30.6.15

Cavafis, siempre

Uno de mis poetas de cabecera, como para tantos lectores de poesía. Uno de los de verdad imprescindibles, o eso creo. A punto de que Pre-Textos publique en septiembre una nueva edición de su poesía completa a cargo del helenista Juan Manuel Macías (en su blog, las diosas y las nubes, se pueden leer algunos poemas de ese libro anunciado), lo que no deja de ser un acontecimiento, se acerca uno al poeta griego de Alejandría de la mano de una preciosa edición conmemorativa que vio la luz en diciembre de 2013, sesquicentenario del nacimiento de Cavafis y entre el cincuentenario de la publicación de la primera antología de sus poemas en España (1962, la catalana de Carles Riba) y el de la primera también es castellano (la del 64 de Vidal & Valente). Fue en la Fundación Málaga y en la misma ciudad de la poesía y del Sur en la que apareció la primera miscelánea de sus versos al español. La edición del volumen, titulado Málaga Cavafis Barcelona, es obra de Vicente Fernández González, profesor del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Málaga y lleva por subtítulo "Antología de las primeras traducciones catalanas y castellanas de la poesía de C. P. Cavafis y selección de versiones posteriores". La edición, cabe añadir, es bilingüe: todos los textos aparecen en catalán y en castellano (los poemas, a izquierda y derecha). Los primeros, a modo de prólogo, van firmados, respectivamente, por Luis Alberto de Cuenca y Francesc Parcerisas ("Perspectiva de Kavafis a la poesía catalana"), dos poetas cavafianos de la misma promoción, la del 68, que tanto debe al alejandrino. Viene luego la amplia y concienzuda introducción, firmada al alimón por el editor y por Joaquim Gestí; un estudio inevitable a la hora de aproximarse a Cavafis y a la relación con su poesía en español. Un collage de Rafael Pérez Estrada abre la antología propiamente dicha donde aparecen, ya se dijo, las versiones de Riba y Vidal & Valente, además de otras: de Avellà, Garcés, Ayensa, Ferraté, Miralles, por parte catalana, y Álvarez (por sus traducciones nos iniciamos la mayoría de los de mi generación), Anghelidis, Bádenas de la Peña (con numerosas reediciones de sus versiones en Alianza), Cantú, Cañigral, Castillo, Ferraté (qué bonita la edición ilustrada de Lumen), Irigoyen (sus versiones son unas de las más originales, en Seix Barral), Pothitou, Herrera, Rivera, Santana (una de las pioneras, en Visor) y Silván, así como una versión del famoso poema "Esperando a los bárbaros" de Luis Alberto De Cuenca. El florilegio se cierra con un bonito y lírico epílogo de Juvenal Soto: "Alejandría es una idea, Cavafis también lo es". 
Lo mejor, más allá de la belleza del libro en sí, cuidado magníficamente por sus editores (y enriquecido con pocas pero bien elegidas ilustraciones), ha sido poder recuperar otra vez, sin que canse, los versos del autor de "La ciudad" y reconocer en ellos un magisterio tanto para la literatura como para la vida. No, nunca estuvo este hombre más de actualidad. La de un clásico.

