El del Jerte en los años sesenta. Puerto Blázquez rescata diez minutos de nostalgia.
30.6.10
Divertidos errores
Europa Press atribuye el Premio "José de Espronceda" a Antonio Porrela (y no Portela), por la obra Diamantinos Godos (y no Diamantinos dogos, como en la canción de David Bowie). En El Periódico dijeron que Portela "reside entre Salamanca y Viena", cuando en realidad estudia en Venecia. Divertidos errores, sin duda.
28.6.10
Moga et la vie
No es la de Eduardo Moga una poesía complaciente. Quiero decir que ni es simple ni es sencilla y que el lector debe vérselas con un poeta que se caracteriza por su exigencia; de voz potente, arrolladora (no pocas veces) y muy personal, que no suele andarse con chiquitas. Por eso me ha sorprendido Bajo la piel, los días, uno de sus libros más personales (personalísimo, mejor), que acaba de publicar la imparable Calambur (¡vaya racha!) en su colección de Poesía. Sí, lo digo porque en realidad estamos ante un "diario poético" (como reza en la nota editorial) que, me temo que desde el principio, aspiró a eso: a ser poesía. ¿En prosa? Puede ser. A estas alturas, lo de los géneros... Por el tratamiento del lenguaje, poesía desde luego parece. O está muy cerca. ¿Detrás? La vida, qué si no. La enfermedad (sus acúfenos, su insomnio, la diabetes de Álvaro...), la muerte (la del padre), el sexo (hay páginas muy crudas -por explícitas- al respecto), la ciudad (las ciudades), la literatura (con opiniones contundentes sobre algunos autores), la amistad (Tomás, Sergio...), el amor (Ángeles)... Que nadie espere, en fin, lindezas, delicuescencias ni falsos lirismos sino aspereza, ironía y desgarro. Y melancolía, ay, mucha melancolía.
27.6.10
Carta de Almendralejo
Bajó uno a Almendralejo -qué larga se me hizo la ida, lo que antes hacía a diario- para acudir al fallo del Premio "José de Espronceda". Fue, como siempre, un reencuentro agradable. Con Maite, su alma mater, con los demás miembros del jurado: Ada Salas, Carlos Marzal, Antonio Sáez, Santiago Castelo, Manuel Borrás (que este año votó desde Barajas por culpa de la cancelación de su vuelo) y José Antonio Zambrano, a quien pude por fin abrazar para darle la enhorabuena por su reciente premio. También sin Ángel, ay, que solía llegar tarde y sin comer por lo que antes de entrar a deliberar pedía una magdalenas.
Este año, por aquello de la crisis, no ha habido cena. Eso sí, el acto literario tuvo que esperar a que terminara el partido de fútbol entre España y Chile. Que recuerde, era la primera vez que veía un partido en un bar. Así de raro es uno. Intenté portarme como un hincha entre los de verdad. A mi lado había algunos de categoría: Almudena Grandes y Benjamín Prado, por ejemplo. Manuel Ramírez, un poco más allá, disimulaba tanto o más que yo. Menos mal que entre gol y gol hubo tiempo de conversar y para eso me senté a la vera de José Luis Bernal a quien considero, desde hace mucho, un buen amigo. Entre hijas e hijos (los dos tenemos, ay, un Alberto) se nos fue el rato.
Antes, en la reunión del jurado, habíamos premiado un libro importante. Luego se comprobó que, por suerte, no era de un cazapremios, que su autor es muy joven y que, además, es conocido: Antonio Portela.
En el vino español (para eso aún da), saludé a Isabel, a Leni... Luego, con mi depurada técnica, desaparecí, con permiso del alcalde Ramírez, a los diez minutos.
Este año, por aquello de la crisis, no ha habido cena. Eso sí, el acto literario tuvo que esperar a que terminara el partido de fútbol entre España y Chile. Que recuerde, era la primera vez que veía un partido en un bar. Así de raro es uno. Intenté portarme como un hincha entre los de verdad. A mi lado había algunos de categoría: Almudena Grandes y Benjamín Prado, por ejemplo. Manuel Ramírez, un poco más allá, disimulaba tanto o más que yo. Menos mal que entre gol y gol hubo tiempo de conversar y para eso me senté a la vera de José Luis Bernal a quien considero, desde hace mucho, un buen amigo. Entre hijas e hijos (los dos tenemos, ay, un Alberto) se nos fue el rato.
