4.7.14

Jóvenes Poetas Placentinos

En Plasencia, esta noche, a las diez y media, tendrá lugar un recital de jóvenes poetas placentinos  en la librería-café La Puerta de Tannhäuser, ese centro de animación cultural que tanto está aportando a esta envejecida y rancia ciudad.
Componen el cartel lírico Iván Sánchez (promotor del invento), Francisco Fuentes, Carolina Gil Ávila, David González, Álvaro García (que debería usar su segundo apellido para evitar confusiones con el poeta malagueño del que acabo de comprar su último libro, Ser sin sitio) y Alberto José Iglesias. Nacidos entre 1980 y 1996, todos son, ya se dijo, de aquí.
No, si lo de la plaga va ser verdad. ¡Suerte!

3.7.14

Cambios en Tusquets

El País /CONSUELO BAUTISTA
La noticia es que Beatriz de Moura deja Tusquets Editores 45 años después y que se nombra director editorial a Juan Cerezo, que lleva 21 en esa casa. Me parece natural. Que una mujer de su edad pase a realizar otras labores menos exigentes, pero también importantes, en su nueva condición de presidenta de honor y responsable de “un fondo de apoyo a los autores” que llevará el nombre de Antonio López Lamadrid, el que fuera su compañero durante tantos años en el trabajo y en la vida, y que le suceda en esas tareas un hombre todavía joven, capaz de mantener, en estos momentos de tribulación, la nave a flote y, más allá, en el firme rumbo que ha seguido a lo largo de estas últimas décadas. Una editorial ejemplar que nació independiente y que ahora navega, me da que en la misma línea de siempre, vinculada al Grupo Planeta. En todo caso, a su catálogo remito, pues sólo ahí se justifica el ser o no ser de una editorial importante. Y esta, sin duda, lo es.
Uno es, desde hace (casi) cuatro libros y (casi) veinte años un autor de Tusquets. Uno entre tantos, cabe precisar. De su colección de poesía, Nuevos Textos Sagrados, joya de la corona de una editorial que se distingue por la narrativa, género que agrupa obras de algunos de nuestros mejores escritores: de Landero a Bayal y de Aramburu a Grandes, por citar sólo españoles. Resultó significativo que para celebrar su 30 aniversario organizaran una lectura de versos.
Aunque haya publicado otros libros con otros generosos editores, incluso de poesía (lo que demuestra el talante de ese sello), uno se siente, sí, muy de Tusquets. 
Ya he contado alguna vez cómo llegó uno allí. Conocí a Beatriz de Moura y a Antoni Marí -director de NTS- en Madrid, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde me invitaron a presentar el segundo libro de la colección de poesía, Al dios del lugar, de José Ángel Valente. Después, tras la cena y las copas (nunca olvidaré lo bien que bailaron aquella noche De Moura y Marí), ella me invitó amablemente a enviarles algo. En la carta que acompañaba el original de Ensayando círculos le decía que ese ofrecimiento me había parecido el de alguien que tiene un bar y te invita, acaso por mero compromiso, a tomar algo. Uno pasaba por allí y... Sí, a pesar de mi sobriedad, estuve dispuesto a abusar de esa confianza. El azar, cómo no, quiso que ese libro se cruzara con la intención de abrir la colección a gente más joven (uno tenía 35 años entonces) y lo demás ya vino rodado. Está uno muy orgulloso de haber abierto esa vía que han continuado no pocos miembros de mi ilustre generación. Y ahí seguimos, con la paciencia debida, a punto de ver Más allá, Tánger en una de las ediciones de poesía más esmeradas y bonitas del panorama; la mejor, según mi amigo Zoki. De ello tiene en parte la culpa Juan Cerezo, al que llevo tratando desde hace muchos años y que ha cuidado, como editor de a pie, digamos, algunos de mis libros. Como en otros casos hicieron, con admirable profesionalidad (que es marca de la casa) Christina Sánchez y Josep Maria Ventosa.
Deseo a Beatriz y a Juan lo mejor. A ellos y a todos cuantos hacen posible que Tusquets Editores exista y que, además, lo haga con sobrada solvencia. De esa trayectoria insólita y cabal nos sentimos orgullosos muchos miles de lectores de este país. Que la fiesta, en fin, continúe. 

