7.6.14

La poesía de Angelís

Dimitris Angelís (Atenas, 1973) publica por primera vez en España una breve antología de poemas en Valparaíso Ediciones bajo el título Aniversario.
La traducción (excelente), el prólogo (aquí necesario) y las notas son obra de Virginia López Recio, profesora en Atenas.
Debe ser complicado ser poeta en Grecia. Por el peso de la tradición, digo. Puede que los españoles estemos en la mejor posición para comprenderlo. No en vano tenemos, como ellos, demasiados versos a nuestras espaldas.
Angelís no se arredra y nos ofrece una poesía intensa de marcado carácter épico donde no faltan referencias al mundo clásico griego, a su historia, a sus obras y, sobre todo, a sus mitos. Así, en "Regreso" el protagonista vuelve a ser el héroe Odiseo (Ulises) pero en diálogo con la guerra civil griega, el exilio, la Guerra Fría, la Dictadura o el problema palestino. Porque, nos explica López Recio por boca de Angelís, "Para escribir poesía verdadera, poesía que resista al tiempo, no puedes hablar del mundo actual o tampoco de tus sentimientos personales sin un mito poderoso y mediador que cree la distancia necesaria de tu tema".
"El bandido noble" recrea, en lo histórico también, la particular Semana Santa del guerrillero Velujiotis.
"El caballero y la muerte", acaso la parte más emotiva, evoca el suicidio de un amigo de Angelís, el poeta Ilías Layos, un quijote.
"Aniversario" también está compuesta por poemas dedicados a distintos amigos suyos con la muerte al fondo.
Por fin, "1989", poema extenso que cierra el volumen y en cuya traducción participó Pedro Mateo, está inspirado, según López Recio, en otro poeta, Yannis Ritsos, y en "la conmoción que sufrió al enterarse de la caída del Muro de Berlín".
Como diría Pablo Guerrero, en poesía, cuando la hay, todo es "asombro y maravilla". No encuentro mejor manera de explicar lo que uno ha encontrado al leer estos versos tan nuevos como antiguos, tan cercanos como lejanos. Palabras, sí, del incesante misterio.
Para muestra, el poema "La oculta pesadilla de Telémaco", publicado previamente en la revista Cuaderno Ático):
Y siempre, siempre sufrirás en los aposentos el olor indeleble
     de los pretendientes,
en sus fiestas privadas participarás en recitales de insulsos
     poemas, oirás
juramentos de fe que sabes sin embargo que pronto serán olvidados

ad gloriam. Tú —susurrabas— a otras cosas
estabas destinado.
Puesto que el polvo implacable lo cubrirá todo:
las discotecas que frecuentabas, las salas de billar, las escaleras de mármol
     de las interminables confesiones amorosas, en sus ruinas
serán descubiertos mañana aquellos nombres reprimidos que te
                                                               [comprometen,
     y tú
con rotas esperanzas te preguntarás, midiendo las distancias,
     cómo sobreviviste,
sacarás de los cajones cartas amarillentas, romperás promesas
     incumplidas y viejos resguardos de billetes,
planeando de nuevo y a prisa episodios de tu vida

ad gloriam.
En los funerales de tus amigos con amargura notarás
que ya no son escuchadas tus oraciones.

