14.7.26

Aníbal Núñez anecdótico

Según costumbre, el sábado a primera hora de la mañana comprobé en Kiosco y Más qué traía ABC Cultural. Fue una alegre sorpresa constatar que la portada del suplemento era para el salmantino Aníbal Núñez, uno de los mejores poetas en español del siglo XX. Compré luego el periódico y busqué el momento oportuno para leerlo. ¿Resultado? Decepcionante. ¡Cómo que "no lo conoce nadie"! Y a qué darle otra vuelta a su malditismo si al parecer no lo hubo. Firma el texto Bruno Pardo Porto. Incluye una entrevista a su hermano José Ángel y a su cuñada Mely y en él participan su redescubridor (sigue habiendo Mediterráneos por localizar), Carlos Maortua, (que ha escrito una novela basada en su existencia, de la que dan la primera página) y su mujer, Laia. Por suerte, y eso es lo que importa, la obra de Núñez, su poesía, está perfectamente editada. En Hiperión, como se señala al final, y en Calambur, como se olvida. Se cita, menos mal (aunque no su título), la amplia antología, editada por Vicente Vives Pérez, La luz en las palabras, que publicó ¡en 2009! Cátedra dentro de su canónica colección Letras Hispánicas. Hay más. No creo, en fin, que ningún lector de poesía que se precie desconozca su obra. Otra cosa es que los vientos de la moda soplen por distintos derroteros. Fácil no es. Ni al uso. Y en cuanto a su vida, ya se ocupó Fernando Rodríguez de la Flor, íntimo amigo suyo, de acercárnosla en su libro La vida dañada de Aníbal Núñez (Delirio, 2012), que aquí no se menciona.
Me ha gustado lo referente a su amor por el campo (que heredó de su abuelo zamorano), la fotografía de su cuarto atiborrado de libros (que se mantiene intacto), la confidencia del hermano acerca de su "jardín lleno de acantos"... 
Lo que más me ha extrañado, por su insulsez, son los comentarios acerca de su guapura ("un bellezón", según Mely), lo de sus "viudas", o eso de que sus amigos (uno estuvo en ese entierro) cubrieran con rosas rojas y blancas todo su cuerpo menos la cara. Debí perdérmelo. Lo anecdótico prima (parafraseando al converso Ernesto Castro, ¿esto es para el ABC o para el ¡Hola!?) y no se entra en los detalles sustanciales Acerca de su escasa fortuna literaria pública, por ejemplo (de la que fue deliberado cómplice), y de su ausencia de las antologías más significativas de su tiempo que, por cierto, siempre acaba poniendo en su lugar lo que de verdad importa. 
Creo, en fin, que podrían haber consultado a personas (poetas los más) que conocieron y trataron a Aníbal y que habrían dado una imagen más cabal de su imponente altura poética y de su compleja personalidad, donde el asunto de las drogas jugó su peligrosa baza. Desdibujados quedan también las figuras de sus padres: el fotógrafo y la médico. Bien está, en fin, recordar a quienes merecen ser recordados, por más que ese merecer exija otra altura de miras. 




Nota: He tomado las fotografías del muro de Jesús G. Calero en Facebook.