4.6.16

Cadenas: una crónica

He esperado unos días para comentar aquí con la serenidad debida lo que sucedió en el homenaje al poeta venezolano Rafael Cadenas que se celebró en la madrileña Casa América el pasado 30 de mayo. Lo mejor sería, en todo caso, que cada cual lo viera y escuchara, porque se grabó por completo. No hace falta decir que fue emocionante. Mucho. Fue eso que llaman una noche mágica. Lo sustancial, lo que dio categoría al acto, radicó, no importa el orden, en la masiva presencia de personas en el Anfiteatro Gabriela Mistral, que imponía; en la complicidad expectante de ese público: en primera fila, el filósofo Fernando Savater y el editor Manuel Ramírez, y ya en las gradas, poetas como Enrique Andrés Ruiz, José Cereijo, Francisco Caro y Javier Lostalé, pintores como Alejandro Corujeira o la viuda del poeta Ángel Crespo, Pilar Gómez Bedate, cuando está a punto de salir la antología de poemas de su marido que Jordi Doce ha preparado para la Fundación Ortega Muñoz; en los sucesivos textos leídos que, gracias a la hospitalidad de José Luis García Martín, se publicarán en la revista Clarín: el de Marina Gasparini (alma del homenaje, que vivió como nadie ese momento en el que se celebraba la obra de su querido profesor), el de Jordi Doce (que volvió a demostrar que es un lector excepcional), el de Antonio López Ortega (organizador del encuentro, autor de una jugosa entrevista inventada a partir de reflexiones de Cadenas) y el de Manuel Rico (un crítico de referencia, como se pudo comprobar); y, por fin, lo mejor, en la lectura de poemas que realizó el protagonista de la noche. Poemas dichos en voz baja. Entre balbuceos y dudas. Versos, sin embargo, nítidos y precisos a los que acompañó de algunos comentarios y dolidas referencias a Venezuela y a los tiranos.
Me alegró mucho saludar a amigos como Clemente Lapuerta (visto y no visto, ay), Pedro Burgos (que iba camino de Nicaragua) y María Sánchez Romero (hola y adiós). También saludé a Blanca Ruiz y a Adriana Bertorelli, sorpendida por un verso de Cadenas que no conocía: “No quiero estilo, sino honradez”. Y todo con la prisa de costumbre.
Los venezolanos abundaban y sus rostros lo decían todo. La situación de su país no da para menos. Viven con el corazón en un puño. El respeto hacia el maestro, como ellos llaman a Cadenas (uno, qué curioso, centraba en ese asunto sus palabras), es imponente. Por eso, cuando se acercó al atril, el silencio fue sonoro.
Antes, al llegar, tuvimos ocasión de charlar Jordi y yo con él. Sí, es un hombre callado. Sus versos lo presagian. Luego, se incorporaron a la conversación Marina, Antonio y Manuel.. Además de los anfitriones: el director de Casa América, Santiago Miralles Huete, y la encantadora Anna María Rodríguez Arias, coordinadora del Área de Literatura. Fue en presencia de Paula, su hija (nombre de hija de poeta: Ángel Campos, el propio Doce...).
Cuando me despedí de él (no asistí a la cena del Círculo de Bellas Artes, el trabajo y las obligaciones mandan), sentí, a pesar de que acabábamos de conocernos y de que es probable que no volvamos a vernos nunca más, su cariñosa cercanía. Me disculpé, volvió a pedirme que le enviara mi texto, nos miramos a los ojos mientras él apretaba con su mano mi antebrazo, eso fue todo. Ahora haré lo que es debido: seguir leyendo su poesía con el mismo entusiasmo. Conocer al hombre que la ha escrito no enturbia mi admiración por ella. Al revés. Lo que me confirma, creencia acaso ingenua, que un gran poeta tiene que ser al mismo tiempo una buena persona. La reseña de su último libro ya está escrita.


