10.3.17

Un poema


Ignacio del Dedo ha producido este vídeo en el que lee un poema de Néstor Hervás, la segunda parte de "Tolkien en el Somme", de su libro La ciudad y los bárbaros, que presentamos en Las Claras esta noche. 

9.3.17

MartayMicó

Óleo de Pedro Canabal
José María Micó (Barcelona, 1961) no sólo es un profesor excelente (catedrático de Literatura en la Pompeu Fabra), un consumado traductor (de Ariosto, Petrarca, March o Gimferrer) y un poeta como pocos, además forma, junto a su mujer, el dúo MartayMicó. Ella canta y él toca la guitarra. Acaban de sacar un álbum, editado por Picap, que se titula memoria del aire. La letra y la música es de Micó y cuentan con la participación especial de Joaquín Sabina. 
Como ellos dicen, "Desde hace poco más de dos años, MartayMicó paseamos nuestra imprudencia por garitos de mala muerte y buena vida, teatrillos familiares y solemnes auditorios, tabernas y universidades". 
Sobre este disco comentan: "En él hay blues (Las bocas de Ronsardo y Pájaro en mano), baladas (Memoria del aire, Blanca y azul, Estás, Dulce), vals (Mi alegre Valentina), tangos (Amargo y Brindis) y otros ritmos latinoamericanos (La sombra de Hilario Méndez y Milonga del juglar)". 
En algunos temas han colaborado un cuarteto de cuerdas, contrabajo, bandoneón, percusión y una segunda guitarra. Feliz escucha. 

8.3.17

Presentación

El próximo viernes 10 de marzo, en Las Claras y a las 20:00 horas, acompañaré a Néstor Hervás en la presentación de su ópera prima, La ciudad y los bárbaros
Hervás vive desde hace muchos años en Plasencia, donde trabaja como profesor en el IES Gabriel y Galán.
Ajeno a modas y corrientes literarias, dice hacer suyas las palabras de Lope como ideal de escritura: "oscuro el borrador y el verso claro".

7.3.17

La poesía de Regalado

José Manuel Regalado nació en Castillejo de Huebra (Salamanca) en 1941 y fue bautizado en Muñoz. Estudió en Salamanca, donde vive, y ha sido catedrático de Literatura de los Institutos Ramón Olleros de Béjar y Lucía de Medrano de Salamanca. Además de autor obras de ensayo, narrativa y teatro, Regalado es ante todo poeta: Lugar del ábaco, Cuerpo a cuerpo, Penúltima memoria, Poemas al cubo, Los poemas del padre, La aventura del alba, Señal de la ciudad, Del fuego, En la espesura, Apotegmas... Vuelve a sorprendernos con su última, casi secreta entrega, Donde digas adiós, que reúne dos libros: El vaso de nieve y Syllabus. La edición es sobria y digna, tan sólo afeada por algunas erratas evitables. Los poemas se suceden numerados y sin título, tal fragmentos, en series encadenadas, y se caracterizan por ese lenguaje elegante y rotundo que uno tiene, en su sentido más seco y genuino, por castellano. De ahí que entre los ecos que recoge esta voz, personal como pocas, escuche uno, además de la auténtica expresión popular, los de Claudio Rodríguez, Gamoneda, Colinas... Hay también homenajes: a Valente, san Juan de la Cruz, Aníbal Núñez... 
Barroco a rachas, destacaría algunas aliteraciones: "al abrigo del ábrego sombrío". Leemos poemas de un solo verso que trasladan al lector sensaciones e ideas que no logran transmitir muchas veces los poemas extensos. Poemas que se refieren a lugares; al natal, sobre todo: "No olvidarás que este libro / es la memoria de otra infancia (nuestra)". Y a la citada capital charra, a Plasencia (donde viven algunos de sus nietos, como Manuel, ilustrador de la cubierta), a Béjar, al Guijo (donde sigue recordando a Galán, otro salmantino de alma extremeña), etc. 
Libro de despedidas (de ahí el título), escrito en las postrimerías, donde la muerte y Dios son convocados, como el amor, una constante en su poesía. Por eso, de regusto agridulce, con toques melancólicos y otros festivos. Del dolor y del canto. 
Poesía del paisaje de Castilla, tan acorde con esa lengua pura a que antes aludía. Fluvial (del Tormes y del Huebra). Del campo y de una edad ya abandonada, como los pueblos y los oficios de su tierra. Poesía de la necesidad, no del adorno. Que conmueve. Digna, en fin, de ser leída.

