14.11.19

¿Obra cerrada?

Todo el mundo sabe que hay acciones culturales realmente minoritarias cuyo éxito depende de que se haga entender a los agentes interesados el impacto social y económico que proyectan. Y por añadidura, que son fuente y plataforma primordial de los valores compartidos por la sociedad.
Tras dar a conocer el modelo peculiar de convenio con el que la Fundación Caja de Extremadura pretende ceder los fondos del Salón de Otoño de Plasencia (sin mención, por cierto, a los de Obra Abierta), Trazos del Salón se ve en la obligación de salir de nuevo a la palestra.
En lo que respecta a la justa y necesaria reivindicación de que Plasencia acoja y exponga esos fondos, un honesto empeño cívico que apoyan más de doscientas personas y entidades, es necesario apelar, sí, al localismo, siquiera sea en su sentido más genuino y menos dañino (el arte es por definición universal y sin fronteras), pues el acreditado concurso lo inició la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Plasencia y acerca de su definitivo destino ya se pronunció en su día la entidad en la que se integró, Caja de Extremadura, mediante múltiples manifestaciones de sus directivos en las que se comprometían a ubicar aquí la colección, y más concretamente en el antiguo convento de las Carmelitas, inmueble adquirido para ese uso.
Por eso reivindicamos la historia, el legado y la potencialidad que guarda este proyecto para la ciudad y toda las comarcas del norte extremeño. Y lamentamos que, no sin cierto cinismo, la Fundación pregone que ya se pueden contemplar obras en un centro cultural semicerrado o en los pasillos del hospital.
El Ayuntamiento, nos consta, aceptaría discutir las condiciones del extravagante convenio, pues no es acorde con el compromiso estatutario que tiene la Fundación con la sociedad extremeña en general y con la placentina en particular. Un convenio en el que, para sorpresa de propios y extraños, se admite explícitamente la cesión del uso y disfrute de esos bienes a personas físicas.
Y ya que lo mencionamos, conviene señalar la falta de apoyo y de diálogo de los patronos y directivos en la Fundación vinculados y residentes en esta ciudad. Una falta de aprecio y una irresponsabilidad tan reprochable como incomprensible.
A pesar de que se hace una discriminación en el citado convenio para acceder al usufructo de los citados fondos, recalcamos que Salón de Otoño y Obra Abierta van indefectiblemente unidos y son inseparables en la colección, como implícitamente reconoce la misma Fundación en un folleto editado con motivo de la muestra de ciertas obras en la red de Paradores. Ésta, formada desde los años ochenta mediante premios y adquisiciones, sólo tiene sentido en su conjunto y no como exhibición de piezas individuales, lo que sucede en la cesión a Paradores y, de forma explícita, en el convenio público recientemente convocado. Así se convierte en un elemento decorativo más, alejándose del interés cultural intrínseco que debe conservar.
Para apreciar su riqueza, fundada en la variedad de estilos y de técnicas, basta con mencionar los nombres de Dis Berlin, Fernández de Molina, Corujeira, Vega Ossorio, Morato, Carralero, Guimarães, Proença, Ciria, Patiño, Albano o Ludueña.
El proyecto emprendido por esta asociación Trazos intenta aportar soluciones que ayuden a conocer el legado de la institución Fundación Caja de Extremadura y, por fidelidad a la memoria y la voluntad de cuantos artistas han formado parte del mismo, persigue propiciar el disfrute de los ciudadanos en general. Se trata, en fin, de que, como venimos repitiendo con paciente insistencia, la colección Salón de Otoño/Obra Abierta sea expuesta en su conjunto de forma permanente, y que funcione como nexo integrador de un Centro de Arte que cuente con un discurso riguroso y estructurado.
Por otra parte, cualquiera entiende que esta colección ni puede ni debe exponerse de forma permanente en otro punto de Extremadura; no digamos en manos de particulares, como el convenio alegremente contempla.
Acerca de la ubicación de esos fondos, Plasencia cuenta con espacios que, debidamente acondicionados, podrían albergarlos. Así, sin ir más lejos, el edificio central de Liberbank reuniría las condiciones idóneas para acoger la exposición permanente y convertirse, de paso, en ese Centro de Arte que la ciudad demanda. Un emblemático edificio al que resultaría difícil darle otro uso. Téngase en cuenta lo que ha hecho Liberbank en Mieres, donde la entidad bancaria alcanzó un acuerdo con el Ayuntamiento para que el Centro Cultural de esa villa asturiana (antes Cajastur) siga cumpliendo la función social para la que fue concebido.
O los altos de la Plaza de Abastos, un recuperado espacio industrial de los años 30, también idóneo y que potenciaría el Centro Cultural Las Claras, con una integración casi perfecta. O, en fin, el previsto para el antiguo convento de las Carmelitas, por ahora malogrado y con las obras paralizadas.

MARÍA JESÚS MANZANARES, SANTIAGO ANTÓN Y ÁLVARO VALVERDE. ASOCIACIÓN TRAZOS DEL SALÓN

Publicado en el diario HOY.

Nota: La ilustración corresponde a la obra 'El entrenamiento', de Manuel Mediavilla Crespo, I Premio de Escultura del Salón de Otoño de Plasencia (Caja de Extremadura).