3.6.16

El color de la granada

Ya ocurrió en la pasada edición y se ha repetido en la última. Que en los premios de poesía de la Fundación Loewe el libro ganador del Premio a la Creación Joven sea más interesante que el que lo consigue en la categoría absoluta. Dos mujeres muy jóvenes, ambas hispanoamericanas, han logrado lo que considero una pequeña pero significativa hazaña, sobre todo si tenemos en cuenta que el papel femenino en ese galardón ha sido escaso. Hablo de la colombiana María Gómez Lara, autora del espléndido Contratono, y de la ecuatoriana Carla Badillo Coronado, que firma El color de la granada. Un par de obras que dan en el clavo poético, sin duda. De ello habla en su prólogo al segundo Antonio Colinas quien alude a un libro "de madurez plena" que consigue "el hallazgo de un misterio".
Como Badillo Coronado (Quito, 1985) reconoce en "Antes de iniciar el viaje", el protagonista de su libro es Sayat Nova, poeta, músico y ashik del siglo XVIII nacido en Georgia que tuvo una vida intensa y azarosa sobre la que el ruso Sergei Paradjanov rodó una película (1968), titulada del mismo modo. Vida y película inspiran estos cincuenta y un fragmentos divididos en siete partes que se corresponden con las etapas vitales de Nova: niñez, juventud, temporada en la corte de Erekle II, expulsión de ésta, su paso por el monasterio, el sueño y, por fin, la muerte.
"La granada -nos recuerda la autora- es un fruto de color rojo muy apreciado en zonas desérticas" y, según la creencia popular, tiene 365 semillas, una por cada día del año.
Lo simbólico es aquí ley. De ahí ese misterio a que aludía Colinas y que él relaciona con una frase de María Zambrano: "Los símbolos hace posible la existencia".
La vida y los pensamientos del trovador georgiano van siendo desgranados por CBC de manera sutil y enigmática, con una gran economía verbal que se acompasa bien a quien fuera místico y monje. Para ello no necesita de más música que la de las palabras. Ni siquiera usa signos ortográficos, salvo los puntos finales de cada fragmento de este poema, digamos, total.
Por el camino, versos que parecen sentencias. Estos he anotado: "el diablo es el tiempo". "La vida es un terreno salvaje". "Nuestro cuerpo está plagado de pequeñas luchas". "Toda historia de amor / es potencialmente / un arma letal". "La belleza es la profanación / de la cual yo me alimento". "Pensar en la muerte / es otra forma/ de cavar mi tumba". "Mis poemas provienen de un encierro 7 del más implacable, del más cruel: / el del tiempo". "Todo lo bello es sagrado / y todo lo sagrado obsceno". "La muerte es otro tipo de exilio".
En la octava parte, diez cantos. Tal vez lo mejor de todo. El primero desvela la clave literaria que encubren estas páginas: "Quien ahora escribe sobre esta página / pretende interpretarme / volverme a la vida a través de estos poemas / Pero soy yo, Sayat Nova, maestro de los cantares / quien dirige sus manos, la cadencia de las palabras  / la exactitud del verso". En el II leemos: "Amo el misterio de las criaturas perdidas". En el III: "Todo poema es un anclaje a la condición humana / por ende a la animalidad". En el IV aflora el miedo. Luego vienen la mirada, la poesía como religión, las palabras que generan "sospecha": límite, jerarquía, poder. Y la palabra palabra. Y el caos. "Yo no busqué -como ustedes- refugio en la inmortalidad / Yo solo amé profundamente y tras ello dejé testimonio", escribe. Y termina: "Morirá el poeta, pero no su musa".
La aparente sencillez troca en revelación y El color de la granada resplandece con el brillo natural de la fruta y su infinito, saludable misterio.

