentos (los poemas no llevan título), un sutil diario de viaje y, además, una no menos delicada historia de amor, de ahí que cada poco aparezca el "nosotros". Sí, "Se conocen las islas / cuando se ha amado en ellas". ¡Feliz travesía!

The tempest, el clásico de Wiliam Shakespeare, le sirve a Marino González Montero (Almaraz, 1963), un apasionado del teatro y de otras literaturas, para, a través de una versión "absolutamente libre", llevar a un público juvenil los objetivos de la Red Natura 2000 (promotora de la idea) "en materia de conservación de especies y hábitats". El libreto se ha beneficiado del Programa Life, instrumento de la Unión Europea para el medio ambiente, y ha sido coordinado por la Junta de Extremadura. Lo importante, con todo, siglas e instituciones aparte, es el texto que, representado sobre un escenario, se mostrará en su versión ideal.

En Brillante, que publica Playa de Ákaba, Luis Ángel Lobato (Medina de Rioseco, 1958) "ha procurado sugerir los brillos que surgen por las grietas que nos comunican con otras dimensiones, como en algunos sueños". Poemas inspirados en los cuadros de los pintores fotorrealistas norteamericanos y que se acogen a los cambios borgeanos de las formas del sueño y a esa incapacidad humana, denunciada por Eliot, de "soportar mucha realidad". Poemas de "Exterior", en las calles de una gran ciudad, y de "Interior", dentro de una habitación de hotel, que evocan una cinematográfica historia de amor, más sugerida que dicha, en versos barrocos tan concisos como verdaderos que flotan en una inquietante atmósfera un tanto superrealista y alucinatoria.

Jonás Sánchez Pedrero (Madrid, 1979), bibliotecario en Hervás desde hace años, publica en Ediciones del Ambroz un libro que recoge algunos poemas publicados con anterioridad en Blog clausurado. Treinta poemas "íntimos", según su autor, que dibujan, añade, "su mapa sentimental reciente". La tirada es de cien ejemplares numerados y destacan poemas como "La ventana", "La visión", "El cansancio", "La luz", El ahora" y "El espejo".
 
Antonio Pilar (Avilés, 1974) publica en etclibros Sujetos omitidos, obra con la que ganó el premio de poesía UNED María Zambrano de Málaga. Está dedicado a gente que vive en la T4 del aeropuerto madrileño 'Barajas-Adolfo Suárez'. En las traseras de esa espléndida obra de arquitectura e ingeniería que también aloja a vagahundidos y a personas, como él escribe, sin salvadías. Cada poema de los diecisiete tiene detrás una historia y un destinatario, como explica en "Títulos con crédito". ¿Denuncia social? Sí, sin duda, pero escrita con versos dignos de tal nombre y voluntad literaria. Incluso, ya se ha visto, con juegos de palabras. A "un enser vivo" se refiere Pilar. Y en uno de los títulos: "Días de vinos y esposas". Hay humanismo del genuino en estas pocas páginas y poemas, como "Flashbar", dignos de tal nombre. Estamos, ay, ante un auténtico golpe de conciencia.

30.4.16

En Colombia

Papel Salmón, el suplemento mensual del diario colombiano La Patria, dedica cuatro páginas a la literatura escrita hoy por autores extremeños o vinculados a esta tierra. Todo ello dentro del programa "Mirando a poniente", que coordina e impulsa el médico y poeta Antonio María Flórez, un nuevo acercamiento entre ambas orillas de la misma lengua.

29.4.16

El confuso laberinto de JSM (y II)

