17.1.17

Mujica, Piqueras y Aranda en EC

Barro desnudo
Hugo Mujica
Visor. Madrid, 2016. 100 páginas.

En 2013, Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942) publicó Del crear y lo creado. Poesía completa.1983-2011, aunque precisó que más bien se trataba de su obra «esencial». Ese mismo año apareció Cuando todo calla (Premio Casa de América) y ahora este nuevo libro que ahonda en una poética sustantiva, perfectamente delineada. En él, poemas muy breves, ubicados tipográficamente a pie de página, que suelen constar de una parte descriptiva (a modo de iluminación, vislumbre o epifanía), basada en el poder de la mirada, y de otra donde se hace evidente una sentencia o lección, en tono aforístico casi siempre. Los poemas van numerados y sin título y el primero es una suerte de poética: “toda poesía es barro / barro de sed partido. / Plegaria”. Lo religioso, de diversas tradiciones, es connatural a esta poesía meditativa donde el blanco de las páginas evidencia un silencio, otra de sus claves: “Solo el silencio / dice lo otro / y tanto más / que lo que hemos callado”. “El silencio da a escuchar / y en lo que se oye / calla”. De ahí el sabio uso de la elipsis (“Llueve, y se es niño”) que da, en su economía verbal, una delicada atmósfera de insinuación, veladura o sugerencia a lo escrito. La desnudez –el despojamiento, lo ascético– es aquí norma, y no sólo física: “es la de quien es / por fuera su / adentro”.
Tras el vacío y la nada (“la nada que somos / es el todo que buscamos”), lo otro (“Todo es siempre lo otro, / su más acá y allá de sí”) y los otros (“y es siempre en la vida de otros / que entrevemos / la más propia” o “es desde afuera / que la vida / se encarna: es unos a otros / que nos estamos creando”).
Crear, sí, es otra de las preocupaciones de Mujica: “no es ni un saber / ni una certeza, / suele ser un tal vez / y un presentir, / es la espera y la intemperie”.
En esta poesía del pensamiento, lo paradójico, por natural, es inevitable. Así cuando leemos: “Es cuando no buscamos / que lo desconocido llega, / es cuando viene lo otro / que nos trae lo que somos”. Porque “lo que buscamos no existe, / al vivirlo lo creamos”.
En esta poesía de corte humanista no puede faltar el cálculo sobre nuestra propia condición: “bastaría no quererlo todo, / bastaría hacer casa / en la herida que somos”. Ni tampoco la presencia de la muerte: “ese miedo es la muerte: / ese miedo a la vida”, leemos. Y en otro sitio: “No basta con saber /  que moriremos, / a la muerte hay que escucharla”.
Con palabras sencillas, Hugo Mujica logra acercarnos al misterio, y nos consuela: “saber que no habrá victoria / es lo que da grandeza al combate”. Abrazados el dolor y el amor, dice, entre la renuncia y la ausencia, el poeta nos desvela “la gracia de la desnudez” mencionada por Broch.


Padre
Juan Vicente Piqueras
Renacimiento, Sevilla, 2016. 116 páginas.

Piqueras (Los Duque de Requena, 1960) dialoga aquí con su padre muerto y consigo mismo. De paso, sin remedio, interpela al lector. Aunque todo es fragilidad en esos trágicos momentos, no faltan ironía y humor en estos poemas dichos en un lenguaje claro y de tono natural donde menudean expresiones rurales y cotidianas. 
El poeta se ve obligado a regresar a su lugar de nacimiento: "La aldea no se acaba. / Yace aquí, en lo que escribo". Allí le espera la infancia. Con ella, los recuerdos, los juegos con el padre (el escondite, el ron, el gua), los trabajos del campo, las manos de Fermín haciendo pleita, los animales, la viña…
Dije memoria y ahora digo olvido. Porque el padre la ha perdido: "No me digas que no me reconoces / porque entonces ni yo sabré quién soy".
En medio, reflexiones sobre la propia vida del poeta. Anotaciones del diario de un cuidador: "No se puede escribir una agonía / y sin embargo alivia convertir / en versos el dolor, el miedo en música. / No se puede decir y sin embargo".
La parte final recoge poemas de título tan explícito como "Acta de defunción", "Pésame mucho", "Lápida Sudáfrica", "Dermatitis utópica" o "Pensión de viudedad", que junto a "Los agujeros del hijo" se ocupa de la madre. "Inolvidar" es otro poema importante, como "Dos golondrinas": "Yo sigo siendo tú, no te preocupes, / soy tu guarín, tu viña, tu manera / de no morir". El que cierra el conjunto, "Nombres borrados", deja al lector sin ellos.    

Épica de los raíles
Verónica Aranda
Devenir, Torrejón de la Calzada (Madrid), 2016. 80 páginas. 

Aranda (Madrid, 1982), viajera impenitente por diferentes países, mujer nómada, ha concebido un bonito libro sobre la errancia. Esta suerte de diario de viajes consta de cuatro partes. En la primera, la selva es protagonista. La atmósfera de agobiante humedad, su exuberancia, se transforma en jugosos, contenidos y rítmicos versos que delatan un delicado y sugerente clima erótico donde dos mujeres se desean: “su voz sonaba a lluvia / cayendo sobre árboles de nim”.
Aranda recorre en la segunda India, un país que conoce bien, y Argentina, en trenes donde bulle la vida: “Tomo un expreso hacia regiones áridas. / Vine también a sondear mis límites”. En “Canícula”, la tercera, se traslada a los tristes trópicos americanos: “Nunca sabré el lenguaje de las islas”.
Siempre, de por medio, el asombro, el paisaje, el amor… En la cuarta, en fin, una constatación desde el “azul glaciar” de las tierras nórdicas: “Toda patria es exilio”.  

Nota: Las reseñas de los libros de Mujica, Piqueras y Aranda parecieron en El Cultural el pasado viernes.        

