Ben Clark (Ibiza, 1984) es autor de libros como Los hijos
de los hijos de la ira, La fiera, La policía celeste y Demonios,
que consiguieron, respectivamente, los premios Hiperión, Ojo Crítico, Loewe y de
la Crítica.Según el diccionario, semiótica es la “teoría general de los signos”.
Si añadimos el adjetivo nuclear, el título del libro adquiere todo el
sentido. En la cubierta, un símbolo: “de advertencia de radiación ionizante”.
Un movimiento hacia atrás (la memoria, el pasado, incluso
remoto) y otro hacia adelante (el futuro, lo distópico y hasta apocalíptico) vertebran
esta obra dividida en tres partes, dos poemas liminares y un prefacio en el que
se alude a la decisión de crear la Human Interference Task Force (1981) con
el fin de advertir del “peligro que los residuos nucleares”. Y añade: “Imaginar
esa advertencia obligó a preguntarse qué signos podrían sobrevivir a la erosión
del tiempo, qué papel tendrían los traductores (…) y qué fragmentos de nuestra
civilización llegarían a perdurar”. Ahí, el origen de la semiótica nuclear.
Pasamos de las cuevas prehistóricas y las ruinas de una
civilización que se extingue a ese paisaje venidero que todavía parece de
ciencia-ficción; el que evocan películas como Terminator (en el último
verano de su infancia) o escenas como esa Estatua de la Libertad semienterrada de
El planeta de los simios.
Porque “la lengua del futuro ya está muerta” o “no ha
nacido”, Clark invoca al poeta y al lector futuros. Se pregunta: “¿Y si los
herederos no son seres humanos?”. Además, amorosos poemas de desamor, sobre el
cuidado, la muerte (como el dedicado a Dunn), la traducción, la bolsa,
Chernóbil, los hornachegos o un poto. Todo a favor de un libro coherente y
emotivo que nos interpela directamente. “Yo escribo desde el borde de este
lento hundimiento”, afirma.
Ben Clark
Visor, Madrid, 2026. 88 páginas. 12,00 €
Nota: Esta reseña se ha publicado en El Cultural.