29.6.15

La mesa italiana de Jiménez

Del poeta Víctor Jiménez (Sevilla, 1957) comentamos aquí dos libros: Al pie de la letra, que publicó La Isla de Siltolá, y la antología El tiempo entre los labios, que apareció en Renacimiento, en la colección Calle del Aire, como éste, recién llegado, La mesa italiana que, como explica Juan Lamillar en su estupendo prólogo, nada tiene que ver con la gastronomía, sino con la lectura conjunta con todo el reparto de un guión del tipo que sea: de teatro, de cine... Menciono la palabra "cine" y señalo otra característica del libro: todos los poemas son, a su vez, títulos de películas, pero sólo eso, porque los versos no evocan esos filmes o, si acaso, de forma tangencial o irónica. 
Lamillar alude a "un itinerario, un documental poético, que parte de un tiempo, la infancia, y de un lugar, un barrio sevillano" para referirse a esta obra. Precisa después la importancia del tren en la vida y en el libro de Jiménez (y presente en varios poemas) y, por fin, citando a Paz ("Los otros todos que nosotros somos") a ese momento -"llamémosle madurez"- "en el que todos los actores que forman nuestro yo se preparan para escuchar el guión de nuestra vida mirando expectantes al director a ver cómo va a repartir los papeles de la película". Y en eso estamos. Y de eso se ocupa Jiménez, que despliega, con gran rigor técnico, variedad de registros estróficos y métricos (sonetos ante todo), y no sin un toque de sureño clasicismo, momentos de su biografía fijados a fuego por unos versos serenos pero apasionados, "algunas palabras verdaderas". No es poco.
Aunque el soneto a uno le guste, en lo contemporáneo, sólo lo justo, reconozco que los de Jiménez me suenan muy bien. La poesía se impone a la forma y la frescura a la manera.
La infancia, el amor (correspondido o no), los trenes (y una concreta estación de juegos infantiles), la muerte (del padre, por ejemplo, o a la de Rafael de Cózar), los libros y la literatura, el paso del tiempo, los sueños y esperanzas (conseguidos o no) van aportando los asuntos de este libro con versos melancólicos que se abren paso entre la incertidumbre y la seguridad, lo soñado y lo vivido, los recuerdos y el inevitable olvido.
El poema final, "Pregúntale al viento", abrocha perfectamente el volumen. Se trata de dar respuesta a la pregunta de un amigo (que, como sugiere Lamillar, puede ser también el lector): "¿de quién es la voz protagonista?"
Lo mejor, para hallar una posible respuesta y para disfrutar como es debido de la obra, es leer La mesa italiana, una grata conversación en la que uno se ha sentido del todo concernido.

28.6.15

Garganta la Olla, 1958

Hoy hace seis años que murió mi suegro, Zacarías Valeriano Gómez Álvarez.
Durante los años cincuenta, ejerció como fotógrafo en Tánger (Foto Rex) y el resto de su vida laboral en Plasencia, donde llegó con su familia en 1963. Aquí se pueden ver fragmentos de las películas (primera parte y segunda) que rodó con su cámara de 16 mm. en Garganta la Olla, allá por el 58 del siglo pasado, en una de las visitas semiclandestinas a su querido pueblo natal. 

