21.1.20

Mujeres, hombres (y viceversa)

1. Ya he comentado aquí más de una vez que leo poesía sin que me importe en absoluto quién la ha escrito, si un hombre o una mujer. En ocasiones, al leer, eso se nota (o se hace notar) y en otras, no. Sí, la firma al pie del poema o del libro delatan el género, pero, insisto, a uno eso le da igual O es poesía o no, y punto. Lo digo porque, en alguna ocasión, alguien, a favor de estos insidiosos y dictatoriales tiempos de la corrección política y del feminismo a ultranza, ha tenido la desfachatez de acusarme de lector o crítico escorado, digamos, hacia los poetas, cuando, en rigor, no es cierto. Con la cantidad de libros escritos por mujeres que se publican ahora, eso ya es estadísticamente imposible. Buena prueba de mi inclinación natural hacia la poesía, pongamos, femenina es este puñado de libros que me han sacado estos días de un llamativo bloqueo lector que me tenía, por inédito, asustado. Lo achaco a la considerable cantidad de libros que siguen llegando a esta casa. Libros, uno a uno, deseables y hasta maravillosos, no me cabe duda, y que agradezco recibir, pero que, sin embargo, puestos uno encima de otro acaban por formar un muro de papel capaz de desanimar al más borgeano. Con todo, no sin esfuerzo (¿cuál sí, cuál no?), he logrado disfrutar de, por ejemplo, dos libros editados, con el primor que acostumbra, por papelesmínimos (de Imanol Bértolo), esto es, Camuflaje, de Lupe Gómez (traducido por Antón Lopo del gallego), y Poemas de la izquierda erótica, de la guatemalteca Ana María Rodas. No tengo tiempo de reseñarlos, pero, como del resto de los que voy a mencionar, al menos daré testimonio de su alta calidad. 
La aldea, el campo, la madre y la infancia son protagonistas del primero, de tono cercano, melancólico, autobiográfico e intimista. Allí, en la Galicia profunda, que viene a ser la España real en cualquier parte. Y digo España pero debería decir el mundo. Lo universal que toda poesía que lo es instaura.
En el segundo, Rodas despliega todas sus armas de mujer para ofrecernos un libro (publicado por primera vez en 1973, pero que no ha perdido un ápice de frescura) descarado, genuino, erótico, verdadero y, al cabo, sorprendente. Un gran libro, sin duda, adelantado a su tiempo (más si tenemos en cuenta su lado ultramarino) y que demuestra que en la poesía "femenina" (a pesar de lo que digan algunas) estaba casi todo inventado. Un vendaval, este de Rodas. 
Distinta en todos los sentidos me parece la poesía de Emma Villazón, boliviana y muerta prematuramente. Dos libros y un tercero póstumo e inconcluso conforman su obra completa. Lumbre de ciervos se reedita, seis años después de su primera edición, en otra elegante editorial, Ultramarinos, en una selecta colección que dirige el poeta Unai Velasco, la misma donde se publicó el libro de Xaime Martínez que ganó el Nacional de Poesía Joven el año pasado. 
Poeta elíptica, que diría Zagajewski, lo hermético juega con lo real en una interesante partida donde la densidad lingüística se alía con el más sugerente misterio. No, no siempre se llega a la comprensión, si es que en poesía este término resulta pertinente. Lo que sé es que, a pesar de esa dificultad, los versos de Villazón te atrapan y sus intermitentes iluminaciones te compensan, por nítidas y poderosas. A uno con el poema "Parlamento" le habría bastado. Y con la carta de M. Tsvetáieva a R. M. Rilke que se reproduce en la página 36: "Te conviertes en poeta (si acaso es posible convertirse en él, si no se es desde el nacimiento), para no ser francés o ruso, para ser —todos. En otras palabras: tú eres poeta porque no eres francés".
Por cierto, también en Ultramarinos se publica la segunda entrega de la Poesía reunida de la también gallega Chus Pato, en traducción de Gonzalo Hermo, uno de los jóvenes poetas más acreditados en la preciosa lengua de Rosalía.
La bejarana Yolanda Izard ganó con Lumbre y ceniza la última edición del premio Miguel Hernández. Publica el libro Devenir (la veterana colección fundada por Juan Pastor). 
"A veces pienso que la poesía me ha abandonado", escribe. No lo creo. Este libro lo demuestra. Ahora que tanto se lleva la figura del padre, tanto en narrativa como en poesía, con resultados logrados y con algún ejercicio penoso que prefiero no señalar, Izard titula la segunda parte "Mi padre". Ahí están acaso los mejores poemas del conjunto. Reflexiona sobre la poesía, más misterio para el poeta que para nadie. Evoca su mundo familiar perdido. La luz de la felicidad y la sombra de la tristeza. Me gusta, por elegir, su "Me acuerdo" o el homenaje a Celan y a otros líricos cadáveres.
Otro libro exigente, hondo y gustoso, publicado en la bonita colección La Gruta de las Palabras de Prensas de la Universidad de Zaragoza (que dirige Fernando Sanmartín), es Derivas (qué cubierta tan sugerente, por cierto), de la periodista radiofónica Lara López.
Un viaje a Grecia (que siempre es más que eso), al paisaje y al mito, con aires de diario (las notas a los poemas dan pistas), centra, se podría decir, una indagación acerca de la vida donde la observación, mediante la mirada meticulosa de los detalles, ofrece al cabo esas claves existenciales que el lector asume como propias. 
Dejo para el final otra pequeña joya: las Rubaiyat de Omar Jayam que, a partir de la edición de 1859 de Edward FitzGerald, Victoria León ha traducido (pura poesía) para Reino de Cordelia (que dirige el periodista leonés Jesús Egido), y que va ilustrada con dibujos de Willy Pogány (como el que ilustra esta entrada) y con prólogo de Luis Alberto de Cuenca.

¡Llenad la copa, entonces, y os diré nuevamente 
que el tiempo se desliza veloz bajo los pies! 
No ha nacido el mañana. El ayer ya está muerto. 
Pero, ¿qué ha de importarnos, si es tan dulce el ahora?"

