4.12.11

De presentaciones














Y van dos viernes, casi seguidos. Anteanoche tocó, ya lo dije aquí, la de la Biblioteca de Gulliver, de Ediciones Liliputienses, en La Puerta de Tannhäuser, y la del nuevo libro de Juanra Santos, Palabras menores (De la luna libros), en la sala de la calle Verdugo. Una a las 7 y la otra a las 8.
Poca gente en la primera, pero más que en Cáceres. El entusiasmo contagioso de José María Cumbreño bastó para que los presentes pasáramos un buen rato y acabáramos convencidos de que los tres libros que abren la colección merecen la pena. Habló de su apasionante proyecto y desgranó, uno por uno, cada libro. Él y algunos espontáneos leyeron poemas de las respectivas obras de Luis Arturo Guichard, un mexicano que trabaja en la Universidad de Salamanca; Manuel del Barrio, un poeta de Úbeda con sentido del humor, y Rocío Cerón, a la que aún no conozco pero a la que habrá que leer cuanto antes, como recomienda Miguel Ángel Lama. Las cortas tiradas de 50 ejemplares por libro son algo más que una tentación para bibliófilos y coleccionistas. Por lo demás, se anuncian nuevos libros muy interesantes: de nuestro paisano Llera, por ejemplo, o del argentino Gambarotta. ¡Larga vida, liliputienses!
Corre que te corre nos fuimos Víctor Peña y yo hasta el Aula de Cultura. Fue él quien presentó, ante la inmensa -o no tanto- minoría verduguiana, el mencionado libro de Juanra y, como era de esperar, a carcajada limpia. Este muchacho... No cesaron las risas tras su intervención, que concluyó con "esto era todo lo que tenía que decir" al tiempo que hacía trizas los folios que había leído. Santos, otro tímido con gracia, habló poco del libro, pero bien, y leyó algunos cuentinos (por lo de cortos) que, cómo no, provocaron risas y sonrisas y nuevas carcajadas entre la concurrencia mientras su hija Mafalda, que no había dormido la siesta, correteaba por el hall y amenazaba, como él mismo dijo, con boicotearle la presentación. No hubo tal y todos salimos felices y contentos.
En lo social, la noche fue propicia. Conversé, pongo por caso, con dos políticos encantadores, miembros de la corporación municipal: Victoria Domínguez y Fernando Pizarro. La primera, que estaba en La Puerta tomando algo, había ofrecido por la mañana una rueda de prensa quejándose del maltrato que se nos da a los placentinos en Mérida (lo de siempre, ay). El segundo, hace tiempo correligionario de Domínguez, venía de tomar posesión como presidente de la Fempex extremeña (lo que no le impidió asistir al acto del Verdugo, un detalle). Eso y los acontecimientos del día (Dillana, la tercera vía socialista local, etc.) dieron para bastante.
Entre otros, volví a encontrarme, muchos años después, con Marino González, editor de Palabras menores, que me habló con el debido entusiasmo de otro proyecto: Luna de Poniente, que lleva adelante con Elías Moro -gracias al patrocinio del ayuntamiento de su pueblo, Almaraz-. Se trata de publicar 27 libros de poetas extremeños (que aparecerán bajo una letra del alfabeto); los mejores de entre los vivos, a su entender. Abrirá brecha en enero Jesús García Calderón, lo que no es un mal comienzo.
Dio de sí, ya se ve, la noche del viernes. Por un momento, incluso parecía que no estábamos sumidos en este pozo sin fondo en el que, sin duda, nos encontramos. Sobre todo, ay, para la pobre cultura.