6.6.14

Homenaje a Gómez de la Rúa

Ayer vi por casualidad un reportaje de la cadena local de televisión Vía Plata sobre el descubrimiento de una placa que la ciudad de Plasencia ha dedicado, con toda justicia, al maestro republicano Guillermo Gómez de la Rúa, seguidor de la Institución Libre de Enseñanza y participante en las Misiones Pedagógicas, del que el historiador local José Antonio Sánchez de la Calle nos cuenta que "pertenecía a Izquierda Republicana y a la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza de la Provincia, organización afín a la UGT, de la que fue vicepresidente y vocal primero. También  fue concejal en el ayuntamiento placentino y colaboró con la Asociación 'Amigos de la Escuela y el Niño'. Era considerado por los responsables de Orden Público del Gobierno Civil, en 1937, como un 'conductor de masas', y fue destituido y depurado en noviembre de 1936". 
La placa ha sido colocada en la fachada del colegio que dirigió hasta que fue depurado y expulsado de la carrera, el "Ramón y Cajal", que bajo su dirección (de octubre de 1934 a noviembre de 1936), "recibió la denominación oficial de Escuelas Graduadas número 1 'Santiago Ramón y Cajal' (el 10 de diciembre de 1934)", como precisa el mencionado Sánchez de la Calle. Un edificio que él salvó de la ruina al que estaba condenado en aquellos años de guerra en los que se usó como hospital para las tropas marroquíes.
Por cierto, esa marcha forzosa de la educación nos permitió ganar un librero, ya que fundó la desaparecida Cervantes con Antonio Calle.
En el acto intervino la directora del centro, Marci Prieto, su hijo Guillermo (velado personaje de una de mis novelas), su nieta Nuria y el alcalde de Plasencia, Fernando Pizarro, antiguo alumno de ese colegio y docente en excedencia. 
Me gustó el riguroso discurso de Prieto (las ideas de G. de la Rúa siguen vigentes y en lo relativo a la alimentación de los niños de plena y triste actualidad), las emocionadas y escasas palabras de sus familia y, en fin, las de Pizarro, contento porque la desidia municipal (socialista, subrayo) le haya permitido precisamente a él (que mencionó en su breve discurso "el golpe de Estado del 36", algo inusual en un miembro del PP) ser uno de los protagonistas del homenaje. 
En el Día del Medio Ambiente (una de las primeras peticiones del director de las Escuelas Graduadas al ayuntamiento placentino de entonces fue un huerto para los niños) recordó que don Guillermo decía que los maestros eran como "la lluvia", tan necesaria para fecundar los campos. 
Se refirió a los docentes placentinos que ya tienen calle dedicada (como él, ahora, la Avenida de la Salle) y, entre otras cosas, afirmó que es "de pueblos inteligentes y generosos homenajear a sus maestros". Por suerte, es el caso. Me alegro.



5.6.14

Mediterránea

Ignacio Cartagena (Alicante, 1977) ya ha publicado cinco libros de poesía de los cuales no he leído ninguno. Ni siquiera me sonaba su nombre. Por la nota de solapa de su sexta obra, Urnas, ánforas, vasijas. Variaciones eróticas de un día de playa (Pigmalión/Sial), sé que es diplomático de carrera y que está destinado en Ginebra. 
Busco en internet y encuentro unas palabras sobre su poesía pronunciadas hace un año por Eduardo Moga en la mismísima sede de Naciones Unidas en Ginebra: "Hay un rasgo de su poesía que ejerce con finura: el erotismo. Su escritura es clara, sin oscuridades, con un erotismo intenso y culto". Y añade: "Ignacio tiene el sentido del humor que a mí me falta pero que me gusta leer en otros autores. Parece que ha escrito sus versos sonriendo, pero eso no le quita profundidad." Lo traigo a colación porque, más allá de la sensata información que proporcionan, a tenor del subtitulo del volumen, Cartagena vuelve en esta nueva entrega por sus fueros. 
Antes de entrar en materia, me gustaría confesar que me resulta muy difícil resistirme a leer un libro que viene presentado por Vicente Valero. No se prodiga el ibicenco en ese quehacer. Al contrario. Esta vez, además, y sin dejar de quejarme por esta moda del prologuismo que nos invade, sus palabras son pertinentes. "En los versos de Ignacio Cartagena la poesía está presente como afirmación y promesa perdurable", afirma. En verdad este libro "celebra la amistad de los cuerpos y el sol, la claridad de los días amoroso cerca del mar". Un asunto, por cierto, que Valero conoce bien. Porque vive bajo una luz semejante. Mediterránea. En medio de parecidos "paisajes del placer". En playas de arenas casi idénticas. "Si tuviera que resumir aún más, yo diría que estos versos luminosos nos hablan con sencillez y naturalidad de aquellos momentos en los que la vida decide ponerse de nuestra parte." Poco más cabe añadir. Es lo que tienen los dichosos prólogos. Los oportunos e inteligentes, quiero decir. 
A punto de comenzar el verano, ese tiempo proclive a la felicidad, nada mejor que adentrarse con Cartagena en esta alegre jornada particular dividida en "Amanecer", "Mañana", "Mediodía", "Sobremesa en seis intentos" y "Atardecer".
Abre el libro una elocuente cita de Cioran, del Cuaderno de Talamanca (escrito, por cierto, en Ibiza entre julio y agosto de 1966): "He venido hasta aquí por el sol, y yo no puedo soportar el sol. Todo el mundo está moreno, pero yo seguiré blanco, pálido. Mientras me entregaba a toda suerte de reflexiones amargas, contemplaba los pinos, las rocas, las olas visitadas por la luna, y de repente me di cuenta de hasta qué punto estaba yo ligado a este hermoso y maldito universo." (según la traducción de Manuel Arranz).
Los versos que describen ese día se adaptan al espacio que habitan. Destilan sensualidad, elegancia. Son formas del saber vivir. Frutos maduros de una cultura solar que nos alumbra desde hace más de dos mil años. Pero no hay ecos aquí, sino un voz clara y ligeramente perfumada, como las noches de las islas, que lo mismo evoca la fresca sombra de un emparrado que un baño en el mar. Y a la higuera, el limón, la mandarina...
Lee uno "El rentista", un poema que me parece paradigmático, y se dice: basta y sobra, esto es poesía. 

