15.9.12

Clase política

"... la clase política española ha desarrollado en las últimas décadas un interés particular, sostenido por un sistema de captura de rentas, que se sitúa por encima del interés general de la nación. En este sentido forma una élite extractiva, según la terminología popularizada por Acemoglu y Robinson. Los políticos españoles son los principales responsables de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de ahorro, de la burbuja de las energías renovables y de la burbuja de las infraestructuras innecesarias. Estos procesos han llevado a España a los rescates europeos, resistidos de forma numantina por nuestra clase política porque obligan a hacer reformas que erosionan su interés particular. Una reforma legal que implantase un sistema electoral mayoritario provocaría que los cargos electos fuesen responsables ante sus votantes en vez de serlo ante la cúpula de su partido, daría un vuelco muy positivo a la democracia española y facilitaría el proceso de reforma estructural".
"...los partidos políticos españoles comparten un gran desprecio por la educación, una fuerte animadversión por la innovación y el emprendimiento y una hostilidad total hacia la ciencia y la investigación. De la educación sólo parece interesarles el adoctrinamiento: las estridentes peleas sobre la Educación para la Ciudadanía contrastan con el silencio espeso que envuelve las cuestiones verdaderamente relevantes como, por ejemplo, el elevadísimo fracaso escolar o los lamentables resultados en los informes PISA. La innovación y el emprendimiento languidecen en el marco de regulaciones disuasorias y fiscalidades punitivas sin que ningún partido se tome en serio la necesidad de cambiarlas. Y el gasto en investigación científica, concebido como suntuario de manera casi unánime, se ha recortado con especial saña sin que ni un solo político relevante haya protestado por un disparate que compromete más que ningún otro el futuro de los españoles".
César Molinas, "Una teoría de la clase política española", El País.

Hopperiana

Ahora que termina, ¿hay alguien que no haya visitado la exposición del Thyssen? ¿Alguien que no haya opinado sobre ella? ¿Alguien que ni adore ni odie a ese hombre? ¿Alguien, en fin, que no sepa quién demonios es el tal Hopper?

14.9.12

100 clarines

Ese es el número redondo de la última entrega de la "revista de nueva literatura" Clarín que dirige su fundador, José Luis García Martín. No me parece casual que sea precisamente su ojito derecho (literariamente hablando), Felipe Benítez Reyes, quien inaugure el sumario con un ingenioso texto, "¿Ada o el error?", donde, como es obvio, diserta sobre Ada o el ardor, la "emperifollada" novela de su admirado Nabokov. De él son también un puñado de poemas, "Entre la fuga de las cosas", que seguramente pertenecen a esa nueva obra que comentaba en Facebook: "He decidido dar por terminado un libro de poemas. Para ustedes será una tontería, pero para mí supone una alegría secreta... y una inquietud pública. La inseguridad también se aprende".
También podemos leer, lo que uno ya ha hecho, "Cuarenta años de biografía intelectual", de Darío Villanueva, académico y secretario de la Real Academia Española, profesor de Literatura Comparada de la Universidad de Santiago de Compostela (de la fue rector); un análisis de Rodrigo Olay sobre un poema de su querido Borges (con Quevedo al fondo); unos aforismos de Rafael Barrett recuperados por Cristian David López ("La vida auténtica no tiene más que un programa: vivir", "Acertar demasiado pronto es equivocarse", "Hay odios que no son más que amor"); prosas y versos de Xuan Bello, en asturiano y español (de Juan Ochoa), que regresan al mítico territorio de Paniceiros; poemas también de Fernando Beltrán, el famoso publicista, y de otro poeta asturiano y de la casa: Javier Almuzara.
Además de no pocas de las consabidas reseñas, que abundan en este número (entre ellas la que Rafael Morales Barba le dedica a El centro fugitivo), me quedan aún por leer, por ejemplo, la correspondencia inédita entre Luis Cernuda y Rosa Chacel (¡vaya par!), un viaje a Pekín de la mano de Catarina Valdés o un "homenaje necesario" a Lawrence Durrell, el mediterráneo escritor inglés, firmado por Pedro García Cueto.
Llegar a los cien en una revista literaria es un hito digno de ser subrayado. Más si se consigue en plena forma. Enhorabuena a quienes hacen posible que Clarín sobreviva a la debacle general y mucho ánimo para que continúen capeando el temporal. Uno seguirá subiéndose a bordo. ¡Feliz travesía!