27.6.15

Carmen Laforet en Tánger

Edificio Acordeón
A Rocío Rojas-Marcos (Sevilla, 1979) la conocíamos por su extraordinario Tánger: La Ciudad internacional, que publicó almED en el año 2009. Ahora ve la luz, en Les Editions Khbar Bladna, un librito delicioso: Carmen Laforet en Tánger que viene a completar, se nos explica, las pinceladas que se dan en las biografías de la novelista barcelonesa acerca de la estancia en la mítica ciudad literaria de la autora de Nada (por ejemplo, en Una mujer en fuga, de Anna Caballé, el capítulo "La experiencia tangerina"). Allí llegó a finales de los años cincuenta del pasado siglo, después de que fuera nombrado director del diario España su marido, Manuel Cerezales. Se instalaron en uno de los mejores edificios de la ciudad, el Acordeón, en pleno Boulevard Pasteur, a cuyos pies, en la galería comercial del inmueble, se ubica otro lugar legendario: la Librairie des Colonnes. A relatar esa peripecia tangerina dedica Rojas-Marcos las primeras páginas de su libro, las tituladas "Cuando los zapatos vagabundos de Carmen Laforet recalaron en Tánger". Al poco de instalarse, el 6 de septiembre de 1959, se celebró en el flamante Nuevo Club Sidi Gandori, el punto de reunión de la colonia catalana, un homenaje a la escritora. Su promotor fue el inefable Emilio Sanz de Soto, crítico literario y cinematográfico, diletante, amigo de Laforet y buen conocedor de su obra, que ofició de orador. Casi doscientas personas asistieron al acto. Lo más llamativo de aquél fue que, en mitad de su discurso, Sanz de Soto fue interrumpido por un energúmeno que le injurió gravemente e incitó a todos los presentes a que, como él, abandonaran el salón, lo que hizo no sin el consiguiente estropicio al atravesar el bar adjunto. No era un perturbado, aunque lo pareciera. Ni alguien que pasaba por allí. Se trataba del periodista José Ramón Alonso (el que fuera primer director de Televisión Española), enviado por Emilio Romero como corresponsal del diario Pueblo de Madrid. Su provocación fue, al parecer, fruto de una animadversión personal por Soto y por lo que éste representaba políticamente en tanto que español en un territorio, digamos, libre que había sido y era refugio de demócratas y republicanos. Por eso y por lo que estaba diciendo. Tras el incidente, Sanz de Soto mira al cónsul general de España en Tánger, José María Bermejo, y éste le anima a terminar "bajo mi absoluta responsabilidad". Un gesto que nunca olvidó el tangerino. Al día siguiente, Manuel Aznar, abuelo de nuestro "Aznarito" (como le llama el agraviado), embajador de España en Rabat, viaja a Tánger para conocer de primera mano el suceso. Deduce el agraviado que con la intención de retirarle, de paso, el pasaporte. Enterada de esa visita, Laforet se presenta en el hotel Minzah. donde aquél se aloja, y le dice a Aznar que, si hay represalias, la que "emigra" de España es ella. Como ven, una novela.
Rocío Rojas-Marcos, y esta es acaso la mayor virtud del libro, recoge el breve discurso (que publicó el periódico de Cerezales, España, al día siguiente bajo el título "El ofrecimiento") donde no faltan alusiones a su generación, la de Laforet, la que Bardem calificó de la "Generación de Nada". Tampoco a Eugenio de Nora, Cela ("En Cela se presentía el chaquet y la Real Academia") Lorca (un maldito), Blas de Otero, Ferlosio y Goytisolo. Fueron palabras hermosas y valientes a favor de la literatura, que es lo que de verdad triunfó esa noche. Y de justo reconocimiento a Laforet, una precursora.
Tampoco falta la crónica de Pueblo (del día 10) que no se atrevió a firmar el citado Alonso, sino el todopoderoso crítico Dámaso Santos, que rezuma maledicencia por los cuatro costados. "Carmen Laforet después de Nada", la tituló y califica aquello de "antihomenaje".
También Vida Española en Marruecos (el día 19) se hace eco de la noticia y entre líneas se leen términos como "mamarrachos" o "ente asnal". Otro tanto ocurre en Le Petit Marocain-Progrès. Por fin, el propio Sanz de Soto, en tercera persona, cuenta con todo lujo de detalles lo acaecido, casi lo mismo que se lo relató a otro paisano, director también del diario España, Eduardo Haro Tecglen, en una carta personal que Rojas-Marcos publica. 
Gracias a Sanz de Soto (es una pena que no nos dejara unas memorias), la Laforet conoció a los escritores norteamericanos en aquella ciudad cosmopolita: Bowles (que apoyó el homenaje), Capote, Williams... Nos cuenta que la invitó a una fiesta (en casa de Yves Vidal) y que iba vestida con una chilaba-sulján y sandalias de playa pintadas de plata. Apenas la vio David Herbert, árbitro de la elegancia, conminó a Cecil Beaton a que la fotografiara, un retrato que se expuso en Londres, con motivo de una exposición retrospectiva (en la que no faltaban fotografías de la familia real británica) que tuvo lugar tras la muerte del modisto. 
Jane y Paul Bowles, Capote, Carleton y Sanz de Soto, debajo
Para colmo de bienes, se incluyen dos artículos de Laforet. Uno, realmente precioso, sobre Tánger (que vio la luz primero en una revista de Tánger y luego -el 18 de octubre de 1959- en el ABC de Sevilla, páginas 19 y 23) y otro sobre Jane Bowles, a la que llegó a conocer. 
Un anexo con una carta de Juan Ramón Jiménez a la narradora elogiando su primera novela (que mencionó Sanz de Soto en su disertación) y un artículo, aparecido tras su muerte, que firma otro tangerino, Ignacio Ramonet (vecino suyo en Acordeón, adolescente que la observaba desde las azoteas tomar el sol desnuda en su terraza) ponen perfecto colofón a una pequeña joya (de edición modesta, con un par de bonitas fotografías -de la protagonista hacia 1943 y de grupo a las puertas del Gandori- y alguna que otra disculpable errata).
«Al parecer Truman Capote dijo una vez -y Jane Bowles lo repitió mil veces- que ante la Acrópolis de Atenas, algunos se sienten en "en estado de sabiduría"; ante San Pedro de Roma, algunos deberían sentirse en "estado de gracia", pero que ante el Zoco Chico de Tánger, todos se sentían "en estado de libertad".» La frase es de Sanz de Soto y podría explicar lo que sintió Carmen Laforet durante su estancia allí.
Un pequeño tesoro, sí, absolutamente fascinante, más para los que amamos sin remedio a un Tánger donde la verdad se impone, siquiera por una vez, a aquella "deliciosa mentira".