D'Ors al Vaticano

© Carlota Lobo
Ayer, día de su 51 cumpleaños, se hizo público el nombramiento del sacerdote y escritor Pablo D'Ors como consejero del Pontificio Consejo de Cultura del Vaticano. Como informa El Mundo, "El Consejo Pontificio de la Cultura (en latín Pontificium Consilium de Cultura) es un dicasterio de la Curia Romana, creado por Juan Pablo II el 20 de mayo de 1982 y hace las funciones del Ministerio de Cultura del Estado de la Ciudad del Vaticano".  
Benedicto XVI nombró en 2007 presidente al cardenal Gianfranco Ravasi. 
La sorpresa de Pablo es comprensible. En una carta que ha enviado a sus amigos comenta que está "abrumado" por el reconocimiento que esto supone, más, como él dice, si tenemos en cuenta su trayectoria eclesiástica, ajena a otra cosa que no haya sido su tarea pastoral. También se confiesa "expectante" por los cambios que eso podrá comportar en su vida. 
Ojalá sea para bien, que lo será. Quienes admiramos al narrador (y al pensador) sabemos que en esa nueva tarea lo hará tan bien como en las otras que hasta ahora ha llevado a cabo. ¡Enhorabuena! 

2.7.14

El tono Júdice

Hace un mes traíamos a este rincón una admirable antología del poeta Nuno Júdice (Mexilhoeria Grande, 1949) en la que ya encontrábamos algunos poemas del libro que comentamos hoy, el último de los publicados por el portugués: Navegación sin rumbo (Navegação de acaso). 
En esta ocasión el traductor es el poeta, residente en Lisboa, Luis María Marina y ve la luz en la Editora Regional de Extremadura, dentro de la línea Letras Portuguesas (que vuelve de nuevo a la vida) y en la renovada colección de Poesía
"Palabras húmedas como labios" es el título del prefacio que Marina le dedica y, en su tono habitual (muy lírico y apasionado), el joven diplomático explica algunas características de la obra al tiempo que se confiesa consciente de unirse a una nómina de eminentes traductores que han vertido al español la poesía de uno de nuestros mejores poetas vivos, según creo. 
Antonio Sáez, lo recuerda Marina, se refirió en un memorable artículo de El País al "tono Júdice": "el inconfundible "tono Júdice", el del poeta sabio que desgrana con facilidad sorprendente los misterios de la existencia y de las palabras con la misma serenidad y armonía con que observa el cielo de su ciudad o imagina la vida de las gentes que caminan por sus calles." No se puede decir mejor. A ese tono, sí, se ajusta lo que leemos en este libro. Un nutrido conjunto de poemas ni extensos ni breves, de verso largo y maneras discursivas (o de la meditación), en los que Júdice sigue dando cuenta con maestría de sus pensamientos y sentimientos. Así en "Infancia", "La tierra prometida", "Una teoría de la realidad", "Estética de la monotonía", "Preparativos de viaje", "Geografía urbana", "Cuestiones ontológicas", "Devoción", "Trabajo doméstico", "Restos", "Fecundación" o "Reflexiones sobre un árbol que se secó", un auténtico paradigma de su forma de concebir el poema.  Esos u otros (que también ha subrayado uno), pues, ya digo, el libro es, en su unidad, magistral.
Por fin, ay, una obra digna del antiguo catálogo que la acoge. Ojalá esté en su librería habitual.

1.7.14

Sabios de pueblo

"Y sobre todo, desconfíe de los que no saben reírse de sí mismos, poetas solemnes, profesores sin humor, profetas que solo saben aullar y discursear. Todos esos hombres son peligrosos", dijo Robert Frost a Octavio Paz en esa conversación que recordábamos aquí atrás. Éste evoca a Machado y le compara con el autor de "Abedules". Luego añade: "Sabios de pueblo; el americano en su cabaña, el español en su café de provincia. Machado también profesaba horror a lo solemne y tenía la misma gravedad sonriente."