18.1.20

Sobre el debut poético de Garrigues Walker


Antonio Garrigues Walker
Huerga & Fierro, Madrid, 2019. 116 páginas

El jurista AGW (Madrid, 1934), rara avis de liberal español, había dado a la imprenta libros de Derecho y de política, uno de dibujos y sabíamos que era dramaturgo (autor de sesenta obras de teatro); pero es ahora, a los 85 años, cuando se da a conocer como poeta (algún poema suyo leímos en Sibila) y publica su ópera prima lírica.
En la breve introducción afirma que “Siempre he escrito poesía y siempre lo haré”, que “forma parte de mi vida“. Por herencia de padre, amigo de los del 27. Fue Pepín Bello quien en un viaje en coche a Venecia le contó todo acerca de “aquellos genios entre los que destacaba siempre a Lorca. Y eso me hizo Lorquiano para siempre jamás”.  
Con la inocencia del recién llegado, tras aseverar que no sabe “cómo clasificar o adjetivar mi poesía” y que “no me preocupa mucho el tema”, aclara: “Estoy contento –a veces muy contento– con ella”. Por lo mismo, concluye: “tengo una intensa sensación de vértigo, de peligro, de inseguridad. Dudo si será un fracaso esplendoroso o un éxito grande, o aún peor, ni una cosa ni otra. Es lo que tiene ser, a mi edad, un primerizo”.
He leído este libro no sin cautela, lo confieso. La valoración es positiva. Dignidad no le falta. Se ve a las claras que la poesía ha acompañado siempre a AGW y que, amén de practicarla, la ha leído. No es poco. Basta con fijarse en la fecha que figura al final de cada poema. El más antiguo es de 1974 (hay otro de esa década, ninguno de la siguiente, algunos de los noventa y los más de lo que va de siglo) y el más reciente (varios) de este mismo año.
Su tono es clásico. De clásicos, ya se dijo, contemporáneos, aunque no falten matices castellanos áuricos. La marca de Lorca, pongo por caso, es perceptible en el uso de ciertas imágenes (“Es la imaginación lo que nos salva”) y en el leve irracionalismo que adoptan algunos versos. Su Lorca es neoyorkino.
Los poemas son extensos y discursivos y el ritmo es sugerente y muy cuidado: suenan muy bien, más quizá leídos (teatralmente) en voz alta, a lo que se alude en uno de ellos.
Son poemas, pongamos, de la experiencia, en el más amplio y poco tendencioso sentido. Los que puede escribir un hombre ya mayor que ha vivido intensamente. Alguien que ha conocido y tratado a muchas personas (con don de gentes y mucho mundo, se decía antes) y con grandes dosis de empatía y resiliencia. Lo menos parecido, se me antoja, a un poeta al uso. De ahí que sus poemas sean tan vitales. Tan claros y directos. Lúcidos. Y que su lenguaje se adapte tan bien a lo que quiere expresar.
Consta de tres partes. En la primera, “Corazón acerebrado”, el amor prima. Más que el amor (y esto es algo extensivo a toda la obra), las mujeres, verdaderas protagonistas de un volumen que se titula como se titula. Por eso la muerte es el asunto de la segunda parte, “Homenajes”, donde la mera presencia del dedicado a Santiago Castelo (¡excelente!) justificaría por sí solo la publicación de este libro.
En la tercera “El sabor de lo oscuro” (donde está el emocionante “Diálogo de una madre sobre su hijo”), sorprende la carga política. Se critica sin concesiones a la izquierda y a la derecha, se rememora una matanza escolar en Osetia, se oye el silencio en Fukushima y el miedo de “la gente” en todas partes, verdadero culpable de seguir tolerando los abusos de “los que mandan”.

Nota: Esta reseña se publicó en El Cultural el pasado 17 de enero de 2020 con el título "Garrigues Walker, un poeta lorquiano" (a partir de ahora las recensiones del suplemento llevarán título).

16.1.20

Exilios


Víctor Peña Dacosta es el antólogo y prologuista de Diáspora. Poetas extremeños en el «exilio» (1955-1993), un libro más que interesante publicado por Ediciones Liliputienses al que uno ha puesto un breve epílogo (que un día de estos daremos aquí). 
Cada poeta, de Felipe Núñez a Francisco José Chamorro, contesta, salvo en un par de ocasiones (una la del recién citado Núñez), a un cuestionario. Esta es una de las preguntas y parte de la respuesta de Jesús García Calderón (Badajoz, 1959), que a uno le ha parecido tan elocuente como veraz. 

¿El tema del exilio es importante en tu obra? ¿Qué poemas o versos crees que reflejan mejor la añoranza por un espacio —simbólico o real— perdido? 

"Debo aclarar que el exilio, en mi opinión, opera también de manera inversa para muchos poetas que se quedaron. Los poetas extremeños que tanto he leído y admirado creo que han sentido y sienten una especie de exilio invertido. Se exilan pero lo hacen, como regla general, en el interior de sus convicciones, resaltando su pertenencia al lugar en el que habitan, quizá un poco hartos del desolador panorama que los rodea. Muchos buenos poetas viven una especie de exilio vital en Extremadura y procuran compartirlo con los que tuvimos que marcharnos. Parece que tuviéramos la necesidad de agruparnos periódicamente y configurar una pequeña patria".