16.1.17

Diccionario de Autores

Entre las primeras iniciativas tomadas por la nueva directiva de la Asociación de Escritores Extremeños (AEEX), que preside mi vecino, el escritor Juan Ramón Santos, están, además de seguir con la labor de las Aulas de Literatura y los Talleres, la de publicar un Boletín de Novedades Literarias, volver a imprimr en papel la revista El Espejo y editar en su página web (muy revitalizada, por cierto) un Diccionario de Autores, lógicamente extremeños. Porque nacieron aquí o porque están vinculados a esta tierra. No somos gente excluyente, ni siquiera regionalista, eso queda para mentes más retrógradas. 
Cuando se puso en marcha el Plan de Fomento de la Lectura de Extremadura, a principios de la pasada década, tuve ocasión de impulsar, con la inestimable ayuda de Paco López, un portal de aire enciclopédico que denominamos "Escritores de Extremadura". El objetivo era parecido. Periclitó hace tiempo, según creo. Ahora todo es más sencillo técnicamente hablando, sobre todo si se cuenta con la solvencia de personas como José Manuel Vivas, que es quien se encarga de que el invento funcione. 
Uno acaba de incorporarse al listado, que no es estrictamente canónico. Por eso los promotores animan a que se sumen más autores.
En fin, me alegro de que la AEEX mantenga la vitalidad necesaria en estos tiempos de tribulación, más si tenemos en cuenta que en Extremadura, y en lo que a la literatura se refiere, aunque algo se haga desde las diputaciones y los ayuntamientos, o no hay política cultural o es invisible. José Julián Barriga estará contento de que sea la sociedad civil quien al cabo se encargue de un asunto que a Vara, se ve de lejos, no le interesa, y eso que el área en cuestión depende de Presidencia. A ver qué sucede con los anunciados cambios.

14.1.17

Un cuento chino

Que me perdone el villanovense Diego González (1970) por lo que voy a decir, pero tan importante como su nueva novela me parece el hecho de que ésta haya sido publicada en la colección La Gaveta, que por fin resucita de entre la desidia y los recortes, una de las más emblemáticas de la Editora Regional de Extremadura, algo que no alcanzó a comprender, para sorpresa de todos los que estimamos ese sello público, su anterior directora. Dicho esto (que había que decir), conviene resaltar desde el principio que esa resurrección es aún más feliz por la obra elegida, digna de figurar en ese selecto catálogo que cuenta, además, con un bonito diseño, clásico y ejemplar, concebido por el periférico Julián Rodríguez. En esta ocasión, con un delicado motivo de Hokusai en la cubierta.
En 2008, González (un periodista en el más amplio sentido del término que en la actualidad trabaja como guionista y productor de contenidos audiovisuales) publicó la novela La importancia de que las abejas bailen, premio Felipe Trigo de Narración Corta. Es autor también de dos libros de poesía: Mudanzas en los bolsillos y Mil formas de hacer la colada. Ahora, Planes para no estar muerto. Sobre esta novela breve, el autor ha dicho: "El lector se encontrará una historia en la que se habla de la muerte, pero desde un punto de vista vital. Una historia de personas que se necesitan y se entregan para seguir viviendo. El personaje principal, Ache, es un joven de origen chino que escribe listas de cosas por hacer para los que temen morir, porque en el lugar del que procede los ancianos aseguran que la muerte se lleva a los que olvidan que tienen cosas pendientes. Un día un anciano le encarga un trabajo: fabricar planes para que la niña-gato no pierda la cara. Ese es el arranque". Y está bien contado, que no de otra cosa se trata. Tampoco conviene ser más explícito. Podemos decir, sí, que Ache confiesa: "Me dedico a escribir para los que tienen miedo. Fabrico planes para mañana". Como el encargo de Dao Ji ("hombre de fuego") acerca de Xiu Mei. O que hay en esta historia de historias hay fantasmas (incluso Hambientos), espectros, ancestros, fuego, sombras ("Lo mínimo que nos queda cuando no tenemos a nadie") y mil referencias más a ese mundo mítico o simbólico de las tradicionales creencias chinas que, como el resto, está muy bien documentado. Aunque no estemos ante una novela histórica, la verosimilitud del relato se apoya, entre otras razones, en esa labor concienzuda de documentación. Por ejemplo, cuando habla de ciudades chinas como Liuzhou, Xian o Dafen. No parece, diría, que es un extremeño el que narra cuanto aquí sucede. Efecto conseguido.
La imposibilidad de volver, la necesidad de huir (hacia Xibanya: "toda huida esconde una necesidad") están en el centro de la narración. Y el miedo. Y la muerte, ya se dijo. De ahí esas listas, ese "catálogo de letanías", esas "trampas para frenar la vida", que mientras existan impedirán a aquella ejecutar su inevitable acción.
Dije "historia de historias" y por eso menciono la de Liu Guojian y Xu Chaoqing, la de los "seis mil peldaños".
Me ha gustado especialmente el tratamiento que González hace del lenguaje. Es tan esencial, ajustado y conciso como la nouvelle. Fondo y forma. A pesar de que puede inducir a confusión, un lenguaje lírico, en el más hondo sentido, sin que ello quiera decir que no estemos ante un inquietante artefacto narrativo perfectamente contado, insisto. Me congratulo. 

13.1.17

Tres cosinas

Hoy, viernes y 13, publican en El Cultural tres reseñas que uno ha escrito sobre tres estupendos libros de poesía: Barro desnudo, de Hugo Mujica (Visor); Padre, de Juan Vicente Piqueras (Renacimiento); y Épica de los raíles, de Verónica Aranda (Devenir). 
A las 20:00 horas en La Puerta de Tannhäuser se presentan dos libros de Julio César Galán. Bueno, uno suyo y otro de Jimena Alba, que es uno de sus heterónimos. Se trata de El primer día e Introducción a la lengua de las mariposas. Acompañará al poeta cacereño el placentino Francisco Fuentes. 
Por lo demás, agradezco a Julio Pérez que haya comentado en su blog "lo de Gonzalo". Aquí no hay más mérito que el del autor de El espíritu áspero. Lo demás... Sí, todos contentos. 

