16.4.26

Una entrevista en el HOY


 
Agrupa toda su obra en Territorio: Poesía reunida (1985-2025) que presenta este jueves a las 19.30 horas en la Biblioteca Pública de Cáceres
 
Cristina Núñez
Diario HOY
Cáceres, 16 de abril 2026. 
 
La primavera trae un acontecimiento literario de altura. Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) reúne su trabajo poético de cuatro décadas en 'Territorio: Poesía reunida (1985-2025)' (Tusquets). Bajo el nombre de su primer libro, que contiene el célebre verso fundacional 'Hagamos de este lugar un territorio', compila una amplísima e ininterrumpida trayectoria en la que cuenta con hitos como el premio Loewe en 1991 por 'Una oculta razón'. La obra incluye también un poemario inédito 'Geografías del jardín', escrito durante la pandemia. «El resultado es una poesía a la que no dejamos de volver porque es hospitalaria y se deja habitar; una poesía que nos habla en tono de confidencia de eso que pasa ante nosotros y a menudo no percibimos, real como la vida misma», glosa el crítico Jordi Doce.

Este jueves se presenta a las 19.30 en la Biblioteca de Cáceres, en donde Valverde estará acompañado del profesor de la UEx Miguel Ángel Lama y la también profesora y poeta Irene Sánchez Carrón. Se trata de una nueva cita organizada por el 'El aula de la palabra' de la asociación Norbanova.

–¿Cómo se ve 40 años después de la publicación de 'Territorio'?
–El verano pasado di el apretón final antes de la publicación de este libro y había que decidir retocar algún poema, eliminar alguno y hacer esa constante relectura a la que nos sometemos los poetas. Ha sido bastante duro, porque te enfrentas a poemas que escribió alguien que tú reconoces relativamente, porque todos vamos cambiando en la vida. Es verdad que yo he mantenido una voz, una línea, un tono a partir de 'Una oculta razón' que no ha variado grandemente. Se ha ido depurando, comprimiendo y eliminando al máximo todo tipo de adorno y de retórica, pero al fin y al cabo hay lo que la crítica señala como coherencia. Y una vez que sale el libro y que se pone en la calle en manos de los pocos o muchos lectores también hay una especie de bajón, porque uno se enfrenta a lo que ha hecho y no sabe realmente su valor, eso tiene que ser la crítica o los lectores quienes lo validen.

–¿Siente que ha traicionado a ese poeta de veintipocos años que publicó 'Territorio'?
–No, la evolución ha sido hacia lo positivo y en ese sentido me siento ciertamente aliviado. Del libro primerizo de aquel poeta demasiado joven he eliminado partes porque no me siento identificado. De los últimos libros los retoques han sido muy pequeños porque me he sentido seguro.

–Volver hacia esa poesía del pasado y de alguna forma limpiarla no deja de ser un ejercicio de humildad.
–Sí, en esto de la poesía el que no se empeñe en ser humilde es un auténtico loco. En este género (que Antonio Gamoneda duda que sea un género) estás enfrentado a ti mismo irremediablemente. No es solo que mi poesía sea bastante autobiográfica, sino que uno está ahí y no ha encontrado otra manera de conocer el mundo que le rodea, así que hay que tener mucha humildad. Y es verdad que yo no soy un Juan Ramón o una Pureza Canelo, yo no soy capaz de reelaborar y de reescribir constantemente lo que he escrito. Son detalles, palabras, un verso, un título, una cosa muy menor.

–Una cosa es la creación como tal y otra la publicación, los premios, todo ese mundo que rodea lo literario. ¿Cómo lleva esa parte de su oficio?
–Los críticos, algunos premios en su momento (yo desde 1993 no me presento a premios, considero que hay que dejar el paso a los que son jóvenes), antólogos, familia que te permite dedicarte a esto, ensimismarte...todo eso son pequeños pasos que suman. Poetas hay más que piedras, pero qué pocos llegamos en una edad provecta en esto de la poesía. Yo he tenido suerte. Son pocos premios pero premios significativos los que tengo. El Meléndez Valdés (que logró en 2018) se ha concedido ahora a un poeta excelente que es Abraham Gragera. Es un premio que te dan, que no te presentas, que son los que gustan.

–Fue director de la Editora Regional. ¿Ciertas labores administrativas o de gestión cómo se compaginan con la creación?
–Estuve desde 2005, tras la muerte de Fernando Tomás Pérez, otro de mis editores, y hasta 2008 que llega Luis Sáez. Yo pude dedicarme a buscar qué libros editar y a seguir editando los que ya estaban previstos por mi antecesor, porque yo pretendía mantener el gran nivel que él había logrado. Fueron unos años apasionantes, es verdad que me rozaba la parte política y que yo estaba al servicio de un consejero y de unas obligaciones, pero resultó una tarea apasionante.

–¿Cómo está Extremadura en lo que pudiera llamarse alta cultura y en la poesía?
–Estamos bien. Me apena que en las dos últimas antologías de poetas del siglo XXI ( 'El tiempo está cambiando', de la colección Vandalia y 'Un estallido' en Cátedra), no haya ningún poeta extremeño. Desde los 80 para acá el nivel no ha decaído, estamos en el panorama nacional, indiscutiblemente, en lo que a poesía se refiere, muy bien, y hay antologías como la de Dionisio López ('Los Últimos del Oeste'), que lo ponen de manifiesto. El libro de crítica que saqué, 'Lecturas a poniente', de la Editora hace dos años demuestra que el nivel es alto. Extremadura no tiene por qué sentirse acomplejada.

–¿Cuáles son en su opinión los hitos que han contribuido a ello?
–Hubo un primer estirón con el presidente Rodríguez Ibarra y el consejero Paco Muñoz para mí imprescindible. La Editora Regional ha sido capital en todo ese proceso porque suele ser el sitio en el que publican sus primeros libros los poetas o narradores extremeños. Las aulas literarias de la Asociación de Escritores que puso en marcha Ángel Campos también fueron un hito fundamental y también podemos extendernos a lo que tiene que ver con el arte, fundaciones, museos, porque la poesía no está aislada. Los que empezamos en los 80 no teníamos tantos referentes, con todo mi respeto a Delgado Valhondo, Pacheco o Lencero. Santiago Castelo o Pureza Canelo eran poetas importantes pero estaban fuera.