31.12.19

La presentación de "Obsolescencia programada", de Víctor Peña Dacosta


Buenas noches.
Procedamos a la antigua usanza.
En mi ya larga vida, tanto personal como literaria, si ambas son a estas alturas de la memoria inseparables, les confieso que nunca me había encontrado en una situación semejante: la de presentar un libro en una librería donde ya había sido presentado. El mismo, la misma. Obsolescencia programada y La Puerta de Tannhäuser. Hace apenas unos meses. Sólo cambia, sí, el presentador, que el 8 de agosto (el día que cumplí 60 años, por eso no pude estar aquí) fue el gran Juan Ramón Santos, Juanra para nosotros. De ahí que Víctor haya acertado en el término: estamos en una re-presentación, algo que se adapta  perfectamente a ese carácter teatral que adopta nuestro protagonista en sus lecturas (recuerdo, por ejemplo, la de la plaga, en la placina de San Martín) y, más allá, en sus poemas, que tienen mucho de juego dramático.
Por más que se sepa, empezaré por repetir que Víctor Peña Dacosta nació en esta ciudad en 1985 (ahora reside junto a María Ponz y su hijo Diego en Águilas, Murcia, donde ejerce la docencia, como hicieran Puri y Manolo, sus progenitores) y que es autor de dos libros, además de éste: La huida hacia delante  y Diario de un puretas recién casado. 
El día 2 se presentará en Las Claras la antología Diáspora: poetas extremeños en el “exilio”, que ha editado y prologado para las Ediciones Liliputienses del centrifugado Cumbreño y a la que uno ha puesto, invitado por él, un epílogo que nos hace cómplices de esa empresa tan necesaria como suicida. Como señalo allí, si alguien falta en ese listado de extremeños por el mundo es precisamente el antólogo, uno de los nombres más significativos del panorama lírico nacional, y aquí no entro en el distingo entre naciones, nacionalidades y simples autonomías. Y eso, añado de inmediato, porque es autor de tres libros que justifican de sobra esa condición. La de poeta, digo. Y con voz propia. Un poeta, agrego, que, como otros muchos extremeños, vive fuera de su tierra, un sino que no cambia, y que publica sus obras en editoriales foráneas como RIL Ediciones, con sedes en Santiago de Chile, Valparaíso y Barcelona, aunque esté al frente el mangurrino (o zafrense) Paco Najarro.
Se veía venir desde el principio, incluso antes de que publicara verso alguno, cuando sólo era el hijo de los mencionados amigos y el vecino lector de Gonzalo. Que daría en escritor, quiero decir. Luego llegaron los libros. Del primero dije: “Más allá del sexo, la bebida y el rock’n’roll, de algunas irreverencias, provocaciones varias y mucho entretenimiento, La huida hacia delante (un título que me recuerda el aserto de Tomás Sánchez Santiago: ‘Todo escritor es un fugitivo’) delata la presencia de un nuevo poeta y de una nueva poesía, débitos y homenajes mediante; algo que no se puede confundir con el mero pero peligroso juego de hacer versos”.
Del segundo: “De librino (a la extremeña) o de plaquette (para leídos) califica su ejecutor la muestra. Por la extensión lo es, que no por el alcance. Las apariencias engañan. Su mundo lírico (que no es otro que el vital) da un nuevo paso hacia su formulación y fortalecimiento y su poesía emerge en el panorama como una de las más destacadas de nuestro inestable presente. Algún crítico babélico deja caer su nombre. Alguna antología de próxima publicación lo incorpora a su distinguida nómina.
Con débitos poéticos claros (que antes de negar ensalza) y firme vocación de maldito (‘Pero hay muchas formas de ser un maldito’), este ‘García casado de la vida’ ha construido este pequeño artefacto de impronta netamente autobiográfica con mucha carga dentro. Peligroso, sí, a la par que divertido. Como en su primera entrega, no todo aquí es mentira. Ni sólo de risa”. 
Como otros libros suyos, leí éste cuando sólo era un archivo de Word; una deferencia que siempre agradezco a los poetas jóvenes. Pocas enmiendas pude hacerle: ya era un libro logrado cuando llegó a mis ojos.
El texto de la contracubierta es de un poeta bien conocido en La Puerta y en Plasencia, Ben Clark, formado como Víctor en las aulas universitarias salmantinas. En él confirma que este libro perdurará, en contra de lo que su título (metáfora de nuestra época líquida y veloz, que fabrica pasados) anuncia. “Tenlo cerca –concluye– y todo irá un poco mejor”.
Acerca del título, nada mejor que consultar la práctica Wikipedia: “La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño del mismo, este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible por diversos procedimientos, por ejemplo por falta de repuestos, y haya que comprar otro nuevo que lo sustituya”. Sin comentarios.
Pero tal vez debería haber empezado por destacar la factura del libro, que es excelente; editado con pulcritud y cuidado, ya se dijo, por RIL, que lo inserta en la serie ÆREA/carménère, que dirigen Eleonora Finkelstein y Daniel Calabrese, título a su vez de una revista hispanoamericana de poesía que publica (o publicaba) la misma casa.
Se abre el libro con una cita de Cernuda, algo que al lector habitual, y más a quienes admiramos al desabrido vate sevillano, le pone en situación de inmediato; algo que delata, en fin, que quien escribe lee y, por tanto, se aleja de la moda parapoética al uso que si por algo se caracteriza es por una palmaria ignorancia de la tradición, esto es, de aquello que fundamenta, por mucha experimental y aun vanguardista innovación que se pretenda, cualquier aventura poética digna de tal nombre. Sí, como afirmó el autor de La realidad y el deseo, “Perder placer es triste”.
Pronto la voz a que aludí antes se impone con toda su crudeza o, lo que es lo mismo, con toda esa sensibilidad un tanto gore que gasta el placentín. El tono, que, como conviene  resaltar, lo es todo en poesía, no difiere, en consecuencia, del de libros anteriores. Sin ser igual, misterios de la literatura, estamos ante el mismo libro. Y ya ahí, lo clásico y lo moderno mezclados (a la manera del catalán, con perdón, J. V. Foix), lo autobiográfico (o su simulacro), los problemas actuales (de la gentrificación al feminismo, del terrorismo a la política) o el humor (que lo convierte en un rara avis de la poesía española). Y todo dicho con una inteligente lucidez que se expresa, cómo si no, con ironía y hasta con sarcasmo. Si algo le gusta a este hombre es provocar. Y qué bien lo hace. Y de cuántas maneras distintas. ¿El peligro? Que la genialidad o el hallazgo corone en ocurrencia, lo que por suerte pocas veces ocurre. Debe costarle embridar la inspiración a quien parece gozarla a raudales.
Resulta paradójico que uno de los rasgos de estilo más personal de la obra de Peña Dacosta sea el  featuring, que como explica el propio poeta no deja de ser “una especie de ‘colaboraciones especiales’ al rockero modo. Es decir, he tomado versos de poeta que respeto y admiro (…) y he escrito un poema a partir del plagio de alguno de sus versos (convenientemente marcado en cursiva, claro). Estos poemas escritos, por así decirlo, ‘en colaboración con’ han recibido el título de ‘featuring’ seguido del nombre correspondiente, tal y como uno estaba acostumbrado a encontrar desde pequeño en aquellos objetos, hoy desaparecidos, llamados discos y que aún puede ver después del título de las canciones ese canal de porno light que es la MTV". 
Cuatro son las partes que constituyen Obsolescencia programada. En la primera, “La vida en las ventanas”, la tecnología y su mundo (Internet sobre todo), es tomada como metáfora perfecta para destapar el absurdo o la miseria de “la vida moderna”, la de la “posverdad”, la “del cansancio”, “la era del vacío”. Con acidez, sin duda, pero con la debida, sutil delicadeza que cabe a quien constata que al fin y al cabo la de las redes, la de los selfies y los likes, es nuestra realidad y, por tanto, el material con el que ha de trabajar un poeta realista como él.
Y, marca de la casa, los guiños literarios constantes: a Aníbal Núñez (transforma su genial y salmantino Alzado de la ruina en “Alzado de la rutina”), a César Vallejo, a Rajoy (aquí también, abro comillas, “Todo esto es falso salvo algunas cosas”, cierro comillas), a Pablo Fidalgo (“Mis padres: Romeo y Julieta”)… Y siempre la intertextualidad como obra de arte. Y los juegos de palabras, un gesto bayaliano donde los haya. (Ese “campus fugit”, por ejemplo, a que alude en un poema de regusto estudiantil.) Y no falta una mención a Eneas. Ni tampoco el amor y la amistad, aunque el primero sea “un estado de Facebook” y la segunda “un algoritmo”.
La parte que sigue lleva por título “Balconings” y no hace falta resaltar que la actualidad se impone de nuevo. Ese presente ya pasado a que se refirió Clark.
La alta y la baja cultura, en términos acaso ya prescritos, se dan la mano en poemas aún más ligeros, donde brilla la técnica del collage, inspirados en la vida cotidiana, fuente de inspiración principal de este artista antipoético (a lo Nicanor Parra). Y de nuevo los guiños, claro. A Claudio Rodríguez y su “Donde la ebriedad”, pongo por caso. Y los mencionados juegos de palabras (como el anterior, por cierto): “Las pastillitas y el té”.
La tercera, “Menchevique”, está protagonizada, digamos, por la política. No es único poeta de su generación preocupado por ella, como el resto de los españoles de mayor edad. Y quien dice “preocupado” podría decir “asustado”. Parafraseando a Lennon, escribe que “la vida es eso que pasa entre el primer y el último balconing”. Luego, las Brigadas Internacionales y Dámaso Alonso (del que actualiza “Insomnio”: “Madrid es una ciudad de más / de un millón de parados según la última encuesta de población activa)”) y “Podemos” (más que un título) y otra vez el sarcasmo: “¿Se puede hacer / dieta después de Auschwitz?”, versos que glosan la famosa frase de Adorno.
En la última parte, “Españolía” (“sentirse español cariñosamente”, según Luis Aragonés), tras homenajear al ya citado Bayal (en “El espíritu áspero”), dolerse de España y evocar (de nuevo) a Rajoy y al niño Torres (su fe atlética es de leyenda), un verso elocuente: “Mi patria son mis alumnos y las pecas de mi novia”.
Dos palabras más para destacar el sentido del ritmo de estos poemas y el uso, impuesto por la actualidad y las exigencias del directo, de numerosas palabras en inglés. Un rasgo, por lo demás, de lo más ultramarino y liliputiense.
Termino. En cierta ocasión, Peña Dacosa escribió: “Confieso que escribo en verso por pura pereza”. Bendita pereza. La que nos permite a sus lectores reflexionar o divertirnos mientras la realidad nos tumba con toda su violencia. No, nadie sale indemne de un libro de Víctor, nuestro lírico y particular Tarantino.