26.6.15

La resistencia de Herbert

La de Julián Herbert (Acapulco, México, 1971) no ha sido una vida fácil. Nos lo contó, con la ayuda de Pablo de Llano, en un impresionante reportaje publicado en El País y, pongo por caso, en "Mamá Leucemia", un texto no menos pasmoso aparecido en la revista mexicana Letras Libres donde él mismo explica algunas vicisitudes de esa crudeza.
Que su nombre empieza a ser, si no lo es ya, imprescindible en la panorama literario hispanoamericano lo demuestra el hecho de que menudeen sus poemas en las últimas antologías del ámbito. En las de referencia y en las prefabricadas. Sí, porque ante todo, a pesar de su éxito como narrador, Herbert es poeta: “Yo me veo como un güey que hace poemas”. La resistencia, que publica con acierto Vaso Roto (aunque la primera edición de la obra data de 2003), da la justa medida de su importancia. De la de su poesía, quiero decir. (Resistencia, por cierto, es una palabra, un concepto, que cada día me gusta más. Puede que la vida no sea otra cosa.)
Uno ha tenido que leer el libro un par de veces para calibrar su verdadero sentido. Sorprende a la primera, sí, y aún más a la segunda, que no creo que sea la última.
Las referencias a Job y a Ovidio, dos seres sumidos en la adversidad, exiliados sin aparente porqué, están en los prolegómenos del volumen. Y en su esencia. En ambos casos, "la verdadera causa del castigo es un misterio". A partir de esa constatación, Herbert inicia un camino de resistencia ("pura constancia") en diálogo permanente con las obras del poeta latino y con poemas que llevan por título "Job" (para mi gusto, los mejores del conjunto). El monólogo dramático deja de ser un recurso literario para convertirse en otra manera, tal vez la más genuina, de decirse a sí mismo. El yo del poeta moderno es, a la fuerza, una confederación de almas (Pessoa dixit), tanto propias como poéticas. Por otro lado, es innegable la presencia de Eliot en la poética de Herbert.
En "Póntica" habla Ovidio: "Canto la resistencia". "Yo celebro / estremecido frente al Ponto / el pitagórico vencimiento del mundo". En "Disciplina" toma la palabra Job: "Viejo y lleno de días". Vienen luego "Metamorfosis", "Tristia", "Ars Amandi"... Poemas que alternan las dos voces, las dos vidas, para reunirse en la existencia de quien escribe, el resistente. Con versos de una belleza inquietante. De una senteciosidad clásica a pesar de que acaso estemos ante una poesía novedosa, en la vanguardia del idioma. Hermosa paradoja. "Mi único destierro / es no yacer en ti". "Es la materia lo incomunicable", leemos en "De la anatomía".
En "Heroidas", dos partes: "Vienen del sueño" y "Teseida". Y poemas bellísimos, como "Sarah": "Qué dulces mujeres, las putas". Y las referencias bíblicas: Abraham ("Yo, como Abraham, / miraba largamente las estrellas"), Moshé ("Bienaventurados los de borracho corazón")...
En "América Armórica. Mascarada" uno ha encontrado los poemas tal vez más sorprendentes y logrados, empezando por "Barnum. América" y "Merlín. Armórica". Como otros de la serie, éste es una variación sobre el poema ajeno. De Milosz en este caso. En el del espléndido "Arnor el Poeta Rojo" se trata de George Mackay Brown y en "Héctor, domador de caballos, de John Fuller. También hay homenajes explícitos a Carroll y Duchamp.
Cierra La resistencia "Pitágoras la voz", un extenso poema -como varios del volumen- muy representativo del modo de hacer de Herbert: lo fragmentario, el collage, el patchwork diríamosla mezcla de voces, citas y referencias a situaciones y autores, la melancolía, la misma fuerza en el lenguaje e idéntica musicalidad, que, con tener no poco de heavy, se acerca al oído del lector con la dulzura de la mejor poesía clásica: "la cocaína que se desliza por mis venas / como la euforia de un vikingo hacia tierras eslavas". Allí leemos: "Yo soy la resistencia: el lugar / donde la miseria y la palabra miseria / intercambian labios". O: "a nosotros sólo nos queda resistir". Y, por fin: Yo soy la resistencia: / soy una confesión / extraviada en un bosque de símbolos".
Esplendente, sí, que diría este poeta mexicano que odia las palabras esdrújulas.

