Jaime Covarsí Carbonero, comisario de la exposición MIRAR PARA VER LO AUSENTE, explica que ésta "invita al espectador a observar con una perspectiva nueva
las obras seleccionadas por dos museos regionales extremeños, el Museo
Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) de Badajoz y el Museo
Vostell Malpartida (MVM) de Malpartida de Cáceres. El título presupone la
existencia de algo que parece aguardarnos más allá de la propia obra tal y como
la percibimos. Ver lo ausente necesita de la voluntad y el esfuerzo del que
mira. Heidegger, en El origen de la obra de arte explica que la esencia del
arte es la 'desocultación' de la verdad. La forma nos conduce a un significado.
La verdad (y también la belleza) de "Los zapatos" de Van Gogh, por ejemplo, no es
otra que la comprensión de la vida campesina y su dureza. El arte expresa para
regalarnos un hallazgo. Pero esa verdad que se adquiere (si es posible) cuando
visitamos un museo, no siempre y necesariamente debe descubrir algo que solo
está en la pieza expuesta. En ocasiones, es el propio sujeto que observa el que
se descubre a sí mismo. El arte es diálogo y es encuentro. Esta exposición
asume esta condición dialógica heterogénea con sus visitantes y plantea un
ejercicio coral con una nómina extensa de poetas regionales y nacionales que,
interpelados por el objeto artístico, nos brindan una interpretación, a veces
iluminadora, otras desafiante, pero siempre dispuesta a poner sobre la mesa de
la contemplación el ejercicio hermenéutico implícito cuando la palabra y la
imagen se tocan. Surge así una ocasión propicia a quien desee mirar para ver lo
ausente, sea esto lo que tenga que ser para cada uno".
Es digna de elogio la labor de Covarsí para sacar adelante la muestra, con la colaboración de los responsables de ambos museos que la patrocinan y la de los poetas y artistas (vivos algunos) que han colaborado gratis et amore para que la idea llegara a buen fin. Menos comprensible me parece que no se haya editado un catálogo, por modesto que fuera. De cara al montaje, imprimir un puñado de versos y enmarcarlos no habrá supuesto un elevado coste. Si tenemos en cuenta que las obras de arte pertenecen a los fondos museísticos de esas instituciones públicas, el presupuesto habrá sido sin duda módico. Algunos ingenuos analógicos seguimos creyendo que el papel lo resiste todo y que sin él la memoria flaquea. Su llegada al MEIAC podría ser la ocasión propicia para remediar el descuido.
En lo que a uno respecta, elegí sin dudar el cuadro "Después del temporal", del cubano residente en EEUU José Bedia (que nació en La Habana el mismo año que yo: 1959). Me atrajo de inmediato. El color, sobre todo. Y los motivos: el barco, la isla, la palmera... El tema del viaje, en suma. Y el del exilio, para ser exactos.
Porque algunas claves se me escapaban y la reproducción carecía de la calidad exigible, no dudé tampoco en recurrir al propio pintor, quien a través de su hijo, José Bedia Jr., me explicó con todo detalle la génesis de la obra y algunos detalles acerca de la misma. Con ser un pintor reconocido internacionalmente y con constantes muestras por todo el mundo, lo hizo con una sencillez y una cercanía encomiables.
Me hace gracia ―cosas de la justicia poética, supongo― que el cuadro de Bedia y mi poema estén al lado de los de Barjola y Jordi Doce (que hizo la fotografía que abre esta entrada). Hubiera sido mi segunda opción, pero Jordi (que comparte su ciudad natal, Gijón, con la adoptiva del pintor extremeño, donde está ―para disgusto de Antonio Franco― su museo), ha sabido darle el toque expresionista que uno no habría sabido aplicar.
Hasta el día 31, en Malpartida.

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