13.9.12

Una reseña de Olga Bernad

Revista Artes y Letras, nº 389, 13/09/2012 (Heraldo de Aragón)



















También se pude leer aquí, en el blog de O. B.

Ceres: punto final












Sólo una cosa más a propósito de los premios Ceres. No me ha pasado desapercibido el interesante y ponderado análisis de la periodista cultural Mercedes Barrado, "Unos Ceres polémicos", publicado en su sección Un mundo raro del diario HOY. Es una pena que no se pueda leer, como antes, en la edición digital (salvo que se esté suscrito a Kiosco y Más), pero para eso existen las hemerotecas. Por si acaso, de esa "convocatoria de relumbrón que desentona con el ánimo encogido por la crisis", Barrado denuncia la incomprensible jactancia de "algún miembro del gobierno regional" al concluir que la retransmisión televisiva había reportado "una audiencia poco menos que interplanetaria" y puntualiza que el "descubrimiento como catalizador de la belleza patrimonial de la región" del Teatro Romano de Mérida "no procede de este último verano". También se pregunta por la relación entre ese acto, tan desligado del teatro extremeño, "con el resto de la actividad cultural de la región a lo largo de todo el año". Tanto "glamour", concluye, "puede contribuir a alejar los premios del interés de la sociedad extremeña si no se corresponden con una construcción real de la industria teatral de la región". Lo dicho, un acierto.

12.9.12

A modo de (extenso) tweet

Manzano advierte de que si no cobran los diputados "al final nadie va a ir en unas listas electorales", reza el titular del periódico y uno se dice: no, Fernando, cada cual atiende a su trabajo -como profesor de FP, como maestro de escuela, como bombrero, etc.- y, además, va de vez en cuando a la Asamblea y gestiona lo poco que una Autonomía como la nuestra demanda. Como pasaba antes, con el denostado Ibarra. Por eso, claro, cobraría una modesta dieta. Ese parlamento, que ahora presides, no da para más. Ni nuestra economía. Ni nuestra dignidad, añado. ¿O es que acaso estás reconociendo que la gente va en las listas por la pasta? Ah, eso es otra cosa. Sí, que se lo digan a...

Viajes Barceló

Uno habría titulado así el reportaje de Andreu Manresa sobre las andanzas del famoso pintor mallorquín por el Himalaya que se publicó en el último número de Babelia.

Tòfol

José Carlos Llop publicó el pasado domingo en su columna del Diario de Mallorca un emotivo artículo sobre Cristóbal Serra, Tòfol para los amigos.

11.9.12

La Junta informa

"Tras el estado crítico en el que se encontraba el Festival de Mérida, hecho que repercutía en el turismo cultural que genera la región, el Gobierno de Extremadura hizo una apuesta firme para recuperar este proyecto, con una aportación extraordinaria de 836.000 euros, al Consorcio Patronato. Una cantidad que se ha empleado en la instauración de los Premios Ceres, cuyo presupuesto total asciende a 835.746,80 euros, incluido el IVA.
Por capítulos, se han destinado 65.000 euros para los talleres que se han celebrado en una veintena de ciudades extremeñas a cargo de compañías regionales; 5.000 euros a trabajos de producción; 60.000 euros para dirección (director de escena, ayudante de dirección, guionistas, realizador escenografía 3D, diseño vestuario, diseño iluminación, diseñador de sonido); 22.000 euros dedicados a escenografía y vestuario; 98.500 euros destinados a audiovisuales; 35.000 euros a personal artístico; 12.000 euros al presentador; 35.000 euros para gastos del jurado durante todo el proceso; 13.700 euros para las 13 esculturas-trofeos que se entregaron y que incluye la contratación de un escultor extremeño para su diseño y creación; 50.000 euros para gastos de invitados especiales; 222.000 euros para gastos de publicidad en medios de comunicación regionales y nacionales y la emisión por TVE; 11.500 euros para gastos de infraestructura; 13.500 euros para personal técnico; 40.000 euros para gastos de producción ejecutiva y seguros y 25.060 euros para gastos de producción general". Fuente: Sala de Prensa del Gobierno de Extremadura.

Pagador, por cierto, sigue preguntando.Y Monago, con lo del IVA, llamando la atención del mundo entero, que es lo que pretendía.