Una lectura en Madrid

El homenaje a Octavio Paz: Palabras que son flores que son frutos que son actos. Poetas mexicanos y españoles leen a Octavio Paztendrá lugar mañana viernes, día 6, a las 20:00 horas en el Pabellón de actividades (carpa B) de la Feria del Libro de Madrid. 
En el Parque del Retiro hemos sido convocados por Aurelio Major (que también participa): María Baranda, Tulio Demicheli, Jordi Doce, José Luis Gómez Toré, Ana Gorría, Antonio Lucas, Tedi López Mills, Eduardo Moga, Julia Piera, Esther Ramón, Juan Soros y Jorge Valdés Díaz-Vélez.

4.6.14

Lecturas de verano

Uno ha sido, sobre todo, un lector del invierno. Cuando llega este tiempo, flaqueo. Al menos para ciertas lecturas. Las poesía no me cansan nunca. Por eso voy apartando algunos libros para las vacaciones; por suerte, ya inminentes. Dos traigo hoy aquí. 
El primero, El escritor en su paraíso, que lleva por subtítulo Treinta grandes autores que fueron bibliotecarios (Periférica), de Ángel Esteban, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Granada (con prólogo de Vargas Llosa: "Siempre he dicho que lo más importante que me ha pasado en la vida ha sido aprender a leer, y creo que no hay ni una pizca de exageración en esa frase.") 
Pasan por ahí, entre otros, Lewis Carroll, Borges, Casanova, Reinaldo Arenas, Goethe, Gloria Fuertes, Marcel Proust o Stephen King.


El segundo, Baroja y España. Un amor imposible (Fórcola), de Francisco Fuster, que se pone a la venta el próxima día 11 de junio y se trata de una obra donde el especialista en la Edad de Plata ensaya sobre El árbol de la ciencia y la crisis de fin de siglo. 
En una carta reciente me decía: "La llamada 'generación del 98' está hecha de una montaña de tópicos (empezando por el propio marbete que le da nombre) que algunos investigadores -jóvenes y no tanto- estamos intentando desactivar, poco a poco. Mi ensayo va un poco en esa línea: sin pretender descubrir América, sí intento explicar -con el ejemplo de ese libro, pero serviría para otros muchos- que, en ocasiones, las novelas son mejor fuente para entender la historia que las otras fuentes -teóricamente más 'objetivas'- que usan los historiadores". 
Esa novela se me atravesó en COU, le comenté por mi parte. Me pareció muy densa. Eso sí, fue una de las lecturas obligatorias del curso, el 75/76, en el que me convertí definitivamente en lector. Por eso la recuerdo con tanto cariño. A ella, a Baroja y a mi profesor, el inolvidable Gerardo Rovira. 