Álvaro Valverde
Plasencia, 27 y 28 de diciembre de 2019

NOTA: La fotografía es del librero Álvaro Muñoz Guillén.

27.12.19

Los mejores del año























Bien sabe Dios cuánto me cuesta rellenar la lista de los mejores libros del año que me solicita Nuria Azancot a finales de los últimos, desde que colaboro en El Cultural. Temo ese momento. Ella lo sabe. Con todo, sí, cumplo. Lo peor no es dejar fuera libros que también me han gustado o alguno leído a destiempo (como Posibilidades en la sombra, de Peyrou) o que serán estupendos y ni siquiera conozco o, en fin, de compañeros de suplemento, como Irazoki, cuyo último libro (El contador de gotas) no puedo valorar. Lo peor es tener que puntuarlos, de 10 a 1. ¡Cuántas vueltas le doy al asunto! Y no será por falta de práctica: uno es maestro. Esa es la paradoja, la evidencia del ser contradictorio que uno es: detesto las listas y sin embargo...
Es verdad que este año estoy contento por el resultado. Estos cinco libros (que había nominado) lo son de manera indiscutible. Qué más se puede pedir. Y dos son, además, de extremeños, otra alegría. Y otro de por aquí, por cierto, ha ganado el premio a la mejor novela del año, mi querido Luis Landero, con su Lluvia fina. ¡Cómo ha calado!

20.12.19

PREMIO DE POESÍA “GABRIEL Y GALÁN”

Celebración del 150 aniversario del nacimiento de D. José María Gabriel y Galán (1870-2020)

La “CASA-MUSEO GABRIEL Y GALÁN” de Guijo de Granadilla (Cáceres) convoca el XXXV Certamen regido por las siguientes bases.

1ª Podrán optar al PREMIO DE POESÍA “GABRIEL Y GALÁN” todos los poetas de habla española que lo deseen, con originales inéditos escritos en Lengua Castellana o Dialecto Extremeño.

2ª Los premios se distribuirán del modo siguiente:

- Primer premio dotado con 600 €.
- Segundo premio o accésit de 450 €.

3ª Las composiciones serán de tema libre, EXTENSIÓN MÁXIMA DE CIENTO CINCUENTA VERSOS.

4ª No podrán participar en el Certamen los poetas que hubieren obtenido el PRIMER PREMIO hasta que hayan transcurrido CINCO CONVOCATORIAS.

5ª Los originales deben presentarse escritos a MÁQUINA U ORDENADOR, DOBLE ESPACIO Y POR CUADRUPLICADO. Se enviarán a la siguiente dirección:

PATRONATO CASA-MUSEO “GABRIEL Y GALÁN”
Plaza de España, 11 – Tlf. 927 439700 – Fax 927 439356
10665 GUIJO DE GRANADILLA (Cáceres) España.

6ª El plazo de admisión de trabajos finalizará el día 17 de abril de 2020.

7ª Cada autor podrá presentar UN SOLO TRABAJO y no serán devueltos los que se reciban ni se mantendrá correspondencia sobre ellos.

8ª Se utilizará, preceptivamente el sistema de “LEMA” y “PLICA”.
Serán eliminados los poemas que permitan de alguna forma la identificación del autor.

9ª El fallo del Jurado será inapelable y se dará a conocer en mayo en Guijo de Granadilla, durante los actos que se celebran con motivo de la Fiesta de Exaltación de la Poesía, será el segundo domingo de mayo.

10ª La CASA-MUSEO se reserva el derecho a la publicación de los trabajos presentados.

11ª Cualquier duda en la interpretación de estas Bases será resuelta por el Jurado de forma inapelable.

12ª El hecho de concurrir a este Premio supone la aceptación de las presentes Bases.