Antes, en la reunión del jurado, habíamos premiado un libro importante. Luego se comprobó que, por suerte, no era de un cazapremios, que su autor es muy joven y que, además, es conocido: Antonio Portela.
En el vino español (para eso aún da), saludé a Isabel, a Leni... Luego, con mi depurada técnica, desaparecí, con permiso del alcalde Ramírez, a los diez minutos.
26.6.10
Por alusiones
José María Cumbreño opina sobre uno "que no se esconde", aunque a algunos les gustaría. Obrigado.
De la enfermedad
Cuando Zoki me mandó un mensaje donde me recomendaba la lectura de Diario del hombre pálido, de Juan Gracia Armendáriz, los de Demipage (agradecido) ya me lo habían mandado. En su sección Radio París (El Cultural), escribe el de Lesaka sobre ese libro, no lo dudo, excepcional. Con todo, sigue en el montón de los que esperan encima de la mesa grande. Me da miedo leerlo.
25.6.10
Pintura
Estoy rodeado de libros. Por las paredes, como siempre, y ahora también por el suelo. Hoy vienen los pintores a reparar los daños provocados por el conato de incendio (mañana hace un mes) y tuve que vaciar ayer por la tarde todas las estanterías del pasillo. Uno, la verdad, no quería. Total, van a seguir ahí y da igual que lo que no se ve esté pintado de tal o cual color. Pero mi criterio no se ha tenido muy en cuenta y... En esos momentos, en estos, es cuando uno se pregunta seriamente para qué demonios colecciona libros. Lo decía hace poco José Luis García Martín en su blog: "Qué absurdo guardar todos los libros que uno lee, la mayoría de los cuales no releerá nunca. Es como coleccionar los periódicos de cada día. Yo estoy orgulloso de mi biblioteca, pero los libros que guardo en casa son solo una pequeña parte. Mi biblioteca abarca el universo". A estas alturas no sé si uno está orgulloso de la suya y si la mía abarca tanto, pero... cada día estoy más convencido de que tengo que llamar a Boxoyo.
24.6.10
La crítica
Esa necesidad. Imprescindible si de literatura hablamos. Un derecho, sí, pero también un deber. No es posible comprender la modernidad (donde quiera que quede) sin ella. En Extremadura, esta angosta esquina de la literatura española, donde hemos pasado de la normalización a la (casi) normalidad, sigue siendo una asignatura pendiente. Lo reconocen, como recordábamos aquí atrás, algunos de los que, por suerte, la practican. Son pocos.
Acostumbrados a una reseñística solapera, de ensalzamiento de lo mediocre, carente de criterio, tacaña con lo excelente y generosa con lo pésimo, demasiado pendiente de lo premiado (sin importar el concurso y, lo que es más grave, la compulsión concursil de éste o aquél escribidor), localista y provinciana, ¿cómo nos va a extrañar que siga ponderándose la aparición del enésimo tocho -perdón, tomo- de la Bibliografía Extremeña del maestro Pecellín, nuestro reseñador de cabecera? ¿No habíamos quedado, querido Quique, que una cosa es la cantidad y otra la calidad? Cada vez más gordos, sí (aclaras que en el centón se recoge TODO (sic), y añades: "y cuando digo todo es todo"), pero ¿cada vez más necesarios? No lo creo. Se suele confundir crítica con archivística. Para complicar las cosas (y para darme la razón en lo que a nuestra deriva respecta), en esta ocasión el "tomazo" viene avalado por la Biblioteca Regional, que lo publica en su colección Alborayque. ¿Saldrá el próximo en la Editora? Sólo faltaría. Atentos.