3.6.14

Tres siltolianos

Vuelve a cobrar una intensa velocidad de crucero la colección Tierra de poesía (La Isla de Siltolá) y uno se fija, entre otros, en tres libros de autores muy diversos, ejemplo de una pluralidad digna de elogio. 

A Rodrigo Olay (Noreña, 1989) le dimos la bienvenida aquí cuando publicó su ópera prima, Cerrar los ojos para verte. Vuelve ahora con La víspera que es el título del excelente primer poema (y del último) de su segunda entrega.
Leía uno hace poco que se había premiado un libro por la ambición del autor al escribirlo. Cree uno, sin embargo, que en literatura, y más en poesía, lo que cuentan son los resultados y no las motivaciones, por elevadas que éstas sean. Lo traigo a colación porque me da la impresión que si por algo se caracteriza la poesía de Olay es por todo lo contrario y que, he ahí la paradoja, sin entrar en inútiles comparaciones, es eso lo que la hace merecedora de tal nombre. "El programa es sencillo / y a la vez exigente", leemos en "Poética. Por lo demás, el asturiano insiste en claves de su obra anterior y sigue demostrando que es ante todo un lector, por mucho que eso lastre a veces sus logros, por exceso de débito diría. O, para explicarlo de otro modo, por franco abuso de literatura. Nada malo, preciso. Que el poeta establezca un diálogo con lo que lee, me parece de todo punto pertinente, y hasta necesario. Se le llame o no culturalista. Se impone, con todo, la voz propia y esta es limpia, directa, clara. Es fácil adentrarse en su mundo. No cuesta nada hacerlo. Sí, estos versos son habitables, a pesar de que lo autobiográfico prevalezca. "Escribir / porque vamos a morir / pero pudimos amar", escribe en "Beat Generation", dedicado a otro poeta cercano, José Luis Sevillano.
Escrupuloso con la métrica (un poema se titula "Endecasílabos"; otro, "Alejandrinos"), insiste, como en el libro anterior, en el soneto. También publica algunos haikus. 
Predominan los poemas de amor (nunca o casi nunca correspondido), los que evocan recuerdos (de infancia y primera juventud -estudiantiles, digamos, o de campus-, aunque anticipe al padre futuro: "Palabras a la hija que un día tendré"). Inserta un relato, "Es la última noche de Alexánder  Aliojin". En "R. V." hace uso del asturiano. 
No le falta gracia a la poesía de Olay, y no me refiero a la acepción humorística de la palabra. Intuye uno que el tercero será, cómo no, otro libro, por más que su voz permanezca. 

Lo recuerdo bien. Causó cierto revuelo, hasta donde eso es posible en poesía, la aparición del primer libro de Carlos Martínez Aguirre (Madrid, 1974), La camarera del cine Doré y otros poemas (Hiperión, 1997). Después, silencio. El peregrino, que lo rompe por fin, agrupa poemas escritos entre 1998 y 2013. Sin falsas pretensiones, en eso se parece a Olay, nos entrega un puñado de versos donde lo cotidiano impera. Dedicados a familiares y amigos, evocan momentos dignos de ser recordados y no faltan en ellos constantes referencias a griegos y latinos, no en vano Aguirre es profesor de lenguas clásicas.
Poesía ajena al deslumbramiento, sí, pero iluminadora en más de un sentido. No se equivocaron quienes vieron en este hombre a un poeta. Poco importa si su producción ha sido exigua. Mejor, acaso. Hay tanto incontinente verbal...