2.11.19

Questions of travel























Desde que lo leí por vez primera
me obsesiona el poema “Cuestiones de viaje”,
de la bostoniana Elizabeth Bishop.
Nunca ha dejado de estar en mi memoria,
ni de interpelarme sus preguntas.
No hay viaje que no me lo recuerde.
Tras descubrir Brasil,
nuestra poeta inquiere, por ejemplo,
si hubiese sido mejor quedarse en casa
e imaginar ese lugar.
De ser así, tampoco
estaríamos nosotros aquí.
Nos acomete la misma inmadurez:
la de mirar el sol desde esta orilla,
por más que brille ahora por su ausencia.
No nos basta con soñar nuestros sueños:
debemos vivirlos también.
Ella evoca a Pascal, esas desgracias
que derivan del hecho de ser incapaces
de no quedarnos solos y tranquilos
en nuestro propio cuarto. Se interroga:
¿Es falta de imaginación lo que nos obliga a venir
a lugares imaginados, en vez de quedarnos en casa?
Estamos en Sofía, pero podría ser
en cualquier parte.
Con ella, por fin, nos cuestionamos:
¿Deberíamos habernos quedado en casa,
dondequiera que eso quede?
Y en su formulación retórica,
no encontramos al cabo la respuesta.


Nota: Este poema se ha publicado en  el número 17 de la revista sevillana Estación Poesía, que dirige Antonio Rivero Taravillo, y pertenece al libro inédito Cuaderno de Sofía. 
La fotografía está tomada en la capital búlgara, desde una habitación del Art'Otel, en Gladstone Str. 


31.10.19

En Malpartida


Estas son las palabras que Florentino Rodríguez Oliva, profesor jubilado y cronista oficial de la villa de Malpartida de Plasencia, leyó en la presentación de mi encuentro con los lectores chinatos que tuvo lugar el pasado 25 de octubre en la Casa de Cultura José Canelo.

