
Uno,
tras leer los poemas allí reunidos, tiene la impresión de que Morales
se guía a la hora de escribir por los sentimientos y que la verdad y la
sinceridad (con perdón) son dos de sus virtudes evidentes. No hay trampa
ni cartón aquí. El poeta se expresa con sencillez, en el mejor sentido,
y no pretende sino mostrar con palabras lo que ve, le ocurre o piensa.
Eso da al conjunto cierta frescura, algo poco habitual en el panorama
poético de nuestro tiempo; de poesía, sí, tan elaborada; tan literaria,
diríamos. Lugares (Madrid, Holanda, los molinos de Castilla, Bruselas,
Islandia y, cómo no, la ciudad y la playa de su infancia), paseos que
propician poemas que se llenan tanto de evidencias como de preguntas.
Los
padres, la muerte, la niñez, la vida adulta o el amor conforman su
"paisaje de fondo". Creyente confeso y patente humanista, Morales, autor
de poemas tan conseguidos como "Identidad", puede afirmar sin temor a
equívocos, que las suyas son "palabras / nacidas de tu vida". De la
suya.