6.3.17

Los ausentes

El Oteadero de Javi
A las seis, hace un momento, cantaba el mirlo en el jardín con una intensidad llamativa. A oscuras. Son los mejores despertares. Un canto precioso que ya no volverá a escuchar Quico Sánchez-Ocaña, como le llamaba mi padre, al que este hombre encantador y sonriente siempre me recordaba con afecto cuando nos veíamos los sábados en la barra del Torero. Ni la madre de Pilar Galán, que hace muy poco, en la presentación de su último libro en Plasencia, ella evocaba con una delicadeza emocionante, sin saber de su muerte inminente. O, en fin, el marido de mi compañera Chelo, muerto a destiempo, o la madre de otra compañera, Teresa, una noticia que llegaba anoche. Por personas así, conocidas o desconocidas, uno cree que es necesario escuchar con atención al mirlo. Y no ha llegado abril. 

4.3.17

Seis ensayos

No sólo de poesía vive el lector. Encima de la mesa, unos cuantos libros de ensayo que, como el recientemente comentado de Marí sobre Zambrano, bien merece la pena leer. Así, Lecturas de Paul Celan, de Mario Martín Gijón y Rosa Benéitez Andrés (eds.), en Abada, donde se recogen enjundiosos textos acerca de la vida y obra del poeta de origen rumano en lengua alemana (leídos, siquiera en parte, en un congreso que tuvo lugar en Cáceres en 2015) y que se agrupan en tres apartados: Traducciones (con artículos, entre otros, de Munárriz, Reina Palazón y Siles, que han vertido su poesía al castellano), Lecturas (Miguel Casado, Francisco Jarauta, Carlos Ortega...) e Influencias (Gómez Toré, Méndez Rubio, Esther Ramón...); La carroña. Ensayo sobre lo que se pierde, del poeta y crítico de arte Enrique Andrés Ruiz, que publica Pre-Textos: "Tanto el idealismo antiguo como la razón histórica moderna elaboraron sus respectivas representaciones del tiempo sobre el cotejo de la plenitud (la Unidad, el Ser, el Absoluto, siempre necesarios) con la fugacidad de las existencias particulares que así resultaban puramente aleatorias y desechables hasta su fin en despojo, en carroña"; Todas las pantallas encendidas. Hacia una resistencia creativa de la mirada, de Antón Patiño, en Fórcola, "Un libro excelente. Más de cien páginas trepidantes", dice de él mi paisano Fernando Castro Flórez, quien añade: "Un libro que recomiendo con el máximo entusiasmo"; De la epopeya a la melancolía. Estudios de poesía portuguesa del siglo XX, publicado por Prensas de la Universidad de Zaragoza, donde el diplomático extremeño y traductor Luis María Marina reúne sus ensayos, prólogos y artículos, tanto publicados como inéditos, sobre los poetas portugueses a los que ha leído o traducido: de Ramos Rosa a Lacerda y de Knopfli a Júdice pasando por Faria y Amaral; A cuerpo gentil: belleza y deporte en la poesía de Juan Antonio González Iglesias, del poeta y doctor en Filología Hispánica Alejandro Simón Partal, en Visor, es un completo ensayo sobre la obra poética del imprescindible poeta salmantino, junto a Álvaro García, jefe de fila de la penúltima generación lírica de este país, la de 2000, según Luis Antonio de Villena; y Las contemplaciones, de Tomás Rodríguez Reyes, en La Isla de Siltolá, tercera entrega de Trópico de la Mancha (antes dio a la imprenta Escribir la lectura y Ars vivendi), un año de anotaciones donde se mezcla el diario, la reflexión y la lectura. 