GUIJO DE GRANADILLA 20 de enero de 2020.
CASA-MUSEO “GABRIEL Y GALÁN”

18.12.19

2 en El Cultural

José Mateos
Pre-Textos, Valencia, 2019. 72 páginas. 

José Mateos (Jerez, 1963) es pintor, editor, ensayista (Soliloquios y adivinanzas, La Razón y otras dudas, Silencios escogidos, Un mundo en miniatura y El ojo que escucha) y narrador (Historias de un Dios menguante y Un año en la otra vida); pero, sobre todo, poeta. Autor de Días en claro, Canciones, La niebla, Cantos de vida y vuelta y Otras canciones. Y de las recopilaciones Reunión y Poesía esencial.
El título de su nueva entrega no es baladí. Juega con las palabras para referirse a él mismo y a la tonalidad musical que mejor representa su tono poético. Schubart la asoció a los términos solitario y melancólico.
Una cita inicial, de San Juan de la Cruz, resalta esa voluntad de discreción: “No a lo más, sino a lo menos”. Como el primer poema del libro: “Quisiera escribir poemas / sin el dogal riguroso / de los poemas bien hechos”. Luego menciona al silencio y añade: “Como esas flores sin nombre / que hay en los cementerios”.
Por eso desde el principio prima la cortedad, la concisión, la exactitud. En busca, diría de lo imprescindible: “¿No cabe el universo / en esa gota de agua?”
También lo popular y lo clásico, fundidos en coplas, canciones, soleares, endechas, villancicos… Y todo bajo una atmósfera de naturalidad que pasma al lector por su luz, tan limpia.
Se suceden las preguntas, las formuladas por alguien que contempla, desde la extrañeza, “cualquier cosa, lo más simple” y su “razón tiembla”. Lo obvio y lo evidente, la realidad más pura, conducen siempre a la perplejidad. Un ciprés, un álamo, una higuera, una cometa, una lagartija...  “Y esta emoción sin porqué”.
En la segunda parte, abundan los poemas logrados, como “Sin título”, “El balcón abierto”, “Un olor” (“pasar por la vida así, suavemente”)...
A determinada edad, la vivir no deja de ser el ensayo de una despedida; así, la “muerte insaciable” acecha en “Primeras lluvias” (“Yo habré desaparecido”.) o “El último viaje” (“Si algo pudieras llevarte…”).
Y ya que de pérdidas hablamos, en la tercera, la más emotiva, la protagonista es su madre, “en la frontera indecible / que es siempre la enfermedad”, en inhóspitos cuartos hospitalarios donde la infancia y la alegría, a pesar del dolor, sobreviven. Porque ésta “cuando sucede una vez, / sucede ya para siempre”. De ahí que en “Ruinas” (“tu patria”), reafirme su voluntad de canto. Qué “misteriosa claridad”, qué “secreto transparente”.  

Gabriela Riveros
Vaso Roto, Madrid, 2019. 88 páginas. 

La mexicana Riveros (Monterrey, Nuevo León, 1973) tiene una amplia carrera académica y es autora de cuentos y de una novela, Destierros. En la nota final de su ópera prima poética, leemos que “surgió de manera paralela al proceso de escritura” de esa narración, que “hay una estrecha relación entre ambas obras” y que “hay hilos que van de un libro a otro”. Sin haberla leído, destaca también aquí una razón narrativa que hilvana siquiera las tres parte que lo componen.
En un breve prefacio, Alberto Ruy Sánchez alude a su “mirada reflexiva” y a que “toca la grieta viva donde los demonios de la infancia acechan”. A “lo que va dejando el tiempo”. En efecto, desde el presente, Riveros emprende un viaje dantesco a su inocente niñez, sí, pero también a su primera juventud: “el recuento de lo que he sido”, que surge a través de esas “grietas”. Como la de la nostalgia.
Para ello se desdobla, esto es, utiliza el recurso borgeano del doble, de ese otro que además es uno. “Doble vida” se titula el poema inicial, que empieza “Me siento sobre la tarde de mis cinco años”.
 “Ella la otra” pasa a ser una fórmula constante, poema tras poema. Con su otro yo dialoga. En esa conversación se centra la búsqueda. Ahí, los abuelos, el hermano enfermo, la historia de amor con el arqueólogo (en Madrid) y con el exiliado argelino (en París), etc.
Su formación musical aflora en poemas que son música y remiten a ella. Al fondo, su abuela, pianista, persona clave a la que dedica el libro: “soy esa música”.
Los poemas son extensos, discursivos. Los versos fluyen memoriosos con aires de crónica convulsa o de diario impetuoso. “Palabras de fuego”, según Ruy Sánchez. Las que hacen que su vida sea realmente suya.
Detrás, la culpa, la permanente indagación acerca de “la vida que era tuya / y no elegiste”. Lo que ha pasado frente a lo que pudiera haber sucedido. Dos voces, que son una, se preguntan por ese “vivir escindido”. Por ese fatal desdoblamiento. Léase “Invención a dos voces”.
Como ella misma señala, en “Geología propia” está Pacheco y su profética Morirás lejos.
En “Fuerza centrífuga”, la actualidad líquida de las redes sociales: “Afuera hay un marasmo / adentro no hay nadie”.
Cierra el volumen “La menor de los rarámuris”, un largo poema en torno a lo ancestral y al mito.

Nota. Las reseñas de los libros de Mateos y Riveros aparecieron el pasado viernes 13 de diciembre en El Cultural.

15.12.19

Siempre Pessoa























Ha salido el número 16 de la revista Pessoa Plural, un número especial sobre la recepción internacional del poeta portugués que ha coordinado el escritor y traductor extremeño Antonio Sáez Delgado, profesor de la Universidad de Évora. 
Se puede acceder a él a través de este enlace de Brown University Repository:  https://doi.org/10.26300/9kta- bc54.

