Sin tilde, sí, la capital de Bulgaria. A ella dedicó este libro Juan Eduardo Zúñiga, uno de los escritores españoles más secretos del siglo XX y, sin embargo, de los de mayor prestigio entre su gremio, para empezar, y, para seguir, entre la inmensa minoría de lectores que saben degustar la buena literatura sin necesidad de que su autor sea famoso (o siquiera famosete), firme manifiestos y esté cargado de premios.
Se publicó en la desaparecida colección Las Ciudades, de Ediciones Destino. En 1990. Lo rescata otra: Los Galeotes, del Instituto Cervantes.
Sofia lleva ahora un completo estudio preliminar de la hispanista Diliana Ivanova y un epílogo de Juan Carlos Vidal. Una vez leídos, sitúa uno perfectamente tanto a la obra como a su autor. Con ser muy preciso el primero, tiene más mordiente el segundo (en otro plano, es verdad) por aquello de que Vidal trató a Zúñiga (un apellido de la aristocracia bejarana, de donde procedía el escritor, e inseparable de esta ciudad, ya que Álvaro de Zúñiga y Pérez de Guzmán fue Duque de Plasencia) y nos acerca de otro modo al personaje: un hombre discreto y silencioso que nunca citaba, un enamorado de la cultura y de las lenguas eslavas desde niño y, desde muy joven, traductor y estudioso de esa literatura sin fronteras.
Del libro en sí, todo lo que se puede decir es positivo. Lo mejor, sin duda, lo bien escrito que está, por lo que se aprecia a las claras la talla narrativa de quien lo escribió.
Prefiere uno las partes en las que habla desde su propia experiencia de viajero, pero no desdeño, todo lo contrario, las aportaciones históricas y artísticas de esa ciudad sorprendente. Cuenta Vidal que Zúñiga era un gran caminante y a sus paseos por Sofia (y alrededores) debemos, según creo, lo más valioso de la obra.
Cuando escribí Cuaderno de Sofía (con tilde, que forma parte de Sobre el azar del mapa) no conocía Sofia, y eso que en mis estanterías hay varios ejemplares de esa colección. Me temo que, como a tantos, nunca llamó nuestra atención tan apartado lugar. Tampoco consulté bibliografía sobre ella pues lo que pretendí trasladar en esos versos fue una experiencia personal. Un diario de viaje. Como fue breve, no sé si habríamos podido visitar todos los sitios que describe o de los que informa Zúñiga, aunque no fueran pocos los que llegamos a ver gracias al guía: nuestro hijo, que pasó allí varios meses.
Debo, en fin, el privilegio de haber leído este libro a Luis María Marina, Director de Relaciones Internacionales del Instituto Cervantes y, no se olvide, poeta, traductor y ensayista, amén de diplomático. Son muy recientes tres libros suyos: la traducción de Notas para recordar a mi maestro Caeiro, de Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa, ya se sabe), que publicó Olifante el año pasado; Corriente Atlántica,, también de 2025, que reúne ensayos relacionados con sus destinos profesionales en México y Argentina, donde priman la memoria y, cómo no, la literatura; y Un vacío plural. En torno a Fernando Pessoa (La Umbría y la Solana y Universidad de Extremadura, 2026): "estas páginas son, sobre todo, el testimonio de un asombro: el de un lector que a lo largo de las décadas ha deambulado sin cesar por los laberintos de Pessoa hasta acabar encontrando en ellos un espejo de su propia forma de (mal)estar en el mundo".