3.3.17

Radnóti dixit

La del poeta húngaro Miklós Radnóti fue una vida de novela. Trágica, como la de tantos judíos centroeuropeos del siglo pasado. Quizá la parte más novelesca de su azarosa existencia esté al final, cuando año y medio después de haber sido fusilado, tras haber pasado por el campo de concentración de Bor, al exhumar sus restos, encontraron en el bolsillo de la chaqueta un cuadernos con sus últimos poemas manuscritos. En una nota, Radnóti explica a quién habría que entregar esos textos: "al señor Gyula Ortutay, lector de la Universidad de Budapest".
Martín López-Vega traduce su impresionante Égloga Novena en la revista Clarín. Allí leo: "La poesía es un lugar. Cuando escribo, como cuando leo, no estoy donde mi cuerpo está, lo que es lo mismo que decir que puedo cambiar de lugar con la poesía". Y luego: "En el lugar del poema todo es aún posible". Y después: "La poesía es un lugar por encima de los lugares y un tiempo más allá del tiempo. En ella puede decirse de otro modo, no hay tiempo ni espacio, porque contiene todos los tiempos y todos los espacios. En ella puedo ser y estar cuando quiera y donde quiera. El poema es ausencia en la presencia y presencia en la ausencia". Y para terminar: "La poesía no solo es sentido, la poesía no es solo presencia en la ausencia y ausencia en la presencia, la poesía también es pan y agua".

2.3.17

Del traducir

Las llamas sobre el agua es el título de esta antología subtitulada "Versiones de poesía moderna", más bien "muestra" o "ejemplo", que conmemora el vigésimo aniversario del Taller de Traducción Literaria (TTL) de la Universidad de La Laguna, dirigido por el poeta, profesor y traductor Andrés Sánchez Robayna. Es el tercer volumen que publica la editorial Pre-Textos con trabajos de ese singular laboratorio lingüístico. Antes vieron la luz Ars poética y De Keats a Bonnefoy.
Más allá de la celebración de la mencionada efeméride, el libro reúne poemas de autores tan modernos como Samuel Taylor Coleridge; Charles Baudelaire; Emily Dickinson; Stéphane Mallarmé; Gabriele D'Annunzio; Camilo Pessanha; Stefan George; Tudor Arghezi; Gottfried Benn; Georg Trakl; Fernando Pessoa; Giuseppe Ungaretti; Jean Cocteau; Nelly Sachs; Francis Ponge; Henri Michaux; Murilo Mendes; Rose Ausländer; Carlos Drumond de Andrade; Edvard Kocbek; Giorgio Caproni; Paul Celan; Eugénio de Andrade; Dane Zajc; Salah Stétié; Kajetan Kovic; Klaus Rifbjerg; Antonio Prete; Robert Bringhurst; Abdelwahab Meddeb; Milan Dekleva; Yves Peyré; Pia Tafdrup; Yves Namur; Boris A. Novak; y Dónall Dempsey. 
Los traductores de esos versos (quince en total) son los profesores y alumnos de los seminarios de taller, claro, así como otros poetas invitados y el director del mismo, alma indudable de esa sobresaliente empresa. Entre ellos, Juan José Bautista, Jesús Díaz Armas, Laura Repovš, Francisco León...
En sus atinadas palabras introductorias, Robayna destaca el papel de la traducción en un doble sentido: "Por un lado, en el plano (...) de la dimensión internacional de los hechos literarios; por otro, en la necesidad de que los textos fuertes, difíciles, complejos, no queden aislados en sus lenguas respectivas". De ahí que, para huir del "envilecimiento" generalizado en el que nos encontramos, se apueste por la "complejidad", a favor de la "literatura absoluta" (Calasso) o la "literatura difícil" (Bonnefoy). En contra del "ensimismamiento" nacionalista, porque, como dijo Pound, "Una gran época literaria es tal vez siempre una gran época de traducciones". No creen los talleristas en la "intraducibilidad" de la poesía. Ni siquiera que un poeta moderno no esté obligado a abordarla. Recuerda a Larkin y su boutade a este propósito. 
Me parece fundamental que se destaque la noción de taller de lectura, antes que nada, y que se entienda la traducción como "una ética".
Con esta muestra se proponen "reflejar un mapa posible de la modernidad en poesía". De su "lenguaje universal". Hasta donde es eso posible. En un momento, siguiendo a Huyssen, de "una modernidad después de la postmodernidad". Para ello eligen nombres muy concretos y obras muy pensadas. Traducen de lenguas poco exploradas en castellano, como el danés (Rifbjerg y Tafdrup) o la lengua eslovena (de tres poetas eslovenos dimos cuenta aquí). También se rescatan poemas poco o nada conocidos de autores con numerosas ediciones en español. Es el caso de Eugénio de Andrade, de un juvenil Paul Celan (aún en rumano), Pessoa (en su relación con la historia) y Ungaretti (el del precioso y pessoano "Los ríos"). Con todo, si se repasa la lista de autores se reconocerán otros nombres ilustres: Baudelaire, Trakl, Mallarmé, Benn, etc.
A uno le han vuelto a encantar los poemas de Dickinson, o del citado Andrade o de Caproni, una debilidad.
Destacaría algunos descubrimientos: el rumano Arghezi, la judía de Bucovina Ausländer, los eslovenos Kocbek y Novak ("El poeta, jardinero del silencio"), el italiano Prete o el irlandés Dempsey.
No hace falta decir que la línea poética que predomina coincide en gran medida con los gustos estéticos de Robayna, que uno, por cierto, casi siempre comparte. No sé, por otro lado, si es casual que la nada, como concepto, aparezca lo suficiente como para llamar la atención.
Echo de menos unas breves notas biobibliográficas, al menos de los escritores menos frecuentados. Comprendo, eso sí, que el lector puede localizar esa información y que más de cuatrocientas cincuenta páginas son tal vez demasiadas. 
Cierra el volumen un hábil epílogo (del todo poético) del aludido Prete. Allí leemos que "La hospitalidad es nómada". Habla de "La traducción como hospitalidad" y afirma que "Quien traduce hospeda, pero es, primero, hospedado".
En suma, un libro ejemplar.