2.6.16

Pureza Canelo, académica

©Javier Sánchez Pablos/HOY
Sí, Pureza Canelo, la poeta extremeña, de Moraleja, "en el lugar en que más nací", leyó el pasado 21 de mayo su discurso de ingreso en la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Uno no pudo asistir, aunque estaba amablemente invitado por ella, pero de la solemne ceremonia ha dado cuenta en su blog Miguel Ángel Lama, que sí estuvo. Lo que tengo encima de la mesa, y ya leído, es el citado discurso, dedicado a sus padres. "Oeste en mi poesía" lo tituló. Un texto espléndido. Un discurso que, parafraseando a Juan Ramón, no se ha escrito «como discurso». Muy suyo, como todo lo que hace y publica. Hondo y sentido. Ajeno a la "oratoria académica" o al uso. Con su particular estilo: esa prosa que tanto tiene de poesía. Empieza: "Escribir o hablar sobre poesía es mayor reto para mí que ir a su búsqueda. No digamos explicarla". Luego lo intenta y hasta lo consigue. La conoce bien, y no hablo a humo de pajas. De hecho, traza una suerte de poética, otra, ya que ella es una especialista en este género, diría, uno de los ejes centrales de su obra reflexiva y rigurosa. Ahí están, pongo por caso, su libro Habitable. Primera poética o Cuatro poéticas, publicado por Pre-Textos, o, en fin, la que concibió para el ciclo Poética y Poesía, de la Fundación March.
La suya es una poesía que mira desde el Oeste, mucho más que una mera posición geográfica; un punto de vista (y un estado de ánimo) que no puede sino hacer suyo quien ha establecido en el mismo o parecido territorio su noción de lugar. Personal como pocas y exigente, sin concesiones, que habla sobre todo de ella misma. De la poesía, quiero decir, y de quien la escribe. De ahí que vida y verbo sean una y la misma cosa en Pureza Canelo. O, por decirlo de otro modo, que haya vivido por y para la poesía como si de una religión se tratase. Vocación que refuerza el viejo dicho, tan caro a Cernuda, de "carácter es destino". Fidelidad es la palabra.
Libro a libro, y ha publicado diez, divide ese asedio en cinco partes, que son las de su evolución creativa y vital: "Juventud", "Tensión en la palabra", "Desposesión vivir", "Testamento lírico (parte sustancial, centrada en su último libro, titulado Oeste a secas) y "Verso de la memoria". Por medio, muchos fragmentos y citas de su obra. Porque con nada se explica mejor.
Completa el volumen (muy parecido a los que publica la RAE) una bibliografía (1971-2015) de José Manuel Fuentes (donde, por cierto, no se incluyen referencias sobre su poesía que no hayan sido publicadas en papel).
Por lo demás, y vuelvo al principio, Pureza Canelo estaba decidida a reunir en Trujillo, ese día y en esa sede, a cuantos más poetas mejor. Es más, en la misma salutación, al lado de los agradecimientos, las menciones y los recuerdos (a Castelo, por ejemplo, o a los chinatos de Malpartida de Plasencia, su segundo pueblo), figuran estas palabras: "Y qué mayor motivación para confesar hoy a los poetas nacidos o que hayan recalado en Extremadura, mi deseo de estar pronto acompañada de sus voces con su presencia en esta Real Academia. Habrá que subsanarlo en unos tiempos extraordinarios en número y en calidad de la producción lírica en oeste, con proyección en el ámbito nacional". En la contestación, otro académico, Antonio Gallego, que tanto ha apoyado y apoya a la pobre poesía desde la March (de la que Canelo fue becaria), lector empedernido, decía: "Sin ánimo de polemizar, no soy el único que piensa que una Academia no puede autodenominarse impunemente «de las Letras» sin buenos y abundantes literatos de lo que para entendernos llamaremos literatura «de creación»". A buen entendedor... Dejo para otro día mis opiniones al respecto. Desde que murió Castelo, me siento más libre a la hora de opinar sobre esa santa casa que él dirigió durante años.
Termino. Que llegue a la RAEX una poeta como Pureza Canelo es un síntoma de mejora, no cabe duda. Y no sólo por lo que puede aportar por su condición de creadora, y de sobrada maestría, sino por su experiencia en la gestión al frente de uno de los centros culturales más activos y acreditados de España: la Fundación Gerardo Diego. ¡Ya tocaba! Enhorabuena. 

Calambur: 25 años


1.6.16

Máster online en Crítica y comunicación cultural

El año pasado la Universidad de Alcalá puso en marcha el Máster online en Crítica y comunicación cultural con la colaboración de la revista El Cultural.
Se ha contado con profesores como Javier Gomá, Manuel Cruz, José Luis Rebordinos, Arcadi Espada, Ernesto Caballero, José Guirao, Rosina Gómez-Baeza, Carlos Urroz, Elena Vozmediano, Jesús Cimarro, Javier Limón, Nadal Suau.
En esa primera edición que ahora concluye se matricularon 20 alumnos, que, como se puede leer en la web del Máster, realizan valoraciones muy positivas del profesorado y el programa.
Todos los alumnos interesados han podido realizar practicas en el Museo Reina Sofía, la Casa Encedida, el Centro Párraga de Murcia, el departamento de comunicación de los Museos Estatales de Panamá y en El Cultural, entre otros.
Ya está en marcha la campaña de difusión del Máster para el próximo curso y, en consecuencia está abierto el proceso de admisión. El Máster comenzará la última semana de octubre del 2016. Para cualquier consulta los interesados pueden contactar con Rosario González en master@elcultural.es.

