
Cuando me llamaron de la redacción del periódico para comunicarme la noticia y, de paso, pedirme que dijera unas palabras sobre él para un vídeo que se proyectaría, por sorpresa, en una comida de homenaje (a la que por razones laborales no pude asistir ayer), lo primero que se me vino a la cabeza, más allá del disgusto (no están los tiempos para perder a un periodista cultural de su categoría, a alguien con criterio que tiene en su cabeza el mapa artístico y literario de esta tierra), fue otro contratiempo, optimista que es uno: el de haber abandonado la Editora Regional sin conseguir que me entregara un libro. Sí, porque aunque uno siempre ha sospechado que detrás de Juan Domingo se esconde un escritor y a pesar de haber coordinado libros relacionados con entregas del HOY (como ‘La Guerra Civil en Extremadura’, en 1986, con motivo del cincuentenario de la contienda), este hombre, insisto, no ha dado todavía (no pierdo la esperanza) un volumen propio a la imprenta. Pretendí reunir sus magníficas entrevistas, un género que domina con mañas de maestro, pero tampoco me hubiera importado agrupar los citados textos de Buendía u otros que fue dando a la luz en el periódico de su vida, "cárcel y paraíso", como explica en "Hasta la vista", su última columna en activo. Puede que ahora, con más horas por delante, el primo de Javier Cercas se decida a hacerlo y estoy seguro de que Fran Amaya, por ejemplo, sabría recoger en la Editora esa obra que nos debe.
En esa breve intervención grabada, prisas mediante, dije también que si tuviera que recordar un momento significativo de mi trato con Fernández sería el de aquel sorpresivo encuentro en la antigua Facultad de Letras, en el despacho de Miguel Ángel Lama, una mañana que fui hasta aquel añorado lugar para dar una charla a los alumnos de Filología. No comprendía que se hubiera tomado la molestia de desplazarse para entrevistarme, a un poeta incipiente que apenas levantaba, digamos, un verso del suelo. Tituló aquello, con la certeza que le caracteriza: "Soy más melancólico que nostálgico". Algo que era y es verdad. Siempre ha sido, es cierto, muy generoso conmigo.
En una ocasión estuvo en casa. Eligió nuestra biblioteca para mantener, un caluroso mes de julio, la entrevista que publicó en 'Zona de paso'.
En una ocasión estuvo en casa. Eligió nuestra biblioteca para mantener, un caluroso mes de julio, la entrevista que publicó en 'Zona de paso'.
Por suerte, ya digo, vamos a poder seguir leyendo a Juan Domingo. Con todo, en este delicado trance, que quede aquí constancia de mi inmensa gratitud (que imagino extensiva, que comparten otros muchos) por su profesionalidad y su trabajo. Si no hubiera estado él ahí, no se hubiera contado igual el resurgimiento cultural de este rincón del mundo. Muchas gracias, maestro.