1.3.17

Esquirol dixit

Juan Barbosa
"Cuando uno piensa en la condición humana entiendes que somos una especie a la intemperie, una especie de entremedio. Entremedio de los dioses y la nada, como decía Platón. Es lo mismo que Derrida denominaba "el afuera", aunque yo prefiero decir los afueras (en plural) e imaginarlos sin centro. Así es como estamos en el siglo XXI. La política de las afueras puede ser más eficaz que la de los discursos grandilocuentes del progreso. No vamos a dejar de deambular sin cobijo mientras no intentemos derribar la superficialidad en beneficio de la calidez. Y sí, la utopía es muy frustrante", le dice el filósofo catalán Josep Maria Esquirol a Antonio Lucas, que le ha entrevistado para El Mundo. Su libro La resistencia íntima va por la séptima edición y fue Premio Nacional de Ensayo 2016
¿Cree aún válida la idea de Europa como se confeccionó en el siglo XX?, le pregunta Lucas, y Esquirol responde: "Sí. Aún vale la pena. Patocka hablaba de "la solidaridad de los conmovidos" y Lévinas de la «certeza de la paz ante la evidencia de la guerra». La esencia de Europa tiene que ver con eso".
No despliega mucho optimismo su discurso, comenta, casi al final, el periodista. "Es que no soy optimista. El optimismo es un concepto que apela a la constelación de lo perfecto, de lo paradisíaco, y a mí eso me parece inoportuno. Nos frustra más que otra cosa. Leibniz defendió el optimismo en un gran discurso suyo que empujó a Voltaire a escribir Cándido".