30.6.14

Los montruos de Aguiló

Visor publica, con una ayuda del Institut d'Estudis Baleàrics, Monstruos y otros. Poesía reunida, de Josep Lluís Aguiló (Mallorca, 1967), en traducción del poeta, crítico literario y profesor Francisco Díaz de Castro.
Se reúnen poemas de los libros La Biblioteca secreta (2004), La Estación de las sombras (2004), Monstruos (2005) y Lunario (2008). Monstruos, por cierto, el que da título al conjunto, recibió el Premio Ciudad de Palma Joan Alcover en 2004 y el Premio de la Crítica en 2006. Lunario obtuvo el Premio de los Juegos Florales de Barcelona de 2008 y desde ese año y hasta el siguiente Aguiló fue nombrado Poeta de la Ciudad de Barcelona.
Antes de decir algo al respecto de la obra, me gustaría comentar que se alegra uno de que se traduzca al castellano a un poeta en catalán. Una costumbre, por desgracia, en desuso; salvo en un caso: el de Margarit. Al tiempo que expreso esta agradable sorpresa, confieso que me extraña que la edición no sea bilingüe, como acaso debiera. No da igual, pero ni es lo esencial ni le afecta a quienes estamos lejos de conocer como es debido la lengua de Vinyoli. Sobre todo porque Díaz de Castro ha realizado un trabajo magnífico y eso nos permite leer poemas, poco importa en qué lengua; esos que, como el propio Aguiló destaca, "me habría gustado saber escribir así". En castellano, claro.
Qué importantes son los primeros poemas de los libros. Acaso tanto como las primeras líneas de las novelas. "Abraham Cresques después de recibir el encargo del Atlas Catalán. Año 1374" marca el tono desde el principio y nos anuncia que estamos ante un poeta que sabe lo que hace. No es poco como presentación.
Los libros, nos avisa Aguiló, están "en un orden diferente al de su aparición en el mercado editorial". Más allá de ese guiño típicamente catalán, digamos, al pobre mercado lírico (supongo que natural en alguien que es empresario y director de marketing y publicidad), se da preponderancia a Monstruos, tal vez porque es su libro más significativo (véase el palmarés) y, ante todo, el que señala del mejor modo posible su poética. O el más original, no sé. Por algo se ha elegido para titular a la poesía reunida. El caso es que la idea, compartida acaso con el traductor, consigue dar al volumen una impronta distinta, algo que se comprueba después de leerlo por completo. Diremos para terminar este excurso que el resto de los libros sí conservan el orden cronológico.
En Monstruos encontramos a Caronte, Minotauro, Polifemo, Sibila, Orfeo, Medusa y algunos personajes mitológicos más. Son, diríamos, monstruos cultos y mediterráneos, aunque no falte alguno de otras latitudes como el goul o figuras folclóricas mallorquinas como María Engancha. Más adelante aparecen pirómanos, licántropos y vampiros. Y, cómo no, el Golem, que esta vez sueña un niño en Dachau.
Y más monstruos que a uno se le antojan muy humanos. Como el bucólico o el cartógrafo.
Pronto nos damos cuenta de ciertas reincidencias (que me resisto a denominar obsesiones). Así, temas como el viaje (y los mapas), la épica (descrita en poemas memorables, como los que abren y cierran la tercera parte de la obra, situados en la batalla de Balaclava, que enfrentó a rusos contra los aliados turcos, franceses y británicos durante la Guerra de Crimea) y un inevitable regusto irónico, cuando no directamente humorístico, que encontramos en poemas como "La casa encantada", "El monstruo descubre la mecánica cuántica" ("porque los monstruos tienen sentido del humor", leemos) o "El monstruo de la ginebra".
"El hombre contiene todos los monstruos perdidos", escribe Aguiló, que añade: "La naturaleza del hombre es lo diverso".
En La Biblioteca secreta seguimos descubriendo poemas espléndidos. Digo descubrir a propósito. El libro en general abunda en la aventura. Hay un delicioso aire aventurero que se mezcla a la perfección con ciertas vivencias infantiles y juveniles (de adolescencia en especial) que aportan frescura y pureza a muchos poemas. En el mejor sentido. Sin ñoñerías, vamos. (Léase, por ejemplo, "Waterloo".) Y eso vale para los piratas, los laberintos, los vaqueros y los tigres, algo que, ya que lo menciono, incide en lo borgeano, muy presente en los versos de Aguiló, que nombra incluso a Borges, un poeta fundamental de lo fantástico y lo imaginario, acaso la principal razón de ser de estos versos. Y muy relacionado con ello, su condición de isleño (mallorquín), de ahí su obsesión (ahora sí) por el mar ("Las normas de la mar") y los barcos, y por las idas y venidas de los hombres por sus procelosas aguas. Desde que el mundo es mundo y la poesía, poesía. Y el miedo cobró forma de monstruo.
Si unimos unas cosas y otras, no puedo por menos que recordar la poesía de uno de sus paisanos, que a uno se le antoja en parecidas órbitas. Me refiero al menorquín Ponç Pons, autor de Pessoanes, del que, por cierto, tenemos antología en español gracias a la mallorquina Calima.
También encontramos poemas -Borges de nuevo, o Cavafis- donde lo histórico irrumpe con toda su fuerza (ya se mencionó la épica). Un historicismo que casa bien con otro ismo: el culturalismo. Y con ese estilo propio de navegantes, cartógrafos y exploradores que subrayé antes. En "Caravanas" leemos: "Todos los lugares son el mismo", un lema del que a uno le gustaría apropiarse.
Plural y versátil, aquí hallamos poemas hondos, como "Paralelismos" o "Elegía a Gabriel Galmés", junto a otros divertidos, como "Adán, Eva" o "Novelas".
La Estación de las sombras sigue una estela parecida. Cuando hay voz y mundo propios, lo normal. Como en el libro anterior, se abre con un poema precioso que lleva el mismo título de la obra. En "Tarde en la biblioteca" leemos: "Yo soy el afortunado que habla con libros". Y en "Poema de Navidad" hace un elogio de los lugares comunes y de las frases hechas. En "El desván" vuelve la infancia y el cierre es perfecto con "Cursos de supervivencia".
Lunario, en fin, nos lleva a los naufragios, otra constante, metáfora de la vida (en "Los arrecifes del infinito") y vuelve a darnos un poema paradigmático (que uno lee pensando en Buzzati y Cavafis), "Los guardianes de la frontera": "Nosotros somos las murallas del reino, / vuestros molestos bárbaros necesarios").Y más poemas memorables como "Plegaria", "Los parásitos del laberinto" (qué bien titula este hombre), "Los justos", "Estática" (y la muerte), "Tres Packards", "El contrabando" (la aventura de nuevo)...
"Sólo esto: ponemos un nombre a cada cosa. / Esto es lo que hacemos desde que comenzamos.", dice en "El nombre de las cosas". Antes, en "Cerillas", de su primer libro publicado, escribió: "Quise escribir sobre la vida y la muerte / o sobre el recuerdo y el olvido". Así de sencillo. Y tan complejo. Con todo, Aguiló se lo pone fácil al lector. Con la ayuda inestimable, conviene resaltarlo, de Díaz de Castro.
Puede que el mayor elogio que uno pueda hacer de Monstruos y otros sea que estoy deseando volver a leerlo. Pueden creerme. 

