Cuando ya le habían herido sus enemigos, llegaron sus amigos y le remataron.
30.6.11
29.6.11
De varia lección
1. "Nemosinia" se titula la entrada del blog de GHB donde el autor de Conversación (el próximo otoño en todas las librerías de España) marca, con la sutileza que le caracteriza, algunas diferencias entre el autor de diarios y el de memorias.
2. ¿Habrá un ERE en la ERE?
3. Santiago Martín Bermúdez publica en El Cultural un extenso artículo titulado "¿Qué clase de poesía es esa que no salva a las naciones y a los pueblos?" en el que reflexiona acerca de los primeros cien años de Milosz.
4. Iba a comentar la salida de la tercera antología de Baluerna, pero veo que Simón Viola ya ha dado cuenta de su salida en el blog. A él remito.
5. El Club de Lectura de la Biblioteca Torrente Ballester de Salamanca cierra el curso. En su Guía de Lectura para el verano, un antiguo poema. Obrigado.
5. El Club de Lectura de la Biblioteca Torrente Ballester de Salamanca cierra el curso. En su Guía de Lectura para el verano, un antiguo poema. Obrigado.
28.6.11
Dos Antonios, dos poetas
Antonio Rivero Taravillo y Antonio Méndez Rubio. Los dos pertenecen, si hacemos caso a esa curiosa taxonomía, a la misma generación: el primero nació en Melilla en 1963 y el segundo en Fuente del Arco (Badajoz) en 1967. Hasta ahí las coincidencias. Bueno, quizá sirva una más: que acaban de publicar un libro.
El de ART, el tercero de los suyos en poesía, se titula Lejos y está editado por Siltolá Poesía (de La Isla de Siltolá). Bonito por fuera (con ese bello ajedrezado que es marca de la casa andaluza), no defrauda por dentro. La suya es una poesía apegada a la vida, de esa que se ha venido llamando "de la experiencia", sin que la etiqueta signifique aquí demérito alguno, al revés, entendiendo por tal una corriente central de la poesía del siglo XX que en España ha sido utilizada como cajón de sastre para demasiados experimentos, mayormente gaseosos. Por suerte, no es Taravillo un epígono de tantos que dejó esa exitosa escuela por el camino.
El amor, sobre todo, el paso del tiempo ("el tiempo es un desecho de la muerte"), la memoria (de la infancia, por ejemplo) y la lectura de otros poetas van abriéndose paso a través de poemas precisos que a uno le recuerdan, es obvio, lo mejor de la poesía inglesa. No en vano RT es uno de nuestros mejores traductores (de Shakespeare a Yeats) y el biógrafo de nuestro poeta más british: Luis Cernuda. Así, pongo por caso, la sobriedad (que aquí debería rimar con claridad y gravedad). Echando mano de una enseñanza de la poesía germánica, escribe: "lo importante discurre entre cesuras" y ahí, en esos espacios aparentemente en blanco, discurre tanto (o más) de lo que se expresa en unos versos, de agradable aire borgeano, que se acogen a una poética tan lúcida como melancólica:
lo que dura un poema, esa falacia
que nos hace pensar eternidades.
Pero un instante dura para siempre
en tanto que lo vive quien lo lee.
El de ART, el tercero de los suyos en poesía, se titula Lejos y está editado por Siltolá Poesía (de La Isla de Siltolá). Bonito por fuera (con ese bello ajedrezado que es marca de la casa andaluza), no defrauda por dentro. La suya es una poesía apegada a la vida, de esa que se ha venido llamando "de la experiencia", sin que la etiqueta signifique aquí demérito alguno, al revés, entendiendo por tal una corriente central de la poesía del siglo XX que en España ha sido utilizada como cajón de sastre para demasiados experimentos, mayormente gaseosos. Por suerte, no es Taravillo un epígono de tantos que dejó esa exitosa escuela por el camino.