12.1.17

El pintor Gordillo

Conocimos al pintor Luis Gordillo a principio de los noventa en un curso de la Menéndez Pelayo (UIMP), cuando ésta tenía sede en Santa Cruz de Tenerife. Me tocó compartir con él una mesa redonda donde el tema central era la noción de lugar. Su intervención fue a buen seguro lo mejor de ese acto interdisciplinar (la pintura, la poesía, la arquitectura). Desde entonces ha seguido uno con más atención si cabe la carrera del pintor sevillano, reconocido con premios como el Nacional de Artes Plásticas o el Velázquez. 
Diego Vaya, autor de Luis Gordillo (insularidad e inconformismo), estaba hasta hora en mi lista de poetas. En La Isla de Siltolá precisamente ha aparecido su ensayo sobre la obra de este artista solitario e inconformista que si por algo se caracteriza es por su legibilidad, cosa harto complicada cuando de reflexionar sobre la pintura contemporánea se trata. Eso no quiere decir, y no es que uno sea un experto, que no haya profundidad y rigor en su trabajo, más bien todo lo contrario. Que, por suerte, no apreciamos la jerga crítica, el disparate y la pedantería con la que suelen adornarse este tipo de textos. 
En "Gordillo revisited", a modo de prólogo, habla de su vitalidad, de su pintura en "mutación constante" aunque "hay en la pintura de Gordillo una gordilliscencia siempre intacta" y, en fin, de ese no conformarse que, ya decimos, le ha definido y le define, porque a pesar de su edad sigue al pie del estudio.
Los distintos capítulos abordan aspectos capitales de su obra. El psicoanálisis, por ejemplo (que inició antes de cumplir 30 años), o su relación con el Pop Art (según él mismo, también ha tenido una etapa informalista y, a su manera, una geométrica, aunque de marcado sesgo figurativo, capital, al parecer, para comprender el desarrollo de esa corriente en la España de las últimas décadas), la identidad, su serie Cabezas (uno de los capítulos fundamentales del libro) y la obra gráfica "Celulario". 
Aunque sea tirar para casa, la mirada del poeta sobre el pintor es, desde antiguo, sustancial. A los hechos me remito. Seguro que Luis Gordillo, tras leer lo que ha dicho de su pintura el también sevillano Diego Vaya, piensa igual. 

En la librería El Quijote



11.1.17

Lo de Gonzalo

Entradas

EntradaPáginas vistas
5119
14 oct. 2011
4494
19 sept. 2016
3941
22 sept. 2016
1976
1616

Esta es la estadística que me ofrece Blogger esta mañana (06:13) sobre las entradas más vistas del blog desde que existe, hace casi doce años. La carta abierta que envié a mi alcalde, Fernando Pizarro, el pasado lunes, dedicada a Gonzalo Hidalgo Bayal, se ha puesto en cabeza. Ni Venecia (de Gasparini) ha resistido. 
Más aún. Tanto el diario HOY como El Periódico Extremadura (a través de la Agencia EFE) se hicieron eco de la noticia. También lo da eldiario.es. Soy el primer sorprendido. Sé que han intentado ponerse en contacto conmigo desde Canal Extremadura Radio, pero no tengo nada que añadir.
En Facebook la cosa ha sido aún peor. En el mejor sentido, sí, pero con una proyección a la que no está uno acostumbrado. 160 "Me gusta" (16 "Me encanta") y 37 veces compartido. Los comentarios (en torno a treinta), jugosos. Y algunos entusiastas. Se ve que se aprecia su obra. Y a la persona.
El alcalde, que no deja de ser el interpelado, reaccionó desde el primer momento con el mejor talante. Aceptando ambos envites. De hecho, el viernes llevará a Junta de Gobierno la petición de la Medalla de Extremadura para GHB, propuesta que se ratificará en el próximo Pleno Municipal a finales de mes. Es de esperar que sea apoyada por todos los grupos políticos.
La reacción del protagonista ha sido la esperada. Con su tradicional flema higuereña, se ha limitado a aguantar el chaparrón. Por respeto a la privacidad (y para que no me mande, como diría Juanra Santos, al carajo) me guardo sus irónicos mensajes de correo, aunque harían las delicias del lector.
Lo importante, bromas y veras aparte: que se reconozca la literatura bayaliana. También en la ciudad y en la región donde ha vivido y trabajado este extremeño del mundo. Las cosas bien hechas...

Última hora: Se confirma que habrá premio y que se intentará lo de la Medalla: HOY y el Extremadura.

10.1.17

Por breve

Alberto Santamaría (Torrelavega, Santander, 1976) reúne en el volumen El huésped esperado. Poesía reunida 2004-2016 (La Bella Varsovia) los libros que ha venido publicando: El hombre que salió de la tarta (2004), Notas de verano sobre ficciones del invierno (2005), Pequeños círculos (2009), interior metafísico con galletas (2012) y Yo, chatarra, etcétera (2015). Añade unos poemas no incluidos en ninguno de ellos y algunos de uno por venir. Deja fuera, eso sí, su ópera prima: El orden del mundo (2003). Tras volver a una obra caracterizada por el rigor y la exigencia, que uno ha tenido la suerte de leer libro a libro, me ratifico en mi primera impresión, contada aquí hace tiempo. El tiempo le ha dado a uno la razón. A la vista está. Y me alegro.

El poeta sevillano Juan Lamillar (1957), que ya editó una antología de poemas  de su admirado paisano Luis Cernuda (Los fantasmas del deseo), presenta ahora Música cautiva, donde agavilla escritos sobre una poesía esencial de las letras hispánicas. Los denomina "acercamientos personales: como lector, como poeta, como estudiosos". Se trata de ensayos, artículos ("Perfil de un centenario"), conferencias ("Semblanza de un solitario"), prólogos (como el del citado florilegio), ponencias, intervenciones en mesas redondas o libros colectivos y de homenaje, etc. Textos que van de 1988, fecha en que se celebró en primer congreso internacional sobre su él y su obra, hasta 2014, recién celebrado el cincuentenario de su muerte.
Acaso el más extenso y ambicioso sea "La música en Cernuda" (el único actualizado), de ahí el título elegido, de un poema del autor de Ocnos

Eduardo Moga (Barcelona, 1962) publicó una primera edición de Corónicas de Ingalaterra en La Isla de Siltolá (2015). Ahora, lo que fueron las páginas de un blog sobre su estancia en Londres (desde septiembre de 2013 hasta noviembre de 2015), aparecen de nuevo en Varasek Ediciones. Allí el subtítulo era "Un año en Londres (con algunas estancias en España)", aquí: "Una visión crítica de Londres". En ambos casos, las crónicas y las reflexiones -trufadas con reseñas y lecturas- de un hombre con carácter que lanza constantes miradas incisivas sobre la realidad. Alguien que no suele dejar a nadie indiferente. 

El polifacético escritor gaditano José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) edita en el Servicio de Publicaciones de la Universitat de Valencia Cosas que no creeríais: una vindicación del cine clásico norteamericano. Tras una explicación acerca de lo que queremos decir cuando decimos "cine clásico norteamericano", divide la obra en cinco partes (a las que añade una bibliografía y un índice onomástico): "La palabra como opción", "Un primer clasicismo", "Hacia el nuevo Hoollywood", "La generación de los 70", "Después del cine de autor". Películas, directores, actrices y actores, géneros... Un intenso e informado viaje por "la forma de narrativa popular de mayor influencia en el último siglo". Sin duda, un auténtico festín para cinéfilos. 