28.2.17

Pasaporte diplomático

Leo con inevitable entusiasmo El peligro de los círculos, de Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959), que publica La Isla de Siltolá, donde ya apareció otro libro suyo de poemas: El llanto de los boxeadores. Se podría decir que Sanmartín, director de La Gruta de las Palabras, colección de las Prensas de la Universidad de Zaragoza, es un habitual de este rincón. Cada nueva entrega suya es todo un íntimo acontecimiento para los que le seguimos, para sus lectores. Más, en mi caso, si es de poesía. Como el resto de sus libros (de narrativa, dietarios), éste también es breve, tal los poemas que lo componen. Están agrupados en cuatro series y no llevan título. Se caracterizan por su sutileza y su fragilidad ("Busco en el humo" es el verso final), por más que aparezcan ante los ojos del lector con la sencilla solidez de lo bien hecho. Con la discreta belleza de lo conseguido. De aquello que ha intentado expresarse y se ha logrado. Abre cada parte del todo una cita. Bien escogidas. De Lowry, Holan, Tranströmer, Gil de Biedma y Berger. Todos están muertos.
Los poemas tratan de la vida, de qué si no. De la que lleva, itinerante pero hacia dentro, su autor, un viajero. En Helsinki (con Ganivet al fondo), Roma, París, Varsovia (y las ventanas), Venecia (esa "abreviatura") o Tánger ("vuelvo a Tánger / bulevar Pasteur / hotel Minzah / veo contigo una foto de Onassis / la Casbah"). "La niebla es un límite / soy un cartógrafo". Un viajero, por el cuarto propio o por sus alrededores, solo o acompañado en asépticas habitaciones de hotel, que siempre tiene en cuenta la memoria: "utilizo / recuerdos / como un pasaporte diplomático". Alguien que en esas situaciones de tránsito, por dentro o por fuera, indaga acerca de su propia identidad. "Lo que soy". Alguien que afirma: "mi dirección es la distancia". Alguien, asimismo, que amó o que ama. 
Estamos ante poemas delicados que se van adelgazando hasta que en la última serie pierden incluso la puntuación. La elipsis es aquí algo más que un recurso. El misterio no puede desvelarse. 
Son estas, sí, "señales de lo efímero". Al fin y la cabo, ¿qué intenta retener la poesía?

La recuerda.
Porque sus labios 
tenían
la definición de la tiza.
La recuerda.
Aunque su nombre 
sea frontera
en un país abandonado.