El encuentro en CamarinalSaúl, el ángel negro (ambos publicados en Miami, USA, por Imagine Cloud Editions en 2013 y 2015, respectivamente) y El vuelo se reúnen ahora en El libro de los indolentes (Plaza y Valdés Editores), una obra que lleva por subtítulo "Sobre poesía", clave inequívoca de lo que allí, ya se dijo, leemos. Como se ve, cuanto he venido afirmando se cumple a rajatabla y la poesía vuelve a estar en el centro de las preocupaciones de quien ve el mundo como objeto poético y a aquélla como cifra fundamental para interpretarlo. Tras evitar, lo siento, el prólogo del zambraniano Jesús Moreno Sanz, este lector se ha encontrado con un fascinante abanico de contradicciones y de divagaciones, de pensamientos y de certidumbres en torno a lo poético donde el término confuso laberinto aparece de continuo, a partir de la tercera página del libro. A lo poético y a lo vital, añado, pues que este y el libro anterior, cuanto escribe JSM, es una suerte de autobiografía donde la ficción y la realidad pugnan por ganar la batalla. Estamos, sí, conviene recordarlo, ante una obra en marcha que agrupa cuanto escribe y publica (a veces con una diferencia de décadas), lo que la dota de una unidad que supera el concepto de libro (si acaso, libro de libros), donde no existen los compartimentos estanco y todo dialoga con todo, de ahí esas reiteraciones en las ideas, las obsesiones, los personajes y los maestros. Unidad conseguida por un tono, el suyo, que en literatura lo es todo.
Según el diccionario, "indolente" es aquel que no se afecta o conmueve, el flojo o perezoso, el insensible, que no siente el dolor. Se enfrenta a lo largo del libro al "siniestro", el "no poeta", para acabar trazando una poética que es también una fe de vida y un retrato moral. Con él, Sultán, un perro. Los escenarios: una casa en el campo (Siltolá), el faro de Camarinal, Londres, Moguer, Roma... Los personajes, además de Loreto, Susana y Saúl. Y Parra, Hölderlin, Leopardi, Zambrano, Rodríguez... Sin nombrarlo, aunque lo cite, Borges. Más allá, fragmentos, anotaciones, aforismos, epifanías, iluminaciones... Y puntuales exabruptos, frases campanudas, contradicciones varias, que de todo hay en la viña del poeta y en este "libro del desasosiego", según José Luis Piquero, "que irrita a veces y fascina casi siempre".
Sí, hay algo en JSM de afirmación del descreído, del que dice, pongo por caso: "Me río de las reseñas y de las críticas literarias". O: "La crítica en España es bipolar". Y: "La poesía que se escribe ahora en España los ojos de un topo. Ciega". Y: los poetas actuales "son verbo, escriben poesía asexuada, son ininteligibles". O, por fin: "Me aburre la poesía de ahora, amo a los clásicos". 
El estilo también es el de siempre, hilvanado a golpes de frases cortas. O cortantes, en más de un sentido. Nervioso. Propio de un hombre que fuma. De verdades, a veces, como puños. Acerca de la humildad, la indolencia, la sencillez ("también es un estirpe, una estirpe de gozo"), la discreción ("sé discreto"), el silencio y la soledad (imprescindible para cualquier retirado y solitario que quiera escribir poesía), la mansedumbre y la armonía (hay mucho de Colinas aquí, y para bien). Contra los siniestros. Los del "interés", a los que desenmascara. Los conoce bien. De alguno publica incluso libros. 
Todo esto da a la obra un aire de tratado filosófico o libro de sabiduría escrito por un oriental, si bien alguno se empeñará en entenderlo como libro de autoayuda lírica. 
Me quedo con el JSM de "La poesía es presente, sólo presente", "La poesía es incorpórea, sin nombre y apellidos", "La poesía es claridad" o "La extensión mata, la palabrería ahoga". 
"Leo, solo leo", dice. Y, a modo de conclusión: "Mi dios es la Belleza, el Amor, la Poesía". Se nota. 

28.4.16

Ravalú

Hoy haré de Ravalú, que es como firmaba mi padre (Ramón Valverde Luengo, de ahí...) sus breves crónicas de denuncia local en el extinto semanario El Regional a principios de la década de los setenta del siglo pasado hasta que la autoridad competente, en forma de policía municipal, le llamó la atención y Ramón, hombre sensato y de orden, tuvo que callarse. 
Nunca se las ha dado uno de ecologista, aunque haya heredado de mi progenitor una impronta natural y campestre. Con todo, me resulta intolerable soportar cada día la visión inaudita de los vertidos de aguas fecales y otras lindezas al pobre río Jerte enfrente de la Isla, junto al vivero de uno de los hijos se la señora Florencia. Verlo y tener que pisar, como tantos y tantos placentinos, el reguero que dejan sobre el paseo. Y, además, aguantar los olores nauseabundos que desprenden. Unos metros más abajo, esforzados piragüistas palean. En piraguas a las que dentro de unos días subirán mis alumnos con el susto consiguiente por mi parte, no tanto porque acaben los muchachinos en el agua (saben nadar y llevarán chaleco), sino porque traguen siquiera alguna gota de esas aguas infectas.
Alrededor, ociosos caminantes deambulan y fervientes deportistas a pie o en bicicleta. No pocos, se tapan las narices o recorren el trecho a toda prisa. Y así llevamos meses. Supongo que la Confederación Hidrográfica del Tajo, el Excmo. Ayuntamiento del lugar y de algunos pueblos del Valle, así como los vecinos, por nuestra actitud pasiva (aunque no todos callen), somos los culpables de que esa situación persista. Como Ravalú, levanto aquí mi queja en vano. Con las mismas dosis de homenaje que de cabreo. 

