28.10.20

La poesía de Beatriz Chivite

Lo primero que llama la atención de este libro es su estupendo aspecto. Pocas ediciones tan bonitas y cuidadas como las de la madrileña papelesmínimos que en esta ocasión se alía con la gallega Chan da Pólvora, que tampoco se queda atrás, para ofrecer al lector una pequeña, exquisita joya. La elegancia es norma, sí, y, con ella, la sobriedad, el único lujo que uno entiende. Por suerte, los libros hermosos abundan en nuestra tradición tipográfica. No tanto los que, como éste, se publican en tres lenguas (castellano, euskera y gallego, cada cual en un color de papel), lo que en la España plural de nuestros amores debería ser también tan sencillo como frecuente. 
En las ciudades / Nas cidades / Hirietan reúne poemas de Beatriz Chivite (Pamplona, 1991), una breve muestra de los libros que ha publicado hasta ahora, a pesar de su juventud: Smog de Pekín (2012), Metro (2014), Biennale (2017) y Móvil / Limitación (2019). Esto es: Pekineko kea, Metro, Biennale y Mugi / Atu. Ella se ha ocupado de verter sus versos al español e Isaac Xubin, del vasco al gallego. 
Jon Kortazar y Aiora Sampedro se ocupan del prólogo, que titulan "Viaje por las ciudades de Beatriz Chivite. En efecto, esta mujer salió muy pronto de su ciudad natal (con una beca para estudiar el bachillerato internacional) y ha cursado estudios de Filología china y de Arte oriental en Londres (donde vive) y Pekín, ha hecho un máster en literatura y cine chinos en Hong Kong y trabajado en la Bienal de Venecia y en la Embajada de España en Yakarta (Indonesia). Esta intensa biografía explica que haya escrito libros sobre tres ciudades: Pekín, Londres y Venecia, en orden de intervención. 
Los prologuistas, que se encontraron con Metro en el Premio Euskadi de 2015, desmenuzan su poética y por eso aluden a su narratividad (por aquello de inventarle una historia a quien se sienta a tu lado) y la modernización del haiku. Además, a "la condición cosmopolita del texto", a lo que su poesía tiene de "canto a la intemperie y al desasosiego", a la "dureza de la soledad" y al miedo a los que se enfrenta alguien que vive, ajena, en medio de la multitud, a la "gran presencia del yo" (esta poesía es autobiográfica), al "componente social" y al "esteticismo" (que no son incompatibles en la poesía de verdad), a su afición por la pintura, a "la nostalgia de la infancia", a "la experiencia del dolor", al viaje, al riesgo (en lo que respecta al citado haiku, un modelo poético demasiado explotado y no siempre para bien), etc. 
Nos explican, en fin, y muy oportunamente, que existen "dos caminos para editar poesía en lengua vasca". El de las editoriales (como Pamiela, Elkar, Susa y Balea Zuria) o el de los premios, que "no tienen buena prensa en el sistema literario", la senda elegida por ella. Chivite ha publicado cuatro libros en cuatro años. Según Kortazar y Sampedro, la suya es ya "una de las voces más originales y distintas, más distinguibles, más personales de la actual poesía vasca". Este lector matizaría: de la poesía española, de la que este libro forma parte, como 17 segundos, de Kirmen Uribe, otro cosmopolita poeta en euskera (que reside en Nueva York), con el que encuentro puntos de conexión y que acaba de editar Visor en su colección Palabra de Honor. 
Puedo añadir que estamos ante una poesía viajera, sin duda, clara y contenida, donde brillan el misterio y la sugerencia, precisa en su intención y lúcida en sus resultados. Moderna sin remedio, pero atenta a la tradición. Tan occidental como oriental. Tan del norte como del sur. 
En "¿Cómo escribir?", un poema central, después de confesar, con la debida ironía, que, cuando "la realidad / me golpea duro", no sabe escribir poemas irónicos, ni románticos, ni postmodernos, leemos: "Enmudezco / cuando veo. // ¿Qué puedo decir? / ¿Qué palabra puede / ablandar tanto dolor? // ¿Luz?"
De su interés por el arte son fruto los poemas "Ernst", "Calder", "Picasso", "Mondrian", "Dalí" (excelente), o "Chillida" y, en suma, su libro Biennale
Me han gustado mucho también las odas a distintos colores que figuran en su último libro. 
Se alegra uno de este feliz descubrimiento. Más si tenemos en cuenta que en este país cainita de nacionalismos feroces cada día es más difícil que la traducción de unas lenguas a otras fluya con la debida naturalidad. Que sea más fácil, vamos, leer a un italiano, un francés o un inglés que a un catalán, un gallego, un asturiano o un vasco que no escriban en español. Pena. 

Nota: Esta reseña se ha publicado en la revista digital El Cuaderno.