Ilustrísimas autoridades, amigos todos que nos acompañáis, buenas noches y muchas gracias por compartir unos momentos dedicados a la creación literaria, a la palabra poética, a los contenidos estéticos y culturales. Es decir, todo lo que actualiza, enriquecido, la presencia del escritor Álvaro Valverde entre los chinatos; un placentino de pro y cada vez más universal en el mundo de las letras, muy cercano a nosotros no solo en lo geográfico, y a quien damos la bienvenida y recibimos con gratitud y satisfacción. Es un honor, pues, y una gran suerte que Álvaro haya aceptado venir a este Encuentro con los Escritores, promovido desde la Biblioteca José Canelo y el Club de Lectura, con el patrocinio del Ayuntamiento de Malpartida, y que se incluye en el Otoño Cultural chinato.
La presentación de Álvaro Valverde ante un público heterogéneo, aunque inquieto e interesado ante el hecho cultural, entraña ciertas dificultades para quien ha de hacerla, pues tan extenso currículum y tan reconocidos méritos desbordan los límites de cualquier pretendida síntesis. Bien es cierto que en este caso al presentador le apetecería leerles poemas del excelente poeta que tengo a mi lado. Pero no puedo invadir ese terreno, pues es su voz la que hemos venido a escuchar, es él quien nos acercará a sus creaciones, a su literatura, a su concepción de la poesía, a su visión del mundo (interior y exterior) plasmada en los textos, en los poemas que llenan un buen número de libros publicados.
Si algo caracteriza a Álvaro Valverde, ello es su intensa actividad como escritor, la capacidad y el tesón en el trabajo creativo y en el de crítico literario, unidas a su voracidad lectora. En efecto, a más de la profesión docente (lleva ejerciendo ya muchos años como maestro), que de por sí es absorbente y exige mucha entrega, Álvaro se multiplica y estira el tiempo, su tiempo vital, llenándolo de contenido, que, al igual que el fruto docente dedicado a los alumnos, nos entrega a los lectores en forma de textos, y no exclusivamente poéticos, aunque sea en este género, el de la lírica, donde hoy nos centramos y del que él nos va a regalar una buena muestra enseguida.
Aparte sus características personales (la bonhomía y la sencillez de un hombre discreto que vive de una manera más bien callada y humilde, como sin querer molestar ni llamar la atención, en el ámbito familiar y en el espacio natural de los lugares físicos donde transcurre su existencia; pero también en esos espacios o “territorios” interiores de su creación), Álvaro Valverde es el inquieto agente impulsor de las letras y de la cultura desde distintos medios: la charla, la lectura de poemas en centros educativos, en encuentros como el de esta noche, en mesas redondas, en presentaciones de libros, en aulas y talleres literarios, etc. El Plan Regional de Fomento de la Lectura en Extremadura (en que se integra el club de lectura de Malpartida) se lo debemos a iniciativa de Álvaro Valverde, quien también fue director de la Editora Regional, presidente de la Asociación de Escritores Extremeños, fundador del Aula Literaria “José Antonio Gabriel y Galán” de Plasencia. Colaborador de los diarios ABC, HOY, revistas y suplementos literarios de gran prestigio (y en algunas de las cuales fue cofundador junto a otros escritores): Espacio EscritoLiteraturas Ibéricas SuroesteTuriaClarínCuadernos Hispanoamericanos… Y en la actualidad, es crítico de poesía en el suplemento El Cultural, del diario El Mundo.
El poeta Álvaro Valverde, cuyas primeras publicaciones datan de los primeros y mediados ochenta, está incluido en las antologías poéticas más representativas de la poesía española contemporánea, coetánea a nosotros, ya que debe señalarse que nuestras generaciones han conocido el nacer para la poesía, el crecimiento en ella y la consolidación en la misma del escritor que nos acompaña esta noche. Acerca de su producción, se ha publicado una abundante bibliografía (reseñas, artículos, críticas de libros, entrevistas, ensayos, blogs, páginas web) de reconocidos expertos en la materia, tanto en España como en el extranjero. No debe olvidarse que sus poemas han sido traducidos a varios idiomas (inglés, francés, alemán, portugués, italiano, neerlandés y polaco) y un buen número de ellos están incluidos en antologías de esas lenguas.
Los poemarios de Álvaro Valverde, a más de los que figuran en ediciones de nuestra tierra (Alcazaba, Editora Regional de Extremadura, De la Luna Libros), han sido publicados en editoriales de renombre y prestigiosas como Visor, Hiperión y Tusquets Editores. De entre los títulos, sin agotarlos, podemos citar algunos como
Territorio (1985), Las aguas detenidas (1989), Una oculta razón (Premio Loewe 1991), Mecánica Terrestre (2002), Desde fuera (2008), Plasencias (2013), Más allá, TángerEl cuarto del siroco (Premio Nacional Meléndez Valdés 2018).
(Sus obras en prosa: Las murallas del mundo (novela, 2000), Alguien que no existe (novela, 2005), El lector invisibe (artículos, 2001), Lejos de aquí (viajes, 2004)
Llegados aquí, y según vamos de tiempo, no debo ni podría abarcar la tarea de señalar, ejemplificando con textos, los rasgos peculiares de la poesía de Álvaro Valverde. Él lo hará mejor que yo, y estoy seguro de que la selección de poemas que nos lea y los comentarios acerca de la creación artística mediante la palabra satisfarán nuestra curiosidad y deseos de conocer mejor cómo piensa, cómo escribe y cómo nos llega la realidad a través de su visión personal, de su poesía. No obstante, algún apunte sí me voy a permitir. Para ello recurriré a lectores privilegiados (otros escritores y críticos) y al propio poeta, más alguna sucinta aportación personal, que hubiera deseado más amplia como ya he manifestado.
La poesía de Álvaro Valverde se nutre de un espacio-territorio natural-geográfico que él transita en sus composiciones, a pesar de que le puedan tachar de “poeta agropecuario”: árboles, pájaros, río, naturaleza…, es decir, el entorno donde ha nacido y en el que reside desde siempre. Pero esa realidad se transforma en un espacio-territorio íntimo, el cual, mediante el lenguaje, se convierte en refugio del sujeto lírico, el yo. Y es que lenguaje (el poema), realidad (territorio) y sujeto (yo) constituyen, como señalaba hace años Gonzalo Hidalgo Bayal, amigo del poeta y buen conocedor de su obra, los tres vértices de la poesía de Álvaro. El autor de La escapada, con una aguda intuición y acertado pronóstico, elegía el verso final de un poema sin título (“Hojas de acanto y rosas…”) que iba a marcar la trayectoria posterior del poeta, un verso que se convertía en síntesis de su pensamiento poético y de su compromiso literario: Hagamos de este lugar un territorio. Unos años después, con motivo de una antología de la generación de los 80, Álvaro Valverde, en una especie de manifiesto fundacional, reconocería el carácter axial de este verso en la concepción y desarrollo de su obra poética. Muy significativo de lo que decimos es el poema “Territorio del nómada”, incluido en el libro Ensayando círculos (1995).
Una obra reflexiva, meditativa, cuyo contenido se centra en la existencia del hombre, en su capacidad para transformar y transformarse, en la que se funden lo cotidiano, lo que acontece a su alrededor, lo asimilado de los libros, la fugacidad de la vida, el amor, la muerte… Es decir, una vez más, los universales del sentimiento… Y el hombre, centro del universo. La fusión se lleva a cabo mediante un lenguaje cuidadísimo, de palabra precisa, austero, sin ornamentaciones superfluas, reflejo de la mirada de Valverde a la naturaleza, esencial en su obra. Poesía también, como él confiesa, concisa. Poesía como resistencia ante un mundo de prisas, de banalidades, de consumo, de agresión constante y temeraria a la salud del planeta… Una poesía, como la de El cuarto del siroco (2018), su último libro publicado, que se convierte en “refugio perfecto contra la adversidad”. Un poemario, como otros más de nuestro poeta de hoy, que ha motivado la admiración y encendidos elogios de escritores y críticos, con unanimidad a la hora de señalar sus valores literarios, su calidad, la madurez del autor, el firme pulso con que discurre su trayectoria creadora y la excelencia artística de sus versos. Como escribe José Antonio Santano (Todo Literatura, 13-2-2019): “Un libro que nos devuelve la esperanza y la creencia en la poesía, en la más grande poesía actual española, cual es la que representa Álvaro Valverde”. Me parecen acertadas palabras que podrían hacerse extensivas para gran parte de la poesía de Álvaro, y muy pertinentes para cerrar esta presentación. Por eso termino y cedo la palabra al poeta, pues él y sus versos deben ser los protagonistas esta noche.
Muchas gracias.

29.10.19

Más "siroco"

El escritor Miguel Ángel Gómez publica en la sección de Opinión del periódico El Imparcial el artículo "Álvaro Valverde, poesía y permanencia". Con El cuarto del siroco al fondo. Muy agradecido. 