Amando Carabias María nació (en 1962) y vive en Segovia. Los andamios de los pájaros es su cuarto libro. Tiene su base en la exposición pictórica titulada Tocar el humo, de Mariano Carabias. En la contemplación de esos cuadros y la "danza extraña" entre los rostros del presente y el "arquetipo" que representan, por decirlo con palabras del pintor.
Antes de entrar en materia, Carabias convoca a Machado y Rosales.
Sus poemas son largos, densos, discursivos. Su poesía, potente, inspirada, torrencial a ratos. Evoca un mundo antiguo y clásico. De personajes bíblicos (Noé, Moisés, el rey David), ciudadanos griegos y generales romanos, de guerreros medievales y de templarios. Al fondo, o detrás, hay una reflexión sobre nuestra humana condición: la vida de un hombre. "No soy Jasón, el argonauta, / no tendrá mi naufragio su epopeya..." "Si poseyera agallas de hombre..." "Estar es nuestro acierto, sólo estar."
En la parte final aparecen en escena su padre, su madre, sus hijas... Al leer los poemas dedicados a ellas, Ana y Miriam, recordaba uno, por analogía, lo que dicen de los médicos que han de curar a sus seres queridos: es difícil. Acertar a describir los sentimientos, digo.
"Vivir, la contraseña (Hombre sonriendo)" se titula el antepenúltimo poema del conjunto, para huir del pesimismo y la melancolía.
No falta la alusión al viaje, esa metáfora eterna: "Hay miradas que buscan infinitos, / voraces de horizontes, / hambrientas de paisajes y de límites..."

Abdicación (con Cercas)

"Aclaro que no soy monárquico. Pero aclaro también que, en mi opinión, ahora mismo el dilema real de este país no es el que obliga a elegir entre monarquía y república, sino el que obliga a elegir entre mejor o peor democracia. O dicho de otra manera: prefiero mil veces vivir en una monarquía como la sueca que en una república como la siria, y no veo qué parte del problema del paro, de la educación o de la sanidad resolveríamos sustituyendo por una república la monarquía.
Mucha gente de mi generación tiende a atribuir todos los males de nuestro presente a las carencias de la Transición; me parece una actitud hipócrita y comodona. No hay duda de que la Transición fue un apaño, pero hay que estar loco para no preferir mil veces ese apaño al ominoso conflicto civil que el mundo entero auguraba para nuestro país a la salida de la dictadura." Javier Cercas, "Sin el Rey no habría democracia". El País. 

2.6.14

Bonnefoy en Madrid

Uno, tonto que es, pobre poeta de provincias, cree que las cosas son como él las imagina. Por ejemplo, se entera por la prensa que viene a leer sus poemas a Madrid el poeta (y mucho más) Yves Bonnefoy, al que él sigue con admiración desde que era joven, uno de los mejores del siglo XX, aspirante eterno al Nobel, y piensa que eso es un acontecimiento. Así, tras resignarse a no ir (hace años, recuerda, hizo ese esfuerzo para ir a ver y a escuchar a Octavio Paz, a Valente...), da por hecho que los poetas madrileños, los jóvenes, sobre todo, tan pendientes de las novedades (que en poesía rara vez tienen que ver con lo último), y los que no lo son tanto (que alguna vez usaron una cita suya en uno de sus libros, al que mencionan como maestro en las entrevistas en cuanto se les presenta la ocasión...), acudirán en tropel a esa lectura. Y no. Uno que sí estuvo, amigo y poeta, me cuenta, para mi sorpresa y hasta mi desesperación, que había, además del presentador (y ejemplar traductor de su obra), Jesús Munárriz, no más de quince personas, autoridades aparte, de las que él conocía a seis (vates todos ellos, claro). ¡Qué decepción! Y, cómo no, qué ilustrativo. Las cosas son de este modo y no, ay, como algunos incautos las soñamos. ¡Poetas!

Emprendimiento

Luego dicen que los políticos no lavan el cerebro de nuestros niños. En clase, A., una alumna ejemplar de 5º curso, ha leído "emprendedor" donde decía "emperador".