13.12.19

Juanra

Como le llamamos los más. Hablo del placentino Juan Ramón Santos, narrador, crítico y poeta, que acaba de ganar el premio Felipe Trigo, en la categoría de narrativa corta, con su libro El síndrome de Diógenes. Mañana deja la presidencia de la Asociación de Escritores Extremeños y ha mandado a los socios una carta de despedida. En ella dice, entre otras cosas, que "Ha sido un placer, y un honor, presidir la asociación durante estos cuatro años. Hemos tratado de trabajar todo lo posible por la AEEX, por impulsarla, por darle actividad, por asegurar su buen funcionamiento. Algunos proyectos, claro, se han quedado en el papel, pero resulta difícil poner en marcha todo lo que uno quiere".
Agradece el trabajo a quienes han "coordinando las aulas de literatura, los sucesivos números de El Espejo, manteniendo la web y las redes sociales, haciendo posible el encuentro de Guadalupe, el Congreso de Villanueva o el pequeño ciclo de conferencias sobre derechos de autor que organizamos el pasado mes de mayo".
Menciona, cómo no, a los miembros de su Junta Directiva: Pilar Galán, Nicanor Gil, Diego González, Susana Martín Gijón (que al parecer será elegida nueva presidenta), Isabel Pérez, Fernando Pérez, Urbano Pérez, Luis Sáez y José Manuel Vivas. 
Destaca "la labor fundamental, extraordinaria, indiscutible, que ha llevado a cabo Antonio Reseco estos años, una labor unas veces visible y otras muchas callada, a la sombra". Añade: "no exagero lo más mínimo si digo que la mejor decisión que he adoptado como presidente fue la de proponerle que me acompañara en la aventura haciendo las funciones de vicepresidente". 
No se olvida, es imposible (quienes hemos pasado por ahí lo sabemos muy bien), a Mavy Pajuelo, "encargada del papeleo, sin cuya labor, esa sí que constante y callada, la AEEX, sencillamente, no funcionaría". No miente.
Anuncia que seguirá coordinando, "mientras sea necesario" (lo es, preciso) el Aula de Literatura "José Antonio Gabriel y Galán" de Plasencia. 
Remata su misiva con "Lo dicho, que ha sido un honor".
Aunque las comparaciones sean odiosas, me atrevo a decir que no me cabe la menor duda de que la AEEX ha tenido un presidente ejemplar. Si no el mejor, uno de los mejores. Y hablo de dos o tres, no de los siete que, si no me equivoco, ha tenido esa institución desde que se fundara, en los ochenta del siglo pasado, para sacar del erial a la literatura de esta tierra irredenta. 
Los que le conocíamos nunca dudamos de que su gestión iba a ser impecable. Y así ha sido. Como lo es desde hace años al frente, digamos, de la cultura placentina (Teatro Alkázar, Feria del Libro, etc.), uno de los grandes aciertos del alcalde Pizarro.
Deseamos a los que llegan éxito en su compleja tarea. El listón, bien lo saben, está muy alto. 
Termino por el principio, por ese nuevo libro de Juanra que sus lectores esperamos con ansiedad. Algo ha adelantado en una entrevista concedida a El Periódico Extremadura.
Este hombre eficiente y discreto ha descubierto que la única manera de ser conocido y hasta valorado en este dichoso país que no lee es ganar premios. Pena. O no. Por culpa de uno (debidamente remunerado) verá pronto la luz en la Fundación José Manuel Lara (que no es mal sitio) El síndrome de Diógenes y algunos se darán cuenta por fin de que el Juanra narrador también existe. 

Nota: La fotografía es de Toni Gudiel, para El Periódico Extremadura

10.12.19

Bayal lee a Ferlosio

Gonzalo Hidalgo Bayal publica en el joven catálogo de La Moderna Camino de Jotán y El desierto de Takla Makán. Lecturas de Ferlosio
La idea del editor extremeño David Matías me parece oportuna y perfecta. Son dos libros fundamentales para comprender la singular obra del narrador, ensayista, gramático y lingüista español que ya no eran accesibles para la mayor parte de los lectores. 
El primero (que lleva por subtítulo, no se olvide, "La razón narrativa de Ferlosio") se publicó en Los Libros del Oeste (Del Oeste Ediciones) en 1994. El segundo, en la Editora Regional de Extremadura en 2007, dentro de la extinta pero preciosa colección Ensayo Literario, cuando uno andaba por allí. A este, por cierto, se le suman tres textos que no figuraban en la primera edición, como se señala en la precisa "Nota bibliográfica" que figura al final del volumen.
"Casi treinta años median entre el texto más antiguo y el más reciente de los que recoge este volumen". Así empieza la "Nota previa" que justifica la nueva edición del libro. Porque, ya se dijo, reúne dos libros ilocalizables y porque, anécdota elevada a categoría, cuenta GHB que en el verano del 94 y en una de las destartaladas habitaciones de la ferlosiana casa familiar de Coria, siempre en "periodo de restauración", encontró pintado en la pared: "Camino de Jotán". El dueño atribuyó ese hecho a una "prueba de color". Hace apenas un mes, en otra visita al mismo lugar con motivo de un homenaje póstumo al autor de Industrias y andanzas de Alfanhuí, se pudo comprobar que la pintada seguía allí. Una fotografía lo verifica. Deduce Bayal que "si la prueba de color se había mantenido intacta durante un cuarto de siglo, tal vez podría alcanzarle todavía alguna suerte de permanencia" a este libro, cosa de la que no me cabe la menor duda. A pesar de la humildad bayaliana, expresada en el mencionado prólogo. Por aquello, recuerda, que dijo uno de sus personajes novelescos (en La escapada): "También yo creo que cuando termino las cosas es cuando estoy verdaderamente en condiciones de poder empezarlas". Me cuesta creer que lo ya dicho pueda mejorarse. Él lo entiende, claro, como limitación. Uno, como demostración palpable del logro plenamente alcanzado. 
Sí, "una suerte de autoridad en la materia" tiene desde hace décadas (su primer texto sobre Ferlosio data de 1989) este hombre que tanto y tan bien y tan hondo ha leído una obra extensa y compleja como pocas y, lo que es más difícil aún, que con sus lecturas ha logrado esclarecerla y hacerla comprensible para el lector, digamos, medio; ese no dotado de los amplios conocimientos y resortes lingüísticos, filosóficos y literarios que un lector omnisciente, como Bayal, posee de sobra. Eso lo sabía mejor que nadie Ferlosio, que quiso fijar caligráficamente esa admiración en un muro de su ruinoso palacio cauriense. Mal que les pese, dos maestros. 