29.6.14

Fin de curso

©Torre Lucía
Los alumnos y los maestros estábamos necesitando, sí, que esto terminara. Supongo que algunos padres tendrán otra opinión. Padres, matizo, y abuelos, a los que ahora les tocará más tarea. Uno se refiere a la escolar y ésta, ya digo, había llegado a su límite. 
Lo más significativo de este fin de curso, en mi caso, es la marcha definitiva de un grupo de chavales que me han acompañado, o yo a ellos, durante cinco cursos. Alguna vez pasaron por aquí. Los cogí en 1º, tras mi abrupta reincorporación al magisterio, y los suelto, es un decir, ahora, seis años después. Bueno, uno se queda.
Ya me advirtieron los compañeros que era un grupo de aúpa. Lo habían demostrado en sus tres años de Infantil. Como en aquel momento podía elegir, me animaron incluso a buscar otro destino más llevadero. No hice caso. Y no me arrepiento. He sido durante tres cursos su tutor y el doble, ya se dijo, su profesor de Lengua y de alguna asignatura más, como Ciudadanía (y ni por esas). No, no han cambiado. Genio y figura. Nunca me topé con tropa semejante. Y mira que ya son años en este noble oficio.
A su condición de habladores, ruidoso, inquietos, complicados, desobedientes y no sé cuántas cosas más, se une la de cariñosos, dicharacheros, divertidos, ocurrentes, listos y otro puñado de bondades que han hecho de mi trato con ellos, a modo de balance, un trabajo gustoso. Generalizo, sí. Cada persona es un mundo.
Saben que les voy a echar de menos. Los imborrables recuerdos de tantas mañanas y alguna fotografía de grupo (una de ellas, ante el jardín vertical, estará encima de mi mesa el próximo curso) los hará seguir presentes. Como el cuadro y la carta de Nacho. O la de Soraya. De ellos y de sus madres, preciso. Supongo que para recibir palabras así está uno en este ruinoso negocio. Gracias.
El último día de clase me rodearon y nos dimos un abrazo colectivo mientras botábamos y cantábamos el futbolístico oé. Era mi primera gansada en años. Para haberlo grabado. Como venían del recreo y estaban mojados, mi camisa se empapó de agua y de sudor. Me da, ay, que esa humana impregnación ya es para siempre.

