Explica la nota editorial que “solo se puede definir el
fenómeno de la última poesía española como un estallido”. Por calidad, diversidad,
número de propuestas y entusiasmo “entre las capas más jóvenes del público
lector”, que “la demanda, la busca activamente, la encuentra, la lee, la
discute y la comparte tanto en redes sociales como en foros analógicos”. Excesivo
parece el diagnóstico, como comparar la “nueva nómina de autoras y autores
nacidos entre 1984 y el año 2000”, con la de la generación del 27, a punto de
cumplir un siglo. Es cierto que su aparición ha causado un revuelo inusual y
hasta llamativo. Encabeza la lista de los libros más vendidos, algo que no ha
ocurrido con otro reciente florilegio de similar alcance: El tiempo está
cambiando. Nueva poesía española, de Juan Marqués (Vandalia). Si a eso
añadimos que ve la luz en el catálogo de una colección tan veterana como
canónica… Al editor, Juan F. Rivero, poeta él mismo (ha declinado figurar en la
muestra), habrá que atribuir parte del mérito.
A veinticinco años, veinticinco nombres: María Salgado, Ben
Clark, Lola Nieto, Elena Medel, Javier Vicedo, Bibiana Collado, Martha Asunción
Alonso, Unai Velasco, Ángelo Néstore, Ángela Segovia, Berta García Faet, Luna
Miguel, Ruth Llana, Álvaro Guijarro, Cristian Piné, Gema Palacios, Xaime Martínez,
Mayte Gómez Molina, Pablo Baleriola, Rodrigo García Marina, Andrea Abello, Juan
Gallego Benot, Rosa Berbel, Laura Rodríguez Díaz y María de la Cruz.
En su sustancioso, académico y algo mareante prólogo (la
lista de libros y poetas es fatigosa), Molina Gil y López Fernández sostienen
que “nuestro objetivo no ha sido en caso alguno programático, pues no
perseguimos construir generación o grupo; sino panorámico” y “nuestro empeño ha
sido ofrecer una secuencia de voces y discursos con los que poder alumbrar
estética y temáticamente la mayor cantidad posible del territorio, por lo que
resultaría tremendamente reduccionista leer esta antología solo desde los
nombres”.
De su introducción obtenemos algunas conclusiones generales,
aunque su pormenorizado análisis vaya por lustros; así, la ausencia de una
tendencia dominante y la pluralidad; “la reivindicación de la identidad, del
cuerpo y de las genealogías de género”; “el boom de la poesía escrita
por mujeres”, centrada en “la búsqueda de la madre” (y ahí, asuntos como la
maternidad, la violencia, la enfermedad o la familia); la crítica social
(poesía política y “de la conciencia”, con la precariedad y la crisis en primer
plano); lo comunitario y lo afectivo; la cotidianeidad y el culturalismo; la
espacialidad (que afecta a lo rural y a lo urbano); la importancia de nuevas
editoriales audaces (Ultramarinos, La Bella Varsovia, Kriller71, Isla Elefante,
Cántico, etc.) y premios que respaldan la poesía joven… Se destaca, sin “estilo
privativo”, la presencia de dos núcleos (o “derivas”) expresivos e
interconectados: el figurativo (parte del continuum realista) y
el experimental (con un fuerte componente lingüístico: “en este recorrido, la
del lenguaje es realmente la primera y la última tensión”). Señalan una “vanguardización
de lo figurativo y una figurativización de la vanguardia”.
Teorías y cavilaciones mediante, la razón de ser de
cualquier antología poética está en los poemas que reúne. Trescientos versos
por autor (u ocho poemas) dan fe de cada trayectoria, muy cortas algunas. De
ahí que pesen más los logros de Clark, Alonso, Velasco, Segovia o García Faet
que los de quienes apenas empiezan, con la excepción de Gallego Benot o Berbel.
Que faltan nombres es evidente (la lista de “merecedores” recogida en “Esta
edición” es larga). Juan de Salas, por ejemplo.
Con todo, superada la comercial moda parapoética, se
ve a las claras que la poesía resiste y que sonar, suena.
Edición de Raúl Molina Gil y Álvaro López
Fernández
Cátedra, Madrid, 2026. 456 páginas. 20 €