El amor, sobre todo, el paso del tiempo ("el tiempo es un desecho de la muerte"), la memoria (de la infancia, por ejemplo) y la lectura de otros poetas van abriéndose paso a través de poemas precisos que a uno le recuerdan, es obvio, lo mejor de la poesía inglesa. No en vano RT es uno de nuestros mejores traductores (de Shakespeare a Yeats) y el biógrafo de nuestro poeta más british: Luis Cernuda. Así, pongo por caso, la sobriedad (que aquí debería rimar con claridad y gravedad). Echando mano de una enseñanza de la poesía germánica, escribe: "lo importante discurre entre cesuras" y ahí, en esos espacios aparentemente en blanco, discurre tanto (o más) de lo que se expresa en unos versos, de agradable aire borgeano, que se acogen a una poética tan lúcida como melancólica:
lo que dura un poema, esa falacia
que nos hace pensar eternidades.
Pero un instante dura para siempre
en tanto que lo vive quien lo lee.
Es de destacar que RT incluye en el libro dos poemas escritos por él en inglés, un guiño que suena a homenaje; a Gil de Biedma, por ejemplo.
El de AMR, que ya tuvo ocasión de reunir sus primeros libros en Todo en el aire (Editora Regional de Extremadura, 2008), se titula Siempre y cuando. Esa facilidad para encontrar títulos raros o curiosos para sus libros (no quiero decir rebuscados: suelen venir de frases hechas o palabras comunes) es directamente proporcional a la curiosidad o rareza, entendida como algo muy personal y distinto, que caracteriza la poesía de este valenciano nacido en Extremadura. Ya que lo menciono, en el poema que da título al conjunto hace alusión al periodista portugués Mario Neves, cronista de la Matanza de Badajoz en nuestra última guerra incivil. Y también Extremadura aparece en el primer poema del libro, a partir del verso de Paul Celan, de su poema "Shibboleth", donde el poeta judío y rumano, en lengua alemana, que se tiró al Sena desde uno de los puentes de París, escribe el nombre de esta tierra.
La de MR es una poesía, por simplificar, sintética, elíptica, incluso hermética (en el mejor sentido: no gratuitamente oscura), propia de una estética en las antípodas de la del otro Antonio, por volver a las innecesarias comparaciones, en una línea por completo distinta, propia de otra modernidad, de "la otra" modernidad de la poesía contemporánea: la de la tradición de la ruptura, por decirlo con Paz.
Su desnudez recuerda, a ratos, una poesía que él ha analizado con solvencia, la de otra paisana: Pureza Canelo. Siendo las dos únicas y singulares, intransferibles, no pueden disimular su parentesco, una común tradición lírica. En la que se dice más por lo que se calla.
Una poesía, en fin, que se basa en la mirada, una mirada digna del mundo fragmentado, ruinoso y complejo que un hombre de este siglo tiene delante.
Junto a este libro llega su plaquette, Tríptico de la verdad, con un dibujo de Laura Giordani, editada por José Luis Puerto en la colección Entregas de Invierno (León, 2010).
Dos poetas, dos maneras de comprender la poesía que se resuelve dando a luz dos libros que merecen ser leídos y que justifican la plural vitalidad de la poesía española de hoy.
El de AMR, que ya tuvo ocasión de reunir sus primeros libros en Todo en el aire (Editora Regional de Extremadura, 2008), se titula Siempre y cuando. Esa facilidad para encontrar títulos raros o curiosos para sus libros (no quiero decir rebuscados: suelen venir de frases hechas o palabras comunes) es directamente proporcional a la curiosidad o rareza, entendida como algo muy personal y distinto, que caracteriza la poesía de este valenciano nacido en Extremadura. Ya que lo menciono, en el poema que da título al conjunto hace alusión al periodista portugués Mario Neves, cronista de la Matanza de Badajoz en nuestra última guerra incivil. Y también Extremadura aparece en el primer poema del libro, a partir del verso de Paul Celan, de su poema "Shibboleth", donde el poeta judío y rumano, en lengua alemana, que se tiró al Sena desde uno de los puentes de París, escribe el nombre de esta tierra.
La de MR es una poesía, por simplificar, sintética, elíptica, incluso hermética (en el mejor sentido: no gratuitamente oscura), propia de una estética en las antípodas de la del otro Antonio, por volver a las innecesarias comparaciones, en una línea por completo distinta, propia de otra modernidad, de "la otra" modernidad de la poesía contemporánea: la de la tradición de la ruptura, por decirlo con Paz.