28.6.14

Lamillar y la fotografía

Hace poco traíamos aquí un libro del mismo sello que éste, del portuense Ángel Mendoza. Se trata de la Colección DKW de Poesía  (Libros Canto y Cuento) y la obra que uno ha leído es Música de cámara, de Juan Lamillar (Sevilla, 1957), un poeta más reservado que secreto, pero miembro imprescindible de la Generación de los Ochenta o de los Poetas de la Democracia. 
La edición, al cuidado de otro poeta, el jerezano José Mateos, tiene una tirada de 150 ejemplares, lo que la hace aún más deseable, sobre todo para los bibliófilos. Uno, que no lo es, ha disfrutado con esta antología de poemas dedicados por el poeta sevillano a la fotografía. De ahí el juego de palabras del título. Y su subtítulo: (Poemas sobre fotografía, 1987–2013).
"La fotografía consiste en atrapar el propio asombro", dijo Lartigue, algo que puede aplicarse a la poesía. Los poetas también pretenden "expresar en unas líneas el asombro ante el mundo". "De ahí que, como ciertamente la fotografía -continúa-, la poesía sea una cuestión de mirada". Y de memoria, añadiríamos, por seguir a Valente. Lo dice el mismo Lamillar en un verso: "Siempre la foto es pasado".
Poesía y fotografía, como ha dicho Lamillar, buscan un mismo objetivo: "apresar el instante". De eso se trata.
Se seleccionan aquí, en riguroso orden cronológico, poemas de ocho libros, uno de ellos inédito, además de un puñado de poemas sin libro todavía. 
Uno destacaría "Un recuerdo del verano", "Rossini en la Chaussée-D'Antin", "Poeta ante el estanque" (dedicado a Romero Murube, del que el autor es especialista), "Ante una foto de Robert Walser", "La maga de lo extraño" o "La primera fotografía".
En la página web de la editorial se pueden leer dos de estos poemas, el primero y el cuarto, y otro par más.
Más lectores, a buen seguro, querrán seguir. Lo tienen fácil. 

27.6.14

Tipografía

Tengo escrita desde hace tiempo esta reflexión sobre la tipografía, el "Arte de disponer correctamente el material de imprimir, de acuerdo con un propósito específico: el de colocar las letras, repartir el espacio y organizar los tipos con vistas a prestar al lector la máxima ayuda para la comprensión del texto escrito verbalmente", según la clásica definición del tipógrafo inglés Stanley Morison, inspirada en los comentados derroteros de la Editora, la que fuera, tal vez, la mejor editorial pública de España. Antes, acaso convenga repetir aquellas palabras de JRJ que, como tantos, considero el abecé de este arte: “Ninguna edición de lujo, nada de príncipes, ni de ediciones de filólogos. Cada libro, sin notas, en la edición más clara y sencilla. La perfección formal del libro. El libro no es cosa de lujo… Eso para los que no leen. Material escelente, seriedad y sobriedad”. Y, por fin, otro aserto del de Moguer, si cabe más lapidario:  “En edición diferente los libros dicen cosa distinta”.
Sostiene uno que la verdadera modernidad literaria de esta tierra extremeña llegó, entre otras cosas, con el cambio en las cubiertas de los libros. En concreto, con el aspecto exterior de los que imprimía la pública, nuestro otrora buque insignia, al poco de llegar a su dirección Fernando Pérez. De esa empresa fue corresponsable, justo es decirlo, Julián Rodríguez, uno de nuestros mejores tipógrafos, pero no eran los únicos con estilo en aquella editorial.
Uno contemplaba sus libros y se decía: esta no es mi Extremadura, me la han cambiado. Y así era. Por fin. Por suerte.
La tipografía es la prueba del algodón de la estética, y no me refiero sólo a los libros. La cartelería, los anuncios, los catálogos... Después de unos años de sencillez, limpieza y elegancia, algo muy acorde con el espíritu de esta región, las cosas han empezado a cambiar y estamos en plena transición de la sobriedad al luju. Por nuestro inveterado complejo de nuevos ricos, supongo. Y porque estamos en manos de publicistas y gente del marketing.
Volviendo a la Editora, es verdad que un par de colecciones no han cambiado de aspecto: Estudio y Rescate, y que algunas, como la versátil Vincapervinca o la novedosa Perspectivas, mantienen la dignidad que fuera sello de esa casa. Otras, sin embargo, lo han perdido, o eso me parece. Poesía, pongo por caso. Y es una pena, pocas colecciones tan bonitas como aquélla. Bueno, al menos cambia, lo que no les sucede a las desaparecidas; así, La Gaveta (auténtica joya de la corona), Viajeros y Estables, Plural y, por no seguir con la lista, Ensayo Literario. 
Qué decir de la ejemplar y famosa Biblioteca de Barcarrota. Aún hay libros sin su correspondiente edición facsímil (tan deseada), otra deserción incomprensible, por costosa que en principio parezca (mejor un libro bueno que cinco de baratillo). El último, la Lingua de Erasmo de Rotterdam, apareció en 2007.
Que cada cual, faltaría más, saque sus propias conclusiones. Y, cómo no, que arrostren con sus responsabilidades quienes han llevado a esta penosa situación lo que fue marca de excelencia. Dos palabras, por cierto, que tanto usan en vano los políticos de este país llamado Extremadura. Los que mandan, quiero decir.

