24.6.15

Ahora es la noche

Hablábamos aquí atrás de Claudio Rodríguez y de Peri Rossi, de un poema del primero y de un libro de la segunda dedicados a ese símbolo central del imaginario poético de todos los tiempos: la noche. El título del último libro de Carlos Alcorta (Torrelavega, 1959), que publica la granadina Valparaíso, tiene un título de lo más elocuente: Ahora es la noche.
A cierta edad, y hablo con conocimiento de causa, el cuerpo y el alma te piden que lo que haya que decir se diga sin ambages. Al menos si uno quiere seguir siendo honesto a la causa de la poesía. Para alguien que escribe: "Hice, para engañarme, para encontrar sentido / al desorden, de la literatura / razón de mi existencia". Este libro habla de eso. "A la intemperie". En el momento de las recapitulaciones y de los balances. Porque "la vida no es un juego" y el poeta tiene conciencia de lo que pasa. Y de lo que aproximadamente le pasa. Sí, pues la memoria es muy suya a estas alturas y unas veces se confunde y otras falsea. "Didáctica", el segundo poema del libro, es paradigmático, y del todo logrado: "¿A quién contemplo cuando me miro en el espejo?" Luego habla del "otro" (o de los otros) y del "yo eventual" y de "Soy yo y soy otro / simultáneamente" y de que "El mundo que construyo con palabras / es tan veraz como un autorretrato / pintado desde el ángulo visual / incorrecto". "Esperar es creer en el futuro", leemos ahí. "Vivo ahora solo", explica en el siguiente y deja caer "Luz nocturna", uno de los mejores del conjunto, que comienza con un "¡Qué poco sé de mí!" que a uno le recuerda a otro cántabro: Hierro. después evoca a "mi yo de antes" para concluir que, "sin saber", "se escribe a la desesperada, tratando de olvidar / la vida que se vive, huyendo de una muerte / con la que aún no estaba familiarizado". Cuando se habla tan a fondo de uno mismo, la ironía es imprescindible si queremos que lo dicho se soporte poéticamente. Para decir, por ejemplo, "por eso ahora quiero volver / atrás y corregir la dirección / equivocada". 
"Parachoques" habla de un accidente y en medio declara: "Llego a una encrucijada". La que uno detecta al leer estos versos escritos, no hay duda, a corazón abierto. Basta leer "Intimidad" o "To live tally" o "Marsupial" ("Sólo a medias confío en Epicuro").
"Tratado de navegación" es decisivo: "El silencio es tu patria. Una forma de ser y estar, / un pronombre, un adverbio, un adjetivo. /El silencio es una isla (...) / El silencio es un viaje, una ambición". Como "Lugares del mundo": "Pienso que tengo tiempo, todo el tiempo del mundo, / pero el tiempo no existe, el pasado no existe, / mi ayer y mi mañana nada cuentan  / y no sé si fue vida o no fue vida / lo que he vivido hasta este momento". Y concluye: "Estoy hablando de cómo un hombre solo / se ve a sí mismo sólo como un hombre". 
"Partes de la historia"es muy concreto. Generacional: la vuelta de la mili y el intento del golpe de Estado del 23-F.
Sí, "un poema es una convención, / en él la realidad se reconoce / a sí misma inventándola al decirla".
Volvemos al principio. A la noche: "La oscuridad  convierte / al hombre en un ser más introspectivo, / en alguien indefenso ante las dimensiones / inaprensibles de los mares, / del desierto o de las constelaciones".