El centro fugitivo en Clarín

En el número 100 de la revista literaria Clarín se publica una reseña de El centro fugitivo firmada por Rafael Morales Barba, crítico y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.

Desde el territorio al extravío

Las poéticas de los últimos años del siglo XX extrañaban una antología sobre Álvaro Valverde (1959). Lo merecía su poesía y atención  a un cruce de caminos  tras la nueva sentimentalidad, el realismo de varia mirada y la evolución de la poesía esencial hacia el sincretismo de los lenguajes. La peculiaridad dentro de un orden entre promociones, desde Claudio Rodríguez y José Ángel Valente hasta Andrés Trapiello, Sánchez Rosillo, Antonio Moreno o García Martín y los siguientes  en el tiempo, Felipe Benítez Reyes, García Montero o Juan Lamillar, por ejemplo. Y desde los clásicos como modelo: Antonio Machado, Jorge Luis Borges, o poetas ingleses como Tomlinson,  entre otras  miradas. Se propone desde este ángulo su poética del mundo íntimo y clasicista, atenta al paso del tiempo, la fidelidad a un lugar real, la contemplación y la memoria desde la claridad elocutiva, que no es sinónimo de la línea clara. La poesía de Álvaro Valverde se hace así un espacio entre promociones, un tránsito, con ciertas novedades como la reaparición de una circunspecta naturaleza (Antonio Moreno) vinculada a la sensación, junto a otros espacios más habituales, la intimidad pensativa, la infancia desde el contrapunto necesario con la poesía urbana. Todo tras el telón de la  melancolía ensimismada, especular, retraída y delicada. El placentino se muestra desde esos terraplenes como un cruce de caminos de la modernidad española en la  fusión de trayectorias e influencias del 80 y 90 desde el mundo de los años 50. Desde el territorio al extravío. Desde la propiedad de un lugar innominado (Aquí, en el huerto sombrío/ donde las horas son luz tamizada/ y del limón aroma./ Hagamos de este lugar un territorio.) a la incertidumbre existencial, pensativa. Ensimismada en el decir reflejado en el espejo de los hiperestésicos.
Del territorio al extravío, del reconocimiento de un ámbito físico y su memoria,  a la meditación sobre el paso del tiempo. La poética de los libros iniciales, desde Territorio (1985) hasta Ensayando círculos (1995), tan explícitamente descritos en el título, ha ido trocando paulatinamente la intranquilidad existencial, a duras penas amansada por una naturaleza y un lugar de la memoria, Plasencia, por la agónica presencia del viaje hacia la nada. El camino poético del desasosiego, cada vez más angustiosamente explícito, se ha deslizado o construido imperceptiblemente de la mano de una diosa pagana: la melancolía. Jordi Doce ha sabido escoger y hacer perceptible este viaje a través de los ocho libros de Valverde. No estamos por tanto ante una antojolía, sino ante una antología, que ha sabido describir las correspondencias con esas obsesiones descritas a las que guarda fidelidad, las lecturas, ciudades y espacios que alguna vez han sido exponente de un momento lírico como Lisboa (pero también Tánger, Yuste, Plasencia). Jordi Doce ha sabido mostrar y escoger, acercarlo en definitiva, con un prólogo realmente útil al lector. A todas esos senderos trazados por el prologuista se podría añadir  el quietismo (se pierde la quietud que contemplaras/ la que te dio sentido frente a todo), la actitud de recogimiento de quien navega sin moverse apenas de sitio. Un mundo de interiores imanta su deseo de permanencia donde la más leve perturbación inquieta o altera, pues en Álvaro Valverde es fundamental el deseo de apacibilidad, de escena quieta zurbaranesca, como resistencia. Doce  ha repasado muy bien lo fundamental,  la memoria, la infancia idílica, la angustia, la naturaleza, el viaje,  el mundo cultivado y lector, muy intelectual y mitómano de Álvaro Valverde, las filiaciones. Pero esa resistencia o deseo de quietud es es clave cuando el ábrego arrecia,  y se reconocen vacuos los antagonistas: el viaje (o huida), o el deseo de permanencia, pues la tranquilidad es efímera.  Mera ficción: la calma indescifrable de las cosas/y su terror innúmero, no salvan.  Sobre todo porque el poeta indaga cada vez más dentro de sí, y esa sombra que hacia adentro se alarga. Él y su circunstancia ensimismada, temerosa, son el objeto del poema. De toda su poética.
Le hacía falta una antología al placentino. Su capacidad de crear poemas escena y recrear circunstancias y sensaciones, su pulcritud y legibilidad lo merecían. Su atención al poema en prosa.  Además ha perdido en su evolución maniera leopardiana o clasicista en su peor sentido. Su delicadeza y capacidad de transmitir ensoñación, comedimiento, sobriedad sin solemnidades, criterio en el el ornato, su sentido de la contemplación y un mundo de lecturas (y técnicas como la del personaje) típica de casi todos los poetas entre 1980 y 2000 precisaban este trabajo que tan cuidadosamente ha editado La isla de Siltolá, en su colección Arrecifes. Ha merecido la pena esperar para ver resumida una época en el ramo de sus versos.