(Nota: Las dos cubiertas que ilustran esta entrada pertenecen a extintas colecciones de la Editora. La primera, Poesía, ha cambiado su aspecto. La segunda, La Gaveta, pasó definitivamente a mejor vida.)

26.6.14

Diverso.es

Con semejante título lo primero que espera el lector es un libro pleno de actualidad; moderno, por decirlo de la mejor y más clásica manera. Y en verdad éste, en letra y en espíritu, lo es. Escrito por Adolfo Cueto, ganador del Premio 'Ciudad de Burgos' y publicado, en consecuencia, por Visor, Diverso.es forma parte de un "continuado trabajo" poético del autor astur-madrileño (del 69), work in progress del que ya se publicaron Palabras subterráneas, que reunía poemas de entre 2001 y 2004 (Renacimiento, 2010), y Dragados y Construcciones, con versos del periodo comprendido entre 2005 y 2009 (Premio Emilio Alarcos, Visor, 2011). Llegan ahora estos, escritos entre 2009 y 2011.
Si tuviera que explicar con una sola palabra la obra diría "atmósfera". Es eso, ya digo, lo que este lector destacaría, a manera de logro, de un armonioso conjunto de poemas que avanza "por esta carretera múltiple" y tiene muy presente que "es lo diverso que nos hace únicos". Hijo del mestizaje, "este libro diverso es, distinto, vario, otro, diferente y plural", como leemos en "Final (sinfín)". Se dirige "hacia el uno diverso" que al cabo somos todos. Y el mundo en que vivimos: "porque el mundo es diverso en sus días iguales, / solo en ti diferentes, como el mundo diverso." "Somos uno y / distintos", dice en "Somos el mestizaje". Un libro en poco o nada parecido, podríamos añadir, a cuanto uno (re)conoce en el panorama patrio; en este sentido, muy diverso también.
Tubos de escape, túneles, tsunamis, autopistas, fábricas abandonadas, apagones, previsiones atmosféricas, chatarra, terremotos, socavones, salas de urgencia, restos del incendio o andamios son algo más que palabras colocadas en los títulos de los poemas que lo componen. Son metáforas de un decir más profundo.
Y un "mar de cemento": Madrid. "Estos somos nosotros, / esa atmósfera espesa / de edificios", "capital de qué gloria."
Además de una ventana "al norte": Noreña. Y otra ventana adentro: al amor. "El amor es el manto que nos cubre de pronto. (...) El amor es el agua que ha llegado de pronto."
No por eso faltan referencias al odio, la culpa, el insulto, la soledad o el silencio. Ni a la velocidad, la contaminación y a ese futuro anticipado que uno ve en casi todo lo japonés, aquí también retratado.
Unos y otros elementos conforman el paisaje moral (también el visual) de una poesía a la intemperie. "Qué / lejano, qué / pequeño ya todo, a indebida / distancia", escribe.
Al final, eso sí, en "Palacio de Cristal", la luz: "luz sin sombra / de duda, luz en suma / que canta."
"Las palabras producen / sacudidas eléctricas", escribe Cueto, y no encuentro mejor manera de explicar lo que uno puede sentir durante la lectura de Diverso.es.
Si no se hubiera usado ya, habría sido oportuno colocar en la cubierta la señal amarilla de peligro por "riesgo de descargas eléctricas". En efecto, por energía y tensión que no quede. 

25.6.14

¿La Editora?