9.12.19

Poesía 2.0: fans, no lectores

Un buen día ojeé como de costumbre (con la misma desgana con que observo lo que es poco fiable) la lista de los libros más vendidos de poesía del suplemento cultural y me di cuenta de que no conocía a nadie. Los nombres de los presuntos poetas eran extraños; los títulos, ñoños. De las editoriales tampoco sabía. Luego fueron llegando más señales acerca de los que unos han dado en llamar parapoesía o poesía juvenil o nueva poesía popular o, en fin, poesía pop tardoadolescente, como la denomina Martín Rodríguez-Gaona, autor de Mejorando lo presente. Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes (2010), un estudio precursor sobre las relaciones entre la poesía y la tecnologías de la información y la comunicación. Noticias acerca de Elvira Sastre, cabeza de serie de la tendencia, que el crítico Benjamín Prado saludo como “La poeta que desde hace mucho tiempo estaba pidiendo a gritos la literatura española”. Por lo pronto, para sorpresa de todos, ha obtenido el antaño acreditado premio Biblioteca Breve. Otra de las más famosas del grupo, Loreto Sesma, ganaba el otrora prestigioso premio Ciudad de Melilla.
Mientras, los medios de referencia (El País, la Cadena Ser, etc.) se entregaban con fervor a la causa de los nuevos poetas nativos digitales. No digamos algunas editoriales bien conocidas: Visor, Espasa (que ha creado un premio ad hoc), Planeta…
En el treinta aniversario del premio Loewe, símbolo de excelencia, les hacían un hueco en el vídeo promocional. Hasta el mismísimo director del Instituto Cervantes, buque insignia de nuestra lengua, se rendía a la evidencia: la parapoesía llegaba para quedarse.
Ante el desconcierto general, empezaron a menudear artículos (uno de los primeros, del incisivo Juan Bonilla: “De repente unos poetas”) y otras reflexiones críticas a propósito del fenómeno. Sólo ahora tenemos un libro entero dedicado a analizar el controvertido asunto. De golpe, la poesía pasó de la invisibilidad a la moda, aunque me apresuro a decir que esto de poesía tiene poco.
Con La lira de las masas. Internet y la crisis de la ciudad letrada, el citado Rodríguez-Gaona ganó el premio Málaga de Ensayo. En él trata de explicar un cambio de paradigma. Este “periodo transicional”. Los jóvenes poetas nativos digitales, los prosumidores (“emisores masivos” que controlan la edición y el consumo de sus productos) optan por una poesía fuera del libro. O que llega al libro a posteriori. Antes está en las redes y los nuevos formatos. Adopta forma de canción (Marwan), de vídeo (los youtubers)… Lo oral prima tanto o más que lo escrito.
Sus poemas, digamos, no son calificados con criterios literarios, sino comerciales. Uno es mejor cuanto más vende. O cuantos más “Me gusta” o seguidores obtenga. “El mercado es hoy quien genera el canon”. De ahí que estén tan de moda los rankings, las listas y los best sellers, que ya no sólo son novelas. Y los influencers. Por ejemplo, la célebre Luna Miguel, a la que MR-G dedica no pocas líneas, otra poeta que se ha pasado a la novela con un éxito escaso.
Y todo, claro, en el imperio de Internet. Y, no se olvide, del ultraliberalismo imperante en todo el planeta (por eso el libro no se limita a la poesía y abarca la globalidad de lo que pasa).
Ha llegado la democratización al mundo de la lírica, una ilusión de siglos: “La poesía escrita por todos”, el “mallarmeano sueño sobre la constelación y El Libro”. Al mismo tiempo, nunca tuvo más vigencia la definición de democracia aportada por Borges como “abuso de la estadística”. ¿Desde cuándo se pueden aplicar a la literatura criterios democráticos?
Este panorama un tanto apocalíptico es para el autor del ensayo síntoma del “inicio del fin de la ciudad letrada”. Al parecer, no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Ha llegado, dice, “el desprecio de la crítica y la historicidad en beneficio del entretenimiento”. Es el momento de “la inmediatez, la popularidad, la interactividad y lo efímero”. La prisa manda. Lo líquido. Hemos pasado del blog al muro de Facebook. A la imagen por encima de la palabra. Al poema con aspecto de tuit. Y ahí, “la primacía de la autorrepresentación”, la “retórica de la identidad”. Exhibicionismo narcisista a raudales y mucha, mucha fotogenia. La de Loreto Sesma en el Hola, pongo por caso. El “simulacro”. ¡Viva César Brandon! Los autores como personajes del star system.
Y la “preponderancia femenina”. El innegable hecho de que, por fin, ellas han tomado el poder, con todos los matices que se quieran añadir, entre otros el de la implantación del feminismo en el medio literario.
La “simplificación y la banalidad”, dice MR-G. Lo normal, cabe añadir, en una sociedad simple y banal propensa a los “eventos”. La infantilización de la cultura. Se acabó la antigua distinción entre alta y baja cultura.
La calidad viene dada por el “valor de mercado”. Consumistas, estos poetas toman el control de sus medios de producción con la ayuda inmediata de las corporaciones y las multinacionales. Lo iconográfico vence a lo textual. La publicidad es la herramienta.
Brines ya no tiene razón: La poesía no tiene lectores, como él decía, sino público. O mejor: fans. Buscan, entre ellos y con sus lectores, “cercanía y complicidad”. El “nosotros”. La comunidad poética sería la actualización internáutica de los viejos grupos generacionales.
Que la lectura no es lo que era es algo evidente. Esa mezcla de atención, soledad y silencio pasó para estos prosumidores a mejor vida. Su medio natural son las redes y los bares. Lo espectacular forma parte del ADN de estos millenials.
Es pronto para calibrar si estamos ante un cambio significativo o simplemente ante una moda pasajera más. Lo cierto es que la crítica responsable ha ignorado los productos de estos poetas digitales. No sabría decir si por dejación o porque bastante tiene con la poesía de verdad. Sí, porque ésta (en secreto, como siempre) resiste, ajena a la candente actualidad de estos “autodidactas con conocimientos avanzados de una retórica digital”.

Martín Rodríguez-Gaona
Páginas de Espuma, Madrid, 2019

Nota: Esta reseña se ha publicado en el número 132 de la revista Turia.

7.12.19

Carteles

Justo es decir que el cartel que anunciaba mi charla en el IES "Alba Plata" de Fuente de Cantos era obra de María Esther Amaya, Jefa del Departamento de Lengua, así como que los alumnos de Plástica de 4º de la ESO diseñaron, bajo la dirección de su profesora Victoria López, estos bonitos carteles para la ocasión. Carteles que han sido expuestos (junto a otros destinados a la Feria del Libro) en la biblioteca del centro. Mil gracias a todos.




5.12.19

Lobo Antunes dixit

Lluís Amiguet entrevista en La Vanguardia al novelista portugués António Lobo Antunes. He aquí algunas preguntas y respuestas.

¿No ve a los españoles más guerracivilistas y enfrentados que los portugueses?

En Portugal se mata como aquí: muy bien. Y hemos tenido nuestras guerras. Pero es cierto que mi padre, por ejemplo, y muchos otros intelectuales portugueses quisieron recuperar la unión con España.