Su desnudez recuerda, a ratos, una poesía que él ha analizado con solvencia, la de otra paisana: Pureza Canelo. Siendo las dos únicas y singulares, intransferibles, no pueden disimular su parentesco, una común tradición lírica. En la que se dice más por lo que se calla.
Una poesía, en fin, que se basa en la mirada, una mirada digna del mundo fragmentado, ruinoso y complejo que un hombre de este siglo tiene delante.
Junto a este libro llega su plaquette, Tríptico de la verdad, con un dibujo de Laura Giordani, editada por José Luis Puerto en la colección Entregas de Invierno (León, 2010).
Dos poetas, dos maneras de comprender la poesía que se resuelve dando a luz dos libros que merecen ser leídos y que justifican la plural vitalidad de la poesía española de hoy.
27.6.11
El Puerto
Cada día, durante el paseo, miro desde el río el santuario de la Virgen del Puerto, adorada patrona de este pueblo. Por costumbre. Ayer me costó localizarlo. Como la ciudad que describió Gutiérrez Solana cuando pasó por aquí en busca de su España Negra, se perdía en el paisaje. Piedra sobre piedra. Entonces recordó uno cómo era antes: ermita y blanca. Claro, eso parecía poco para una urbe de esta categoría y mis paisanos optaron por convertir la humilde construcción encalada en un solemne edificio de granito. Algo muy en consonancia con el carácter de nuestras gentes. Con lo bonita que era. Y lo cristiana.
26.6.11
Gayga en Madrid
Así firmaba algunas reseñas (recuerdo la de La caja de plata, de Luis Alberto de Cuenca, por ejemplo) mi siempre extrañado amigo José Antonio Gabriel y Galán. Ya he traído aquí la noticia de la edición de su poesía reunida (1970-1990) bajo el título, tan apropiado para el jugador que fue, de Último naipe. Hace unos días me llegaba un e-mail del director de la Editora Regional de Extremadura en el que me invitaba a presentar la obra en la librería La Central del Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Después de sopesar la idea y de consultar a un par de amigos (que me recomendaron aceptar), dije que no. Porque la propuesta partió en realidad de su familia, Cecilia Alarcón y Francisco Gabriel y Galán, su viuda y uno de sus hermanos, les escribí a ellos. En la creencia de que eran los genuinos destinatarios de mis explicaciones. Los únicos a quienes se las debía. Eso no significa que otras personas que me conocen y aprecian, que también conocieron y apreciaron a José Antonio, no las merezcan también. Por eso escribo esta entrada, porque necesito explicarme en voz alta. Todo lo "alta" que este humilde rincón permite.
Empecé mi carta a Cecilia y Paco constatando la extrañeza por semejante ofrecimiento. Tres largos años de denso silencio se rompían de pronto y eso siempre asombra. ¿Por qué ahora? ¿Por la desbandada? ¿Ya no molesto? De otro lado, a pesar de que lo intente, no puedo volver a una casa de la que me echaron a patadas. Por dignidad, sencillamente. Soy humano.
Bien sé, les decía, que ni ellos ni José Antonio, esté donde esté (para mí, vivo y presente en ese libro), tienen la culpa, pero... No creo que se entendiera (yo tampoco) mi presencia en un acto institucional, aunque por allí no apareciese ningún cargo del penoso staff de la extinta consejería, según costumbre. Ya pasó en la reciente presentación de Capricho extremeño, de Trapiello, y eso que estaba anunciada.
Por lo demás, el tiempo para prepararla debidamente era demasiado breve. He dejado a propósito el libro de José Antonio para el verano, para leerlo con la calma debida y con tiempo por delante y en una semana resultaba imposible entrar en materia. Al menos como a uno le gustaría. Como José Antonio se merece.
Además, les expliqué que estamos a final de curso, con mil pequeñas tareas que atender en el trabajo. Por si eso fuera poco, hay asuntos familiares urgentes de los que también debo ocuparme. Un lío, en suma.