1.6.14

De Nuno Júdice

Supongo que descubrí la poesía de Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Algarve, 1949) gracias a la antología Los nombres del mar (1985), de Ángel Campos Pámpano, donde, por cierto, encontré también a un puñado de poetas que no han dejado de acompañarme.
El orden de las cosas (Pre-Textos), en traducción del poeta Juan Carlos Reche, es una antología que reúne poemas suyos posteriores a 2000, cuando el portugués publicó Poesia Reunida (1967-2000). Da cuenta de sus últimos diez libros. Sí, estamos ante un autor prolífico. “Me obligo a escribir todos los días, como un oficinista”, fue el titular de una entrevista que concedió en 2013 al diario El País.
Su poesía, nada oficinesca o previsible, se apoya en algunos puntales básicos: la reflexión sobre la propia escritura (variaciones sobre poética que tienen su culmen en el texto final: "El poema en el mundo"), el amor (y la mujer: "Me gustan las mujeres de provincia"), el paso del tiempo (la memoria es una de sus claves) y en esta última etapa se incorporan poemas, digamos, históricos que aportan todavía más enjundia a su ya de por sí vigorosa obra.
Acabo de mencionar que una de las constantes de la poesía judiciana es la metapoesía, esto es, el discurso sobre el hecho de escribir poesía. Podemos entresacar versos donde alude a su manera de entenderla. Por ejemplo cuando dice: "Escribir el / poema, entonces, es/ decir lo esencial". O: "Así, si quiero hablar / de asuntos concretos, de lo cotidiano, de la vida que / pasa ante las palabras, la música transfigura cada / una de esas cosas, logrando que el poema se separe / de mi propósito."  O: "Entre las cosas viejas busco / lo nuevo" ("Una poética en la buhardilla"). En "Guía de conceptos básicos" leemos: "Use el poema para elaborar una estrategia / de supervivencia en el mapa de su vida."
En el señalado texto final alude a un recuerdo de infancia, de su casa, donde un pasillo separaba, de extremo a extremo, los libros y un espejo. De ahí que, para él, la poesía sea "un espacio de travesía".
No es la única vertiente destacable de esta escritura. "Construyo una metafísica de la naturaleza", escribe. Da gusto leer los versos que dedica, también se citó, al amor y a la mujer, en poemas como "Y tú, Helena", "Retrato de mujer a la luz de la tarde" o "Imagen en el espejo".
Portugal y los portugueses son otra referencia ineludible. "En pos de Unamuno" es buena muestra.
Las versiones de Reche me han sonado estupendamente y la obra me ratifica en la opinión de que Júdice es uno de los mejores poetas de nuestra modernidad; uno de los grandes, por decirlo de otro modo. Por suerte, su obra está bien representada en nuestra lengua, algo que se afianzó con la concesión del Premio Reina Sofía en su edición de 2013 (con ese motivo vio la luz otra antología, que no conozco, a cargo de Pedro Serra, editada por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional) y, cómo no, con la presencia en nuestras librerías de este hermoso libro de título inmejorable. Me atrevería a recomendar que, si no lo ha hecho aún, empezara a leer la poesía de Júdice por aquí. 
Destaca el traductor unas palabras del poeta portugués (que uno no puede hacer suyas), perfectas, según creo, para concluir esta breve nota de lectura: "Veo mi poesía como un largo poema que comenzara a mediados de los sesenta y que aún no ha acabado. Con respecto a los cambios, no hay nada peor que pretender cambiar". 

31.5.14

Balcells & Wylie

Ya sabemos, entre otros medios, por El País, que Carmen Balcells y Andrew Wylie se han unido para formar la agencia literaria internacional Balcells & Wylie, la más poderosa, suponemos, del mundo mundial, que tendrá su sede en Barcelona, Londres y Nueva York, con una cartera de un millar de escritores, entre ellos, 13 premios Nobel.
Carles Geli y Winston M. Sabogal nos han explicado la "jugada maestra" que esa estrategia encubre. Manguel disiente.
He curioseado por curiosear -carezco de tan altas aspiraciones- y no me ha extrañado comprobar que el primer cliente de la lista de Wylie es King Abdullah II, es decir, el rey Abdullah II de Jordania. ¿Alguna duda?

