Lo he intentado hasta el final,
pero no ha sido posible. Cada año se queda alguna reseña atrás. De las que
envío a El Cultural, quiero decir, aunque estén previamente aceptadas
por ambas partes: los editores y el crítico.
Que esta al final no se publique
me duele de una forma espacial. El libro merecía una recensión, por breve y
torpe que fuera, en el suplemento que mejor cuida la poesía en España. Con
todo, ahí va.
Y añado: los poemas de FPF podrían
haber figurado en cualquiera de las dos antologías que celebran la poesía
escrita por los nuevos poetas del siglo XXI.
Pérez Fernández (Cáceres, 1984), debutó con una plaquette publicada en la colección 3x3 de la Editora Regional de Extremadura, que con tanta ejemplaridad dirigió su padre, y es autor de los libros Cargas familiares y Término medio.
Compensatoria pone de
manifiesto la voz decantada de un hombre con una consistente formación
filosófica. Se abre y se cierra con sendos poemas largos que remiten al título,
a esa educación que busca la igualdad de oportunidades para los alumnos del
profesor que él es: “adolescentes angustiados / que tienen que crecer”, los que
pasan por el trance de la antigua Selectividad (“¿Cuántos exámenes caben / en
sus juventudes torpemente gestionadas”, “¿Qué será de ellos?”). Prima, en el
tono, la compasión. Se pone en su lugar: el de la fragilidad. “Pues yo quise
vivir y no lo hice / a vuestra edad”. Una “vida factible”: “pero tengo amor,
esa certeza”.
“Nostalgia de provincias” reúne
una serie de poemas propios de alguien que pretende abolir “esa torre de marfil
/ en que los poetas a menudo se refugian / para solazarse y comportarse como
necios”. Juan Andrés García Román subraya
en su epílogo su pasión por la intemperie, la libertad y la impureza. También alude
a su “gran amor […] por cada pequeñez”. De lo cotidiano es capaz de extraer verdaderos
hallazgos, frutos de una minuciosa, inteligente observación. Léanse “Eso sigue
ahí” o “Toujours recommencée”. A la espera de que “sobrevenga lo
agradable”. Poemas logrados como “Memoria histórica”, “El poeta paga sus
facturas” o el agudo “Tienes que pensar en otra cosa”: “la poesía, promesa de
esperanza / que nunca desemboca en lo esperable”. “Choz” abre la tercera
sección (más compleja en concepción y lenguaje), una excelente enumeración
caótica que remite a las “mil referencias raras”, señala el epiloguista, de
este libro, sí, singularísimo.