27.4.16

El confuso laberinto de JSM (I)

Que Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, 1964) vive por y para la poesía no es una mera frase hecha. Lo demuestra el contenido de estos dos libros que paso a comentar y los que ya ha publicado anteriormente. No parece que haya otra cosa en el mundo que le importe más. Tal vez porque para él la poesía es inseparable de la vida y lo mismo, en consecuencia, que la familia con la que vive o el campo donde lee, pasea y contempla.
Del proyecto Fábula, que reunirá en total diez libros, ya se han publicado cinco: La vida alrededor (2010), Teoría de las inclinaciones (2012), Libre de la tormenta (2013), Mediodía en Kensington Park (2015) y, ahora, Confuso laberinto (Renacimiento, 2015). Estamos ante un híbrido que mezcla con absoluta libertad el relato, la poesía, el ensayo, el aforismo, el diario, las memorias... Ante un personalísimo ejercicio literario que disuelve los géneros para ir a lo que importa, en este caso, la reflexión sobre la vida y la poesía, tanto monta y monta tanto, en una encrucijada que no parece sino una de tantas en las que se ha tenido que ver JSM, tan inquieto editor como persona. Una reflexión, cabe añadir, apasionada, propia del animal poético que este hombre es. Cuanto hace o piensa, se dice uno, está traspasado por esa pasión irrefrenable. Este libro laberíntico, un conjunto de prosas con título, es buena prueba de ello. Escrito entre Moguer y México D. F. entre 1983 y 2000, es parte sustancial de ese magno proyecto a que aludía y que titula Fábula, compuesto, según Martín López-Vega, "a modo de manual de contemplación", sin olvidar que "contemplar, en definitiva, es ver todo lo que no se ve". "He aprendido a observar aquello que no se puede ver", escribe JSM.
Gusta el autor de las frases rotundas, certeras casi siempre, que suelen dar, ya se dijo, en aforismos, pensamientos o sentencias, Pecios, diría el otro. "La fe mueve derrotas", por ejemplo.
Habla mucho de "desvíos" y "matices". "Sólo se atrapa lo efímero", comenta. Y: "viajamos por el confuso laberinto del espacio". O: "Todos los seres humanos tenemos un confuso laberinto". "Vivir es falsedad" condensa otro de sus asuntos recurrentes. La verdad y la mentira como ejes de la vida.
Aparece la figura del doble y no pocos personajes literarios. Reincide en Leopardi, Parra, Rosales, Claudio Rodríguez, JRJ, la Zambrano...
Muchas cábalas se sitúan en torno al hecho poético o literario. Así, cuando afirma que "sin tiempo no hay poesía", que "los libros no se leen, se desmenuzan". Tal vez porque "en la poesía encuentro el universo entero y todo el proceso de la creación" y que "el poeta es hecho". Al fin y al cabo, asegura, "vivimos para ser, pero somos para vivir".
"Leer, siempre leer", podría servir de lema al imaginario escudo de su casa. En "Retilencias" aporta unos consejos muy aprovechables, sobre todo para los jóvenes, que no deberían perderse estas turbulentas anotaciones: "No escribas con el corazón". "Ni rías ni llores, lee y escribe". Sí, "somos espectadores de la verdad". Y remata: "La poesía es un confuso laberinto".