La literatura no es otra cosa que alcanzar un estado de conocimiento mediante palabras que no se pueden pasar por alto, impasibles. Imagina Claudio Magris que la literatura está marcada por la persecución de la temporalidad, del tiempo cuyo fluir hacia la nada es desilusión, como en La educación sentimental, de Flaubert. Un escritor es un tipo que entra en un cuadrilátero en una conversación importante y a partir de ese momento cada uno de los contrincantes propina golpes diferentes. Si un escritor no se atreve a ser escritor, jamás vagará por los muelles de la escritura. En cada verso, un poeta nítido y brillante empieza a jugársela. ¡Qué riqueza de obras da al mundo entonces! Para Paul Auster un libro, cualquier libro, empieza con una cadencia o un tono que nos remueve hasta el fondo del alma. La felicidad -lo expresó bien Nazim Himket- es la solidaridad humana. Y lo mismo sucede con la poesía.
He leído El cuarto del siroco (Tusquets Editores), de Álvaro Valverde, ya muchas veces. Este autor sabe que la poesía es como el agua, metáforas entre los otros y el yo. Es un libro extenso que levanta la vista hacia el pasado con el cuello torcido. Es una poesía prometedora, tenemos la sensación de que implica mucho más. El título del libro lo extrae de Leonardo Sciascia quien decía que, en algunas casas sicilianas “había una habitación donde las familias nobles se guarecían mientras soplaba el temible siroco”. La poesía de Álvaro Valverde tiene una táctica para su alta calidad, que le protege del viento traidor: sabe que la vida es una calle con conversación palpitante que le lleva hacia sí mismo, está plagada de homenajes que tiene a gala poner frente al lector (“Homenaje a María Zambrano”, “Juanramoniana”, “Homenaje”, “Constatación”, “No humo”, etc) en los que otros autores nos hacen señas con el dedo, dando a entender que tienen algo que enseñarnos. Es el caso de Juan Ramón Jiménez, Vladimir Holan, Andrzej Stasiuk, Joan Vinyoli… Buena parte de los poemas de El cuarto del siroco hablan de viajes imposibles y geografías que miramos y que nos miran mientras flotamos en la superficie, como un loto, y la vida que hay en nosotros se manifiesta en el crecimiento, como en el primer fragmento de “Solo de texto”: “Contemplo en lo que veo / la sed de otra distancia. / Si tres casas o el rojo / de un viaje imposible, / si tres rayos o el sol / que conmina al silencio. / La vasta geografía que miro / y que me mira / descansa sobre el mapa / soñado del geómetra”.
Virginia Woolf publicó un libro titulado Una habitación propia, que creía vivir y morir por ideas. Convirtió la destrucción en creación una y otra vez. Los monstruos que tenía que matar cada día eran las piedras que le impedirían contar más cosas sobre su vida. Recuerdo que, a medida que leía y leía, todo me permitía hablar con un conocimiento directo de ella. La vida pasa y no hay mucho tiempo para meditar en este cuarto que ahora abro. “Se ha muerto Moustaki”, dice Álvaro Valverde en “Final”, “como perece”, continúa, “el amor que nació / con sus canciones”. Evocadora poesía en prosa encontramos también en El cuarto del siroco, a modo de anotación de diario de esplendores no esfumados. “Noche” se titula uno de los ejemplos más claros: “De madrugada, los mirlos comenzaron a trinar. Un gorjeo cada vez más intenso. De más complejidad a ratos, grave. La inspiración daba a ese canto -genuino, ancestral- una mezcla perfecta de habilidad y de misterio”. El ganador del Premio Nacional Meléndez Valdés en 2018, amante de La realidad y el deseo de Luis Cernuda, nos trae aquí una poesía con un estilo propio, se ve empujado por una fuerza que controla aunque no quiere eludir las referencias que tienen la piel muy marcada. Los poemas -algunos de ellos fragmentos- están formados por aforismos, caso de “Mínima”: “El breve son / del pájaro / en la rama: / la escueta, / intensa levedad / del aforismo”; o de “Ventanas”: “Sobre el cristal, / los rastros de las frentes / que al pasar / aquí depositaron su dolor”; otras veces son referencias culturales concretas: “Ventanas clausuradas que conducen a aquella habitación de sombra y humo perdida en la alta noche de La Habana”, véase en “Una elegía”.
En los poemas de Álvaro Valverde asoman grandes árboles, fuentes con agua que no excluyen la emoción, abunda la quietud y la lejanía de quien aprendió a ver las cosas lleno de vitalidad. La poesía que quiere escribir aspira a no desaparecer, su ingenio, su erupción nostálgica le convierten en un poeta lúcido: “Unos discretos golpes en la puerta / le anuncian el final de su retiro. / Es hora de cenar. Apaga, cierra. / La vida espera fuera, la que él lleva, / como cualquier lector, / cuando no vive”, así termina el poema “El lector”. Álvaro Valverde concibe sus poemas como la voz de un recuerdo que parece alojado en su cabeza, o una luz que nos alumbra: “La de los cielos, / ocasos velazqueños, / de joven en Madrid. / La que vi en Grecia, / en Rodas, aquel día sentado / sobre el sol de la historia. / La eterna de Lisboa, / blanca, al Oeste, / hundiéndose en el Tajo”, en “La luz”. Hay muchos poetas a los que el placentino no ha rechazado, son muchos los que ha leído y homenajeado con pensamientos que corren como un reguero de pólvora: Pessoa, José Ángel Valente, Eloy Sánchez Rosillo, Wallace Stevens. Es la suya una poesía reflexiva que apaga el fuego del olvido con el extintor etéreo de la contemplación. Este diario lírico rebosa poemas con acequias (“Postal”), dolor por la ausencia de seres queridos (“Naturaleza pensativa”), arenas que nadie pisa en un tiempo apacible (“Fuera de temporada”), mirlos antes del alba y entre susurros (“El mirlo”), de estas y otras cosas que gorgotean en su interior. Una línea clara en definitiva destacando por sus horas invernales, por el gesto del poeta de dar un vaso de agua a quien tenga sed.

Nota. La ilustración es de Salvador Retana.

