27.9.14

El punto K

Como recuerda Margarit, en los mapas del tiempo de nuestra infancia, lo representaba un barco meteorológico anclado en medio del Atlántico donde uno imaginaba a toda la tripulación mareada y, por supuesto, en constante peligro. Nada que ver con el libro que, con ese sugerente título, nos presenta el segoviano (de la cosecha del 77) David Hernández Sevillano.
Si uno estuviera al día en lo que al panorama poético se refiere, ya habría leído, por lo menos, sus dos obras anteriores: El peso que nos une y Anonimario, siquiera sea porque con el primero consiguió el Premio Hiperión y con el segundo el Jaén, que no es poco. Si he leído El punto K es gracias a Javier González, coordinador de la editorial que lo ha publicado, la ourensana Eurisaces, y lo menciono porque se lo agradezco horrores. 
Para empezar, el libro está primorosamente editado. Para seguir, lleva no sólo un prólogo, según costumbre, sino además un epílogo. Los dos, por cierto, pertinentes. Firmados, respectivamente, por dos poetas: Daniel Casado y Ben Clark, que se nota que aprecian y conocen la obra del poeta. Con el segundo estoy de acuerdo, sin conocer lo anterior, en que estos versos marcarán un antes y un después en la trayectoria de su Hernández Sevillano y bien pudiera ser que un hito en la poesía española de estos años.
Los suyos son poemas breves, certeros, lúcidos, inteligentes, sugerentes, bien construidos, elegantes... Poemas de una sencillez y una naturalidad extraordinarias, si se me permite la paradoja. 
Que hablen del amor, del desamor, de la vida, de los deseos, del paisaje o de la infancia poco importa: son poesía, y de la más alta. Al fondo, Gil de Biedma (con homenajes explícitos), Ángel González, Machado... Por entre las citas del volumen encuentro dos que a uno le dan pistas seguras: de Luis J. Moreno, de Segovia también, y de Fermín Herrero, otro de Castilla. Sí, porque muy castellanos, en el mejor y más amplio sentido, me parecen estos versos escuetos, serenos y luminosos que parecen venir, como la claridad, del cielo. 
Clark tilda a Hernández Sevillano, en lo personal, de discreto y no otra cosa, sino mesura y equilibrio, destilan los precisos y preciosos poemas que componen El punto K, lo que no significa que no transmitan la debida pasión, no sé si fría.
El sello que lo publica, que toma su nombre de un panadero romano, no podía haber elegido mejor para mostrar el nivel de exigencia que su colección ambiciona. 
Todo un descubrimiento, sin duda. Y una honda alegría.