10.9.12

Y va Monago...

Vamos de gala en gala. Todavía no había salido la última estrella del Teatro Romano de Mérida por culpa de la avalancha astral de los premios Ceres y ya estaban entrando los medallistas extremeños acompañados, esta vez, de tres o cuatro. Deberían montar a Monago una tienda de campaña en un lugar discreto del recinto. Se pasa allí la vida el hombre. Por lo demás, vi en la tele lo justo. A Gene García cantando una nueva versión soul (preciosa, por cierto) del himno extremeño y a Víctor Chamorro recién condecorado. Volvieron a decir los presentadores que es el autor extremeño con más libros publicados y más premios conseguidos, o algo así. Es mentira. A modo de ejemplo, he comprobado en el ISBN que Ramírez Lozano tiene 75 registros y él sólo 25. Y si hablamos de galardones... Más allá de ese cómputo al peso, qué triste que recalquen eso como mérito para concederte la dichosa, merecida Medalla. Demuestra a las claras el alcance de nuestras desinformadas autoridades culturales. Y el poco valor que le dan a lo que hacen. ¡Cuidado!, dirá alguno, que Monago (al que no escuché: su tonillo me cansa) va a rebajar el IVA cultural del 21 al 13%. A uno le suena a demagogia. A Montoro, no. Le ha faltado tiempo al Ministerio de Hacienda para salir a la palestra y recordar al díscolo presidente cuáles son sus obligaciones en materia tributaria y de déficit. No sé si servirán los argumentos de Monago, que vuelven, por cierto, sobre el denostado asunto de las subvenciones, un tema tabú para la derecha extremeña. Antes, al menos.
Tras el escenario, más allá de las presiones de IU, se vislumbran las estrategias de marketing de don Iván Redondo, el otrora asesor de campaña (a quien se atribuye el eslogan: "La política es el arte de lo que no se ve") ahora ascendido a director del Gabinete de la Presidencia, con rango de consejero (el periodista placentino Antonio J. Armero se anticipo denominándolo en su día como el "octavo consejero"). 
Se repite mucho por aquí que a Monago le gusta practicar una política de gestos, a lo Ibarra. No tiene, ni con mucho, la gracia de aquél. Los cristales que rompe Monago son de pega, de los que se usan para los efectos especiales; diseñados por el especialista Redondo, un Reyes Abades, como quien dice, de la política.
No eligió mal el momento, no, para anunciar su medida a favor de nuestra "industria cultural" (?). Por suerte no iba en polo y vaqueros, como suele. Ya veremos en qué queda ese loable propósito. Mientras, eso sí, se va desmantelando la infraestructura cultural en materia de libros y de lectura. Pero eso no se ve y, a tenor del silencio, a pocos importa. De esas subvenciones (becas y ayudas inclusive) mejor ni hablamos.

(Nota: añado el enlace con el blog de Paco Hurtado que opina, con criterio, del mismo asunto.)

9.9.12

Los restos del naufragio

Este artículo se publicó ayer, Día de esta Comunidad, en el diario HOY, dentro de un suplemento especial 'Extremadura, horizonte 2020', coordinado por Juan Domingo Fernández, subdirector del periódico. Quince fuimos los convocados: José Antonio Monago, JDF, Antonio Sáenz de Miera, Julián Mora Aliseda, Ricardo Hernández Mogollón, Eduardo Naranjo, Jesús Moreno Ramos, Ángel Juanes Peces, Esteban Cortijo, Antonio J. Campesino, José J. Barriga Bravo, Víctor Chamorro, ÁV, Eugenio Fuentes y Juan José Viola. Al parecer, las reflexiones sobre el panorama venidero continuarán. 