28.10.19

El sol

La otra tarde, mientras daba el paseo habitual a orillas del río, un paisano, ya mayor, al cruzarse conmigo en un paraje abrigado, me dijo: "Hoy canta el sol aquí, ¿eh?".
Su tono era de sorpresa. Uno también se extrañó al escuchar esa inesperada expresión tan desusada como hermosa.

Nota: La fotografía es de Toni Gudiel, para El Periódico Extremadura. 

25.10.19

La habitación de los recuerdos

Son muchas las lecturas que se han vertido sobre El cuarto del siroco y es que su autor, el placentino Álvaro Valverde (1959), es uno de los poetas más admirados y respetados de nuestro panorama lírico, no es para menos pues en su octavo poemario vuelve a dar una lección de madurez creativa, que viene demostrando desde el IV Premio Fundació Loewe por Una oculta razón (Visor, 1991). Desde entonces cada libro ha venido a erigirse como inmarcesible hito en ese exigente camino que debe ser la Obra.
Número 303 de la espléndida colección “Nuevos Textos Sagrados”, que dirige Antoni Marí, y con una sugerente ilustración de portada de Salvador Retana, que recoge en unos trazos el espíritu que anima el conjunto, el libro se compone de setenta y cinco poemas de ritmo imparisílabo, con predominio del heptasílabo y el endecasílabo, sin división interna en partes, sino organizados como un continuo de acuerdo con la pulsión de “quien resiste sereno a la intemperie”. El volumen se abre con un texto del propio autor, La stanza dello scirocco, donde éste explica el significado del título: “habitación donde las familias nobles se guarecían mientras soplaba el temible siroco”, y que le sirve para trazar una analogía con el “viento furioso de la existencia”, así pues para Álvaro Valverde la poesía es refugio necesario, “metáfora y verdad”, dirá en el poema que inaugura el libro, “A modo de poética”.
Tras las elocuentes citas de Kenneth Koch, Anne Carson y Emily Dickinson, Álvaro Valverde nos ofrece un estilo contenido, depurado, sencillo, epítetos que albergan una soterrada complejidad, donde podemos hallar desde ciertas referencias culturalistas, a nuestra tradición lírica contemporánea, en “Homenaje a María Zambrano” y “Juanramoniana”, al pasado grecolatino, en “Aquiles” y “Pompeya, MMXIV”, o a “la sombra y la penumbra” de un interior del pintor danés Vilhelm Hammershoi; hasta lugares donde la memoria, la evocación, el recuerdo, se hace “presente eterno”, palabra viva, así sucede en los poemas que remiten a la infancia o a espacios familiares, íntimos, como en “Baño”, “En el molino”, “Fuente de los Alisos” “Ribera del Marco” o “Torre de la Higuera”, lugares que resisten detenidos en el tiempo.
Cabe destacar los tres poemas en prosa, “Una elegía”, “Mujeres” y “Noche”, y, sobre todo, los poemas breves, donde en apenas unos versos Valverde se aquilata al ritmo pausado de la naturaleza, con extrema delicadeza, como en “Mínima”:

El breve son
del pájaro
en la rama:
la escueta,
intensa levedad
del aforismo.

Hay citas que incitan el poema, donde la razón se trueca en esperanza, es el caso de Leopardi en “Árida vida”, Miguel Hernández en “Canción de aniversario”, Antonio Colinas en “Meditación en Bohemia”, Sophia de Mello Breyner en “Jardim do Paço”, o el Arcipreste de Hita en “Leyendo a Jiménez Lozano”.
Pero si hay un pasaje verdaderamente emotivo, son los tres poemas en los que Álvaro Valverde evoca al poeta Ángel Campos Pámpano (1957-2008), así el recuerdo del amigo desaparecido impregna los versos de “Naturaleza pensativa”, “Un viaje a Lisboa” y “Homenaje”, que constituyen, junto al poema que da título al libro, el eje cardinal del poemario, páginas en las que el dolor y la melancolía, el sol y la sombra de “las tardes sosegadas de junio”, al fin relativizan la ausencia porque, como dijo Vladimír Holan, “al poeta no se le perdona ni la muerte”.
En definitiva, Álvaro Valverde nos entrega sus ideas, sus recuerdos, con la serena belleza del verso medido, reposado, que indaga en el fluir del tiempo, en la naturaleza, para extraer de ella pura filosofía tamizada por los ojos y la mente del poeta, ser contemplativo y reflexivo que expresa con hondura la realidad cotidiana pues para el bardo extremeño leer y escribir es vivir, no darse por vencido.

Gregorio Muelas Bermúdez

Reseña publicada en el nº 6 de CRÁTERA. Revista de crítica y poesía contemporánea y en el blog La Biblioteca de Gregorovius.

24.10.19

Próxima parada: Malpartida de Plasencia

Con motivo del Otoño Cultural de la villa vecina, organizado por su Ayuntamiento, mañana leeré poemas en su Casa de Cultura, a las ocho de la tarde. No sólo habrá versos, también hablaremos de ese sencillo misterio que denominamos poesía. O eso intentaremos.
Presentará, todo un honor, Florentino Rodríguez Oliva, profesor jubilado y cronista oficial de la localidad.
Es una actividad promovida por el Club de Lectura y la Biblioteca Municipal. 