Vocación docente

El pediatra de origen extremeño afincado en Miranda de Ebro Carlos de las Heras (1949) publica su cuarto libro de poesía. En la colección Complugenia de la editorial Gran Vía, como los dos anteriores: Los cabreros Tratado de melancolía urbana
El planteamiento de éste, La señorita Chelo, es muy sencillo: trata de poetizar, con un indeclinable sesgo narrativo ("levanto esta quimera / con forma de poemario"), su frustrada profesión de profesor de Lengua y Literatura en un instituto de enseñanza secundaria (antes, media). Para ello, recrea el personaje de Chelo, una supuesta profesora suya en la cuarentena de la que se enamora, a la que desea y admira el protagonista de la historia ("el que nunca seré / pero pude haber sido"), que relata su vida profesional en el centro donde él mismo estudió (con nombre de poeta extremeño nacido en la salmantina Frades), desde su primer día de clase hasta la jubilación. 
Se menciona incluso un lugar, Plasanda del Río (a la que dedica un poema), trasunto o mezcla de dos ciudades fundamentales para De las Heras: Plasencia, donde estudió, y Miranda, donde ha vivido trabajado. 
El tono es irónico, a ratos humorístico, pero no por eso reniega de ese anhelo de verdad sobre el que se funda. El estilo, claro y sencillo con numerosos guiños literarios que afirman sus lecturas y sus maestros: Bécquer, Manrique, Fray Luis, Quevedo... El aire, en fin, es machadiano. 
En medio, anécdotas, orlas, compañeros, alumnos, salas de profesores, Verónica (presente, a título simbólico, de un poema sobre las mujeres maltratadas)...
Y una afirmación que pone en boca del personaje poemático y que demuestra su altura de miras: "Me refiero, ya sabes al Lenguaje, / eso es Literatura".

31.5.16

Balduque

Es una editorial murciana que nació en 2014 y de la que ahora me llegan algunas entregas. Como Cabalgar en las alas de la tormenta, del mexicano Efraín Bartolomé, con prólogo de Soren Peñalver, y donde encontramos vitales versos llenos de amor, sensualidad y erotismo. Noelia Illán anota en el epílogo que "Se trata aquí de la exaltación del amor en su sentido más puro, un canto a la mujer y a esa fuerza avasallante, casi destructora -a veces- que es el amor".
De Bartolomé tenía uno en la estantería Oficio: Arder. Obra poética 1982-1997, un grueso volumen de 545 páginas que publicó Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1999.
De la colección "Poesía", Mal, de José Daniel Espejo; Cantando en voz baja, de Héctor Castilla; y El mundo sin usted, de Francisco Vicente Conesa. El primero y el tercero son poetas naturales de Cartagena y el segundo, de Orihuela. Los dos primeros, del 75 y del 71, respectivamente. El tercero, del 94. Los tres, autores de una poesía cercana a la que aquí se denominó de la experiencia, de tono conversacional, figurativa, urbana y de línea clara.
Es de destacar la impecable factura de los libros, cuidados con el celo que, desde antiguo, suele distinguir a los editores de poesía. A los modestos y a los más grandes, que en esto suelen parecerse.