La recién resucitada Editora Regional de Extremadura, que dirige el citado Moga, ofrece dos nuevas entregas de su colección de Poesía: Caducidad del signo. Poesía reunida (1994-2016), del zamorano Juan Luis Calbarro (1966), y Acordes de una antigua canción, de José Agudo (Fregenal de la Sierra, 1952).
Calbarro, que ya había publicado en Extremadura ("la tierra de mis abuelos"), reúne los libros Elegía sajona (que cierra a modo de epílogo un precioso poema de Julio Martínez Mesanza), Circunstancias de la metamorfosisEl signo de Caín, Sazón de los barrancos, Museos naturales y Roma devicta, así como los inéditos Lobo y Breviario de Fuerteventura (un conjunto de haikus con prólogo de Jorge Rodríguez Padrón), además de dos poemas, uno con el mismo título del libro.

Adiós, Montoto

Hace tres años me ocupé, por corto, de un libro de José Ignacio Montoto, La cuerda rota. En Sevilla, donde Renacimiento, la editorial que lo publicó, tiene su sede, murió hace unos días, a los treinta y siete de su edad. Sit tibi terra levis. Fue el director literarios de la última edición de Cosmopoética.
Y ahora Bauman... Qué persistencia. Sí, la de nuestra única certeza.

9.1.17

Una carta a mi alcalde

Querido Fernando:
Ya se ha hecho pública la lista de los galardonados con los premios San Fulgencio 2017 que, como es costumbre y bien sabes, se entregarán en Las Claras el próximo día 16, festividad del patrón de la ciudad y de su diócesis. Es la sexta edición de un premio que tú mismo instituiste para reconocer la labor y, de paso, homenajear a los vecinos más ilustres de esta ciudad. Los que, como se cantaba en el viejo himno, engrandecen su historia dándole más esplendor. Pues bien, desde la primera convocatoria, echo siempre de menos en esa lista, que tú mismo inspiras, a uno de ellos: Gonzalo Hidalgo Bayal. Sí, porque las comparaciones son odiosas y existen los agravios comparativos, sin entrar en los merecimientos de los ya premiados, puedo afirmar que tal vez no haya habido ni hay ni acaso habrá un escritor más importante vinculado a esta ciudad donde no nació (como tampoco otros laureados), pero en la que vive desde hace más de cinco décadas y en la que ha desarrollado el grueso de su labor docente ―en las aulas de los institutos y también en el taller de escritura de la Universidad Popular― con las óptimas consecuencias que todos conocemos. Por lo demás, Plasencia está en el centro de sus narraciones, aunque sea con el hermoso nombre de Murania, y en ella ha escrito, se podría decir, toda su obra.
No me ciega la admiración, Fernando. Todavía tengo criterio. Leo. Además, uno, conservador a ratos, sigue creyendo en el valor de la meritocracia. Por eso lamento el "todo vale" en que este mundo líquido y descreído se desenvuelve, y ahora no me refiero, claro está, a estas distinciones. 
Sé que esta carta me puede a ocasionar algún disgusto. Para empezar, con Gonzalo, amigo, sí, y maestro desde antiguo, porque verá fuera de lugar esta indiscreta misiva. Ferlosiano de pro, recordará lo del "grotesco papelón del literato". Jamás hemos cruzado una palabra sobre los San Fulgencio. Ni lo necesita ni lo espera. Es de buen conformar. Su literatura, ya se ve (acaba de recibir en Oviedo el prestigioso "Tigre Juan" y se ha reconocido su obra con acreditadas recompensas a las que nunca se ha tomado la molestia de presentarse), su literatura, decía, está llamada a empresas mayores y excede con mucho cualquier forma de localismo. Con todo, y no creo hablar sólo en nombre propio, sería la ciudad y esos premios los que saldrían ganando si por fin y sin más dilaciones se reconociera también aquí la excelencia de una obra llamada a perdurar en el tiempo. Y, no lo olvido, a un ciudadano ejemplar e íntegro. No son palabras huecas. Ah, y por si esto fuera poco, añado: bien podría ser el Ayuntamiento que presides quien tomara la iniciativa y lo presentara como candidato a la Medalla de Extremadura, que también está tardando. Plasencia lo merece. Cuenta con mi firma.
Feliz año, cómo no, y un fuerte abrazo.

