23.8.11

“Estudios de la luz”, de Pablo Anadón

 A la librería Manuel de Falla, en la gaditana Plaza de Mina, me llevó la primera vez Fernando Pérez en un agosto inolvidable de hace años. Allí compré este libro del poeta argentino Pablo Anadón publicado en 2010 por Pre-Textos en su preciosa colección La Cruz del Sur. Apenas comencé a leer, me encontré con poemas conocidos. Qué extraño, dije. Hasta que di con “El ruido de la segadora”, trasvasado aquí hace poco desde el mexicano Periódico de Poesía (ya está en la red, por cierto, el nuevo número) en su condición de inédito. O eso creía. En fin, todo normal: el ritmo de las revistas literarias suele ser muy suyo. Supongo, además, que un libro publicado en España no es garantía de nada, o de casi nada, en el ámbito literario hispanoamericano, por muy buena que sea la distribución de la editorial correspondiente. Yendo a lo que importa, el libro, podemos decir que sus poemas, no muchos, giran en torno al tema de la luz, algo más que una metáfora; un asunto que, contra lo que pudiera parecer, a uno se le antoja más metafísico que real, más abstracto que concreto, pero que a la vista de los versos de Anadón  puede que sea, de hecho es, todo lo contrario. Un puñado de versos, digámoslo ya, excelentes. “Conversación”, sin ir más lejos, es uno de los poemas de amor más hermoso que uno haya leído nunca.
De amor, y de desamor, se habla en Estudios de la luz y también de otras cosas no menos cotidianas y, por eso, iluminadoras o asombrosas. Objetos, situaciones, paisajes, recuerdos que le sirven a Anadón para dar a luz una poesía deslumbrante por su claridad y profunda por su sencillez. Qué placer para el lector conversar con él en su casa (“Yo he tenido una casa / Una mujer amada y unos hijos”), al lado de una taza (azul) de café (preparado en la vieja cafetera italiana) o junto al río de los sauces (que uno podría llamar también río Jerte).
Ni las mayúsculas que inauguran tipográficamente los versos ni los muy particulares sonetos que incluye el libro (pero sonetos) han evitado que uno disfrute de esta obra, a pesar de su brevedad y su tono, mayor, aunque eso fuera lo último que se propusiera al escribirla el “viejo poeta oriental” Pablo Anadón. Seguiremos leyendo.