Antón Castro lee "Tánger"

Antón Castro firma en el suplemento que dirige, Artes & Letras de Heraldo de Aragón (que acaba de celebrar la salida de su número 500)la reseña "El Tánger de Valverde". Le agradezco esa intensa y elogiosa lectura.


25.6.15

Tontología

Dos prestigiosas instituciones del mundo cultural español, cada cual a su modo, la Fundación Gerardo Diego y la librería Rafael Alberti, que celebra su cuarenta aniversario, dirigidas ambas por mujeres (Pureza Canelo y Lola Larumbe, respectivamente), se unen para publicar una nueva edición facsimilar (al cuidado de Andrea Puente) de Tontología. Versos malos de poetas buenos. Por suerte, ha llegado a casa un ejemplar. La idea del florilegio, como explica, con la solvencia que le caracteriza, Miguel Ángel Lama en su blog (al que cedo con gusto la palabra), fue de Gerardo Diego y apareció en 1928 como último número de la revista Lola, «amiga y suplemento de Carmen».

Málaga y Alfredo Taján

Hace unos días nos informaba Alfredo Taján, el escritor malagueño nacido en Rosario, que "en virtud de los pactos suscritos en el Ayuntamiento de Málaga entre el Partido Popular y Ciudadanos, se ha decidido la futura extinción, ha sido el término utilizado, del IML el próximo 31 de diciembre de este año". Nuestro amigo dirigía desde 2004 el Instituto Municipal del Libro. Once años con "actividades en torno a la palabra, a través de cientos de presentaciones, conferencias, ciclos, exposiciones, conciertos, publicaciones, fomento a la creación literaria a través de la convocatoria de los Premios 'Málaga' de Novela y Ensayo, y fomento de la lectura en Centros de Enseñanza Media". Para evitar equívocos, aclaro que uno nunca pasó por allí. Que no hablo desde el interés. Tampoco desde el exhaustivo conocimiento de los hechos. Con todo, cuesta creer que se exijan cosas así, y más que lo haga un partido moderno y liberal al que se presupone culto. Un partido, en suma, que busca la regeneración de España, que, como todos sabemos desde hace siglos (aunque no lo pongamos en práctica), empieza por la instrucción pública: educación y cultura. Y en una ciudad que se ha convertido, en el ámbito europeo y más, en un referente artístico y cultural de primer orden, aunque en su discurso de toma de posesión como alcalde, Francisco de la Torre no pronunciara ni una sola vez la palabra "cultura". Cosa distinta es que, por razones obvias (pero no comprensibles), se impusiera un cambio de responsable. Bien, lo común en este lamentable país nuestro; pero esto... O que se recortara el presupuesto de la entidad (que ya sería modesto). Sí, lo reconozco, no lo entiendo. O sí, que es peor. 