7.1.17

Días de Marset

No, Juan Carlos Marset (Albacete, 1963) no es un poeta prolífico. En veinticinco años publicó tres libros: Puer profeta, Leyenda napolitana y Laberinto. El primero, deslumbrante ópera prima con la que ganó el Adonais, tenía al fondo una ciudad capital para su formación (y su educación sentimental): Nueva York. Como su propio título indica, Nápoles está detrás del segundo. El tercero remite a otro lugar que conoce muy bien: Londres. Los tres tienen en común que están compuestos en forma de poemas extensos, algo poco frecuente en la lírica hispana contemporánea, aunque no falten excepciones como la obra de Álvaro García. Llega ahora, de nuevo en Tusquets, Días que serán y el cambio de tono no afecta sólo a la longitud, digamos, de los poemas. Para empezar, no hay ninguna ciudad concreta a la que se adapten estos versos que adoptan, en su mayor parte, formas estróficas clásicas o tradicionales, metro y rima mediante, sin que por ello los asuntos que se abordan dejen de ser los de un hombre de este tiempo. Ninguna originalidad, y aquí la hay, puede evitar la provechosa lectura de quienes nos han precedido. Resulta curiosa y chocante, para bien, esa mezcla de lo antiguo y lo moderno, en el sentido más radical y foixiano del término (ya presente en Laberinto), que da en una poesía distinta y única a la que es difícil encontrarle parecidos o similitudes. (Si acaso, de entre los poetas españoles en activo, la de Jaime Siles o Pere Gimferrer, en su faceta lingüística más experimental, y de los desaparecidos, tal vez la de José-Miguel Ullán.) No en vano, y eso es lo que importa, Marset es un poeta que va por libre. Su obra, una sobresaliente y exótica isla en el pequeño mar de la poesía patria. 
Lo más llamativo, en primera instancia (la poesía no debe contentarse, como la prosa, con eso), es el uso de estrofas (de poemas estróficos) que utilizaron poetas castellanos del XV, los más reflexivos del Cancionero (que Marset ha estudiado a fondo), como Juan de Mena (admirador de Dante y Petrarca), Guevara, Juan de Tapia, el Comendador Escrivá o Gómez Manrique, a los que cita. Lo mismo que alude a otros del Siglo de Oro: Góngora y Quevedo, por el lado del barroco, tan esencial aquí. Al frente de "Ritos", dedicado a Luis de Pablo, aparece un epígrafe elocuente de Unamuno: "Al fijar con ritmo y rima / el fluyente pensamiento". Es su poética.
Apunto el nombre del dedicatario porque la poesía de Marset es inseparable de la música (como la del mencionada lírica cancioneril). Es más, este libro (que ha contado con una ayuda del Fondo Antonio López Lamadrid, constituido en la Fundación José Manuel Lara) incluye, a modo de apéndice, el libreto de Lázaro, una ópera en un acto de Cristóbal Hálffter que se estrenó en Kiel en el verano de 2007.
De la música y de la pintura y la escultura (no se olvide que, junto a Patricial Ehrle, su mujer, Marset dirige la poliédrica revista Sibila) pues la segunda parte (de las tres de que consta este volumen de 200 páginas), "Partida doble", es un homenaje, en dos series, a la obra de Juan Muñoz (dedicada a la que fuera su esposa, la escultora Cristina Iglesias) y Ángel Alonso (a la memoria de su hijo Jean Jacques).
Es posible que este sea el libro más "transparente" de este poeta cosmopolita, como reza en la nota editorial, pero ha de quedar claro que su poesía no es fácil. De las de aquí te pillo y aquí te mato, quiero decir. Busca un lector exigente dispuesto a degustar delicatessen y no meras ocurrencias o bobadas, por mucho que vendan. Las numerosas dedicatorias, tan calculadas y exactas como todo cuanto figura, de un modo u otro, en la obra, dan pistas a quienes la hemos frecuentado y a quienes conocemos a la persona que la ha escrito. Maestros, amigos... A la tópica encrucijada de los cincuenta hay que sumar, basta con leer atentamente entre líneas, circunstancias personales que marcan a fuego lo escrito. La enfermedad, como es perceptible, y en consecuencia, la muerte; vista de cerca, cabe añadir.
Pero no es la anécdota, aunque elevada a categoría, lo que prima en Días que serán. Es el lenguaje, ya se anticipó. Ritmo (sonido) y rima, también se dijo. Y muchos más recursos, como paranomasias y aliteraciones. Y encabalgamientos. Y juegos de palabras que no agotan los múltiples procedimientos técnicos que ofrece el idioma, más en manos de alguien que lo maneja como un virtuoso. Léase "Adivinanza", por ejemplo. Es en la primera parte, "Lo que pasó", donde esa presencia del lenguaje es más evidente y en ella encontramos poemas memorables como "Duro es el paso" o "Ejecuciones". Aunque grave, el tono contempla el uso del humor y la ironía.
A uno le ha gustado sobre todo la tercera parte, "Está por ver". Y ya allí, las, podemos decir, subpartes: "Sombra de voz", poemas destinados a distintos poetas hispanoamericanos (su compromiso con la poesía de la otra orilla es elocuente); "Tardanza", tres poemas que dedica a tres amigos de su estancia neoyorkina: Sobejano, Stavans y Negroni, donde leemos: "La vida / tarda en llegar / la vida entera" y: "La vida empieza / cuando menos la esperas, / cuando ya es tarde, / cuando ya te deja"; "Esparzas", envíos, respectivamente, a José Hierro, José Ángel Valente ("Entré en el antro / vientre del centro") y Claudio Rodríguez; y "Parcas", que dedica a Gamoneda, seis poemas de cuatro versos cada uno que, metafóricamente, y si se me permite el exceso, parecen pedradas. Por lo directos que son. Por lo certeros. Porque duelen. Sí, el dolor es algo inseparable de esta íntima confesión que no lo parece. La sexta dice: "Como recientes / perdidos vuelven / marchitos ya / los días que serán".
Bien está que libros así, tan ajenos a modas, se publiquen. Y que haya colecciones dignas de tal nombre dispuestas a apostar por ellos. Y mejor aún que haya poetas que se atrevan a llevar las tradiciones un poco más allá. Quien se interne en Días que serán no saldrá indemne. Toda una experiencia. 

5.1.17

Vanitatis

CR
De Claudio Rodríguez, por supuesto.

Los mejores
No hay lista buena.

Lord Gim [1]
En El Cultural, el periodista Alberto Gordo recuerda a Pere Gimferrer que nunca le ha gustado leer sus poemas y pregunta al poeta catalán el porqué. Éste responde: "Lo he hecho cuando me lo han pedido. Pero creo que yo, como Cernuda o Eliot, no soy un buen lector en público. Aunque entiendo que al público le interese saber cómo leo yo".

Antojolía
No sabe uno qué le fastidia más: si quedar fuera de la última antojolía, que diría el incisivo Juan Ramón, o haberle dado importancia a esa eventualidad.

Cosmopoética
Cuando comprobó que era el único poeta español, entre miles, que no había pasado por el festival cordobés, no tuvo más remedio que incorporar ese dato sustancial a su currículum.

"No hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo".

A sus discípulos
Maestro, sí, pero de escuela.

De campeonato
En una entrevista realizada a un poeta al que acaban de conceder otro premio provincial, enésimo de su nutrido palmarés, el probo periodista comenta: "Y por unanimidad". "Sí. Eso sí que es verdaderamente milagroso -responde éste-. Yo que [he] estado en algún que otro jurado de premios de poesía, puedo decir que es un milagro que entre tantos libros el elegido sea el tuyo, y que encima sea por unanimidad. No obstante, me comentaba el jurado que la diferencia era grande, que aunque había tres o cuatro con mucha calidad también, no hubo discusión". Y de nuevo el periodista: "Ha competido con 400 poemarios de 25 países, ¿le hace sentir especial". "No -contesta-. Es una satisfacción pero cuando gané el Manuel Alcántara, en donde se premiaba un solo poema, competí contra casi 2.000".

[1] La brillante ocurrencia -un homenaje literario al personaje de Lord Jim, la novela de Joseph Conrad- no es mía, sino de Gonzalo Hidalgo Bayal. De hace muchos años. Que conste.