26.4.16

CHA, 790

Qué buen ojo el de Juan Malpartida a la hora de elegir para la entrevista y para la portada del número de abril de la revista al chileno del 59 Carlos Franz, que acaba de ganar la II Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su novela Si te vieras con mis ojos.
A Cervantes, esa lectura interminable, cómo no, le dedican un dossier en el que se pueden leer trabajos de Roberto González Echevarría, Bryce Maxey, Frederick A. de Armas, Matthew S. Tanico, Edwin Williamson y Roberto González Echevarría.
Además, Edwin Madrid traza una emocionante semblanza del poeta Eduardo Chirinos (del que recuperan tres poemas sobre perros), muerto a destiempo hace unos meses: "Escribo sobre animales para olvidar mi cuerpo", y Carlos Marzal se descuelga con unos magistrales aforismos que agrupa bajo el título "Autobiografía sincopada": "Existe un bando que es el de no estar cómodo en ninguno", "Hay quien entiende el anonimato como una forma encubierta de llamar la atención", "El encargo consiste en una forma de la inspiración que adviene por persona interpuesta", "Las luces de otras ventanas prometen vidas distintas", "La lección consiste en el entusiasmo con que se transmite la lección"...
Del artículo de Adolfo Sotelo Vázquez, "Juan Luis Alborg y la crítica literaria contemporánea (notas sobre la novela)" me quedo con la fotografía que lo ilustra: un barquito que surca las aguas de Mallorca, cerca de Formentor (donde conversaban), en el que viajan Delibes, Martín Gaite, M. Salisachs, Castillo Puche, Luis y Juan Goytisolo, la hija de Malraux y Calvino. 
Esto y más en esa estupenda revista que ahora se ve y se lee en internet mejor que nunca. Aunque donde esté el papel...

25.4.16

Amor fou

Así iba a titularse El bosque sin regreso, el nuevo libro de poemas de Antonio Rivero Taravillo, sevillano de adopción, nacido en 1963. La obra, escrita hace unos años, formaba parte de ese arsenal lírico de inéditos que, según propia confesión, nuestro autor conserva a la espera del momento oportuno para ser publicados. El sello ha sido esta vez La Isla de Siltolá, donde ya apareció Lejos en 2011.
Aunque el rótulo definitivo es certero, no estaba mal traído aquél, pues hay mucho de loco amor en estos versos que al fin y al cabo conforman una historia amorosa, con su haz y su envés. Al fondo, su querida Irlanda. No hace falta recordar que ART es traductor, y de los buenos, y que entre sus versiones abundan las de autores irlandeses como Yeats, Flann O'Brien o Swift.
El amor no es un asunto fácil. Qué no se ha dicho ya sobre el amor y sus felices y nefastas consecuencias. Y, sin embargo, este hombre sale airoso de la prueba. Tanto que, si no fuera una indiscreción, diría que este es, si no el mejor, uno de sus mejores libros, al menos en mi modesta opinión. 
En la primera parte, como insinuaba más arriba, se cantan las delicias de un amor apasionado ("Pero no dejes nunca de invadirme") que se vive en esa isla no menos encantadora ("El paisaje es hermoso al imitarte"). Escritores y discos, letras, baladas y canciones, acompañan ese idilio. En "Innisfree", por ejemplo, ese mítico lugar del cine. O en "Posesión", "The Cliffs of Moher", "Amor fou" ("Sé que no ha de durar esta locura"), "Encrucijada", "El otro", "Solos"... "El asombro es otra forma de amor", leemos. Tras una escala en México -otro de los sitios de este viajero-, y de la mano del citado Yeats, llega en la segunda parte el desamor; la distancia, que no el olvido. El malta acompaña. El recuerdo y la evocación le dan ahora al libro un tono elegíaco. En poemas tan logrados como "Fidelidad" (perfecto maridaje entre vida y literatura), "Desequilibrio", "Equipo". 
Me llaman la atención tres preciosos poemas breves: "Dream", "Contigo" y "Golondrinas".
Dublín se aparece en "La ciudad fantasma". Y con Heaney en la sombra, ART escribe acerca de "Este pánico de la pérdida / cuando se tiene todo". Y más islas, como nos recuerda el autor: "las Órcadas, los islotes del canal Beagle, los trozos de hielo incluso que flotan en el argentino Parque Nacional de los Glaciares".
El epílogo lo pone "Solar y yermo", una manera perfecta de terminar este libro, ya dije, redondo, que subraya la importancia de la obra édita (e inédita) de un escritor en varios géneros del que algunos estamos esperando, como agua de mayo, su premiada biografía de Cirlot. 

ARDBEG UIGEADAIL

El mejor malta del mundo
en la Jim Murray’s Whisky Bible 2009,
pero no por su sabor ahumado o su recuerdo
a arenques en salazón
según una prueba de cata;

no, el mejor
porque lo probé contigo una tarde
cuando aún el amor era posible.

Hoy daría todos sus barriles
por una sola gota
de agua –aunque fuera del grifo–
abrazándote en la cocina.

¡Single Malt! Desde que tú te fuiste,
más solo que nunca.
Y, como afirma la cata,
persistente.

(Del blog de Antón Castro.)