De temeraria cabe calificar la idea que han tenido en este periódico de abordar el posible horizonte de Extremadura allá por 2020. Sí, sólo ocho años nos separan de esa cifra redonda, pero en esta penosa encrucijada que vivimos, en medio de estos tiempos inciertos, turbulentos y difíciles en los que todo se tambalea, donde lo mismo te anuncian el fin del mundo que la desaparición de las autonomías, cuando nadie parece saber qué pasa y, menos aún, hacia dónde vamos, la osadía de vislumbrar el futuro de esta sociedad líquida es una operación a todas luces descabellada.
Se atribuía a los poetas la capacidad de adivinar el porvenir. “Esa sencilla anticipación de lo real, lo que en otro tiempo se llamó profecía”, en palabras de Juan Antonio González Iglesias, tuvo su momento álgido con el Romanticismo, ese movimiento que tanto distorsionó la imagen del escritor como ser susceptible de empresas formidables, dignas del genio. Poeta o no, sé que mis limitaciones son las del hombre corriente, las de un ser mortal y normal como cualquiera. Además, por carácter –que, recordó Cernuda, es destino–, siempre he abominado del futuro. “Porque el futuro es nunca, o fue sin darnos cuenta”, escribió uno a los veintipocos. Lo de hacer planes nunca ha sido lo mío, de ahí que esta tarea, aceptada con imprudente premeditación, se me antoje harto complicada. Si uno fuera economista…
A principio de los ochenta, recién estrenados democracia y Estatuto, esto era un erial. Vivíamos en medio de un flagrante atraso secular que la ausencia de bibliotecas y de otras infraestructuras no hacía sino empeorar. A algunos nos pareció necesario dejar a ratos los confortables escritorios y bajar a la calle para contribuir a que esa lamentable situación cambiara. De ese pasado venimos. Y para hablar de futuro la referencia a lo sucedido es insoslayable. Lo mismo que al presente. Por previsibles que nos pongamos. Quiero decir que nada de lo que ocurra en los próximos años dejará de tener relación con lo acontecido en los anteriores. El tiempo es lineal y sucesivo. Por eso conviene recordar que para que ese desolador y paupérrimo panorama cultural cambiara se tomaron medidas y se abordaron proyectos y que eso se hizo conjuntamente entre quienes tenían el poder de decisión, los políticos, y quienes eran capaces de generar propuestas, los creadores: escritores, músicos y artistas.
Es verdad que la dependencia de lo público en Extremadura es proverbial. La propia de un pueblo pobre que ha carecido a lo largo de su historia de casi todo, iniciativas y mecenas privados incluidos. Sin entrar en consideraciones sobre la perversión o bondad de esa circunstancia, la realidad ha sido y sigue siendo ésa, mal que nos pese. A pesar de esa anómala dependencia, soy de los que defienden que ha sido mucho lo que ha germinado de esa relación entre quienes tenían en su mano impulsar políticas culturales y quienes estaban dispuestos a que esta región dejara de ser el yermo que era, algo que conectaba con otras de nuestras tradicionales carencias. Fruto de esa colaboración, ideas que procedían de la sociedad civil, pero que sólo podían ser afrontadas, por su envergadura, desde la administración, vieron al fin la luz. La de que en cada pueblo hubiera una biblioteca, por ejemplo. Pero esa sensibilidad cultural que tuvo durante años el gobierno extremeño, parte sustancial del ideario del leído presidente Ibarra, se quebró al llegar al poder su sucesor, Fernández Vara. La elección de consejeras incompetentes hizo el resto. De ese declive venimos, una decadencia que ha ido acrecentándose con la llegada al gobierno del PP, que no se caracteriza por tener al frente a personas cultas, por muchas lenguas que chapurreen. A pesar del intachable perfil profesional de la actual consejera, la cultura se ha vuelto casi invisible, perjudicada, cómo no, por la famosa crisis económica, excusa perfecta para cualquier recorte, sobre todo en esta indefensa materia que bien poco afecta, por cierto, a los presupuestos. Y todo por esa siniestra concepción, tan de derechas, de la cultura como lujo, algo de lo que se puede prescindir porque en nada afecta a lo que le es consustancial y necesario al ser humano, que puede vivir perfectamente sin ella. De ahí el desinterés, la desidia. Ah, y en caso de haberla, que sea, por supuesto, del espectáculo.