2.1.17

Poemas de Eugénio de Andrade

Ya anunciamos aquí que la editorial Polibea (que ha iniciado la serie "Poesía Latinoamericana de Ahora" con sendos libros de Zurelys López Amaya -que prologa Verónica Aranda- y Jamila Medina Ríos -que introduce Ariadna G. García- , las dos cubanas) había fundado la colección Orlando Versiones y que en ella ya habían visto la luz tres títulos. Además de las Odas de Keats y los Claros de Ramos Rosa, Blancura, una antología de poemas de otro portugués: Eugénio de Andrade, en versión de Miguel Losada. 
Dije antes luz y esta es una palabra clave en la poesía del de Póvoa de Atalaia (1923), en La Raya, y en este "itinerario poético" de alguien al que Losada califica, en su apasionado y entusiasta prólogo, de imprescindible. Así es. Como que la suya es "una de las escrituras más intensas y más llenas de misterio de la poesía europea del siglo XX".
Esa luz andradiana, fruto de "una obsesión por la claridad", "blanco en lo blanco",  es la que a uno le acompaña desde hace mucho, desde que me deslumbró por primera vez (al menos en forma de libro) gracias a la antología de Ángel Crespo en Plaza & Janés (1981) y a las traducciones ejemplares que hizo de sus poemas Ángel Campos Pámpano (como Materia solar y otros libros, en Galaxia Gutenberg, o Todo el oro del día, en Pre-Textos), donde uno se ha sentido más cerca de la voz del portugués que se carteó con Cernuda.
Su "oficio de paciencia" se centra, sí, en la luz, una luz que viene de su tierra natal, del sur, de los veranos y la cal. De la limpia pobreza que define sus orígenes. Andrade es un poeta mediterráneo al que no le falta el mar (no en vano vivió y murió en Oporto, en 2003). "Canto solar", sin duda. "Contra la luz, nada podéis". Poesía "hecha con la sustancia de la luz".
Y con esa suerte de transparencia, más que un mero fenómeno físico, la onmipresente figura de la madre. La infancia y su más perdurable paraíso. Y el amor: "Nunca el amor fue fácil, nunca". O: "la belleza de los jóvenes que se aman es melancólica".
En la muestra (bilingüe), treinta y cuatro poemas decisivos. Destacaría: "Corazón habitado", "Casa en la lluvia", "Había una palabra... (de su libro Materia solar), "Dejo a Miguel..." (su sobrino), "Surcos del verano", "Sur" (Assim: arder do ar), "Último poema", "El lugar más cercano", "La poesía no va" ("Lengua de fuego del no, / camino estrecho / y sordo a la abdicación, la poesía / que es una especie de animal / en lo oscuro que rechaza la mano / que lo llama"), "No llueve" ("No podría vivir donde la luz / fuese extranjera"), "La pequeña patria" (La del pan; / la del agua..."), "Escribo" ("Escribo para subir / a las fuentes. / Y volver a nacer").
Este verso resume lo que Andrade logró: "Hablé de todo cuanto amé". Ha sido un placer volver a recordarlo. 

Dejo a Miguel las cosas de la mañana:
la luz (si no estuviera ya corrompida)
camino del sur,
el suelo limpio de las dunas desiertas,
un verso donde los guijarros son
de porcelana,
el ardor casi animal
de una granada abierta.