24.6.15

Ahora es la noche

Hablábamos aquí atrás de Claudio Rodríguez y de Peri Rossi, de un poema del primero y de un libro de la segunda dedicados a ese símbolo central del imaginario poético de todos los tiempos: la noche. El título del último libro de Carlos Alcorta (Torrelavega, 1959), que publica la granadina Valparaíso, tiene un título de lo más elocuente: Ahora es la noche.
A cierta edad, y hablo con conocimiento de causa, el cuerpo y el alma te piden que lo que haya que decir se diga sin ambages. Al menos si uno quiere seguir siendo honesto a la causa de la poesía. Para alguien que escribe: "Hice, para engañarme, para encontrar sentido / al desorden, de la literatura / razón de mi existencia". Este libro habla de eso. "A la intemperie". En el momento de las recapitulaciones y de los balances. Porque "la vida no es un juego" y el poeta tiene conciencia de lo que pasa. Y de lo que aproximadamente le pasa. Sí, pues la memoria es muy suya a estas alturas y unas veces se confunde y otras falsea. "Didáctica", el segundo poema del libro, es paradigmático, y del todo logrado: "¿A quién contemplo cuando me miro en el espejo?" Luego habla del "otro" (o de los otros) y del "yo eventual" y de "Soy yo y soy otro / simultáneamente" y de que "El mundo que construyo con palabras / es tan veraz como un autorretrato / pintado desde el ángulo visual / incorrecto". "Esperar es creer en el futuro", leemos ahí. "Vivo ahora solo", explica en el siguiente y deja caer "Luz nocturna", uno de los mejores del conjunto, que comienza con un "¡Qué poco sé de mí!" que a uno le recuerda a otro cántabro: Hierro. después evoca a "mi yo de antes" para concluir que, "sin saber", "se escribe a la desesperada, tratando de olvidar / la vida que se vive, huyendo de una muerte / con la que aún no estaba familiarizado". Cuando se habla tan a fondo de uno mismo, la ironía es imprescindible si queremos que lo dicho se soporte poéticamente. Para decir, por ejemplo, "por eso ahora quiero volver / atrás y corregir la dirección / equivocada". 
"Parachoques" habla de un accidente y en medio declara: "Llego a una encrucijada". La que uno detecta al leer estos versos escritos, no hay duda, a corazón abierto. Basta leer "Intimidad" o "To live tally" o "Marsupial" ("Sólo a medias confío en Epicuro").
"Tratado de navegación" es decisivo: "El silencio es tu patria. Una forma de ser y estar, / un pronombre, un adverbio, un adjetivo. /El silencio es una isla (...) / El silencio es un viaje, una ambición". Como "Lugares del mundo": "Pienso que tengo tiempo, todo el tiempo del mundo, / pero el tiempo no existe, el pasado no existe, / mi ayer y mi mañana nada cuentan  / y no sé si fue vida o no fue vida / lo que he vivido hasta este momento". Y concluye: "Estoy hablando de cómo un hombre solo / se ve a sí mismo sólo como un hombre". 
"Partes de la historia"es muy concreto. Generacional: la vuelta de la mili y el intento del golpe de Estado del 23-F.
Sí, "un poema es una convención, / en él la realidad se reconoce / a sí misma inventándola al decirla".
Volvemos al principio. A la noche: "La oscuridad  convierte / al hombre en un ser más introspectivo, / en alguien indefenso ante las dimensiones / inaprensibles de los mares, / del desierto o de las constelaciones". 

23.6.15

Una película

Hace, pongamos, cuarenta años que mi primo Mon y yo fuimos una tarde al cine. Era verano, cuando él, sus padres y hermanos venían a Plasencia desde Melilla para pasar aquí sus vacaciones. Recuerdo perfectamente dónde nos sentamos: en entresuelo, arriba del todo. Del cine Coliseum, ya desaparecido. Para huir del calor, a falta de baños en el río, nos refugiábamos a veces en esa sala fresca y oscura. Si recuerdo tantos detalles es porque desde entonces he perseguido en vano esa película que vimos (íbamos a la aventura). Su título al menos. He mantenido imágenes, sí, y algo del argumento, pero me faltaban datos. Desde entonces, se me puede creer, he esperado con paciencia que la televisión me devolviera, también por sorpresa, esa historia que tanto me impactó. Ignoro el porqué. Será que ya era un preadolescente montañero en cierne, lo que en rigor nunca he dejado ser. Montañero, digo. O un solitario rebelde sin causa. Libertad, huida... Hoy, en Paramount, apareció por fin. Apenas vi unos pocos fotogramas, caí en la cuenta: esta es. El título: El muchacho y su montaña. Siempre creí que era canadiense y no, es de nacionalidad norteamericana, pero rodada en el país vecino. De ahí que... En fin, una alegría, aunque no me he atrevido a seguirla hasta el final. Como los de esa cadena se repiten mucho, espero que eso ocurra un día de estos. O no, y otros cuarenta años no aguanto. Seguro. 