30.5.16

El lugar del poeta

Vimos desde el principio que la revista literaria Años diez, vinculada a la editorial granadina Cuadernos del Vigía y dirigida por Juan Carlos Reche y Abraham Gragera, iba en serio. Para empezar, porque ellos dos son poetas serios. Lo comentamos aquí cuando salió su primer número y volvimos a ratificarlo cuando lo hizo el segundo. El tercero les ha salido redondo y viene con intención de agitar, para bien y con sentido crítico, las tranquilas aguas de la lírica patria, cosa harto espinosa a tenor de la abundancia y diversidad de propuestas que pululan por el panorama. Y por la apatía y falta de autocrítica predominantes. No todo es crisis. Se trata, en todo caso, de un magnífico monográfico titulado "El lugar del poeta (Poesía española para el siglo XXI)" y el diseño, asunto nada baladí, es del uno de nuestros mejores y más acreditados tipógrafos: Alfonso Meléndez. 
No tiene uno tiempo ni puede dedicarle todo el espacio que merece al análisis, digamos, de los espléndidos textos que lo conforman y que uno ha leído, lápiz en ristre, con la pasión debida. Intentaré al menos ofrecer una impresión general donde no falte una pizca de rigor.
En su editorial, tan preciso, leemos: "Desde que con el nuevo siglo desaparecieran de nuestro panorama literario las tendencias dominantes y, con las nuevas voces de los poetas nacidos a finales de los sesenta, en los setenta y los ochenta, el paisaje se volviera demasiado complejo y rico como para simplificarlo, numerosas antologías y estudios críticos no han dejado de ofrecerse como guías de lectura en el mejor de los casos, o como plataformas promocionales en el peor". Y sigue: "En Años diez pensamos que la falta de estéticas dominantes no es un mal en sí mismo ni el reflejo de un periodo de transición. A nuestro juicio, la variedad, que siempre ha existido, es ahora más evidente y necesita lectores y críticos que sepan apreciarla. Aunque variedad, diversidad, no significa ausencia de rasgos comunes ni es garantía de calidad".
El lector avisado (y el que no) tiene oportunidad de comprender mejor esa rica complejidad gracias a los artículos, ensayos, poemas y poéticas de sus colaboradores. Abre el fuego, con un texto valiente y muy pensado, Juan Carlos Reche: "El cometido del poeta", ilustrado con unos esquemas muy didácticos. Me ha gustado su ponderada revisión de lo ocurrido estos años de atrás, su interpretación del presente y sus prospecciones de futuro. Termina: "Estamos en un momento de la historia en el que el poeta más actual tal vez sea el más clásico, es decir, el mejor informado, el más responsable".
Le siguen aportaciones teóricas: "Dos miradas sobre el referente", de Pere Ballart ("Mezquitas que eran fábricas, o el poder transformador de la poesía": "dime cómo llevarás a tu verso un simple limón y te diré cómo funciona, como apuesta semántica y estética, toda tu poesía") y Lorena Ventura ("Como un árbol que cae el fruto: sobre el sentido y la referencia en poesía", un asedio sobre espléndidamente tramado a partir de un poema de Juarroz donde queda claro que "la poesía reinaugura la realidad" y "crea al mundo diciéndolo"). Ballart y Ventura son profesores universitarios en la Autónoma de Barcelona y la UNAM de México, respectivamente.
En "Poética", una nueva sección de la revista, Abraham Gragera nos traslada su versión del asunto a través de una excelente serie de poemas titulada "Dos espaldas" y Juan Andrés García Román, que opta por la prosa, se explica de maravilla en "Neorromanticismo: una poética de la necesidad": "se impone que la poesía vuelva a ser lenguaje, y lengua y habla".  
En "Partes de la oración", los poetas Guillermo López Gallego (autor de Afro -que estoy deseando leer- y de un precioso texto a favor de la poesía y sobre la función del poeta donde no falta una inteligente meditación sobre la ironía), Carlos Pardo (también lúcido, como acostumbra, defiende el carácter "intempestivo" de la poesía y afirma, irónico: "El poeta es el tema de la obra o el único mensaje"), Fruela Fernández (que llama la atención sobre algo que uno viene recalcando: "la proliferación de abuelos y abuelas en la literatura reciente" y que aprecia en la misma "una preocupación creciente por lo heredado y lo compartido: las hablas, los gestos, las anomalías, las memorias regionales"), Martín-López Vega (que define la poesía como "el libro de instrucciones de la vida que no nos dan cuando nacemos" y que subraya, con la seguridad que le caracteriza, que los poemas "que prefiero leer y me gustaría escribir son los que exploran esos límites invisibles en los que estamos a punto de dejar de ser algo para ser otra cosa distinta") y Unai Velasco (autor de la frase: "La función principal de la poesía es tender ese puente de acceso al mundo, a su conocimiento y su mejora") se expresan a través de los elementos del sistema comunicativo. En este orden, al emisor, mensaje, receptor, contexto y código ("El nombre exacto de las cosas", añade Velasco). 
Sólo faltaría "canal", como hacen constar los editores. Se encargó, pero... Más allá de los rótulos y del juego lingüístico, cada uno de ellos se refiere a su obra y a lo que entiende que debe ser la poesía presente y aun futura de esta época. 
En "Las voces y los hechos" se recogen dos originales diálogos "intergeneracionales" entre Luis Muñoz y Ana Gorría, por una parte, y Álvaro García y David Leo García (el televisivo de Pasapalabra, sí), por otra, con la particularidad de que esta última conversación es... en verso (y rima).
Cierran la muestra un puñado de poemas inéditos de Mariano Peyrou (que acaba de publicar una novela), Luis Melgarejo, Juan Antonio Bernier (con rima y todo), Alberto Acerete (que me ha sorprendido, no recuerdo haber leído versos suyos), Martha Asunción Alonso (incluida en la antología Nacer en otro tiempo, como Velasco), Alberto Carpio y María do Cebreiro (traducida por Ismael Ramos).
Me da que habrá un antes y un después, en la revista y en el citado panorama poético español, a partir de este monográfico. Y que propiciará otros parecidos. Para eso, como dice Reche, la crítica tendrá que salir de su "letargo". Eso sí, será difícil acertar tanto y reunir a nombres capaces de hilvanar discursos tan rigurosos y sensatos. Tal vez porque pertenecen a una promoción brillante de nuestra lírica, aunque no estén aquí todos los que son. Un ejemplar para guardar, sin duda.

29.5.16

César Aira dixit

Isabel Permuy/ABC
Inés Martín Rodrigo y César Aira conversan mientras visitan las salas de la exposición de Wifredo Lam en el Reina Sofía.