Siento no poder acompañar a su familia y a los lectores, antiguos y nuevos, de José Antonio en La Central el próximo día 29. Estas son mis razones. Ojalá les hayan parecido convincente a quienes me nominaron. y, más allá, a quienes han tenido la paciencia de leer este post. Me gustaría, en fin, haber estado por encima de "las secuelas y controversias (digamos) 'eréticas', más aún habiendo sido idea tuya recuperar dignamente este 'Último naipe'", como me dijo un buen amigo, pero, por ahora, eso no es posible. Algún día lo será.
Empecé mi carta a Cecilia y Paco constatando la extrañeza por semejante ofrecimiento. Tres largos años de denso silencio se rompían de pronto y eso siempre asombra. ¿Por qué ahora? ¿Por la desbandada? ¿Ya no molesto? De otro lado, a pesar de que lo intente, no puedo volver a una casa de la que me echaron a patadas. Por dignidad, sencillamente. Soy humano.
Bien sé, les decía, que ni ellos ni José Antonio, esté donde esté (para mí, vivo y presente en ese libro), tienen la culpa, pero... No creo que se entendiera (yo tampoco) mi presencia en un acto institucional, aunque por allí no apareciese ningún cargo del penoso staff de la extinta consejería, según costumbre. Ya pasó en la reciente presentación de Capricho extremeño, de Trapiello, y eso que estaba anunciada.
Por lo demás, el tiempo para prepararla debidamente era demasiado breve. He dejado a propósito el libro de José Antonio para el verano, para leerlo con la calma debida y con tiempo por delante y en una semana resultaba imposible entrar en materia. Al menos como a uno le gustaría. Como José Antonio se merece.
Además, les expliqué que estamos a final de curso, con mil pequeñas tareas que atender en el trabajo. Por si eso fuera poco, hay asuntos familiares urgentes de los que también debo ocuparme. Un lío, en suma.
Siento no poder acompañar a su familia y a los lectores, antiguos y nuevos, de José Antonio en La Central el próximo día 29. Estas son mis razones. Ojalá les hayan parecido convincente a quienes me nominaron. y, más allá, a quienes han tenido la paciencia de leer este post. Me gustaría, en fin, haber estado por encima de "las secuelas y controversias (digamos) 'eréticas', más aún habiendo sido idea tuya recuperar dignamente este 'Último naipe'", como me dijo un buen amigo, pero, por ahora, eso no es posible. Algún día lo será.
25.6.11
Abucheo
Desde aquí me sumo, simbólicamente, al abucheo que tuvo lugar delante de la Asamblea de Extremadura el día de su constitución para la nueva legislatura. No indiscriminado, sino selectivo. Vamos, reduzco mi alegórica protesta a un solo nombre: el de la popular Consuelo Rodríguez Píriz, censora. Da mucha pena -o mucha grima- que un personaje así sea vicepresidenta de la Mesa de la susodicha Asamblea. Y no será consejera porque la de Cultura, con Monago, se irá (aún más) al garete. A uno esta señora, que quede claro, no le representa. Con 15-M o sin él. ¿Cómo iba a hacerlo alguien que está en contra de la libertad de expresión? Que te sea leve, Fernando.
24.6.11
¿Sigues escribiendo?
Esta pregunta me persigue. Apenas me encuentro con alguien -conocido o saludado- que haga un tiempo que no veo, la pregunta tarda lo justo en salir. "¿Sigues escribiendo?", me dicen, como si esto fuera una afición pasajera, un simple hobby. No es que uno se crea nada, para qué, pero por si acaso ahí está la fatídica pregunta y la consiguiente, inevitable cura de humildad. Para recordarte, ay, que, como mucho, eres (o eras o serás) un escritor eventual.
23.6.11
Festival de Poesía de Barcelona
Aquí, en Nostromo (rtve), un puñado de poetas lee sus poemas. Aunque parezca increíble, ante un público.
Comentarios
Un amigo me ha puesto sobre la pista de los malditos comentarios a la última entrevista a Castelo. Bien sabe que nunca los leo, por eso... Echo un vistazo. Sólo eso. Debería darles vergüenza. Pero no a los impresentables "anónimos" que vierten así sus taras, que también, sino al periódico, que consiente semejante indecencia. ¿Para cuándo un código regulador como, pongo por caso, el de La Vanguardia?
