10.9.12

Y va Monago...

















Vamos de gala en gala. Todavía no había salido la última estrella del Teatro Romano de Mérida por culpa de la avalancha astral de los premios Ceres y ya estaban entrando los medallistas extremeños acompañados, esta vez, de tres o cuatro. Deberían montar a Monago una tienda de campaña en un lugar discreto del recinto. Se pasa allí la vida el hombre. Por lo demás, vi en la tele lo justo. A Gene García cantando una nueva versión soul (preciosa, por cierto) del himno extremeño y a Víctor Chamorro recién condecorado. Volvieron a decir los presentadores que es el autor extremeño con más libros publicados y más premios conseguidos, o algo así. Es mentira. A modo de ejemplo, he comprobado en el ISBN que Ramírez Lozano tiene 75 registros y él sólo 25. Y si hablamos de galardones... Más allá de ese cómputo al peso, qué triste que recalquen eso como mérito para concederte la dichosa, merecida Medalla. Demuestra a las claras el alcance de nuestras desinformadas autoridades culturales. Y el poco valor que le dan a lo que hacen. ¡Cuidado!, dirá alguno, que Monago (al que no escuché: su tonillo me cansa) va a rebajar el IVA cultural del 21 al 13%. A uno le suena a demagogia. A Montoro, no. Le ha faltado tiempo al Ministerio de Hacienda para salir a la palestra y recordar al díscolo presidente cuáles son sus obligaciones en materia tributaria y de déficit. No sé si servirán los argumentos de Monago, que vuelven, por cierto, sobre el denostado asunto de las subvenciones, un tema tabú para la derecha extremeña. Antes, al menos.
Tras el escenario, más allá de las presiones de IU, se vislumbran las estrategias de marketing de don Iván Redondo, el otrora asesor de campaña (a quien se atribuye el eslogan: "La política es el arte de lo que no se ve") ahora ascendido a director del Gabinete de la Presidencia, con rango de consejero (el periodista placentino Antonio J. Armero se anticipo denominándolo en su día como el "octavo consejero"). 
Se repite mucho por aquí que a Monago le gusta practicar una política de gestos, a lo Ibarra. No tiene, ni con mucho, la gracia de aquél. Los cristales que rompe Monago son de pega, de los que se usan para los efectos especiales; diseñados por el especialista Redondo, un Reyes Abades, como quien dice, de la política.
No eligió mal el momento, no, para anunciar su medida a favor de nuestra "industria cultural" (?). Por suerte no iba en polo y vaqueros, como suele. Ya veremos en qué queda ese loable propósito. Mientras, eso sí, se va desmantelando la infraestructura cultural en materia de libros y de lectura. Pero eso no se ve y, a tenor del silencio, a pocos importa. De esas subvenciones (becas y ayudas inclusive) mejor ni hablamos.

(Nota: añado el enlace con el blog de Paco Hurtado que opina, con criterio, del mismo asunto.)