- ¿Uno nace escritor o se hace escritor?
- No, los que nacen son los poetas.
- ¿Ah, sí?
- Sí.
- ¿Qué relación tiene usted con la poesía?
- Yo me hice escritor junto con un amigo, con Arturito (Arturo Carrera), mi gran amigo, y ahí yo vi, con los poemas que escribíamos a los 15 o 16 años, cómo él había sido poeta y yo no. Así que nos separamos los campos: yo me quedé con la prosa y él con la poesía. Y yo siento, ahora, que toda mi vida de escritor ha sido dar un largo rodeo para llegar a la poesía; creo que estoy llegando.
- ¿Está escribiendo poesía?
- No, no voy a escribirla nunca.
- Entonces, ¿a qué se refiere?
- Es que esa narrativa mía es una forma de poesía. Un joven escritor argentino, muy admirador, escribió una novela que se llama «La última de Aira», que es una novela imitadora de las mías; se publicó, y tuvo muy buenas críticas. Y es, exactamente, todo con mis trucos, mis procedimientos. La leí hasta la mitad y me salió un juicio espontáneo y natural: esta es una novela mía, pero escrita en prosa. Sentí que faltaba algo que yo no sabía que había en mis libros. Ahí me di cuenta de que estaba llegando.

28.5.16

Lunas de Oriente

En la estela de Luna de Poniente, la editorial emeritense De la Luna Libros inicia un nuevo proyecto, la colección Lunas de OrienteSi allí se pretendía recoger libros inéditos de poetas extremeños vivos y establecer, digamos, un canon, aquí el planteamiento es similar, pero con narradores. También veintisiete, tantos como letras del alfabeto. Las letras A y B se corresponden con las obras El mundo sumergido, de Alonso Guerrero, y Te tendré que matar, de Nicanor Gil. En lugar de poemas, relatos. Más o menos largos. No se ponían de acuerdo anoche en la presentación placentina del Verdugo, donde intervinieron, además de Marino González, uno de los directores de la colección (el otro, sentado en la sala, es Elías Moro), Gonzalo Hidalgo Bayal, Alonso Guerrero y Nicanor Gil, decía que no se ponían de acuerdo a la hora de decidir si El mundo sumergido era cuento largo o novela corta. Guerrero, el autor, era el único que defendía la primera opción. Poco importa eso si los textos alcanzan la altura literaria debida. Parece ser el caso y digo parece porque uno aún no ha tenido ocasión de leerlos. Por las palabras de GHB, presentador a su pesar (y a gusto de toda la concurrencia, que no deja de celebrar su perspicacia lectora), podemos deducir que la cosa empieza bien y quienes conocemos la pasión que los editores han puesto en la nueva empresa nos congratulamos de que así sea. 
Gil ha elegido continuar, a su manera, los crímenes ejemplares de Max Aub y Guerrero, en la misma línea de imaginación y de exigencia que le caracteriza, por encima de modas y modos al uso, pone en acción a Pepe Nirvana y "contesta a una cuestión que todo el mundo se ha planteado: por qué cuanto más nos elevamos hacia el absoluto, más caemos en el ridículo". 
Si en el caso de Luna de Poniente me tomé la licencia de opinar sobre cada uno de los títulos (salvo contadísimas excepciones), en esta ocasión me limitaré a leer esos libros con el interés que a buen seguro habrán de suscitar. Me consta que la lista de invitados es digna de elogio. Ojalá, en fin, les salga bien esta jugada a Marino y a Elías. Lo merecen. Están haciendo lo mejor que se puede hacer por esta pobre tierra: que quede escrita. 

Premio ÁCP























El jurado del II Premio Hispano-portugués de Poesía Joven «ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO» ha acordado otorgar el Premio a la obra presentada con el título de Clepsidra, cuya autoría, una vez abierta la plica, ha resultado ser de JOANA ISABEL VENTURA CORTES, de la Escola Secundária Mouzinho da Silveira, de Portalegre (Portugal).
San Vicente de Alcántara, 26 de mayo!de 2016.

27.5.16

Una entrevista

“La de la poesía es una carrera de fondo” es el titular de la extensa entrevista que me hizo a finales del año pasado José Manuel Sánchez Moro, alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura, editora de la revista Heterónima donde ahora aparece. En su número 2, que lleva, por cierto, un dibujo de Javier Fernández de Molina en la portada.
Aunque se publica en papel, en tirada reducida, ya se puede leer -en pdf. o en Issu, que cada cual elija- en la versión virtual de esa revista de creación y crítica que dirige el poeta Antonio Rivero Machina, profesor de la citada Facultad. Gracias. 