31.12.16

De Badajoz

Además de Fiscal Superior de Andalucía y poeta, Jesús García Calderón (Badajoz, 1959), que pertenece a diversas academias (no a la Extremeña) y corporaciones, es un estudioso de la defensa de los bienes culturales y arqueológicos (los submarinos incluidos). De esa muy humana pasión por el Patrimonio debió surgir, siquiera en parte, la idea de dedicar una tetralogía a las ciudades en las que ha vivido: Badajoz, Sevilla, Lugo y Granada. Consagró la primera entrega, El mal de la muralla, a la melancólica capital gallega y, ahora, también en la ruteña Ánfora Nova, la segunda a su ciudad natal. Su título: Una ciudad traicionada. La ciudad de Badajoz como temperamento.
El libro se abre con una carta del poeta Antonio Carvajal, amigo del autor, donde éste le confiesa que "no estoy en condiciones de redactar un prólogo ni un epílogo para esta tu nueva obra", lo que a la postre resulta, paradójicamente, una perfecta introducción al libro. Allí cuenta que en los años sesenta del siglo pasado vivió en Badajoz "de oídas" gracias a los relatos sobre aquel remoto lugar fronterizo de su íntimo amigo Carlos Villareal, natural de Badajoz, y de su madre, doña Juana Valero, exiliada, digamos, en Granada. "Al fondo, el cuadro de Pedraja". Y alude a la "música del habla" y a la "bonhomía" y de ciudades "con más prestigio cultural pero menos verdad". Al leer esas pocas palabras también verdaderas no he podido por menos que evocar un día agobiante de mediados de mayo en el que compartí en Badajoz mesa y mantel con García Calderón y Carvajal, en un mesón de la Plaza de Santo Domingo de Guzmán. De eso hace diez años y ETA, que había asesinado a su antecesor en la Fiscalía, todavía mataba. 
¿Por qué traicionada?, se preguntará el lector. Pues porque en la segunda mitad del siglo XX, "favorecida por el estallido de la guerra civil y la posguerra" y, añade uno, del franquismo, su patrimonio cultural fue prácticamente demolido, en especial su recinto amurallado. Porque, como dijo Hemingway, y cita JGC, no se debe escribir sobre un lugar "hasta que no estés lejos de él", él ha comprendido Badajoz "desde el recuerdo". "Este breve ensayo, en definitiva, no es más que un conjunto de íntimas reflexiones que se han incrementado con la añoranza, que aún siento por Badajoz", su "pequeña patria". Por la infancia empieza este paseo por la memoria que no deja de ser una suerte de autobiografía: "Comencé a entender la ciudad en la que nací poco después de abandonarla". Eso fue a los 17 años y el desde Sevilla, donde se fue a estudiar junto a algunos hermanos de su familia numerosa. Para entonces, el padre ya había muerto. Era periodista del diario HOY... de Badajoz.
"No es fácil teorizar sobre la ciudad natal", afirma. Sabe, eso sí, que esa ciudad de la infancia es clave en la vida de cualquiera. Es donde empieza todo.
La suya es una "ciudad incomprendida". Desdibujada, diría, de ahí la importancia de este ensayo. Una "ciudad refugio", como todas, que aquí, por ser "plaza fuerte", es, además, "ciudad centinela" y "ciudad baluarte". Su "condición fronteriza" es indisoluble de su "condición interior". "En un rincón del mundo", la "ciudad mutilada", "remota" y "detenida", "abaluartada" y "austera", "completamente traicionada por la mano del hombre con la excusa del desarrollo".
Ciudad fluvial, como Mérida, por culpa del Guadiana, con añoranza del mar y de las playas (del oeste, del sur), un sentimiento muy pacense. Y muy portugués. Y ahí, La Raya, todo un temperamento también. "Una especie de tercera tierra o de lugar común que, sin negarla, supera la pertenencia a las dos naciones ibéricas". La primera frontera del mundo. La frontera que en realidad no lo es. Si acaso, la frontera permeable. Desde Galicia hasta Huelva.
"Ciudad de la finitud", dice con Byung Chui Han, un filósofo al que JGC cita en momentos que, como en otras ocasiones, no esquivan la mirada poética. La poesía. Y de cielos infinitos, eternos, algo que uno comprendió una tarde inolvidable desde la terraza áerea de la casa de mi amigo Antonio Franco, otro pacense de pro, sobre el río Guadiana, a un paso del viejo hotel Zurbarán.
Ciudad de conversaciones en cafeterías y veladores. Ciudad de paseos. Melancólica, de tan portuguesa, a pesar del histórico "olvido de Portugal".
Ciudad de la Alcazaba, que uno siempre veía al llegar desde Cáceres con la admiración de quien la considera acaso lo mejor de su línea del cielo. Sólo por eso...
Ciudad con identidad propia, que, a pesar del tópico, tuvo y tiene, aunque ahora sea distinta.
A su "expolio" se refiere el jurista. Por la falta de respeto a la legalidad, por la falta de cumplimiento de la normativa urbanística y por dejar que se cumpliera la teoría de las ventanas rotas de Zimbardo. Opina después sobre lo que debió hacerse para evitar que quedara "despojada casi completamente de su riqueza monumental". Porque "No es azarosa esta destrucción absurda de la vieja ciudad amurallada". Y no fue sólo por culpa de la "incultura". Es más, uno echa de menos, si se me permite el excurso, que JGC no aporte ningún nombre. El de algún alcalde, por ejemplo, que fuera cómplice, cuando menos, de esa masacre arquitectónica.
Tras el capítulo "Breve referencia a la ciudad y su pequeñas literatura" (donde menciona dos novelas importantes a la hora de comprender nuestra historia: La última fanega, de Antonio García Orio-Zabala, su padre, y Memorial de Ventoleras, de Julio Cienfuegos Linares) y al futuro de esa mesópolis, que no olvida a su hermana pequeña, la patrimonial ciudad lusa de Elvas (¿por qué no un tranvía hasta que las comunique?, se plantea) ni la "economía de la cultura", otro apartado fundamental: el que dedica al temperamento del pacense como "ser transitivo", acaso el mejor y más hondo del conjunto.
Asumir "la conciencia de la traición", "sin rencor", es el primer paso para recuperar ese futuro al que acabamos de hacer referencia. Se trataría de "rehacer". El paso está dado: este libro desentierra del olvido una maquinación que está en la base de su actual temperamento. No sé si, como uno, los pacenses eran hasta ahora conscientes de ese gravísimo hecho. Seguro que mi amiga Isabel Sánchez, pacense en Salamanca, sí. Ya no tienen excusa. Emocionante. Tanto, cabe añadir, como los poemas incluidos en el cuadernillo del Aula de Literatura "Enrique Díez-Canedo" de Badajoz editado con motivo de su lectura allí (hace la número 148) el pasado 15 de diciembre. No falta un puñado de inéditos, como "Teorema de Sesimbra":

Cada universo contiene una nación remota
y cada nación conserva una región remota
y en cada región, una comarca remota
y en cada comarca hay algún lugar remoto
y en ese lugar remoto hay un quintal
con un niño que sueña con lugares remotos.
No tiene el buen viajero que medir la distancia
porque es su alma quien guarda los lugares remotos
que enciende con sus pasos la duda del regreso.

29.12.16

El ciudadano ilustre

A Plasencia no llegan esas películas minoritarias, por muy norteamericanas que sean, donde la literatura se cruza con el cine. No digamos si el encuentro es con la pobre poesía. Por eso, de las recientes, uno no ha podido ver Historia de una pasión (de Terence Davies, con la inmensa Emily Dickinson al fondo) ni Paterson (de Jim Jarmusch, titulada por algo como el memorable poema-libro de Wiliam Carlos Williams). Sí ha llegado, cosa milagrosa, El ciudadano ilustre, de la que Carlos Boyero, en su reseña El País, dijo: "es tan original como inteligente, un ejercicio saludable de mala hostia, un relato imprevisible sobre las miserias de la condición humana, una comedia casi siempre feroz y en la que aquello que nos parece caricaturesco o surrealista tan vez solo obedezca a la vocación de realismo".
Va uno muy poco al cine, pero la película me ha gustado. Mucho. No sólo por la condición de escritor de su protagonista, con el que en ningún caso me identifico, aunque suscriba casi todas las afirmaciones sobre literatura que deja caer a lo largo de la película. He disfrutado, por ejemplo, las interpretaciones de los secundarios: el alcalde, su amigo Antonio... Por lo demás, todos los que vivimos en ciudades pequeñas (a las que llega el cine que llega) sabemos muy bien de qué hablan Duprat y Cohn, los directores de ésta. 