Aquí se habla más de la desunión de España que de la unión con Portugal.

Pues tendría mucho sentido unirnos todos. ¡Qué gran país hubiera sido el ibérico!

Su política es menos agresiva también.

El otro día se reunieron cuatro expresidentes de la República para cenar conmigo. Fue un homenaje magnífico. Y mis amigos españoles, franceses e italianos me decían que en sus países hubiera sido impensable una cena así.

Les doy la razón.

Y en Portugal tampoco entendemos lo que pasa con Catalunya.

¿Qué es lo que no entienden?

¿Sabe? A los portugueses, Puigdemont nos parece un cobarde.

¿Por qué?

Porque no entendemos que haya huido después de haber comprometido a tanta gente. Para lograr defender tus ideas y cambiar un país hay que quedarse; no irse. ¿Los catalanes quieren mucho a Puigdemont?

Una parte, sí; y le votan.

A ustedes en España les falta ahora el carisma de líderes capaces de unirles y no de atizar los enfrentamientos para aprovecharse de ellos.

¿Líderes con carisma como quién?

Tuvieron ustedes magníficos líderes. Los portugueses admirábamos a Suárez, porque en Portugal decimos que tienes que poner tus cojones donde pones tus ideales. Y... ¡qué valor tuvo Suárez el 23-F frente a los golpistas!

Ni a él ni a Gutiérrez-Mellado se les puede negar que tuvieron valor.

¿Por qué no recuperan aquel espíritu? Era un heroísmo para la paz y la concordia que admiramos mucho en Portugal.

Nota: La fotografía es de Kim Manresa para LV. 

3.12.19

Con Alcaíns

El extremeño Javier Alcaíns (Valverde del Fresno, Cáceres, 1963) presentó el pasado sábado en la librería placentina La Puerta de Tannhäuser su último libro, La adivinanza del agua. El título, en efecto, es muy sugerente, tan hermoso como la obra en sí, y no refiero ahora al contenido sino al continente. Editado por él e impreso en Tecnigraf (bajo el sello Javier Martín Santos), se aprecia en todo, del papel a la tipografía y del diseño a la composición, el exquisito esmero, la meticulosidad con que ha sido concebido para que llegue a las manos del lector como si de una obra de arte se tratara. 
Capítulo aparte merecen la consustanciales ilustraciones que lo adornan. Distintas de las que hasta ahora nos había ofrecido este iluminador de códices (hay libros suyos, bajo el rótulo Códice Alcaíns, en el prestigioso catálogo de M. Moleiro: El cantar de los Cantares, El Libro de Daniel, Beato de Liébana). Sin figuras humanas, algo antes habitual. Con formas diversas. Algunas de indiscutible aire oriental. Realizadas con tinta de plata y con un motivo reiterado: la lluvia: "esta lluvia que cae sobre un paisaje de la tierra o sobre un paisaje de los sueños", como ha dejado escrito en la dedicatoria de mi ejemplar. 
Se refirió su presentador, Miguel Ángel Lama (que tan de cerca ha seguido la trayectoria del sierragateño afincado en Cáceres y tan bien conoce y explica su literatura ilustrada) al uso de las enumeraciones. Uno, sin querer, se fue al enumerador (caótico) Borges y ya allí a su famoso verso sobre la lluvia, aquello de que "La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado".
También citó Lama a uno de los máximos inspiradores del quehacer de Alcaíns: el pintor, impresor y editor suizo François-Louis Schmied, que fue un genio de la ilustración.
He aludido antes, precisamente, a la condición de ilustrador de Alcaíns, pero también podríamos mencionar la de miniaturista, la de calígrafo y, sobre todo, la de poeta (que a veces se confunde con el prosista, pues que no atiende en su escritura a un estricto criterio de género). A sus libros: Memoria de los viajesLa locura y las rosasTeatro de sombras, Arquitectura melancólica, Una ventana con la luz de la tarde...
En su breve intervención, Alcaíns intentó explicar lo inexplicable, ese misterio que le ha llevado a escribir La adivinanza del agua. De ahí que en su colofón leamos: «Javier Alcaíns escribió este libro, realizó las ilustraciones y diseñó las páginas con líneas de plata. Comenzó en abril de 2018 y le dio fin el primer domingo de junio de 2019, fecha en la que seguía sin saber la solución de la adivinanza del agua».
Aunque, como recordó, el concepto formal de libro tal como lo conocemos desde hace siglos ya estaba conseguido en los señalados códices medievales, Alcaíns da un paso más y, sin asumir su invención, propone un nuevo elemento: esas sutiles líneas de plata que, página a página, inducen al lector al disfrute pleno de lo escrito.
En cuanto al texto en sí, ya se dijo que participaba de la prosa (con momentos donde torna relato) y de la poesía. Abundan las repeticiones. De palabras, de ideas. De fragmentos podríamos hablar si los consideráramos partes de un mismo discurso, lo que acaso sea cierto. Pues que enlazados van, sin perder nunca de vista al agua y sus metáforas, la de la lluvia ante todas.
La imaginación prima. Una especie de dejarse llevar que dota al texto de la frescura propia del que va sin brújula y sólo atiende a lo que su mirada y su pensamiento le demandan. A lo que sus sueños le exigen. En un momento dado leemos: "Miro mi mano que escribe, pero yo no he creado mi mano, ni el cerebro que la guía, ni el alfabeto que conozco, ni la lengua, ni la literatura".
Por momentos, el sentido se transforma en sonido y la música de las palabras inunda, nunca mejor dicho, estas páginas líquidas que lo mismo te llevan a la infancia que al paisaje: del Jálama, de Las Hurdes y de mil sitios lejanos más (Odesa, México, Río de Janeiro, Tananarive, Montánchez, Tánger, Milán...), pues no en vano Alcaíns es una suerte de viajero perpetuo, poco importa si inmóvil. Basta con leer (a ser posible en voz alta, como hizo Lama en la presentación) ese poema que empieza: "En ningún lugar del mundo llueve como en Bangladesh...". Un poema, digamos, que tiene su continuación más adelante: "En ningún lugar del mundo llueve como en el centro del desierto del Sahara...", y que culmina cuando escribe: "Estará lloviendo en Oporto, el agua correrá por las calles en cuesta...".
Para leer y para ver, sí, este libro singular (donde no faltan significativos espacios en blanco), digno de un autor exigente que no teme asumir esos riesgos que sólo son capaces de afrontar los que no se conforman.