23.10.19

En el instituto de Guareña



Ayer, en la Biblioteca del IES Eugenio Frutos de Guareña, localidad natal de Chamizo y del poeta y filósofo que da nombre al instituto del que fue director en los años ochenta mi amigo Ángel Campos, a quien tanto allí se recuerda. 
Nunca había hablado de poesía tan temprano, pero mereció la pena. Tuve delante a alumnos ejemplares de 2º de Bachillerato que estuvieron atentos y sentí como cómplices. Y luego dicen. Alguna "culpa" tendrán, eso sí, sus profesores (Javier, Mamen, Leticia...), gente entregada a la causa de la Literatura. Asistió también a la charla la profesora Carmen Sánchez Gallardo, miembro del jurado popular del premio Meléndez Valdés de Ribera del Fresno. Mil gracias a todos.
No, no deja uno de asombrarse ante ese misterio que suscitan los versos. Intimidad, fervor... 
Es de agradecer, en fin, la excelente idea de Fran Amaya, que impulsó desde el Plan de Fomento de la Lectura estos encuentros con escritores en los centros educativos. Y que fue profesor en Guareña, por cierto. 
A finales de noviembre, Fuente de Cantos.














A la entrada, regalaron este poema a los alumnos del instituto:
























22.10.19

Teresa


I

Para mí mi secreto,
nos recuerda Teresa,
que menciona a su vez
a Francisco y Bernardo,
a quien cuesta aplicar,
como pasa con ella,
el membrete de santos.
Fue también la de Ávila
por sobre todo humana.
Quiero decir sencilla,
cercana hasta tal punto
que al leerla se entiende
que la modestia es eso.
Su misticismo es físico.
Quiso la casa simple
y por demás pequeña,
con la madera tosca
y con las piezas bajas,
cerca alta y un campo
donde hazer las ermitas.
Su inclinación, nos dijo,
era estar sola.
O con Jesús, si acaso.
Ganas de soledad
le pidió a Dios.
Optó por la pobreza.
Por ser frugal y humilde.
Sus lecciones de vida
siguen siendo muy útiles.
A su manera, clásicas.
Uno la lee, medita,
y se siente movido
a llevarlas a cabo.
Más allá de creencias.
Que el misterio se esconde
en las cosas pequeñas,
en las más cotidianas,
se nos muestra evidente
al pensar en Teresa.

II

Jeffrey Yang,
poeta de Escondido, California,
al que ha traducido Jordi Doce,
escribe en Un acuario:
“la anémona es el alma
dice Santa Teresa
que se entra dentro de sí
en una oración de recogimiento”. 

Notas. Este poema ha sido publicado en De la intimidad. Antología poética en homenaje a Teresa de Jesús. La edición, que conmemora un Año Jubilar dedicado a la santa, es de Noelia López Souto y Borja Cano Vidal, una gallega y un extremeño, ambos investigadores de la Universidad de Salamanca.
El prólogo está firmado por el poeta y profesor salmantino Juan Antonio González Iglesias. Es una delicia. Por su agudeza y por el limpio castellano que utiliza para expresar algunas verdades. Entre otros aciertos, leemos: "En esta época de lo visible y lo tangible, ahí están las reliquias. Para los que opten por lo invisible, aquí están los poemas". De un centenar de poetas españoles de todas las tendencias, cabe precisar. En un lúcido ejercicio de literatura comparada (la universalidad de la monja escritora y mística, "gran defensora de la paciencia", de sobras lo permite), escribe: "De las Siete Moradas a los Cuatro Cuartetos, la distancia es imperceptible".
Termina recordando una de sus frases inolvidables, de esa actualidad que asignamos a lo clásico: "no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho".
El libro ha sido publicado, con sumo cuidado, por la sevillana Renacimiento. Sí, su aspecto es espléndido y está dividido en cinco apartados: Afectos, Caminos, Cuerpos, Luces y Moradas. Aunque suene poco teresiano, de lujo. 

La imagen superior corresponde al cuadro Santa Teresa de Jesús. Anónimo (copia de José de Ribera). Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 104 x 83 cm. Museo del Prado. Madrid. Ilustra la cubierta de la obra. 

18.10.19

Alicia Alonso

Hoy estaría muy triste Santiago Castelo. Porque ha muerto la bailarina Alicia Alonso, de la que fue amigo. A quien admiró tanto. 
La conocimos en Cáceres, en el Gran Teatro. El año 2001. En la entrega de los extintos Premios Extremadura a la Creación. Compartimos, cosas de la vida, escenario. Había perdido la vista. Fue, a pesar de sus aires de diva (en su sentido más clásico y estricto), cariñosa y cercana. Incluso conversamos. 
Cuando me pidieron desde la Fundación Loewe un poema para el programa de mano del Teatro Real de Madrid que tuviera como asunto la danza o la música (temas muy alejados, a qué negarlo, de mis intereses), escribí "Con Alicia Alonso", dedicado a ella. "Bailarina", según el citado programa en que se daba cuenta de una representación, me explicó Clemente Lapuerta (que fue testigo), de Les Ballets de Monte-Carlo. Me parece oportuno rescatarlo del baúl del olvido en una fecha tan señalada. En memoria de la artista cubana y de la de mi viejo amigo habanero. 


CON ALICIA ALONSO

Aquella mujer ciega me miraba
desde un país donde la luz no existe.
Hablaba y al hacerlo se movía
como si sus palabras fueran música.
Las manos, al compás de su relato,
sugerían un cuerpo en plena danza.
Allí, en el escenario, sola, erguida,
en medio de las sombras donde oculta
cualquier misterio su pasión abstracta,
bailaba sin bailar como si hacerlo
fuera tan natural como estar quieta.
Venía de otro sitio, de muy lejos.
En su sensualidad vibraba el eco
de lo que es sublime y por eso humano;
de lo frío y a la vez de lo cálido;
de lo que es intuición y lo que es técnica.
Inmóvil y perdida, acaso frágil,
su apariencia engañaba: Alicia era
la misma bailarina que en La Habana,
Madrid, París, Moscú o Milán,
interpretara Carmen Giselle,
Cascanueces o La Bella Durmiente;
la misma que en cualquier lugar del mundo
un entendido asocia a la leyenda.
Donde ella puso el pie, el ballet vive.
Porque la danza es más que ritmo y forma:
es un alma librándose de un cuerpo.