27.12.16

La prosa de Bishop

Para el lector español, el primer contacto con la poesía de Elizabeth Bishop (Worcester, Massachusetts, 1911–Boston, 1979), que apenas publicó cien poemas en vida, fue probablemente a través de los que tradujo Octavio Paz, recogidos en Versiones y diversiones. Luego llegó la primera antología, publicada por Mistral, de Orlando José Hernández, la misma que apareció unos años después en Visor.
La editorial Igitur publicó otro florilegio: Obra poética, a cargo de D. Sam Abrams y Joan Margarit, y antes, su libro Norte & Sur, traducido por Eli Tolaretxipi.
Por su parte, Vaso Roto, que ya había publicado Una antología de poesía brasileña y Flores raras y banalísimas. La historia de Elizabeth Bishop y Lota de Macedo Soares, de Carmen L. Oliveira, da a la luz, en dos tomos, su Obra completa y empieza por el segundo, que titula, a secas, Prosa. Lo ha traducido con solvencia el poeta Mariano Peyrou y el volumen tiene casi ochocientas páginas. La edición literaria es del poeta y crítico Lloyd Schwartz, así como el prólogo.
No es la primera vez que se da a conocer la prosa de la norteamericana en España. En Lumen apareció Una locura cotidiana, un conjunto de apenas ocho relatos traducidos por Mauricio Bach que tuvo una excelente acogida por parte de la crítica.
El libro que nos ocupa está dividido en cinco partes: “Cuentos y memorias”, “Brasil”, “Ensayos, reseñas y homenajes”, “Correspondencia con Anne Stevenson” y “Apéndice: Prosa temprana”. Pone el colofón un breve capítulo dedicado a la procedencia de los textos.
En lo que se refiere a la prosa propiamente dicha, diremos que se reúnen los relatos que publicó en vida, casi siempre en The New Yorker, a caballo entre la memoria y la ficción, con un inevitable cariz autobiográfico que ella misma confiesa. Así, en el más famoso, “En la aldea” (que para Bach era “pueblo”), se alude a la locura de su madre, internada en un sanatorio psiquiátrico. Este hecho y su posible causa: la prematura muerte de su padre a los 39 años, cuando ella tenía ocho meses y su madre 29 (y llevaban tres años casados), obligó a que la cuidaran sus abuelos maternos, muy presentes en éste y otros relatos, como “El ratón de campo”, donde la casa colonial de la familia, una antigua granja de Nueva Escocia, se convierte en centro de operaciones. Con ironía, dijo haber tenido “una «infancia infeliz» de primera categoría”.
Otros relatos reales son “Gwendolyne” y “La clase de infantil” (sus primeros recuerdos, cuando tenía cinco años y su madre enloqueció). En “La Escuela de escritura. EEUU” narra su trabajo como correctora de textos por correspondencia, donde menciona su “educación de clase alta” y su paso por el exclusivo Vassar College. En “Un viaje a Vigia” ya aparece Brasil. En “Esfuerzos del cariño: Recuerdos de Marianne Moore” evoca a su mentora, amiga y excepcional poeta, a la que conoció (junto a su influyente madre) en 1934, “una de las mejores conversadoras del mundo”. Porque la ficción cede el paso a la memoria, bien podría haber sido incluido en la segunda parte del volumen.
Los relatos que conforman el núcleo central de su prosa creativa, fueron escritos en un periodo de cuarenta años, entre 1937 (“El bautismo”) y 1977 (“Recuerdos del tío Neddy”).
A manera de resumen, podríamos decir que aplicó a la narrativa los mismos principios que destinó a sus versos. Admiraba en un poema, sobre todo, “la precisión, la espontaneidad, el misterio”. Cualidades que también imperan en sus relatos, alejados de cualquier atisbo de prosa poética al uso, edulcorada y falsamente lírica. José María Guelbenzu, que los califica de “minimalistas”, afirma: “La sencillez es, en este caso, una obra maestra de depuración estilística”. Y añade: “Bishop muestra en su prosa una alta imaginación poética, pero no hace poesía con ella”. Y concluye: “Todos los cuentos parecen hechos de minucias y se aproximan al lector con una actitud casi doméstica, pero tras ellos se adivina la mirada soberbia de alguien que sabe distinguir muy bien entre lo que es significativo y lo que no lo es”. 
Por Brasil, todo un libro (que nunca le convenció), cobró diez mil dólares, pero los editores de la revista Life, donde vio la luz, no respetaron el original que en esta edición aparece por primera vez tal cual se concibió.
En lo que respecta a la tercera parte, no es casual que empiece analizando la poesía de Marianne Moore: “Como gustéis”. Sigue con e.e. cummings (compartieron asistenta un tiempo), Emily Dickinson (a cuya estirpe pertenece: “En cierto modo, todas las cartas de Emily Dickinson son cartas de amor”), Laforgue, Huxley (en Brasil), Lowell (tanto el texto para la sobrecubierta de Life Studies como “Notas sobre Robert Lowell”, que no deja de ser un excelente retrato del “magnífico poeta” bostoniano. “Cada vez que leo un poema de Robert Lowell tengo una escalofriante percepción del aquí y el ahora, de una precisa contemporaneidad”. La de Lowell es una presencia constante, le admiraba profundamente.
Mención aparte merece “Escribir es un acto antinatural”, una suerte de poética. Ahí habla de las citadas cualidades del poema y nombra a sus tres poetas favoritos (“en el sentido de que son como mis «mejores amigos»”: Herbert, Hopkins y Baudelaire. También habla de Auden (al que dedica más adelante un homenaje: sus versos “forman parte de mi vida”), Frost, Wordsworth…
Elogia a Randall Jarrell (“el mejor y más generoso crítico de poesía que he conocido”) y podemos leer el prólogo a Una antología de la poesía brasileña del siglo XX.
La correspondencia con Anne Stevenson, de 1963 a 1965, con motivo de la monografía sobre su poesía para la “Twaynes United States authors series”, es acaso lo mejor. Alude a ese estudio como “esta especie de condensación de mi «vida»”. Habla de su afición a la pintura, la música y la arquitectura. De lo “harta” que está de que la “asocien” a Moore: “yo siempre he sido una poeta del montón con un «oído» tradicional”. De Lowell, Stevens, Neruda, Chéjov y Dewey. De su labor literaria: “Trabajo con mucha lentitud”. Del “pecado capital” de “la falta de observación”. De política (“siempre he sido anticomunista”) y religión (le gustaba Santa Teresa). De cómo dice haber escrito una poesía “preciosa”, pero que detesta lo “precioso”. “Mi pronóstico es pesimista”, asevera.
Cierra el volumen la prosa temprana, casi toda publicada en Vassar entre los años 1929 y 1934. 

NOTA: Esta reseña ha aparecido, junto a otras muchas, en el número 120 de la revista Turia, que dedica su Cartapacio a Ramón Acín, publica textos inéditos en prosa y verso, una reflexión del incisivo Valentí Puig, un par de conversaciones (con Villena e Isidro Ferrer, que ilustra el número espléndidamente) y otra entrega de los diarios (La primera patria) de su director, Raúl Carlos Maícas, que, para uno, como siempre, está entre lo mejor del volumen. "En esta sociedad infectada por la intolerancia, la infelicidad es el amor al revés". "Reconozco que, ante ciertos mercaderes de la indecencia, lo más cómodo sería cerrar los ojos, taparme los oídos, sellar mi boca. Pero no puedo. Soy de los que creen que indignarse no es una tremenda estupidez sino una admirable muestra de responsabilidad". Pienso lo mismo.