De Bartleby & Company
Aquí atrás, en Salamanca, Antonio Colinas me preguntó por la Editora. La Regional de Extremadura, claro. Dudaba el poeta leonés de que siguiera existiendo.
Mientras nos escuchaba otro poeta, el joven salmantino Andrés Catalán, hablamos, le expliqué lo poco que sabía, mencioné un nombre (que de nada le sonaba) y, con aires de tristeza, se evocó lo que fue. 
Ante tamaño silencio, que da a entender lo que no es, tal vez convenga reparar por una vez en los recientes derroteros de esa casa, tan significativa e importante para el imaginario cultural de los extremeños. Y, ya se ve, que no sólo. A uno, vaya esto por delante, este asunto le desconsuela. Por eso opino.
¿Balance? Tras el cambio político y después de meses de incertidumbre y sin dirección, alguien, sin tener en cuenta, según creo, los razonables principios de mérito y capacidad, nombró a alguien y de su tarea acaso se pueda destacar la desaparición de colecciones, el cambio del aspecto de los libros (para mal, aunque a la tipografía le dedicaré otra entrada), la simpleza y mediocridad de su escasa oferta (salvo señaladísimas excepciones: ¿desde cuándo no se da cuenta de un libro en verdad valioso publicado por ella?), así como la sumisión a los compromisos y el amiguismo (tan propio de la política regional, además del nepotismo) que subyace tras no poco de lo que se publica con fondos públicos (aparezca o no, por vergüenza, en el catálogo). ¿Se seguirán pidiendo informes de lectura?, me pregunto. ¿Lo hay de esa novela de la que es autor el otrora máximo ideólogo cultural del PP extremeño y que al parecer ha sido rechazada por la Editora tal y como se comenta, no sin sorna, en los mentideros literarios pacenses?
Anécdotas mediante, ni siquiera la publicación del último libro de Nuno Júdice (en versión de Luis María Marina, una obra de la que me ocuparé un día de estos), un oasis en esta larga travesía del desierto, casi un espejismo, o la inminente reunión de la obra experimental de Antonio Gómez (un compromiso que logramos arrancar al poeta durante mi etapa en esa casa y del que es copartícipe Miguel Ángel Lama), pueden justificar la resurrección del mortecino proyecto. Al menos hasta que el criterio sea el que es. O el que no, según se mire, recortados presupuestos al margen. 
Más allá de esto y de aquello, por aterrizar en asuntos tan delicados como concretos, uno, ingenuo por naturaleza, cree que si en esta tierra hubiera una oposición responsable (o dos, en el caso de que IU la ejerciera), alguien habría preguntado hace tiempo en el Parlamento al PP  no sólo por el estado general de la pobre Editora, sino también por las coediciones de su catálogo. Sí. Cuando quienes ahora gobiernan eran oposición y los que lo consienten piaban, cada poco se ponía en solfa la limpieza de las comisiones que concedían las extintas Ayudas a la Edición. Sonríe uno al pensarlo. Se reunía un cualificado grupo de personas (profesores universitarios, escritores, representantes de asociaciones...) y decidían, con luz y taquígrafos, sobre las ofertas presentadas. Era raro que alguna no quedara avalada si cumplía el mínimo exigible. Ahora se conceden de forma discrecional, salvo que se nos explique lo contrario (la opacidad es norma), y nadie, ya digo, se da por aludido. No es que uno ponga en duda los merecimientos de ciertos autores y editores para que sus obras sean subvencionadas, ni que descrea de las prestaciones, pero habrá que reconocer que el procedimiento no es el que se espera de un ente público en esta época de escasez y descrédito.
Hace unos años, publicar un libro en la Editora era un honor. Autores extremeños importantes vinculados a editoriales de ámbito nacional no tenían empacho en entregar un original, previamente solicitado, para que pasara a formar parte de ese modélico catálogo. En la Editora hay libros de Landero, Cercas, Hidalgo Bayal, Trapiello, etc. Ese ejemplar equilibrio resulta hoy impensable. De ahí, tal vez, el incremento de las mencionadas coediciones. Antes, esos libros se habrían impreso con el sello regional. Bastaba. Otro tanto cabría decir de los jóvenes, encantados de empezar su andadura en una editorial tan digna.
Hay, sin duda, problemas más graves, por eso me temo que esto que vengo diciendo les importe a muy pocos. Y cuando digo "muy pocos" quiero decir, con todo respeto, a cuatro gatos, por no decir a dos. Ah, y de estos dos, ninguno caza. O manda. Seguimos.

