10.2.12

El mundo de MV


















No estará pasando María Victoria Atencia buenos momentos, y bien que lo siento. Hace menos de un mes, al tiempo que la nombraban doctora honoris causa por la Universidad de Málaga, moría en su ciudad del alma Rafael León, su marido, al que evocan, entre otros, Fernando Ortiz y Aquilino Duque, que le define como "poeta, maestro impresor, fondista, bibliófilo y caja de sorpresas". Alguien que, a modo de sombra tutelar, acompañó a MVA lo largo de buena parte de su ya larga vida. Por las estanterías de mi desordenada biblioteca hay un libro suyo, magníficamente editado (en la mejor tradición malagueña que ha estudiado Inglada). Bastantes menos que de la autora de Las contemplaciones, a quien conocimos en Valencia allá por el 87, cuando uno ya se había rendido, incondicionalmente, a sus delicadísimos versos; como buena parte de mi generación, los tirios y los troyanos.
Dos de los más grandes valedores de su poesía, Guillermo Carnero y Abelardo Linares, escriben en la antología Como las cosas claman, publicada por Renacimiento hace ahora un año. El primero firma el magistral prólogo y el segundo, una preciosa nota en la solapa.
Ha sido placentero volver sobre los poemas que uno ha venido frecuentando a lo largo del tiempo y, aunque me gustan sobre todo los últimos, reconozco que me siguen perdiendo los que leí cuando era muy joven y su deslumbrante pero íntima poesía me animaba a seguir por ese duro pero gustoso camino que conduce no sabemos a dónde.
Pedimos a un poeta que sea capaz de levantar un mundo y que, además, lo haga habitable. En el de MVA vive uno, como lector, desde hace mucho. Es perfecto, luminoso y confortable, como sus poemas.