27.2.17

GHB, primer Premio Centrifugados

© Paco Antón
Buenos días. La demostración palpable de que la “plaga lírica” placentina existe, más allá de los numerosos poetas que presuntamente la conforman, es que por tercer año consecutivo se ha celebrado en la Muy, Centrifugados, encuentro de literatura periférica. Por si ya era poca fiesta, a su alma e inventor, José María Cumbreño, se le ocurrió animar aún más el cotarro y creó el Premio Centrifugados, razón por la que nos reunimos, en horario de misa, hoy aquí. A su modo, viene a sustituir a los extintos Premios Extremadura a la Creación, de tan feliz memoria, aquellos que se fueron por culpa de la desidia y los recortes. Recupera, en todo caso, su espíritu: el de premiar al mejor libro de autor extremeño o residente o vinculado a Extremadura (no somos nada nacionalistas) publicado a lo largo del año anterior. En cualquier género, si todavía se pude decir así.
Porque es un premio extremeño y la pobreza nos sigue caracterizando, carece de dotación económica.
Tras numerosas reuniones deliberatorias, tan sesudas como maratonianas, un jurado compuesto por Olga Ayuso, Pilar Galán, Enrique García Fuentes, Carmen Hernández Zurbano, Miguel Ángel Lama, Elías Moro, Miguel Murillo, Basilio Sánchez, Juan Ramón Santos y quien les habla decidió otorgar el galardón a la novela Nemo, de Gonzalo Hidalgo Bayal, publicada por su sello habitual: Tusquets Editores, en su acreditada colección Andanzas. No, no fue nada complicado decidir que el mejor libro de 2016 era el de Bayal. El resultado de la votación es elocuente. Dicho lo cual, me apresuro a afirmar que no eran pocas las obras que podían haber optado, con la dignidad debida, a conseguirlo. De, entre otros (y que uno haya leído), el mencionado Juan Ramón Santos (con dos libros en la final), Alonso Guerrero, Jorge Márquez, Javier Morales, Julio César Galán, Javier Cercas, Teresa Guzmán, Elías Moro, Víctor Peña Dacosta, Marino González Montero, Francisco Rodríguez Criado, Pilar Galán, Jesús María Gómez y Flores o Carmen Hernández Zurbano. Tres, ya se ve, placentinos.
También estaba en la lista de obras votadas el libro sobre el Cementerio Alemán de Yuste, de varios autores, editado por La Rosa Blanca de Salvador Retana. Ah, y aunque no entró en liza (un gesto que le honra), uno de los mejores del 16 fue, sin duda, Contar, de un tal Chema Cumbreño.
Que Gonzalo Hidalgo Bayal sea el primer premiado es la mejor manera de colocar este premio en el sitio que la oportuna iniciativa merece. Quiero decir que en este revuelto, concurrido y hasta indeseable mundo de los premios literarios sigue siendo un buen libro lo único que justifica la razón de ser del mismo. Es el caso. Así, no es Centrifugados ni el antedicho jurado quien da valor a la novela bayaliana, sino esta espléndida novela, que diría Castelo, la que da prestigio a ese tribunal y a Centrifugados. El listón está, desde el principio, en lo más alto. Perfecto.
Que Gonzalo, el autor de Nemo, a punto de cumplir sus primeros treinta años como novelista édito, haya sido proclamado, insisto, flamante ganador de la primera edición me llena de alegría. Y no sólo por lo que atañe a lo personal, digamos. La suya es una justa y limpia victoria, algo que tranquiliza a cualquiera, más en estos tiempos corruptos. Gana la literatura.
Acerca de Nemo escribí: «Antes que la trama, tan sutil como otras veces, lo que aquí prima es el poder absoluto del lenguaje por más que, paradójicamente, sirva para urdir una compleja (no digo complicada) reflexión sobre sus límites y sus excesos, sobre la palabra y el silencio. "La realidad no sólo es terca, también es prosaica y gramatical", leemos. Eso le da un aire ensayístico (donde abundan, entre líneas, los aforismos: "El miedo es una humillación secreta", "La transparencia es el mayor misterio") y le permite a Bayal volver a desplegar sus facultades filológicas, si bien más matizadas o atemperadas, con menos juegos de palabras ("entonces entonteces", "ni tácito ni taciturno", "estatus de estatua", "callardo", "callardía"). Para este fin, ha creado un personaje singular, como todos los suyos, el mencionado Nemo. Nemo neminis ("nadie y de nadie"). Nadie, al modo homérico. Nimú. Un forastero que llega a un lugar remoto del oeste, de, digamos, la Extremadura profunda, para descansar o convalecer (quién sabe de qué dolencias del cuerpo o del alma) y que trae consigo una firme decisión: la de no hablar». Fin de la cita. Nemo es alguien que va a parar, abro de nuevo comillas, a una «aldea innominada de una "región anacorética", un "rincón de alimañas y murgaños", "ocre y oscuro, de verdor agostado y piedras melancólicas", donde encontramos el llano, el anillo, la laguna, el bosque, la fortaleza, la cruz del agua, la funesta tebra... » Lugares adustos parecidos a los natales del autor de El espíritu áspero, por las abruptas tierras de Higuera de Albalat.
Ya casi al final añadí: «Para Nemo, "ser nadie es su destino". "Nemo es el misterio". Diría que también, o sobre todo, Nemo es un resistente». 
Si alguien no ha leído aún esta historia de historias, debería hacerlo. Lejos de mi intención recomendar el libro, algo que Gonzalo me afearía de inmediato. Me limito a transmitir, entre lectores y amigos, una mera opinión. Que más de uno, tiempo al tiempo, habrá de agradecer.
Termino. Que se vaya acostumbrando el premiado a la sala en la que nos encontramos, donde el alcalde de esta ciudad fundada para agradar a Dios y a los hombres, benefactor de este Encuentro, le entregarán dentro de unos meses un San Fulgencio. A eso y a recibir más reconocimientos, como el Tigre Juan otorgado hace poco en Oviedo. Que se vaya acostumbrando a la chaquetina de Daza y a la aginosa corbata; en suma, al "grotesco papelón del literato", en cruda pero certera expresión de su maestro Rafael Sánchez Ferlosio. Como uno, cabe añadir, se va conformando al modesto cargo de acólito, pues no es la primera vez, ni será según creo la última, que se me designa, y lo agradezco, como acompañante del novelista en tan delicados como emotivos trances. Estoy por proponerle que me contrate como representante.
Enhorabuena, en fin, al ganador y larga vida al premio. Chema, Gonzalo, no, no podía empezar mejor. Felicidades.