24.6.14

El matadero

Ediciones La Rosa Blanca, de Jaraíz de la Vera, cosmopolita desde un rincón de La Vera, acaba de publicar un nuevo título en su exquisito catálogo. 
Se trata de El matadero, de Esteban Echeverría, con grabados de Salvador Retana (que ha cuidado la impecable edición del libro) y prólogo de Alberto Manguel. La tirada es de 475 ejemplares (impresos en las jaraiceñas Gráficas Romero) más 25 numerados. 
En "Estética del matadero" (título tomado de Stevenson, que distinguía entre matar a un tigre y a un sapo), nos explica Manguel que estamos ante un relato de un autor nacido en Buenos Aires en 1805, que viajó de joven a París y escribió una obra romántica en el sentido más genuino. Se publicó por primera vez en 1871, en Revista del Río de la Plata. Estamos ante "un acabado y lúcido retrato de la época de Rosas, de sus protagonistas y de su pervertida moral". Luchan, en plena dictadura, unitarios contra federales. En 1829, el tirano sube al poder. Primero como Gobernador de Buenos Aires y, en 1835, como Jefe Supremo de la República. Su tiranía es la primera de una larga cadena que llega hasta finales del siglo XX, con otro militar: Videla.
Su dictadura, nos recuerda el prologuista, fue "absoluta y sangrienta". No en vano "el rojo fue su color simbólico". En 1852 le vence otro general, Urquiza. Rosas murió en el exilio inglés.
Echeverría "describe": "quiere ser por sobre todo concreto". Al fondo, escribe contra "la violencia estatal", que abarca a cualquier dictadura o tiranía pasada, presente o futura.
Aunque el protagonista del cuento es un intelectual, Rosas simbolizaba el "anti-intelectualismo". Una de sus decretos más famosos fue el del cierre de las escuelas. Con él vivirían felices "los hombres sin intelecto", como en la anécdota relatada por Márai, aunque aquí hablemos de nazis.
Del relato en sí nada comentaré. Hay que leerlo. Si acaso, por lo curioso, diré que me he reído con esa muerte por atracón debida, entre otros productos, a los "chorizos de Extremadura". 
Destacaré también la vigencia del texto, que por eso recatan sus editores. Seguimos, para algunas cosas, en el mismo sitio. Y ya es lástima. 
Echeverría anota que la "escena" (una de tantas) es "para vista, no para escrita" y, sin embargo, si por algo es oportuna esta relectura es por la calidad de la prosa y por lo bien conseguida que está en función de lo que cuenta. No me extraña la viveza y el realismo de los excelentes grabados de Retana (que merecerían una entrada aparte): sus descripciones son del todo visuales, podríamos decir, si se nos consiente la redundancia. Casi cinematográficas. 
Una lengua poderosa, sí, se pone al servicio de una historia intemporal, humana hasta el extremo. Qué excelente idea han tenido Manguel y Retana al permitirnos (re)conocerla.  

(Información y pedidos: edicioneslarosablanca@gmail.com)

Jóvenes promesas

En  Literandos, el blog de creación literaria de los alumnos del IES 'Gabriel y Galán' de Plasencia, se pueden leer los trabajos ganadores del último Premio 'Gerardo Rovira'
Toma el nombre del que fuera inolvidable profesor de Literatura de ese centro (de uno, en COU, allá por el curso 1975-76). Se creó en 1978 y en él han concursado numerosos alumnos de Secundaria y Bachillerato (antes). 
Alguno, como Juan Manuel de Prada, que lo ganó en 1988, ha llegado a ser escritor. 

23.6.14

Gerardo Diego y la música

Otro libro que tengo apartado para este verano es Poesía de lo imposible. Gerardo Diego y la música de su tiempo, de Ramón Sánchez Ochoa, editado por Pre-Textos y la Fundación Gerardo Diego, obra que se alzó con el XII Premio Internacional 'Gerardo Diego' de Investigación Literaria en 2013. 
Repaso el índice antes de abordar, ya digo, la próxima lectura, y compruebo que Sánchez Ochoa estudia al Diego músico para centrarse luego en su relación con Fauré (o la poesía elíptica), Debussy (o la música liminar), Ravel (o la música despierta), Falla (o la música desnuda) y Esplá (o la metáfora levantina). Concluye con el capítulo "Poesía de lo imposible", al que se añaden dos anexos: uno de poemas y otro de documentos (programas de conciertos, cartas, partituras, fotografías...). 
El profesor de Estética y de Historia de la Música del Conservatorio Superior de Música de Valencia (doctor en Filosofía por esta universidad y en Musicología por la París IV-Sorbona) concluye su exhaustivo y documentado ensayo con la bibliografía y un par de índices: el de ilustraciones y el onomástico. 
Un libro importante, sin duda, para los seguidores del poeta cántabro y, en general, para los lectores de poesía española contemporánea. Y un paso adelante en la ejemplar trayectoria de este consolidado Premio y en la labor de sus editores: los valencianos Pre-Textos y la extremeña Pureza Canelo. 

Ferrer Lerín en Madrid