26.5.16

La Bernad

Sí, digo "la Bernad", en tono cordial, porque esta poeta zaragozana tiene algo de diva, y no por su "fama superlativa" (qué necesidad) ni porque vaya de estrella por la vida, sino por ese aire de cantante de ópera o de jazz que uno le encuentra cuando ve alguna fotografía suya, siempre con un aire de misterio, como la que le hizo María Teresa Gómez Puertas y que ilustra una de las primeras páginas de su libro Perros de noviembre (La Isla de Siltolá). Es el cuarto de poesía que publica, tras El mar del otro lado, Nostalgia armada y Caricias perplejas, de 2009. Fiel a sus principios poéticos y vitales, que aquí son una y la misma cosa, Olga Bernad apuesta por la pasión. Desde el principio, a partir de una cita de Bukowski: "Encuentra lo que amas y deja que te mate". No podía haber elegido mejor. De eso va este intenso puñado de poemas donde el amor es absoluto protagonista. Dos versos certeros inician el discurso: "Todos los héroes eran hombres solos". "Todos los héroes eran hombres tristes". El primero y el último de "Todos los héroes". Y más adelante, en esa línea de aciertos: "Seguí pensando en ti tan en silencio / que a veces ni yo misma lo sabía". 
De entre los muchos símbolos, la noche. En "Esta noche", por ejemplo. Noche donde se abisman los sentimientos, siempre encontrados. Sí, hay algo de oscuro y hasta de maldito en este libro. De amor, ya se dijo, y de desamor. "Alejarse de alguien es como irse del mar / cuando acaba el verano", leemos. O: "Dejar de amar a alguien se parece / tanto a perder la fe". En el filo de la navaja: "asombrado / de que al amor le guste parecerse / un poco al fin del mundo". 
Otra fidelidad: el ritmo, que ella consigue, sobre todo, a base de endecasílabos, aunque en este libro uno aprecie un cambio en la música, menos clásico. Como noto una mayor complejidad en el planteamiento de la obra (entendida en su conjunto) y en la resolución lingüística de cada poema en particular. La sintaxis ha cambiado. Hay una mayor elaboración y abundan los sutiles juegos de palabras.
Poemas destinados a un tú cernudiano y a un yo autobiográfico, sin que por ello estemos ante una poesía confesional o intimista, en su más rancio sentido. 
Y un poema paradigmático y logrado: "La vida extrema": "Soñé que un animal me perseguía", un verso de once sílabas que me recuerda a otros de nuestro acervo literario, aunque en clave contemporánea. De Martínez Mesanza, pongo por caso.
En "Los perros y la nada" leemos: "La luna y yo, los perros y la nada, / y la vida cayendo / como una absurda lluvia incomprensible". "Conozco lo que amo", afirma. Y luego, en "No fear": "No he crecido en valor sino en misterio, / esa forma poética y absurda / de nombrar lo escondido / para calmar el mar de la impaciencia".
"Spira Mirabilis" es un poema largo donde Bernad demuestra de nuevo su solvencia. Como en "Maldito duende", "La tristeza de los apátridas" o "Escrito para amar". 
Como dijo Antón Castro (que acaba de publicar El musgo del bosque), "Olga Bernad posee una voz personal. Es minuciosa, tiene capacidad para crear imágenes vigorosas e inesperadas. Su poesía posee clima y tensión, ritmo y evocación, aspira a la belleza, incluso a la terrible, se atreve a abordar temas dolorosos o exultantes con libertad. Demuestra una convicción absoluta en la fuerza de las palabras. Cree en la vida extrema del lenguaje. Siempre está en el camino, aunque haya estado la tormenta. Y es ahí, en pleno tránsito, donde la sorprende la inspiración".

25.5.16

Kenneth White

"He vivido mucho tiempo alejado y en silencio para poder hacer lo que considero el trabajo fundamental. Necesitamos una nueva base, un nuevo campo. La enseñanza ha sido para mí, como los recitales, una extensión de mi escribir en silencio", le dice Kenneth White, el poeta escocés y cosmopolita creador del término geopoética y autor de Atlántica y del poema "Labrador" (que damos en versión de Igor Barreto), al también poeta Álvaro García (Cuadernos Hispanoamericanos, nº 791), traductor del citado libro al español.