30.5.14

Las lecturas de García Martín

Lecturas buenas y malas. Libros que conviene o no conviene perderse (Renacimiento), de José Luis García Martín, no sé qué número hace en la amplia bibliografía del profesor, crítico, traductor, poeta y puede que inventor del selfie. Uno ya ha perdido la cuenta. Lo que sí ocurre en los últimos tiempos es que sus nuevas entregas no lo son tanto; salvo en poesía, reúnen textos publicados con anterioridad. En lo que a la crítica se refiere, esto no es una novedad pues no son pocos los libros que ha editado con recopilaciones de reseñas y artículos que habían aparecido en revistas, suplementos o periódicos. Las que aparecen aquí las hemos venido leyendo, entre otros lugares, en su blog Crisis de papel, uno de los dos que mantiene.
"Criticar por criticar" abre el volumen, un conjunto de aforismos, a los que tan aficionado es, donde, a modo de prólogo, ajusta las cuentas con poetas, críticos y demás familia lírica. "Nadie verdaderamente inteligente se dedica a la crítica", dice el segundo. La provocación es marca de la casa, sí, como lo es su juego con las paradojas, otro de sus deportes literarios favoritos.
"Gente, historias, literatura" agrupa reseñas sobre autores, digamos, clásicos: de Baroja a Borges, de Juan Ramón a Cernuda, con calas en Carmen Laforet, Elena Garro o Enma Penella. Termina con un interesante acercamiento, sin contemplaciones, a la vida y obra de José María Álvarez, ese misterio cartageneroparisino (no sé si clásico o no).
"La crítica asnal y otras críticas" nos devuelve al fiero polemista sin pelos en la lengua, alguien nada diplomático al que le encanta llevar la contraria, un hombre amado y odiado no sé si a partes iguales. Allí, el feminismo, los premios, las mafias...
"Prosas de diario" alude a ese género, el diarístico, del que es arte y parte, un adelantado a esa moda en España. Allí, H. Barrero, Iñaki Uriarte, J. Á. Valente, Trapiello, Malpartida, Freixas...
En "Charlas de café" regresa el tertuliano (de Oliver, por ejemplo), el inventor de conversaciones apócrifas donde preguntas y respuestas suelen ser obra suya y no de los personajes que se sientan a la mesa. Muchos son los convocados y muy sabrosos los comentarios que sobre ellos (su existencia, sus libros) desgrana.
"El arte de editar", que él conoce bien, sirve para poner en su sitio a editores de obras ajenas, poco importa que se llamen Francisco Rico, Fernando Savater o Jerónimo Pizarro.
"Otras gentes, otras historias" es un viaje a libros y autores más exóticos, digamos. Escritores nórdicos, rusos, alemanes, ingleses... Hamsun, Wilde, Hellen, Norwich (y otra obsesión: Venecia), Malaparte...
En "Algo de poesía" reconocemos al JLGM más genuino: el crítico de libros de poemas. Con su particular canon a cuestas, su personal jerarquía: Miguel D'Ors, Luis Alberto de Cuenca, Jon Juaristi, Eloy Sánchez Rosillo, Andrés Trapiello, Luis García Montero, Felipe Bénitez Reyes... Y con sus fobias líricas (siquiera a ratos): Gamoneda, la última etapa de Gimferrer y de Caballero Bonald...
"José Luis García Martín dice lo que nadie dice e incluso en algún caso lo que nadie debería decir", leemos en la contracubierta de este libro sobre libros, algo que a estas alturas de la fiesta casi nadie desconoce.
"Desde 1975" debería colocar Martín al frente de sus entregas, como si de un restaurante, una tienda o un ultramarino se tratase, pues desde entonces realiza, de forma regular y concienzuda, crítica literaria. No es poco. 

29.5.14

Heterodoxias

“Una de las heterodoxias del mundo moderno, desde hace dos siglos, ha sido la poesía. La poesía y el arte sucesivamente expulsados y, después, hipócritamente consagrados por los poderes sociales. 
Otra de las transgresiones de las sociedades modernas ha sido el amor. Ambos, amor y poesía son experiencias no productivas, son antiproductivas, y han sido y son negaciones del mundo moderno”. 
Lo dijo Octavio Paz en una conferencia que pronunció en el Colegio de México el 18 de marzo de 1975. 