Nota: Leí estas palabras ayer en la entrega del primer Premio Centrifugados a Gonzalo Hidalgo Bayal por su novela Nemo.

24.2.17

De Segovia a St. Louis

Llega a las librerías una nueva entrega, séptima y póstuma, de los diarios del poeta y traductor Luis Javier Moreno (Segovia, 1945-2015). La publica la editorial leonesa Eolas y lleva por título Segundo cuaderno de St. Louis. Diario. Volumen VII.
Detrás está la mano amiga de Tomás Sánchez Santiago que explica en su epílogo, "Aerolito", la oferta del editor Héctor Escobar, la renuncia del autor a llevar a cabo el proyecto, ya estaba seriamente enfermo, y cómo uno de sus mejores amigos, Francisco Otero, se encarga por fin de transcribir esas páginas, en su mayor parte, de 1990. A ellas se añaden dos prólogos. De W. Michael Mudrovic: "Los días de Blueberry Hill: Luis Javier Moreno en St. Louis", donde evoca los semestres que pasó el segoviano en la Washington University, su deficiente inglés oral, su "buen sentido del humor" y, al lado, inseparable de ese rasgo de su carácter que pudimos disfrutar quienes le conocimos, su condición de depresivo y ansioso crónico. Sobre la enfermedad, que se declaró en su etapa docente en Cádiz, habla en el libro y a ese asunto dedica descarnados textos breves del "Apéndice". Al fin y al cabo los diarios y su precaria salud están relacionados desde el momento en que sus psiquiatras le instaron a escribirlos como forma de terapia. De "poeta segoviano por antonomasia" lo tilda Mudrovic, y cita una frase del diario: "Segovia es el espacio articulador de mi tiempo y de mis referencias más sólidas". Destaca que estamos entre su escritura "más fluida y natural". Como el resto de colaboradores de la obra, destaca: "estás aquí". ¿No es lo más importante de un diario? Porque nos acerca al hombre o a la mujer que lo escribió como tal vez ningún otro género puede hacerlo, si acaso la poesía.
Laura Demaría, en "St. Louis 1989-1990", nos presenta a la persona que Moreno fue: al buen amigo de sus amigos, al incansable animador del grupo.
Tras una "Nota previa" que fechó en enero de 2014, donde, entre otras cosas, aclara el alcance de sus anotaciones, hace alusión a su novela (que emprendió en Iowa en el verano de 1985; única, americana e inédita) y a los dos libros de poesía que se allí se trajo terminados, y reflexiona en torno al diario como ejercicio literario ("Ser sincero no supone ningún mérito", escribió el 4 de diciembre del 90), sí, pero también "histórico".
Moreno escribe sobre sus viajes (Nueva York, San Francisco, Cañón del Colorado, Almería, Cádiz, etc.), sus visitas a museos (de pintura, sobre todo), la intensa vida social en el campus norteamericano, sus lecturas (de Circe Maia -de la que Jordi Doce prepara por fin una antología- a Cernuda pasando por Proust o Gombrowicz), algo de crítica (de sus coetáneos novísimos a los poetas de la experiencia, entonces tan en boga; de Manent, al que califica de "poeta hortelano", a Senabre), su querida Segovia (con su venerada madre al fondo)...
Citas de otros, opiniones de escritores sobre escritores, recortes de prensa y de los diarios de Martínez Sarrión (clarividente respecto a Rajoy, por cierto), así como un indignado "Epílogo catalán", con párrafos de Javier Marías y Félix de Azúa, componen el mencionado "Apéndice" que cierra el volumen. Eso y el texto de su amigo del alma Tomás Sánchez Santiago donde éste reconoce que "Lo único importante es volver a estar con él". Con un tipo magnífico, irónico, culto y ajeno al patetismo, que siempre estuvo, a pesar de todo, "a favor de la vida". Podemos dar fe.