¿Y el futuro? Más racional que imaginativo, más realista que utópico, más melancólico que optimista, a la vista de lo que sucede y pasa, uno sospecha que no pinta bien. No hace falta ser profeta para concluir que quien no siembra… Con proyectos como el de las Aulas Literarias –y su importante impronta educativa–, los Talleres de Relato y Poesía y el ambicioso Plan de Fomento de la Lectura –que puso en marcha, con la colaboración de la Fundación Sánchez-Ruipérez, el primer Observatorio del Libro y la Lectura de España, realizó campañas masivas de libros a un euro e impulsó los clubes de lectura– reducidos a la mínima expresión (cuando no en trance de desaparecer); tras la supresión de las Ayudas a la Edición y las Becas a la Creación, que tanto estimularon a escritores y editores (tan escasos); con una Editora Regional de Extremadura que subsiste a duras penas después de una trayectoria ejemplar acreditada por su magnífico catálogo, ¿qué se puede esperar? Eso por no hablar del MEIAC, la Filmoteca, el Festival de Teatro Clásico de Mérida, la Orquesta de Extremadura (salvados ambos por la campana) o, en fin, la Fundación Academia Europea de Yuste, emblemas de una forma de entender la cultura fundada en la excelencia.
Entre las lamentables desapariciones, los Premios Extremadura a la Creación. Con ellos se fue buena parte de nuestro crédito literario y artístico, de nuestra proyección nacional e internacional y, de paso, el premio de la crítica a las mejores obras del año creadas por autores extremeños.
Hubo un tiempo en que sabíamos que las cosas iban a mejor, que prosperábamos. Hoy sabemos que estamos mal y que, si nadie lo remedia, iremos a peor. Es cierto que resulta imposible torcer la normalización consolidada. Por eso nunca volveremos a ser la región anacrónica que fuimos, ajena a la hora del mundo, y menos en la época de Internet, los blogs, las redes sociales y la globalización. Por dejados que estemos, siempre habrá alguien que escriba un poema, componga una canción o pinte un cuadro. La nuestra es una cultura absuelta, parafraseando a Gonzalo Hidalgo Bayal. Con ayuda pública o sin ella. Ya no podrá ser, como aventuraba Julián Rodríguez, un inmigrante nacido o criado en Extremadura capaz de ofrecer una visión novedosa y distinta de esta tierra. Por el contrario, un emigrante extremeño, ahora que la gente vuelve a marcharse, podrá publicar su primer libro en Alemania o Estados Unidos. Es más, a este paso, en 2020 estará agotada la antigua polémica entre los de dentro y los de fuera: aquí quedaremos (o quedarán) dos o tres mientras el resto permanecerá lejos; en especial los jóvenes, destinatarios naturales de esos planes truncados. La fuga de cerebros (un decir) ya ha empezado. No sé, ya decía, lo que durarán iniciativas, en parte cercenadas, como la de las Aulas Literarias, que proporcionaba a los alumnos de secundaria y bachillerato la posibilidad de acercarse, en más de un sentido, a las obras de los escritores vivos más importantes del país, allí donde nunca llegan los programas de estudio.
Lo peor es que a falta de otras potencialidades, carentes de otros recursos, la imagen de Extremadura, su cualidad de marca, ganó prestigio y fundamento gracias al desarrollo cultural conseguido estos años atrás. Por sus escritores, por sus pintores, por sus músicos. Ya no éramos, ay, “los indios de la nación”.
Como cualquier optimista informado, no creo que estemos en 2020 a punto de inaugurar otro periodo tan trascendente como el que vivimos en torno al fin de siglo. O sí. Como diría la polaca Marta E. Cichocka, “el futuro todavía es futuro”. 
Álvaro Valverde




7.9.12

encontrArte


Serra, adiós

Le cedo la palabra a Antón Castro. También lamento que se nos haya ido este raro de nuestra literatura.

Lo que queda

Tereixa Constenla recuerda que en 1943, Juan Ramón Jiménez escribe a Luis Cernuda desde Washington donde le anuncia que ha escrito 115 páginas de un poema nuevo que no tiene asunto. “Creo que en la escritura poética, como en la pintura o en la música, el asunto es la retórica, ‘lo que queda’, la poesía. Mi ilusión ha sido ser más cada vez el poeta de ‘lo que queda’, hasta llegar un día a no escribir”.