No es extraño que, por culpa de esa secular carencia, tengan que venir a poner las cosas en su sitio desde fuera. Por otra parte, que conste, no me parece mal. Cuantos menos reinos de taifas, mejor. Si es allí donde está la solvencia... Con todo, lo normal en otras Comunidades es que esta crítica exista, la que se fija y atiende a lo más propio. Y que incluso conceda, una vez al año, sus galardones. Ocurre en Andalucía o en Valencia, donde premian a autores conocidos en el resto de España. Así, Cobos Wilkins y Marzal, respectivamente, en las últimas ediciones, las correspondientes a 2010. Un par de críticos extremeños y el resto de allende nuestras fronteras hacen algo parecido al elegir el Premio Extremadura a la Creación al mejor libro de un paisano publicado el año anterior. Menos da una piedra.
Quedan, pues, dos tareas pendientes: la consolidación de una crítica responsable que separe el grano de la paja (pese lo que pese) y una reflexión serena y profunda acerca de este mal endémico, como tantos de esta tierra. No estaría mal como tema de un congreso de la AEEx.
Uno, en fin, se pregunta: ¿no tendrá esto algo que ver con la ausencia de crítica en otros ámbitos de la vida extremeña? A buen seguro. Así nos va.
Nota: Quique, viejo conocido, es Enrique García Fuentes, profesor de Secundaria y crítico literario. Publicó el pasado sábado en Trazos, suplemento del diario Hoy, una reseña sobre el libro a que aludo.
Acostumbrados a una reseñística solapera, de ensalzamiento de lo mediocre, carente de criterio, tacaña con lo excelente y generosa con lo pésimo, demasiado pendiente de lo premiado (sin importar el concurso y, lo que es más grave, la compulsión concursil de éste o aquél escribidor), localista y provinciana, ¿cómo nos va a extrañar que siga ponderándose la aparición del enésimo tocho -perdón, tomo- de la Bibliografía Extremeña del maestro Pecellín, nuestro reseñador de cabecera? ¿No habíamos quedado, querido Quique, que una cosa es la cantidad y otra la calidad? Cada vez más gordos, sí (aclaras que en el centón se recoge TODO (sic), y añades: "y cuando digo todo es todo"), pero ¿cada vez más necesarios? No lo creo. Se suele confundir crítica con archivística. Para complicar las cosas (y para darme la razón en lo que a nuestra deriva respecta), en esta ocasión el "tomazo" viene avalado por la Biblioteca Regional, que lo publica en su colección Alborayque. ¿Saldrá el próximo en la Editora? Sólo faltaría. Atentos.
No es extraño que, por culpa de esa secular carencia, tengan que venir a poner las cosas en su sitio desde fuera. Por otra parte, que conste, no me parece mal. Cuantos menos reinos de taifas, mejor. Si es allí donde está la solvencia... Con todo, lo normal en otras Comunidades es que esta crítica exista, la que se fija y atiende a lo más propio. Y que incluso conceda, una vez al año, sus galardones. Ocurre en Andalucía o en Valencia, donde premian a autores conocidos en el resto de España. Así, Cobos Wilkins y Marzal, respectivamente, en las últimas ediciones, las correspondientes a 2010. Un par de críticos extremeños y el resto de allende nuestras fronteras hacen algo parecido al elegir el Premio Extremadura a la Creación al mejor libro de un paisano publicado el año anterior. Menos da una piedra.
Quedan, pues, dos tareas pendientes: la consolidación de una crítica responsable que separe el grano de la paja (pese lo que pese) y una reflexión serena y profunda acerca de este mal endémico, como tantos de esta tierra. No estaría mal como tema de un congreso de la AEEx.
Uno, en fin, se pregunta: ¿no tendrá esto algo que ver con la ausencia de crítica en otros ámbitos de la vida extremeña? A buen seguro. Así nos va.
Nota: Quique, viejo conocido, es Enrique García Fuentes, profesor de Secundaria y crítico literario. Publicó el pasado sábado en Trazos, suplemento del diario Hoy, una reseña sobre el libro a que aludo.