Nota: esta reseña se ha publicado en la revista Clarín, nº 127, enero-febrero de 2017. En el mismo número aparece la de No estábamos allí, de Jordi Doce, que ya apareció en su día, sin apenas variantes, en este blog.

23.2.17

En Zéjel

Ya ha salido, en papel y en edición digital, el número dos de la revista sevillana Zéjel. Junto a un grupo de poetas de este lado y de aquel del charco y, pongo por caso, un fragmento del zambraniano Claros del bosque, va uno, cosas de la edad, en calidad de "poeta invitado". Un gesto que agradezco a Juan Carlos Polo Zambruno, Narciso Raffo Navarro, David Roldán Eugenio y Julia Vasta, miembros del comité editorial
Al final del poema inédito que publico (y que pertenece a mi próximo libro, El cuarto del siroco), aparecen estas palabras que uno, por cierto, no ha escrito: «"Montaña" es una confesión íntima, un rumor -recordando a Kawabata- que atormenta por su nostalgia en el día a día, en el silencio, tras la experiencia de los años y la conformación de una memoria bien cosida. La montaña trae la sensación de una larga vida, entera, ya hecha, para ser tragada en una sola mirada. Es esto lo que ocurre cuando la encuentras, a la montaña, y sientes el peso de toda la geografía del mundo, y con ella la historia del hombre y de lo que lo hace hombre».

MONTAÑA

Mi hijo me pregunta
qué miro en las montañas.
Su atracción es antigua.
Como el mundo, diría,
al menos para uno
que recuerda su imagen
remota en la memoria.
Mi pena es que dejara
muy pronto esos caminos
-las trochas, los senderos-
por laderas y cimas.
Tal vez por eso observo
con fundada nostalgia
sus perfiles azules
o sus cuerdas blanquísimas
o, por fin, esos verdes
que los bosques procuran.
Las mira uno pensando
que hay alguien allí arriba.
Un pastor con sus cabras,
un montañero, un guarda,
un cazador furtivo…
Da igual que nieve o no,
que haga calor o frío,
que no vea las cumbres
por culpa de la niebla.
Siempre imagino a alguien
que habita esos lugares
tan solos y en silencio.
Allí donde se roza
el misterio del cielo.

Y van tres


22.2.17

Gomá dixit

Foto de F. Díaz de Quijano
Con motivo de la publicación del libro La imagen de tu vida (Galaxia Gutenberg), que incluye el monólogo elagíaco Inconsolable, escrito con motivo de la muerte de su padre y que estrenará el próximo mes de junio el Centro Dramático Nacional, Javier Gomá ha sido entrevistado por Fernando Díaz de Quijano  para El Cultural. Tan sólo entresaco esta reflexión: "Nuestra cultura en general es una invitación a la tristeza. Además ser triste es lo más fácil, no tienes más que abrir los ojos y ya la naturaleza te convierte en triste. Si ves cuál es nuestro destino y el de los demás, siempre hay una coartada para deprimirse. Así que hasta cierto punto la tristeza es vulgar, mientras que la alegría inteligente -no la alegría estúpida basada en la necedad o en un exceso de candor- me parece tan milagrosa como una sinfonía de Beethoven, y requiere un arte, una sabiduría, una genialidad que son poco frecuentes. Consiste en hallar razones para el entusiasmo a pesar de la evidencia de nuestro destino. Quien lo logre es un genio. En cambio, entristecerse es tan fácil como respirar".