22.6.11
Rectificación
A veces se le escapan a uno las palabras. Quiero decir que acaba escribiendo uno lo que no quiere. Hace poco, al hilo de mi comentario al libro Para entregar en mano, de José Luis García Martín, dejé caer que "cualquiera puede acabar como el olvidado Florencio Martínez Ruíz". No me expliqué bien, sin duda. Pretendía expresar no lo que uno pensaba sino más bien lo que en el citado libro venía a decir Martín; esto es, que algunos críticos literarios, por dejar de colaborar en la prensa nacional y sus conocidos suplementos, caen en una especie de abandono y, a veces, hasta de olvido. Lejos de mi intención menospreciar a Florencio Martínez Ruíz. Es una persona a la que admiro, aunque haga años que ya no lea sus reseñas, y al que tengo mucho que agradecer: fue el único crítico de (digamos) alcance nacional que reseñó mi primer libro de poemas, Territorio, en ABC.
Desde la emisora de Punto Radio en Cuenca, molesto por mis palabras, un tal Óscar me informa de que FMR no está olvidado en esa ciudad, al revés. Dirige "la colección Atalaya de libros de la Diputación de Cuenca. En los últimos años ha publicado más de siete libros además de miles (sí, miles) de artículos en la prensa local y nacional. Siendo considerado en Cuenca (por hablar de lo que conozco de primera mano) como el mejor periodista vivo de Cuenca y sin duda uno de los mejores conocedores de la poesía y el periodismo literario español de las últimas décadas".
Tampoco lo duda uno. Y me alegro de que así sea. Siento, en fin, haberme dejado llevar y no haber sido todo lo preciso y cauto que debiera. Si he ofendido a don Florencio, que acaso ya ha dado con mi glosa, mil perdones. Y un saludo afectuoso y, a pesar de los años, lleno de agradecimiento.
Ahora ya estoy tranquilo.
Desde la emisora de Punto Radio en Cuenca, molesto por mis palabras, un tal Óscar me informa de que FMR no está olvidado en esa ciudad, al revés. Dirige "la colección Atalaya de libros de la Diputación de Cuenca. En los últimos años ha publicado más de siete libros además de miles (sí, miles) de artículos en la prensa local y nacional. Siendo considerado en Cuenca (por hablar de lo que conozco de primera mano) como el mejor periodista vivo de Cuenca y sin duda uno de los mejores conocedores de la poesía y el periodismo literario español de las últimas décadas".
Tampoco lo duda uno. Y me alegro de que así sea. Siento, en fin, haberme dejado llevar y no haber sido todo lo preciso y cauto que debiera. Si he ofendido a don Florencio, que acaso ya ha dado con mi glosa, mil perdones. Y un saludo afectuoso y, a pesar de los años, lleno de agradecimiento.
Ahora ya estoy tranquilo.
El portugués Campos Pámpano
En la revista INSULA (nº 774, junio de 2011) el profesor y crítico Ramón Pérez Parejo publica el ensayo Notas sobre al presencia de la poesía portuguesa en la obra de Ángel Campos Pámpano. No hace falta recordar su pasión por esa poesía. Por esa lengua. Por ese país. Lo importante: que nuestro amigo vuelve. Obrigado, Ramón.
Calles secundarias
Una tarde me encontré por la calle Cartas a María Jesús Manzanares y me dijo: "¿También a ti te gustan las calles secundarias?". Por eso le he dedicado este poema.
CALLES SECUNDARIAS
Esta ciudad pequeña en la que vivo
carece de lustrosas avenidas,
de ensanches que merezcan dicho nombre,
de bulevares, travesías, rondas
como en las urbes que llamamos grandes.
Esta es una ciudad de callejuelas,
de callejas oscuras y pasajes umbríos,
de callejones con olor a orines
y recovecos entre muros húmedos.
De rúas y de calles sin aceras
con estrechez de zoco o judería
más propias de lugares de otro tiempo.
De origen medieval, ese trazado
es propicio al paseo y al silencio,
a las divagaciones y derivas,
a perderse sin más entre las ruinas
de un nimio, inextricable laberinto.