24.5.16

Mora y Marí

Renacimiento, Sevilla, 2016. 76 págs.15 €

La obra poética de Antoni Marí (Ibiza, 1944), que además es narrador, ensayista, editor, traductor y catedrático, coetáneo de los Novísimos y, entre los catalanes, de Parcerisas, Comadira o Gimferrer, es tan exigente como breve. Ha publicado El preludiUn viatge d’hivern y El desert. Los tres libros fueron reunidos en Tríptic des Jondal. En 2010, vio la luz Han vingut uns amics (Tusquets), ahora en castellano con el título Han venido unos amigos. Aunque tenemos noticia de una edición mexicana, en ésta no figura el traductor ni es bilingüe, lo que nos da a entender su voluntad de confiar al lector un libro distinto y no una mera recreación del original catalán. 
A lo expresado y lo inexpresable se refiere la cita que abre el volumen que, como otros suyos, se compone de quince extensos cantos que no son sino fragmentos de un sólido, único poema donde el protagonista evoca su solitaria y austera convalecencia en una casa familiar perdida en medio de la naturaleza; lugar retirado y “desierto” que ubicamos en la isla natal del poeta.
El tono de esta suerte de diario es conversacional y meditativo. Dialoga con sus visitantes y, sobre todo, consigo mismo (“tan ocupado estoy de mi persona”). Logra así que fluya la mezcla entre la descripción de las sencillas situaciones domésticas y cotidianas, de carácter contemplativo, con las hondas reflexiones sobre la vida en esa encrucijada que la compleja intervención quirúrgica de la que se recupera ha propiciado. Estamos ante un “experimento del pensar”. “Pero sé quién soy”, dice, y más adelante: “Sé quién soy y, sin embargo, me desconozco”. La identidad es el asunto. Y todo, insisto en un tono sereno que recuerda al Eliot de los Cuartetos, a los románticos alemanes y a Leopardi.
La memoria le traslada a su infancia (sus padres, el abuelo, su primo muerto) o a la juventud y al amor (en Provenza). Pero es a la poesía, ese “consuelo” que “rompe el hábito de la vida”, “la única forma posible / de comprender y expresar lo que une / a todos los seres y cosas del mundo” a la que dedica los versos acaso más intensos de este emocionante poema. La usa para “nombrar de nuevo las cosas”. Para recomponer lo astillado. Y todo con un “lenguaje propio”, porque “cada mundo tiene su lenguaje”. El final es perfecto.

Ángeles Mora
Bartleby, Madrid, 2015. 102 págs.  12 €

Vinculada al grupo granadino de la “la otra sentimentalidad”, Ángeles Mora (Rute, 1952) ha publicado Pensando que el camino iba derechoLa canción del olvido, La Guerra de los treinta años, La dama errante, Contradicciones, pájaros y Bajo la alfombra. Reunió sus poemas en Antología poética (1982-1995) y ¿Las mujeres son mágicas? Con su último libro acaba de ganar el Premio de la Crítica.
Según Prieto de Paula, AM “ha construido su mundo alrededor de una conciencia de sí inestable, cuya sustancia primordial es ese mismo proceso de constitución”. Su impronta es histórica, digamos, apegada a la realidad y al tiempo que le ha tocado vivir, muy significativa en este libro que, desde el mismo título, desvela sin ambages su intención: la de escribir una autobiografía que, como todas, está necesariamente filtrada por la ficción. Porque la memoria es infiel por naturaleza y recordamos no tanto lo que pasó exactamente, sino aquello que al cabo queremos o podemos evocar. “Las (...) piezas de este libro no requieren mayor elucidación”, dice con Borges. Y antes ha citado a Lejeune, “Toda autobiografía implica un pacto con el lector”. AM le facilita a éste las cosas. La claridad impera. Lo narrativo. Desde el “desajuste” inicial en el que “he vivido yo siempre”. Puede afirmar con Rich: este es “el poema de mi vida”. La de una mujer, ante todo, con plena conciencia de ello, que tiene “pocas cosas que guardar / realmente salvables”. Solitaria; que se desdobla: “Y no eres tú, pero sí eres”, porque nos habitan distintos “yoes”; melancólica (el tono, “un aire de bolero”); que contempla (el Sur es la atmósfera) y escribe porque ese “es un vicio que nunca se detiene”. Lo hace como si de un diario se tratara, de forma cotidiana, tal vez porque “la poesía, como el amor, / se escribe cada día”. Y ya que hablo de amor, a ese asunto dedica la sección “Palabras nuestras”. Allí, “Una forma de vida”, un poema central. Como “El ayer”. La infancia, que “dura más que la vida” (Matute dixit), es protagonista de la última parte del libro: el verano, un viejo, molino, la merienda, el cine, los amigos o el desván. Tiempo felices o crueles, “apenas entrevistos / ya en la distancia” que terminan de tejer la historia de una vida que “tampoco era”, como en el verso de Blas de Otero.

Nota: Las reseñas de los libros de Marí y Mora aparecieron publicadas el pasado viernes en El Cultural.