28.5.14

El segundo mundo de Ferrer Lerín

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) publica en Jekyll & Jill Mansa chatarra. La preciosa edición corre a cargo del profesor y poeta valenciano José L. Falcó y reúne prosas que el autor catalán ha venido publicando en algunos de sus libros (La hora oval, Cónsul, El bestiario de Ferrer Lerín, Papur, Fámulo, Gingival y Hiela sangre), así como en el blog.
Dije prosas y debería haber dicho textos, una palabra más ambigua pero aquí más pertinente pues se recogen narraciones como tal, sí, mas también poemas en prosa, microrrelatos y poemas a secas. A decir verdad, la distinción por géneros y Ferrer Lerín son incompatibles. Por suerte, en eso no es el único.
Entre el sueño y la ensoñación, en torno a lo onírico, giran estos pequeños planetas literarios, tan fronterizos y galácticos como su autor. 
Prima, que quede claro, el lenguaje y al decir esto creo que se me entiende: la trama, por etérea o ligera o soñada, está al servicio de la escritura y son las palabras las que mandan. Porque la materia es frágil: los sueños, FL procede echando mano de una manera de escribir, se diría, automática (por recuperar la nomenclatura vanguardista), irracional incluso (por lo mismo), algo lógico si queremos expresar lo que sucede cuando se sueña. Sin que ello quiera decir, claro, que vaya a tontas y a locas, algo impropio en un tipo que se conduce tan bien. "¿Desde qué plano de la existencia estoy escribiendo?", se pregunta. Y en otro momento: "Ferrer Lerín cree que sueña."
Todo aquí es inquietante. Alrededor, monstruos, bestias (algo inherente al imaginario leriniano). También personajes extraños. Para lograr ese clima hay una especie de deliberada confusión espacio-temporal y un aire histórico (muy siglo diecinueve).
Es fácil evocar, si nos referimos al conjunto, a Borges. Y por varios motivos que no hace falta explicar aquí.
Tampoco falta el humor. Sutil. Así, en "Tradiciones", "Ciento ochenta" o "Cigomar" (donde se convierte en negro). 
El estilo derrocha elegancia a raudales; en "Brillo", por ejemplo.
Me han gustado especialmente "La heredad", "Comiaces", "Mancha chatarra" (paradigmático), "Avellanas", "Palingenesia", "La casa" (que empieza: "Regresé a los treinta años de mi muerte.")
Al final de "El muro" leemos: "Y no era yo". A esa extrañeza, a ese desdoblamiento (de nuevo lo borgeano), responden estos textos que autor y editor han hecho muy bien en rescatar. Para sus incondicionales (estamos, ya se sabe, ante un autor de culto) y, pongo por caso, para lectores lentos o atrasados (y con lagunas) como uno, no por eso menos adicto al mundo leriniano. 

27.5.14

Crítica y lectura

Nave de Machado Libros / CARLOS ROSILLO
Roger Chartier (Lyon, 1945) ha dicho que “La crítica debe ser un juicio de presentación que dé conocimiento de lo que está en la obra. Más que adjetivar y coger el camino fácil, o decir que algo es malo o bueno, con juicios rotundos que pueden resultar más divertidos, se trata de dar elementos de juicio al lector y bases para que comprenda la obra y aprenda a valorarla por sí mismo. Es la manera útil de prescribir. También, hacer visible lo que no es tan visible, por ejemplo libros en otros idiomas o de otros países. Es una contradicción del mundo global donde se tiende dar más voz a lo que ya lo tiene y se descuida lo que no lo tiene, cuando esto puede abrir nuevas vías de conocimiento”. Ha sido tras su paso por la Casa del Lector. Allí ha impartido el curso Creación, edición y lectura: presente y pasado. Lo cuenta el periodista W. Manrique Sabogal en su sabroso reportaje "Hacia una revolución de la lectura" (El País).