(Publicado en el nº 4 de la revista Isla de Siltolá, Sevilla, 2011)
21.6.11
Con JJL en Salamanca
De nuevo en Salamanca. Me siento en una cafetería de la Rúa con un ojo puesto en un libro y otro en ver pasar turistas que se mezclan con muchachos y muchachas en flor. Con todo, me puede la lectura. De La estación que gusta al cuco (Pre-Textos, La Cruz del Sur), palabras de Thomas Hardy que ha tomado prestadas José Jiménez Lozano para titular la última entrega, por ahora, de su obra poética; una obra que, por cierto, empezó tarde, ya que este hombre publicó su primer libro de poemas a los 62 de su edad.
No se explica uno cómo ha pasado tan desapercibido (se publicó a finales de 2010) y si no fuera cosa de viejo (prematuro siquiera) y tan políticamente incorrecto, diría que bien podía la crítica prestarle atención a libros así, los que importan, y no a tanta insulsez vestida de poesía que, eso sí, firman jovencitos y, sobre todo, jovencitas muy modelnos ellos que han leído, cómo no, al famoso John Ashbery.
Claro que aquí la viñeta de la portada, de Hokusai, representa a un grillo, esa cosa tan antigua, como antiguo es el tono del volumen, oriental (digamos) en sustancia, escrito en un español tan limpio como una mañana de verano en Castilla, lleno de esa clasicidad genuina (la de Grecia y Roma, la de nuestro Siglo de Oro) que ya ha sido acuñada como marca de la casa. Un libro seco, porque nada sobra, y sobrio, porque carece de adornos. "Se necesita hermosura solamente", escribe JL, y cuánta razón tiene.
Me gustaría que al hipotético lector le sorpendieran, como a uno, poemas como "Los higos y los bárbaros" (emocionante hasta las lágrimas) o "Resistencia". Que le calasen, como a uno, las palabras sencillas que pueblan estos versos que mojan como la mansa lluvia de una tarde de otoño. Que, en fin, el mundo de otro tiempo que aquí nos sale al paso, para nada intempestivo o anacrónico, les pareciera tan habitable y seguro como a mí me ha parecido.
Para comprender lo que digo (o acierto a insinuar) copio aquí el poema "Octubre", uno de los muchos que podría elegir. Dice:
No se explica uno cómo ha pasado tan desapercibido (se publicó a finales de 2010) y si no fuera cosa de viejo (prematuro siquiera) y tan políticamente incorrecto, diría que bien podía la crítica prestarle atención a libros así, los que importan, y no a tanta insulsez vestida de poesía que, eso sí, firman jovencitos y, sobre todo, jovencitas muy modelnos ellos que han leído, cómo no, al famoso John Ashbery.
Claro que aquí la viñeta de la portada, de Hokusai, representa a un grillo, esa cosa tan antigua, como antiguo es el tono del volumen, oriental (digamos) en sustancia, escrito en un español tan limpio como una mañana de verano en Castilla, lleno de esa clasicidad genuina (la de Grecia y Roma, la de nuestro Siglo de Oro) que ya ha sido acuñada como marca de la casa. Un libro seco, porque nada sobra, y sobrio, porque carece de adornos. "Se necesita hermosura solamente", escribe JL, y cuánta razón tiene.
Me gustaría que al hipotético lector le sorpendieran, como a uno, poemas como "Los higos y los bárbaros" (emocionante hasta las lágrimas) o "Resistencia". Que le calasen, como a uno, las palabras sencillas que pueblan estos versos que mojan como la mansa lluvia de una tarde de otoño. Que, en fin, el mundo de otro tiempo que aquí nos sale al paso, para nada intempestivo o anacrónico, les pareciera tan habitable y seguro como a mí me ha parecido.
Para comprender lo que digo (o acierto a insinuar) copio aquí el poema "Octubre", uno de los muchos que podría elegir. Dice:
Octubre, y sólo
un cardo seco,
en aquella tierra devastada.
Mas reinando solemne,
como una pena inconsolable.
Cuando uno tenga los años que ahora tiene JL, si llega, le gustaría escribir versos como los suyos. Será la mejor señal de que la existencia está debidamente cumplida, de que mereció la pena ser vivida. No otra cosa me transmiten estos poemas suyos que leo sin prisa en una mañana de junio en Salamanca, como si tuviera, ay, toda la vida por delante.
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