Nota: La fotografía está tomada de Pinterest. Ella baila, claro, Giselle.

17.10.19

Lo del cincuentenario del colegio (y Jesús)

Mi compañero Jesús lleva la página web del colegio Alfonso VIII de Plasencia como pocas o ninguna de las que he visto, y no me refiero sólo a los de Primaria y a los, públicos o concertados, de Secundaria. Algunas, sí, dan lástima. Esta se actualiza cada día y cuida su aspecto en todos los sentidos. De hecho, en esa costumbre anual de reconocer en el claustro de final de curso la tarea de un maestro del centro (que, matizo, nos abochorna un poco, porque más allá del tópico, las comparaciones suelen ser odiosas y, quien más y quien menos, todos trabajamos), fue él quien el pasado mes de junio en la bonita Hospedería de Garrovillas se alzó con el triunfo. Eso sí, en este caso no se ha podido colocar en parte alguna una plaquita que lo reconociera, como la de Julián al pie del huerto escolar o la de uno a las puertas de la biblioteca. Y no será por ordenadores... Pues bien, dicho esto, y para demostrar lo que vengo relatando, el lector curioso puede visitar uno de los muchos apartados de la página; en concreto, el que se dedica al 50 Aniversario de la fundación del colegio. Los fastos empezaron el pasado viernes 11. Esto es sólo el comienzo. Ánimo, Jesús. Al fin y al cabo, cosas de la vida, fuiste uno de los que lo estrenaste. Ojalá no seas también testigo de su anunciada demolición. Porque al final no tenga lugar, quiero decir, que es lo que queremos muchos. 

15.10.19

Bloom

Bloom ha muerto. Del arrogante e influyente crítico aprendí algunas lecciones y recogí en este blog algunas palabras. Por ejemplo, sobre poesía española (que no era su fuerte): "Mi favorito es Cernuda. No sé por qué hay críticos españoles que no le aprecian. Para mí es uno de los dos mejores en lengua española del XX; es el poeta de poetas, increíblemente refinado".
"El gran poeta español es Góngora. Con él, los otros grandes exponentes del barroco, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, crean un grupo de literatura tan poderosa y rica que combinado con el mayor genio de todos, Cervantes, producen un efecto abrumador en todos estos escritores de lengua española del XX".
"En realidad lo que yo llamo influencia es amor literario. Amor entre escritores pasados y futuros. La presencia del amor es vital para entender lo maravillosamente que funciona la literatura".
O: "El aplauso contemporáneo es a veces una muy mala señal del futuro carácter canónico de un poeta".
También me atreví a comentar su canónico libro Poemas y poetas (en traducción de Antonio Rivero Taravillo).
No creo que se haya ido uno más. Lo explica muy bien Eduardo Lago en El País.

Nota: La fotografía es de Ted Thai. ABC. 

13.10.19

Francisco Javier Irazoki, una reseña y un poema


El contador de gotas
Francisco Javier Irazoki
Hiperión, Madrid, 2019. 113 páginas.

Irazoki (Lesaka, 1954), componente en su juventud del grupo CLOC, crítico musical y literario, residente en París desde 1993 (con doble nacionalidad, francesa y española, desde el año pasado), reunió en Cielos segados (1992) sus tres primeros libros de poesía (ÁrgomaDesiertos para Hades y La miniatura infinita) y en 2002 dio a la imprenta Notas del camino (con fotografías de Antonio Arenal), pero para el común de los lectores se dio a conocer con Los hombres intermitentes, publicado en 2006 por Hiperión, su editorial desde entonces. A ese título le han seguido La nota rota, Retrato de un hilo, Orquesta de desaparecidos y Ciento noventa espejos.
Su poesía adopta la forma del poema en prosa, por más que lo lírico se anteponga a cualquier otra consideración; a pesar de que, como ha escrito, sigan “activos los vigilantes del dogma literario. A su juicio, la poesía debe limitarse a unas líneas recortadas y un lenguaje selecto”.
El contador de gotas se abre con una elocuente cita de Ramón Eder: “Sin compasión no hay cordura”.
Desde la primera línea (y qué fuerza tienen los primeros versos de Irazoki, frutos, parecen, de la inspiración y no del cálculo), se aprecia cómo todo fluye a favor del misterio, que, como ya dije, linda con lo mágico y hasta con lo surrealista, donde las metáforas son verídicas y accesibles y no meros artilugios retóricos, donde la imaginación, en fin, se abre paso con el adecuado sigilo y no con el alarde de la pirotecnia verbal. Fernando Aramburu, uno de sus mejores lectores, se ha referido, con solvencia, a “esa especial destreza suya para la creación de imágenes y símbolos”.
“Lentamente comienzo a escribir ante un desierto helado”, afirma. A partir de ahí, la última línea del primer poema, Irazoki se deja llevar por los territorios de la memoria. Desde su Lesaka natal: “Nací en una familia de campesinos y pastores feos que enamoraron a mujeres de gran belleza”.
Al destello de la iluminación o la epifanía, al vislumbre del aforismo, se une la demora del relato (en “Humo paralelo”, por ejemplo), lo narrativo, siempre con voluntad de estilo, con clara conciencia literaria.
Se subraya la cualidad del solitario. De sus tíos, pastores desterrados en Norteamérica. Y del propio autor, quien en una metafórica alusión al zorro, dice: “Su poema está creado lejos del grupo. No imita al perro sumiso ni al lobo gregario”. “Su manada es interior”, “su soledad omnívora”.
Nos habla de Dioni, el hijo extremeño del guardia civil, y del fútbol (que a Irazoki le ocasionó de muchacho una lesión irreversible de columna), “una variante de la labranza”, mucho más que un juego. Como el ciclismo. Y de los emigrantes del Barrio Jaén. Y del silencio (“Éramos personas estropeadas por el miedo”).
La infancia, la adolescencia y la juventud son protagonistas. En la aduanera Irún (donde descubre la música, asunto de “Farmacia musical”). Durante los años amargos de ETA (léase “Brindis a la oscuridad”), cuando “la belleza era un país lejano”. Y ellos, unos racistas.
Abundan los retratos de seres solitarios: Blas de Otero, J. G. Aranguren, Verlaine, Ribeyro, H. Châtelain, M. Pagazaurtundúa, Dickinson… Como la poeta de Amherst, Irazoki escribe “para tamizar su angustia”. Como para ella, las palabras son su “única habitación”. Llena de bondad (una “conquista intelectual”) y compasión. Un  emocionado “escudo contra el dolor” (en el impresionante “Fábrica de desiertos”, acerca de un diagnóstico fatal). Su escritura es ante todo una ética. De estirpe camusiana, cabe precisar. Con pocas pero firmes convicciones (anotadas en “Cuadernos de juventud”). Entre ellas, “Que el perdón sea más fuerte que la herida”.