23.6.10
22.6.10
Último día de curso
Esta mañana he entregado las notas a mis alumnos de 6º. Me da mucha pena dejar a ese grupo. Ha sidos unos meses estupendos con ellos. Por eso se me han pasado volando. A este grupo y al otro, al que también he dado clases de Lengua y donde he tenido alumnos (sobre todo alumnas) excepcionales. En fin. Les he hablado algo emocionado (uno no acaba de acostumbrarse) antes de darles el sobre con el resultado de su esfuerzo. Saben bien que les espera otro mundo. El de la Secundaria lo es. Dejan la escuela. Y a los maestros. Hoy lo he sentido más que nunca. Ignoraba entonces que tenían preparada una sorpresa. Me han regalado un elegante bolígrafo Pierre Cardin. En el estuche han grabado: "A Álvaro Valverde. Con cariño. Curso 6º B. 2010". He tragado saliva. Además, unos folios con una dedicatoria manuscrita de cada uno. Para entonces... Las he leído en voz alta y... Han puesto al frente una cita de H. B. Adams: "Un profesor (y un escritor) trabaja para la eternidad: nadie puede predecir dónde acabará su influencia". Excesiva, sí, pero bonita. Releo ahora de nuevo las palabras de mis alumnos (bien escritas, sin faltas de ortografía) y casi se me saltan las lágrimas. Momentos así justifican la vida. La de verdad, la única. Gracias.
19.6.10
Saramago
Como comentaba en la entrada anterior, uno asocia el nombre de Saramago con los Premios Extremadura a la Creación. Fue ahí donde tuve ocasión de tratarle. Creo que ya he contado alguna vez -nos repetimos, sí- que pasé un rato largo conversando con él a las puertas del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Por primera y única vez se reunió allí el jurado con la sana intención de dar al fallo la dimensión nacional que se le resistía y que, por cierto, sigue resistiéndosele, y eso que el palmarés, diez años después, es ya ejemplar. Es curioso: fue la vez que más costó que nos acompañara. En los días previos, hablé no poco con Pilar del Río -tan temible como agradable, dependiendo del momento-, para intentar convencerla de que hiciera un esfuerzo para que así fuera. El caso es que recién salido de una clínica de Barcelona (por una operación en la vista), se presentó. Se le esperaba en el aeropuerto y un chófer de la Junta atravesó Madrid en un tiempo récord para que llegara a tiempo de votar. A diferencia de otras veces, en que la sobremesa le retenía largo rato junto a los miembros de los diferentes jurados (y más aún la apasionada conversación, a dos bandas con Ibarra, en la que solía terciar Landero), ese día se retiró pronto, algo cansado. Salí con él del hotel Suecia y esperamos juntos la llegada del coche oficial. Aquellos agradables momentos me dejaron una buena impresión. Por un personaje -un hombre, otro "animal inconsolable"- al que, lo reconozco, no guardaba demasiadas simpatías. En lo personal, claro. Puede que la lectura de algunas páginas de sus diarios (las que adelantó y tradujo Ángel para Libros del Oeste, quien acabó vertiendo al español su poesía completa, que desconozco) me indispusiera con él. O la aureola que proporciona un Premio Nóbel. Sin embargo, le guardo un cariño especial por haber publicado El año de la muerte de Ricardo Reis, una novela que me llevó a otra, la primera de las dos que he publicado, escrita como por impulso de aquélla, aunque nada tengan que ver, ay, entre sí. Me alegro de que sea, de las suyas, la preferida de Landero.
Quedan, en fin, sus libros. No es poco. El que escribió sobre Portugal, por ejemplo, me gustó. Leeremos otros. En ellos y en uno, su memoria sigue viva.
Quedan, en fin, sus libros. No es poco. El que escribió sobre Portugal, por ejemplo, me gustó. Leeremos otros. En ellos y en uno, su memoria sigue viva.
18.6.10
Premios Extremadura
El mismo día que se nos muere el que fuera presidente de uno de sus jurado, Saramago, José Antonio Zambrano gana el Premio Extremadura a la Creación a la mejor obra de autor extremeño publicada en 2009 por su libro Apócrifos de marzo (Calambur). Me alegro por José Antonio y lo siento por Pilar del Río y por la literatura portuguesa y universal. La vida y sus azares.
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