22.6.15

Dos de Cálamo

Con motivo del 50 Aniversario de la publicación de Alianza y condena, de Claudio Rodríguez, la editorial palentina Cálamo vuelve a lanzar, y con qué sentido de la oportunidad, el libro que en su día prologó para ella el profesor Luis García Jambrina, a los diez años de la muerte del poeta. Oportuno homenaje, sin duda, de una obra central de la poesía española que el zamorano escribió a lo largo de siete años, mientras ejercía como lector en las universidades inglesas de Nottingham y Cambridge; donde coincidió, por cierto, con Francisco Brines, lector en Oxford, que tan bien aprovechó, como su amigo de generación, la estancia en aquellos parajes.
Nos recuerda Jambrina que era su libro favorito (como para muchos de sus lectores) y que «contiene buena parte de los poemas y versos más memorables de su autor, que se encara con la compleja y, a veces, paradójica naturaleza de la verdad y de la realidad». Qué maravilla volver a leerlo. En un momento dado, me vino sin querer una sonrisa: pensé en qué poca novedad hay en lo que nos venden por nuevo (ahora que los suplementos insisten en el timo) y cuánta en un puñado inolvidable de poemas en un libro que ganó hace cinco décadas el Premio de la Crítica.
También en la colección que dirige César Augusto Ayuso aparece La noche y su artificio, de la uruguaya de Barcelona Cristina Peri Rossi. Su libro anterior, ganador del Loewe, Playstation, no me gustó (cuatro palabras le dediqué). Aquí, sin embargo, vuelvo a reconocer lo mejor de su poesía, alejada de ese presunto aire de novedad que, casi siempre, conduce a un callejón lírico sin salida. Aquí, la noche como símbolo, lo que me recuerda uno de los poemas más memorables del libro que acabo de comentar, "Noche abierta", el que termina: "Bienvenida la noche con su peligro hermoso". La noche, sí, símbolo del amor, del encuentro amoroso. La noche como pasión y como lugar propicio para el intercambio de los afectos. Y del sexo, claro. El erotismo ha sido santo y seña de los versos de Peri Rossi y aquí tampoco falta, al revés. De las bondades del amor se pasa, eso sí, a las del desafecto y hasta del odio (ya se sabe que una línea muy delgada separa ambos sentimientos), no sin antes llegar a cúlmenes del acercamiento tan explícitos y, ya digo, entregados que algunos lectores escrupulosos los tolerarán con cierta dificultad. Sobre todo los del género masculino. Uno, lo reconozco, se ha saltado algunas palabras de digestión, digamos, complicada. 
Y todo se relata (porque el tono es claro y narrativo) con la debida naturalidad, a modo de diario, en el que una mujer (y lo subrayo) explica, con los necesarios pormenores, una (como tantas, la misma y diferente) historia de amor. De la compañía inseparable a la soledad más absoluta. El camino es bien conocido. Por eso, sin que la novedad mande (ni en el asunto ni en el tratamiento del lenguaje), el libro se deja leer y, siquiera por momentos, más allá de la condición sexual de cada quien, su intensidad te obliga a tomar partido, a ser arte y parte de esa relación ora feliz, ora desgraciada. La vie.

21.6.15

Homenaje a Senabre



















Nota: El acto se transmitirá en directo a través de la página web de la Residencia de Estudiante.
Desde aquí, se suma uno a ese merecido homenaje. Como lector, sobre todo, y como extremeño.