LOS AMENAZADOS 

Caminamos cerca de un cristal transparente. Su altura no puede ser abarcada por la vista de los hombres. Al otro lado, unos bultos imitan todos nuestros movimientos. 

El cristal nos sirve de espejo y contra él levantamos los días. Terminada la juventud, percibimos con menos confusión las siluetas que nos copian cada gesto. Las figuras dejan entrever fragmentos de su interior: el desgaste físico, bolsas de rutina, la enfermedad, unos hilos de descreimiento. 

En horas de miedo y cólera, golpeamos el cristal. O lo cubrimos con la invención de unas creencias. Ideales, devociones, certezas y aventuras son paños que esconden imágenes de una amenaza. 

Con agonía rápida o larga cruzamos el cristal. Nos deshacemos en los bultos borrosos que circulan a poca distancia de los vivos. 


NOTA: Esta semana se ha publicado en El Cultural una versión de esta reseña en la que figuran cortes que desvirtúan, siquiera en parte, su verdadero sentido. Cosas que pasan, ya se sabe, cuando del papel y sus limitaciones impresas se trata, lo que no obsta para que a uno, que se toma su modesto trabajo muy en serio, le duelan en el alma. A mí (no me consultaron los cambios), sí, pero también al autor y a los hipotéticos lectores, que habrán leído con estupor algunas afirmaciones mal expresadas. 
Me aseguran que en la versión digital del acreditado suplemento (el próximo lunes) se dará íntegra la recensión, pero esta vez prefiero adelantarme y ofrecer a quien quiera leer lo que en rigor escribí sobre este libro ejemplar. 

10.10.19

Pureza, punto y seguido

Me confesó este verano, durante una larga conversación telefónica (nos habíamos visto en Santander hacía poco), que la decisión ya estaba tomada. Ayer llegó esta escueta nota (la concisión es muy propia en ella): "Estas líneas para comunicaros que habiendo dado por cumplida una etapa de mi vida en la Fundación Gerardo Diego, renuncio voluntariamente a mi cargo de directora-gerente de la misma. La inmensa labor que se ha hecho ha sido posible gracias a vuestra colaboración directa, complicidad, apoyo y simpatía. Os lo agradezco de corazón. Recibid un abrazo, Pureza Canelo"
Es muy de agradecer la tarea realizada por mi admirada paisana a favor de la Poesía (en especial de la del siglo XX, espléndida en castellano) y, cómo no, de la obra de su maestro Gerardo Diego. Ingente, sí, pero, sobre todo, caracterizada por el rigor y la excelencia. Así es la de Moraleja en todo lo que emprende y culmina, empezando por sus poemas, y esa forma de ser ha impregnado su labor sin remedio. 
No es necesario hacer recuento de esa "etapa". De premios, libros, jornadas, ciclos, etc. Que quien quiera informarse, o recordar, se dé una vuelta por la web de la Fundación o haga una búsqueda en Internet. Algo tengo escrito al respecto en mi blog
Sí me gustaría destacar lo que ha hecho por la poesía escrita y publicada en Cantabria, donde está la sede central de la entidad. Qué sana envidia si comparamos esos estudios, ediciones y antologías con los que están por hacer en otras muchas regiones de España, empezando por la nuestra, Extremadura. Ejemplar, sin duda.
Puede estar tranquila Pureza por el trabajo realizado. Y sus lectores, contentos de que pueda dedicar de ahora en adelante todo su tiempo y sus energías a lo que más importa: la creación propia.
Espero no ser indiscreto (la ilusión me puede) si añado, con la debida parquedad y sigilo, que en 2020 verá la luz un nuevo libro que sorprenderá a más de uno. Jordi Doce y yo estamos ya en ello. Sí, porque todo puede provocar esta mujer apasionada menos vulgar indiferencia. Gracias, querida amiga, enhorabuena y feliz, largo futuro.

Nota: La fotografía está tomada de la revista Oculta Lit.