20.6.15

La poesía de Menchu Gutiérrez

Conocí la poesía de Menchu Gutiérrez, madrileña del 57, gracias a Ramón Buenaventura, autor de Las diosas blancas. Antología de la joven poesía española escrita por mujeres, que publicó Hiperión en 1985. Fue para muchos la carta de presentación de las poetas de nuestra generación y uno la reseñó para la revista El Urogallo
No he seguido su trayectoria literaria al detalle, lo reconozco, pero tampoco la he perdido de vista. No hubiera sido sensato. Más narradora que poeta (aunque su prosa sea lírica y su mundo esencialmente poético), traductora (por ejemplo de Marca de agua, esa pequeña maravilla de Brodsky) y ensayista (no me he resignado a dejar pasar su Decir la nieve), Gutiérrez nos presenta ahora, en Vaso Roto, Lo extraño, la raíz. Por más que hiciera tiempo que no me acercaba a sus poemas, he redescubierto a la poeta que recordaba y lo leído me ha resultado, ya digo, reconocible: suyo. 
Su línea es esencialista, muy depurada, cerca siempre del silencio. En eso se parece a otras poetas de esa corriente de la lírica universal (y por eso de la española) que ya hemos citado aquí otras veces. Por acercarnos al presente, distancias mediante, mencionaría a Clara Janés (maestra reconocida), Olvido García Valdés, Chantal Maillard y Ada Salas. 
En "Lo extraño", el primer, extenso poema de la obra, ya aparece esa concisión, el verso breve, la enumeración caótica... Termina: "Lo extraño, aquello."
El resto de poemas del libro son también de dimensiones apreciables. A veces un poema consta de varias partes. En este sentido, hay un contraste entre su longitud y su intensidad, que no tienen por qué enfrentarse. 
En "El río" el aire es más hermético, más simbólico, más metafórico. Prima la sugerencia. Alrededor de un puñado de palabras que giran y giran.
"La escalera" es un poema significativo del modo de hacer de Gutiérrez: "Subíamos al sotano / y bajábamos al ático", comienza. Lo inquietante y lo paradójico es aquí natural. "En el interior de la casa somos lo que fuimos, / infusiones de la mirada en las ventanas". 
"El tren" es uno de mis preferidos. También de los más abiertos y, digamos (no sin pedir perdón a los puristas), comprensibles. 
A uno, montañero frustrado, le ha llegado al alma "El dictado de las montañas", un conjunto de poemas en prosa cuyos títulos empiezan por "trans" o "tras". Así, "Transalpino", "Tránsito", "Tránsfuga", "Transtorno", "Trascendencia", "Trans", "Trasvase", "Trasalcoba", "Transmigrar" y "Transformación". "La montaña paraliza la imaginación", leemos, lo que nos da pie a precisar que si algo abunda en lo extraño, la raíz es eso: imaginación a raudales. "Viajar sería ver el otro lado de la montaña", escribe. El tono torna filosófico y a uno le recuerda, siquiera por momentos, al de la pensadora María Zambrano. "Todo tiene un otro lado permanente", dice. 
La poesía de Gutiérrez me sugiere espacios o estancias de intimidad. Siempre la he asociado a la palabra delicadeza. Y, por tanto, a lo sutil y a lo frágil. Una fragilidad engañosa, matizo. Por femenina. Me atrevería a decir que su poesía lo es, y en lo más profundo. 
"Ni siquiera cuando vienes tienes un lugar a donde ir", leemos en el último poema de esa serie, paradigmático de su forma de concebir y expresar su poética, uno de los más logrados del conjunto. Un poema, sin duda, precioso. 
El libro no se podría haber cerrado mejor que con "La nebulosa", otro espléndido poema extenso donde lo espacial predomina y, en consecuencia, la atmósfera de la ciencia-ficción y lo apocalíptico. La protagonista del poema, una astronauta terrícola del futuro, navega por el universo. Visita otros planetas, pero "una y otra vez vuelvo a la Tierra". "Vuelvo a dejar flores en la tumba de Copérnico", afirma. Y se pregunta: "¿Dónde han ido a parar los animales?" O: "¿Dolor? Quizá sea el frío." Y más adelante. "Siento haber alcanzado un lindero, / el borde de otra clase de frío, / de otra clase de tiempo." El final se me antoja perfecto: "Hace frío, / los sensores de la nave se apagan con mis latidos, / sueño con los campos nevados de la Tierra."

19.6.15

Local

El Roto
Me refiero al caso Díaz. La verdad, nunca entendí qué pintaba este señor en el equipo de Fernando Pizarro​. Ni en la pasada legislatura (donde uno podría presuponer débitos políticos) ni en ésta. Y en labores que no brillan, seamos claros, por sus logros: festejos y ferias (cada año más tristes). Lo sucedido confirma mis prejuicios. Uno no se explica por qué sigue representando a los placentinos.
Aunque no se comente, su antigua profesión agrava aún más ese comportamiento. Al fin y al cabo este hombre trabajó en los cuerpos de seguridad del Estado, como guardia civil. Sí, ha pedido disculpas, ¿y? Teniendo en cuenta el mínimo rasero moral en el que nos movemos, a algunos les parece suficiente. No, esto no es Japón. Ni Francia ni Alemania ni Reino Unido...
Este país nunca llegará a nada hasta que la frase (o el concepto) "Usted no sabe con quién está hablando" desaparezca. En este asunto, en fin, demasiada prepotencia, por una parte. De otra, una condescendencia innecesaria. No hay manera de que se lleve la ejemplaridad hasta las últimas consecuencias. Así nos va. Este cierre en falso acabará pasando la debida factura. Al tiempo. 

Devir

Sale a la calle devir - Revista Ibero-Americana de Cultura, que dirigen Nuno Matos Duarte y Ruy Ventura.
La presentación en sociedad será el día 23 de junio, a las 18:30 horas, en la librería Barata, en la Avenida de Roma de Lisboa, y estará a cargo del Prof. Doutor Fernando J. B. Martinho, de la Faculdade de Letras de Lisboa, con intervenciones de António Carlos Cortez (crítico de Jornal de Letras) y de los dos directores.
Por si acaso, devir en castellano es devenir. De ahí que este primer número sea monográfico en torno al concepto de futuro. ¡Larga vida a devir!